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Oraciones : Ayuno
Ayuno (#856)

Éste es, oh mi Dios, el primero de los días en los que has ordenado a Tus amados observar el ayuno. Yo Te pido por Ti mismo y por quien haya ayunado por amor a Ti y a Tu complacencia - y no por egoísmo ni deseo, ni por temor de Tu ira - y por Tus muy excelentes nombres y augustos atributos, que purifiques a Tus siervos del amor a nadie salvo a Ti y que los atraigas hacia el Punto de Amanecer de las luces de Tu semblante y la Sede del trono de Tu unicidad. Ilumina sus co­razones, oh mi Dios, con la luz de Tu conocimiento y alumbra sus rostros con los rayos del Sol que brilla en el hori­zonte de Tu Voluntad. Potente eres para hacer lo que Te place. No hay otro Dios sino Tú, el Todoglorioso, Cuya ayuda todos los hombres imploran.

Ayúdales, oh mi Dios, a hacerte victo­rioso y a exaltar Tu Palabra. Permite, entonces, que se conviertan en manos de Tu Causa entre Tus siervos, y haz que sean reveladores de Tu religión y de Tus signos entre la humanidad, de tal forma que todo el mundo se llene con Tu re­cuerdo y alabanza, y con Tus pruebas y evidencias. Tú eres, verdaderamente, el Munífico, el Más Exaltado, el Potente, el Poderoso y el Misericordioso.

-Bahá'u'lláh
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Ayuno (#857)

¡Alabanzas a Ti, oh Señor mi Dios! Hemos observado el ayuno en conformi­dad con Tu mandato y lo rompe­mos ahora mediante Tu amor y compla­cencia. Dígnate aceptar, oh mi Dios, las acciones que hemos realizado en Tu ca­mino enteramente por Tu belle­za con nuestros rostros vueltos hacia Tu Causa, libres de cuanto no seas Tú. Con­cédenos, pues, Tu perdón, a nosotros, a nuestros antepasados y a todos los que han creído en Ti y en Tus poderosos sig­nos en esta muy grande y gloriosísima Revelación. Potente eres para hacer lo que elijas. Tú, verdaderamente, eres el Más Exaltado, el Omnipotente, el Libre.

-Bahá'u'lláh
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Ayuno (#858)

¡Alabado seas, oh Dios, mi Dios! Éstos son los días en que has ordenado a Tus ele­gidos, Tus amados y Tus siervos obser­var el ayuno, el cual has hecho que sea una luz para los mora­dores de Tu reino, tal como hiciste que la oración obligatoria sea una escalera de ascenso para quienes reconocen Tu uni­dad. Te suplico, oh mi Dios, por estos dos poderosos pilares, que has ordenado ser gloria y honor para toda la humani­dad, que guardes a Tu religión de las in­trigas de los infieles y de las conspira­ciones de los malvados. Oh Señor, no ocultes la luz que has revelado mediante Tu fuerza y Tu omnipotencia. Ayuda, pues, a los que verdaderamente creen en Ti con las huestes de lo visible y lo invi­sible mediante Tu mandato y Tu sobera­nía. No hay más Dios que Tú, el Omni­potente, el Más Poderoso.

-Bahá'u'lláh
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Ayuno (#859)

¡Alabado seas, oh Señor, mi Dios! Te imploro por esta Revelación, mediante la cual la oscuridad ha sido convertida en luz, se ha erigido el Fre­cuentado Templo, se ha revelado la Ta­bla Escrita y se ha descubierto el Rollo Desplegado, que hagas descender sobre mí y sobre quienes están en mi compañía aquello que nos permita remontarnos a los cielos de Tu trascendente gloria y nos lave la mancha de las dudas que impidie­ron a los desconfiados entrar en el taber­náculo de Tu unidad.

Soy aquel, oh mi Señor, que se ha afe­rrado firmemente a la cuerda de Tu amo­rosa bondad y se ha asido del borde de Tu misericordia y Tus favores. Ordena para mí y para mis amados el bien de este mundo y del venidero. Provéeles, pues, con la Dádiva Oculta que Tú ordenaste para los elegidos entre Tus criaturas.

Estos son, oh mi Señor, los días en que Tú ordenaste a Tus siervos observar el ayuno. Bendito aquel que observa el ayuno enteramente por Ti y con absoluto desprendimiento de todas las cosas ex­cepto de Ti. Ayúdame y ayúdales, oh mi Señor, a obedecerte y a guardar Tus pre­ceptos. Tú verdaderamente tienes poder para hacer lo que desees.

No hay Dios sino Tú, el Omnisciente, el Sapientísimo. Toda alabanza sea para Dios, Señor de todos los mundos.

-Bahá'u'lláh
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Ayuno (#860)

¡En el Nombre de Quien ha sido prometido en los Libros de Dios, el Omnisciente, el Informado de todo! Han llegado los días de ayuno, en que los siervos que circulan alrededor de Tu trono han ayunado y han alcanzado Tu presencia. Di: ¡Oh Dios de los nombres y creador del cielo y de la tierra! Te supli­co por Tu Nombre, el Todoglorioso, que aceptes el ayuno de quienes han ayunado por amor a Ti y por Tu complacencia y han realizado lo que les has ordenado en Tus Libros y Tablas. Te imploro por ellos que me asistas en la promoción de Tu Causa y me hagas firme en Tu amor, para que mis pasos no vacilen ante el clamor de Tus criaturas. En verdad, Tú eres potente para hacer lo que desees. No hay otro Dios más que Tú, el Vivifica­dor, el Omnipotente, el Más Generoso, el Anciano de Días.

-Bahá'u'lláh
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Ayuno (#862)

Éstos son, oh mi Dios, los días en que Tú ordenaste a Tus siervos observar el ayuno. Con él adornaste el preám­bulo del Libro de Tus Leyes revelado a Tus criaturas y engalanaste a los Depo­sitarios de Tus mandamientos a la vista de todos los que están en Tu cielo y to­dos los que están en Tu tierra. Tú has dotado cada hora de estos días con una virtud especial, inescrutable para cual­quier otro que no seas Tú, Cuya sabidu­ría abarca todo lo creado. Tú también has asignado a cada alma una porción de esta virtud de acuerdo con la Tabla de Tu de­creto y las Escrituras de Tu juicio irrevo­cable. Tú, además, has asignado cada página de estos Libros y de estas Escritu­ras a cada uno de los pueblos y razas de la tierra.

Según Tu decreto, has reservado a cada amanecer el cáliz de Tu recuerdo para Tus ardorosos amantes, oh Tú que eres el Soberano de los soberanos. Ellos son quienes se han embriagado de tal modo con el vino de Tu múltiple sabidu­ría que abandonan su lecho en su anhelo por celebrar Tu alabanza y ensalzar Tus virtudes y escapan al sueño en su ansia por acercarse a Tu presencia y participar de Tu generosidad. Sus ojos han estado dirigidos en todo momento hacia la Au­rora de Tu amorosa bondad y sus rostros se han vuelto hacia el Manantial de Tu inspiración. Haz descender, pues, sobre nosotros y sobre ellos, de las nubes de Tu misericordia, lo que sea digno de Tu generosidad y de Tu gracia.

¡Alabado sea Tu nombre, oh mi Dios! Esta es la hora en que Tú has abierto las puertas de Tu generosidad ante los ros­tros de Tus criaturas y los portales de Tu tierna merced a todos los habitantes de Tu tierra. Te imploro, por todos aquellos cuya sangre fue derramada en Tu sende­ro, quienes en su anhelo por Ti se libra­ron de todo apego a cualquiera de Tus criaturas y quedaron tan extasiados por los dulces perfumes de Tu inspiración que cada uno de los miembros de su cuerpo entonaba Tu alabanza y vibraba con Tu recuerdo, que no nos niegues las cosas que Tú has ordenado irrevocable­mente en esta Revelación -una Revela­ción cuya potencia ha hecho exclamar a cada árbol lo que la Zarza Ardiente pro­clamó en otro tiempo a Moisés, Quien conversó contigo, una Revelación que ha permitido al más pequeño guijarro reso­nar nuevamente con Tu alabanza, tal como Te glorificaron las piedras en los días de Mahoma, Tu Amigo.

¡Oh mi Dios!, estos son aquellos a quienes Tú has permitido bondadosa­mente ser Tus compañeros y tener co­munión con Aquel que es el Revelador de Ti mismo. Los vientos de Tu voluntad les dispersaron por doquier hasta que Tú los reuniste bajo Tu sombra y les hiciste entrar en los recintos de Tu corte. Ahora que Tú has hecho que moren a la sombra del dosel de Tu misericordia, ayúdales a alcanzar lo que sea digno de tan augusta posición. No permitas, oh mi Señor, que sean contados entre aquellos a quienes, aun gozando de proximidad a Ti, han sido retenidos de reconocer Tu rostro y, aunque Te encontraron, están privados de Tu presencia.

Estos son Tus siervos, oh mi Señor, que han entrado contigo en esta la Más Grande Prisión, que han observado el ayuno dentro de sus muros, de acuerdo con lo que Tú les has ordenado en las Tablas de Tu decreto y los Libros de Tu mandato. Haz descender, pues, sobre ellos aquello que les purifique comple­tamente de todo lo que Tú detestas, para que puedan dedicarse completamente a Ti y desprenderse enteramente de todo excepto de Ti.

Haz descender, pues, sobre nosotros, oh mi Dios, aquello que sea propio de Tu gracia y digno de Tu generosidad. Per­mítenos, pues, oh mi Dios, vivir en Tu recuerdo y morir en Tu amor, y provée­nos con la dádiva de Tu presencia en Tus mundos venideros; mundos que son inescrutables para todos menos para Ti. Tú eres nuestro Señor, el Señor de todos los mundos y el Dios de todos los que están en el cielo y de todos los que están en la tierra.

Tú ves, oh mi Dios, lo que les ha su­cedido a Tus amados en Tus días. ¡Tu gloria es mi testigo! El clamor de los la­mentos de Tus elegidos se ha elevado por todo Tu reino. Algunos fueron atra­pados por los infieles de Tu tierra, quie­nes les impidieron acercarse a Ti y al­canzar la corte de Tu gloria. Otros pudie­ron acercarse a Ti pero fueron retenidos de contemplar Tu rostro. Aun a otros les fue permitido, en su anhelo por verte, entrar en los recintos de Tu corte, pero dejaron que los velos de la imaginación de Tus criaturas y los males infligidos por los opresores de entre Tu pueblo se interpusieran entre ellos y Tú.

Esta es la hora, oh mi Señor, que Tú has hecho que destaque sobre todas las demás horas y la has vinculado a las más escogidas de entre Tus criaturas. Te im­ploro, oh mi Dios, por Tu Ser y por ellas, que durante este año ordenes lo que enaltezca a Tus amados. Decreta ade­más, en este año, lo que permita al sol de Tu poder resplandecer sobre el horizonte de Tu gloria e iluminar por Tu soberano poder al mundo entero.

Haz victoriosa a Tu Causa, oh mi Se­ñor, y humilla a Tus enemigos. Decreta, pues, para nosotros el bien de esta vida y de la venidera. Tú eres la Verdad, Quien conoce las cosas secretas. No hay Dios sino Tú, Quien siempre perdona, el To­dogeneroso.

-Bahá'u'lláh
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Ayuno (#863)

Te imploro, oh mi Dios, por Tu po­deroso Signo y por la revelación de Tu gracia entre los hombres, que no me alejes de la puerta de la ciudad de Tu presencia, ni frustres las esperanzas que he puesto en las manifestaciones de Tu gracia entre Tus criaturas. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exal­tado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por Tu más dulce voz y por Tu más exaltada Palabra, que me acerques cada vez más al umbral de Tu puerta y no permitas que esté ale­jado de la sombra de Tu misericordia y del dosel de Tu generosidad. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exal­tado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el res­plandor de Tu frente luminosa y por el fulgor de la luz de Tu semblante que bri­lla en el más alto horizonte, que me atraigas con la fragancia de Tu vestidura y me des a beber del vino escogido de Tu Expresión. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por Tu cabe­llo que se mueve sobre Tu rostro, de igual modo que Tu muy exaltada pluma corre a través de las páginas de Tus Ta­blas derramando el almizcle de signifi­cados ocultos sobre el reino de Tu crea­ción, que me eleves para servir a Tu Causa de modo tal que no retroceda ni sea estorbado por las insinuaciones de quienes han puesto reparos a Tus signos y han dado la espalda a Tu rostro. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nom­bre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhirién­dome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por Tu Nom­bre que Tú has convertido en el Rey de los Nombres y mediante el cual se exta­siaron todos los que están en el cielo y en la tierra, que me permitas contemplar el Sol de Tu Belleza y que me proveas con el vino de Tu Expresión. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exal­tado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el Taber­náculo de Tu majestad que está en las más altas cumbres y por el Dosel de Tu Revelación, en las más elevadas monta­ñas, que me ayudes bondadosa­mente a hacer lo que ha deseado Tu vo­luntad y ha manifestado Tu propósito. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nombre, el Más Santo, el Más Lumino­so, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exal­tado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por Tu Belle­za que brilla sobre el horizonte de la eternidad, una Belleza ante la cual se in­clina en adoración el reino de la hermo­sura en cuanto aquella se revela, magni­ficándola con tonos vibrantes, que me permitas morir a todo lo que poseo y vi­vir para todo lo que a Ti Te pertenece. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nombre, el Más Santo, el Más Lumino­so, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhi­riéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por la Mani­festación de Tu Nombre, el Bienamado, por medio de Quien fueron consumidos los corazones de Tus amantes y se re­montaron a lo alto las almas de todos los que habitan en la tierra, que me ayudes a recordarte entre Tus criaturas y a ensal­zarte entre Tu pueblo. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Podero­so, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el susurro del divino Árbol del Loto y por el mur­mullo de las brisas de Tu expresión en el reino de Tus nombres, que me alejes de todo cuanto Tu voluntad detesta y me acerques al lugar donde resplandece Aquel que es la Aurora de Tus signos. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nombre, el Más Santo, el Más Lumino­so, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhi­riéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por aquella Letra que, tan pronto como salió de la boca de Tu voluntad, hizo que los océa­nos se agitaran, los vientos soplaran, los frutos se manifestaran, los árboles brota­ran, todos los vestigios del pasado se desvanecieran, se rasgaran todos los ve­los, e hizo que todos aquellos que están consagrados a Ti se apresuraran a diri­girse hacia la luz del semblante de su Señor, el Irrestringido, que me des a co­nocer lo que estaba oculto en los tesoros de Tu conocimiento y lo que estaba es­condido en los depósitos de Tu sabidu­ría. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nombre, el Más Santo, el Más Lumi­noso, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y ad­hiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el fuego de Tu amor que quitó el sueño de los ojos de Tus elegidos y Tus amados, y por el recuerdo y alabanza que Te ofre­cen al amanecer, que me cuentes entre aquellos que han alcanzado lo que Tú has enviado en Tu Libro y manifestado por Tu voluntad. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por la luz de Tu semblante que ha impulsado a quie­nes están cerca de Ti a recibir los dardos de Tu decreto y a quienes están consa­grados a Ti a enfrentarse a las espadas de Tus enemigos en Tu sendero, que de­cretes para mí, mediante Tu muy exalta­da Pluma, aquello que Tú has decretado para Tus fieles y Tus elegidos. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nom­bre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhirién­dome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por Tu Nom­bre, mediante el cual has escuchado la in­vocación de Tus amantes, los suspiros de quienes Te anhelan, el llanto de quienes gozan de Tu cercanía, el gemido de quie­nes están consagrados a Ti y mediante el cual has cumplido los deseos de quienes han puesto sus esperanzas en Ti y has realizado sus anhelos por medio de Tu gracia y Tus favores, y por Tu Nombre, mediante el cual el océano del perdón se agitó ante Tu rostro, y las nubes de Tu generosidad derramaron su lluvia sobre Tus siervos, que decretes para todo el que se haya vuelto hacia Ti, y haya observado el ayuno que Tú has prescrito, la recom­pensa decretada para aquellos que no hablan sino con Tu permiso y para quie­nes han renunciado a todo lo que poseían en Tu sendero y por amor a Ti.

Te imploro, oh mi Señor, por Ti mismo, por Tus signos, por Tus claras señales, por la refulgente luz del Sol de Tu Belleza y por Tus Ramas, que ab­suelvas las faltas de quienes se han mantenido firmes en Tus leyes y han ob­servado aquello que Tú les has prescrito en Tu Libro. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a Tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Poderoso, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

-Bahá'u'lláh
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Ayuno (#861)

¡Gloria sea a Ti, oh Señor mi Dios! Estos son los días en que Tú has ordenado a todos los hombres observar el ayuno, para que por él purifiquen sus almas, se libren de todo apego a otro que no seas Tú y ascienda de sus corazones lo que sea digno de la corte de Tu ma­jestad y propio de la sede de la revela­ción de Tu unicidad. Concede, oh mi Se­ñor, que este ayuno llegue a ser un río de aguas vivificadoras y otorgue la virtud con que Tú lo dotaste. Purifica con él los corazones de Tus siervos, a quienes los males del mundo no han impedido vol­verse hacia Tu Nombre Todoglorioso y han permanecido inmutables ante el clamor y el tumulto de aquellos que han repudiado Tus muy resplandecientes sig­nos, que acompañaron el advenimiento de Tu Manifestación, a Quien has inves­tido con Tu soberanía, Tu poder, Tu majestad y Tu gloria. Éstos son los sier­vos que, tan pronto oyeron Tu llamada, se apresuraron hacia Tu merced y no fueron apartados de Ti por los cambios y azares de este mundo, ni por ninguna li­mitación humana.

Soy aquel, oh mi Dios, que atestigua Tu unidad, confiesa Tu unicidad, se in­clina humildemente ante las revelaciones de Tu majestad y reconoce con sem­blante sumiso los resplandores de la luz de Tu trascendente gloria. He creído en Ti después de que Tú me permitieras co­nocer Tu Ser, que Tú has revelado a los ojos de los hombres mediante la fuerza de Tu soberanía y Tu poder. Me he vuelto hacia Él completamente despren­dido de todas las cosas y asiéndome fir­memente de la cuerda de Tus dádivas y favores. He abrazado Su verdad y la ver­dad de todas las maravillosas leyes y preceptos que Le fueron enviados. He ayunado por amor a Ti y en cumpli­miento de Tu mandato y he terminado mi ayuno con Tu alabanza en mi lengua y en conformidad con Tu voluntad. No permitas, oh mi Señor, que se me cuente entre quienes han ayunado durante el día y se han postrado de noche ante Tu ros­tro, y han repudiado Tu verdad, no han creído en Tus signos, han negado Tu testimonio y pervertido Tus palabras.

Abre mis ojos, oh mi Señor, y los ojos de todos los que Te han buscado, para que Te reconozcamos con Tus propios ojos. Este es el mandamiento que nos has dado en el Libro enviado por Ti a Aquel a Quien has elegido por Tu orden, Le has distinguido con Tu favor por encima de todas Tus criaturas, Le has querido investir con Tu soberanía, Le has favorecido espe­cialmente y Le has confiado Tu Mensaje para Tu pueblo. Alabado seas, por tanto, oh mi Dios, puesto que Tú bondadosa­mente nos has permitido reconocerle y aceptar todo lo que Le ha sido enviado, y nos has conferido el honor de alcanzar la presencia de Aquel a Quien Tú prometiste en Tu Libro y en Tus Tablas.

Tú me ves, pues, oh mi Dios, con el rostro vuelto hacia Ti, aferrándome a la cuerda de Tu bondadosa providencia y generosidad y asiéndome al borde de Tus amables mercedes y generosos favores. Te imploro que no destruyas mis espe­ranzas de lograr lo que Tú ordenaste para Tus siervos que se han vuelto hacia los recintos de Tu corte y hacia el santuario de Tu presencia y han observado el ayuno por amor a Ti. Confieso, oh mi Dios, que todo lo que procede de mí es completamente indigno de Tu soberanía y no corresponde a Tu majestad. No obstante, Te suplico por Tu Nombre, mediante el cual en esta Revelación has manifestado Tu Ser en la gloria de Tus muy excelentes títulos a todas las cosas creadas; una Revelación a través de la cual Tú has manifestado Tu belleza por medio de Tu muy resplandeciente Nom­bre, que me des de beber del vino de Tu merced y de la bebida pura de Tu favor, que ha fluido de la diestra de Tu volun­tad, para que fije en Ti mi mirada y me desprenda de todo salvo de Ti, a tal punto que el mundo y todo lo que ha sido creado en él me parezca como un día efímero que Tú no Te has dignado crear.

Te imploro además, oh mi Dios, que hagas descender del cielo de Tu voluntad y de las nubes de Tu misericordia aque­llo que nos purifique del desagradable olor de nuestras transgresiones, oh Tú que Te has llamado el Dios de Miseri­cordia. Tú eres verdaderamente el Más Poderoso, el Todoglorioso, el Benéfico.

No abandones, oh mi Señor, a aquel que se ha vuelto hacia Ti, ni permitas que aquel que se ha acercado a Ti sea alejado de Tu corte. No frustres las espe­ranzas del suplicante que ha extendido anhelante sus manos solicitando Tu gra­cia y favores, y no prives a Tus siervos sinceros de las maravillas de Tus tiernas mercedes y Tu amorosa bondad. Tú eres Perdonador y Generosísimo, oh mi Se­ñor. Tienes poder para hacer lo que Te place. Todos los demás excepto Tú son impotentes ante las revelaciones de Tu potencia, están como perdidos ante las pruebas de Tu riqueza, son como nada cuando se les compara con las manifes­taciones de Tu trascendente soberanía y están desprovistos de toda fuerza cuando se les pone cara a cara con los signos y las muestras de Tu poder. ¿Qué refugio hay aparte de Ti, oh mi Señor, al que pueda yo huir, y dónde hay un cobijo al que pueda apresurarme? ¡No, la fuerza de Tu poder es mi testigo! No hay pro­tector sino Tú, ni lugar donde huir ex­cepto Tú, ni refugio que buscar salvo Tú. Hazme probar, oh mi Señor, la divina dulzura de Tu recuerdo y alabanza. ¡Juro por Tu poder! Quienquiera que pruebe su dulzura se librará de todo apego al mundo y a todo lo que hay en él y volve­rá su rostro hacia Ti, purificado del re­cuerdo de cualquiera que no seas Tú.

Inspira, pues, mi alma, oh mi Dios, con Tu maravilloso recuerdo, para que glorifique Tu Nombre. No me cuentes entre aquellos que leen Tus palabras y no encuentran Tu dádiva oculta que por Tu decreto está contenida en ellas y que vi­vifica las almas de Tus criaturas y los co­razones de Tus siervos. ¡Oh mi Señor!, haz que me cuente entre los que han sido tan conmovidos por las dulces fragancias esparcidas en Tus días, que han dado sus vidas por Ti y se han apresurado al lugar de su muerte en su ansia por contemplar Tu belleza y en su anhelo por alcanzar Tu presencia. Y si en el camino alguien les preguntase: “¿Adónde vais?”, dirían: “¡Hacia Dios, Quien todo lo posee, Quien ayuda en el peligro, Quien sub­siste por Sí mismo!”

Los pecados cometidos por los que se han alejado de Ti y se han mostrado arrogantes ante Ti no han podido impe­dirles que Te amen, fijen su rostro en Ti y se vuelvan hacia Tu misericordia. És­tos son los bendecidos por el Concurso de lo alto, los que son glorificados por los moradores de las Ciudades eternas y, más allá de ellos, por aquellos en cuyas frentes Tu muy exaltada pluma ha escri­to: “¡Éstos, el pueblo de Bahá! Mediante ellos se han derramado los resplandores de la luz de guía”. Así ha sido ordenado por Tu mandato y por Tu voluntad en la Tabla de Tu irrevocable decreto.

Proclama por tanto, oh mi Dios, su grandeza y la grandeza de aquellos que en vida o después de la muerte han circulado alrededor de ellos. Provéelos con lo que Tú has ordenado para los justos entre Tus criaturas. Potente eres Tú para hacer to­das las cosas. No hay Dios sino Tú, el Todopoderoso, Quien ayuda en el peligro, el Omnipotente, el Más Generoso.

No pongas fin a nuestros ayunos con este ayuno, oh mi Señor, ni las alianzas que Tú has hecho con esta alianza. Acepta todo lo que hemos realizado por amor a Ti y en aras de Tu complacencia, y todo lo que hemos dejado de hacer por estar sometidos a nuestros deseos per­versos y corruptos. Permítenos, pues, asirnos firmemente a Tu amor y a Tu voluntad, y presérvanos de la maldad de quienes Te han negado y han repudiado Tus muy resplandecientes signos. Tú eres en verdad el Señor de este mundo y del venidero. No hay Dios sino Tú, el Exaltado, el Altísimo.

Magnifica, oh Señor mi Dios, a Aquel que es el Punto Primordial, el Misterio Divino, la Esencia Invisible, la Aurora de Divinidad y la Manifestación de Tu Señorío, mediante Quien fue esclarecido todo el conocimiento del pasado y todo el conocimiento del futuro, mediante Quien fueron descubiertas las perlas de Tu sabiduría oculta y revelado el miste­rio de Tu ates.

Tu sabiduría oculta y revelado el misterio de Tu atesorado Nombre, a Quien has designado como Anunciador de Aquel por Cuyo nombre han sido unidas y enlazadas las letras S y É, mediante Quien se dio a conocer Tu majestad, Tu soberanía y Tus palabras, y fueron expuestas Tus leyes con claridad, y esparcidos Tus signos y establecida Tu Palabra, mediante Quien fueron puestos al descubierto los corazones de Tus elegidos y reunidos todos los que estaban en el cielo y todos los que estaban en la tierra, a Quien Tú has llamado ‘Alí-Muḥammad en el reino de Tus nombres y Espíritu de Espíritus en las Tablas de Tu decreto irrevocable, a Quien has investido con Tu propio título, a Cuyo nombre se ha hecho que regresen todos los demás nombres por orden Tuya y por la fuerza de Tu poder, y en Quien Tú has hecho que todos Tus atributos y títulos alcancen su consumación final. A Él también pertenecen los nombres que estaban ocultos en Tus inmaculados

tabernáculos, en Tu mundo invisible y en Tus santificadas ciudades. Magnifica, demás, a quienes han creído en Él y en Sus signos y se han vuelto hacia Él, entre aquellos que han reconocido Tu unidad en Su Última Manifestación, una Manifestación de la que Él ha hecho mención en Sus Tablas, en Sus Libros y en Sus Escrituras y en todos los maravillosos versos y preciosas palabras que han descendido sobre Él. Ésta es la Manifestación Cuya Alianza Le ordenaste establecer antes de que Él hubiera establecido Su propia Alianza. Él es Aquel Cuya alabanza ha celebrado el Bayán. Enél ha sido glorificada Su excelsitud, se ha establecido Su verdad, se ha proclamado Su soberanía y se ha perfeccionado Su Causa. Bendito el hombre que se ha vuelto hacia Él y ha cumplido lo que Él ha ordenado, ¡oh Tú, que eres el Señor de los mundos y el Deseo de todos los que Te han conocido!

Alabado seas, oh mi Dios, ya que nos has ayudado a reconocerle y amarle. Por tanto, yo Te suplico, por Él y por Aquellos que son las Auroras de Tu Divinidad, las Manifestaciones de Tu Señorío, los Tesoros de Tu Revelación y los Depositarios de Tu inspiración, que nos permitas servirle y obedecerle, y nos capacites para convertir nos auxiliadores de Su Causa y dispersadores de Sus adversarios. Potente eres para hacer todo lo que Te place. ¡No hay más Dios que Tú, el Todopoderoso, el Todoglorioso, Aquel Cuya ayuda buscan todos los hombres!

-Bahá'u'lláh
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