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Shoghi Effendi : Administración Bahá'í
CARTAS DE SHOGHI EFFENDI
Guardián de la Causa Bahá’í
Introducción

El fallecimiento de 'Abdu'l-Bahá, ocurrido el 28 de noviembre de 1921, creó un problema de administración religiosa sin parangón en la historia. En 1844, con la Declaración del Báb venía al mundo una comunidad de fe que abarcaba a representantes de todas las razas, credos y clases –cientos de miles de seguidores– unidos sucesivamente en devoción al Báb, Bahá'u'lláh y ‘Abdu’l-Bahá, y que ahora de repente quedaban privados de la jefatura espiritual e inspiración que por tanto tiempo había cimentado su unidad, ese nexo irrompible que los fundía en la nueva Fe.

Esta comunidad bahá’í, presentaba de hecho tal compleja variedad de caracteres, condiciones, razas, nacionalidades, idiomas, clases y tradiciones religiosas que bien pudiera ser tomada por una muestra representativa de la humanidad. El problema de mantener agrupadas a estas almas en unidad de acción y de creencias –esto es, el problema de franquear el paso a su comunidad espiritual y de saber sortear los peligros propios de la corrupción moral y física que por doquier les rodeaba– ejemplificó, aunque comparativamente a menor escala, el problema de la unificación de la propia humanidad.

El carácter completo de la Revelación de Bahá'u'lláh quedaba puesto de relieve por el hecho de que el texto de Su libro preveía ésta y todas las demás emergencias que afrontan en esta época los seres humanos. En efecto, la prueba suprema de la Fe bahá'í ya había sido superada durante los días que siguieron a la ascensión de Bahá'u'lláh, ocurrida en 1892. Con el nombramiento de ‘Abdu’l-Bahá como centro del Convenio, Bahá'u'lláh prolongó Su propio ministerio durante cerca de cuarenta años, un período que coincide con toda una generación y, por tanto, suficiente para resistir las acometidas de esas personas ambiciosas que se alzaron a derrocar o pervertir la Fe desde dentro o desde fuera de sus filas. Pues las palabras de 'Abdu'l-Bahá, de acuerdo con el texto de este nombramiento, poseían la autoridad que Bahá’u’lláh quiso conferir a Su intérprete y Ejemplo.

Así, durante el ministerio de 'Abdu'l-Bahá, la Causa de Bahá’u’lláh no sólo quedó a resguardo de la confusión y división, sino que se difundió ampliamente por Europa, América y el lejano Oriente, en tanto que los escritos fundamentales de la Fe se vieron acrecentados con las alocuciones y Tablas de 'Abdu'l-Bahá, muchas de las cuales versaban directamente sobre las facetas administrativas del servicio bahá'í. Hacia 1921, la forma externa de esta comunidad había quedado definida en muchas localidades y estaba ya impresa en los hábitos y pensamientos de los creyentes.

A pesar de este hecho, es más que dudoso, por no decir positivamente cierto, que la comunidad mundial bahá'í hubiera podido sobrevivir al golpe que le asestó la muerte de 'Abdu'l-Bahá y perpetuar su compleja unidad proyectándola hacia el futuro, de no ser por haber dejado Él dispuesto con nitidez un punto de unidad aceptable para todos los creyentes y que diera continuidad a esa autoridad administrativa que es el cuerpo del alma de la fe.

Tales disposiciones están contenidas en el Testamento de 'Abdu'l-Bahá, varios pasajes del cual constituyen la primera parte de este volumen. Con el nombramiento de un Guardián de la Causa bahá'í, 'Abdu'l-Bahá creó una cabeza ejecutiva y un centro en posesión de autoridad consagrada e incuestionable, todo él capacitado para la tremenda tarea de inspirar a la comunidad mundial bahá'í a desarrollarse por el camino del servicio humano que le había marcado la Religión de Bahá'u'lláh. Los seis años transcurridos desde 1921 han estado jalonados por un avance continuo a través de los cauces espirituales y administrativos característicos de esta Fe. En la época presente, existen asambleas espirituales nacionales entre los bahá'ís de ocho países, y a su debido tiempo habrá de celebrarse la elección de una Asamblea Espiritual Internacional.

El aspecto administrativo de la Causa bahá'í es en realidad no un mero conjunto de regulaciones externas, sino el propio fruto de su espíritu universal. La administración bahá'í es nada menos que una ética mundial, cuya característica especial es que transforma la fe subjetiva en acción solidaria y efectiva: unificar el ser entero de cada creyente a través de la unidad con sus hermanos espirituales. Su fundación irrompible es el principio de consulta, que Abdu'l-Bahá declaró que era el cumplimiento de la conciencia personal en esta nueva era.

La administración bahá'í, en efecto, surge del texto de Bahá’u’lláh. La aportación realizada por 'Abdu'l-Bahá fue la de definir y exponer los principios establecidos por Su Padre; al igual que la contribución del Guardián de la Causa fue la de aplicarlos a la comunidad de todo el mundo. Este último hecho se ve claramente reflejado no sólo en los contenidos de las cartas de Shoghi Effendi que constituyen el cuerpo de este volumen, sino también en las circunstancias bajo las cuales fueron dadas a conocer(...)

Sólo las cartas escritas por el Guardián de la Causa bahá'í dirigidas a la Asamblea Espiritual Nacional de Norteamérica o a los creyentes de ese país en su conjunto, han sido incluidas en este libro. El volumen ha sido preparado por la Asamblea Espiritual Nacional como un servicio necesario a los fieles de dicho país, para que la fe y la acción de cada uno pueda basarse directamente en el conocimiento directo de las Fuentes de sus actividades administrativas colectivas (...) La forma del libro ha sido aprobada por el Guardián de la Causa.

Si bien una obra de esta naturaleza nace primariamente como libro de consulta para uso de los bahá'ís, es más que posible asimismo que el familiarizarse con los principios de la administración bahá'í revista interés especial para muchos que, sin profesar sus principios, se enfrentan al problema general que afecta a los colectivos religiosos más añejos: cómo desarrollar un punto de contacto interreligioso capaz de despejar la sospecha y rencillas tradicionales, de superar las diferencias históricas, y de crear los medios de cooperación y hermandad mutua necesarios para la paz mundial y todos los demás fines espirituales. El método de la administración bahá'í, al suministrar un gran esquema de unidades locales, nacionales e internacional, se perfila como el plan más perfecto de unidad espiritual mundial nunca antes desarrollado. Sin embargo, es firme convicción de los bahá'ís que este plan sería inoperante sin la base espiritual requerida: el deseo sincero de una fe verdadera, una unidad orgánica que supere las ambiciones personales y colectivas, tal como se verifica sólo en una Causa que posea autoridad divina y que induzca a sus seguidores al sacrificio de su ser.

La Asamblea Espiritual Nacional
de los Bahá'ís de los
Estados Unidos y Canadá
Horace Holley,
Secretario.
Nueva York
30 de noviembre de 1927.

Nota Editorial: En abril de 1963 la Casa Universal de Justicia, el cuerpo administrativo supremo de la Fe Bahá'í, fue elegida, de acuerdo con las disposiciones contenidas en los escritos de Bahá'u'lláh, por las 56 Asambleas Nacionales entonces existentes. La Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá'ís de Canadá, unida con la de los Estados Unidos en la época en que se redactaron los mensajes definitorios de los principios de la Administración bahá'í, se convirtió en 1948 en un cuerpo nacional independiente.

PRIMERA PARTE

PASAJES SELECCIONADOS DEL TESTAMENTO DE 'ABDU'L-BAHÁ

Toda alabanza sea para Aquel Quien mediante el Escudo de Su Convenio ha protegido el Templo de Su Causa de los dardos de la duda; Quien, mediante las Huestes de Su Testamento, ha preservado el Santuario de su Ley Munífica y protegido Su Recto y Luminoso Sendero, con lo que ha detenido el asalto de la compañía de los violadores del Convenio, quienes han amenazado subvertir Su Edificio Divino; Quien ha vigilado Su Poderosa Fortaleza y todogloriosa Fe, mediante la ayuda de hombres a quienes no afecta la calumnia del perverso, a quienes ninguna vocación, gloria o poder terrenales pueden apartar del Convenio de Dios y Su Testamento, que fue establecido firmemente con Sus palabras claras y manifiestas, escrito y revelado por Su Pluma Todogloriosa y registrado en la Tabla Resguardada.

Saludos y alabanzas, bendiciones y gloria descansen sobre aquella rama primordial del Divino y Sagrado árbol del Loto, que ha brotado bendita, tierna, verde y floreciente de los árboles Santos Gemelos, la perla más maravillosa, única e inapreciable que brilla en los agitados mares Gemelos; sobre los vástagos del árbol de Santidad, las ramas del árbol Celestial, aquellos quienes, en el Día de la Gran División, han permanecido fuertes y firmes en el Convenio; sobre las Manos (pilares) de la Causa de Dios que han difundido por todas partes las Divinas Fragancias, han declarado Sus Pruebas, proclamado Su Fe, promulgado Su Ley, se han desprendido de todo menos de El, han defendido la rectitud en este mundo y encendido el Fuego del Amor de Dios en el mismo corazón y alma de Sus siervos; sobre aquéllos que han creído, han estado seguros, han permanecido firmes en Su Convenio y han seguido la Luz que después de mi ascensión brillará desde la Aurora de la Guía Divina, pues ¡he aquí! que él es la Sagrada y Bendita Rama que ha brotado de los árboles Sagrados Gemelos. Bienaventurado aquel que busca la protección de su sombra que cubre a toda la humanidad.

¡Oh vosotros, bienamados del Señor! La más grande entre todas las cosas es la protección de la Verdadera Fe de Dios, la preservación de Su Ley, la salvaguardia de su Causa y la servidumbre a Su Palabra. Diez mil almas derramaron torrentes de su sagrada sangre en este sendero, sacrificaron sus preciosas vidas por Él, se apresuraron en sagrado éxtasis hacia el glorioso campo del martirio, enarbolaron el Estandarte de la Fe de Dios y escribieron con su sangre los versículos de Su Divina Unidad sobre la Tabla del mundo. El sagrado pecho de Su Santidad, el Exaltado (que mi vida sea sacrificada por Él) fue blanco de múltiples dardos de aflicción y, en Mazindarán, los benditos pies de la Belleza de Abhá (que mi vida sea ofrecida por Sus amados) fueron golpeados tan brutalmente que sangraron y quedaron gravemente heridos. Su cuello también fue colocado en cadenas de cautivo y sus pies aprisionados en el cepo. A cada momento, durante cincuenta años, le sobrevenía una nueva prueba y calamidad, y le asediaban nuevas aflicciones y preocupaciones. Una de ellas, fue que, después de haber sufrido intensas vicisitudes, se le privó de Su hogar, se convirtió en, por lo que cayó víctima de aun nuevas vejaciones y dificultades. En Irak, el Sol del mundo se vio tan expuesto a las intrigas de los malvados, que se eclipsó Su esplendor. Posteriormente fue enviado como exiliado a la Gran Ciudad (Constantinopla), y de allí a la Tierra de Misterio (Adrianópolis), de donde, dolorosamente injuriado, fue transferido finalmente a la Más Grande Prisión (Akká). Aquel a Quien el mundo ha agraviado (que mi vida sea ofrecida por Sus bienamados) fue enviado cuatro veces de una ciudad a otra, hasta que finalmente, al ser condenado a confinamiento perpetuo, fue encarcelado en esta Prisión, la prisión de salteadores de caminos, bandidos y asesinos. Todo esto no es más que una de las pruebas sufridas por la Bendita Belleza, de las cuales las demás son tan penosas como ésta. Todo esto no es más que una muestra de lo penosas que fueron las pruebas sufridas por la Bendita Belleza.

De acuerdo con el mandato directo y sagrado de Dios, se nos prohíbe emitir calumnias, se nos manda mostrar paz y amistad, se nos exhorta a una conducta recta, a la honradez y armonía con todos los pueblos y naciones de la Tierra. Debemos obedecer y desear el bien a los gobiernos del país, considerar la deslealtad a un rey justo como una deslealtad a Dios mismo, y el desear mal al gobierno, como una transgresión a la Causa de Dios.

¡Oh Dios, mi Dios! Tú ves a este agraviado siervo Tuyo, presa de las garras de leones feroces, de lobos voraces, de bestias sedientas de sangre. Ayúdame benévolamente , por mi amor a Ti, para que pueda beber abundantemente del cáliz que se desborda de fidelidad hacia Ti y está lleno con Tu munífica Gracia, para que pueda caer exhausto e inconsciente en tanto que mi vestimenta se tiña de rojo con mi sangre. Tal es mi deseo, el anhelo de mi corazón, mi esperanza, mi orgullo y mi gloria. Permite, ¡oh Señor, mi Dios y mi Refugio, que en mi última hora, a mi término pueda exhalar como el almizcle su fragancia de gloria! ¿Existe generosidad mayor que ésta? No. ¡Por tu Gloria! Te pongo por testigo de que no pasa día alguno sin que beba mi porción de esta copa, tan graves son las maldades forjadas por aquellos que han violado el Convenio, han encendido la discordia, han mostrado su malicia, han promovido la sedición en el país y Te han deshonrado entre Tus siervos. ¡Señor! Escuda la poderosa Fortaleza de Tu Fe, contra estos violadores del Convenio y protege Tu Santuario secreto del asalto de los impíos. Tú eres en verdad, el Poderoso, el Potente, el Benévolo, el Fuerte.

¡Oh Dios! !Mi Dios! Escuda a Tus siervos leales contra los males del egoísmo y la pasión, protégelos con el ojo avizor de Tu cariñosa bondad de todo rencor, odio y envidia, ampáralos dentro de la inexpugnable fortaleza de Tu cuidado y, libres de los dardos de la duda, hazlos las manifestaciones de Tus gloriosos signos. Ilumina sus rostros con los refulgentes rayos emanados de la Aurora de Tu Divina Unidad; alegra sus corazones con los Versos Revelados desde Tu Sagrado Reino, fortalece sus espaldas con Tu poder que todo lo domina proveniente de Tu Reino de Gloria. ¡Tú eres el Todogeneroso el Protector, el Todopoderoso, el Benévolo!

¡Oh vosotros, que permanecéis firmes en el Convenio! Cuando llegue la hora en que esta agraviada ave de alas rotas haya remontado el vuelo hacia el Concurso Celestial; cuando se haya apresurado al Reino de lo Invisible y su forma mortal se haya perdido o esté oculta bajo el polvo, incumbe ea los Afnán que están firmes en el Convenio de Dios y que han brotado del árbol de Santidad; a las Manos (pilares) de la Causa de Dios (que la Gloria del Señor descanse sobre ellas), y a todos los amigos y bienamados, a todos y cada uno, que se pongan en acción se levanten con alma y corazón y de común acuerdo para difundir las dulces fragancias de Dios, enseñar Su Causa y promover Su Fe. Les incumbe no descansar ni un instante, ni buscar reposo. Deben dispersarse por todos los países, pasar por todos los climas y viajar por todas las regiones. Activos, sin descanso y firmes hasta el fin, deben levantar en todos los países el grito triunfante de ¡Oh Tú, Gloria de las Glorias! brillantemente como una luz en cada reunión y deben encender la llama del Amor Divino en cada asamblea, para que la luz de la verdad se levante resplandeciente en el corazón mismo del mundo, para que tanto en el Oriente como en el Occidente pueda reunirse un vasto concurso bajo la sombra de la Palabra de Dios, para que las dulces fragancias de santidad puedan ser difundidas, para que los rostros brillen radiantes, los corazones se llenen del Espíritu Divino y las almas se vuelvan celestiales.

Lo más importante de todo en estos días es guiar a las naciones y pueblos del mundo. Enseñar la Causa es de la mayor importancia, porque es la piedra angular de la base misma. Este agraviado siervo ha pasado sus días y sus noches promoviendo la Causa y urgiendo a las gentes al servicio. No descansó un solo instante hasta que la fama de la Causa de Dios fue proclamada en el mundo y las Melodías Celestiales del Reino de Abhá despertaron el Este y el Oeste. Los bienamados de Dios deben seguir igual ejemplo. ¡Este es el secreto de la fidelidad, éste es el requisito de servidumbre ante el Umbral de Bahá!

Los discípulos de Cristo se olvidaron de sí mismos y de todas las cosas terrenales, abandonaron sus responsabilidades apegos y pertenencias, se purificaron de egoísmo y pasión y con absoluto desprendimiento se dispersaron por doquier y se ocuparon en llamar a la gente del mundo hacia la Guía Divina, hasta que finalmente hicieron del mundo otro mundo, iluminaron la superficie de la Tierra, y hasta su última hora demostraron autosacrificio en el sendero de Bienamado de Dios. Finalmente, en diversos países sufrieron un glorioso martirio. ¡Que aquellos que sean hombres de acción sigan sus pasos!

¡Oh mis amados amigos! una vez desaparecido este agraviado, incumbe a los Aghsán (Ramas), a los Afnán (Vástagos) del Sagrado árbol del Loto, a las Manos (pilares) de la Causa de Dios y a los amados de la Belleza de Abhá, volverse hacia Shoghi Effendi –la joven rama que ha brotado de los dos reverenciados y sagrados árboles del Loto y el fruto que ha crecido de la unión de los dos vástagos del árbol de Santidad– ya que él es el signo de Dios, la rama escogida, el guardián de la Causa de Dios, a quien todos los Aghsán, los Afnán, las Manos de la Causa de Dios y Sus amados deben volverse. El es el expositor de las palabras de Dios, y, después de él, le sucederá el primogénito de sus descendientes directos.

La sagrada y joven rama, el guardián de la Causa de Dios, así como la Casa Universal de Justicia que será universalmente elegida y establecida, se encuentran –ambos– bajo el cuidado y protección de la Belleza de Abhá, bajo el amparo y guía infalible de Su Santidad, el Exaltado (que mi vida sea ofrecida por ambos). Cualquier cosa que ellos decidan es de Dios. Quienquiera no obedece a él o a ellos, no ha obedecido a Dios; quienquiera se rebela contra él o contra ellos, se ha rebelado contra Dios; quienquiera se opone a él o a ellos se ha opuesto a Dios; quienquiera contiende con ellos, ha contendido con Dios; quienquiera disputa con ellos disputa ha disputado con Dios; quienquiera él negare, ha negado a Dios; quienquiera no crea en él, no ha creído en Dios; quienquiera se desvíe, se aparte y se aleje de él, en verdad se ha desviado , se ha apartado y se ha alejado de Dios. ¡Que la ira, la indignación feroz y la venganza de Dios caigan sobre él! La poderosa fortaleza permanecerá inexpugnable y segura mediante la obediencia hacia él quien es el guardián de la Causa de Dios. Incumbe a los miembros de la Casa de Justicia, a todos los Aghsán, los Afnán, las Manos de la Causa de Dios, volverse hacia él y ser humildes en su presencia. El que se opone a él, se ha opuesto al Verdadero, producirá una brecha en la Causa de Dios, subvertirá Su palabra y se convertirá en una manifestación del Centro de Sedición. ¡Alerta ¡Alerta!, no sea que se repitan los días posteriores a la ascensión (de Bahá’u’lláh), cuando el Centro de Sedición se hizo soberbio y rebelde y, con la Unidad Divina como excusa, se excluyó a sí mismo y perturbó y envenenó a otros. Indudablemente, cada vanidoso con intención de provocar disensión y discordia no declarará abiertamente su malvado propósito; no, por el contrario, como oro impuro, utilizará diversas medidas y pretextos variados para provocar la separación de la gente de Bahá en la asamblea. Mi objeto es mostrar que las Manos de la Causa de Dios deben estar siempre alerta, y en cuanto encuentren a alguien que comienza a oponerse y protestar contra el guardián de la Causa de Dios, deben arrojarlo de la congregación del pueblo de Bahá, y bajo ninguna circunstancia aceptar excusa alguna suya. ¡Cuán a menudo se ha disfrazado el cruel error tras el manto de la verdad para poder sembrar las semillas de la duda en los corazones de los hombres!

¡Oh vosotros, bienamados del Señor! Incumbe al guardián de la Causa de Dios designar durante su vida a aquel que ha de ser su sucesor, para que no se produzcan diferencias después de su muerte. Aquel que sea designado, debe mostrar en sí mismo desprendimiento de toda cosa mundana, debe ser la esencia de la pureza, debe mostrar en sí mismo el temor a Dios, conocimiento, sabiduría y erudición. De este modo, si sucediera que el primogénito del guardián de la Causa de Dios no manifestara en sí mismo la verdad de las palabras: El hijo es la esencia secreta de su padre, es decir, que si él no heredara lo espiritual (del guardián de la Causa de Dios) y su glorioso linaje no estuviera hermanado con un buen carácter, entonces él (el guardián de la Causa de Dios) debe elegir otra rama que le suceda.

Las Manos de la Causa de Dios deben elegir entre su propio grupo nueve personas que estarán ocupadas continuamente en los importantes servicios del trabajo del guardián de la Causa de Dios. Estos nueve serán elegidos ya sea por unanimidad o por mayoría, del grupo de las Manos de la Causa de Dios, y éstos, ya sea por unanimidad o por mayoría de votos, deben dar su asentimiento a la elección de aquel a quien el guardián de la Causa de Dios ha designado como su sucesor. Este asentimiento debe hacerse de tal manera que las voces que aprueban y desaprueban no se puedan reconocer (es decir, por voto secreto).

¡Oh amigos! Las Manos de la Causa de Dios deben ser nombradas y designadas por el guardián de la Causa de Dios. Todos deben estar bajo su sombra y obedecer su mandato. Si alguien, ya sea dentro o fuera del cuerpo de las Manos de la Causa de Dios desobedeciere y buscare la división, la ira de Dios y su venganza caerán sobre él, porque habrá causado una división en la verdadera Fe de Dios.

Las obligaciones de las Manos de la Causa de Dios son: difundir las fragancias divinas, edificar las almas de los hombres, promover la erudición, mejorar el carácter de todos los hombres y estar en todo momento y bajo todas las condiciones santificados y desprendidos de toda cosa terrenal. Deben manifestar el temor a Dios mediante su conducta, sus modales, sus acciones y sus palabras.

Este cuerpo de las Manos de la Causa de Dios se encuentra bajo la dirección del guardián de la Causa de Dios. El debe urgirles continuamente para que se esfuercen y se empeñen al máximo de su capacidad, en difundir las dulces fragancias de Dios y guiar a todos los pueblos del mundo, por cuanto es la luz de Guía Divina la que hace que todo el universo se ilumine. Desatender aunque no sea más que por un instante este mandato absoluto, que es obligatorio para todos, no está permitido en manera alguna, para que el mundo de la existencia llegue a ser como el Paraíso de Abhá, para que la superficie de la Tierra se haga celestial, para que la disputa y el conflicto entre los pueblos, razas, naciones y gobiernos desaparezcan, para que todos los habitantes de la Tierra lleguen a ser como un pueblo y una raza; para que el mundo llegue a ser como un solo hogar. Si se produjeran diferencias, éstas serán resueltas en forma amistosa y concluyente por el Tribunal Supremo, el cual incluirá miembros de todos los gobiernos y pueblos del mundo.

¡Oh vosotros, bienamados del Señor! En esta sagrada Dispensación, el conflicto y la disputa no se permiten bajo ninguna circunstancia. Todo agresor se priva a sí mismo de la gracia de Dios. Incumbe a todos mostrar el mayor amor, rectitud de conducta, franqueza y sincera bondad a todos los pueblos y razas del mundo sean amigos o extraños. Tan intenso debe ser el espíritu de afecto y bondad, que el extraño se sienta amigo, el enemigo un verdadero hermano, sin haber entre ellos diferencia alguna, porque la universalidad es de Dios y todas las limitaciones son terrenas. Así pues, el hombre debe esforzarse para que su realidad manifieste virtudes y perfecciones, cuya luz pueda brillar sobre todos. La luz del sol brilla sobre todo el mundo y las lluvias misericordiosas de la Divina Providencia caen sobre todos los pueblos. La brisa vivificante revive a todas las criaturas vivientes, y todos los seres dotados de vida obtienen su porción en Su mesa celestial. De igual manera, el afecto y bondad de los siervos del Dios único y Verdadero deben ser extendidos generosa y universalmente, a toda la humanidad. En lo que a esto se refiere, no se permiten bajo ninguna circunstancia, las restricciones y limitaciones.

Por lo tanto, ¡Oh mis amados amigos! Asociaos con todos los pueblos, razas y religiones del mundo con la mayor veracidad, rectitud, fidelidad, bondad, buena voluntad y amistad, para que todo el mundo de la existencia se llene con el sagrado éxtasis de la gracia de Bahá, para que la ignorancia, la enemistad, el odio y el rencor desaparezcan del mundo y la oscuridad del alejamiento entre los pueblos y razas del mundo dé paso a la Luz de la Unidad. Si otros pueblos y naciones os son infieles, mostradles lealtad; si os tratan injustamente, mostradles justicia; si se mantienen distanciados de vosotros, atraedlos; si os mostraran enemistad, sed amistosos con ellos; si envenenaran vuestras vidas, endulzad sus almas; si os hirieran , sed un ungüento para sus llagas. Tales son los atributos de los sinceros . ¡Tales son los atributos de los veraces!

Y ahora, en lo que se refiere a la Casa de Justicia, que Dios ha establecido como la fuente de todo bien y libre de todo error, debe ser elegida por sufragio universal, es decir, por los creyentes. Sus miembros deben ser manifestaciones del temor de Dios y manantiales de conocimiento y comprensión, deben ser firmes en la Fe de Dios y desear bien a toda la humanidad. Por esta Casa se quiere significar la Casa Universal de Justicia; es decir, en todos los países debe establecerse una Casa Secundaria de Justicia, y las Casas Secundarias de Justicia deben elegir los miembros de la Universal. Todo debe ser referido a este cuerpo el cual promulga las ordenanzas y reglamentos que no se encuentren en el explícito Texto Sagrado. Por medio de este cuerpo han de resolverse todos los problemas difíciles, y el guardián de la Causa de Dios es su sagrado jefe y distinguido miembro vitalicio de ese cuerpo. Si él no asistiere en persona a sus deliberaciones, debe designar a alguien que lo represente. Si alguno de los miembros cometiera un pecado, perjudicial al bien común, el Guardián de la Causa de Dios tiene el derecho, de acuerdo con su propio juicio, de expulsarlo. Entonces los creyentes deben elegir otro en su lugar.

¡Oh Señor, mi Dios! Ayuda a Tus amados a ser firmes en Tu Fe, a caminar por Tus senderos y a ser constantes en Tu Causa. Concédeles Tu gracia, para que puedan resistir los asaltos del egoísmo y la pasión y seguir la luz de Guía Divina. Tú eres el Poderoso, el Bondadoso, el Que Subsiste por Sí Mismo, el Donador, el Compasivo, el Todopoderoso, el Munífico.

Este es mi consejo y el mandato de Dios para vosotros. Felices aquellos que obren en conformidad con ellos.

¡Por la Antigua Belleza! Este agraviado no ha guardado ni guarda en modo alguno rencor contra nadie; no mantiene sentimiento alguno de maldad hacia nadie y no pronuncia palabra alguna que no sea para el bien del mundo. Mi suprema obligación, sin embargo, necesariamente me impulsa a proteger y preservar la Causa de Dios. Es así como, con el más profundo pesar, os aconsejo diciendo: “Guardad la Causa de Dios, proteged Su Ley y temed al máximo la discordia. Ésta es la base de la creencia de la gente de Bahá (que mi vida sea ofrecida por ellos): Su Santidad, el Exaltado (el Báb), es la Manifestación de la Unidad y la unicidad de Dios y el Precursor de la Antigua Belleza. Su Santidad la belleza de Abhá (que mi vida sea sacrificada por Sus firmes amigos) es la Suprema Manifestación de Dios y la Aurora de Su Más Divina Esencia. Todos los demás son Sus siervos y obedecen Su mandato. Todos deben volverse hacia el Libro Más Sagrado, y todo lo que no esté anotado expresamente allí debe ser referido a la Casa Universal de Justicia. Aquello que dicho cuerpo apruebe, ya sea por unanimidad o por mayoría es por cierto la Verdad y el Propósito de Dios Mismo. Quienquiera se desvíe de ello pertenece, en verdad, a aquellos que aman la discordia, muestran maldad y se apartan del Señor del Convenio. Por esta casa se quiere significar la Casa Universal de Justicia, la cual será elegida por todos los países, es decir, aquellos lugares del Oriente y Occidente donde se encuentran los bienamados, según el método acostumbrado de elecciones en países occidentales, tales como Inglaterra.

¡Oh vosotros, amados del Señor! Esforzaos de todo corazón para proteger la Causa de Dios del ataque de los insinceros, porque almas como éstas hacen que lo recto se tuerza y que todo esfuerzo benéfico produzca resultados contraproducentes.

¡Oh Dios, mi Dios! Yo Te invoco a Ti, a Tus Profetas y a Tus Mensajeros, Tus Santos y Tus Inmaculados, como testigos de que yo he declarado en forma concluyente Tus Pruebas a Tus amados, y he expuesto con claridad para ellos todas las cosas, para que vigilen Tu Fe, protejan Tu Recto Sendero y resguarden Tu Ley Resplandeciente. ¡Tú eres, en verdad, el Omnisciente, el Sapientísimo!

Si alguien o alguna reunión se convirtiera en un obstáculo para la difusión de la Luz de la Fe, que los amados aconsejen de esta manera: De todas las dádivas de Dios, la mayor es la dádiva de Enseñar. Ésta atrae hacia nosotros la Gracia de Dios y es nuestra primera obligación. ¿Cómo podemos privarnos de semejante don? No, nuestras vidas, nuestros bienes, nuestras comodidades, nuestros descanso, todo lo ofrecemos como un sacrificio para la Belleza de Abhá, y enseñamos la Causa de Dios. Sin embargo, debe mostrarse cautela y prudencia, de acuerdo con lo que está escrito en el Libro. En ningún caso debe rasgarse el velo repentinamente. ¡Que la Gloria de las Glorias descanse sobre vosotros!

¡Oh vosotros, amados fieles de 'Abdu'l-Bahá! Os incumbe cuidar solícitamente a Shoghi Effendi, el retoño que ha brotado y el fruto que han dado los dos santificados y Divinos árboles del Loto, para que el polvo del desaliento y del pesar no manche su naturaleza radiante, para que día a día sea mayor su felicidad, su alegría, su espiritualidad, y pueda crecer hasta transformarse en un árbol con frutos.

Porque él es, después de 'Abdu'l-Bahá, el guardián de la Causa de Dios. Los Afnán, las Manos (pilares) de la Causa de Dios y los amados del Señor, deben obedecerle y volverse hacia él. Quienquiera no le obedece, no ha obedecido a Dios; quienquiera de él se aparta], se aparta de Dios, y quienquiera a él niega, ha negado al Verdadero. Cuidaos de que nadie interprete falsamente estas palabras y levante un pretexto como aquéllos que violaron el Convenio después del Día de la Ascensión (de Bahá’u’lláh), de que enarbole el estandarte de la revuelta y se vuelvan obstinados, y abran de par en par la puerta de las falsas interpretaciones. Nadie tiene derecho de dar su opinión personal o expresar sus convicciones particulares. Todos deben buscar guía y volverse hacia el Centro de la Causa y la Casa de Justicia. Quienquiera se vuelva a cualquier otro lado, en verdad, se encuentra en grave error.

¡Que la Gloria de las Glorias descanse sobre vosotros!

BAHÁ'Í ADMINISTRATION

PASAJES SELECCIONADOS DEL TESTAMENTO DE 'ABDU'L-BAHÁ

SEGUNDA PARTE
Cartas de Shoghi Effendi
Guardián de la Causa Bahá'í
21 enero de 1922 - 17 de julio de 1932
Queridos hermanos y hermanas en ‘Abdu’l-Bahá:

En esta hora temprana en que la aurora despunta sobre Tierra Santa, mientras el pesar por la partida del querido Maestro aún lastra nuestros corazones, siento como si mi alma, llena de esperanza, se volviera en su amante anhelo hacia esa gran compañía de amados Suyos de allende los océanos, quienes ahora comparten con nosotros las agonías de la separación.

Sería ocioso que recalque en este momento con cuánta ilusión miran las señoras de la Santa Familia, aun en su luto, el trabajo que tienen ante sí los amigos del continente americano, quienes en el pasado han rendido tan gloriosos servicios a Su Causa y que ahora, fieles al amor especial que Él les profesaba, prosiguen su misión incluso más gloriosamente que antes. Es verdad, el golpe ha sido demasiado terrible y repentino como para que podamos recobrarnos en tan corto tiempo; mas cuando recordamos Sus dichos y leemos Sus escritos, la esperanza brota en nuestros corazones y nos da la paz que ninguna comodidad material puede traernos.

Bien que recuerdo cuando, hace más de dos años, el Amado Maestro, volviéndose hacia un distinguido visitante, que estaba sentado a la vera de Él, en el jardín, rompió el silencio y dijo: “En esye plano Mi trabajo está ya hecho; es mi hora de pasar al otro mundo”. ¿No escribió Él en más de una ocasión clara y enfáticamente: “Si supierais lo que ha de venir después de Mí, a buen seguro rezaríais porque se apresurase mi final”. En una Tabla enviada a Persia cuando la tormenta levantada hace años por aquél Comité de Investigación se abatía fieramente a Su alrededor, cuando los días de Su encarcelamiento más negros eran, revela Él lo siguiente: “Ahora en este mundo del ser, la Mano del Poder Divino ha tendido los cimientos de esta Su Más alta Bondad y de este maravilloso Don. De forma gradual cualquier cosa que esté latente en lo más íntimo de este Ciclo Santo aparecerá y será manifestado, pues ahora no es sino el comienzo de su crecer y el alba de la revelación de sus Signos. Antes de que cierre este Siglo y de esta Era, se hará claro y manifiesto cuán maravillosa fue esa Primavera y cuán celestial el Don”.

Con declaraciones así de reconfortantes y con las muestras inconfundibles de Su clara y segura certeza de que se aproximaba Su fin, ¿hay alguna razón por la que los seguidores de Su Fe, de todo el mundo, hayan de sentirse perturbados? ¿No son las oraciones que reveló por nosotros una fuente de inspiración suficiente para cualquier trabajador de Su Causa? Y Sus instrucciones ¿no nos han preparado el Camino amplio y recto de la Enseñanza? ¿Acaso el poder ahora doblemente eficaz de Su Gracia no nos sostendrá, fortalecerá y confirmará en el trabajo que emprendamos por Él? Nuestra es la obligación de afanarnos día y noche por desempeñar nuestras tareas y de confiar seguidamente en Su Guía y constante Gracia. La unidad entre los amigos, el desasimiento en las labores que emprendamos en Su Camino, el desapego hacia todas las cosas del mundo, la mayor de las prudencias y cuidados en cada paso que demos, el esfuerzo entregado por realizar sólo lo que es Su Santa Voluntad y Agrado, la constante conciencia de Su Presencia y del ejemplo de Su Vida, el apartamiento radical de todo lo que sintamos que pueda ser enemigo de la Causa (… ) éstos y, primerísimo de entre ellos, la necesidad de unidad, se me representan como las obligaciones más vitales, si es que hemos de dedicar nuestras vidas a Su servicio. Si en este espíritu nos alzáramos a servirle, qué promesa más segura y mayor tenemos que la que Su Glorioso Padre, Bahá'u'lláh, nos da en Su Más Santo Libro: “En verdad, os vemos desde Nuestro dominio de gloria, y ayudaremos a quienquiera que se levante por el triunfo de Nuestra Causa con las huestes del Concurso de lo Alto y una compañía de Nuestros ángeles predilectos”

Cuán amorosamente todas las Santas Hojas atesoran el recuerdo del fallecido Maestro en aquellas horas en que solía comentar las abundantes buenas nuevas que venían de aquel continente, admirándose de la incansable actividad de los amigos, de la subordinación completa de sus intereses materiales a los de la Causa, de la notable propagación del Movimiento entre ellos y de la sólida firmeza en el Convenio de Bahá'u'lláh. Son estas alentadoras reflexiones del Maestro a propósito de Sus amados de América, y las alusiones a las pruebas intelectuales más que físicas que –según dijo– les serían enviadas para purificarles y hacerlos brillar aun más; son estas promesas y comentarios Suyos lo que convierten al Movimiento en aquella tierra en semejante fuerza potencial para el mundo de hoy. El telegrama del Amado Maestro dirigido a los amigos de la región es una clara indicación de la presencia de estas fuerzas contrarias que han de inaugurar las tormentas de pruebas que, de acuerdo con lo dicho por el Maestro mismo, en última instancia redundarán en beneficio de la Causa en dicha tierra.

Y finalmente, las señoras de la Sagrada Familia y nosotros, el resto de Su linaje y familia, rezaremos por cada uno de vosotros en Su Sagrado Santuario, y Él seguramente vigilará y realzará con el curso del tiempo esa noble parte de Su herencia que Él legó a Sus amigos del lejano Oeste; amigos de quienes a cambio espera tanto y a quienes Él ha amado y todavía ama tan afectuosamente.

Vuestro sincero colaborador en Su Causa:
SHOGHI.
Haifa, Palestina
21 de enero de 1922

Muy queridos colaboradores en la Causa de Bahá'u'lláh:

Quisiera iniciar esta carta con palabras de disculpa y pesar dada mi incapacidad, en vista de las múltiples y apremiantes tareas, de dar respuesta individual por escrito a los numerosos mensajes de amor y condolencia que tan cariñosamente me habéis enviado desde que dejó este mundo nuestro Bienamado. Estoy seguro de que expreso los sentimientos de las dolientes señoras de la Casa cuando digo que, por más que deseemos establecer correspondencia separada con cada uno de vosotros, las graves responsabilidades y las múltiples obligaciones que han recaído sobre nosotros nos hacen lamentablemente imposible expresar mediante mensajes separados para cada amigo lo que de continuo sentimos en nuestros corazones y aquello por lo que rezamos cuando visitamos Su Santuario sagrado.

En este grave y trascendental período por el que, en conformidad con la Sabiduría Divina, discurre la Causa de Dios, es tarea sagrada de cada uno de nosotros esforzarnos por comprender el significado cabal de esta Hora de Transición, y en consecuencia formular la firme decisión de alzarnos con constancia por el cumplimiento de nuestras obligaciones sagradas.

La Misión de la Causa

Grande es el amor y cuidado paternal que nuestro amado Maestro despliega ahora desde lo Alto, y aun siendo único el Espíritu que anima hoy a Sus siervos de este mundo, no obstante mucho ha de depender del carácter y esfuerzos de Sus amados, sobre quienes ahora recae la responsabilidad de realizar gloriosamente Su trabajo tras Su partida. ¡Cuán grande es la necesidad en este momento, cuando las emanaciones de Su gracia están listas para extenderse sobre toda alma, de que todos nosotros nos formemos una visión anchurosa de la misión de la Causa para con la humanidad, y de que hagamos todo lo que esté en nuestro poder por esparcirla por toda la humanidad! Los ojos del mundo, ahora que la sublime Personalidad del Maestro ha abandonado este plano visible, están ansiosamente vueltos hacia nosotros, quienes portamos Su Nombre, y sobre quienes recae primordialmente la responsabilidad de mantener ardiendo la antorcha que él prendió en este mundo. Cuán intensamente siento en esta hora desafiante de la historia de la Causa la necesidad de una firme y decidida determinación de subordinar todos nuestros gustos personales e intereses locales a los intereses y requisitos de la Causa de Dios! Ahora es el tiempo de arrumbar, o más bien de olvidar completamente, las pequeñas consideraciones que afecten a nuestras relaciones internas, y presentar un frente unido y sólido ante el mundo, animados por ningún otro deseo que el de servir y propagar Su Causa.

Es mi firme convicción, que expreso ahora con toda sinceridad y franqueza, que la dignidad y unidad de la Causa demandan urgentemente –especialmente, a lo largo del continente americano– que por encima de todo los amigos recalquen con sus actos y sus palabras los principios dinámicos y constructivos de Bahá'u'lláh, en vez de dar importancia a Sus Enseñanzas negativas. Con corazones depurados de la última traza de sospecha y llenos de esperanza y fe en lo que el espíritu de amor puede lograr, debemos todos y cada uno de nosotros procurar en esta hora olvidar las impresiones pasadas, y con buena voluntad y con absoluta y auténtica colaboración unirnos para ahondar y difundir el espíritu de amor y servicio que hasta la fecha la Causa ha mostrado al mundo de forma tan notable. A esta actitud de buena voluntad, de perdón y amabilidad auténticas para con todos, debe añadirse, sin embargo, una vigilancia constante pero exenta de provocación, no sea que el trato con las gentes del mundo dé alas a quienes decididamente el Maestro consideró perjudiciales para el cuerpo de la Causa abran una brecha en el Movimiento. Sin embargo, hasta que no surja una evidencia inconfundible, que revele manifiestamente los motivos malignos de cierta persona o grupo de personas, no es recomendable que el asunto se haga público; pues una decisión a destiempo que dé lugar a diferencias abiertas entre los amigos es con diferencia más perjudicial que el hecho de tolerar más tiempo aquellos de quienes se sospecha que albergan malas intenciones. Tal como el Maestro hizo de forma tan cabal y congruente a lo largo de Su vida, debemos todos realizar un esfuerzo supremo por verter un espíritu de amabilidad y amor esperanzado hacia las gentes de los varios credos y clases, y debemos abstenernos de todo lenguaje provocativo que estorbe el efecto de lo que la verdadera y continuada amabilidad es capaz de producir.

¿No desea ‘Abdu’l-Bahá, mientras nos mira con amorosa expectación desde Su gloriosa Morada, que borremos tanto como sea posible todas las huellas de censura, de discusiones enfrentadas, de frías indicaciones, de observaciones nimias e innecesarias que entorpecen la marcha ascendente de la Causa, que amortiguan el celo del creyente firme y desdicen de la sublimidad de la Causa Bahá’í a los ojos de nuestros interlocutores? Sin embargo, a fin de garantizar una actuación justa, rápida y vigorosa, siempre que tal actividad maligna se manifieste y haya sido cuidadosamente comprobada, el mejor y más seguro medio que se le presenta al observador cuidadoso, una vez que se ha cerciorado de la existencia de tal actuación maligna, y desespere de los resultados de la paciencia y la amabilidad, consiste en informar calladamente a la Asamblea Espiritual representativa de los amigos de dicha localidad y elevar el caso a su atenta y completa consideración. Si la mayoría de los miembros de la Asamblea estuvieran convencidos del caso en conciencia –y si el asunto, por ser de alcance nacional, afectase al cuerpo de los amigos de Norteamérica– debería, sólo por mediación de dicha Asamblea, comunicarse el asunto cuidadosamente a ese cuerpo mayor que representa a todas las Asambleas de Norteamérica, el cual a su vez recabaría todos los datos disponibles de la Asamblea local en cuestión, estudiaría la situación cuidadosamente y se reservaría la última decisión. Si así lo decide, ésta podría remitir el caso a Tierra Santa para su ulterior consideración y consulta.

Asambleas Espirituales locales y nacionales

Lo dicho coloca pesadas responsabilidades sobre las Asambleas locales y también sobre las nacionales, las cuales en el curso del tiempo evolucionarán con el poder y guía del Maestro hasta formar las Casas nacionales de Justicia. De ahí la necesidad vital de disponer de Asambleas locales en cada localidad donde el número de creyentes adultos sobrepase de nueve, y de hacer previsiones para la elección indirecta de un Cuerpo que represente adecuadamente los intereses de todos los amigos y Asambleas de todo el continente americano.

La lectura detenida de algunas de las palabras de Bahá'u'lláh y ‘Abdu’l-Bahá acerca de las funciones de las Asambleas Espirituales de todo país (las cuales han de ser luego designadas Casas de Justicia) revela enfáticamente la sacralidad de su naturaleza, la amplitud de alcances de sus actividades y las graves responsabilidades que les cumple.

Dirigiéndose a los miembros de la Asamblea Espiritual de Chicago, el Maestro revela lo siguiente: “Cuandoquiera que entréis en la sala del consejo, recitad esta oración con un corazón que palpite con el amor de Dios y con una lengua purificada de todo menos de Su recuerdo, a fin de que el Todopoderoso graciosamente os ayude a lograr la victoria suprema: ‘¡Oh Dios, mi Dios! Somos siervos Tuyos que se han vuelto con devoción hacia Tu Santa Faz, que en este glorioso Día se han desprendido de todo menos de Ti. Nos hemos reunido en esta asamblea espiritual, unidos en nuestras miras y pensamientos, con nuestros propósitos armonizados para exaltar Tu Palabra entre la humanidad. ¡Oh Señor, nuestro Dios! Haznos signos de Tu Divina Guía, estandartes de Tu exaltada Fe entre los hombres, siervos de Tu poderoso Convenio. ¡Oh Tú nuestro muy Elevado Señor! Haznos manifestaciones de Tu Divina Unidad en Tu Reino de Abhá, y estrellas resplandecientes que brillen sobre todas las regiones. ¡Señor! Ayúdanos a ser como mares que se agrandan con las olas de Tu maravillosa Gracia, como corrientes que fluyen desde Tus todogloriosas Alturas, como buenos frutos del Árbol de Tu Causa celestial, como árboles que se mecen por las brisas de Tu Bondad en Tu Viña del Cielo. ¡Oh Dios! Haz que nuestras almas dependan de los Versos de tu Divina Unidad, que nuestros corazones se alegren con las efusiones de Tu Gracia, que podamos unirnos como las olas de un solo mar y fundirnos como los rayos de Tu Refulgente Luz; que nuestros pensamientos, nuestras miras, nuestros sentimientos se hagan una sola realidad que manifieste el espíritu de unión a través del mundo. Tú eres el Señor de Gracia, el Bondadoso, el Conferidor, el Todopoderoso, el Misericordioso, el Compasivo!

En libro Más Sagrado se ha revelado: “El Señor ha ordenado que en cada ciudad se establezca una Casa de Justicia donde se reúnan consejeros en el número de Bahá, mas si excedieren de este número no habría inconveniente. Deberían verse entrando en la Corte de la presencia de Dios, el Exaltado, el Altísimo, y contemplando a Quien es el Invisible. Les incumbe ser los fiduciarios del Misericordioso entre los hombres, y considerarse los custodios designados por Dios para cuantos habitan en la tierra. Les compete consultar juntos y prestar atención a los intereses de los siervos de Dios, por amor a Él, del mismo modo que atienden a sus propios intereses, y escoger lo que es conveniente y decoroso. Así os ha ordenado el Señor, vuestro Dios. Cuidado, no sea que desechéis lo que está claramente revelado en Su Tabla. Temed a Dios, oh vosotros que percibís”.

Por otro lado, ‘Abdu’l-Bahá revela lo siguiente: “Incumbe a cada persona no dar ningún paso sin consultar a la Asamblea Espiritual, y debe obedecer de alma y corazón su voluntad y mostrarse sumiso ante ella, a fin de que los asuntos reciban su orden apropiado y queden bien dispuestos. De lo contrario, cada persona actuaría con independencia y según su propio juicio, seguiría sus propios deseos y haría daño a la Causa”.

“Los requisitos primarios para quienes toman consejo son pureza de intención, alegría de espíritu, desprendimiento de todo menos de Dios, atracción hacia Sus Divinas Fragancias, humildad y mansedumbre entre Sus amados, paciencia y resignación en las dificultades y servidumbre ante Su exaltado Umbral. Si por la gracia fueran ayudados a adquirir estos atributos, la victoria desde el Reino invisible de Bahá les sería dispensada. En este día, las asambleas consultivas son de la mayor importancia y una necesidad vital. La obediencia hacia ellas es esencial y obligatoria. Sus miembros deben deliberar en consejo de manera tal que no haya ocasión para resentimientos ni surja la discordia. Cabe lograr esto cuando todo miembro expresa su propia opinión con absoluta libertad y expone su argumento. Si alguien se opusiera, no debería en modo alguno sentirse herido pues hasta que los asuntos no sean enteramente discutidos no puede revelarse la vía recta. La chispa reluciente de la verdad brota sólo después del choque de opiniones divergentes. Si después de la discusión, se aprueba una decisión unánimente, tanto que mejor; pero si, Dios lo prohiba, surgen diferencias de opinión, debe prevalecer la voz de la mayoría”.

Al enumerar las obligaciones que incumben a los miembros de los consejos consultivos, el Bienamado revela lo siguiente: “La primera condición es amor y armonía absolutos entre los miembros de la asamblea. Deben estar completamente libres de desamor y deben manifestar en sí mismos la Unidad de Dios, pues ellos son las olas de un solo océano, las gotas de un solo río, las estrellas de un solo cielo, los rayos de un solo sol, los árboles de un solo huerto, las flores de un solo jardín. Si la armonía de pensamiento y la unidad absoluta no existieran esa reunión se vería dispersada y esa asamblea sería llevada a la nada. La segunda condición: Cuando acudan a reunirse deben volver sus rostros hacia el Reino de lo Alto y pedir ayuda del Reino de la Gloria. Deben proceder con la máxima devoción, cortesía, dignidad, cuidado y moderación al expresar sus puntos de vista. Deben en cada asunto buscar la verdad y no insistir en su propia opinión, pues la porfía y la insistencia en los propios puntos de vista desembocarán finalmente en discordia y rencillas y la verdad permanecerá oculta. Los honorables miembros deben expresar sus propios pensamientos con toda libertad. No está permitido de ninguna manera que el uno menosprecie el pensamiento del otro, antes bien, debería presentar la verdad con moderación, y si surgieran diferencias de opinión debería prevalecer la voz de la mayoría, y todos deberían obedecer y someterse a la mayoría. Más aún, no se permite que nadie de los honorables miembros objete o censure, sea dentro o fuera de la reunión, cualquier decisión a la que se haya llegado, aunque la decisión no sea correcta, pues tal crítica impedirá que sea ejecutada ninguna decisión. En breve, el resultado de cualquier cosa que se disponga en armonía y con amor y pureza de intención es la luz, y si prevaleciera la menor traza de desamor el resultado sería oscuridad sobre oscuridad (…) Si esto se mirase así, esa asamblea sería de Dios; pero de lo contrario, ello conducirá a la frialdad y a la alienación que proceden del Maligno. Las discusiones deben quedar confinadas todas a los asuntos espirituales que tienen que ver con la formación de las almas, la instrucción de los niños, el socorro de los pobres, el auxilio a los débiles de todas las clases que hay en el mundo, amabilidad hacia todos los pueblos, la difusión de las fragancias de Dios y la exaltación de Su Santa Palabra. Si se esforzaran por cumplir estas condiciones la Gracia del Espíritu Santo será derramada sobre ellos y esa asamblea se convertirá en el centro de las bendiciones Divinas, las huestes de la confirmación divina acudirán en su ayuda, y día a día recibirán una efusión nueva del Espíritu”.

Tan grande es la importancia y tan suprema la autoridad de estas asambleas que en cierta ocasión ‘Abdu’l-Bahá, después de haber corregido personalmente la traducción realizada al árabe de las Ishraqát (Refulgencias) por Sheikh Faraj, un amigo kurdo del Cairo, instruyó a éste en una Tabla para que sometiese dicha traducción a la Asamblea Espiritual del Cairo, de modo que contase con su aprobación y consentimiento antes de darla a la imprenta. Estas son Sus palabras según constan en dicha Tabla: “Desde aquí, su excelencia, Sheikh Faraju’llah, ha traducido con gran cuidado al árabe los Ishraqát, no obstante lo cual le he dicho que debe someter su versión a la Asamblea Espiritual de Egipto, y he condicionado la publicación a la aprobación de la mencionada Asamblea. Ello es así a fin de que los asuntos se dispongan de manera ordenada, pues de lo contrario cada cual podría traducir una determinada Tabla, imprimirla y hacerla circular por cuenta propia. Incluso un no creyente podría llevar a cabo semejante trabajo, y de esta manera causar confusión y desorden. Empero, si la traducción quedase condicionada a la aprobación de la Asamblea Espiritual, la versión que preparase, imprimiese y circulase el no creyente carecería de cualquier reconocimiento”.

Lo dicho es ciertamente una clara indicación del deseo expreso del Maestro de que no haya nada que sea comunicado al público por ninguno de los creyentes a menos que haya sido considerado y aprobado completamente por la Asamblea Espiritual de su localidad; y si ello (como es sin duda el caso) afecta a los intereses generales de la Causa en aquella tierra, incumbe entonces a la Asamblea Espiritual someterlo a la consideración y aprobación del cuerpo nacional que representa a todas las diversas asambleas locales. No sólo por lo que respecta a las publicaciones, sino también en todos los asuntos sin excepción alguna que afecten a los intereses de la Causa en dicha localidad, a título individual o colectivo, deberían referirse exclusivamente a la Asamblea Espiritual de dicha localidad, que será la encargada de decidir al respecto, a menos que el asunto revista interés nacional, en cuyo caso será remitido al cuerpo nacional. La decisión sobre si el asunto es de interés local o nacional corresponderá a este cuerpo nacional. (Por asuntos nacionales no se entienden las cuestiones de carácter político, pues los amigos de Dios de todo el mundo tienen estrictamente prohibido entrometerse en asuntos políticos de ninguna manera, sino más bien los asuntos que afecten a las actividades espirituales del cuerpo de los amigos del país en cuestión).

Sin embargo, la armonía completa, así como la colaboración entre las varias asambleas locales y los propios miembros, y particularmente entre cada asamblea y el cuerpo nacional, es de la mayor importancia, pues de ello depende la unidad de la Causa de Dios, la solidaridad de los amigos, así como el despliegue completo, rápido y eficiente de las actividades espirituales de Sus amados.

Comités de la Asamblea Nacional

En el curso de tales actividades espirituales los grandes asuntos que de forma general afecten en aquella tierra a la Causa, como por ejemplo la gerencia de “Star of the West”, cualquier publicación periódica que la Asamblea Nacional adopte como órgano bahá’í de comunicación, la cuestión de las publicaciones, la reimpresión de obras bahá’ís y su distribución entre las varias asambleas, los medios mediante los cuales se estimulen y mantengan las campañas de enseñanza, la obra del Mashriqu’l-Adhkár, la cuestión racial en relación a la Causa, el tema de la acogida que se dispense a los orientales y el trato con ellos, el cuidado y mantenimiento de la película preciadísima que muestra un momento de la estancia del Maestro en los Estados Unidos de América, así como la matriz original y grabaciones de Su voz y otras actividades nacionales variadas, lejos de ser competencia exclusiva de ninguna asamblea local o grupo de amigos, deben ser cada uno de ellos examinados plena y detalladamente por una junta especial, elegida por el Cuerpo Nacional, constituida como comité suyo, responsable ante él y sobre el cual deberá ejercerse supervisión general por dicho Cuerpo Nacional.

En efecto la hora está madura para que las múltiples actividades en que los siervos y siervas de Bahá'u'lláh tan devota y dedicadamente andan comprometidos sean armonizadas y conducidas con unidad, cooperación y eficiencia, de modo que el efecto de un esfuerzo así combinado y sistematizado, a través del cual se derrama constantemente un Espíritu todopoderoso, rebase cualquier otro logro del pasado, por glorioso que haya sido, y conste, ahora que a los ojos del mundo externo ya no está la gloriosa Persona del Maestro, como un convincente testimonio de la potencia de Su Espíritu siempre vivo.

Vuestro hermano y compañero de trabajo en Su Causa:

SHOGHI
Haifa, Palestina,
5 de marzo de 1922.
EN EL NOMBRE DE DIOS

Este siervo, después del grave acontecimiento y gran calamidad -la ascensión al Reino de Abhá de Su Santidad 'Abdu'l-Bahá- se ha visto tan afligido por el pesar y el dolor y tan enrededado en los problemas creados por los enemigos de la Causa de Dios, que considero que mi presencia aquí, en esta hora y en tal clima, no está en consonancia con el desempeño de mis sagradas e importantes obligaciones.

Por esta razón, e incapaz de obrar de otro modo, confío por un tiempo los asuntos de la Causa, tanto los internos como los externos, a la supervisión de la Santa Familia y a la jefatura de la Hoja Más Sagrada, hasta que, por la gracia de Dios, una vez recobradas la salud, la fuerza, la autoconfianza y la energía espiritual, y una vez reanudadas en mis manos –según es mi meta y deseo– de forma completa y regular las labores del servicio, alcance mi mayor esperanza y aspiración espiritual.:

SHOGHI
Haifa, Palestina.
Circa mayo de 1922 (sin fecha)
Nuestra servidumbre común

Permítaseme expresar mi sentido deseo de que los amigos de Dios de todo país me miren bajo ninguna otra luz que la de un verdadero hermano, unido a ellos en nuestra común servidumbre hacia el Umbral del Sagrado Maestro, y que hagan referencia a mi persona en sus cartas e intervenciones verbales siempre como SHOGHI Effendi, pues no deseo ser conocido por otro nombre excepto el que quiso pronunciar nuestro Amado Maestro, un nombre que de entre todas las demás designaciones es el que mejor se presta a mi crecimiento y avance espiritual.

Haifa, Palestina.
Circa mayo de 1922 (sin fecha)

A los amados de 'Abdu'l-Bahá de todo el continente de América

¡Queridos colaboradores en la Santa Viña de Bahá!

Ahora que mis largas horas de descanso y meditación se hallan felizmente concluidas, vuelvo mi rostro con esperanza y vigor renovados a ese vasto continente cuyo suelo se halla fecundado con aquellas semillas que el amado Maestro esparció en el pasado con tanta profusión y ternura. Aunque el período ha sido prolongado, sin embargo desde que el Nuevo Día despuntó para mí he sentido vivamente que tal retiro, a pesar de los quebrantos que pudiese acarrear temporalmente, compensaba con creces los resultados de cualquier servicio inmediato que modestamente hubiera podido prestar ante el umbral de Bahá’u’lláh.

Tengo ahora la seguridad de que las energías de mis amados hermanos y hermanas de allende los océanos, lejos de verse menoscabadas por mi repentina desaparición del campo de servicio, se mantendrán al completo de ahora en adelante, o mejor aún, redobladas en su intensidad, de modo que todos podamos portar triunfalmente hasta los últimos rincones del mundo la gloriosa bandera de Bahá.

Carente de toda noticia en mis horas de recluido descanso, siento ahora más la emoción de las varias nuevas, pocas pero a decir verdad prometedoras, que han estado aguardando mi vuelta a Tierra Santa. El trabajo del noble Edificio que las manos poderosas del Sapientísimo Maestro ha mimado en este mundo no admite retrasos, ni puede consentirse que sus cimientos se tambaleen, no importa los obstáculos aparentes que sus enemigos interpongan en su impotente cólera y desesperación. No deberíamos esperar demasiado, pues desde varios medios llegan ya noticias de que las terribles promesas formuladas por 'Abdu'l-Bahá relativas a los Rompedores del Convenio ¡se han visto cumplidas puntualmente!

Pero no nos corresponde detenernos ni un instante en tales oscuros y condenados esfuerzos, ya que la luz brillante de la Guía indefectible del Maestro apunta hacia un servicio más constructivo, hacia logros más nobles y dignos.

No hace mucho, hemos conmemorado por todo el mundo, con ojos llorosos, el fallecimiento de nuestro amado Maestro. Quiera Dios que haya impreso en nuestras vidas, que hemos consagrado todos a Su servicio, la firme e inquebrantable voluntad de fidelidad y devoción a Su Causa.

Vuestro hermano y colaborador:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
16 de diciembre de 1922.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional, los representantes elegidos de todos los creyentes a lo largo del continente de América

¡El haber sido incapaz, debido a circunstancias imprevistas e inevitables, de mantener correspondencia con vosotros desde que os entregasteis a vuestras arduas y múltiples obligaciones es para mí motivo de honda pena y triste sorpresa! Sin embargo, estoy seguro y me sostiene la convicción, nunca desaparecida de mi mente, de que cualquier cosa que ocurra en la Causa de Dios, por muy inquietante que sean sus efectos inmediatos, está orlada de infinita sabiduría y tiende a la postre a promover en el mundo sus intereses. A decir verdad, nuestras experiencias del pasado distante, así como los acontecimientos recientes, son demasiado numerosos y demasiado variados para permitir ninguna duda o reserva relativa a la verdad de este principio fundamental, un principio que a través de las vicisitudes de nuestra sagrada misión en este mundo nunca debemos olvidar o descuidar.

En esta mi primera carta dirigida a vosotros no puedo dejar de expresar mi profunda gratitud y gran placer al saber cuán pronta, admirable y cabalmente habéis dirigido los asuntos de la Causa en aquella tierra. De la sinceridad de vuestros esfuerzos, de la determinación con que habéis afrontado vuestra tarea difícil y delicada, nunca he dudado ni por un momento, pues conocía demasiado bien el espíritu ardiente de servicio y camaradería que el fallecimiento repentino de nuestro Bienamado ha infundido en los seguidores de todas partes. Pero ha sido grande mi sorpresa al saber con qué presteza la Mano del siempre presente Maestro ha removido todas las dificultas del camino y cómo la luz de Su Guía Divina ha hecho que la oscuridad de las dudas, miedos y desconfianza se desvaneciera.

La eficiente manera con que habéis ejecutado mis humildes sugerencias han sido para mí una fuente de gran ánimo y han revivido la confianza dentro de mi corazón. He leído y releído los informes de vuestras actividades, he estudiado minuciosamente todos los pasos que habéis dado para consolidar los cimientos del Movimiento en América, y he comprobado con agudo sentimiento de satisfacción los planes que barajáis para el auge y expansión de la Causa en vuestro gran país. Apruebo vivamente cuanto habéis dispuesto a fin de concentrar las labores en vuestras manos y distribuirlas a los varios comités, los cuales, cada uno en su propia esfera, han emprendido la dirección de sus propios asuntos de forma tan eficiente y completa.

Lo que todavía me ha causado mayor placer ha sido saber que los miembros de este Cuerpo Central que ha asumido responsabilidad tan grave y arrostra tan delicadas y difíciles tareas, se ha granjeado no sólo la simpatía individual y colectiva de sus hermanos y hermanas espirituales, sino que también puede contar confiadamente con su actividad y entregado apoyo en la campaña de servicio a la Causa de Bahá’u’lláh. Ciertamente, es así como debería ser, pues si la colaboración genuina y sostenida así como la confianza mutua dejara de existir entre las personas de los amigos y sus asambleas locales y nacionales, todo el trabajo benéfico de la Causa cesaría y nada más le permitiría funcionar en el futuro de manera armoniosa y efectiva.

Es verdad, la Causa como cualquier otro movimiento tiene sus propios obstáculos, complicaciones y dificultades imprevistas; pero a diferencia de otras organizaciones humanas inspira un espíritu de Fe y Devoción que nunca dejará de inducirnos a realizar intentos sinceros y renovados de afrontar estas dificultades y suavizar las diferencias que puedan y deban surgir.

Ansío con esperanzas fervientes tener noticia de estos esfuerzos renovados de vuestra parte y de la firme determinación, que nunca consentiréis que afloje, por ver de mantener a toda costa la unidad, la efectividad y la dignidad de la Causa.

Séame permitido expresar por vuestro conducto mi sentido agradecimiento a los miembros del Comité de Construcción del Mashriqu'l-Adhkár, Sr. Alfred E. Lunt, Sra Corinne True, Dr. Zia Bagdadi, Sr. Charles Mason Remey, Sr. Louis Bourgeois, Sr. Leo Perron, por su incensaste labor en pro de acelerar las obras de este noble Edificio que, cuando esté erigido y terminado, demostrará ser el factor más poderoso para la promulgación de la Causa en América.

Extiendan asimismo mi caluroso aprecio a los miembros de los Comités de Revisión, Sr. William H. Randall, Sr. Mountfort Mills, Sr. Roy C. Wilhelm, Sr. Albert R. Vail, Srta. Edna True, Sra Marjory Morten y Sr. Alfred E. Lunt, por su dirección eficaz de sus respectivos departamentos y por su devoción al trabajo, el cual en el caso de mantenerse regularmente, no dejará de impresionar y atraer a gran número de personas entre el público ilustrado. En cuanto a Star of the West, quisiera felicitar en particular a los miembros del Comité de Publicaciones por la calidad del trabajo. He leído detenidamente los últimos números de la Revista y me alegra notar una mejoría alentadora en la dirección, estilo, presentación general, naturaleza y número de artículos.

A los miembros del Comité de Enseñanza, Sr.William Randall, Sra. Agnes S. Parsons, Sr. Albert Vail, Sr. Louis G. Gregory y Sra. Miriam Haney les hago extensivos mis mejores deseos y les doy garantía de mis oraciones constantes en su nombre, a fin de que sus servicios en tan vital departamento de los asuntos de la Causa, de importancia tan primaria e inmediata, se vean coronados con un éxito clamoroso.

Para los miembros del Comité de Educación de Niños, Sra. Grace Ober, Sra. Louise Boyle, Sra. Victoria Bedikian, Sra. Hebe Struven, Sra. Grace Foster, Sr. Standwood Cobb y Sr. Allen McDaniel, suplico el Auxilio Divino, para que Él les socorra en un trabajo tan cercano y querido al corazón del Maestro y les ayude a hacer crecer a los futuros devotos y eficientes siervos de Dios.

Rezaré en los Tres Santuarios Sagrados en favor de todos los miembros de estos Comités, para que se conviertan en canales purificados de Su Gracia e instrumentos de Su Plan Divino para este mundo. Por mi parte, no dejaré de ofrecer mi modesta contribución al servicio de cada uno de ellos en sus respectivas parcelas y recibiré con agrado un informe especial de cada uno sobre sus actividades presentes así como sobre sus planes de futuro.

A la espera de que me hagáis llegar las felices nuevas del ahondamiento y expansión de la Causa por la que nuestro amado Maestro dio Su tiempo, Su vida y Su todo, y recordando las labores de amor y servicio que emprendéis en todo momento, reclino mi cabeza en los Umbrales Sagrados.

Soy, como siempre, vuestro hermano en Su servicio:

SHOGHI
Haifa, Palestina,
23 de diciembre de 1922.

P.S. Me reconfortaría y agradaría que comunicasen a todas las varias asambleas espirituales locales mi deseo de recibir de cada una de ellas, tan pronto como sea posible, un informe oficial y detallado sobre sus actividades espirituales, el carácter y organización de sus respectivas asambleas, así como descripción de sus reuniones públicas y privadas, de la actual posición de la Causa en su provincia, y de los planes y medidas adoptadas para el futuro. Ruego que trasladen a todos ellos mis mejores deseos y mis garantías de ayuda sincera en su noble empeño de servir a la humanidad.

SHOGHI
A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional
¡Queridos colaboradores en la Causa de Dios!

En medio del incesante laboreo por hacer avanzar la Causa en aquel país, estoy seguro de que recibiréis con agrado de vez en cuando tener noticias que insuflen nuevo espíritu en vuestras actividades y os alienten a proseguir los esfuerzos en la promoción de Su Causa.

Prácticamente ayer, en el curso de mi estudio de los varios documentos bahá'ís, di, como por casualidad, con un importantísimo mensaje de nuestro amado 'Abdu'l-Bahá, sin fecha, y sin indicios sobre dónde, cómo o a quién iba dirigida, escrita de puño y letra del Maestro sobre una hoja de aspecto común y mal conservada, pero que vista de cerca, ha demostrado ser del mayor interés para todos los creyentes de Oriente así como de Occidente. En cuanto a la autenticidad de estas notabilísimas palabras, consignadas de forma tan clara y rotunda, no cabe duda alguna, y la medida de seguridad que infundirá en los amados de Persia y el espíritu de ánimo que inspirará en los amigos de Occidente, me han compelido a comunicaroslas, a fin de que, contando con vuestra consideración y consentimiento, sea difundido* {Publicado en el librito "Prayer of Bahá’u’lláh: Prayers and Tablets of 'Abdu'l-Bahá"} entre los amigos y redoble su confianza en la parte sobresaliente que el Occidente está destinado a contribuir en la difusión inmediata del Movimiento por todo el mundo.

La he vertido personalmente al inglés e incluyo un ejemplar de la traducción completa.

Star of the West

Permítaseme que mencione de paso el hecho de que desde mi vuelta a Tierra Santa en mi correpondencia he dispuesto y encarecido enfáticamente a los amigos de Persia, Turquestán, Cáucaso, Gran Bretaña, India, Egipto y Siria que se suscriban, a través de sus respectivas Asambleas, a Star of the West, que sometan información regular a dicha publicación y que a través de sus Asambleas difundan las noticias de su actividad y aporten artículos cuidadosamente redactados, que cuenten con la aprobación y sanción de dichas Asambleas.

Confío en que esta medida redundará en beneficio de Star of the West y servirá para que los miembros del Comité de Publicaciones amplíen la esfera de actividades en el servicio a la Causa.

En ansiosa espera de vuestras cartas y deseándoles el mayor éxito en sus muy arduas obligaciones,

Vuestro hermano devoto:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
12 de enero de 1923

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso a lo largo de los Estados Unidos y Canadá.

Queridos hermanos y hermanas en 'Abdu'l-Bahá:

Nuestro querido amigo Jináb-i-Fa/dil-i-Mázindarání, acompañado por su familia, ha respondido feliz y agradecidamente a la amable invitación que los amigos norteamericanos le han extendido a fin de que les visite una vez más y tienda una mano auxiliadora a los muchos amigos que tan fielmente faenan a lo largo de ese continente por la Causa de Bahá’u’lláh.

Muy sabedor de los sentimientos de afecto entrañable y duradero que sus colaboradores de aquel país le han dispensado en el pasado, enardecido por el celo del servicio que el fallecimiento del Amado ha encendido en cada corazón y esperanzado por el futuro inmediato de la Causa en aquellas regiones, se dirige a Norteamérica con el solo propósito de promover por doquier, con mayor eficiencia y vigor, las importantísimas labores de enseñanza.

En cuanto a la duración de su estancia, dejo los detalles de su viaje, plan de visitas que ha de cursar a los centros espirituales y todos los asuntos relacionados con su gira, a la discreción de éste, a fin de que, tras consultar con las varias Asambleas Espirituales, actúe como crea que mejor conviene a los intereses de la Causa en aquel país.

Que todos los amigos puedan comprender más cabalmente la urgente y suprema necesidad de enseñar la Causa en estos días; que puedan alzarse a inaugurar una campaña de servicio más denodada, sistemática y extensa; éstas son las grandes metas que se ha propuesto y que, con la ayuda indefectible y el apoyo entregado de todo creyente norteamericano, aspira a lograr en el futuro inmediato.

¡Ojalá que su segunda visita a vuestras costas marque, por su carácter y resultados, una era nueva y memorable de la historia de la Causa en aquel gran país!

Vuestro hermano y colaborador:
SHOGHI
Haifa, Palestina.
16 de enero de 1923.
A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional
Queridos amigos:

Es un gran placer para mí poder compartir con vosotros la traducción de algunas de las oraciones y Tablas de nuestro Bienamado Maestro, cuya lectura confío que os inspirará y reforzará en vuestro trabajo de servicio a Su Causa.

Confío en que con el curso del tiempo me será factible enviaros regularmente traducciones correctas y fiables de las varias oraciones y Tablas de Bahá’u’lláh y 'Abdu'l-Bahá, las cuales desplegarán ante vuestros ojos una visión nueva de Su Gloriosa Misión sobre la tierra y os darán una perspectiva del carácter y significados de Sus Divinas Enseñanzas.

Aguardo con vivo interés cualquier sugerencia que quieran darme sobre este particular y sobre cualesquiera otras materias que afecten a los intereses de la Causa en América. Quisiera reiterarles una vez más mi disposición y deseo de ayudar y servir a los siervos fieles y devotos de Bahá’u’lláh en aquella tierra.

Vuestro hermano y colaborador:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
17 de enero de 1923.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional.

Muy queridos amigos:

Acabo de completar la traducción de un número de textos selectos de las conmovedoras palabras dirigidas por el Maestro a Sus amados de Persia, reveladas hace unos veinticinco años, durante los más aciagos días de Su encarcelamiento en la ciudad de 'Akká.

Comprenderéis, al leerlos, la confianza inamovible que 'Abdu'l-Bahá tenía en el crecimiento inevitable de la Causa, incluso en aquel período que fue el más peligroso de Su vida. Al leerlos atentamente comprenderéis mejor el significado de este Movimiento y su poder dinámico, la necesidad urgente de unidad y armonía constantes entre los amigos, y la gloria y la estación que aguarda en el mundo venidero a cada siervo fiel de Bahá’u’lláh.

¡Ojalá que dichos textos contribuyan su parte al despliegue del Espíritu de la Causa en aquella tierra, y que puedan infundir en todos los amigos el espíritu ardiente de servicio y camaradería que les facultará a cumplir su glorioso destino en este mundo!

Vuestro hermano y colaborador:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
13 de febrero de 1923.

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso a lo largo de Norteamérica, Gran Bretaña, Alemania, Suiza, Italia, Japón y Australasia.

¡Compañeros de trabajo en la Viña del Señor!

Ha pasado ya un año desde aquella hora calamitosa, cuando la gloriosa Persona de 'Abdu'l-Bahá quedó velada a los ojos mortales y Su Espíritu ascendió al Reino de Gloria; y siento que la hora está madura para tomar esas decisiones nuevas y trascendentales que nos permitirán cumplir, veloz y fielmente, los últimos deseos de nuestro fallecido Maestro.

Para el mundo externo este año ha sido un año de miedo y sufrimiento, de desilusión y convulsiones. Sin embargo, para nosotros, los desolados seguidores de un Maestro amoroso y generoso, a pesar de los desvelos pasajeros que Su partida repentina debe acarrear necesariamente, ha sido un período de esperanza, de actividad completa, marcado todo él por un espíritu de confianza intacta en Su poder y de fidelidad hacia Su Causa.

Desde el Oriente hasta el Occidente, desde el Norte hasta el Sur, un sinfín de siervos de Bahá’u’lláh, desdeñosos de las maquinaciones de los enemigos de Su Causa, los quebrantadores de Sus órdenes, se han reunido en torno a Su Bandera y se han alzado de consuno para llevar adelante el gran Trabajo que les ha confiado a su cuidado. ¡Saludos a su inmortal espíritu de fidelidad que arde y arderá incesantemente en los pechos de Sus amados! Grande será la recompensa, y feliz la hora cuando después de una afanada vida de servicio, se reúnan en la gloria de Bahá y tomen parte en Presencia de Su Bienamado, de la alegría de la Reunión eterna.

Condición del mundo

Grandes logros nos aguardan todavía en este mundo, y confiamos que, por la gracia y guía que no falta nunca, demostraremos ser ahora y siempre dignos de cumplir Su gran Propósito para la humanidad. ¿Y quién puede dejar de reconocer la aguda necesidad que, en el presente estado de peligro e incertidumbre, experimenta una humanidad desangrada por alcanzar el Espirítu regenerador de Dios, manifiesto este Día tan poderosamente en esta Dispensación Divina? Cuatro años de guerras y cataclismos mundiales sin igual, seguidos por cuatro años de amarga desilusión y sufrimiento, han remecido la conciencia de la humanidad, han abierto los ojos del mundo descreído al Poder del Espíritu, el único que puede curar su enfermedad, sanar sus heridas y establecer el reinado, desde hace tanto prometido, de una paz y prosperidad imperturbables.

La responsabilidad de los bahá'ís

A buen seguro ésta es la hora, allá donde las haya, de que nosotros, los escogidos de Bahá’u’lláh y portadores de Su Mensaje al mundo, nos esmeremos, día y noche, por ahondar, primero y antes que nada, en el Espíritu de Su Causa en nuestras propias vidas personales, y luego bregar y bregar incesantemente por ejemplificar en todo trato con nuestros congéneres ese noble Espíritu del que Su amado Hijo 'Abdu'l-Bahá fue en todos los días de Su vida un exponente único y verdadero. Los dichos de nuestro amado Maestro ya han sido voceados en el extranjero, Su nombre ha llenado todas las regiones y los ojos de la humanidad están vueltos expectantes hacia los discípulos que llevan Su nombre y profesan Sus enseñanzas. ¿No deberemos nosotros, mediante nuestras vidas diarias, vindicar las elevadas metas de Sus enseñanzas y probar con nuestros servicios el influjo de su Espíritu inmortal? Éste es ciertamente nuestro más alto privilegio y nuestra más sagrada obligación.

Dirijámonos pues, con un corazón puro, con humildad e ilusión hacia Sus consejos y exhortaciones, y busquemos en esa Fuente de Potencia Celestial toda la guía, el espíritu y el poder que hemos de necesitar para el cumplimiento de nuestra misión en esta vida.

Contemplad la estación en el Reino de Gloria desde la que 'Abdu'l-Bahá llama ahora a Sus amados:

"Corresponde a los amados de Dios sentirse enamorados entre sí y sacrificarse por sus compañeros de trabajo en la Causa. Deberían anhelar estar en su compañía al igual que el muy sediento anhela el Agua de Vida, y el amante se consume por dar con el deseo de su corazón".

Tal es la estación sublime y gloriosa que Él desea que nosotros y todos los pueblos y linajes de la tierra alcancen en este mundo; cuánto más, pues, lograr la unidad y la comprensión mutua entre nosotros para así alzarnos con una voz como heraldos del Reino y de la salvación de la humanidad.

Con unidad de propósito firmemente establecida en nuestras mentes y desterrada de nuestros corazones toda traza de animosidad, y encendido en nuestras almas el espíritu de una camaradería entregada y constante, podemos confiar en entregar efectivamente el Mensaje de Bahá’u’lláh y ejecutar fielmente las diversas disposiciones del Testamento de nuestro amado.

Constantes en nuestra fe, firmes en nuestra unión, abundantes de fe, fervientes en nuestro espíritu, desprendidos en nuestras tareas, alcémonos y con corazones en oración hagamos un supremo esfuerzo por cumplir éstas las últimas palabras de nuestro Amado, Su muy acariciado deseo:

¡Oh vosotros, que permanecéis firmes en el Convenio! Cuando llegue la hora en que esta agraviada ave de alas rotas haya remontado el vuelo hacia el Concurso Celestial; cuando se haya apresurado al Reino de lo Invisible y su forma mortal se haya perdido o esté oculta bajo el polvo, incumbe ea los Afnán que están firmes en el Convenio de Dios y que han brotado del árbol de Santidad; a las Manos (pilares) de la Causa de Dios (que la Gloria del Señor descanse sobre ellas), y a todos los amigos y bienamados, a todos y cada uno, que se pongan en acción se levanten con alma y corazón y de común acuerdo para difundir las dulces fragancias de Dios, enseñar Su Causa y promover Su Fe. Les incumbe a no descansar ni un instante, ni buscar reposo. Deben dispersarse por todos los países, pasar por todos los climas y viajar por todas las regiones. Activos, sin descanso y firmes hasta el fin, deben levantar en todos los países el grito triunfante de ¡Oh Tú, Gloria de las Glorias! (Yá Bahá ’u’l Abhá); deben alcanzar renombre en el mundo dondequiera que vayan; deben arder brillantemente como una luz en cada reunión y deben encender la llama del Amor Divino en cada asamblea, para que la luz de la verdad se levante resplandeciente en el corazón mismo del mundo, para que tanto en el Oriente como en el Occidente pueda reunirse un vasto concurso bajo la sombra de la Palabra de Dios, para que las dulces fragancias de santidad puedan ser difundidas, para que los rostros brillen radiantes, los corazones se llenen del Espíritu Divino y las almas se vuelvan celestiales. Lo más importante de todo en estos días es guiar a las naciones y pueblos del mundo. Enseñar la Causa es de la mayor importancia, porque es la piedra angular de la base misma. Este agraviado siervo ha pasado sus días y sus noches promoviendo la Causa y urgiendo a las gentes al servicio. No descansó un solo instante hasta que la fama de la Causa de Dios fue proclamada en el mundo y las Melodías Celestiales del Reino de Abhá despertaron el Este y el Oeste Los bienamados de Dios deben seguir igual ejemplo. ¡Este es el secreto de la fidelidad, éste es el requisito de servidumbre ante el Umbral de Bahá!

No hace falta más que lanzar una mirada a las Palabras y Epístolas de 'Abdu'l-Bahá para caer en la cuenta del gran privilegio que es enseñar la Causa, su necesidad vital, su urgencia absoluta y sus efectos de gran calado. Éstas son las propias palabras de 'Abdu'l-Bahá:

"En estos días, los Santos del Reino de Gloria, que moran en el más alto Paraíso, anhelan volver a este mundo y ser de alguna ayuda a la Causa de Bahá’u’lláh y probar su servidumbre al Umbral de la belleza de 'Abhá".

¡Qué maravillosa visión abren ante nuestros ojos estas palabras! ¡Qué grande es nuestro privilegio de poder trabajar en este Día en la Viña Divina! ¿No nos incumbe alzarnos y enseñar Su Causa con tal ardor que ninguna adversidad mundana pueda apagar, ni medida de éxito saciar?

Elección de Asambleas Locales

Y, ahora que este importantísimo Trabajo no ha de sufrir descuido, sino más bien funcionar vigorosa y continuamente en cada parte del mundo bahá'í; para que la unidad de la Causa de Bahá’u’lláh pueda permanecer segura e inviolada reviste máxima importancia que de acuerdo con el texto explícito del Kitáb-i-Aqdas, el Más Sagrado Libro, en cada localidad, sea ciudad o aldea, donde el número de adultos declarados (de 21 años de edad en adelante) supere los nueve, se forme una "Asamblea Espiritual". A ella habrán de remitirse, directa e inmediatamente, todos los asuntos relativos a la Causa para que sean consultados y se decida en consecuencia. La importancia, o más bien, la absoluta necesidad de estas Asambleas Locales se pone de manifiesto cuando comprendemos que en los días venideros han de evolucionar hasta convertirse en las Casas de Justicia locales, y que en la actualidad proporcionan una base firme sobre la que la estructura del Testamento del Maestro podrá construirse en el futuro.

Obligaciones de las Asambleas Espirituales

La cuestión de la Enseñanza, su dirección, sus vías y medios, su extensión, su consolidación, aun siendo esencial para los intereses de la Causa, no constituyen en modo alguno el único asunto que debería recibir la plena atención de estas Asambleas. Un estudio cuidadoso de las Tablas de Bahá’u’lláh y 'Abdu'l-Bahá revela que hay otras obligaciones no menos vitales para los intereses de la Causa y que recaen sobre los representantes de los amigos de cada localidad.

Les incumbe ser vigilantes y cautelosos, discretos y atentos, y en todo tiempo escudar el Templo de la Causa del dardo del malévolo y del asalto del enemigo.

Deben empeñarse en promover la amistad y la concordia entre los amigos, borrar en todo corazón cualquier traza remanente de desconfianza, frialdad y desamor, y asegurar en su lugar una colaboración activa y entregada al servicio de la Causa.

Deben esforzarse al máximo por tender en todo tiempo la mano auxiliadora a los pobres, los enfermos, los discapacitados, los huérfanos, las viudas al margen del color, la casta o el credo.

Deben promover por todos las vías a su alcance la ilustración tanto material como espiritual de la juventud, los medios para la educación de los niños; e instituir, cuandoquiera que sea posible, instituciones educativas bahá'ís, cuyo trabajo habrán de organizar y supervisar; y proveer los mejores medios para su progreso y desarrollo.

Deben hacer un esfuerzo por mantener correspondencia oficial, regular y frecuente con los varios centros bahá'ís de todo el mundo, informarles de sus actividades y compartir las buenas nuevas que reciben con todos sus compañeros de trabajo de la Causa.

Deben alentar y estimular por todos los medios a su alcance, mediante subscripción, informes y artículos, el desarrollo de las varias revistas bahá'ís, tales como "Star of the West" y "Magazine of the Children of the Kingdom" de los Estados Unidos de América, el boletín "Bahá'í News" de la India, el "Sun of the East" (Khurshid-i-Khavar) del Turquestán, el "Star of the East" de Japón, y el "Sun of Truth" de Alemania.

Deben llevar a cabo la celebración regular de reuniones de los amigos, fiestas y aniversarios, así como de reuniones especiales concebidas para servir y promover los intereses sociales, intelectuales y espirituales de sus congéneres.

En estos días, cuando la Causa todavía está en su infancia, deben supervisar todas las publicaciones bahá'ís y traducciones, así como disponer los medios generales para realizar una presentación digna y exacta de las obras bahá'ís ante el gran público.

Éstas figuran entre las más destacadas obligaciones de los miembros de toda Asamblea Espiritual. En cualquier localidad en que la Causa se haya expandido suficientemente, y a fin de asegurar la eficiencia y evitar confusiones, cada una de estas múltiples funciones deberán ser remitidas a un comité especial, responsable ante la Asamblea, elegido por ella de entre los amigos de la localidad y sobre cuyo trabajo la Asamblea deberá ejercer una supervisión constante y general.

Las Asambleas Espirituales locales deberán ser elegidas directamente por los amigos, y cada amigo declarado de 21 años o más, lejos de permanecer al margen o asumiendo una postura indiferente o independiente, debería tener por su sagrado deber el tomar parte, consciente y diligentemente, en la elección, la consolidación y el trabajo eficiente de su propia Asamblea Local.

Las Asambleas Nacionales

Respecto del establecimiento de "Asambleas Nacionales" reviste una importancia fundamental que en todo país donde las condiciones sean favorables y el número de amigos haya aumentado y alcanzado un tamaño considerable, como en Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania, que se establezca al punto una "Asamblea Espiritual Nacional", en representación de los amigos de todo el país.

Su propósito inmediato es el de estimular y coordinar mediante consultas frecuentes las múltiples actividades de los amigos así como de las Asambleas Locales; y, merced al contacto constante y estrecho con Tierra Santa, emprender medidas y dirigir de forma general los asuntos de la Causa del país.

También cumple otro propósito, no menos esencial que el primero, puesto que en el curso del tiempo irá evolucionando hasta convertirse en la Casa Nacional de Justicia (referida en el Testamento de 'Abdu'l-Bahá como "Casa Secundaria de Justicia"), la cual, en conjunción con las demás Asambleas Nacionales de todo el mundo bahá'í, de acuerdo con el texto explícito del Testamento, tendrá que elegir directamente a los miembros de la Casa Internacional de Justicia, el Consejo Supremo que guiará, organizará y aunará los asuntos del Movimiento a través de todo el mundo.

Está expresamente consignado en los Escritos de 'Abdu'l-Bahá que estas Asambleas Nacionales deben ser elegidas indirectamente por los amigos; esto es, los amigos de cada país deben elegir cierto número de delegados, los cuales a su vez habrán de elegir de entre todos los amigos de dicho país a los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional. Por tanto, en países como pueda ser el caso de Norteamérica, Gran Bretaña y Alemania, debe decidirse primeramente que haya un número fijo de lectores secundarios (95 para Norteamérica, incluyendo las islas del Pacífico; 95 para Alemania; y 19 para Gran Bretaña). Acto seguido, los amigos de toda localidad donde el número de creyentes declarados sea mayor de nueve, deben elegir directamente la cuota de electores secundarios que le haya sido asignada en proporción a su tamaño. Estos electores secundarios podrán elegir, bien por correo, o preferiblemente mediante una reunión conjunta, tras deliberar primero sobre los asuntos de la Causa de todo el país (en su calidad de delegados de la Convención), a nueve personas de entre todos los amigos del país que serán los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional.

Esta Asamblea Espiritual Nacional, la cual, hasta tanto no se verifique el establecimiento de la Casa Universal de Justicia, habrá de ser reelegida una vez al año, obviamente asumirá graves responsabilidades, pues ha de ejercer autoridad completa sobre todas las Asambleas locales de su provincia y ha de dirigir directamente las actividades de los amigos, custodiar vigilantemente la Causa de Dios, y controlar y supervisar los asuntos del Movimiento en general.

Las cuestiones vitales que afecten a los intereses de la Causa den dicho país, tales como la traducción y publicación, el Mashriqu'l-Adhkár, el Trabajo de Enseñanza, y otras materias similares que se distingan de los asuntos estrictamente locales, deben estar bajo la plena jurisdicción de la Asamblea Nacional.

Cada una de estas cuestiones deberán ser remitidas, como en el caso de las Asambleas locales, a un Comité especial, que será elegido por los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional, entre todos los amigos de ese país, el cual mantendrá la misma clase de relación que sostienen los comités locales con sus respectivas asambleas locales.

También recae sobre ella la decisión sobre si determinada cuestión debatida es de naturaleza estrictamente local y debería quedar reservada a la consideración y decisión de la Asamblea local, o bien debería caer dentro de su propia jurisdicción y ser considerada un asunto que deba recibir su atención especial. La Asamblea Espiritual Nacional entenderá asimismo en asuntos tales que estime que deban ser remitidos a Tierra Santa para consulta y decisión.

Al funcionar estas Asambleas, locales y nacionales, de forma armoniosa, vigorosa y eficiente a lo largo y ancho del mundo bahá'í, quedan garantizados los únicos medios para el establecimiento de la Casa Suprema de Justicia. Y cuando dicho Cuerpo Supremo haya sido establecido apropiadamente, deberá considerar de nuevo toda la situación y sentar el principio que regirá, tanto tiempo como lo estime oportuno, los asuntos de la Causa.

Elecciones anuales de Asambleas

Mientras esté pendiente su establecimiento, y a fin de asegurar la uniformidad en el conjunto de Oriente y Occidente, todas las Asambleas locales deberán reelegirse una vez al año, durante el primer día de Ri/dván, y el resultado del escrutinio habrá de declararse, si es posible, ese mismo día.

A fin de evitar la división y el quebranto, y que la Causa no caiga presa de interpretaciones contrapuestas, y en esa medida pierda su pureza y vigor prístino, y a fin de que sus asuntos sean llevados con eficiencia y prontitud, es necesario que cada uno tome parte activa, conscientemente, en la elección de estas Asambleas, acate sus decisiones, ejecute sus decretos y colabore de corazón con ellas en su tarea de estimular el crecimiento del Movimiento en todas las regiones. Por su parte, los miembros de estas Asambleas, deben prescindir por completo de sus simpatías o antipatías, sus intereses personales e inclinaciones, y concentrar sus mentes en las medidas que conducirán al bienestar y felicidad de la Comunidad Bahá'í y promover el bien público.

El Fondo bahá'í

Puesto que el progreso y la ejecución de las actividades espirituales depende y está condicionado a los medios materiales, constituye una necesidad absoluta que tan pronto como se establezcan las Asambleas Espirituales locales o nacionales, se establezca un Fondo bahá'í, que será colocado bajo el control exclusivo de la Asamblea Espiritual. Todas las donaciones y aportaciones serán ofrecidas al Tesorero de la Asamblea, con el fin expreso de promover los intereses de la Causa en esa localidad y país. Es el sagrado menester de cada siervo consciente y fiel a Bahá’u’lláh que desea ver que Su Causa avance, contribuir de manera libre y generosa al aumento de dicho Fondo. Los miembros de la Asamblea Espiritual, siguiendo su propio criterio, lo gastarán en promover la Campaña de Enseñanza, ayudar al necesitado, establecer instituciones educativas, ampliar por todos los medios posibles su esfera de servicio. Acaricio la esperanza de que todos los amigos, al hacerse cargo de la necesidad de esta medida, se movilizarán y contribuirán, por modestamente que sea al principio, con vistas a un pronto establecimiento y aumento de tal Fondo.

La necesidad de que haya una centralización de la autoridad en la Asamblea Espiritual Nacional, y de que se concentre el poder en las varias Asambleas locales, se torna evidente cuando reparamos en que la Causa de Bahá’u’lláh todavía se encuentra en su etapa de tierno crecer y en una etapa de transición; cuando recordamos que las implicaciones completas y el significado exacto de las instrucciones de alcance mundial del Maestro, tal como figuran en Su Testamento, no han sido todavía plenamente comprendidas, y el conjunto del Movimiento todavía no ha quedado suficientemente cristalizado a los ojos del mundo.

Es nuestra tarea primordial mantener un ojo muy vigilante sobre la manera y carácter de su crecimiento, combatir efectivamente las fuerzas disgregadoras y las proclividades sectarias, no sea que el Espíritu de la Causa se oscureza, su unidad se vea amenazada y sus Enseñanzas sufran corrupción; no sea que, por un lado, la ortodoxia extrema, y la irresponsabilidad por otro, hagan que se desvíe de ese solo Recto Camino que puede conducirla al triunfo.

La obligación más esencial

Empero, estemos en guardia –así nos lo recuerda de continuo el Maestro desde Su Estación en lo alto– no sea que un exceso de preocupación por lo que reviste importancia secundaria, y demasiadas preocupaciones por los detalles de nuestros asuntos y actividades, nos hagan descuidar la más esencial, la más urgente de nuestras obligaciones, a saber, enterrar nuestras cuitas y enseñar la Causa para llevar bien lejos a un mundo gravemente herido este Mensaje de Salvación.

A Sus valerosos combatientes en la tierra, quienes a veces pueden descorazonarse, nuestros siempre victorioso Comandante 'Abdu'l-Bahá les da la siguiente garantía:

"¡Oh vosotros siervos del Sagrado Umbral! Las huestes triunfantes del Concurso Celestial, pertrechadas y formadas en los Reinos de lo alto, están listas a la espera de socorrer y asegurar la victoria a los valientes jinetes que con confianza arremetan su montura para entrar en la lid del servicio. ¡El bien sea con el impávido guerrero que, armado con el poder del verdadero Conocimiento, se apresura al campo, dispersa las tropas de la ignorancia y pone en desbandada a las huestes del error, quien iza en lo alto la Bandera de la Guía Divina y hace sonar el Clarion de la Victoria. ¡Por la rectitud del Señor! Él ha logrado un triunfo glorioso y ha obtenido la verdadera victoria (...)"

Con palabras de inspiración como éstas, ¿hemos de permanecer nosotros inactivos e inanes? Su toque de trompeta resuena en todas partes y nos emplaza al servicio, ¿vamos a dudar o a vacilar? Su voz nos llama en alto desde todas las tierras, marchemos pues, sin cadenas ni miedo, a cumplir con nuestro glorioso Destino.

SHOGHI
Haifa, Palestina
12 de marzo de 1923
Transliteración de los términos bahá'ís

P.S. En página aparte se hace constar la lista de los términos bahá'ís y otros nombres orientales y expresiones más conocidos y habituales. Todos figuran con su transliteración exacta y apropiada. El uso fiel de dicha ortografía por parte de los amigos occidentales evitará confusiones en el futuro y asegurará en este particular una uniformidad muy necesaria actualmente en las obras bahá'ís. A su debido tiempo, el sistema completo será comunicado a las varias Asambleas Nacionales, en tanto que la transliteración de términos orientales mencionada en las cartas en inglés enviadas por la Asamblea Espiritual de Haifa proporcionará un suplemento correcto y fiable de la lista aludida. Estoy seguro de que todos los amigos seguirán de ahora en adelante este sistema y que se atendrán escrupolosamente a él en todos sus escritos.

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso, a los delegados acreditados de la Convención Anual de Norteamérica, Chicago, Illinois:

Muy queridos hermanos y hermanas en 'Abdu'l-Bahá:

En esta auspiciosa ocasión, cuando los representantes elegidos de la Comunidad Bahá'í de todo el continente norteamericano se reúnen por vez primera desde la fundación del señorial Edificio del Mashriqu'l-Adhkár, para consultar sobre los asuntos vitales a los que se enfrenta la Causa de Bahá’u’lláh en aquella tierra, permítaseme a mí, uno de vuestros humildes compañeros de trabajo en el campo de servicio, que os ofrezca desde las entrañas de mi corazón mi amor de hermano y mis sinceros saludos, y que os haga saber que haré oraciones fervientes por el éxito de vuestras deliberaciones y el logro del deseo de vuestro corazón.

Os encontráis, en esta desafiante hora de la historia de la Causa, ante el umbral de una nueva era; las funciones que se os pide que desempeñéis comportan posibilidades inmensas; las responsabilidades que habéis de llevar son graves y trascendentales; los ojos de muchos pueblos están vueltos, en esta hora, hacia vosotros, a la espera de contemplar la aurora de un Día que atestiguará el cumplimiento de Su Promesa divina.

De espaldas al pasado y a sus vicisitudes, conscientes de la necesidad de un esfuerzo renovado y en concierto, libres de todo motivo y limitación terrenal, con toda traza remanente de resentimiento desterrada de nuestros corazones, de nuevo unidos y resueltos, unámonos en comunión honda y silenciosa con el Espíritu siempre vigilante de nuestro amado 'Abdu'l-Bahá, y con humildad e ilusión supliquemos la guía que nos facultará para cumplir la tarea que se nos ha encomendado. Ojalá que la Convención de este año, por el alcance de sus actividades, por el carácter de sus discusiones, por la fiel adhesión a las Instrucciones divinas de nuestro amoroso Maestro, y sobre todo por su espíritu radiante de entusiasmo y de verdadera camaradería demuestre ser uno de los grandes hitos históricos de la Causa en Norteamérica.

Ojalá que el Espíritu omnipresente de Bahá’u’lláh cale en las almas de sus miembros al punto de que ellas reflejen las glorias y los esplendores del Concurso Celestial.

Vuestro hermano devoto:
SHOGHI
Haifa, Palestina.
8 de abril de 1923.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional Norteamericana.

Muy queridos amigos:

Recientemente he recibido vuestros tan esperados informes sobre la situación del Movimiento en aquella tierra, y los he leído todos, junto con sus anexos, con el mayor detenimiento y el más hondo interés.

Me siento muy impresionado y profundamente gratificado al tener noticia de los trabajos que devota e ininterrumpidamente prestáis, a título tanto personal como colectivo, en el campo del servicio a la Causa; de vuestra vigilancia constante y cuidados atentos al defender los principios fundamentales y salvaguardar sus intereses esenciales; de la eficacia, fidelidad y vigor con que estáis dirigiendo la administración de sus asuntos por toda aquella tierra.

Muchos y graves son los obstáculos, bien de dentro o de fuera, con los que hemos de encontrarnos en los días venideros; pero estamos seguros de que con sólo mantener de forma congruente ante nuestra vista una visión noble y amplia de su significado y necesidad vital en estos días, y sobre todo de su universalidad y poder conquistador, nos capacitaremos para remontarlos y, por encima de todo y mediante el Poder de la Fe, para llevar el Arca del Convenio al Puerto de la Seguridad y Triunfo.

Es de la mayor y más urgente importancia –así lo creo firmemente– que, lograda en nuestro seno la unidad de propósito y acción, desterrada de nuestros corazones toda traza de animosidad y desconfianza pasadas, formemos un frente unido y que combatamos, con tacto y sabiduría, toda fuerza que pueda ensombrecer el espíritu del Movimiento, causar división en sus filas, y menguarlo mediante creencias sectarias y dogmáticas.

Asambleas Espirituales Nacionales

Este importantísimo deber recae primariamente sobre los miembros elegidos de las Asambleas Nacionales Espirituales de todo el mundo bahá'í, pues en sus manos está depositada y centralizada la dirección y gestión de todas las actividades espirituales bahá'ís, y puesto que ellos constituyen a los ojos de las gentes del país el cuerpo supremo de ese territorio que representa oficialmente, promueve y salvaguarda los varios intereses de la Causa, es mi oración ferviente y mi más acariciado deseo que la guía segura de Bahá’u’lláh y las bendiciones de nuestro amado Maestro les capaciten para dar un alto y verdadero ejemplo a todas las demás instituciones bahá'ís y asambleas locales, y les muestre lo que la armonía absoluta, la deliberación madura y la colaboración entregada pueden lograr.

Si este cuerpo responsable y representativo fracasase en cumplir este requisito necesario en todo logro, la estructura toda de seguro se desmoronaría, y el Gran Plan del Futuro, tal como se despliega en el Testamento del Maestro, se vería crudamente perturbado y retrasado.

En cuanto a la dirección de Star of the West, tal como he sugerido, este órgano bahá'í, al igual que otras publicaciones similares, lejos de ser tenido por el órgano especial de determinado grupo o localidad particular, debería estar bajo el control exclusivo de la Asamblea Espiritual Nacional, la cual, asistida por un comité especial, deberá guiar minuciosamente y examinar juiciosamente toda la información que aporta, así como el tono y lenguaje que adopte en cuantos haya de abordar (...)

Informes de actividades

Siempre aguardaré a los informes oficiales, exhaustivos y colectivos de los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional acerca de sus múltiples actividades, informes enviados a intervalos frecuentes y que versen sobre las corrientes internas y externas del Movimiento, sobre la relación de las Asambleas entre sí, y sobre el estado general y diversos aspectos del progreso de la Causa a lo largo y ancho de aquella tierra. Recibiré con agrado informes más específicos que me sean enviados por los varios comités de la Asamblea Espiritual Nacional, adjuntos a la carta de la Asamblea Nacional y con la aprobación de todos sus miembros.

Mashriqu'l-Adhkár

He leído con vivo interés todos los anexos relativos al Mashriqu'l-Adhkár, he compartido las últimas noticias que contenía con los amigos de todo el Oriente, y he apreciado con placer particular que la Sección del Basamento ha sido culminada junto con Su espacioso Salón, listo para la celebración de reuniones y celebraciones de los amigos. Aunque las perspectivas de que se reanude la actividad constructora no parecen brillantes por el momento, sin embargo espero y rezo porque estas dificultades desaparezcan pronto, y que el trabajo de este Edificio único, estimulado y adelantado por el celo y sacrificio de los amigos de todo el mundo, alcance pronto su consumación gloriosa. Ruego que se incluya mi humilde aportación de 19 libras como mi parte entre las numerosas donaciones que han alcanzado a la Tesorería del Templo el pasado año.

Ruego que traslade a los miembros del Comité del Mashriqu'l-Adhkár mi más sentido aprecio por sus devotas y esforzadas laboras, así como mis oraciones continuas por el éxito de la tarea que se han propuesto cumplir.

Con relación a la situación en Persia y la condición de los amigos de aquella tierra, he solicitado de la Asamblea Espiritual de Teherán que envíe inmediatamente un informe completo y autorizado sobre la situación exacta, a continuación de lo cual os informaré debidamente de las medidas exactas que habrán de tomarse para asegurar el bienestar y seguridad de los probados creyentes de Persia (...)

La celebración de Congresos de Estado, Convenciones de Amistad, y otras asociaciones universales de los amigos de Norteamérica, quedarán comprendidos en la órbita de la Asamblea Espiritual Nacional, la cual dirigirá y supervisará el trabajo de todos ellos con la ayuda de comités especiales, cada uno formado con un cometido específico. La cuestión del recibimiento debido a los orientales queda completamente a la discreción de la Asamblea Espiritual Nacional, cuyo comité especial para este menester habrá de investigar todos los asuntos que tocantes a esta materia surjan en el futuro. Por favor, trasladad a los miembros del Comité de Biblioteca recién formado mi hondo aprecio por sus labores en este importante campo de servicio y hacedles sabedores de las oraciones que he de realizar por su éxito.

En cuanto al punto planteado en la carta del Secretario relativo a la naturaleza y alcances del Tribunal Universal de Arbitraje, éstas y otras materias análogas habrán de ser explicadas y elucidadas por la Casa Universal de Justicia, a la cual, de acuerdo con las instrucciones explícitas del Maestro, han de remitirse todas las cuestiones importantes y fundamentales. En la actualidad las repercusiones y significado pleno de las disposiciones contenidas en el Testamento del Maestro no están todavía sino imperfectamente comprendidas. El tiempo servirá para revelar la sabiduría y efectos de largo alcance de Sus palabras.

En una hoja aparte incluyo el sistema completo y autorizado adoptado ampliamente por los orientalistas contemporáneos de todo el mundo, el cual servirá de base para la transliteración de términos bahá'ís y de nombres orientales

Soy vuestro hermano y compañero de trabajo:
SHOGHI.
Haifa, Palestina.
9 de abril de 1923.
A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional
Queridos compañeros de trabajo en la Causa:

No estoy seguro de haberos enviado antes una copia de esta Tableta gloriosa revelada por Bahá’u’lláh para Su amado 'Abdu'l-Bahá, escrita con Su propia letra bendita, y que hemos encontrado entre sus papeles y documentos poco después de la Ascensión del Maestro. Revela en términos de una ternura conmovedora la estación única de 'Abdu'l-Bahá, y constituye una evidencia imbatible de Su autoridad suprema.

Incluyo mi propia versión de varios pasajes del Kitáb-i-Aqdas* que vosotros podréis circular libremente entre los amigos.

Deseándoos el mayor éxito en vuestro trabajo,
Soy vuestro hermano devoto:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
27 de abril de 1923.
A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional

¡Amigos míos y compañeros de trabajo en la Causa de Dios!

Vuestro muy bienvenido mensaje, en el que me impartíais las felices noticias sobre vuestra exitosa Convención, me ha alegrado el corazón y reforzado mi esperanza en este año de activo servicio, que justo acaba de abrirse ante vosotros.

Estoy seguro de que, como representantes elegidos de la Comunidad Bahá'í de Norteamérica, sois, todos vosotros, muy conscientes de vuestras inmensas responsabilidades, y que comprendéis completamente la necesidad tremenda de que haya una inteligencia plena entre los amigos, así como una colaboración activa y sostenida con miras a esparcir la Causa de Bahá’u’lláh a lo largo y ancho de aquel vasto continente.

Espero fervientemente que en colaboración con nuestro sabio, capaz y devoto hermano, Jináb-i-Fá/dil, seréis capaces de inaugurar una campaña de Enseñanza brillante y vigorosa, que por su propio esplendor destierre la oscuridad de las diferencias y rencillas que tanto impiden el avance y la marcha majestuosa de la Causa en toda tierra.

Fondo Central

Para que podáis reforzar esta Campaña de Enseñanza –tan vitalmente necesaria en estos días– y conducir, de forma apropiada y eficiente, el resto de vuestras múltiples tareas, espirituales así como humanitarias, se precisa con urgencia establecer un Fondo Central, el cual en caso de contar de con el respaldo generoso y el apoyo de los amigos y Asambleas locales, pronto os facultará para ejecutar vuestros planes con bríos y presteza.

Es mi ilusionada oración, tanto de día como de noche, que la Mano siempre guiadora de nuestro amado y fallecido Maestro pueda ayudaros graciosamente a remontar cada obstáculo, y que dirija el Arca de Su Causa, por medio de vosotros –los escogidos en aquella tierra–, a su prometido puerto de gloria y triunfo.

Con felicitaciones sentidas y dedicándoos mis mejores servicios,

Soy vuestro hermano y compañero de trabajo:
SHOGHI
Haifa, Palestina.
6 de mayo de 1923

P.S. Adjunto un ejemplar de mi traducción* de las Palabras de Sabiduría de Bahá’u’lláh, que pueden difundir libremente entre los amigos.

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso a través de Norteamérica, a la atención de los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional Norteamericana

¡Compañeros de trabajo en la Viña Divina!

A mi regreso a Tierra Santa, después de una ausencia prolongada y forzosa, mi primer y más ardiente deseo es renovar y reforzar esos lazos de amor fraternal y camaradería que unen nuestros corazones en el servicio común a Su sagrado Umbral.

Los dos años que han pasado desde el fallecimiento de nuestro amado Maestro han sido para la Causa, así como para la humanidad, años de profunda ansiedad y dolor. Los trascendentales cambios que han tenido lugar en la historia de ambos han demostrado ser tan raudos y de tan largos alcances que han provocado en algunos corazones ciertas vacilaciones en cuanto a su estabilidad y futuro.

Por un lado la notable revelación del Testamento del Amado, tan impresionante en todos sus aspectos, tan enfático en sus intimaciones, ha sido un reto y ha sido causa de perplejidad para las mentes más agudas, mientras que la siempre creciente confusión del mundo, amenazado como nunca antes por fuerzas disruptivas, fieras rivalidades, nuevas conmociones y graves desórdenes, casi ha sobrecogido el corazón y empañado el celo de hasta el más entusiasta creyente en el destino de la humanidad.

Y sin embargo, ¡cuán a menudo parecemos olvidar los avisos claros y reiterados de nuestro amado Maestro, quien, particularmente durante los años postreros de Su Misión en la tierra, puso el acento en las "severas pruebas mentales" que inevitablemente habrían de cernerse sobre Sus amados de Occidente, pruebas que los purgarían, purificarían y prepararían para su noble misión en la vida.

La causa del sufrimiento humano

En cuanto a la suerte desgraciada del mundo, debemos recordar los escritos y dichos de Bahá’u’lláh, Quien, hace más de cincuenta años, declaró en términos proféticos la causa primera de los males y sufrimientos de la humanidad, y dictó su verdadero y divino remedio. "Si la Lámpara de la Religión se ocultase–-asevera–, sobrevendrán el caos y la confusión. ¡Cuán admirablemente certeras y aplicables son estas palabras al estado presente de la humanidad!

Nuestro es el deber y privilegio de laborar, día y noche, en medio del tráfago y de la tormenta de estos turbulentos días, a fin de que reanimemos el celo de nuestros congéneres, reavivemos sus esperanzas, estimulemos su interés, abran sus ojos a la verdadera Fe de Dios y se granjeen su respaldo activo al ocuparnos en nuestra tarea común en pro de la paz y regeneración del mundo.

Cobremos ánimo y estemos agradecidos a nuestro amado 'Abdu'l-Bahá en el recuerdo de las múltiples bendiciones, cuidados y protección indefectibles que Él nos ha prodigado desde la hora en que partió de entre nosotros. Las llamas de la sedición, tan maliciosamente prendidas en el pasado por quienes osaron burlar Su voluntad, ya han cesado para siempre, y las íntimas esperanzas de los tramadores de mal están ahora abandonadas, condenadas a no revivir nunca. ¡En verdad Él ha redimido Su promesa!

Tal se dijera que no hace mucho tiempo su agitación, tan violentamente renovada inmediatamente después del fallecimiento del Maestro, iba a enturbiar el Mensaje Divino de Bahá’u’lláh, ensombrecer Su Convenio, retardar el progreso de Su Causa, y desbaratar su unidad; y, sin embargo, cuánto mejor apreciamos todos hoy, no por nuestros esfuerzos, sino por su propia locura y, sobre todo, por la intervención de la mano oculta de Dios, cómo han quedado reducidos a la más vil y humillante condición.

Y ahora, habiendo quedado la Causa purificada e internamente victoriosa, vindicados sus principios, silenciados sus enemigos y hundidos en indecible miseria, por tanto, ¿no podremos nosotros ahora encaminar todos nuestros esfuerzos hacia la acción colectiva y hacia logros constructivos, y desatendiendo absolutamente los parpadeos de esa agotada luz, alzarnos a cumplir esas medidas urgentes que han de asegurar el triunfo externo y completo de la Causa.

Yo, por mi parte, al mirar atrás las desgraciadas circunstancias de mi mala salud y agotamiento físico que han rodeado los primeros años de mi carrera de servicio a la Causa, apenas me siento gratificado, y en verdad habría desechado toda esperanza de no ser por el recuerdo sostenedor y el ejemplo inspirado de los esfuerzos diligentes e incesantes que han desplegado mis compañeros de trabajo de todo el mundo durante estos años esforzados de servicio a la Causa.

Albergo la esperanza de que, de ahora en adelante, el Amado me conceda toda la fuerza y vigor que puedan facultarme para proseguir durante un período dilatado e ininterrumpido de labor fatigosa la tarea suprema de lograr, en colaboración con los amigos de cada país, el rápido triunfo de la Causa de Bahá’u’lláh. Ésta es la oración que ardientemente ruego a mis hermanos y hermanas en la Fe que eleven por mí.

Recemos a Dios porque, en estos días de penumbras universal, cuando las fuerzas oscuras de la naturaleza, odio, rebelión, anarquía y reacción amenazan la estabilidad de la sociedad, cuando los frutos más preciosos de la civilización sufren pruebas severas y sin parangón, podamos todos comprender, más profundamente que nunca, que aunque seamos un mero puñado entre las masas bullentes del mundo, somos en este día los instrumentos escogidos de la Gracia de Dios, que nuestra misión es urgente y vital para el destino de la humanidad y que, fortificados por estos sentimientos, nos alcemos a lograr la santa voluntad de Dios para con la humanidad.

Vuestro hermano en Su Servicio:
SHOGHI
Haifa, Palestina.
14 de noviembre de 1923.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional Americana

¡Amigos y compañeros de trabajo en la Viña de Dios!

Después de un largo e ininterrumpido silencio, me alegra enormemente poder reanudar la correspondencia con mis muy amados compañeros de la Asamblea Espiritual Nacional.

Vuestras tres cartas de fecha 8 de junio, 10 de julio y 12 de octubre han llegado con bien, y a cada una le he prestado mi más sincera y completa atención. La lectura de éstas, las cuales sólo reflejan cierta porción de vuestras actividades, junto con el estudio de las comunicaciones y circulares así como del informe detallado y admirable de las actas de la Convención Anual han servido todos para realzar mi admiración por la exhaustividad, la habilidad y la devoción con que estáis llevando los asuntos de la Causa de Dios en aquella tierra.

Cuán a menudo deseo y anhelo estar más cerca de vuestro campo de actividades y de este modo establecer un contacto más estrecho y constante con cada detalle de los múltiples e importantísimos servicios que rendís. Atesoro la esperanza de que de aquí a un tiempo los avances en los medios de comunicación y transporte servirán para acercarnos más los unos a os otros y cumplir, aunque sea parcialmente, este tan apreciado deseo.

La Convención anual

Me he sentido contento y agradecido al saber por vuestro primera carta que "a lo largo de las sesiones (de la pasada Convención) el clima que se respiraba era de gran desprendimiento y espiritualidad entreverada de visión y propósitos prácticos". Tengo la profunda convicción de que si la Convención Anual de los amigos de Norteamérica, así como la Asamblea Espiritual Nacional, desean convertirse en poderosos instrumentos para la pronta realización de las más fervientes esperanzas que abrigaba el Bienamado para el futuro de ese país, deben esforzarse, en primer lugar y principalmente, por ejemplificar, cada vez en mayor medida, ante todos los bahá'ís y ante el mundo en general, los elevados ideales de compañerismo y servicio que Bahá’u’lláh y el amado Maestro repetidamente les propusieron. Se harán acreedores a la admiración, al apoyo y finalmente a la lealtad de sus compatriotas sólo por medio de una estricta consideración hacia la dignidad, el bienestar y la unidad de la Causa de Dios, por su celo, su desapego y su constancia al servicio de la humanidad, así como por la demostración, de palabra y obra, de la necesidad y la practicabilidad de los elevados principios que el Movimiento ha proclamado al mundo

Los esfuerzos que habéis desplegado, y el considerable éxito que habéis cosechado en la consolidación de las fuerzas del Movimiento en los Estados Unidos y Canadá han sido una fuente de inspiración para cada uno de nosotros, y estoy seguro, incitarán a que los amigos de todo el Oriente acometan actividades combinadas y al unísono para la promoción de la Causa.

Es mi ferviente oración, que elevo en los tres Santuarios Sagrados, que el generoso Señor bendiga a Sus amigos norteamericanos, quienes constituyen la vanguardia de Su hueste en el mundo occidental, y que les permita prosperar en sus asuntos y metas materiales, para que la Causa hoy tan gravemente necesitada de auxilio y concurso materiales pueda avanzar con celeridad y sin trabas hacia el cumplimiento de su destino.

El Fondo bahá'í

Con relación a los Fondos Bahá'ís, recientemente establecidos entre los amigos, confío que la cuestión esté ahora clara en todo el país. Tal como he sugerido previamente, aunque los amigos y las Asambleas locales disponen de plena libertad para especificar el objeto y propósito de las donaciones que hacen a la Asamblea Nacional, sin embargo, en mi opinión, considero de la mayor y más vital importancia que las personas, así como las Asambleas Locales de todo aquel país, deberían, en vista de la importancia inigualable de la Enseñanza Nacional y como prueba de confianza absoluta en sus representantes nacionales, esforzarse por aportar libremente, por modestamente que sea al principio, al mantenimiento y aumento del Fondo Nacional bahá'í, a fin de que los miembros de la Asamblea Nacional puedan emplearlo a su entera discreción en cualquier cosa que juzguen urgente y necesaria.

El Mashriqu'l-Adhkár

Por lo que respecta al Mashriqu'l-Adhkár, siempre recordará con legítimo orgullo y gratitud el sacrificio de los amigos americanos, y en particular los servicios de nuestra querida amiga Bahá'í, Sra. True, y de nuestros amados hermanos, Dr. Bagdadi, Sr. Remey y Sr Bourgeois, cuyos esfuerzos persistentes y servicios devotos son a los ojos de todos los amigos altamente elogiables. Ciertamente, me sentiría muy descorazonado si los amigos pensaran siquiera por un momento que cabe que su trabajo quede en suspenso; antes bien deberían hacer todo cuanto puedan (y confío que sus hermanos y hermanas de todo el Occidente podrán entrar a compartir esos esfuerzos magníficos) por ver de contribuir al progreso constante e ininterrumpido de las labores, hasta que llegue el día en que este sublime Edificio, irguiéndose con todo su majestuosa esplendor en el corazón mismo del continente, se constituya en otra evidencia del triunfo y de la vitalidad de la Causa.

Vuestra referencia a los amigos de Akron, Ohio, y a su armoniosa participación en la Convención han regocijado mi corazón, pues ello remueve otro obstáculo que se interponía en el camino y desarrollo vigoroso de la Causa en aquellas regiones.

Los servicios benéficos y las labores sin tregua de ese desprendido y capaz maestro de la Causa de Dios, Jináb-i-Fá/dil-i-Mazandarani, cuyos viajes y actividades he seguido con gran interés, han sido para mí una fuente constante de esperanza y de verdadero ánimo, y es mi esperanza que las semillas que tan sabiamente ha sembrado él con vuestro apoyo arrojen en un futuro no muy lejano una cosecha abundante.

Green Acre

Me ha agradado saber sobre las actividades progresistas que tienen lugar en ese entrañable lugar, Green Acre, sobre el cual el Maestro prodigó su tierno cuidado y cariño, y del que confiamos que pueda convertirse, mientras prosiguen las obras del Mashriqu'l-Adhkár, en el foco de las actividades piadosas, humanitarias, sociales y espirituales de la Causa. El sacrificio de tiempo, energía y dinero realizado por nuestros queridos amigos, Sr. y Sra. Randalla, Sr. y Sra. Schopflocher, y por quienes les han ayudado en esta tarea, nunca lo olvidaré, y rezaré fervientemente en su nombre porque nuestro Bienamado cumpla el deseo de su corazón. Siento que no debería acometerse ningún cambio en su organización presente, dado que con su actual condición goza de oportunidades únicas para la difusión del espíritu bahá'í y la promoción de la Palabra de Dios.

Me alegra poder informar que la situación de las casas de Bagdad está libre de peligros inmediatos, aunque el asunto está lejos de haber quedado definitivamente decidido. En este sentido quisiera expresar mi gran admiración y profunda gratitud por la prontitud, cautela y esmero con que vosotros, y especialmente el Sr. Pearson y Sr. Mills, habéis abordado y gestionado esta delicada cuestión. Os tendré al tanto de cualquier novedad que se produzca al respecto.

Con relación a Star of the West, me ha impresionado la belleza y fuerza de varios artículos aportados a la publicación por el Sr. Horace Holley y el Sr. Stanwood Cobb, de quienes ciertamente vería con gran satisfacción incluso más participación en la sección editorial del Bahá'í Magazine.

Hace unos pocos días envié un telegrama al Secretario de la Asamblea Espiritual Nacional por el que solicitaba que los amigos guarden moderación y cautela en el empleo de la voz grabada del Maestro. A mi modo de ver, debería emplearse sólo en ocasiones especiales, en las que se escuchará con la mayor de las reverencias. La dignidad de la Causa, estoy seguro, se rebajaría si se practica un uso demasiado amplio e indiscriminado de una de las más preciosas reliquias de nuestro fallecido Maestro.

En cuanto a la pequeña porción de película del Maestro, a propósito de la cual y de la grabación de Su voz, tengo una gran deuda con los esfuerzos y servicios desprendidos de mi querido hermano, Sr., Roy Wilhelm, sería indudablemente mejor combinarla con otras películas que describan varias escenas de la historia de la Causa, tomadas en varios países visitados por el Báb, Bahá’u’lláh y 'Abdu'l-Bahá. Dado que ello precisaría un tiempo y preparación considerables y acarrearía gastos cuantiosos me pregunto si no supondría una carga y coste excesivo el envío de una copia de la película original, pues sin duda impartirá alegría sin cuento y gran consuelo a las señoras de la Sagrada Familia.

Me ha agradado mucho la lectura del magistral y muy hábil trabajo de mi querido compañero, Sr. Horace Holley, un trabajo, que, no albergo duda, en virtud de los asuntos que trata, su exhaustividad y carácter único ha de suscitar el interés general y genuino en el Movimiento. Aguardo con gran interés a producciones similares por mano de siervos de Bahá’u’lláh tan capaces y talentosos.

Incluyo para todos los amigos traducciones recientes de declaraciones altamente significativas de Bahá’u’lláh, reveladas hace unos cincuenta años, y repletas de Su fecunda sabiduría divina. Su reiterada llamada a la humanidad en la que fue Su hora de peligro suena profética en estos días de oscuridad absoluta.

Envío, asimismo, un ejemplar de los términos transliterados orientales con algunas correcciones de errores mecanográficos menores. Estoy seguro de que los amigos no sentirán que su paciencia y energía sufre mengua por la adhesión escrupolosa a lo que constituye un sistema autorizado, universal, si bien arbitrario, para la grafía de términos orientales.

Comités de la Asamblea Nacional

Los esfuerzos diligentes realizados por los varios comités de la Asamblea Espiritual Nacional, los relativos a la Enseñanza Nacional, el Mashriqu'l-Adhkár, Star of the West, la Biblioteca Nacional, la revisión y publicación de obras bahá'ís, la educación, los Archivos Nacionales y las Convenciones de Amistad Racial, me han animado y espoleado en el desempeño de mis múltiples deberes, y constituyen por sí mismos una evidencia convincente y ejemplo inspirador para el mundo bahá'í de la administración espiritual y eficiente de los asuntos del mundo bahá'í.

En cuanto a las actividades de los "Hijos del Reino" en América, mi esperanza y oración es que crezcan hasta convertirse en servidores eficientes de la Causa de Bahá’u’lláh. Su devoción y sacrificio, su presteza en ayudar a la causa del Templo Bahá'í, su actividad en relación al Bahá'í Magazine son todos signos inconfundibles del glorioso futuro de la Causa en aquella tierra. Quiera que el cuidado y la amorosa bondad del Padre Celestial les guíe, proteja y ayude en su futura misión en la vida.

La Hoja Más Sagrada, la Santa Madre y las demás señoras de la Familia Sagrada desean sumárseme, todas y cada una, a fin de expresar a cada uno de vosotros su profundo agradecimiento y su más alto aprecio por la manera eficiente y admirable con que coordináis las fuerzas dinámicas de la Causa y dirigís sus asuntos a través de América.

Acuso recibo con hondo aprecio y gratitud de la suma de 100 libras inglesas que habéis ofrecido a la Causa por medio de mí, y deseo informaros que parte de ella ha sido empleada para la expansión de los intereses de la Causa por todo el mundo, y el resto con destino al embellecimiento del Santuario del Bienamado en el Monte Carmelo.

Con profunda gratitud, y esperando saber de vosotros, de todos y cada uno, soy vuestro verdadero hermano:

SHOGHI
Haifa, Palestina.
26 de noviembre de 1923.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional Norteamericana

Muy queridos amigos:

El 28 de noviembre recibí el siguiente comunicado del Presidente de la Asamblea Espiritual Nacional de Gran Bretaña:

"Debo ahora traer a su conocimiento, aunque acaso ya esté sabedor de ello, un asunto que en opinión de esta Asamblea Espiritual Nacional reviste primerísima importancia, como podrá comprobar por uno de los párrafos de las actas adjuntas de la primera reunión, que se celebró el 13 de octubre. Hasta la fecha el programa de la conferencia sobre las "Religiones vivas dentro del Imperio Británico" se halla en un estado algo nebuloso; pero he comprobado por mediación de la Srta. Sharples, la secretaria honoraria del comité organizador, que la conferencia ha sido aprobada por las autoridades de la Exposición del Imperio Británico del año 1924, que durará los diez días comprendidos entre la última semana de septiembre y los tres primeros días de octubre. Se ha propuesto que todas las religiones enseñadas y practicadas a lo largo del Imperio Británico estén representadas en la conferencia, incluyendo los cristianos, musulmanes, budistas, brahma somaj, teósofos y demás, y que cada una disponga de un turno de un día o parte de un día para exponer sus principios y exponer sus metas y organización".

Además, en su última carta los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional de Gran Bretaña me informan de que la idea de la citada conferencia ha surgido de la Sociedad Teosófica, pero que debido a que éstos han declinado la dirección, la organización ha pasado a manos de la Escuela de Estudios Orientales y de la Sociedad Sociológica. Por la copia adjunta de la carta cursada por la propia Srta. Sharples al Presidente de la Asamblea Espiritual Nacional Británica, habrán tomado nota de que el tiempo asignado a los representantes bahá'ís será muy limitado, y que lo más probablemente el tiempo adjudicado será justo lo suficiente para leer la ponencia u ofrecer una alocución y ocuparse en la discusión que pueda plantearse después de la presentación formal de la Causa.

Dado que la Exposición del Imperio Británico, de la cual la presente conferencia forma parte, constituye en sí misma un acto semioficial, y recibe de hecho el apoyo generoso y participación activa de las autoridades del gobierno a través del Imperio Británico, siento que las oportunidades que ahora se ofrecen al mundo bahá'í no deberían perderse, pues esta oportunidad, si es utilizada apropiadamente, podría despertar y estimular el interés del público esclarecido.

Puesto que es mucho lo que depende de la naturaleza y presentación del tema, más que de la personalidad del lector o conferenciante, siento, primero y sobre todo, que nuestra atención debería concentrarse en la elección y preparación concienzuda del tema, así como en la redacción adecuada y forma de la ponencia misma, la cual posiblemente deba someterse con posterioridad a las autoridades organizadoras.

Siento la necesidad de encomendar esta muy importante y delicada tarea a un comité especial, que será nombrado muy cuidadosamente por la Asamblea Espiritual Nacional de Norteamérica, y que constará de las personas que por su conocimiento de la Causa, su experiencia en materias de publicidad, y particularmente por su poder de expresión y belleza de estilo, estén cualificados para concebir una declaración idónea sobre la historia única del Movimiento y de sus elevados principios.

Incluyo un artículo sobre el Movimiento Bahá'í que espero que pueda serviros de base y ejemplo de la ponencia en cuestión. Un relato de los rasgos sobresalientes de la historia de la Causa, una referencia breve pero impresionante a la multitud de héroes y mártires, una presentación convincente y exhaustiva de sus principios fundamentales, un repaso caracterizado a la vida del Maestro, así como una breve y gráfica descripción de la posición presente e influjo del Movimiento tanto en Occidente como en Oriente, deberían en mi opinión ser incluidos y combinados en un argumento concluyente. Su extensión no debería rebasar la del artículo adjunto, y su tono general, expresión y lenguaje debería ser digno, sobrio y convincente.

Debe ejerce el mayor cuidado y cautela al elegir a quienes pueden cumplir y satisfacer los requisitos antes mencionados.

Me complacerá grandemente ofrecer mis puntos de vista y sugerencias una vez que la ponencia haya adoptado su forma final, y os deseo que obtengáis la asistencia y consejo de quienes juzguéis competentes entre los amigos de Inglaterra u otras partes.

Mr. Simpson, Presidente de la Asamblea Espiritual Nacional Británica, escribe que la Srta. Grand de Canadá ha sugerido los nombres del Dr. Watson y del Sr. J.O. MaCarthy de Toronto para representar a los amigos canadienses en la Conferencia. La India es el otro país dentro del Imperio Británico que puede enviar a la conferencia a un representante nativo, y no deja de ser una pena que los Estados Unidos queden excluidos, dado que los conferenciantes deben ser necesariamente súbditos del Imperio Británico.

Incluyo traducciones recientes de las notabilísimas y proféticas palabras de Bahá’u’lláh y 'Abdu'l-Bahá que confío encontraréis de gran valor e interés en la gran tarea que estáis realizando por la Causa.

Ojalá que este proyecto arroje una cosecha abundante para la Causa y que vuestros esfuerzos se vean abundantemente bendecidos por el Espíritu guiador de 'Abdu'l-Bahá.

Vuestro compañero de trabajo:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
4 de enero de 1924

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso a través de América

Mis queridos compañeros de trabajo:

Colijo por varias fuentes que la Causa de Bahá’u’lláh, en el curso de una segura y no obstante fatigosa marcha hacia la salvación del mundo, ha tropezado últimamente con nuevos obstáculos, que a ojos de algunos amenazan con retardar su progreso y estorbar su crecimiento. He sabido con sentimientos de tristeza y sorpresa que cierto sentido vago de aprehensión, cierta extraña falsa concepción de su propósito inmediato y métodos, está ganando terreno poco a poco, y afectando constantemente a su crecimiento saludable y al desarrollo vigoroso en aquel continente.

Aunque signos semejantes han de aparecer de tiempo en tiempo, y por muy poco representativos que sean de la gran masa de celosos y convencidos valedores, de todo el mundo, ¿qué es lo que –me pregunto– ha podido causar esta intranquilidad de ánimo? ¿Caben tales dudas, aunque no sea sino por parte de unos pocos, frente a las notables manifestaciones de un movimiento tan excelente? ¿En qué medida forman parte de esas pruebas mentales destinadas, en varios momentos por el Todopoderoso a agitar y reforzar el Cuerpo de Su Causa, y hasta qué punto se deben a nuestro estado imperfecto de comprensión, a nuestras debilidades y faltas?

El destino divino y la fragilidad humana

Que la Causa de Dios ha de ser testigo, en los días venideros, de muchas horas apremiantes y que ha de atravesar muchas etapas críticas en preparación de las glorias de su prometido ascendiente en el nuevo mundo ha sido, una y otra vez, afirmado por el fallecido Maestro de forma innegable, y queda abundantemente probado para todos nosotros por su heroico pasado y su turbulenta historia. Y sin embargo, si toca en suerte a los escogidos de Dios, al pueblo de Bahá, afrontar la adversidad y sufrir tribulación antes de lograr la victoria última, ¿hemos de creer que cualquier cosa que nos acontezca está divinamente decretada, y que en modo alguno es el resultado de nuestra pusilanimidad y negligencia?

A buen seguro ahora es la hora donde las haya, de volver nuestros ojos interiormente, de incorporarnos, de invocar el Más Grande Nombre, y alzados juntos, llamar en nuestra ayuda y apoyo toda nuestra fe, la fuerza y el coraje que necesitaremos para cumplir nuestras obligaciones y cumplir nuestra encomienda.

La suerte de la humanidad

La suerte de la humanidad, la condición y circunstancias bajo las cuales vivimos y bregamos son en verdad descorazonadoras, y la oscuridad del prejuicio y la mala voluntad suficientes para destemplar incluso al corazón más acerado. La desilusión y la consternación están invadiendo los corazones de los pueblos y de las naciones, y la esperanza y la visión de una humanidad unida y regenerada se vuelven a diario más desvaídas. Instituciones sancionadas por el tiempo, ideales atesorados, y tradiciones sagradas sufren estos días cambios aturdidores y los efectos de la más graves embestidas; peligra el fruto precioso de siglos de labor paciente y dedicada. Las pasiones, a las que se suponía doblegadas y sometidas, arden ahora como nunca antes, y la voz de la paz y de la buena voluntad parece ahogada entre el desbarajuste y las convulsiones sin fin. ¿Cuál debería ser nuestra actitud –preguntémonos– mientras comparecemos ante el ojo que todo lo ve de un Maestro vigilante, que contempla el triste espectáculo tan absolutamente apartado del espíritu que Él insufló en el mundo? ¿Vamos a seguir la estela del porfiado o del que desespera? ¿Vamos a permitir que nuestra visión de tan única, perdurable y preciosa Causa se nuble con la mancha y el polvo de los acontecimientos mundiales, que, al margen de cuán brillantes y trascendentales sean sus efectos inmediatos, no son sino las sombras pasajeras de un mundo imperfecto? ¿Vamos a ser arrastrados por la riada de ideas vacías y enfrentadas, o bien nos mantendremos en pie, sin someternos y sin mancha, sobre la roca sempiterna de las Divinas Instrucciones de Dios? ¿No nos pertrecharemos con una inteligencia clara y plena de su propósito y repercusiones sobre la edad en que vivimos, para con resolución indomeñable alzarnos a emplearla escrupolosamente en el esclarecimiento y promoción del bien de toda la humanidad?

La humanidad, desgarrada por la disensión y consumida de odio pide a gritos en esta hora una medida mayor de ese amor nacido de Dios, ese amor que en última instancia demostrará ser el único disolvente de sus dificultades y problemas sin cuento. ¿No nos incumbe a nosotros, quienes abrigamos en nuestros corazones el amor por Él, esforzarnos con mayor ahínco, manifestar ese amor en toda su pureza y poder en el trato con nuestros congéneres? Ojalá que nuestro amor por el bienamado Maestro, tan ardiente, tan desinteresado en todas sus vertientes, encuentre su verdadera expresión en el amor por nuestros hermanos y hermanas en la fe, así como por toda la humanidad. Os aseguro, queridos amigos, que el progreso en asuntos tales es ilimitado e infinito, y que el éxito de nuestra misión en la vida depende en última instancia del grado en que enderecemos nuestros logros por esta senda.

El Nuevo Orden Mundial

Conforme hacemos un esfuerzo por demostrar ese amor al mundo, limpiemos nuestra conciencia de cualquier traza de malentendidos infelices que empañen nuestra clara concepción del propósito exacto y de los métodos de este nuevo orden mundial, tan complejo y tan lleno de acicates, y no obstante tan sabio y consumado. En el Testamento del amado Maestro hemos sido emplazados no sólo a adoptarlo sin reservas, sino a desvelar su mérito a los ojos del mundo. Intentar una evaluación de todo su valor, y captar su significado exacto al cabo de tan poco tiempo desde sus inicios, sería prematuro y presuntuoso por nuestra parte. Debemos confiar en que, merced al tiempo y la guía de Dios por mediación de la Casa Universal de Justicia, obtendremos una comprensión más clara y completa de sus disposiciones y repercusiones. Empero, en este sentido es preciso transmitir unas palabras de aviso. Seamos precavidos no sea que tasemos estrictamente el Plan Divino con criterios humanos. No estoy dispuesto a afirmar que concuerda por principio o por método con las nociones predominantes que más preocupan, ni que debería ajustarse a esas medidas imperfectas, precarias y expeditivas a las que recurre febrilmente una humanidad agitada. ¿Debemos acaso dudar de que las sendas de Dios no sean necesariamente las del hombre? ¿No es la fe sino otra palabra para indicar obediencia implícita, lealtad entregada, adhesión sin componendas hacia aquello que creemos que es la expresa voluntad de Dios, por muy confusa que pueda parecer al principio, por muy discordante que sea frente a las opiniones sombrías, las doctrinas impotentes, las crudas teorías, las vanas imaginaciones, las concepciones de moda de una era turbulenta y transitoria? Si desfalleciéramos o vacilásemos, si nuestro amor por Él dejara de encaminarnos y mantenernos dentro de Su sendero si abandonáramos principios que son enfáticos y Divinos, ¿qué esperanza podríamos albergar nunca más de curar los males y enfermedades de este mundo?

Mientras no se establezca la Casa Universal de Justicia, cuya función es sentar de forma más definida las grandes líneas maestras que han de guiar las actividades futuras y la administración del movimiento, claramente es nuestro deber afanarnos por obtener una perspectiva tan clara como sea posible del modo en que han de conducirse los asuntos de la Causa, y alzarnos después con decisión y resolución a adoptar y mantenerlo en todas nuestras actividades y labores.

Los cimientos de la Casa de Justicia

Las diversas Asambleas, locales y nacionales, constituyen el lecho de roca sobre cuya fuerza ha de establecerse y erigirse firmemente en el futuro la Casa Universal de Justicia. Hasta que ellas no funcionen vigorosa y armoniosamente no podrá colmarse la esperanza de que concluya este período de transición. Recae en nosotros, quienes deseamos vivamente ver que la Causa entra en la prometida era de reconocimiento universal y de logros mundiales, hacer cuanto podamos por consolidar los cimientos de estas Asambleas, promoviendo al mismo tiempo una inteligencia más cabal de su propósito y una colaboración más armoniosa para su sostén y triunfo.

Recordemos asimismo que la raíz misma de la Causa se afinca en el principio del derecho indudable de la persona a expresarse, en su libertad de manifestarse en conciencia y presentar sus puntos de vista. Si determinadas instrucciones del Maestro reciben hoy particular énfasis y reclaman adhesión escrupolosa, estemos seguros de que no son sino medidas provisionales concebidas para resguardar y proteger a la Causa en su presente estado de infancia y crecimiento hasta el día en que sea capaz de soportar la falta de sabiduría de sus amigos y los ataques de sus enemigos.

Tengamos en cuenta que el sello de la Causa de Dios no lo da la autoridad dictatorial sino la camaradería humilde, no el poder arbitrario, sino el espíritu de consulta franca y amorosa. Nada por debajo del verdadero espíritu bahá'í cabe esperar que reconcilie los principios de misericordia y justicia, de libertad y sumisión, de la santidad de los derechos de la persona y de sumisión, de vigilancia, discreción y prudencia por un lado, y de camaradería, franqueza y coraje por otro.

Deberes de los representantes electos

Los deberes de aquellos a quienes los amigos han elegido libre y conscientemente como sus representantes no son menos vitales o vinculantes que las obligaciones de sus electores. Su función no es dictar, sino consultar, y consultar no sólo entre ellos, sino tanto como sea posible con los amigos a los que representan. No deben verse a sí mismos bajo luz alguna que no sea la de instrumentos escogidos para una presentación más digna y eficiente de la Causa de Dios. Nunca deberían ser llevados a suponer que son los ornamentos centrales del cuerpo de la Causa, intrínsecamente superiores a otros en capacidad o mérito, y los únicos promotores de sus enseñanzas y principios. Deberían abordar sus tareas con humildad extrema, y afanarse, por la amplitud de criterio, su alto sentido de la justicia y del deber, su candor, su modestia, su devoción entera al bienestar e intereses de los amigos, de la Causa y de la humanidad, granjearse no sólo la confianza, apoyo y respeto genuinos de aquellos a quienes sirven, sino también su estima y afecto real. Deben en todo tiempo, evitar el espíritu de exclusividad, el clima de secretismo, liberarse de actitudes prepotentes, y desterrar de sus deliberaciones todas las formas de prejuicio y pasión. Dentro de los límites de la sabia discreción, deberían ganarse la confianza de los amigos, familiarizarles con sus planes, compartir con ellos sus problemas y ansiedades, y procurar su consejo. Y cuando se les llame a tomar alguna decisión concreta, deberían, después de una consulta desapasionada, animada y cordial, volverse a Dios en oración, y con ilusión y convicción y arrojo emitir su voto y acatar la voz de la mayoría, la cual según nos ha dicho el Maestro es la voz de la verdad, la cual nunca ha de ser desafiada y siempre ha de ser puesta en vigor de todo corazón. A esta voz deben responder los amigos con entrega, y tenerla por el único medio que puede asegurar la protección y avance de la Causa.

Elección de delegados

Una vez más apelo a cada uno de vosotros, y renuevo mi sola petición con todo el ardor de mi convicción, a que hagáis, antes y durante la Convención que viene, un esfuerzo suplementario, esta vez más espontáneo y desprendido que nunca, y a que os afanéis por acometer vuestra tarea –la elección de vuestros delegados, así como de vuestros representantes locales y nacionales– con pureza de espíritu tal que cumpla el deseo más querido de nuestro Amado. Recordemos Sus explícitas y a menudo reiteradas garantías de que cada Asamblea elegida en esa enrarecida atmósfera de desasimiento y desapego es, en verdad, nombrada por Dios, que su veredicto está realmente inspirado, que todos y cada uno deberían someterse a su decisión sin reservas y con buen ánimo.

Procuremos cumplir primero estas condiciones, difíciles y sin embargo esenciales en nuestras vidas, de modo que contentados y seguros, podamos hacer de este año de actividad un año de abundantes bendiciones y de logros sin precedentes.

¿Ojalá que este muy querido deseo se vea cumplido!

SHOGHI
Haifa, Palestina,
23 de febrero de 1924.

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso a través del Continente de América:

Queridos amigos

Vuelvo a Tierra Santa con un sentimiento arrollador de que la gravedad del estado espiritual de la Causa en el mundo. Por más que deploro el efecto perturbador de mis retiros forzosos y repetidos del campo del servicio, puedo aseguraros sin dudar que el último e importantísimo paso que di en este sentido fue tomado con la mayor contrariedad y después de una reflexión madura y esmerada respecto de la mejor manera de poner a resguardo los intereses de una Causa preciosa.

Sin embargo, lo prolongado de mi ausencia y de mi inacción completa, no deberían ser sólo atribuidas a ciertas manifestaciones externas de desarmonía, descontento y deslealtad –por muy paralizante que su efecto haya sido sobre la continuidad de mi trabajo–, sino también a mi propia falta de mérito, fragilidad e imperfecciones.

Me aventuro a solicitaros que os suméis conmigo en una oración más, esta vez más ardiente y universal que nunca, para suplicar con una sola voz que el generoso Maestro pase por alto nuestras debilidades y faltas, para hacernos hijos Suyos más dignos y valerosos.

Nuestra vida interior

La humanidad, a través del sufrimiento y el desconcierto, se mueve velozmente hacia su destino; si fuéramos merodeadores, si dejáramos de desempeñar nuestro papel, a buen seguro otros serían los llamados a asumir nuestra tarea como servidores de las escandalosas necesidades de este afligido mundo.

No ha de ser por la fuerza del número, ni por la mera exposición de un conjunto de principios nuevos y nobles, ni porque esté organizada una campaña de enseñanza –no importa cuán global y elaborada sea su naturaleza– ni siquiera por la robustez de nuestra fe o la exaltación de nuestro entusiasmo, por lo que podemos esperar que en última instancia vindicaremos ante los ojos de una era crítica y escéptica el título de superioridad de la Revelación de Abhá. Una cosa y sólo ella garantizará por sí e indefectiblemente el triunfo indudable de esta sagrada Causa, a saber, la medida en que nuestra propia vida interna y nuestro carácter privado reflejen en sus múltiples aspectos el esplendor de esos principios eternos proclamados por Bahá’u’lláh.

Al mirar atrás hacia los aciagos días de mi retiro, amargados por sentimientos de ansiedad y pesadumbre, puedo recordar con aprecio y gratitud las muestras inconfundibles de afecto y de celo constante que de tiempo en tiempo recibí de vuestra parte, las cuales en no poca medida aliviaron la carga que tanto agobiaba mi corazón.

Puedo muy bien imaginar el grado de incomodidad, o más bien de aflicción, que debe de haber agitado la mente y alma de cada siervo amoroso y leal del Amado durante estos largos meses de suspense y silencio desolador. Pero puedo aseguraros que tan destacada solicitud como la que habéis demostrado por la protección de Su Causa, tal tenacidad de fe y actividad incesante como la que habéis desplegado para su promoción, a la postre no puede por menos de ser recompensada por 'Abdu'l-Bahá, Quien desde Su estación en lo alto es testigo cierto de cuanto habéis soportado y sufrido por Él.

El alba de un Día más radiante

Y ahora, al mirar al futuro, confío en ver que los amigos de todos los países, de todas las formas de pensar y de ser, se reúnan de buen grado y con júbilo en torno a sus centros locales y, especialmente, nacionales, para así poder promover sus intereses con una armonía completa, una comprensión cabal, un fervor auténtico y una fuerza inquebrantable. Tal es en verdad el único gozo y aspiración de mi vida, pues ahí reside la fuente de la que han de manar las bendiciones venideras y sobre cuyos cimientos ha de descansar la seguridad del Edificio Divino. ¿Acaso no podemos ahora, por fin, confiar en que despunta un día más radiante sobre el horizonte de nuestra amada Causa?

SHOGHI
Haifa, Palestina,
24 de septiembre de 1924.

A mis muy amados hermanos y hermanas en 'Abdu'l-Bahá: a la atención de la Asamblea Espiritual Nacional de América.

Muy queridos amigos:

Se acerca el día en que por tercera vez, conmemoraremos el fallecimiento de nuestro bienamado 'Abdu'l-Bahá. ¿No podríamos hacer una pausa y aunar nuestro pensamientos? ¿Qué tal nos ha ido a nosotros, Su pequeño séquito de seguidores, desde aquella fecha? ¿Hacia dónde nos dirigimos? ¿Cuáles han sido nuestros logros?

La amenaza del caos social

No tenemos sino que volver nuestros ojos al mundo exterior para comprender la fiereza y la magnitud de las fuerzas de oscuridad que se debaten contra luz auroral de la Revelación de Abhá. Las naciones, aunque exhaustas y desilusionadas, parecen acariciar de nuevo el espíritu de la venganza, de dominación y lucha. Los pueblos, convulsionados por el marasmo económico, se decantan lentamente por dos grandes campos con toda su amenaza de caos social, odios de clase y desmoronamiento mundial. Las razas, alejadas entre sí más que nunca, están llenas de desconfianza, humillación y miedo, y parecen prepararse para un nuevo y fatídico encuentro. Los credos y las religiones, atrapados en el remolino de las pugnas y pasiones, dan la impresión de mirar con impotencia y desesperación este espectáculo de incesante trastorno.

Tal es la condición de la humanidad al cabo de tres años desde que falleciera Aquel de cuyos labios brotaba constantemente el mensaje de una salvación divina cada vez más próxima. ¿Estamos nosotros, mediante nuestros pensamientos, nuestras palabras, personal o colectivamente, preparando el camino? ¿Estamos adelantando el advenimiento del Día que Él tan a menudo predijo?

Nadie puede negar que la llama de la fe y del amor que Su poderosa mano encendió en muchos corazones ha continuado ardiendo, a pesar de nuestro duelo, tan brillante y constantemente como siempre. ¿Quién podría dudar de que Sus amados, tanto de Oriente como de Occidente, no obstante las insidiosas intentonas de los enemigos de la Causa, han desplegado un espíritu de lealtad inquebrantable y digno del mayor elogio? ¿Qué mayor perseverancia y fortaleza que la demostrada por sus probados y fiables amigos frente a calamidades sin cuento, presiones intolerables e increíbles restricciones? ¿Pero esta robustez de fe, un amor tan limpio, tan magnífica lealtad, tan heroica constancia, tan noble arrojo, no importa cuán loables y carentes de parangón, no pueden por sí mismos llevarnos al triunfo final y completo de tan gran Causa. Hasta que el amor dinámico que albergamos por Él no se vea reflejado suficientemente en su poder y pureza en todo trato con nuestros congéneres, no importa lo remotamente relacionados y humildes que sean sus orígenes, podemos confiar en exaltar a los ojos de un mundo egoísta la autenticidad del amor de Dios, un amor que lo conquista todo. Hasta que no vivamos nosotros la vida de un verdadero bahá'í, no cabrá esperar que podamos demostrar la potencia creadora y transformadora de la Fe que profesamos. Nada excepto la abundancia de nuestras acciones, nada excepto la pureza de nuestras vidas y la integridad de nuestros caracteres, pueden en fin sustentar nuestra afirmación de que el espíritu bahá'í es en este día el único medio que puede trasladar un ideal largamente acariciado en un logro perdurable.

Deber supremo de todo bahá'í

Con esta visión claramente definida ante nosotros, fortalecidos por el conocimiento de la ayuda graciosa de Bahá’u’lláh y las reiteradas garantías de 'Abdu'l-Bahá, esforcémonos por vivir la vida y alzarnos pues con un solo corazón, una mente y una voz a reforzar nuestras filas y a lograr nuestro fin. Recordemos, y procurémonos en esta triste ocasión el consuelo de los últimos deseos de nuestro fallecido y siempre vigilante Maestro:

Les incumbe a no descansar ni un instante, ni buscar reposo. Deben dispersarse por todos los países, pasar por todos los climas y viajar por todas las regiones. Activos, sin descanso y firmes hasta el fin, deben levantar en todos los países el grito triunfante de ¡Oh Tú, Gloria de las Glorias! (Yá Bahá ’u’l Abhá); deben alcanzar renombre en el mundo dondequiera que vayan; deben arder brillantemente como una luz en cada reunión y deben encender la llama del Amor Divino en cada asamblea, para que la luz de la verdad se levante resplandeciente en el corazón mismo del mundo, para que tanto en el Oriente como en el Occidente pueda reunirse un vasto concurso bajo la sombra de la Palabra de Dios, para que las dulces fragancias de santidad puedan ser difundidas, para que los rostros brillen radiantes, los corazones se llenen del Espíritu Divino y las almas se vuelvan celestiales.

Habiendo comprendido el significado de estas palabras, habiendo obtenido una clara inteligencia del verdadero carácter de nuestra misión, de los métodos que ha de adoptarse, del curso que debe proseguirse, y habiendo alcanzado de modo suficiente la regeneración individual –requisito esencial de la enseñanza– alcémonos a enseñar Su Causa con rectitud, convicción, comprensión y vigor. Que éste sea el menester más urgente y supremo de todo bahá'í. Hagamos de él la pasión dominante de nuestra vida. Desperdiguémonos hasta los más remotos rincones de la tierra; sacrifiquemos nuestros intereses personales, comodidades, gustos y placeres; mezclémonos con sus usos, tradiciones, pensamientos y costumbres; despertemos, estimulemos y mantengamos el interés universal por el Movimiento, y al mismo tiempo esforcémonos con todos los medios en nuestro poder, mediante la atención concentrada y persistente, para recabar la lealtad sin reservas y el apoyo activo de los más esperanzados y receptivos de nuestros interlocutores. Tengamos asimismo en cuenta el ejemplo que nuestro amado Maestro nos ha ofrecido claramente. Sabio y discreto en Sus planteamientos, despierto y atento en Su primer encuentro, amplio y liberal en Sus declaraciones públicas, cauteloso y gradual en el despliegue de las verdades esenciales de la Causa, apasionado en Su llamada y no obstante sobrio de argumento, seguro de tono, invariable de convicción, digno en Sus modales; tales fueron los rasgos distintivos de la noble presentación de la Causa de Bahá’u’lláh que solía hacer el Amado.

Si todos escogiéramos hollar fielmente Su camino, de cierto no estaría muy lejos el día en que nuestra amada Causa habría aflorado desde la inevitable oscuridad propia de una Fe joven y luchadora a la luz plena del reconocimiento universal. Ése es nuestro deber, nuestra primera obligación. En ella reside el secreto del éxito de la Causa que tanto amamos. Ahí reside la esperanza, la salvación de la humanidad. ¿Somos conscientes del todo de nuestras responsabilidades? ¿Comprendemos la urgencia, la sacralidad, la inmensidad, la gloria de nuestra tarea?

Os encarezco, queridos amigos, a que continuéis, o mejor aún, a que redobléis vuestros esfuerzos, a que mantengáis vuestra visión esclarecida, vuestras esperanzas limpias de sombras, vuestra determinación inconmovible, de modo que el poder de Dios que está dentro de vosotros, colme el mundo con toda su gloria.

A esta súplica ferviente se suma la Hoja Más Sagrada. Aunque apesadumbrada en el crepúsculo de su vida por los relatos dolorosos sobre la represión ocurrida en Persia, con todo se vuelve con los más hondos anhelos de su corazón hacia vuestra tierra, donde reina la libertad, deseosa y esperanzada por contemplar antes de ser llamada a rendir cuentas, los signos del triunfo universal de la Causa que ella ama tan vivamente.

SHOGHI
Haifa, Palestina,
24 de noviembre de 1924

A mis queridos amigos y compañeros de trabajo, los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional Americana

Mis queridos amigos y compañeros de trabajo:

Las cartas que nuestro devoto y capaz amigo, Sr. Horace Holley, ha dirigido de vuestra parte a la Hoja Más Sagrada y a mí mismo han sido recibidas todas, junto con sus anexos, y leídas con la mayor atención. Resulta en verdad muy gratificante observar que a pesar de las presiones y tensiones del período crítico por el que atraviesa nuestra amada Causa, los representantes electos de los amigos de América han cumplido sus arduas tareas y han perseverado en su empeño con fe invariable, coraje irreprimible y destreza manifiesta.

La espléndida aportación que habéis realizado a los esfuerzos de vuestros colegas de Inglaterra en relación a la Conferencia sobre las Religiones Vivas dentro del Imperio Británico, todos nosotros las apreciamos sentidamente y las vemos como una nueva evidencia del poder creciente y solidaridad de la Causa de Dios. Tanto por lo que hace a la admirable ponencia que habéis preparado como a la persona de vuestro devoto, fiel y talentoso Presidente, quien ejecutó su deber con fidelidad absoluta y distinción máxima, habéis rendido a la Causa de Bahá’u’lláh un nuevo y señalado servicio. Que los resultados logrados impriman renovado ímpetu a la marcha de la Causa en Occidente.

Las medidas que habéis adoptado recientemente en respuesta a la necesidad de promover una confianza más plena y una medida mayor de inteligencia y colaboración entre el cuerpo de los creyentes y las Asambleas Nacionales, revestirán, estoy seguro, el mayor valor, e indicarán claramente que sois plenamente sabedores de la verdadera posición, privilegios y responsabilidades de cada Asamblea Bahá'í.

Mashriqu'l-Adhkár

Todos nosotros aspiramos a acelerar mediante medidas sabias y efectivas la conclusión del Mashriqu'l-Adhkár, y suplicamos fervientemente que el Todogeneroso bendiga pródigamente nuestra trabajo de enseñanza a fin de que nuestro número se refuerce a tiempo con hombres dotados de medios suficientes a su disposición que apoyen de forma voluntaria y abundante este esfuerzo vasto y noble. Confío en que no encontraréis más obstáculos en la recepción del apoyo necesario con que atender a las necesidades inmediatas de esta Casa Universal de Adoración, según lo decidido en vuestra reciente reunión general de Chicago.

Bahá'í Magazine

La revista Star of the West, cuyos últimos ejemplares he leído con auténtica satisfacción, ha hecho reconocidamente notables progresos hacia la consecución del ideal que el Maestro le propuso. Los artículos sobre cuestiones humanitarias amplias, bien concebidos, tratados cumplidamente y presentados con brillantez deberían contar con su propio espacio en cada número junto con relatos de la historia y enseñanzas de la Causa que retraten, para el bahá'í y no bahá'í por igual, la belleza singular así como el poder arrollador del espíritu bahá'í. Los asuntos políticos y de carácter partidista deben evitarse con cuidado, ya que inevitablemente conducirían a complicaciones que no sólo se demostrarían fútiles sino también positivamente perjudiciales. En cuanto a la sección en persa, siento que en vista de las severas restricciones impuestas sobre los amigos de Persia, la suspensión temporal parece aconsejable, particularmente a la vista de que requiere una parte tan desproporcionada de los magros recursos de los amigos norteamericanos.

Los mayores esfuerzos desplegados por mis amados hermanos y hermanas de América, individual y colectivamente, así como la actuación que habéis iniciado al formar Comités Regionales son de vital importancia para la difusión de la Causa en la época presente de nuestro trabajo. Siento que todos deberíamos colaborar en ampliar la perspectiva, intensificar su influencia, asegurar su continuidad y procurar subordinar toda otra actividad a esta tarea vital y urgentísima. Es nuestra obligada función hacer cuanto podamos por dar a la Causa, día a día, mayor publicidad, mantener y estimular el interés suscitado, y concentrar al mismo tiempo nuestra atención en unos pocos escogidos, esforzándonos con tacto y persistencia por hacer de ellos apoyos sinceros e incondicionales de la Fe bahá'í.

Soy profundamente consciente de las múltiples e inevitables dificultades que afrontáis al administrar los asuntos de la Causa. Las grandísimas distancias; las preocupaciones personales en lo profesional; el número insuficiente de maestros capaces y experimentados, que no se vean estorbados por la necesidad de ganarse sus propios medios de vida; la inadecuación de los medios, financieros o no, a nuestra disposición; las tendencias predominantes en los sentimientos, modos y pensamiento general de las gentes entre las que trabajáis; todos estos obstáculos, aunque insuperables en la actualidad, serán removidos uno a uno, si nos mantenemos constantes y fieles, y prepararán el camino para que al fin la Causa cobre ascendiente y nuestras labores alcancen su fruición y triunfo.

En cuanto al libro de oraciones proyectado, siento que hay necesidad de una compilación especialmente preparada de oraciones de Bahá’u’lláh y 'Abdu'l-Bahá y dirigida al público en general; esta idea demostrará su utilidad tanto en los actos de adoración como en su calidad de incentivo novedoso para inspirar y animar las conciencias. Incluyo copias de las oraciones por si no las hubieran recibido ya y confío en poder enviar más en lo sucesivo. Me agradaría conocer cualquier consideración que deseen enviarme al respecto.

Nuestra incansable y devota hermana, Dra. Moody (la sierva del Altísimo), ha tenido que suspender temporalemente, muy a su pesar, los servicios únicos e invalorables que venía prestando a la Causa en Persia. Ahora se dirige a Norteamérica, y allí os pondrá al corriente del deplorable estado de cosas que prevalece en aquel desgraciado país. De ella recibiréis información de primera mano sobre la condición actual y actividades de nuestros sufridos amigos de Persia, ella consultará con vosotros en torno a la mejor manera de satisfacer las necesidades y servir a la Causa de la Educación en Teherán. Confío y rezo porque tan pronto como las circunstancias lo permitan, los amigos de Norteamérica capaciten a la Dra. Moody a llevar consigo a Persia colaboradores idóneos, capaces y ardientes que contribuyan una parte distinguida a la elevación y avance de sus hermanos y hermanas de aquella tierra.

En cuanto a la revista ... siento que debemos hacerles diáfanamente claro a los que se ocupan de ello que los bahá'ís responderían alegre y graciosamente a la invitación de colaborar con los responsables tan pronto como queden satisfechos de que no se publica o publicará por su parte, ya sea en la revista o en cualquier otro medio y no importa cuán indirectamente, nada que perjudique o lesione su concepción de lo que es y sostiene el Movimiento bahá'í. Si hubiera un rechazo, y se publicaran asuntos poco amigables o dañinos contra ellos, la actitud de todos nosotros debería ser la de una decidida negativa a ayudar y de absoluta no intervención, así como la ausencia de cualquier forma de venganza, lo cual lejos de colmar nuestros fines los desbarataría. Deberíamos dejarle a él en las manos de Dios.

En cuanto a la sugerencia de que la Convención Anual se celebre en Creen Acre el verano que viene, creo que es sabia y provechosa a un tiempo. Confío en que el hecho ayudará a forjar un lazo más entre el conjunto de los bahá'ís y los fundadores y fiduciarios, y que servirá para acercarlos más y más a la forma externa y espíritu de las actividades de los amigos en Norteamérica.

La ayuda financiera extendida recientemente por los amigos de Norteamérica a sus correligionarios de Qádiyán, Punjab, nos ha dado a todos una intensa satisfacción y ha hecho que nos sintamos profundamente agradecidos. Su aportación les ha sido remitida inmediatamente a través de las Asamblea Espiritual Nacional de la India y Birmania, y sin duda realzará el prestigio einfluencia de la Causa.

Siento que ahora las condiciones son favorables a la circulación del Testamento de 'Abdu'l-Bahá, sólo de forma manuscrita y entre los creyentes reconocidos de Norteamérica. A cada creyente debería confiársele un solo ejemplar con el entendido expreso de que no se realizarán duplicados ni se publicarán en medio alguno textos selectos procedentes del mismo.

El Anuario Bahá'í

La sugerencia realizada por mi querido y capaz amigo, Sr. Horace Holley, en cuanto a la compilación de un "Anuario Bahá'í" resulta extremadamente valiosa y oportuna. Me ha impresionado mucho y siento que debería acometerse la empresa de inmediato. Creo que la mejor manera de abordarla ahora es poniéndola bajo la dirección y supervisión de vuestra Asamblea hasta tanto llegue la hora en que los amigos de Oriente, y especialmente de Persia, participen de forma efectiva en su desarrollo. Confío en que me remitiréis un esquema con la distribución de los materiales que se proponen incluir; por mi parte, trataré de rellenar cualquier vacío y de prestar cualquier ayuda que permita hacerlo tan exhaustivo, atractivo y autoritativo como sea posible.

A través de mi querido hermano Sr. M. Mills, envío varias reliquias y Tablas de nuestro amado 'Abdu'l-Bahá, los únicos e inapreciables tesoros de nuestro devoto jardinero del Santuario de Bahá’u’lláh, Ustad Abu'l-Qasim Khurasani, quien los ha ofrecido para que se conserven de su parte en los Archivos de los amigos de Norteamérica. Espero que en el futuro pueda enviaros otras piezas a las ya recogidas por el Comité de Archivos. En este sentido, permítaseme que exprese mi profunda admiración y más sentida gratitud a quienes han concebido tan admirable plan.

En definitiva, quisiera haceros sabedores de mi disposición y deseo genuino de ayudaros y serviros con todas mis fuerzas. Me doy plena cuenta de la carga enorme que recae sobre sus hombros, y continuamente me hago cargo de la eminente y distinguida aportación que están realizando al avance de la Causa. Desde el fondo de mi corazón os deseo completa satisfacción en vuestro glorioso trabajo. Nuestro amado Maestro a buen seguro contempla desde el Reino del Más Allá a Sus Hijos, a los que tanto y tan bien cuidó y amó, y de cierto os guiará en cada paso que deis, y coronará vuestros pacientes esfuerzos con un éxito señalado.

Vuestro hermano y colaborador:
SHOGHI
27 de noviembre de 1924.

A mis muy amados amigos, los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional

Mis queridos y apreciados compañeros de Trabajo:

Los tres comunicados de fecha 19 de noviembre, 22 de noviembre y 22 de diciembre, que acabo de recibir recientemente de ese incansable servidor de Bahá’u’lláh, mi estimado hermano espiritual, Sr. Holley, me han dado una gran satisfacción, me han animado y me han sostenido en mi trabajo. He leído con gran cuidado las actas de su reunión de diciembre y he observado con especial agrado el notable avance que en muchos respectos habéis conseguido, con lo que de esta manera se ha logrado establecer la Causa sobre cimientos más amplios y seguros.

Historia de la Causa

En referencia a la necesidad, tan a menudo expresada, de plasmar una historia auténtica y exhaustiva de la Causa, me alegra informaros de la medida contemplada por la Asamblea Espiritual Nacional de Persia, la cual ha cursado instrucciones y encarecido a las Asambleas locales de todo el país a fin de que den pasos inmediatos para la formación en cada localidad de un comité especial que, valiéndose de la ayuda y testimonio del remanente de creyentes más veteranos y pioneros de la Causa en Persia, habrá de recoger con el mayor esmero todas las pruebas y datos disponibles para la confección de una historia del Movimiento que sea exhaustiva, fiable y representativa y que abarque desde los mismos albores hasta el día de hoy. Sobre esta necesidad urgente y vital ya he cursado una comunicación a la Asamblea nacional de Persia, y creo que no está lejos la hora en que una traducción libre al inglés de este relato así como una versión abreviada de él sea puesta al alcance de los bahá'ís y del público occidental en general.

Los esfuerzos desplegados por el Comité de Publicaciones, tan claramente reflejado en las actas de su reunión del 2 de noviembre de 1924, una copia de las cuales he leído con la mayor atención, indican la eficiencia, el celo y la determinación con que están gestionando este ramo vital de la actividad bahá'í. Los alcances de su eficiente labor se están ampliando rápidamente. Quisiera, pues, hacerles sabedores, a todos y cada uno, que elevaré mis oraciones porque sus trabajos logren coronarse con éxito y porque logren un desarrollo y una consolidación de su trabajo mayores.

Últimamente, no ha habido nuevos sucesos que notificar respecto de la Casa de Bagdad. El caso, que se halla ante el tribunal de Primera Instancia, se ha pospuesto durante un tiempo y todavía aguardamos con interés la decisión del tribunal. Por ahora parece remota cualquier esperanza de dar con una solución inmediata a este intrincado problema. En el supuesto de que prosperase nuestra iniciativa, el asunto aún podría ser elevado por nuestros poderosos oponentes al Tribunal de Apelación –el más elevado del país–, y de sernos la decisión asimismo favorable, el gobierno podría decidir en cualquier momento –cosa que no parece improbable– , mediante la retención de las llaves bajo su custodia, posponer indefinidamente la ejecución de tal veredicto al objeto de concitar en su apoyo la fiera hostilidad del elemento clerical así como de la población shí'í de Irak.

Si sobreviniera una crisis, os informaría de inmediato y me esforzaría por definir más claramente cuantas medidas creyera que deberían tomar las Asambleas Norteamericanas para asegurar la seguridad de la Causa de Bahá’u’lláh.

Publicaciones periódicas bahá'ís

En cuanto a la publicación de periódicos en Norteamérica, no hay duda alguna de que cualquier creyente bahá'í tiene libertad de inaugurar y dirigir cualquier revista propia siempre que no se publica nada en ellas que en la estimación de la Asamblea Nacional tienda a ser mínimamente perjudicial o lesivo para los más altos intereses de la Causa. Dentro de estos límites, y sólo estos límites, no debería en modo alguno desalentarse la iniciativa privada, que a decir verdad es muy digna de elogio. Sin embargo, corresponde a la Asamblea Nacional, ejercitar su juicio sobre hasta qué punto los recursos a su disposición le permiten prestar ayuda financiera a iniciativas particulares. Si la respuesta de los amigos y de las Asambleas a los llamamientos realizados en nombre del Fondo Nacional fuese pronta, sostenida y generosa, la Asamblea Espiritual Nacional –estoy seguro– justificará su simpatía, buena voluntad y colaboración genuina con toda empresa individual bahá'í. Sin embargo, en esta etapa temprana de nuestro trabajo, insto, más aún encarezco, a los amigos a que no disipen sus esfuerzos, sino a que procuren, tras deliberaciones continuas, francas y maduras, llegar a una conclusión en común, en cuanto a los requisitos y necesidades más urgentes de la hora, y tras unificar sus puntos de vista, afanarse por defender y ejecutarlos con prontitud, entrega de corazón y comprensión.

Boletín de noticias

El primer ejemplar impreso del Boletín de Noticias de la Asamblea Nacional preparado y firmado en nombre de la Asamblea por su avezado secretario, constituye un testimonio brillante y elocuente de su minuciosidad, industria, habilidad conspicua e indudable autosacrificio. La Causa está entrando una nueva era de actividad de actividad renovada y en concierto. Ha mejorado su método de presentación de forma inconfundible, y este avance general de nivel se debe en grado no pequeño a la capacidad distinguida de su Asamblea. Mi oración constante es que Quien vigila e inspira vuestra múltiples actividades bendiga más abundantemente que nunca vuestros nobles esfuerzos.

Reuniones del Templo

En lo referente al asunto de la Foundation Hall del Mashriqu'l-Adhkár, creo que Foundation Hall debería cumplir el fin de organizar reuniones de culto en las que se lea y cante la Palabra revelada de Dios, y reuniones en las que los asuntos de naturaleza estrictamente bahá'í puedan ser presentados, propuestos y discutidos. No tengo ninguna duda de que cada bahá'í concienzudo y reflexivo observará escrupolosamente y en todo momento el mandamiento de Bahá’u’lláh y las instrucciones de 'Abdu'l-Bahá relativas al respeto de la sacralidad, dignidad y universalidad de un edificio que en su hora habrá de convertirse en la Casa universal de la Adoración de Dios.

Ojalá que las bendiciones de nuestro Todopoderoso Maestro alcancen a vuestras deliberaciones.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
16 de enero de 1925.

A los miembros estimados de la Asamblea Espiritual Nacional Norteamericana

Mi muy amados y preciados compañeros de trabajo:

He leído vuestra última comunicación, de fecha 29 de diciembre, y firmada en vuestro nombre por vuestro vigilante y capaz secretario, con un interés y una atención pareja a la inigualable importancia de los asuntos que plantea.

El asunto de la revisión de la versión de las Palabras Ocultas, en vista de la celeridad con que se están vendiendo los ejemplares recientemente impresos, reviste grave urgencia. Tan pronto como la multitud de preocupaciones me lo permitan obtendré provecho de la oportunidad que brinda la feliz estancia del Dr. Esslemont en Tierra Santa de poder colaborar con él en cualquier alteración necesaria del texto. Espero vivamente, a no ser que se presenten circunstancias imprevistas, poder emprender esta tarea en el curso del mes que viene.

En conexión con las preguntas fundamentales de política general mencionada en vuestra carta, creo que los principios básicos, sentados (aunque someramente perfilados) en mis cartas anteriores, los cuales deben guiar la administración de los asuntos del Movimiento Bahá'í, hasta tanto esté pendiente la formación definitiva de la primera y autorizada Casa Universal de Justicia, deben afirmarse, elucidarse y explicarse más y con mayor detalle para una inteligencia más completa de todos los miembros de la vasta y creciente comunidad de los creyentes de Norteamérica.

La Convención Nacional

Hasta ahora, la Convención Nacional venía convocándose primordialmente para sopesar las diversas circunstancias que concurren en la elección de la Asamblea Espiritual Nacional. No obstante, a la vista de la expansión y de la creciente importancia que están adquiriendo la esfera administrativa de la Causa, el sentir general y las tendencias predominantes entre los amigos y las muestras de interdependencia progresiva entre las Asambleas Espirituales Nacionales de todo el mundo, considero que al reunirse los representantes acreditados de los creyentes norteamericanos no sólo deberían ejercer responsablemente el derecho vital de elegir a la Asamblea Nacional, sino que también deberían cumplir las funciones de un cuerpo consultivo, esclarecido y cooperativo que enriquezca la experiencia, realce el prestigio, respalde la autoridad y ayude en sus deliberaciones a la Asamblea Espiritual Nacional. Estoy firmemente convencido de que es deber obligado, por el bien de la Causa a la que todos amamos y servimos, que los miembros de la Asamblea Nacional entrante, una vez elegidos por los delegados de la Convención, procuren mostrar el mayor respeto, individual y colectivamente, por los consejos, las opiniones meditadas y los verdaderos sentimientos de los delegados reunidos. Habiendo desterrado de entre ellos todo vestigio de secretismo, de reticencia indebida, de distanciamiento dictatorial, deberían desplegar con alegría y abundancia ante los ojos de los delegados, que son quienes les eligen, sus planes, sus esperanzas y sus inquietudes. Deberían familiarizar a los delegados con los asuntos varios que tendrán que ser abordados en el año entrante, y estudiar y sopesar a conciencia y con tranquilidad las opiniones y juicios de los delegados. Durante los pocos días en que la Convención celebra sesiones y después de la dispersión de los delegados, la Asamblea Nacional recién elegida debe buscar el modo y la manera de cultivar la comprensión, facilitar y mantener el intercambio de opiniones, ahondar en la confianza y reivindicar mediante toda prueba tangible, su único deseo de servir y hacer progresar el bien común. Con no poca frecuencia, o más bien, a menudo, los más humildes, menos instruidos e inexpertos de entre los amigos, por la pura fuerza inspiradora de la devoción abnegada y ardiente, aportarán una parte inconfundible y memorable a un debate muy enrevesado en una Asamblea determinada. Grande ha de ser la consideración que aquellos a quienes los delegados llaman a servir en puestos destacados han de mostrar a esta manifestación importantísima, aunque poco llamativa, del poder revelador de la devoción sincera y fervorosa.

No obstante, la Asamblea Espiritual Nacional, a la vista de las inevitables limitaciones que plantea la convocatoria de sesiones frecuentes y prolongadas de la Convención, habrá de retener en sus manos la decisión final sobre todos los asuntos que afecten a los intereses de la Causa en Norteamérica, tales como el derecho a decidir si cualquier Asamblea Local funciona de acuerdo con los principios sentados para la dirección y progreso de la Causa. Oro fervorosamente para que se valgan de su posición de alta responsabilidad, no sólo para dirigir sabia y eficazmente los asuntos de la Causa, sino también para extender y profundizar en espíritu de cordialidad y entusiasta apoyo mutuo en su colaboración con el conjunto de los compañeros de faena de todo aquel país. La acreditación de los delegados ante la Convención, esto es, el derecho a decidir sobre la validez las credenciales de los delegados en una Convención dada, se halla investida en la Asamblea Nacional saliente, y el derecho a decidir quién tiene el derecho de votar también corresponde ejercerlo en última instancia a la Asamblea Nacional, bien cuando se forma una Asamblea Espiritual Local en una población determinada, o bien cuando surjan diferencias entre un nuevo solicitante y una Asamblea Local ya establecida. Mienta la Convención celebre sus sesiones, y una vez que los delegados acreditados hayan elegido de entre los creyentes de todo el país a los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional del año en curso, reviste un valor infinito y es una necesidad suprema que todos los asuntos que requieran una decisión inmediata sean examinados cumplida y públicamente hasta donde sea posible, y que, tras madura deliberación, se procure obtener la unanimidad en las decisiones vitales. Ciertamente, nuestro Maestro 'Abdu'l-Bahá siempre albergó el deseo de que en sus consejos, locales o bien nacionales, los amigos lograsen la unanimidad en todas las cosas como resultado de la franqueza, la sinceridad de propósito, la presencia de ánimo, la exhaustividad de sus debates. Si esto demostrara ser impracticable, deberá prevalecer el veredicto de la mayoría, a cuya decisión en cualquier circunstancia habrá de someterse la minoría de forma alegre, espontánea y constante.

Nada por debajo del poder de Su Guía y amor omnímodo y abarcador puede facultar a este novísimo orden a reunir fuerzas y a florecer en medio de la tensión y el tráfago de una era turbulenta, y a reivindicar en la plenitud del tiempo su elevado título a ser reconocido universalmente como el único Puerto de felicidad y paz perdurables.

Con relación al folleto titulado "El fallecimiento de 'Abdu'l-Bahá" creo que su valor aumentaría y se ampliarían sus alcances con la suma de otros materiales, que consistan principalmente en textos entresacados de entre los periódicos norteamericanos de primera fila. Me alegrará recibir un ejemplar de la edición reimpresa, empeño éste en el que les deseo lo mejor.

Se halla conmigo en Haifa mi queridísimo amigo y compañero de trabajo, Sr. Mountfort Mills, quien en breve se unirá a vosotros en el despacho de vuestros múltiples y arduos deberes. Valoro altamente su ayuda en las difíciles y complejas tareas y en los problemas urgentes que a menudo se me presentan. Confío en que su regreso a Norteamérica imprimirá nuevo empuje al glorioso trabajo de servicio que estáis rindiendo a la Causa de Bahá’u’lláh.

De todo corazón os deseo éxito.
Vuestro hermano y compañero de trabajo,
SHOGHI
Haifa, Palestina,
29 de enero de 1925.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional Norteamericana

Mis muy queridos compañeros de trabajo:

Las comunicaciones últimamente recibidas de vuestra distinguida secretaria, fechada 8 de enero, 6 y 3 de febrero y 17 de marzo, junto con las actas, informes y cartas adjuntas han sido leídas con el más profundo interés y genuina satisfacción. Los métodos que seguís, las nuevas medidas que habéis adoptado en materia de publicidad, la seguridad creciente que habéis logrado, y el grado de apoyo, tanto moral como financiero que habéis obtenido merecidamente del cuerpo de los creyentes constituyen todos signos que infunden ánimos y que atestiguan el auge solidario de una Causa destinada a conferir inestimables beneficios a la humanidad.

Y si grande es la promesa que el Movimiento alberga para el futuro, lo cierto es que ya ha revelado de manera singular, a cualquier observador desprejuiciado, el espíritu indomable de sacrificio amoroso y verdadera camaradería que crepita con ardor irrefrenable en los pechos de sus seguidores, tanto de su tierra natal como de la gran República de Occidente. El heroísmo y la fortaleza desplegada por sus duramente probados seguidores de Persia, y las aportaciones prontas y generosas de los creyentes norteamericanos, quienes de forma espontánea han respondido al llamamiento de sus hermanos necesitados del Oriente, han servido para encender la llama del entusiasmo en muchos corazones, y para forjar nuevos vínculos de camaradería que demostrarán ser del mayor valor para el avance de la Fe Bahá'í. Quisiera solicitar especialmente que en nombre de los bahá'ís oprimidos de Persia, y sobre todo de los sufrientes desahuciados de Nayríz, que trasladéis la expresión de su más profunda gratitud. ¡Ojalá que las nobles donaciones de Norteamérica atraigan, como un poderoso imán, las bendiciones del Todopoderoso Donador sobre los cometidos que se proponen lograr!

Estoy encantado de conocer las muestras de interés creciente, de comprensión sincera y de colaboración fraternal evidenciadas por dos siervos capaces y firmes del Verdadero y Único Dios Dr. H. Randall y Dr. Guthrie, cuya participación en nuestro trabajo espero y ruego que amplíe los alcances de nuestras actividades, enriquezca nuestras oportunidades y añada nuevos bríos a nuestros afanes. Les deseo, de todo corazón, felicidad y éxito.

Boletín de noticias

El Boletín de Noticias que habéis iniciado últimamente cumple una función vitalísima y ha tenido un comienzo admirablemente bueno. Os urgiría a que, según os lo permitan los recursos, ampliéis sus horizontes hasta que con el tiempo cuente con una sección especial dedicada a cada aspecto de vuestras actividades administrativas, piadosas, humanitarias, económicas, educativas y de otro tipo. Para cumplir este objetivo debe combinar las cualidades esenciales de exactitud, fiabilidad, exhaustividad, dignidad y sabiduría. Debería convertirse en un gran factor que promueva la comprensión, proporcione información sobre las actividades bahá'ís, tanto locales como extranjeras, que estimule el interés, combata las malas influencias y que proteja y salvaguarde las instituciones de la Causa. Debería ser tan representativo como sea posible, estar repleto de noticias, actualizar su información y suscitar por igual el mayor interés de creyentes y admiradores de todo los rincones del globo. Albergo grandes esperanzas para su futuro inmediato, y confío que le dedicaréis vuestra especial atención a su desarrollo, y que al trazar medidas bien concebidas y universales transforméis este Boletín de Noticias en lo que espero que llegue a convertirse en el Boletín Bahá'í por excelencia del mundo.

Denominación de las Asambleas

En cuanto a las denominación que deba adoptarse en los encabezamientos de las cartas, sugeriría, mientras no esté formada la Casa Universal de Justicia, la frase "La Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá'ís de Estados Unidos y Canadá", con inclusión de la palabra "espiritual" y restringiendo el significado del término "asamblea" a su empleo con referencia al cuerpo de nueve personas elegidas por los amigos para sus fines locales o nacionales.

Representación durante la Convención

Ya he respondido a vuestro telegrama en lo relativo a la representación de grupos de menos de nueve miembros adultos en la Convención anual, así como a la cuestión de la delegación de funciones que queda a la discreción de la Asamblea Espiritual Nacional. Si las condiciones fueran alteradas, y el número de bahá'ís de las localidades bahá'ís se multiplicase, la situación debería ser considerada de nuevo para adoptarse un nuevo criterio de representación.

El Mashriqu'l-Adhkár

En cuanto al Mashriqu'l-Adhkár, quisiera pedir y encarececer de nuevo a los creyentes de Norteamérica, de la forma más enfática, a que hagáis el máximo esfuerzo por concebir todo medio posible para la remoción de cuantas obligaciones financieras pesen en este respecto. Quisiera recordaros la importancia suprema y la urgente necesidad de obtener el total de la suma decidida por la Asamblea Espiritual Nacional en su reunión de Chicago a fin de satisfacer las necesidades inmediatas de esta gran y futura Casa de Adoración. Recibiré con agrado una declaración completa, autorizada y actualizada de la situación actual, los activos y pasivos, así como el coste estimado de la obra hasta su culminación.

Concluyendo, deseo haceros constar de nuevo que haré oraciones ardientes por vosotros y por todos aquellos a quienes representáis en la salvaguarda y promoción de los sagrados intereses de tan preciosa Causa. Bien que me hago cargo de la inmensidad y delicadeza de vuestra tarea, aprecio de corazón vuestros esfuerzos incansables y vuestra determinación inquebrantable, y me acuerdo continuamente de las garantías dadas por el Maestro sobre el deslumbrante futuro que tenéis ante vosotros. Ojalá que Su amor os rodee, que Su espíritu os guíe y que Su poder os capacite para lograr una victoria señalada.

Vuestro hermano en el servicio del Maestro,
SHOGHI
Haifa, Palestina,
10 de abril de 1925.

A los miembros de la Asamblea Nacional Norteamericana

Queridos compañeros de trabajo:

He leído con profundo interés vuestros últimos comunicados de fecha 4 y 18 de abril, y me complace tener noticia de la expansión continua de vuestras múltiples actividades.

Elección de la Asamblea Nacional

En cuanto al método adoptado para la elección de las Asambleas Espirituales Nacionales, es claro que el texto del Testamento del Amado no nos da ninguna indicación en cuanto a cómo deban elegirse estas Asambleas. Sin embargo, en una de Sus primeras Tablas, dirigida a un creyente de Persia, se halla expresamente recogido lo siguiente:

"Sea cual sea la fecha en que los amados de Dios de cada país designen a sus delegados, y éstos a su vez elijan a sus representantes y éstos representantes elijan un cuerpo, dicho cuerpo se considerará la Baytu'l-'Adl Suprema (Casa Universal de Justicia)".

Estas palabras indican claramente que 'Abdu'l-Bahá ha dispuesto un sistema de elección en tres fases para la formación de la Casa Internacional de Justicia, y dado que se estipula explícitamente en Su Testamento que la "Casa Secundaria de Justicia (esto es, las Asambleas Nacionales) deben elegir a los miembros de la Universal", es obvio que los miembros de las Asambleas Espirituales Nacionales habrán de ser elegidos indirectamente por el cuerpo de los creyentes de sus respectivas provincias. En vista de estas instrucciones complementarias, el principio, sentado en mi carta de 12 de marzo de 1923, ha quedado establecido, y en virtud de éste los creyentes (los amados de Dios) de cada país han de elegir a cierto número de delegados, quienes, a su vez, elegirán a sus representantes nacionales (Casa Secundaria de Justicia o Asamblea Espiritual Nacional) cuya obligación sagrada y privilegio es el de elegir en su hora a la Casa Universal de Justicia de Dios.

Si la designación de los delegados fuese convertida en parte de las funciones de las Asambleas Espirituales locales, que son ya cuerpos elegidos, se introduciría el principio de una elección en cuatro fases, lo cual sería contrario a las disposiciones estipuladas explícitamente en la Tabla del Maestro. Por otro lado, si las Asambleas Espirituales Locales, cuyo número de miembros está confinado estrictamente a nueve, fueran a elegir a los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional –estableciéndose así el principio de una elección en tres fases– todas las localidades bahá'ís, las cuales necesariamente han de diferir en fuerza numérica, participarían en igual proporción en la elección de la Asamblea Espiritual Nacional, una práctica que sería contraria a la equidad y a la justicia. Además, el principio central y rector de la administración actual de la Causa ha sido el de hacer que las Asambleas Espirituales Nacionales sean tan independientes como sea posible en la conducción de los asuntos que sean de su competencia, y aminorar la influencia entorpecedora de cualquier institución dentro de su jurisdicción que pueda, directa o indirectamente, estorbar su autoridad y prestigio.

Registro de creyentes

Quisiera urgir asimismo a los miembros de toda nueva Asamblea Espiritual Nacional a que den todos los pasos necesarios para asegurar que toda Asamblea local de Norteamérica, sin excepción alguna, envíe, después de efectuada su elección, la lista de todos sus miembros junto con la dirección completa de su secretario al Secretario nacional, quien a su vez me la remitirá a mí, con indicación de su dirección y de la lista de miembros de la Asamblea Nacional. Si las circunstancias lo permiten, sería extremadamente útil confeccionar, con la ayuda esmerada de toda Asamblea local, el modo o manera de recopilar una lista exhaustiva, autoritativa y actualizada de todos los creyentes reconocidos de Norteamérica, acompañada de la dirección completa de la residencia permanente de cada creyente (dicha lista se renovaría constantemente a la vista de cualquier cambio que afecte a la residencia y número de tales creyentes). Esta medida resulta especialmente recomendable si se tiene en cuenta la residencia permanente de creyentes aislados en varias partes del país, así como la de aquellos que forman parte de grupos numéricamente demasiado pequeños para la formación de una Asamblea Espiritual Local.

Por muy deseables que sean estas medidas, es evidente que entrañan una importancia y urgencia secundarias con respecto a los temas apremiantes y en aumento que afectan a la difusión de la consolidación del trabajo a cuya realización se os emplaza, y al que es mi privilegio servir y ayudar. Adjunto una lista preliminar de los centros bahá’ís de todo el mundo, excluidos los de Persia, la cual confío en que con todo, por muy inadecuada que sea, os sea de alguna ayuda. Recibiré con agrado cualquier corrección o adición que podáis realizar y espero que se convertirá en una valiosa sección del proyectado Anuario Bahá'í.

Para terminar quisiera transmitiros mi sentido aprecio por vuestros afanes en la Viña Divina.

Vuestro hermano y compañero de trabajo:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
12 de mayo de 1925.

A los amados de Dios y a las siervas del Misericordioso, los delegados y público asistente a la Convención Bahá'í, Green Acre, Maine, U.S.A.

Compañeros de trabajo en la Viña de Dios:

Una vez más, la mano del poder divino ha reunido juntos a los representantes elegidos de los creyentes norteamericanos, congregados esta vez en el agradable entorno de un lugar bendito y amado, para deliberar sobre las medidas más efectivas que garanticen el avance de la Causa de Bahá’u’lláh. Creo que es un placer y un privilegio poder ofreceros estos pocos pensamientos como mi humilde aportación al curso de vuestra Convención anual.

Permítaseme que desde un principio me reafirme en mis sentimientos de gratitud y hondo aprecio por la parte eminente que los amigos norteamericanos han aportado, individual y colectivamente, por ver de amortiguar la carga de responsabilidad y preocupaciones que tan a menudo ha oprimido mi corazón. Vuestra constancia, vuestra devoción generosa; vuestro sacrificio al defender y promover las instituciones de la Causa; el notable avance que habéis logrado en la coordinación de vuestras actividades; la sobresaliente solicitud que habéis mostrado, y la magnífica respuesta que habéis dado en defensa de los oprimidos y los necesitados entre vuestros hermanos; las medidas que habéis iniciado, los obstáculos que habéis removido y los medios y métodos que habéis perfeccionado, éstas y otras evidencias más os han valido la confianza, la estima y la admiración de todos los bahá'ís del mundo. Personalmente aprecio y estoy agradecido por vuestras preces y oraciones especiales que habéis elevado en mi nombre. Me han conmovido hondamente vuestras expresiones de fe inquebrantable, de lealtad y afecto, y correspondo plenamente vuestros sentimientos fraternales y vuestro vivo deseo y disposición de colaborar conmigo con una efectividad y proximidad como nunca antes.

Propósito de la Convención

Y ahora con relación a la Convención que viene, creo que el propósito dominante que ha de inspirar a los amigos reunidos, delegados y público en general, debería ser doble. El primero comporta un desafío para el creyente; el segundo, una responsabilidad colectiva. El primero pretende reforzar el poder motivador de nuestras actividades espirituales; el segundo aspira a elevar el nivel de eficacia administrativa tan vitalmente necesaria en esta avanzada etapa de nuestro trabajo. Deberíamos en primer lugar y sobre todo afanarnos por todos los medios concebibles por revitalizar nuestra preciosa Causa, rudamente agitada por las continuas vicisitudes que rodearon al adió externo de un Maestro generoso y vigilante. Nuestro próximo objetivo debería ser el de aproximarnos (mediante un roce más íntima, consultas más completas y frecuentes, y una familiaridad mayor con el carácter, la misión y las enseñanzas de la Causa) al nivel de excelencia que debería caracterizar la colaboración de las comunidades bahá'ís de todo país.

La magnanimidad y pureza de intención, con ser loables de por sí, no han de bastar si carecen del respaldo de medidas que sean hacederas y de métodos atinados. La copia de sentimientos, la abundancia de buena voluntad servirán de poco si dejamos de ejercer la discriminación y mesura, y si descuidamos encauzar su conducción por los canales más provechosos. La libertad irrestringida del creyente debería atemperarse con la consulta mutua y el sacrificio, y el espíritu de iniciativa y de empresa debería reforzarse con una comprensión más honda de la necesidad suprema de actividades concertadas y de una devoción más completa al bien común.

La Asamblea Espiritual Nacional

Sería imposible a estas alturas pasar por alto la indispensabilidad o sobrestimar el significado único de la institución de la Asamblea Espiritual Nacional, el eje en torno al cual giran las actividades a través del continente norteamericano. Es su posición suprema, sus responsabilidades graves, múltiples y arduos sus deberes. ¡Cuán grande es el privilegio, cuán delicada la tarea de los delegados reunidos cuya función es elegir a representantes nacionales tales que por su hoja de servicios ennoblezcan y enriquezcan los anales de la Causa! Si volviéramos nuestra mirada a las elevadas cualificaciones de los miembros de las Asambleas Bahá'ís, según se enumeran en las Tablas de 'Abdu'l-Bahá, nos invadirían sentimientos de demérito y consternación, y ciertamente nos sentiríamos descorazonados de no ser por el pensamiento reconfortante de que si nos alzamos a desempeñar noblemente nuestro papel cualquier deficiencia de nuestras vidas se verá más que recompensada por el espíritu conquistador de Su gracia y poder. De aquí que corresponda a los delegados considerar sin la menor traza de pasión y prejuicio, y al margen de consideraciones materiales, los nombres de sólo aquellos que mejor combinan las necesarias cualidades de lealtad incuestionable, de devoción desinteresada, de preparación intelectual, de habilidad reconocida y experiencia madura. Ojalá que la próxima Asamblea Espiritual Nacional –los siervos privilegiados y escogidos de la Causa– inmortalicen su período de mayordomía con obras de amoroso servicio, obras que redunden en el honor, la gloria y el poder del Más Grande Nombre.

La piedra angular del servicio

También quisiera encarecer a los delegados de la próxima Convención, y por su intermedio apelo al cuerpo de los creyentes a quienes representan, a tener siempre presente la intimación suprema de 'Abdu'l-Bahá a enseñar incesantemente hasta que "la piedra angular de los cimientos" de la Causa de Dios se halle establecida firmemente en cada corazón. Dejad que a aquellos a quienes el tiempo, recursos y medios se lo permitan viajen a lo largo y ancho de ese vasto continente, dejad que se esparzan hasta las regiones más distantes de la tierra y que, enardecidos por el entusiasmo y desapego, entreguen la antorcha de la llama inmortal de Dios a las multitudes expectantes de un mundo penosamente afligido.

Unas palabras más a modo de conclusión. Que el Occidente, y particularmente la Gran República del Nuevo Mundo, donde hace un cuarto de siglo fue implantada firmemente la Bandera de Bahá’u’lláh, comprenda que sobre ella descansa ahora la responsabilidad de lograr el reconocimiento universal de la Fe Bahá'í, de cumplir las esperanzas más queridas de 'Abdu'l-Bahá.

Persia, la cuna de una civilización mundial, está todavía desposeída de su libertad, hundida en la ignorancia, presa de políticas y facciones enfrentadas, asediada de un lado por los poderes de la ortodoxia y del fanatismo sectario, y acosada de otro lado por las fuerzas del materialismo y del descreimiento. En su desdichada suerte confía con ardor en que la Llama que ha encendido en el mundo llegará, en la plenitud del tiempo, a arrasar el corazón del poderoso Occidente y derramar las luces redentoras sobre los sufridos y silenciosos habitantes de un país aturdido. ¿Será Norteamérica, será una de las naciones de Europa la que tome la antorcha de la Guía Divina de manos de la encadenada Persia y con ella prenda en llamas el mundo occidental? Que vuestra Convención, por su espíritu, resolución y logros, dé a la llamada urgente de ese país una respuesta noble y decisiva.

Vuestro hermano y compañero de trabajo:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
3 de junio de 1925.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá'ís de Estados Unidos y Canadá.

Mis muy amados amigos:

Las numerosas comunicaciones que vuestro Secretario ha dirigido últimamente en nombre vuestro a la Hoja Más Sagrada y a mí mismo han sido leídas con gran interés y cuidadoso aprecio por sus contenidos. Las noticias que imparten y el espíritu que revelan nos han causado a los dos verdadera satisfacción, y han servido para intensificar los sentimientos de alegre confianza, de legítimo orgullo y gratitud con que hemos saludado la inauguración de vuestro período de servicio.

El notable avance logrado por la memorable Convención de este año –estoy seguro– es en no poca medida atribuible a la energía, la exhaustividad, la perspicacia y la amabilidad que ha caracterizado el grado imparangonable de actividades ejecutadas por la Asamblea Espiritual Nacional saliente. Confío mucho en que las labores de los representantes recién elegidos de Norteamérica, que tan espléndida y auspiciosamente se han inaugurado, consolidarán más las labores del pasado, resolverán en gran medida los problemas y perplejidades presentes y abrirán nuevos campos a los logros y servicios futuros.

Me regocija saber que se ha dado con las vías y medios que permitirán al Secretario Nacional, quien desempeña muy ejemplarmente las múltiples y exigentes tareas de tan alto puesto de responsabilidad, dedicar todo su tiempo a la prosecución de tarea tan meritoria. Soy del todo consciente de que las privaciones y sacrificio que la elección de este trabajo supone para él, así como de su devota y desinteresada compañera no puedo por menos de admirar y exaltar sus heroicos esfuerzos; y deseo asegurarles a los dos que realizaré oraciones por la pronta consumación de sus sinceros esfuerzos.

En cuanto al delicado y complejo asunto que entraña verificar las calidades del verdadero creyente, me es imposible recalcar lo bastante la necesidad superlativa que a este respecto existe de ejercer la mayor de las discreciones, cautela y tacto, ya sea al decidir por nosotros mismos quién deba ser considerado verdadero creyente o al hacer público al mundo exterior las consideraciones que fundamentan tal decisión. Me limitaré únicamente a enunciar muy brevemente y con tanta pertinencia como las circunstancias conceden los factores principales que deben ser tenidos en consideración antes de decidir si una persona debe ser tenida por verdadero creyente. El reconocimiento completo de la estación del Precursor, el Autor y el Verdadero Ejemplo de la Causa Bahá'í, según lo fijado en el Testamento de 'Abdu'l-Bahá; aceptación sin reservas y sumisión a cualquier cosa que haya sido revelada por su Pluma: adhesión leal y constante a cada cláusula de sagrado Testamento de nuestro Amado; y estrecha asociación con el espíritu así como con la forma de la administración bahá'í en todo el mundo; éstas son las consideraciones primarias y fundamentales que concibo que deben ser justa, discreta y consideradamente verificadas antes de llegar a decisión tan vital. Cualquier intento de análisis y elucidación más completo –me temo– nos abocaría a discusiones estériles e incluso a graves controversias que no sólo se demostrarían fútiles, sino que serían incluso perjudiciales para los mejores intereses de una Causa en crecimiento. Por tanto, insto enérgicamente a quienes están llamados a tomar tales decisiones a que aborden este problema complicadísimo y siempre recurrente con un espíritu de oración humilde, de consulta sincera y que se refrenen de trazar una línea divisoria demasiado rígida excepto en los casos en que los intereses de la Causa lo demanden imperiosamente.

La Convención nacional

En relación a la celebración de la Convención bahá'í y del Congreso, creo que aunque un cuerpo tan representativo no tiene por qué ser convocado necesariamente cada año, no obstante es muy deseable en vista de las funciones singulares que cumple como promotora de la armonía y buena voluntad, al remover incomprensiones y al realzar el prestigio de la Causa, que la Asamblea Espiritual Nacional procure reunir anualmente a los representantes elegidos de los creyentes norteamericanos. Obviamente, sería en cierto modo muy conveniente y sumamente deseable, aunque no absolutamente esencial, que la Asamblea Espiritual Nacional sincronice la celebración de tal Congreso con la época en que tiene lugar la elección nacional, y que ambos acontecimientos tengan lugar, si no el primer día de Ri/dván, por lo menos durante los doce felices días de lo que cabe en justicia considerar la primera de las festividades bahá'ís. Aparte de las elecciones locales, las cuales deben renovarse universalmente el 21 de abril, queda enteramente a la discreción de la Asamblea Espiritual Nacional decidir, después de haber considerado debidamente las observaciones mencionadas, sobre la fecha y lugar en que la Convención anual y las elecciones anuales deban celebrarse. Si la Asamblea Espiritual Nacional decidiera, después de deliberaciones maduras, omitir la celebración de la Convención bahá'í y Congreso en un año determinado, entonces, y sólo entonces, deberían idear los medios que garanticen por correo la elección anual de la Asamblea Espiritual Nacional, supuesto que ello pueda acometerse con suficiente eficiencia, meticulosidad y diligencia. También me parecería inobjetable facultar e incluso, como último recurso, requerir a los delegados imposibilitados de desplazarse a donde tenga lugar la Convención bahá'í que emitan sus votos, sólo para la elección de la Asamblea Espiritual Nacional, a nombre del Secretario nacional, ya que desde mi punto de vista las ventajas de tal procedimiento superan a las consideraciones expuestas en vuestra carta. Sin embargo, debería quedar claro para todo delegado elegido –a quien debe recordársele esto continuamente– que se trata de una responsabilidad sagrada y que es preferible asistir en persona, si es posible, a las sesiones de la Convención, tomar parte activa en todos sus aspectos, e informar a su vuelta a sus compañeros de trabajo de los logros, decisiones y aspiraciones de los representantes reunidos de los creyentes norteamericanos.

El Anuario Bahá'í

Aguardo con vivo interés vuestro envío del manuscrito del Anuario Bahá'í previsto, a fin de aportar mi parte y hacerlo tan exhaustivo, atractivo y autoritativo como sea posible. Os recomiendo encarecidamente que combinéis de forma juiciosa los dos métodos descritos al respecto en vuestra carta del 2 de septiembre de 1925. Un relato breve, conciso y vigoroso sobre los objetivos primordiales, así como de los principios que subyacen en la administración de la Causa, junto con una breve descripción de los rasgos diversos de la gestión actual de sus actividades, complementada por un repaso no muy detallado de los logros y planes desarrollados durante el año en curso, servirían para que el observador se familiarice con el propósito y los logros de la Causa, y proporcione material suficiente para resultar edificante y útil a los creyentes activos de Oriente y Occidente (...)

La Más Sagrada Hoja desea que traslade en su nombre a los estimados miembros de Green Acre Fellowship la expresión de su cordial agradecimiento y su aprecio sincero por haber sido convertida en miembro vitalicio de dicha entidad. Les hace sabedores que hará oraciones por el éxito de esta noble institución así como por el adelanto espiritual de sus miembros.

Los últimos acontecimientos acaecidos en Tierra Santa han llevado a que varias organizaciones judías del mundo contemplen seriamente la posibilidad de transferir pronto al sagrado suelo de Palestina los restos mortales de ciertos fundadores y figuras destacadas del pensamiento judío; y el Monte Carmelo, que después del Más Sagrado Santuario de 'Akká es el objeto de veneración bahá'í más preciado, ha sido citado en varias ocasiones como el lugar permanente de entierro más acorde para sus ilustres muertos. A buen seguro, los bahá'ís del mundo, siempre alerta, y con la mirada en el futuro, no importa cuán apremiados estén por obligaciones financieras, se alzarán mientras queda tiempo a aportar cada uno la parte suya que asegure para la posteridad la tierra que se extiende más cerca del Santuario Sagrado, una zona cuya adquisición a tiempo demostrará ser indispensable si es que ha de cumplirse la sublime visión de 'Abdu'l-Bahá. Apelo a vosotros, y por intermedio vuestro a cualquier creyente serio y consciente, a poner a buen recaudo la tierra que se extiende al sur de estos Santuarios, y que ahora, ¡ay! se ven gravemente expuestas a los asaltos de intereses codiciosos y especulativos. Renuente como soy a dirigir nuevas peticiones a unos amigos que en varias ocasiones del pasado han desplegado tan magnífico espíritu de sacrificio, con todo me siento acuciado por una responsabilidad sagrada y forzosa que me mueve a dirigir vuestra atención a lo que concibo que es uno de los temas mundiales de la mayor trascendencia y que requiere una respuesta pronta, generosa y colectiva. Debo añadir que cualquier tierra que sea adquirida será registrada a nombre del donante, por lo que solicito de todo creyente donante que haga extensiva con su donación los poderes de representación que han de facultarme legalmente para realizar la transacción en su nombre y comprar el solar que desee adquirir. Sería deseable que las aportaciones de menor cuantía se hagan llegar a la Asamblea Espiritual Nacional, la cual decidiría entonces la manera en la que la transacción deba efectuarse.

Persecución de los bahá'ís persas

La colección de recortes de periódico relativos a las persecuciones de Persia que ha sido enviada por nuestro querido hermano, Sr. H. Holley, a la Hoja Más Sagrada ha sido remitida a la Asamblea Espiritual Nacional de Persia, para que atestigüen por sí mismos y compartan con el grueso de los creyentes persas los resultados de la campaña extensa y vigorosa emprendida de inmediato en su favor por sus condolientes hermanos del Occidente. Me aflige informaros que esta triste historia de barbarie y agresión sin cortapisas contra las propiedades, las vidas y el honor de las víctimas heroicas de aquella tierra sigue llegando a nuestros oídos, y que la campaña de obstrucción, intimidación y pillaje, salvo cortos lapsos de calma relativa, continúa su curso sistemático con una fuerza que no remite. Estoy seguro de que los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional, plenamente conscientes de la incertidumbre, la confusión y la gravedad de la presente situación, aprovecharán la primera oportunidad para corregir, tanto como esté en su poder, los agravios interminables que afligen a unos ciudadanos hostigados y no obstante respetuosos de la ley.

Deseándoos éxito de todo corazón, y con la seguridad de que haré oraciones continuas por la expansión constante y la consolidación de vuestro trabajo,

Soy vuestro hermano y compañero de trabajo:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
24 de octubre de 1925

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional Norteamericana

Mis queridos compañeros de trabajo:

He recibido y leído con gran placer y gratitud dos comunicados de vuestro capaz secretario, de fecha 14 y 15 de octubre.

El Mashriqu'l-Adhkár

Me regocija tener noticias de la prontas y bien pensadas medidas que habéis emprendido para idear, en conjunción con todas las Asambleas y grupos locales, un plan sabio y efectivo para la aportación de una parte, en consonancia con Norteamérica, en respuesta al llamamiento dirigido últimamente a los creyentes con relación a las obras del Mashriqu'l-Adhkár. Ciertamente, la gran compañía de creyentes deseosos y simpatizantes de Oriente se alzarán, conforme sean testigos de las evidencias de una reanudación de las actividades, para tender su mano auxiliadora a este vasto empeño. No dejarán de extender su apoyo en alivio de la carga que ahora sobrellevan tan alegre y agradecidamente sus jóvenes hermanos de Norteamérica. Yo mismo haré todo en mi poder por apresurar la consumación de vuestros esfuerzos sacrificados.

Santuario Internacional Bahá'í

La triste y repentina crisis surgida en conexión con la propiedad de la sagrada casa de Bahá’u’lláh en Bagdad ha causado una sacudida de indignación y consternación a través de todo el mundo bahá'í. Las Casas que fueron ocupadas por Bahá’u’lláh durante casi todo el período de exilio iraquí; que fueron dispuestas por orden de Bahá’u’lláh como el objeto escogido y santificado de futuras peregrinaciones bahá'ís; que fueron magnificadas y exaltadas en innumerables Tablas y Epístolas como el centro sagrado "en derredor de las cuales giran todos los pueblos y linajes de la tierra", se hallan ahora, debido a la feroz intriga y oposición incesante y fanática, a merced de los enemigos declarados de la Causa.

Me he comunicado instantáneamente con todo centro bahá'í del Oriente y del Occidente, y he solicitado de forma urgente que los fieles seguidores de la Fe de todos los países protesten vehementemente contra esta manifiesta perversión de la justicia, que se reafirmen cortésmente en el derecho espiritual de la Comunidad bahá'í a poseer esta casa venerada, que apelen a la equidad y justicia británicas, y que comprometan su inquebrantable determinación de garantizar la seguridad de este sagrado lugar.

Consciente del hecho de que esta propiedad ha sido ocupada por representantes autorizados bahá'ís durante un período ininterrumpido de no menos de treinta años, y habiendo ganado cumplidamente su caso ante el Juez de Paz y el Tribunal de Primera Instancia, los bahá'ís de todo el mundo no pueden creer que el alto sentido de honor y justicia que inspira a la Administración Británico de Irak tolerará tal error judicial. Apelan confiadamente a la opinión pública del mundo por la defensa y protección de sus derechos legítimos, ahora malamente pisoteados por unos enemigos despiadados.

Una extensa y efectiva publicidad ajustada a estos criterios, expresada en términos cuidadosamente pensados, resulta muy recomendable, pues sin duda facilitará la solución de este problema delicado e inquietante.

Tras habernos probado hasta el límite de nuestra capacidad, pongamos nuestra confianza en el poder del Señor, Quien mantiene vigilancia sobre Su casa, y Quien no importa lo negras que parezcan las esperanzas presentes, asegurará para las generaciones todavía sin nacer Su querido y santo edificio. Os tendré al corriente de cualquier novedad sobre el caso, y os aconsejaré sobre las medidas que deben ser tomadas ya sea que decidamos interponer un nuevo recurso o ya sea que apelemos a las altas autoridades de Londres.

Green Acre

En relación al importante paso que ha sido tomado para la inclusión eventual de Green Acre Fellowship dentro de la órbita de las actividades de la Asamblea Espiritual Nacional Norteamericana, espero y rezo porque este nuevo privilegio y responsabilidad añadida demuestre ser altamente beneficioso en sus resultados, tanto para el propio Green Acre como para los intereses generales de la Causa en América. En un comunicado aparte dirigido al Presidente de la mencionada sociedad, nuestro muy amado y sacrificado hermano, Sr. W. Randall, expresaré mi aprobación entusiasta de este paso constructivo, así como mis ardientes esperanzas por un despliegue más rápido y una expansión más completa, bajo el cuidado esmerado de la Asamblea Espiritual Nacional, de la misión única que Green Acre desempeña en esta vida. En este sentido, seguiré con el más vivo interés el curso de vuestras actividades, que se rigen según las líneas maestras sentadas en vuestra carta del 14 de octubre. Estoy seguro de que el mayor acento ha de recaer en la necesidad de ejemplificar de una forma muy liberal y práctica el poder motivador que yace en esta Revelación Divina, más que en la reiteración gratuita de una serie de principios, por más que éstos posean una naturaleza única y exaltada. Ojalá que el Fondo Nacional florezca tanto que permita a sus Fiduciarios tomar medidas que atestigüen ante una humanidad gravemente afligida el poder curativo de la Fe de Dios.

Jurisdicción de la Asamblea Local

Permítaseme que sobre la situación de San Francisco os recuerde que no cabe reconocer dos centros bahá'ís independientes en una misma ciudad, y que el centro que lleva mi nombre debería actuar en todo asunto con el pleno consentimiento y aprobación de la Asamblea Espiritual de San Francisco.

Derecho de voto de los miembros de Asamblea Nacional

En cuanto a la elección de miembros sustitutos para la Asamblea Espiritual Nacional, creo que sólo los nueve miembros originalmente elegidos de la Asamblea Espiritual Nacional tienen derecho de voto, en tanto que a los miembros sustitutos que hayan sido elegidos debería solicitárseles que ocupen las vacantes sólo a título consultivo y sin derecho a voto. No deberían ser considerados como parte del quórum (esto es, cinco de los nueve miembros originales) necesario para la gestión de los asuntos de la Asamblea Nacional. Todos los asuntos secundarios que no afecten al principio descrito arriba quedan a la discreción de las Asambleas Espirituales Nacionales, las cuales decidirán de acuerdo con las exigencias de sus respectivas circunstancias.

Con la seguridad de mi hondo aprecio por vuestros continuos afanes y de mis incesantes oraciones por vosotros,

Soy vuestro hermano agradecido:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
6 de noviembre de 1925.

A los amados de Dios y a las siervas del Misericordioso en Oriente y Occidente

Queridos compañeros de trabajo:

Con sentimientos de abrumadora tristeza os comunico la noticia de una pérdida más que el Todopoderoso, en Su sabiduría inescrutable, ha decidido infligir sobre nuestra amada Causa. El 22 de noviembre de 1925, ese memorable y sagrado día en el que los bahá'ís del Oriente celebraban las dos Festividades de la Declaración del Báb y el nacimiento de 'Abdu'l-Bahá, pasaba al Reino de Abhá el Dr. John E. Esslemont. El desenlace fue tan rápido como inesperado. Afectado de una enfermedad crónica e insidiosa, cayó al final víctima de las inevitables complicaciones que siguieron, cuyo curso fatal ya no podían desviar ni los desvelos de unos doctores vigilantes ni los cuidados de sus muchos amigos.

Sobrellevó los sufrimientos con fortaleza admirable, con calma resignada y valor. Aunque convencido de que su mal ya nunca le abandonaría, sin embargo muchas veces reveló su deseo acuciante de que los amigos residentes en Tierra Santa implorasen al Todopoderoso, mientras visitaban los Santuarios, que prolongase sus días a fin de cumplir su humilde parte de servicio ante el Umbral de Bahá’u’lláh. A esta noble petición respondieron calurosamente todos los corazones. Pero no pudo ser. Su estrecho contacto con mi trabajo en Haifa, en el que yo había puesto tantas afectuosas esperanzas, se vio repentinamente alterado. Sin embargo, su libro –un monumento permanente a su intención pura– inspirará por sí mismo a generaciones aún sin nacer a hollar el sendero de la verdad y del servicio con la constancia y falta de ostentación con que lo recorrió su querido autor. La Causa que tan bien amó quedó servida por él hasta el último día con una fe ejemplar y una devoción ilimitada. Su fe tenaz, su gran integridad, su modestia, su industriosidad y labores fatigosas eran rasgos de un carácter cuyas nobles cualidades perdurarán y vivirán por siempre tras él. Para mí él fue el más cálido de los amigos, un consejero en el que confiar, un colaborador incansable, un compañero del alma.

Con lágrimas en los ojos suplico ante el Umbral de Bahá’u’lláh, y os pido que os suméis en mi ardiente plegaria, por el despliegue más completo en los reinos de lo alto de un alma que ha logrado tan alta posición espiritual en este mundo. Pues por la belleza de su carácter, por su conocimiento de la Causa, por los logros manifiestos de su libro, ha inmortalizado su nombre, y por su mérito absoluto merece figurar como una de las Manos de la Causa de Dios.

Sus restos han sido depositados en el corazón de ese cementerio tan bellamente emplazado al pie del monte Carmelo, cerca de los restos de esa alma venerable, Hájí Mírzá Vakilu'd-Dawlih, el ilustre primo del Báb y constructor principal del Mashriqu'l-Adhkár de 'Ishqábád. Los peregrinos de lejos y de cerca que visiten su tumba, honrarán, con orgullo y gratitud, un nombre que ha adornado los anales de una Causa Inmortal.

Descanse eternamente en paz:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
30 de noviembre de 1925.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá'ís de Estados Unidos y Canadá

¡Muy queridos compañeros de trabajo en la Viña del Señor!

Vuestra carta de fecha 9 de noviembre de 1925 ha llegado y ha sido leída con sentimientos de honda satisfacción y gratitud. Resulta penoso que, debido a circunstancias inevitables, me haya visto imposibilitado de comunicarme más y mejor con los distinguidos representantes de esos queridos compañeros míos de trabajos, la progresión de cuyos logros sigo continuamente con la mayor de las expectaciones, simpatía amorosa y esperanza alegre.

La multiplicidad de los asuntos vitales y apremiantes resultantes de la regular expansión del Movimiento en varias partes del mundo; el dolor y la tristeza tan agudamente sentidos por la muerte repentina de uno de los distinguidos y muy amados siervos de la Causa; sucesos graves e inesperados ocurridos en Tierra Santa y en otras partes; todo, en rápida sucesión, se ha sumado a la ya opresiva carga de cuitas y responsabilidades con las que es mi suerte y privilegio pechar en aras de la Causa.

Me regocija tener noticia del maravilloso efecto causado por vuestra ingeniosidad, eficacia y labor imparable en vuestros hermanos admiradores de Oriente. Esto muy sabedor de la parte eminente que estáis aportando a la emancipación de esos heroicos sufridores de una Persia extraviada. Soy hondamente consciente del papel que desempeñáis al consolidar el lugar de la Causa a los ojos de personas eminentes y humildes, y al apresurar el advenimiento de ese día prometido de reconocimiento universal y triunfo de nuestra amada Causa.

Santuario de Bagdad

No podemos distinguir más que vagamente los signos de ese día de impar victoria, el día en que la misión de esta sublime y santa Fe se habrá desplegado en todo su poder y gloria ante los ojos de un mundo descreído. Basta con remitirnos a las declaraciones de Bahá’u’lláh para que comprendamos por nosotros mismos el poder invencible de Dios, poder con el que cualquier humillación pasajera, cualquier pesar transitorio, se transforma en gloria y alegría perdurables. Pues en medio de la penumbra y humillación que ha anegado ahora la santa habitación de Bahá’u’lláh en Bagdad, estas proféticas palabras Suyas relativas a Su Casa brillan esplendorosas en garantía de una victoria futura: "En verdad, yo declaro, en los días que vendrán será degradada a tal extremo que hará correr lágrimas de todo ojo discerniente(...) Y en la plenitud del tiempo, por medio del poder de la verdad, el Señor la exaltará a los ojos de todos los hombres, y la trocará en la poderosa enseña de Su dominio, el Santuario alrededor del cual girará el concurso de los fieles" ¡Cuán desconcertante es Su predicción y cuán reconfortante Su promesa!

La meticulosidad de los métodos con que habéis llevado esta grave y muy delicada situación, la prontitud de vuestra respuesta, el espíritu de confianza constante, la determinación imparable y el valor admirable que habéis demostrado abundantemente –estoy seguro– os han valido el cariño de todos nosotros, han justificado nuestras esperanzas y han ennoblecido la ya exaltada posición que merecidamente ocupáis entre los firmes valedores de la Causa inmortal de Dios. Cualquiera que sea el resultado de vuestro memorable faenar, su consecuencia inmediata no puede ser otra que la creciente admisión por parte de las autoridades de que la Causa de Bahá’u’lláh, a pesar de la calumnia y difamación vertidas antes contra ella, ha enlazado el Oriente con el Occidente como ninguna otra institución humana lo hubiera podido conseguir y es capaz de demostrar la realidad de esa potencia celestial que ningún hombre puede hoy menospreciar o desatender.

Por otro lado, la respuesta generosa y espontánea de los creyentes norteamericanos ante la situación de los terrenos del Monte Carmelo, a una con las donaciones de los amigos de otras partes del mundo, ha puesto a resguardo las tierras que se extienden en las proximidades de los Santuarios Sagrados. Este esfuerzo altamente meritorio, bendecido y santificado por la generosa gracia de Bahá’u’lláh, ha ayudado parejamente a revelar a todo ojo discriminador el entusiasmo inapagable y la inigualable devoción de los amigos, rasgos dominantes de una Fe que aún atraviesa su fase de tierno crecer, y que ahora se alza en el umbral de logros no soñados.

Veredicto del tribunal religioso egipcio

Entre los factores inquietantes que han recrecido las dificultades de la hora presente figura el veredicto recientemente aprobado por el Tribunal Religioso Supremo de Egipto, por el que se declara que los bahá’ís de esta tierra son devotos de una Fe de carácter herético y en desacuerdo con las doctrinas aceptadas del Islam, y por tanto situada completamente fuera de la esfera de su jurisdicción. Lo que este veredicto comporta exactamente, el efecto que su aplicación práctica supondrá para las relaciones de los bahá'ís con los seguidores de la Fe musulmana, la medida de publicidad que recibirá, la impresión que suscitará en los países musulmanes y especialmente en la hostil Persia, sólo el futuro podrá revelarlo. Por el momento, no ha logrado perturbar el sentir de las gentes ni ha dado pie a ninguna manifestación pública u oficial de una naturaleza que justifique o precise actuación alguna por parte de los bahá'ís norteamericanos, quienes hoy han demostrado poderosamente su disposición a ser los paladines de la verdad de la justicia. Os informaré puntualmente de las medidas exactas que creo que habrán de tomarse si surge la necesidad en lo sucesivo. Es claro y evidente que la influencia occidental, el debilitamiento de los lazos religiosos, y la consiguiente mengua vital del que fuera poderoso bastión muhammadiano de Egipto explican en gran medida la indiferencia y apatía que parecen caracterizar ahora la actitud de las masas ante asunto tan vital e importante. La decisión, por más que localmente resulte embarazosa, en la etapa presente de nuestro desarrollo, admite ser vista como el primer paso dado por nuestros propios oponentes en la senda de lo que ha de ser en su día la aceptación universal de la Fe Bahá'í como uno de los sistemas religiosos independientes y reconocidos del mundo.

El Fondo Nacional

En relación a la institución del Fondo Nacional y del sistema presupuestario descrito en las actas de la Asamblea Espiritual Nacional, me siento impelido a recordaros la necesidad de tener siempre en cuenta el principio cardinal de que todas las aportaciones al Fondo deben ser de carácter pura y estrictamente voluntario. Debería resultar claro y evidente para todos que cualquier forma de compulsión, por indirecta y suave que sea, golpea en la raíz misma del principio que subyace a la formación del Fondo desde que fuera establecido. Si bien las apelaciones de carácter general, redactadas cuidadosamente y en un tono conmovedor y digno son bienvenidas en cualquier circunstancia, debería quedar del todo a la discreción de cada creyente consciente el decidir la naturaleza, cantidad y fin de su aportación a la propagación de la Causa.

Contacto con orientales

En cuanto a la relación con viajeros orientales y residentes en los Estados Unidos y Canadá, deseo resaltar de nuevo la necesidad de que en estos días los creyentes norteamericanos ejerzan la mayor vigilancia y reserva, prudencia y cautela en su trato con dichas personas, bien a título oficial o personal, en cuestiones de negocios o con fines puramente religiosos. Conforme el Movimiento crece en prestigio, fama e influencia, y conforme la ambición, la malicia y mala voluntad de los extraños y enemigos aumenta correspondientemente, resulta cada vez más importante que todo particular y Asamblea Espiritual estén avizor no sea que caigan víctimas de las pérfidas insidias de los malévolos, egoístas y ambiciosos.

En cuanto a la publicación de artículos y folletos que tengan relación con los asuntos políticos del día, deseo recordar a mis queridos compañeros de trabajo que en la etapa presente en que la Causa todavía está en su infancia, cualquier análisis detallado y minucioso que lleven a cabo los amigos sobre asuntos que están en primera línea de discusión pública, serán a menudo malinterpretados en ciertos círculos y darán lugar a sospechas y malentendidos que a su vez tendrán un efecto desfavorable sobre la Causa. Tenderán a crear una falsa idea sobre el objeto real, la verdadera misión y el carácter fundamental de la Fe Bahá'í. Deberíamos, en tanto que procuramos defender lealmente y exponer conscientemente nuestros principios morales y sociales en toda su esencia y pureza, en todos sus alcances sobre los diferentes aspectos de la sociedad, cerciorarnos de que no se hace ninguna referencia directa o crítica particular en nuestra exposición de los principios fundamentales de la Fe que pudieran causar antagonismo en cualquier institución, o contribuir a identificar un movimiento puramente espiritual con las viles disputas y vocerío de sectas, facciones y naciones enfrentadas. Deberíamos esforzarnos en todas nuestras declaraciones por combinar la discreción con la franqueza y la lealtad apasionada del ardiente abogado de una Fe inspiradora. Al tiempo que rechazamos pronunciar la palabra que innecesariamente podría enajenar a cualquier persona, gobierno o pueblo, deberíamos sin temor ni vacilación sostener y afirmar en su entereza aquellas verdades cuyo conocimiento creemos que son vital y urgentemente necesarias por el bien y mejora de la humanidad.

A pesar de los apremios del trabajo, he leído con hondo placer y vivo interés la copia del acta de la Convención Bahá'í de 1925.

Finalidad de la Administración bahá'í

A medida que las labores administrativas de la Causa se expanden de continuo, y crecen en importancia y número sus varias ramas, es absolutamente necesario tener presente este hecho fundamental: que todas estas actividades administrativas, por muy armoniosa y eficientemente que sean gestionadas, no son sino medios para un fin, y que deberían ser vistas como instrumentos directos para la propagación de la Fe Bahá'í. Cuidémonos de que, en nuestro afán por perfeccionar la maquinaria administrativa de la Causa, no perdamos de vista el Propósito Divino para el que ésta ha sido creada. Estemos en guardia, no sea que la demanda creciente de especialización en las funciones administrativas de la Causa nos impida sumarnos a las filas de quienes en primera línea de batalla se emplean gloriosamente en emplazar a las multitudes a este Nuevo Día de Dios. En verdad, ésta ha de ser nuestra preocupación primaria; ésta es nuestra sagrada obligación, nuestra necesidad vital y urgente.

Ojalá que el año que acaba de alborear sobre nosotros atestigüe en tan glorioso campo una victoria señalada.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
10 de enero de 1926.

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso de Occidente

Compañeros de trabajo en la Viña Divina:

En medio de las muchas vicisitudes que la Palabra creativa de Dios está destinada a encontrarse en el curso de sus marcha hacia la redención del mundo, irrumpe la noticia de otra pérdida, de naturaleza más aturdidora, y sin embargo portadora de un reto más inspiradora que ninguna otra producida por los gravísimos sucesos de los últimos tiempos. Una vez más el desgraciada reguero de persecuciones, esta vez con el martirio de doce de nuestros muy sufridos hermanos de Jahrum, en el sur de Persia, se ha hecho notar y nos ha llenado de una pesadumbre que ni siquiera todas las alegrías y recuerdos ennoblecedores del Ridván han podido disipar.

Martirios bahá'ís ocurridos en Persia

De los escasos informes que hasta la fecha nos han llegado de aquel extraviado país parece deducirse que este acto atroz y vergonzoso, aunque resultado de un número de causas turbias y complejas, ha respondido principalmente a la instigación del omnipresente factor que es el empuje despiadado de la hostilidad religiosa. Persia –tiempo ha descuidada y severamente probada– continúa siendo, a pesar del revivir de esperanzas, la víctima escarnecida por rivalidades de gentes sin escrúpulos y de intrigas faccionalistas, por las revueltas tribales, disensiones políticas y animosidades religiosas, todo lo cual acarreó en el pasado el derramamiento de sangre de tantos de sus inocentes y preclaros hijos.

Muy consciente de la gravedad de la ocasión, y comprendiendo la urgencia de mi sagrada tarea, al recibir la noticia he transmitido telegráficamente por medio de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá'ís de Persia un mensaje especial dirigido en nombre de los bahá'ís de todos los países a la autoridad suprema del Estado, en el que expreso nuestro profundo horror ante este acto ultrajante así como nuestra más sincera súplica de que se inflija castigo inmediato a los perpetradores de crimen tan abominable. Y dado que este crimen afecta señaladamente al bienestar y seguridad de los bahá'ís residentes en Persia, he solicitado especialmente a todas las Asambleas locales de aquel país que dirijan un mensaje similar a las altas autoridades correspondientes en el que apelen reclamando justicia y protección completa. Si los futuros acontecimientos requiriesen la intervención directa desde el extranjero, informaré a los representantes nacionales bahá'ís de todos los países a fin de que tomen, en colaboración con todas las Asambleas locales, medidas que conduzcan de forma efectiva a un reconocimiento de la fuerza dinámica latente en la Fe Bahá'í y que garanticen la mejora de la suerte de los heroicos valedores de nuestra Causa.

Mientras no se establezca comunicación oficial con las autoridades reconocidas de Persia o de otras partes, creo firmemente que ha llegado la hora en que incumbe a todo promotor consciente de la Causa despejarse y abordar, en consulta con los creyentes de su localidad, las medidas de publicidad que han de llevar al gradual despertar de la conciencia del mundo civilizado ante lo que reconocidamente es una manifestación ignominiosa de una era decadente.

Quisiera recabar especialmente de todas las Asambleas Nacionales que presten atención inmediata e intensa a este grave asunto, y que convivan formas y medios que garanticen la mayor publicidad para nuestros agravios. Quisiera recordarles que cualquier cosa que sea publicada debería ir expresada en términos que sean a un tiempo correctos, contundentes y respetuosos.

Quisiera hacer especial hincapié en la importancia de no ahorrar esfuerzo alguno por granjearse la simpatía y hospitalidad de los periódicos y publicaciones más destacados del mundo occidental, y de que se envíe a Tierra Santa cualesquiera referencias que se alcen a defender la Causa de la rectitud y de la justicia. Deploro grandemente el hecho de que debido a la lejanía y a lo inestable de las condiciones de Persia, no haya acceso a mayores detalles sobre este torvo incidente, que se comunicarán debidamente a los varios centros tan pronto como se reciban. Sin embargo, quisiera pedir a los creyentes de todo el Occidente que se alcen sin tardanza y que completen la publicación de las noticias transmitidas en este mensaje con el relato de acontecimientos previos de índole similar, todo ello combinado con una panorámica de las metas, principios e historia de la Causa Bahá'í.

Es a vosotros, muy amados amigos del Occidente, quienes sois los portaestandartes de la emancipación y triunfo de la Fe Bahá'í, a los que se han vuelto nuestros afligidos hermanos del Oriente con ojos expectantes, seguros de que no puede estar muy distante el día cuando, de acuerdo con la explícita afirmación de 'Abdu'l-Bahá, el Occidente "tomará la Causa" de las manos encadenadas de Persia y la conducirá a la gloriosa victoria.

Aunque marcados por el dolor y horrorizados por este cruel zarpazo, estemos en guardia no sea que desesperemos y olvidemos que en la sabiduría inescrutable del Todopoderoso esta calamidad repentina puede revelarse como una bendición disfrazada. ¿Pues que más cabe hacer sino remover las mismas entrañas de nuestra alma, hacer que nuestra fe abrase, galvanizar nuestros esfuerzos, disolver nuestras diferencias y aportar uno de los principales instrumentos que los promotores válidos de la Fe puedan emplear para atraer la atención, ganarse la simpatía y al fin procurarse la lealtad de toda la humanidad?

Nuestra es esta oportunidad suprema. Ojalá que podamos cumplir nuestra encomienda.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
22 de abril de 1926.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá'ís de los Estados Unidos y Canadá

Compañeros de trabajo en la Viña de Dios:

Varios sucesos acaecidos los últimos meses, sumamente inquietantes por su brusquedad, complejidad y consecuencias me han obligado, una y otra vez, bien que a mi pesar, a diferir mi correspondencia con vosotros, mis muy estimados compañeros de trabajo, quienes estáis destinados a compartir una porción no escasa de la carga que tan pesadamente recae sobre mí. Las negociaciones delicadas y prolongadas surgidas a raíz de la situación crítica de la casa de Bahá’u’lláh en Bagdad; el vergonzoso recrudecimiento de barbarie desenfrenada ocurrido en la afligida Persia; el inesperado revés experimentado últimamente en los trámites legales para la liberación de la mansión de Bahá’u’lláh en Bahjí de las manos del enemigo; el aumento sin precedentes en el volumen de trabajo ocasionado por el auge y expansión del Movimiento en varias partes del mundo; estos y otros asuntos, no menos apremiantes en su demanda de tiempo y energía, han ido afectando gradualmente mi salud y han estorbado la eficiencia requerida en el desempeño de mis arduos deberes. Empero, por más que el cuerpo y la mente se tensen por desvelos y perplejidades con los que necesariamente ha de tropezar un Movimiento como el nuestro, que justo emerge de la oscuridad, sin embargo el espíritu reverdece inspirándose en la forma como en el mundo occidental, y sobre todo en el continente norteamericano, los libertadores de la Fe se están demostrando condignos de tarea tan tremenda y a la par tan noble.

Persecuciones de Jahrum¡Error! Marcador no definido.

Siendo graves y múltiples los problemas a que se enfrenta la esforzada Fe de Bahá'u'lláh, ninguno parece tan significativo ni de urgencia tan premiosa como los increíbles sufrimientos que sobrellevan nuestros pisoteados hermanos de Oriente. Los últimos informes, en los que se confirman la noticia que os he comunicado hace poco, ponen de relieve la bárbara crudeza despachada sobre los seguidores inocentes de nuestra Causa. Revelan la posibilidad de que la agitación, en parte instigada por fines políticos y motivos egoístas, se extienda a los pueblos y provincias vecinas; también se detienen en la indolencia tradicional de las autoridades locales a la hora de imponer castigos severos y puntuales a los perpetradores de crímenes tan abominables. Ha podido comprobarse que en el pueblo de Jahrum las mujeres han sufrido martirio de la manera más atroz, que la mano del criminal ha despedazado inmisericordemente el cuerpo de un niño, que cierto número de creyentes han sufrido graves palizas y heridas, han visto sus cuerpos mutilados, sus casas saqueadas, sus propiedades confiscadas, y los miembros desahuciados de sus familias han quedado abandonados a merced de un pueblo tiránico y desvergonzado. En otras partes de Persia, y sobre todo en la provincia de Ádhirbáyján, en el pueblo de Marághih, los amigos han comprobado cómo se les negaban implacablemente sus derechos cívicos y los privilegios que alcanzan a todo ciudadano del país. Se les ha impedido el uso de los baños públicos, y se les ha negado la entrada a las tiendas que surten las necesidades de la vida. Se les ha declarado al margen de la protección y beneficios de la ley, y se ha denunciado como violación abierta de los preceptos y principios del Islam cualquier trato y contacto que se tenga con ellos. Incluso se ha llegado a afirmar de buenas fuentes que las honras del entierro público les han sido negadas a sus muertos, y que en cierto caso concreto los intentos de inducir a que el sepulturero musulmán suministrase la madera para la confección del ataúd no han contado con el apoyo oficial de la autoridad competente. Todo llamamiento hecho por estos bahá'ís en nombre de sus hermanos, vivos o muertos, ha sido recibido con fría indiferencia, promesas vagas y, no pocas veces, con severas reprensiones e inmerecidos castigos.

Si se expresa y divulga correctamente el relato de conducta tan ultrajante así como de pérdidas y sufrimientos tan grandes, al final no podrá por menos de despertar la conciencia de la humanidad civilizada y en esa medida asegurar el alivio que tanto precisan unas gentes tan sufridas. Por lo tanto, quisiera renovar mi petición, y recabar de vuestra parte que redobléis denodadamente vuestros esfuerzos en el amplio campo de la publicidad, a fin de concebir cualquier medio que alivie los temores y pesares de los silenciosos sufridores de esa tierra extraviada. Ciertamente, esos viles malhechores no quedarán impunes largo tiempo por sus feroces atrocidades, y puede que no esté muy lejano el día en que seamos testigos, como hemos observado en otras partes, de las señales prometidas del Castigo Divino que vengue la sangre de los siervos asesinados de Bahá'u'lláh.

Plan de Acción Integrada

En relación al Plan de Acción Integrada, anexo a vuestra carta de 19 de enero, creo que a los amigos debe recordárseles constantemente la necesidad de que se le preste al proyecto un apoyo continuo y entregado, cuyo éxito o fracaso decidirá en buena medida el curso del progreso de la Causa no sólo en Norte América sino a través del mundo bahá’í. Recuerden los amigos y tengan siempre presente las exhortaciones reiteradas y las promesas vibrantes de nuestro amado Maestro en torno al Mashriqu’l-Adhkár, la institución cimera de toda comunidad bahá’í. Álcense con determinación y confianza a prestar una mano auxiliadora al Plan que tan admirablemente habéis concebido para que se realice de forma práctica y rápida.

He solicitado especialmente a ese pionero incansable de la Causa de Dios, nuestra muy querida hermana bahá’í, Sra. Victoria Bedekian, que concentre por ahora todos los recursos de su mente y corazón en esta empresa vasta y vital. La he instando a que dirija sus energías a este eximio propósito, y mediante la ayuda de sus valiosísimas cartas ha despertado a Oriente y Occidente a la nueva conciencia del significado y urgencia de los objetivos que os habéis propuesto lograr.

En cuanto a la serie de reuniones de unidad mundial que algunos de los siervos de la Causa reflexivos, capaces y devotos han venido organizando con esmero y buenos resultados (hecho al que os referíais en vuestra carta del 8 de marzo), deseo expresaros mi vivo aprecio por tan espléndida concepción, mi profunda gratitud por el empeño demostrado, y mi satisfacción en vista del éxito que aquéllos han cosechado.

Principios rectores de la Administración bahá’í

Creo que la maquinaria administrativa de la Causa, tras haber madurado suficientemente, y una vez que su fin y objeto han sido captados y comprendidos correctamente y que su método y forma de obrar resultan más familiares para todo creyente, creo que ésta en sazón de poder ser empleada cabal y conscientemente para los fines para los que fue creada. Debería –así lo creo firmemente– responder a un doble fin. Por un lado, debería aspirar a conseguir una expansión continua y gradual del Movimiento que discurra por cauces que sean a una amplios, sensatos y universales; y por otro lado, debería garantizar la consolidación interna del trabajo ya realizado. Debería proporcionar el impulso mediante el cual las fuerzas dinámicas latentes en la Fe pudieran desplegarse, cristalizar y conformar las vidas y conductas de los hombres, y servir como medio para el intercambio de pensamientos y la coordinación de actividades entre los diversos elementos que constituyen la comunidad bahá’í.

Ya sea por la afirmación abierta y audaz de las verdades fundamentales de la Causa, o por la adopción de un método de enseñanza menos directo y más cauto; ya sea por la diseminación de nuestros escritos o por el ejemplo de nuestra conducta, nuestra sola meta y objetivo debería ser el de contribuir finalmente a que toda la humanidad reconozca el carácter imprescindible y único así como la estación suprema de la Revelación Bahá’í. Cualquiera que sea el método que adopte, y por muy indirecto que sea el curso que elija proseguir, todo verdadero creyente debería ver en tal reconocimiento la meta suprema de sus afanes. Al tiempo que brega conscientemente hacia la consecución de ese fin, debería procurar obtener, extendiendo su apoyo a cada rama de las actividades de su asamblea nacional o local, la mayor información sobre el carácter y alcances que a nivel mundial revista el progreso de la Causa, así como intentar contribuir su porción en el reforzamiento del espíritu de solidaridad entre las partes componentes del mundo bahá’í.

Tales son a grandes rasgos los principios rectores que quienes han sido puestos al frente de la administración de los asuntos de la Causa deberían esmerarse por promover, explicar y afianzar. Nada que no sea el espíritu de inquebrantable fe, de vigilancia continua y paciente persistencia puede aspirar a garantizar la realización última de este nuestro atesorado deseo.

Ojalá que los representantes nacionales de Norteamérica se alcen con visión clara, con determinación invariable y vigor renovado a llevar a cabo en su integridad las tareas sagradas que se han propuesto ejecutar.

Con la garantía de mis continuadas y sinceras oraciones por el éxito de vuestros esfuerzos,

Soy vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina
11 de mayo de 1926.

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso de todo el Occidente

Muy queridos hermanos y hermanas en ‘Abdu’l-Bahá:

En el curso de los pocos meses transcurridos desde mi última comunicación relativa a las condiciones espantosas que han culminado en el martirio de nuestros hermanos persas de Jahrum, ha podido saberse de acontecimientos de la mayor importancia para el futuro bienestar de nuestra amada Causa y que con sorprendente rapidez aportan solaz duradero a quienes todavía deben arrostrar los dolores y el terror de una tiranía desvergonzada y porfiada

Respuesta de la Reina María

La mayoría de vosotros, según presumo, habrá leído con un estremecimiento de alegría en uno de los ejemplares de Star of the West el relato luminoso en que nuestra amada hermana, Srta. Martha Root describe con sobriedad y modestia características la historia de la conmovedora entrevista sostenida por ella con Su Majestad la Reina María de Rumania, así como de la cordial y solícita respuesta que su presentación, gentil y aun así persuasiva, de los principios de la Fe Bahá’í ha evocado en el corazón de tan honorable Reina. Uno de los efectos visibles y potentes que tan histórica entrevista se ha demostrado capaz de lograr ha sido el llamamiento dirigido mediante carta abierta al mundo con que Su Majestad ha querido libre y espontáneamente difundir con un lenguaje de exquisita belleza su testimonio sobre el poder y la sublimidad del Mensaje de Bahá'u'lláh.

En verdad fue una ocasión imposible de olvidar la ocurrida en vísperas de la conmemoración del tránsito de Bahá'u'lláh. Un puñado de nosotros, Sus apenados siervos nos habíamos reunido alrededor de Su amado Santuario para suplicar el auxilio y liberación de los oprimidos de Persia cuando, en medio del silencio de esa hora de inquietud, recibimos las buenas nuevas de este notable triunfo que la energía imbatible y el espíritu indómito de nuestra amada Martha ha conseguido para nuestra sagrada Causa.

Con cabezas inclinadas y corazones agradecidos reconocemos en este encendido tributo que la realeza ha rendido a la Causa de Bahá'u'lláh un pronunciamiento destinado a ser precursor de aquellos sucesos agitados que, según ha profetizado ‘Abdu’l-Bahá, deberán señalar en la plenitud del tiempo el triunfo de la santa Fe de Dios. Pues ¿quién puede dudar de que los actos de esos valientes pioneros de la Fe, aunque impares por la abundancia de su número e insuperables por lo sublime de su heroísmo, no son sino un vislumbre de lo que, de acuerdo con la promesa divina, sus firmes seguidores están destinados a forjar? Las gestas heroicas que inmortalizaron los nombres de sus primitivos seguidores continuarán adornando e iluminando las páginas de una historia teñida en sangre; aun así no podemos olvidar que su mayor sazón, con toda su promesa de felicidad mundial y de logros no soñados está todavía por lograrse, su edad dorada aún no se ha desplegado. En efecto, cuánta mella no se haría a nuestro orgullo, cuánto desafío no se depararía a nuestro entusiasmo si nos detuviéramos a pensar un instante y ponderásemos en nuestro corazón, en medio de los devaneos del mundo, la urgencia apremiante, la inefable gloria que todavía queda por lograr.

El Poder regenerador

Mas recordemos a este respecto que antes de cualquier medida concebible destinada a realzar la eficacia de nuestras actividades administrativas, más vital que lo que ningún proyecto ideado por los más ingeniosos de entre nosotros pueda crear, muy por encima de la más complicada estructura que puedan esperar acometer a una las Asambleas organizadas, se halla la inteligencia en lo más íntimo del corazón del creyente del poder regenerador, de la suprema necesidad, de la eficacia indefectible del Mensaje que porta consigo. Os aseguro, queridos amigos, que nada que no sea una convicción inamovible podía en estos días pasados haber ayudado a sortear las más oscuras tormentas de nuestra historia. Nada más puede hoy dar vida a las múltiples actividades en las que se ocupan inmumerables discípulos de la Fe; nada más puede suministrar la fuerza motriz y el poder sostenedor que son esenciales para un triunfo vasto y perdurable. Es el espíritu el que por encima de todo deberíamos resguardar diligentemente, y esmerarnos por fortificar con todo nuestro poder y ejemplificar en todas nuestras empresas.

Movido por un impulso irresistible, me he dirigido a Su Majestad en nombre de los bahá’ís de Oriente y Occidente, una expresión escrita de admiración feliz y de gratitud por el regio homenaje rendido por a la belleza y nobleza de las Enseñanzas bahá’ís. Por otra parte, he trasladado a Su Majestad la seguridad de que su soberbio testimonio producirá efectos de grandes alcances, y que ya ha traído gran solaz a los silenciosos sufridores de aquel país descarriado. En respuesta a este mensaje de aprecio y gratitud ha llegado una respuesta, escrita por Su Majestad, profundamente conmovedora, singularmente expresiva y muy significativa por lo que se atañe al testimonio que aporta. De este regio tributo a un ideal divino cito estas penetrantes palabras:

“En verdad, con el Mensaje de Bahá'u'lláh y ‘Abdu’l-Bahá acudió hacia mí una gran luz. Vino como vienen todos los grandes mensajes en una hora de espantoso dolor y de conflictos y zozobras; así que la semilla caló hondo (…) Hicimos correr el Mensaje de boca en boca y todos aquellos a los que se lo damos ven al punto que una luz se abre ante sí y que mucho de lo que parecía oscuro y confuso se vuelve simple, luminoso y lleno de unas esperanzas nunca conocidas. Que mi carta abierta haya sido un bálsamo para quienes sufren por la Causa decididamente me llena de felicidad, y lo tomo como una señal de que Dios ha aceptado mi modesto tributo (…) Inclinando mi cabeza reconozco asimismo que yo no soy sino un instrumento en Manos más elevadas y en ese conocimiento me complazco (…)”.

Queridos amigos, con sentimientos de honda emoción recordamos las brillantes promesas que tan a menudo fueron vertidas de labios de nuestro fallecido Maestro, y con corazones palpitantes nos alborozamos ante el cumplimiento gradual de Su más preciado deseo.

Y conforme recordamos las circunstancias que llevaron a tan notable avance, nos invade la admiración que sentimos por esa apóstol de Bahá'u'lláh, única y de gran corazón, nuestra muy amada Martha Root, quien, en circunstancias penosas y prácticamente por su sola cuenta, ha preparado el camino para el reconocimiento universal de la Causa de Dios. En su caso hemos sido testigos efectivos de la inconfundible forma como el poder de la fe intrépida, cuando se alía a la sublimidad de carácter, puede lograr, las fuerzas que puede liberar y las alturas a las que puede alzarse.

Ojalá que tan notables revelaciones de la realidad y continuidad del propósito divino, hechas manifiestas de tiempo en tiempo a nosotros Sus débiles hijos sirvan para fortificar nuestra fe en Él, dé abrigo al frío que las desgracias pasajeras dejan tras de sí, y nos llene con esa potencia celestial como sólo ella puede facultarnos a resistir las tormentas y desazones con las que deben encontrarse necesariamente las vidas dedicadas a Su servicio.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina
7 de octubre de 1926.

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso de todo el Occidente

Queridos compañeros de trabajo en la Viña Divina:

Os alegrará y regocijará a cada uno de vosotros saber que desde varios frentes han llegado noticias a Tierra Santa sobre nuevos sucesos que son claro indicio de esas influencias ocultas y transformadoras, influencias que, procedentes del venero de fuerza mística de Bahá'u'lláh, continúan fluyendo con vitalidad siempre en auge hacia el corazón de este mundo agitado.

Tanto en el campo más amplio de sus conquistas espirituales, donde su espíritu indomable avanza veloz, ganando alturas, calando en la multitud; como en la consolidación gradual de la estructura administrativa que sus seguidores declarados de todo el mundo se afanan por alzar y robustecer, la Fe de Bahá'u'lláh –según podemos discernir cada vez mejor– augura convertirse en esa fuerza que, aun no siendo todavía reconocida de todos, nadie puede permitirse desconocer o despreciar.

En los testimonios audaces y reiterados que Su Majestad la reina María de Rumania ha querido dar al mundo –de cuya última manifestación adjunto copia–, reconocemos ciertamente las evidencias del poder irresistible, la vitalidad creciente, el extraño obrar de una Fe destinada a regenerar al mundo. El llamativo tributo que Su Majestad rinde al luminoso poder de las Enseñanzas de Bahá'u'lláh y ‘Abdu’l-Bahá está destinado a efectuar una transformación completa en la actitud de muchos hacia una fe cuyos principios a menudo han malinterpretado y descuidado paladinamente. Servirá como estímulo novedoso para que los ilustrados y cultivados investiguen con ánimo abierto las verdades de su mensaje, la fuente de sus principios revitalizadores.

Santuario de Bagdad

Por otra parte, desde Bagdad, en donde la habitación sagrada de Bahá'u'lláh ha sido violada por un enemigo despiadado y convertida en un centro de reunión de los corruptos, los perversos y los fanáticos, nos llegan noticias muy reconfortantes para todos nosotros del progreso satisfactorio de las negociaciones que, según se nos informa por fuentes acreditadas pronto llevarán a la expropiación de la propiedad a cargo del Estado, lo que a su vez habrá de culminar en la plenitud del tiempo en la ocupación de ésta por los seguidores triunfantes de la santa Fe de Dios. El expediente de las casas, tan hábilmente presentado, tan persistentemente promovido y, sobre todo, reforzado por el poder vigilante y protector de nuestro fallecido Maestro, acabará al fin en triunfo, y por sus repercusiones en Persia así como en el conjunto del mundo, dará un gran empuje a la liberación de esas fuerzas que habrán de llevar a la Causa hacia su destino último. Cuando la ocasión se presente, informaré a los creyentes a través de sus respectivas Asambleas Espirituales Nacionales de que envíen mensajes de aprecio y gratitud a las autoridades pertinentes en vista de sus esfuerzos ininterrumpidos por el triunfo del derecho y de la justicia.

Por ahora, no podemos por menos de alborozarnos y sentirnos hondamente agradecidos al ver desde tantos flancos los signos bienvenidos que muestran la emancipación gradual de la esforzada Fe de Bahá'u'lláh, el mayor reconocimiento que humildes y exaltados otorgan a sus principios universales, tan plenos de promesas sobre victorias últimas.

Vuestro hermano verdadero:
SHOGHI
29 DE OCTUBRE DE 1926.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de Estados Unidos y Canadá

Muy queridos compañeros de trabajo:

En dos ocasiones recientes he expresado el hondo sentir de confianza inspirada y alegre gratitud que los últimos acontecimientos ocurridos en la Causa –muestras evidentes de la constante evolución de una Fe viva– debe evocar necesariamente en el corazón de todo creyente reflexivo y observador. Según contemplo las fecundas posibilidades que entrañaría el manejo atento de las fuerzas que el poderoso brazo de Bahá'u'lláh ha liberado, no puedo por menos de reparar en el papel preponderante con que los creyentes norteamericanos, residentes o desplazados a tierras distantes, han contribuido al rejuvenecimiento de la Causa de Dios, así como en la parte decisiva que les toca desempeñar en su victoria última.

Vuestras cartas del 17 de junio, 11 de julio, 20 de julio, 3 de agosto y 16 de octubre de 1926, todas las cuales me fueron remitidas durante mis días de descanso y retiro, han demostrado ser para mí otra fuente de agradecimiento, alegría y refuerzo. Por su espíritu, así como por la naturaleza y variedad de sus contenidos, revelan claramente la devoción sostenida, la confianza invariable y el mayor vigor y eficacia con que acometéis, coordináis y consolidáis las múltiples actividades de la Causa en Norteamérica.

Secretaría Internacional

La amplitud y carácter de los problemas a que os enfrentáis, según revela la lectura atenta de vuestras actas, el aumento regular del número y eficacia de los centros que funcionan vigorosamente en Europa Central y del Norte, y el significado y complejidad crecientes del trabajo que debe dirigirse necesariamente desde Tierra Santa, han servido para reforzar la sensación de que es absolutamente necesario establecer en Haifa cierta forma de Secretaría Internacional bahá’í, la cual tanto en sus funciones ejecutivas como consultivas, habrá de ayudarme en mis vastas y exigentes tareas. Durante los pasados meses he estado sopesando este asunto importante en todas sus facetas, y en consecuencia he solicitado a tres representantes bien informados y capaces de Norteamérica, Europa y el Oriente que visiten Tierra Santa este otoño a fin de que podamos sentar las bases de esta institución tan vitalmente necesaria. Consultaremos y decidiremos juntos, no sólo sobre las medidas que deban tomarse puntualmente para colmar las demandas apremiantes del momento, sino también sobre asuntos más amplios que por un lado habrán de reforzar los vínculos que unen al Centro Internacional de la Causa con el mundo en general, y por otro lado dispondrán los pasos preliminares que a su hora han de llevar al establecimiento en regla de la Primera Casa Internacional de Justicia.

Es mi más sincera esperanza que este intercambio de pensamiento y colaboración estrecha en los trabajos que de ahora en adelante y con vigor han de gestionarse a escala internacional, me permitirá participar con más detalle y efectividad en las labores de los varios departamentos administrativos de vuestra Asamblea, y en esa medida reforzar los espléndidos esfuerzos que estáis realizando para la extensión de su influencia y la ampliación de sus horizontes.

Plan de Acción Integrada

Por el informe de la Tesorería Nacional, en el que se registra el progreso de las aportaciones de los creyentes norteamericanos en apoyo del Plan de Acción Integrada, hasta el 30 de junio de 1926, deduzco que el resultado no ha superado en modo alguno nuestras expectativas, antes bien ha caído significativamente por debajo de lo que yo esperaba confiadamente que iba a conseguir. Sinceramente remuevo mi llamamiento y apelo a vosotros, y por intermedio vuestro a todo verdadero creyente y amante fiel de ‘Abdu’l-Bahá, a que os hagáis cargo, mientras todavía es tiempo, de las enormes posibilidades que encierra la situación presente. Estoy firmemente convencido de que este Plan combina, encarna y coadyuva al doble fin de la Administración bahá’í actual de los Estados Unidos y Canadá, a saber: la promoción del trabajo de enseñanza, vitalmente necesario, y la atención a la conclusión gradual del Mashriqu’l-Adhkár, deseos los dos tan caros y cercanos al corazón del amado Maestro. Es el único instrumento efectivo, hacedero y práctico colocado en nuestras manos para la pronta consecución de nuestros fines. Mucho de lo que es vital para el futuro bienestar, la efectividad y el buen nombre de nuestra amada Causa depende –os lo aseguro– del éxito o fracaso de esta empresa noblemente concebida, digna y sensata. Los ojos de los bahá’ís y de muchos simpatizantes de todo el mundo están vueltos hacia vosotros, deseosos de reforzar vuestros logros en este terreno, esperanzados por atestiguar el nivel de triunfos que sois capaces de cosechar.

Conferencias por la Unidad Mundial

En relación a la serie de Conferencias por la Unidad Mundial que habéis iniciado y que habéis organizado tan laboriosamente, creo que a fin de extraer la mayor ventaja y beneficio de esfuerzo tan laudable, es absolutamente esencial satisfacer, con la ayuda de maestros esclarecidos, avezados y competentes, el interés que se consiga despertar. Tal grupo de maestros debería seleccionar a unos pocos de entre las personas interesadas, y procurar con paciencia y simpatía y el trato personal íntimo, prepararlos para la aceptación completa y sin reservas de los principios fundamentales de la Revelación Bahá’í. Si los resultados son modestos, si la asistencia es pequeña, no desesperemos ni rebajemos nuestro empeño. Recordemos que este acertado método a la postre ha de triunfar, baste que lo respaldemos siempre y perseveremos con esos pasos ulteriores, los únicos que pueden arrojar un beneficio completo y permanente.

Llamamiento al Shah de Persia

Ya he expresado mi agradecido aprecio por las medidas sabias y prontas que habéis tomado en nombre de los oprimidos y ultrajados hermanos de Persia. La noble apelación que os habéis sentido movidos a elevar a Su Majestad el Shah, tan esclarecedora, tan cortés, tan rotunda, así como la amplia gama de publicidad que habéis emprendido, han resultado en verdad providenciales, e indudablemente aportarán solaz e inspiración a cuantos padecen el yugo de un enemigo odioso e inveterado. He hecho que vuestra apelación sea traducida al persa para enviarla a todos los Centros del Oriente entero para que quienes sufren en Persia sepan de vuestra audaz y valiente intervención y atestigüen los signos de su prometida redención, la cual según lo previsto por ‘Abdu’l-Bahá, debe manifestarse mediante los esfuerzos de sus hermanos de esa República amante de la libertad que es la gran República del Occidente.

Es triste y penoso pensar que, a pesar de los repetidos llamamientos dirigidos a las autoridades competentes, y tan contundentemente reforzados por la actuación espontánea de algunos de los Gobiernos principales de Occidente, Persia, todavía remisa e inconsciente de las fuerzas espirituales en juego, continúe tratando con indiferencia y desprecio a los súbditos de su reino más leales, inocentes y respetuosos con la ley. La inestabilidad crónica de sus asuntos, los vuelcos de sus facciones y turbias personalidades que minan su vitalidad y empañan su nombre, la depresión aguda y extendida que ahora prevalece, y el grave descontento de las masas del pueblo, todo ello tiende a agravar la situación ya de por sí amenazante que pende sobre sus castigados hijos. ¿Qué otra cosa podemos hacer más que rezar fervientemente porque la fuerza todopoderosa de Bahá'u'lláh triunfe pronto sobre estas pequeñas guerras, esta tiranía secular y convierta, según lo profetizado, a esta Su tierra natal en “el más honorable de todos los gobiernos, el orgullo, la admiración y la envidia de los pueblos del mundo”.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
31 de octubre de 1926.

A los amados del Señor a las siervas del Misericordioso residentes en los Estados Unidos y Canadá.

Muy queridos amigos:

El curso de varios acontecimientos, registrados fuera y dentro del mundo bahá’í, así como la lectura detenida del cumplido y esclarecedor informe recientemente presentado por el Comité de la Asamblea Espiritual Nacional Persa responsable de la Escuela Tarbíyat de Teherán, han servido para reforzar gradualmente la idea sobre lo deseable que sería establecer en la capital de dicho país a uno o dos creyentes norteamericanos que, por disponer de medios, libertad y capacidad, sepan colmar debidamente los apremiantes requisitos de un puesto de responsabilidad. A juzgar por su informe, aunque confusa e incierta, la situación en Teherán está cargada de fértiles posibilidades para el futuro de la Causa, tanto por lo que se refiere a la suerte de Persia, como por lo que respecta a su influjo en el desarrollo internacional de la Causa.

Maestros norteamericanos en Teherán

Tal como la veo, la situación precisa los esfuerzos devotos de uno o dos trabajadores capaces, que desembarazados y con medios propios, puedan proseguir durante un período dilatado, de forma tenaz, callada y prudente, la labor de promover la Causa de la educación bahá’í, tanto para muchachos como para muchachas, en la muy fluctuante capital de un país prometedor. Su deber primordial sería el de ampliar los alcances y realzar el prestigio de estas dos instituciones educativas gemelas, y acometer con métodos válidos y meditados medidas que consoliden la labor ya ganada. Sería muy gratificante que además pudieran coadyuvar, mediante el contacto estrecho con las Asambleas Espirituales Nacionales de Persia y Norteamérica, a robustecer los vínculos vitales que unen espiritualmente a la cuna de la Fe Bahá’í con la gran República Norteamericana, portaestandarte primerísima de la Causa en el Occidente. Tales esfuerzos facilitarán en grado sumo la colaboración entre los dos países, cuyo destino común es proporcionar, cada uno según su peculiar modo, los elementos esenciales que dan cimiento al orden mundial inaugurado por Bahá'u'lláh.

La expansión gradual en Teherán de centros educativos extranjeros así como de escuelas subsidiadas oficialmente, la ausencia prolongada de maestros competentes y de organizadores que reaviven la influencia en declive de una institución educativa bahá’í de renombre, y la actitud crítica y vigilante que la influencia creciente de la Causa ha inducido en sus enemigos malignos y envidiosos, son asuntos que preocupan ahora gravemente a los representantes elegidos de nuestros sufridos hermanos y hermanas de Persia. Por consiguiente, quisiera solicitar a quienes sientan el apremio y posean los medios para emprender esta tarea, que se pongan en contacto con la Asamblea Espiritual Nacional, la cual, tras madura deliberación, seleccionará a una o dos personas que, a su juicio, mejor puedan prestar este servicio y decidirá sobre el tiempo y la manera en que mejor convendrá ejecutarlo. Quisiera encarecer vivamente a los amigos a que consulten sinceramente con esa sierva devota, experimentada e incansable, la Dra. Moody, cuyos servicios pasados han ennoblecido el historial de colaboración entre Oriente y Occidente en pro de la Causa de Bahá'u'lláh. Reportará una gran satisfacción e inmensa ayuda el que nuestra amada hermana viera posible y conveniente acompañar a personas tan cuidadosamente escogidas en su viaje a Teherán, y que, por su experiencia inigualada y su amabilidad pudiera ayudar personalmente al cumplimiento de esta necesidad apremiante.

Quienquiera que se adentre en este campo encontrará, según vaya acomodándose a su puesto, que el entorno es extremadamente descorazonador, que las restricciones son opresivas, que faltan cauces para la vida social y que las fuerzas de la oposición se muestran resueltas y organizadas. Pero sepa también que, por muy tedioso y exigente que resulte el intento, por muy precaria y desagradecida que sea la tarea, los servicios pioneros que es su privilegio singular ofrecer en esta tensa hora pervivirán siempre en los anales de la Fe viviente de Dios, y se demostrarán toda una fuente de inspiración para el sinfín de trabajadores que, en tiempos más felices y con mejores medios a su alcance, habrán de consumar la regeneración y rehabilitación material de la tierra nativa de Bahá'u'lláh.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
14 de noviembre de 1926.

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso de todo el Occidente

Muy queridos hermanos y hermanas en ‘Abdu’l-Bahá:

El curso seguido últimamente por varios acontecimientos que afectan directa e indirectamente a los intereses de la Causa bahá’í ha puesto de relieve el carácter y significado de una Fe destinada a regenerar el mundo.

Fallo del tribunal egipcio

De todos los asuntos diversos que hoy tienden a consolidar y extender gradualmente los lazos de la Revelación de Bahá'u'lláh, la decisión del tribunal religioso de Egipto con relación a los bahá’ís bajo su jurisdicción se presenta, por su reto, naturaleza y consecuencias que empareja como uno de los más acuciantes, asombrosos y desconcertantes. Ya he aludido en mi carta del 10 de enero de 1926, dirigida a la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá al sello particular de este veredicto histórico, el cual tras maduras deliberaciones ha obtenido el refrendo de las más altas autoridades eclesiásticas de Egipto, seguido de lo cual ha sido publicado y consta como definitivo y de obligado cumplimiento. En mi última referencia a este pronunciamiento subrayé el aspecto negativo del documento, el cual condena con lenguaje enfático e inequívoco a los seguidores de Bahá'u'lláh como creyentes heréticos, molestos y perniciosos para el Islam e incompatibles por su credo con la doctrina y práctica de sus seguidores ortodoxos.

La Causa Bahá’í, reconocida como religión independiente

Sin embargo, un estudio más detenido del texto de la decisión revelará el hecho de que junto con esta dura denuncia se da una afirmación positiva de la verdad que los enemigos declarados de la Fe Bahá’í de otros países musulmanes han procurado diligentemente pasar por alto o han intentado maliciosamente desconfirmar. No contentos con el repudio cruel e injustificable de estas supuestamente amenazadoras doctrinas heréticas de los seguidores de la Fe Bahá’í, han procedido formalmente a declarar en el texto de la propia decisión su creencia de que la Fe Bahá’í es una “nueva religión”, “enteramente independiente” y que, en razón de la magnitud de sus títulos y el carácter de sus “leyes, principios y creencias” merece ser reconocida como uno de los sistemas religiosos establecidos del mundo. Tras citar varios pasajes juiciosamente espigados de entre cierto número de Libros sagrados bahá’ís como prueba de su espléndido testimonio, pasan a deducir en una notable declaración que de ahora en adelante deberá considerarse imposible para los seguidores de dicha Fe el ser designados como musulmanes, del mismo modo que sería incorrecto llamar cristiano o judío al musulmán.

No cabe negar que en el curso del inevitable desencadenamiento de consecuencias los residentes bahá’ís de Egipto, que originalmente pertenecían a la Fe musulmana, se han de ver colocados en una posición harto humillante y embarazosa. Sin embargo, no pueden por menos de regocijarse sabiendo que mientras que en varios países musulmanes y sobre todo en Persia la mayoría abrumadora de los dirigentes del Islam se oponen férreamente a cualquier forma de declaración que facilite el reconocimiento universal de la Causa, los adalides autorizados de sus correligionarios de una de las avanzadas comunidades del mundo islámico han hecho público ante el mundo, y por propia iniciativa, un documento que con justicia puede tomarse por el primer capítulo de la libertad que ha de emancipar a la Fe Bahá’í de las cadenas del Islam ortodoxo. A fin de garantizar la ruptura completa de las relaciones bahá’ís con los tribunales musulmanes sientan en términos inconfundibles la condición de que bajo ninguna circunstancia sea admitido el matrimonio de los bahá’ís a los que se haya requerido que se divorcien de sus esposas musulmanas hasta tanto no hayan renegado formalmente de su fe declarando que el Corán es el “último” libro de Dios revelado al hombre, que ninguna ley puede abrogar la Ley del Profeta, que ninguna Fe puede suceder a Su Fe, y que ninguna revelación puede reclamar ser el cumplimiento de Su Revelación.

Invariables en su creencia en la estación Divina del Autor del Corán y profundamente convencidos de la necesidad e influencia mundial de Su misión Divina, los bahá’ís de todos los países permanecen impávidos e inmutables ante la firme condena pronunciada contra sus hermanos de Egipto. A decir verdad, junto con sus compañeros de todos los países musulmanes, extienden su bienvenida con alegría y orgullo a toda oportunidad que adelante la emancipación y permita presentar bajo una luz más verdadera la sublime misión de Bahá'u'lláh.

Ante declaración tan franca y provocativa, los bahá’ís del Occidente no pueden sino sentir la mayor simpatía por sus hermanos egipcios, quienes, por el bien de nuestra amada Causa y de su liberación, han tenido que hacer frente a las sevicias y vejaciones que necesariamente conlleva el corte de lazos antiguos. Sin embargo, ciertamente han de esperar de todo creyente firme y leal que resida en aquel país que se abstenga, en vista de la grave amenaza expresamente afirmada por nuestros opositores de cualquier práctica que a los ojos de un enemigo crítico y vigilante suponga en cualquiera de sus formas un repudio de las verdades fundamentales del pueblo de Bahá. Sin duda, cuando el momento sea propicio, se presentarán con corazones deseosos a ofrecer cualquier apoyo practicable a sus compañeros de faena, quienes, con corazón firme y lealtad irreprochable continuarán alzando la bandera de la esforzada Fe de Dios. No dejarán de acudir al rescate de quienes con confianza alegre padezcan hasta el fin vicisitudes tales como las que este Nuevo Día de Dios, ahora en sus dolores de parto, debe sufrir y superar.

Predicción de ataques a escala mundial

No podemos creer que al paso en que el Movimiento crece en fuerza, autoridad e influencia, vayan a decrecer o disiparse en igual medida las perplejidades y sufrimientos con las que ha debido verse en el pasado. Antes bien, al ir de más a más, los defensores fanáticos de los bastiones de la ortodoxia, cualquiera que sea su denominación, sabedores de la penetrante influencia de esta Fe en auge, se alzarán y agotarán todo su nervio en extinguir su luz y desacreditar su nombre. ¿Pues no lanzó nuestro amado ‘Abdu’l-Bahá Su vibrante profecía desde los muros de la prisión de la ciudadela de ‘Akká, con palabras tan significativas en su anuncio de una revuelta mundial, y tan cargadas de promesas respecto de la victoria final?

"¡Cuán grande, cuán inmensamente grande es la Causa! ¡Cuán fiero el asalto de todos los pueblos y linajes de la tierra! Antes de mucho se escuchará, desde lejos y de cerca, el clamor de las multitudes de todo el África y de toda América, el grito del europeo y del turco, los gemidos de la India y de la China. Uno y todos se levantarán con todo su poder para resistir Su Causa. Entonces los caballeros del Señor, confirmados con su gracia proveniente de lo alto, fortalecidos por la fe, asistidos por el poder de la comprensión y reforzados por las legiones del convenio se alzarán y manifestarán la verdad del versículo '¡Observad la confusión que se ha apoderado de las tribus de los derrotados!'"

Queridos amigos, sobre nosotros recae la obligación suprema de permanecer a Su lado, de librar Sus batallas y de ganar Su victoria. Ojalá que nos demostremos dignos de Su confianza.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
12 de febrero de 1927.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá

Queridos y preciados compañeros de trabajo en la Viña de Dios:

Las comunicaciones que me ha dirigido vuestro infatigable y distinguido secretario, de fecha 28 de octubre, 8, 11 y 18 de noviembre, 4 y 16 de diciembre y 27 de enero, han sido recibidas, debidamente leídas y tomadas en cuenta junto con sus anexos. No puedo por menos de admirar el espíritu de determinación fija y de colaboración armoniosa con que estáis dirigiendo las actividades crecientes de la Causa en una tierra sobre la que nuestro Amado prodigó Sus más fecundas bendiciones, y por cuyas potencialidades espirituales abrigó tan altas esperanzas. El vigoroso empeño que ponéis en consolidar las fuerzas que el Todopoderoso ha puesto en vuestras manos; la ingeniosidad que desplegáis en las medidas con que procuráis el acrecentamiento de la Causa; la magnífica respuesta con que habéis atendido a la lastimera llamada de vuestros sufridos hermanos del Oriente; todo ello os proclama condignos de los impares esfuerzos que, en vuestra tierra más que en ninguna otra, realizó ‘Abdu’l-Bahá por difundir la revelación de Bahá'u'lláh.

Método doble de enseñanza

En relación con las Conferencias de Unidad Mundial que habéis organizado, deseo transmitiros mi sentido aprecio por tan espléndido concepto. Me siento profundamente impresionado por la ayuda generosa que de forma espontánea ha sido ofrecida por quienes, fieles a sus demás obligaciones, se han alzado a asegurar el éxito financiero de tan noble Plan. Quedo agradecido a esas Asambleas locales y personas que le han prestado su entregado apoyo en sus respectivos campos.

En cuanto al criterio rector que debería adoptarse en relación a estas Conferencias y a otras actividades bahá’ís en general, parece cada vez más evidente que según el Movimiento se fortalece las Asambleas Espirituales Nacionales deberían recurrir, si las circunstancias lo permiten y los medios a su disposición lo justifican, al doble método de ganar directa o indirectamente la aceptación sin reservas de la Fe Bahá’í por parte del público esclarecido. El primer método asumiría un tono abierto, decisivo y desafiante. El otro, sin implicar la menor merma de la estricta lealtad a la Causa de Dios, sería cauto y progresivo. La experiencia ha de revelar cuál de los dos métodos ha de sentar mejor a un temperamento particular o a una determinada clase de personas, e indica que uno u otro deberían intentarse o emplearse de forma juiciosa, habida cuenta de las constantes fluctuaciones de la sociedad.

Es mi sentir que corresponde a los representantes nacionales de los creyentes de cada país utilizar o combinar los dos métodos, el manifiesto así como el gradual, de modo que se asegure el mayor de los beneficios y el más completo adelanto a esta Causa siempre ascendente. Todo creyente curtido y magnánimo está firmemente persuadido de la indefectible eficacia de toda empresa humanitaria que de forma audaz y sin reservas proclame que la fuente de su poder motivador es la conciencia de la Revelación de Bahá'u'lláh. Sin embargo, si recordamos la práctica generalmente adoptada por ‘Abdu’l-Bahá, no podemos dejar de percibir la sabiduría, o mejor, la necesidad de revelar cauta y gradualmente a los ojos de un mundo descreído las implicaciones de una Verdad que, por su propia naturaleza desafiante, es tan difícil de comprender y abrazar.

Fue Él, nuestro amado ‘Abdu’l-Bahá, nuestro verdadero y brillante Ejemplo, quien con paciencia y tacto infinitos, bien en Sus declaraciones públicas o en Su conversación privada, adaptaba la presentación de los elementos fundamentales de la Causa a las capacidades variables y a la receptividad espiritual de Sus oyentes. Nunca dudó, empero, en rasgar el velo y revelar a quienes estaban maduros las desafiantes verdades que establecían en su verdadera luz la relación de esta Suprema Revelación con las Dispensaciones del pasado. Sin temor ni reparos cuando sean incitados a afirmar en su totalidad la impresionante vindicación de Bahá'u'lláh, los bahá’ís, trabajen o no por separado o como parte de una comunidad organizada, están seguros de que frente a la apatía, el materialismo craso, y la superficialidad de la sociedad actual, un gradual hacer ver la magnitud de tal vindicación ha de constituir el medio más efectivo de alcanzar el fin tan grandemente deseado aun por los más recios y celosos abogados de la Fe.

Plenamente conscientes de las repetidas afirmaciones de ‘Abdu’l-Bahá en el sentido de que la universalidad es de Dios, los bahá’ís de todos los países están listos, o más bien ansiosos de trabar lazos, de palabra u obra, con cualquier asociación de hombres que, tras un examen cuidadoso, les convenza de no albergar tintes partidistas o políticos y de estar plenamente dedicada a los intereses de toda la humanidad. En su colaboración con tales asociaciones les extenderán cualquier apoyo moral y material que puedan permitirse, una vez que hayan cumplido su parte de apoyo a las instituciones que afectan directamente a los intereses de la Causa. Deberían tener presente, no obstante, el propósito dominante de tal colaboración, que es el de asegurar a su tiempo el reconocimiento de aquellos con quienes se asocian de la necesidad imperiosa y del significado en este día de la Revelación Bahá’í.

Conforme el Movimiento extiende los límites de su influencia y se multiplican sus oportunidades de lograr mayor reconocimiento, debería hacerse mayor hincapié en el doble carácter de las obligaciones impuestas a los representantes de las Asambleas Nacionales. Si bien éstos deberían ocuparse sobre todo de su tarea principal, la cual consiste primariamente en la formación y consolidación de las instituciones administrativas bahá’ís, deberían procurar participar, dentro de límites reconocidos, en el trabajo de instituciones que aunque desconozcan los títulos de la Causa bahá’í se sientan impulsados por un deseo sincero de promover el espíritu que anima la Fe. Al acometer la tarea mayor, su función es la de preservar la identidad de la Causa y la pureza de la misión de Bahá'u'lláh. En su tarea menor su propósito debería ser el de imbuir de espíritu de fuerza y poder a los movimientos que en lo límites de su campo se esfuerzan por conseguir lo que es tan querido y cercano al corazón de todo verdadero bahá’í. A veces, podrá resultar recomendable y útil como complemento de su trabajo el que los bahá’ís emprendan alguna empresa, que no se designe específicamente bahá’í, siempre que hayan comprobado que ella constituirá la mejor manera de acercarse a aquellos cuyas mentes y corazones todavía no están preparados para la aceptación plena de la vindicación de Bahá'u'lláh. Estas dos obligaciones, las cuales recaen sobre las comunidades organizadas bahá’ís, lejos de neutralizar mutuamente sus efectos, deberían ser vistas como complementarias y cumplir, cada una a su manera, una función vital y necesaria.

Cumple a los representantes nacionales de la Causa bahá’í observar las condiciones bajo las cuales laboran, estimar las fuerzas que actúan en su entorno, sopesar cuidadosamente y en oración los méritos de cada procedimiento, y formar un juicio correcto en cuanto al grado de énfasis que debería darse a cada vertiente del doble método. Entonces, y sólo entonces, estarán facultados para proteger y estimular, por un lado, el crecimiento independiente de la Fe Bahá’í y, por otro lado, para reivindicar los títulos de sus principios universales a los dubitativos y descreídos.

Ya he considerado estos asuntos delicados y complejos con los representantes bahá’í a quienes solicité que se reunieran conmigo en Tierra Santa con la esperanza de llegar a la mejor solución para los problemas intrincados y apremiantes que afronta la Causa bahá’í en su desarrollo. He pedido a nuestro querido hermano Sr. Mountfort Mills, cuyos servicios a la Causa sólo las generaciones venideras podrán valorar, que os familiarice con éstas y otras consideraciones, cuya delicadeza y alcances sólo una exposición verbal puede revelar cumplidamente. Él será quien os informe cabal y autoritativamente sobre los criterios que rijan la dirección de Star of the West, el carácter y amplitud de la Bibliografía bahá’í que habrá de insertarse en la próxima edición del Anuario Bahá’í, la situación actual de la Casa de Bahá'u'lláh en Bagdad, las esperanzas y deseos que abrigo por el éxito del Plan de Acción Integrada, y las consecuencias y posibilidades que entraña la decisión del Tribunal religioso de Egipto en el caso de los bahá’ís musulmanes de aquel país.

El espléndido historial de actuaciones realizadas por los representantes locales y nacionales de los bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá, reflejados en la colección de recortes de periódicos que hace poco me habéis enviado, será remitido a la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de Persia. Les pediré que lo pasen de mano en mano, para que el grueso de los sufridores de aquel país descarriado extraigan la fuerza y el solaz que la lectura de tan noble hoja de servicios está destinada a engendrar.

En cuanto a la campaña de publicidad últimamente emprendida, con vuestro consentimiento y supervisión general, por un grupo de amigos devotos, deseo expresar mi más sincera esperanza de que se vea pródigamente bendecida por nuestro Amado y que arroje fruto abundante. Me complace saber que quienes han concebido tan exhaustivo plan y lo han respaldado tan generosamente con todos los medios a su alcance se han abstenido de toda actuación que hubiera impuesto una nueva carga sobre las que ya tiene contraídas el Presupuesto. Confío vivamente en que quienes han asumido la financiación de este proyecto con generosidad tan espontánea hayan cumplido sus sagradas obligaciones en relación al Plan, y que no permitirán que ningún compromiso que hayan realizado en pro de la publicidad interfiera con sus contribuciones regulares al Fondo Nacional, cuya importancia inigualable ya ha sido puesta de relieve.

Espíritu emprendedor

Es el deber y privilegio de las Asambleas locales y nacionales, si ven que los requisitos apremiantes de sus presupuestos locales o nacionales quedan satisfechos adecuadamente, animar a los creyentes y grupos a emprender y dirigir, con su conocimiento y consentimiento, cualquier empeño que sirva al realce del trabajo que se hayan propuesto llevar a cabo. No contentos con dirigir llamamientos a todos y a cada uno de los creyentes a que ofrezcan sugerencias constructivas o planes que remedien los agravios presentes, deberían estimular, por todos los medios a su alcance, el espíritu emprendedor entre los creyentes con las miras puestas en adelantar la enseñanza y el trabajo administrativo de la Causa. Deberían esforzarse mediante contactos personales y llamamientos escritos, a fin de imbuir al cuerpo de los fieles de un hondo sentido de responsabilidad personal, e instar a todo creyente, humilde o exaltado, pobre o rico, a concebir, formular y ejecutar cuantas medidas y proyectos contribuyan, a juicio de sus representantes, a dar fuerza y buen nombre a esta Causa sagrada.

En mis horas de oración ante los Santuarios sagrados, suplicaré que la luz de la Guía Divina ilumine vuestro camino y os capacite para usar, de la manera más efectiva, ese espíritu de empresa personal que, una vez, alumbrado en los pechos de todos y cada uno de los creyentes y dirigido por la disciplina de la majestuosa Ley de Bahá'u'lláh, que nos es impuesta, llevará nuestra amada Causa a lograr su glorioso destino.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
20 de febrero de 1927.

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá

Muy queridos amigos:

Vuestra últimas comunicaciones de fecha 17 de febrero, 2, 17 y 21 de marzo, han sido recibidas. Leerlas ha servido para acrecer mi admiración ante el inquebrantable tesón que caracteriza los esfuerzos concertados que estáis realizando en aras de la difusión y consolidación de la Fe Bahá’í.

Amistad interracial

También he recibido y leído con el más vivo interés y aprecio la copia de ese espléndido documento formulado por el Comité Nacional de amistad interracial y dirigido a todas las Asambleas Espirituales de los Estados Unidos y Canadá. El conmovedor llamamiento, de concepción tan admirable, de lenguaje tan sobrio y razonable, ha tocado una fibra sensible de mi corazón. Enviado en un momento más que oportuno en la evolución de nuestra sagrada Fe, ha servido como un potente recordatorio de esos temas desafiantes que de forma singular todavía afrontan los creyentes norteamericanos.

Dado que este problema, en el inevitable curso de los acontecimientos, ha de agudizarse y cobrar mayor complejidad, y que el número de fieles de las dos razas ha de multiplicarse, se hará cada vez tanto más evidente que el futuro crecimiento y prestigio de la Causa está destinado a verse influido en grado muy considerable por el modo en que los seguidores de la Fe Bahá’í defiendan, primero entre ellos y luego en el trato con sus congéneres, esos altos ideales de amistad interracial tan ampliamente proclamados y tan fieramente ejemplificados ante el pueblo norteamericano por nuestro Maestro ‘Abdu’l-Bahá.

Con todo el apremio y urgencia que este agobiante problema requiere apelo a todo defensor consciente de los principios universales de Bahá'u'lláh a que se enfrente a esta situación extremadamente delicada con la audacia, la decisión y la sabiduría que demanda. No puedo creer que aquellos cuyos corazones han sido tocados por la influencia regeneradora de la Fe creativa de Dios en Su día encuentren difícil depurar sus almas de todo resquicio de animosidad racial, hecho tan subversivo de la Fe que profesa. ¿Cómo pueden los corazones que palpitan con el amor de Dios dejar de responder a todas las implicaciones de esta suprema intimación de Bahá'u'lláh, cuya aceptación sin reservas, en las circunstancias imperantes en Norteamérica, constituye el sello de un verdadero carácter bahá’í?

Que todo creyente, deseoso de atestiguar el pronto y saludable progreso de la Causa de Dios, comprenda la doble naturaleza de esta tarea. Vuelva primero sus ojos hacia dentro, hurgue en su propio corazón y cerciórese de que en el trato con sus congéneres, sin acepción de color o clase, se muestra cada vez más leal al espíritu de su amada Fe. Reafirmado y contento sabiendo que se desvive en sus esfuerzos conscientes por acercarse cada día más a la exaltada estación a la que su generoso Maestro le emplaza, encamínese a su segunda tarea, y con vigor y confianza acordes con el quehacer, láncese al asalto de esas mismas fuerzas que ha conseguido subyugar en su propio corazón. Muy sabedor de la eficacia indefectible del poder de Bahá'u'lláh, y armado con las armas esenciales de la sabia contención y del tesón inflexible, libre una lucha permanente contra las tendencias heredadas, los instintos corruptos, las modas fluctuantes, las falsas pretensiones de la sociedad en la que vive y se mueve.

Que no se contenten, en el trato mutuo con sus correligionarios, con el mero intercambio de frías y hueras formalidades a menudo unidas a la organización de banquetes, recepciones, asambleas consultivas y salones de conferencias. Antes bien, álcense, como copartícipes de los beneficios espirituales conferidos sobre ellos por Bahá'u'lláh, y que con la ayuda y consejos de sus representantes locales y nacionales complementen esas funciones oficiales con las oportunidades que sólo el trato estrecho e íntimo puede proporcionar. En sus casas, en sus horas de asueto y diversión, en el contacto diario de las transacciones comerciales, en la compañía de sus hijos, ya sea en las aulas, los patios de recreo, en definitiva, en todas las circunstancias posibles, por muy insignificantes que parezcan, la comunidad de los seguidores de Bahá'u'lláh deberían asegurarse de que a los ojos del mundo en general y a la vista de su vigilante Maestro son testigos vivientes de las verdades que Él atesoró y de las que fue adalid incansable hasta el mismo fin de Sus días. Si cejamos en nuestro cometido, si vacilamos en nuestra fe, si descuidamos las diversas oportunidades que de tiempo en tiempo nos son dadas por un generoso Maestro, no sólo faltamos a lo que es nuestra obligación vitalísima y más conspicua, sino que por ello mismo retardamos insensiblemente el flujo de esas energías revitalizadoras como sólo ellas pueden garantizar el desarrollo rápido y vigoroso de la esforzada Fe de Dios.

En particular, quisiera dirigiros mi llamamiento a vosotros, en vuestra calidad de Fiduciarios de la Fe sagrada de Dios, a que reafirméis de palabra y obra el espíritu y carácter de las admoniciones insistentes de ‘Abdu’l-Bahá, tan solemne y explícitamente expresadas en el curso de Sus viajes por vuestras tierras, una encomienda que es función y privilegio vuestro preservar y robustecer.

Ojalá que las variadas oportunidades que ofrece la reunión de los amigos, que se celebrará este verano en Green Acre –lugar tan admirablemente ajustado a la realización de tan noble ideal– sea aprovechada plenamente para el adelanto de fin tan elevado. Que ello sirva, por un lado, para desterrar de una vez por todas cualquier reparo o desconfianza en cuanto a la actitud que debería caracterizar el proceder de los miembros de la familia bahá’í, y que, por otro lado, sirva para familiarizar al público invitado con ese aspecto de nuestra Fe, que, debido a la presión de las circunstancias, algunos pocos se han sentido inclinados a soslayar o empequeñecer.

Green Acre, terreno de pruebas

Es mi más sincera esperanza y oración que la próxima reunión de Green Acre, cuyo programa exhibe tan juiciosa y cuidadosa hechura, sirva como terreno de pruebas para la aplicación de esos ideales y pautas que son rasgos distintivos de la Revelación de Bahá'u'lláh. Ojalá que los creyentes allí reunidos –ahora un núcleo minúsculo de la Mancomunidad Bahá’í del futuro– ejemplifique el espíritu universal de amor y compañerismo al punto de evocar en las mentes de sus congéneres la visión de esa futura Ciudad de Dios que sólo el brazo todopoderoso de Bahá'u'lláh puede implantar.

No ha de ser a base de imitar los excesos y la laxitud de una edad desmesurada; ni de descuidar gratuitamente las sagradas responsabilidades con las que es su privilegio pechar; ni por el silencioso apaño de los principios tan pródigamente atesorados por ‘Abdu’l-Bahá; ni por el temor a la impopularidad o la alarma ante la censura cabe que despierten a la sociedad de su letargo espiritual y sirvan como modelo a una civilización cuyos cimientos hállanse casi minados por la corrosión del prejuicio. Antes bien, que demuestren a sus compatriotas, por la sublimidad de sus principios, el calor de su amor, la pureza sin tacha de su carácter, y la hondura de su devoción y piedad, la realidad ennoblecedora de un poder que ha de soldar un mundo trastornado.

Podemos demostrarnos dignos de nuestra Causa sólo si en nuestra conducta personal y en la vida social imitamos diligentemente el ejemplo de nuestro amado Maestro, a quien los espantos de la tiranía, las ráfagas de incesantes atropellos ni la más vil humillación desviaron nunca ni un solo palmo de la Ley revelada de Bahá'u'lláh.

Tal es el sendero del servicio, tal es la vía de la santidad que quiso Él hollar hasta el fin de la vida. Nada que no sea una adhesión estricta a Su glorioso ejemplo puede pilotar nuestro curso a salvo de los escollos de una era peligrosa y enderezarnos a cumplir nuestro alto destino.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
12 de abril de 1927

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso de los Estados Unidos y Canadá.

Muy queridos amigos:

Con sentimientos de horror e indignación os comunico el relato de otra tragedia de sangre derramada por un mártir de la Fe sobre el sagrado suelo de Persia. Mientras escribo estas líneas tengo ante mí el informe de la Asamblea Espiritual Local de Ardibil, un pueblo de los confines nororientales de la provincia de Adhirbáyján, no muy distante de los lugares sagrados en que el Báb sufrió Su último confinamiento y martirio. Dirigido a la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de Persia, el informe narra con lenguaje sencillo y conmovedor las circunstancias que han llevado al cobarde crimen cometido en la oscuridad de la noche a instigación del clero fanático, el más mortífero de los enemigos de la Fe en dicha localidad.

Asesinato de un creyente persa

Nuestro hermano martirizado, de nombre Aminu’l-’Ulamá, se había ganado mala fama a los ojos de la población musulmana de Ardibil por la tenacidad de su fe al negarse abiertamente en toda ocasión a abominar y renunciar a sus más entrañables convicciones. En la última parte del Ramadán –el mes relacionado con la oración, las obras piadosas y el ayuno– el hecho de que utilizara los baños públicos (esa antigua institución cuyas dependencias y disfrute por regla general se reserva sólo a los seguidores de la Fe musulmana) sirvió para soliviantar a la muchedumbre y facilitar a un instigador intrigante el pretexto con que poner fin a su vida. Se le sometió a escarnio en la plaza pública y allí se le condenó como apóstata de la Fe del Islam, mereciendo legalmente la pena de muerte inmediata a manos de todo piadoso defensor de la tradición musulmana como consecuencia de haber rechazado briosamente los reiterados llamamientos a profanar el nombre bahá’í.

A pesar de la estrecha vigilancia ejercida por un destacamento de guardias situado en torno a su casa, como respuesta a la intercesión de sus amigos ante las autoridades locales, la mano criminal y traicionera supo adentrarse y, en la noche del 22 del Ramadán, correspondiente al 26 de marzo de 1927, le asaltó de la manera más ruin y atroz. Ocultando en los repliegues de la ropa la desenfundada daga , se acercó a la víctima y alegando querer susurrarle al oído un mensaje confidencial, hundió el arma en sus entrañas hasta la empuñadura, quebrando sus costillas y mutilando el cuerpo. Todo intento de procurarle auxilios médicos se frustraron, a lo que parece debido a las maquinaciones urdidas por los socios de este despiadado criminal. A las pocas horas de dolorosa agonía la desdichada víctima entregaba el alma a su Amado. Sus amigos y correligionarios, alarmados ante la perspectiva de un rebrote violento que inevitablemente estallaría en caso de dar a sus restos los honores de un digno entierro, decidieron sepultar el cuerpo en una de las dos habitaciones que le sirvieron de morada, queriendo con ello apaciguar la furia de un enemigo implacable.

Tras él deja en desesperada pobreza una familia de pequeñuelos sin más apoyo que el de su madre, embarazada, y sin esperanzas de auxilio por parte de sus familiares no bahá’ís, en cuya estima sólo merecen ser tratados con el más vil desprecio.

Del informe citado se deduce que el despiadado atacante ha sido arrestado, a la espera, sin embargo de ser liberado tarde o temprano, como ha sido el caso en similares incidentes ocurridos en el Sur de Persia, merced a la presión de los sobornos o a la intimidación diligentemente ejercida por un enemigo impenitente.

¡Muy queridos amigos! Cualquier medida de publicidad que los esfuerzos concertados de las Asambleas Espirituales Locales de Occidente, a quienes la Providencia todopoderosa ha conferido los beneficios inestimables de la tolerancia y la libertad, puedan conceder a esta última manifestación de barbarie desenfrenada ocurrida en Persia será de lo más oportuno y valioso. En efecto, estoy seguro de que conferirá solaz permanente a los desconsolados sufridores que con heroísmo sublime continúan defendiendo las tradiciones de nuestra amada Fe. Nuestra sola arma reposa en los esfuerzos que en espíritu de oración emprenden con inteligencia y persistencia, a fin de despertar por todos los medios a su disposición, la conciencia de una humanidad desatenta, y a fin de dirigir la atención de los hombres de visión y autoridad a los actos increíblemente odiosos que por su ferocidad y frecuencia no pueden constituir a los ojos del observador ecuánime sino el más grave reto a todo lo que es sagrado y precioso en nuestra civilización actual.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
27 de abril de 1927

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de los Estados Unidos y Canadá:

Muy queridos compañeros de trabajo:

Vuestras comunicaciones del 15 de abril, 6 y 9 de mayo han sido recibidas y cuidadosamente leídas junto con sus anexos.

Declaración de Fideicomiso y Estatutos

La Declaración de Fideicomiso, cuyas disposiciones habéis concebido tan espléndidamente, y formulado con tanto asiduo esmero, marca otro hito en la vía de progreso por la que estáis avanzando paciente y decididamente. Redactada de forma clara y concisa, razonable en sus principios y completa en su afirmación de los elementos fundamentales de la administración bahá’í, constituye en su forma final una exposición fiel de la base constitucional de las comunidades bahá’ís de las comunidades bahá’ís de todo país, augurio del surgimiento final de la Mancomunidad bahá’í del futuro. En correlación y combinación con el conjunto de los estatutos que confío que pronto habrán de llegar, servirá de pauta a toda Asamblea Nacional Bahá’í, sea de Oriente u Occidente, que aspire a moldearse, mientras no esté formada la Primera Casa Universal de Justicia, según el espíritu y letra del orden mundial inaugurado por Bahá'u'lláh.

Espero ansiosamente a recibir el conjunto completo de los estatutos previstos, cuyo fin es el de complementar las disposiciones, clarificar el cometido y explicar con mayor pormenor el principio operativo que subyace a la Declaración. Tras dedicarle en persona una detenida consideración, os lo remitiré para que lo enviéis a las Asambleas Locales, las cuales a su vez se afanarán por asegurar que sea ratificado por el cuerpo de los creyentes reconocidos de todos los Estados Unidos y Canadá. Quisiera instaros a que insertéis el Texto de la Declaración, los Estatutos así como la Escritura de Fideicomiso acompañante, todo ello junto, en el próximo número del Anuario Bahá’í, de modo que simpatizantes y creyentes por igual puedan obtener en todo país una idea clara y una visión correcta sobre la estructura preliminar de ese sistema completo de administración mundial implícito en las enseñanzas de Bahá'u'lláh.

Espíritu y método de las elecciones bahá’ís

En relación al método mejor y más práctico que conviene adoptar para la elección de las Asambleas Espirituales Bahá’ís, atendiendo al hecho de que las regulaciones detalladas y precisas que han de definir la manera y el carácter de las elecciones bahá’ís no han sido revelados expresamente por Bahá'u'lláh ni establecidos en el Testamento de ‘Abdu’l-Bahá, creo que recae en los miembros de la Casa Universal de Justicia formular y aplicar el sistema de leyes que esté en conformidad con los elementos y requisitos esenciales suministrados por el Autor y el Intérprete de la Fe para el gobierno de la administración bahá’í. En consecuencia, me he abstenido de establecer un procedimiento fijo y uniforme para la elección de las Asambleas de Oriente y Occidente, dando a éstas libertad de escoger sus propios modos de procedimiento, los cuales en la mayoría de los casos han venido practicándose durante los dos últimos decenios de la vida de ‘Abdu’l-Bahá.

La práctica general que prevalece en el Oriente se basa en el principio de la pluralidad más que en el de mayoría absoluta, por el que los candidatos que han obtenido el mayor número de votos, prescindiendo del hecho de si recogen o no una mayoría absoluta de los votos emitidos, son elegidos automática y concluyentemente. Se piensa, y no con poco fundamento, que este método, reconocidamente desventajoso por descuidar el principio que requiere que cada miembro elegido asegure la mayoría de los votos emitidos, por otro lado elimina la desventaja más grave que lleva a limitar la libertad del elector quien, libre de los estorbos y límites de las necesidades electorales, es llamado a votar por nadie que no sean aquellos a los que la reflexión y la oración le haya inspirado apoyar. Además, la práctica de las candidaturas, tan perjudicial para una atmósfera de elección silenciosa y en oración, se ve con desconfianza por cuanto deposita en la mayoría de un cuerpo que en sí mismo, bajo las actuales circunstancias, a menudo está formado por una minoría de entre todos los delegados elegidos, la franquía de negar ese mismo derecho dado por Dios y en virtud del cual todo elector vota sólo en favor de las personas que estime en conciencia que son los candidatos más dignos. Si este sencillo sistema fuese adoptado provisionalmente, salvaguardaría el principio espiritual de libertad insobornable del votante, quien de esta manera preservará intacta la santidad de la elección que hizo en primer lugar. Se evitaría el inconveniente de conseguir por adelantado las nominaciones de los delegados ausentes, y la impracticabilidad de asociarlos junto con los electores reunidos en las votaciones subsecuentes que hacen falta a menudo para cumplir los trámites exigidos por el voto mayoritario.

Quisiera recomendar que estas consideraciones sean sopesadas atentamente. Cualquiera que sea la decisión a la que lleguéis, estoy seguro, ha de recibir el aval de todas las Asambleas y de cada creyente, pues su obligación espiritual y privilegio consiste no sólo en consultar libre y frecuentemente con la Asamblea Espiritual Nacional, sino también en respaldar asimismo con confianza y alegría cualquier cosa que sea el veredicto considerado de sus representantes nacionales.

Os desea éxito de todo corazón,
vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
27 de mayo de 1927.

A los honorables miembros de las Asambleas Espirituales Nacionales de todo el Occidente

Mis queridos compañeros de trabajo:

Con sentimientos de indignación enardecedora me veo obligado a familiarizaros con varios acontecimientos acaecidos en Persia, de los que se ha tenido noticia últimamente. Aunque el efecto inmediato de estos hechos se demuestre harto inquietante para los seguidores de la Fe en Persia y en otras partes, no obstante no han de hacer sino contribuir a la postre al reforzamiento y purificación de la Causa a la que amamos y servimos firmemente.

Me refiero a la traicionera conducta de un seguidor declarado de la doctrina de Bahá'u'lláh, de nombre ‘Abdu’l-Husayn Avarih, hasta la fecha tenido por respetado maestro de la Causa, y no desconocido de algunos cuantos de sus seguidores en Europa. Poseído de un carácter y naturaleza que aquellos que han sabido conocerle nunca habrán dejado de despreciar, incluso en los días más brillantes de su carrera en la Causa, impulsado por la fuerza de unas circunstancias que con visión alicorta calculó mal se ha visto arrastrado en fechas cercanas a arrojar la máscara que durante tantos años ocultaba su odioso ego.

La separación repentina de la personalidad imponente de nuestro amado ‘Abdu’l-Bahá; la consternación confusa que se apoderó de Sus seguidores en los años inmediatamente posteriores a Su fallecimiento; la reputación que ante los ojos superficiales había adquirido él debido a sus viajes europeos; el éxito que rodeó a su voluminosa compilación de la historia de la Causa; éstas y otras circunstancias lo envalentonaron al punto de lanzar una campaña de insinuaciones y fraude destinada a derribar las instituciones expresamente dispuestas por Bahá'u'lláh. Vio claramente que con la quiebra completa de la Causa podría amarrar la adhesión, si no de toda la comunidad mundial bahá’í, al menos sí de una considerable sección de sus seguidores de Oriente.

Tan pronto como sus malignas veleidades llegaron a oídos de los seguidores vigilantes y leales de Bahá'u'lláh, se alzaron ellos con fuerza arrolladora y con inflexible determinación a denunciarle como al enemigo peligroso que busca socavar la fe y minar la lealtad de los creyentes de la Causa de Dios. Evitado por todo el cuerpo de los creyentes, abandonado por los amigos más íntimos de toda la vida, dejado a un lado por la esposa, separado de su único hijo, no admitido incluso en su propia casa, incumplida la esperanza de beneficios que esperaba obtener con la venta y circulación de su libro, encontró para sorpresa absoluta suya y desazón que sus mejores esperanzas se habían truncado irremisiblemente.

Abandonado, en bancarrota y desesperado de rabia, intenta ahora con audacia pasmosa poner de manifiesto ante amigo y enemigo la futilidad y vaciedad que atribuye a la Causa, con lo cual no hace sino revelar la inmensidad de su propia locura y degradación. En su amargo odio ha conspirado con el clero fanático y los miembros ortodoxos de las Misiones extranjeras establecidas en Teherán, se ha aliado con todo elemento hostil de la capital, con sutileza diabólica ha dirigido una apelación a los altos dignatarios del Estado y ha intentado por todos los métodos procurarse ayuda financiera a mayor abundamiento de sus fines.

No contento con la denuncia infame de la originalidad y eficacia de las enseñanzas y principios de la Causa, no satisfecho con rechazar la autenticidad del Testamento de ‘Abdu’l-Bahá, ha osado atacar a la exaltada persona del Autor y Fundador de la Fe , e imputar a su Precursor y verdadero Ejemplo los motivos más viles y las intenciones más inverosímiles.

Con la mayor malicia ha tratado de revivir la ya conocida acusación de representar a los verdaderos amantes de Persia como a los jurados enemigos de toda forma de autoridad establecida en esa tierra, los desalmados perturbadores de su paz, los principales obstáculos de su unidad y los decididos desguazadores de la venerada Fe del Islam. Por medio de todo artificio que pueda concebir una mente sórdida y traicionera, ha procurado que las páginas de su libro sirvan para inspirar terror en el corazón del creyente confiado, sembrar las semillas de la duda en la mente de los predispuestos y amistosos, envenenar los pensamientos del indiferente y reforzar la capacidad de asalto del adversario.

Mas ¡he aquí que ha trabajado en vano! Ajeno al hecho de que toda la pompa y los poderes de la realeza, todos los esfuerzos concertados de los más poderosos potentados del Islam, todos los ingenios que los más crueles torturadores de una raza cruel han empleado desde hace cerca de un siglo, se han demostrado incapaces, todos y cada uno, de detener la marea de esta amada Fe o de sofocar su llama. En efecto, si leemos correctamente la historia de esta Causa, no podemos dejar de observar que el Oriente ya ha presenciado cómo algunos de sus hijos, de experiencia más amplia, de categoría más elevada y de mayor influencia han apostatado de su fe, encontrando, para absoluta consternación suya, que han perdido cualquier talento que poseían, hasta replegarse velozmente en medio de las sombras del olvido, sin que se sepa ya más de ellos.

Si su libro consiguiera amplia difusión en el Occidente, si llegara a confundir la inteligencia de los malinformados o de extraños, no albergo la menor duda de que las varias Asambleas Espirituales Nacionales de todo el mundo occidental, con el apoyo sostenido y entregado de las Asambleas Locales y de los creyentes, se alzarán con alma y corazón a defender la fortaleza inexpugnable de la Causa de Dios, para reivindicar la sacralidad y sublimidad de las Enseñanzas bahá’ís y condenar, a los ojos de quienes tienen autoridad, a quien de forma tan mezquina ha osado afrentar, no sólo la doctrina, sino también la santa persona del reconocido Fundador de una Fe establecida y mundial.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina;
17 de octubre de 1927

A los miembros de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá’ís de Estados Unidos y Canadá

Muy queridos compañeros de trabajo:

He expresado indirectamente mi punto de vista con respecto a los varios asuntos secundarios planteados en vuestras últimas comunicaciones de fecha 23 de mayo, 10 y 21 de junio, 11, 14 y 25 de julio, 7 de agosto y 28 de septiembre; pero quisiera en esta carta ocuparme mejor de los asuntos que revisten importancia primaria y afectan al gobierno y crecimiento de la administración bahá’í. La lectura atenta de estas comunicaciones repletas de noticias sobre actividades que avanzan continuamente y de nuevos planes (todo lo cual aprecio y veo con buenos ojos) me ha hecho sentir que, sin embargo, la hora parece oportuna para expresar algunas palabras de aviso y cautela para quienes con incesante celo laboran por encarnar debidamente las energías latentes liberadas por el Mensaje de Bahá'u'lláh.

Concentración de recursos

Por más que me regocija atestiguar los signos abundantes de energía tesonera que caracteriza en los varios campos y tierras distantes a la misión de los valientes luchadores de la Causa, no puedo por menos de observar que, espoleados por su impetuoso deseo de establecer el reinado indisputado de Bahá'u'lláh en esta tierra, cabe que por una proliferación de sus actividades, y la consiguiente disipación de sus fuerzas, derroten el cometido mismo que les anima en la prosecución de su gloriosa tarea. En particular, creo yo que la necesidad de estimar los recursos a nuestra disposición y de manejarlos con prudente moderación se aplica de forma singular a las actividades en rápida expansión de los creyentes norteamericanos, cuya misión parece ser cada vez más la de llevar la delantera y dar ejemplo a sus hermanos de allende los océanos, sentando bases seguras para las instituciones permanentes de la Fe Bahá’í. Ésa es, según creo, la razón principal de que en el pasado se haya hecho tanto hincapié en la necesidad de que el creyente consulte con sus representantes nacionales cuando se inicien planes de actuación por encima y más allá de los planes que las deliberaciones de la Asamblea Espiritual Nacional ya haya ideado. En cuanto a la relación con cuerpos y organizaciones que abogan por ideales y principios afines a la Revelación bahá’í; a establecer revistas más allá de las ya concebidas para el adelanto abierto o indirecto de los intereses de las Enseñanzas bahá’ís; al apoyo financiero que tarde o temprano se nos ha de llamar a extender a las instituciones filantrópicas y similares; al avance de la Causa en cualquier actividad a la que nos sintamos afectivamente inclinados; en cuanto a éstas y otras empresas similares, deberíamos emprenderlas después de haber comprobado decididamente, tras cuidadosas deliberaciones con quienes ocupan puestos de responsabilidad, que las instituciones que representan los intereses vitales de la Causa tienen asegurada una ayuda continua y apropiada. Nada que no sea el espíritu de consulta decidida y sostenida con aquellos a quienes en estado de oración y por voluntad propia hemos colocado al frente de quienes son los custodios de la inapreciable herencia legada por Bahá'u'lláh; nada por debajo de la lucha persistente y denodada contra nuestros propios instintos e inclinaciones naturales, así como el heroico sacrificio al subordinar nuestros propios gustos a los requisitos imperativos de la Causa de Dios, puede asegurar nuestra lealtad indivisa a tan sagrado principio, un principio que en todo tiempo ha de resguardar a nuestra amada Causa frente a todos los señuelos y trivialidades del mundo exterior, y frente los escollos del yo que anida dentro. Os encarezco, amados hermanos, a decidiros, como nunca antes, a rendir lealtad inquebrantable y a prestar una vigilancia inasequible al sueño, a fin de defender tan esencial principio en el curso de vuestras múltiples actividades, para que así sea vuestra la satisfacción perdurable de no haber hecho nada que pueda en lo más mínimo impedir el flujo o bien oscurecer el brillo del espíritu rejuvenecedor de la Fe de Bahá’u’lláh.

Relación de los comités con la Asamblea

En cuanto a la decisión última de la Asamblea Espiritual Nacional de confiar la mayor parte posible de los pormenores de la labor en manos de sus comités nacionales, creo que debo señalar que ello plantea un tema fundamental y de importancia inigualable, en la medida en que entra en juego un principio único de la administración de la Causa y que gobierna las relaciones que deben mantenerse entre el cuerpo administrativo central y los órganos auxiliares de acción ejecutiva y legislativa. Tal como ya se ha observado, el fin de estos comités que establece la Asamblea Espiritual Nacional, la renovación de cuyos miembros y funciones debiera reconsiderarse separadamente cada año por la nueva Asamblea Nacional, apunta principalmente a la realización de estudios exhaustivos y expertos sobre los temas encomendados a su cargo, aconsejar mediante sus informes y auxiliar en la ejecución de las decisiones que en asuntos vitales deben tomarse de forma directa y exclusiva por la Asamblea Nacional. Se requiere de ellos la máxima vigilancia, el esfuerzo más denodado, si es que desean cumplir como corresponde a su alta y responsable vocación, las funciones que les cumple desempeñar. Dentro de los límites que les imponen las presentes circunstancias, deberían afanarse por mantener un equilibrio de modo que, por un lado se eviten del todo los males que derivan del exceso de centralización, la cual suele trabar, confundir y a largo plazo malbaratar los servicios bahá'ís, y por otro lado, se excluyan definitivamente los peligros de la descentralización absoluta, con la consiguiente pérdida de la autoridad de gobierno de los representantes nacionales de los creyentes. La asunción de los detalles menudos de la administración bahá'í a cargo del personal de la Asamblea Espiritual Nacional es manifiestamente perjudicial para la eficacia y el desempeño experto de los deberes bahá'ís, en tanto que conceder una discreción indebida a los cuerpos que debieran verse bajo no otra luz que la de consejeros expertos y asistentes ejecutivos pondría en peligro los muy vitales y amplios poderes que son prerrogativa sagrada de cuerpos que en su tiempo han de evolucionar hasta convertirse en Casas Nacionales bahá'ís de Justicia. Soy muy consciente de la tensión y sacrificio que la adhesión leal a tal principio –un principio que ennoblecerá a una y distinguirá el método bahá'ís de administración frente a los sistemas dominantes del mundo– exige de los representantes nacionales de los creyentes en esta etapa temprana de nuestra evolución. Sin embargo, es mi sentir que no puedo abstenerme de subrayar las líneas maestras por las cuales deben encauzarse crecientemente los asuntos de la Causa, el conocimiento de lo cual es tan esencial en este período formativo de las instituciones administrativas bahá'ís.

Estatutos de la Asamblea Nacional

Tal como ya di a entender, he leído y vuelto a leer con todo cuidado el borrador final de los estatutos confeccionados por ese gran talento y muy amado siervo de Bahá’u’lláh, Sr. Mountfort Mills, y creo que no tengo nada sustancial que añadir a este primer y meritorio intento de codificar los principios de la administración general bahá'í. De todo corazón y sin vacilar recomiendo que sea leído con gran detenimiento y que sea adoptado lealmente por toda Asamblea Espiritual Nacional Bahá'í ya sea del Oriente o del Occidente. Quisiera pediros en particular que enviéis ejemplares del texto de este documento de fundamental importancia, acompañándolo con copias de la declaración de Fideicomiso y del texto de la Escritura de Fideicomiso, a todas las Asambleas Espirituales nacionales junto con mi petición insistente de que estudien las disposiciones, comprendan sus implicaciones y procuren incorporarlas, en la medida en que sus circunstancias lo permitan, dentro del marco de sus propias actividades nacionales. No podéis sino vagamente imaginar cuán reconfortante es el estimulo y de cuánta guía ha de servir la publicación y circulación de éstos documentos entre los trabajadores pacientes y dedicados de los países orientales, y sobre todo de Persia, quienes en medio de las incertidumbres y de obstáculos casi insuperables se desviven a fin de establecer el orden mundial inaugurado por Bahá’u’lláh. Apenas podéis comprender lo sustancial que esta contribución resulta para allanar el camino hacia la elaboración de los comienzos de la constitución de la comunidad mundial bahá'í, la cual formará la base permanente sobre la que ha de florecer y asentarse de forma segura el edificio bendito y santificado de la primera Casa Internacional de Justicia.

Quisiera recordar específicamente que en el texto de los Estatutos mencionados, los cuales para el mundo exterior representan la expresión de las aspiraciones, los motivos y objetivos que animan las responsabilidades colectivas de la Fraternidad bahá'í, no debería darse énfasis sólo a la autoridad concentrada, los derechos, los privilegios y prerrogativas de que gozan los representantes elegidos de los creyentes a nivel nacional, sino que debería ponerse especial hincapié en sus responsabilidades como ministros deseosos, fieles mayordomos y fiduciarios leales a quienes les han elegido. Que sea claro para todo lector inquisitivo que entre las más sagradas y destacadas obligaciones que incumben a quienes han sido emplazados a acometer, dirigir y coordinar los asuntos de la Causa, figuran las que reclaman de ellos que se ganen por todos los medios a su alcance la confianza y el afecto de las personas a las que es su privilegio servir. Suya es la tarea de investigar y familiarizarse con los considerados puntos de vista, los sentimientos prevalecientes y las convicciones personales de aquellos cuyo bienestar es su obligación solemne promover. Suya es la tarea de purgar, de una vez por todas, sus deliberaciones y el gobierno general de sus asuntos de todo aire de distanciamiento hermético, de la sospecha de secretismo, de la atmósfera sofocante de afirmación dictatorial, en breve, de toda palabra y obra que rezume parcialidad, prejuicio y autoencumbramiento. Suya es la tarea, al tiempo que retienen en sus manos el derecho exclusivo y sagrado de la decisión final, de invitar a la discusión, proporcionar información, ventilar las quejas, acoger el consejo de incluso el más humilde e insignificante de los miembros de la familia bahá'í, exponer sus motivos, presentar sus planes, justificar sus actuaciones, revisar su veredicto en caso de necesidad, promover el sentido de interdependencia y corresponsabilidad, de comprensión y de confianza mutua entre ellos, por un lado, y todas las asambleas locales y creyentes, por otro lado.

Primera Convención nacional de los bahá'ís persas

En cuanto al estado de la cuestión en Persia, donde las circunstancias descritas en una carta circular anterior han tenido su parte en la intensificación del estado crónico de inestabilidad e inseguridad dominantes, preocupa gravemente el hecho de si el respaldo, tanto moral como financiero, que se espera que venga de los elementos fanáticos de las Misiones extranjeras de la capital pudiera acarrear una extensión de su circulación en el Occidente, y de esa forma infligir un daño, aunque sea ligero, al prestigio y buen nombre de nuestra amada Causa. Sin embargo, estas actuaciones internas, por coincidir con brotes de fanatismo sectario procedente del exterior, acompañados por brotes aislados de nuevas persecuciones ocurridas en Kermán y en otros lugares, no han logrado exasperar y agotar la paciencia heroica de los amantes constantes de la Causa. Incluso han fracasado en empañar la serenidad de su fe en el inevitable acercamiento del despuntar de una alborada más brillante para su afligido país. Impertérritos e impávidos, han respondido al desafío del traidor de dentro y a las embestidas del enemigo de fuera con una sorprendente reafirmación de su irrompible solidaridad y de su inflexible voluntad de edificar, con paciencia y fatiga infinitas, sobre los cimientos seguros que Bahá’u’lláh tendió para ellos. Con la tradicional fidelidad y el vigor que les caracteriza, a pesar de los obstáculos inimaginables que deben afrontar, han logrado darse cita, en su primera e histórica conferencia, plenamente representativa e integrada por varios delegados de las nueve provincias principales, han ideado planes para celebrar cada año una convención de los delegados bahá'ís de Persia tan representativa como las circunstancias permitan y basada en el modelo seguido por sus hermanos de los Estados Unidos y Canadá. Los límites de las hasta ahora confusas divisiones administrativas bahá'ís de todo el territorio se han reconstituido y definido de nuevo. Han adoptado varias resoluciones de importancia vital, las principales de entre las cuales se orientan a la reorganización de la institución del Fondo Nacional, la consolidación y extensión de su campaña nacional de Enseñanza, el refuerzo de los lazos que les unen con las asambleas locales y nacionales, tanto de dentro como de fuera, el establecimiento de instituciones bahá'ís de educación primaria en los pueblos y aldeas, la elevación de los niveles educativos y sociales de la mujer, al margen de su credo o casta, y el refuerzo de las fuerzas que tienden a elevar los niveles morales, culturales y materiales de sus compatriotas. Ciertamente, para el observador imparcial del presente estado de asuntos de Persia, estas resoluciones, apoyadas por la energía creativa inherente al poder de la palabra de Dios, constituyen no sólo un hito en el sendero de progreso de los creyentes persas, sino también asimismo un auténtico hito en la agitada historia de su propio país.

La calurosa acogida que la Asamblea Espiritual Nacional y los creyentes norteamericanos han dispensado a mi querido primo y colaborador, Ruhí Effendi, me ha tocado profundamente, en especial al quedar enterado, por los informes de aprecio que acabo de recibir, de que gracias a su dedicado y radiante espíritu de servicio su labor ha merecido la estima de sus queridos compañeros de dicho continente y ha contribuido sustancialmente a que haya una mejor comprensión de las Enseñanzas de la Causa. Por más que desearía que trabaje a mi lado en Tierra Santa, estoy muy gratamente de acuerdo con vuestros deseos de prorrogar su estancia allí, en la esperanza de que os será de gran ayuda a todos vosotros en el desempeño de vuestra noble tarea.

Evolución de los acontecimientos mundiales

Y ahora, en conclusión, permítaseme que dirija vuestra atención a las lecciones que las tendencias de la actualidad mundial nos deparan a nosotros, la pequeña banda de Sus trabajadores escogidos, quienes, en proporción a los esfuerzos inteligentes que ejerzamos, ¿podremos revelarnos como el factor determinante en la suerte inmediata de la sociedad en que vivimos? Siendo testigos por doquier del creciente desasosiego de una edad inquieta, nos vemos llenos de sentimientos encontrados de temor y esperanza: temor ante la perspectiva de otro encuentro mortífero, cuya inevitabilidad se está volviendo por desgracia tanto más manifiesta; esperanza en la serena garantía de que sea cual sea el cataclismo que asuele a la humanidad, éste no puede sino acelerar la llegada de una era de paz universal y duradera, tan enfáticamente proclamada por la Pluma de Bahá’u’lláh. Así sucede en el dominio político, donde hace poco hemos sido testigos, en el consejo de las naciones principales del mundo, de como la más noble concepción de la humanidad sucumbía a lo que debe ser visto sólo como una fase transitoria en la vida de los pueblos y naciones; en el mundo industrial, donde los representantes de las clases asalariadas, bien por la violencia o la persuasión, se apoderan de los puestos de autoridad y blanden el bastón de mando; en el campo de la religión, donde últimamente hemos presenciado intentos organizados y extendidos por ampliar y simplificar la base de la fe del hombre, por lograr la unidad de la Cristiandad y restaurar la fuerza regeneradora del Islam; en el corazón de la sociedad misma, donde los signos ominosos del despilfarro creciente y del libertinaje no hacen sino imprimir nuevo empuje a las fuerzas de la revuelta y reacción que a diario se perfilan más nítidamente; en éstos así como en otros hechos hay razón para la alarma; pero también mucho para mostrarse esperanzado e incluso agradecido. Por abundar en un solo caso: observad la disputa fiera y todavía no acallada que la propuesta de introducir un pacto universal y vinculante de no agresión entre las raciones de Europa ha suscitado entre los declarados defensores de la Sociedad de Naciones, una Sociedad tan auspiciosamente acogida en gracia a los ideales que promovieron su nacimiento, y que sin embargo ahora se muestra tan absolutamente desajustada a los principios que de hecho subyacen a su funcionamiento y estructura actuales. No obstante, en el gran clamor que alzó el nacionalismo de postguerra con su ciego respaldo y defensa de la supremacía indiscutible de su propia soberanía, y con su repudiado tajante de la concepción de un Super-estado mundial ¿no podemos discernir la escenificación, sólo que a mayor escala, de los dramáticos combates que precedieron al nacimiento de las naciones reconstruidas y unificadas del Occidente? ¿No ha puesto de relieve la verdadera historia en el caso de estas naciones la dolorosa, aunque inevitable, fusión de las ciudades rivales, independientes y particularistas en una entidad nacional unificada, así como la evolución de un credo crudo y estrecho hacia una concepción más noble y más amplia? ¿No se está manifestando ahora en la escena mundial una lucha paralela por parte de una humanidad siempre en avance? ¿Es que ello puede llevar a otro resultado que no sea reafirmar la verdad de que la humanidad avanza hacia concepciones cada vez más anchurosas hacia un destino cuya gloria ha de ser tanto más brillante? Reveses y tropiezos como los que ya hemos presenciado sin duda han retardado la maduración de los frutos más granados del árbol del desarrollo humano. A pesar de ello, la fiereza de la controversia, el peso de los argumentos presentados en contra, no pueden sino contribuir a ensanchar la base y consolidar los cimientos sobre los que el edificio señorial de una humanidad unificada debe al fin reposar. Animémonos pues, y trabajemos con renovado vigor y comprensión más cabal a fin de aportar nuestra parte a esas fuerzas que, sean o no conscientes de la Fe regeneradora de Bahá’u’lláh en esta época, están obrando, cada una en su respectiva esfera y bajo Su guía omnímoda, por la elevación y salvación de la humanidad.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI,
Haifa, Palestina,
18 de octubre de 1927

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso de Occidente

Muy queridos hermanos y hermanas en 'Abdu'l-Bahá:

Últimamente ha podido saberse de acontecimientos sucedidos en el Cercano Oriente y Oriente Medio de un asombroso carácter y de la mayor significación para la Fe de Bahá’u’lláh, acontecimientos ocurridos en tan rápida sucesión que me siento movido a escribir sobre ellos para quienes, en tierras lejanas y con corazones deseosos, aguardan a atestiguar el cumplimiento de las profecías de Bahá’u’lláh. Estoy seguro de que os regocijaréis conmigo al saber que las fuerzas vivificantes de la Reforma interna están despertando velozmente del sueño secular de la incuria a aquellas tierras que, habiendo sido holladas por los pasos de Bahá’u’lláh y en donde están atesoradas las escenas memorables de Su nacimiento, Su ministerio, Sus exilios, Sus destierro, Sus sufrimientos y Su ascensión, están destinadas en la plenitud del tiempo a desempeñar un papel preeminente en la regeneración del Oriente, o mejor, de toda la humanidad

Las promesas de nuestro Maestro

Desde Persia, la cuna de nuestra Fe y el objeto de nuestro más tierno afecto, se precipitan las noticias sobre los primeros barruntos de esa reforma social y política que, tal como firmemente creemos, no es sino la consecuencia directa e inevitable de ese gran Resurgir espiritual inaugurado por la Revelación de Bahá’u’lláh. Estas fuerzas sociales y políticas ahora liberadas por la Fuente de tan tremendo Resurgir están a su vez destinadas a demoler, una a una, las barreras que han trabado su curso tanto tiempo, han socavado su vitalidad y han oscurecido su brillo.

Por la comunicación que me ha sido dirigida últimamente por la Asamblea Espiritual Nacional de los bahá'ís de Persia, así como por informes fiables remitidos por los representantes locales de los creyentes persas y confirmados por el vívido relato de los peregrinos, se hace cada vez más evidente que las vibrantes promesas tantas veces declaradas por nuestro fallecido Maestro se están viendo cumplidas en sucesión, con notable rapidez y extraordinaria exactitud. Las reformas, de un carácter revolucionario, sin derramamiento de sangre y con resistencia mínima, están transformando gradualmente la base misma y la estructura de la sociedad primitiva persa. La seguridad y orden públicos mínimos están implantándose con energía a lo largo y a lo ancho de los dominios del Shah, siendo acogidos con particular agrado por esa hostigada sección de la población constituida por nuestros sufridísimos hermanos de aquella tierra. La rapidez, la increíble facilidad con que las propuestas esclarecidas de su gobierno en materia de educación, comercio y finanzas, medios de transporte y desplazamiento, y el desarrollo de los recursos internos del país cuentan con la sanción incondicional de un Parlamento, hasta la fecha reaccionario, y vencer la resistencia y apatía de las masas, han tendido indudablemente a acelerar la emancipación de nuestros hermanos persas de las restantes cadenas de un régimen otrora despótico y manchado de sangre. Las medidas humillantes y severamente represivas tomadas por iniciativa de los Gobernadores provinciales progresistas, con la connivencia de los funcionarios del Estado en la capital, encaminadas a dispersar y procurar la extinción final de un clero en rápido declive, medidas tales como degradación, detención, deportación y en algunos casos ejecución inmisericorde, están allanando el camino para la sacudida total del yugo impuesto por un sacerdocio ignorante y fanático sobre la administración de los asuntos de Estado. En materia de indumentaria; en el obligado cumplimiento de un estilo uniforme de tocado nacional; en la estricta limitación del número, de los derechos y de las prerrogativas de la alta jerarquía eclesiástica; en la impopularidad creciente del velo entre casi todas las secciones de la sociedad; en la acusada distinción que de forma no oficial y en varios aspectos de la vida pública se realiza por una minoría ilustrada y premiosa entre las formas periclitadas de un clericalismo desacreditado y los derechos civiles y obligaciones de una sociedad civil; en la laxitud general en cuestiones de observancia religiosa y ceremonial; en el lento y oculto proceso de secularización que invade a muchos departamentos del gobierno bajo la guía valiente de los gobernadores de las provincias periféricas; en todas estas manifestaciones puede el ojo discriminador descubrir los síntomas que auguran el buen futuro que con seguridad ha de atestiguar la separación completa y formal de la Iglesia y el Estado.

La regeneración de Persia

Se suma a este edificante movimiento varios factores externos que tienden a acelerar y estimular este proceso de regeneración interna tan significativo en la vida de la renaciente Persia. La multiplicidad y mayores facilidades en materia de transporte y desplazamiento; la visita de Estado cursada a la capital de Persia por reformadores ilustrados y decididos; el viaje próximo y ampliamente divulgado del propio Shah a las capitales avanzadas de Europa occidental; la repercusión de las asombrosas reformas de Turquía entre un pueblo receptivo y esencialmente sensible; el alto y persistente clamor de un orden repugnante que en Rusia se alza contra el dominio maligno y los oscuros complós de todas las formas de sectarismo religioso; el despiadado vigor con que el gobernante ambicioso de Afganistán, aupado por el ejemplo de su generoso Consorte, prosigue su campaña interna de represión contra un orden clerical similar; todo ello tiende a dar fuerza a la promoción y modelado de la opinión pública, sólo la cual puede proporcionar una base duradera para el Movimiento reformador que está destinado a inaugurar esa Era dorada tan ansiada por los seguidores de la Fe en la tierra natal de Bahá’u’lláh.

Como consecuencia directa del nacimiento de esta nueva conciencia en la vida de la nación, según se evidencia en estos primeros barruntos de las gentes, altas o humildes, han podido celebrarse públicamente en Teherán, bajo los auspicios de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá'ís de Persia, reuniones de gran monta, sin precedentes por el número de sus participantes, por el tono de las alocuciones, por el clima con que han discurrido, y el impresionante carácter general de su organización. Particularmente significativas e impresionantes fueron las reuniones celebradas en el Hazíratu'l-Quds, el centro administrativo y espiritual de la fe en la capital, con ocasión de las dos Festividades gemelas que conmemoran la declaración del Báb y el nacimiento de 'Abdu'l-Bahá, a la más concurrida de las cuales acudieron dos mil representantes bahá'ís y no bahá'ís, líderes de la opinión pública, funcionarios del Estado y representantes extranjeros oficialmente invitados. Las intervenciones (las cuales subrayaban la universalidad de las Enseñanzas de la Causa, el carácter formal y ordenado de las sesiones, un rasgo tan inusual en una acto de tales proporciones, la asociación de los bahá'ís con los representantes reconocidos del pensamiento progresista de la capital quienes, en virtud de su alto cargo y porte dieron color y hondura a la concurrencia de creyentes; todo ello ha contribuido a realzar equilibrio y significado espiritual de esa reunión de la reunión celebrada en esa memorable ocasión.

Además, se están recibiendo informes de carácter muy alentador procedentes de las Asambleas locales y creyentes donde se dan los nombres y el número de personas influyentes que, reacias hasta la fecha a declarar abiertamente su fe en Bahá’u’lláh, como consecuencia del prometedor y tranquilizador estado de cosas, están aflorando desde la oscuridad de su retiro para alistarse bajo la izada bandera de Bahá’u’lláh. Ello ha servido para que los seguidores de la Fe cobren mayor ánimo con que emprender los pasos necesarios, bajo la dirección de sus Asambleas locales, para formar escuelas bahá'ís, celebrar reuniones públicas, establecer centros de acogida bahá'ís, bibliotecas y baños públicos, construir centros oficiales destinados al trabajo administrativo y ejecutar gradualmente en su esfera, dentro de los límites impuestos por el Estado, las leyes y disposiciones reveladas en el Kitáb-i-Aqdas. Me faltan palabras para describir los sentimientos de esos pacientes sufridores y hermanos nuestros de aquel país, los cuales, con ojos bañados en lágrimas y corazones rebosantes de alabanza y agradecimiento, atestiguan por doquier y con mayor fuerza el despliegue de una Fe a la que tan bien han servido y a la que aman tan entrañablemente. Nos llegan relatos patéticos y de tono inspirador de parte de esa banda constante y animosa de creyentes exultantes, relatos que ahora compartimos con los amigos residentes en Tierra Santa, quienes, habiendo tenido el privilegio de un trato estrecho y continuo con la persona de 'Abdu'l-Bahá, no pueden por menos de maravillarse del alcance, la potencia y la exactitud de las profecías de su fallecido Maestro.

La Fe Bahá'í, vindicada en Turquía

Desde Turquía, en cuyo suelo, durante cerca de casi setenta años, se vivieron algunas de las más sublimes y trágicas escenas en los anales de la Causa; Turquía, bajo cuyo gobierno Bahá’u’lláh se proclamó dos veces, fue exiliado tres veces y desterrado, hasta que por último ascendió al Reino de Abhá, y donde 'Abdu'l-Bahá pasó más de cincuenta años de Su vida de sufrimiento y cárcel, se ha visto rudamente despertada de forma ruda ante un Llamamiento que ha despreciado y soslayado con obstinación desde largo tiempo. Después del derrocamiento de esa teocracia decadente, que se apoyaba en las dos instituciones gemelas del califato y sultanato (esas dos fuerzas siniestras que se aliaron para asestar los golpes más mortíferos a nuestra amada Fe en las primeras etapas de su infancia y crecimiento) se ha acometido y llevado a cabo con rigor ejemplar una política sin concesiones orientada a la secularización del estado y al desmantelamiento del Islam. Las instituciones religiosas y las órdenes monásticas que so capa de servir a la propaganda religiosa se convirtieron en hervideros de intriga política y sedición han sido clausurados temporalmente, sus seguidores han sido dispersados o exiliados, sus fondos han sido confiscados, sus privilegios y prerrogativas han sido abolidos. Nadie, salvo la pequeña banda de seguidores devotos de Bahá’u’lláh, ha escapado al hacha afilada de un reformador inmisericorde, sus edictos dictatoriales, sus juicios severos e irrevocables. Últimamente, sin embargo, el Gobierno turco, fiel a su política de vigilancia incesante, y temeroso de las crecientes actividades de los bahá'ís bajo su mando, decidió cursar órdenes a la policía de Esmirna para que llevara una investigación estrecha sobre el propósito, carácter y efectos de las actividades bahá'ís que allí se realizaban. Tan pronto como los representantes bahá'ís de la localidad fueron arrestados y conducidos a los tribunales de justicia para ser interrogados, el Presidente de la Asamblea Espiritual Bahá'í de Constantinopla, quien enterado por los periódicos matutinos de la noticia sobre el incidente de Esmirna, decidió presentarse sin ser citado para ofrecer las explicaciones necesarias a las autoridades competentes, fue a su vez arrestado y trasladado a la Comisaría de Policía, en donde pronto se le sumaron los demás miembros de la Asamblea. El registro oficial de sus viviendas, el embargo de cualquier libro bahá'í en su haber, las veinticuatro horas de detención en comisaría, la minuciosa severidad del interrogatorio al que fueron sometidos, todo ello se demostró incapaz de alarmar y conmover la Fe de esos intrépidos campeones de la Causa, o de poner en evidencia nada que pudiese dañar los mejores intereses del Estado. Al contrario, sirvieron para trasladar muy hondamente al ánimo y corazón de los funcionarios competentes la sublimidad, la inocencia y la fuerza dinámica de la Fe de Bahá’u’lláh. Tanto es así que los libros les fueron devueltos, los examinadores expresaron un deseo genuino de ahondar más en el conocimiento de la Causa, y el Gobierno dio amplia publicidad al hecho, tal como se refleja en cerca de una docena de artículos publicados en los principales periódicos de Turquía, proclamando la inocencia de la Causa y levantando la prohibición que ahora pesa tan opresivamente sobre las instituciones religiosas de Turquía.

Desde Constantinopla, en la Turquía europea, hasta las estribaciones orientales de Anatolia, sobre las riberas del río Eufrates, donde se ha establecido hace poco una pequeña y floreciente Comunidad bahá'í, la superficie del país se ha visto barrida por una oleada de interés público, crítica e indagación, testigo de lo cual son tanto el carácter y número de artículos editoriales como las ilustraciones y caricaturas que han aparecido en los periódicos más destacados de la capital y de las poblaciones provinciales de la Turquía asiática. Pero no sólo Turquía, también los países vecinos del Oriente y del Occidente han levantado su voz en defensa de la verdad bahá'í. Por informaciones hasta ahora recogidas hemos sabido que en Hungría, Irak, Egipto y Siria, y en las lejanas Francia e Inglaterra, los periódicos, por propia iniciativa, con precisión variable y con mayor o menor detalle, han relatado este incidente en sus columnas, dando, sin que se lo pidieran e inconscientemente, tal publicidad a nuestra Fe como ninguna campaña de Enseñanza, por muy organizada que estuviese por los propios creyentes, podría esperar haber logrado hasta ahora. Ciertamente, el brazo invencible de Bahá’u’lláh, obrando a través de forma extraña y misteriosa, continuará protegiendo y defendiendo, dirigiendo el curso, consolidando, y a la postre logrando el reconocimiento y triunfo mundial de Su Santa Fe.

Nuestra oportunidad más acuciante

Mientras el Oriente, merced al sufrimiento y agitación, se mueve en su lenta y fatigosa marcha hacia la aceptación de la Santa Fe de Dios, tornemos por un momento nuestra vista hacia el Hemisferio occidental, particularmente al continente norteamericano, en un intento por contemplar las posibilidades futuras de difusión de la Causa y por estimar de nuevo esas volátiles oportunidades de oro que Bahá’u’lláh ha concedido en esas remotas tierras a Su pueblo escogido. Me siento totalmente convencido y movido a compartir con la gran compañía de creyentes occidentales la firme convicción que albergo, a saber: que en la pronta reanudación de la construcción gravemente descuidada del Mashriqu'l-Adhkár de Wilmette descansa nuestro indudable privilegio, nuestra obligación primaria, nuestra vitalísima oportunidad de dar un empuje sin precedentes al avance de la Causa, no sólo través del Occidente, sino también en todo país del mundo. No quisiera hacer hincapié en este momento en el prestigio y buen nombre de la Causa, por más que se vean afectados en asunto tan apremiante; no me detendré en las ansiosas expectativas con que los innumerables seguidores de la Fe, así como el vasto número de no creyentes de casi todos los sectores de la sociedad de todo el Oriente aguardan a contemplar cómo esa noble estructura yergue su cabeza en el corazón de ese lejano continente del Occidente; ni voy a explayarme sobre la belleza inefable de ese santo Edificio, sobre su gloria cimera, su diseño artístico, su carácter único o sus funciones en la vida orgánica de la comunidad bahá'í del futuro. Pero sí quisiera recalcar con toda la fuerza de mi convicción el inmenso significado espiritual de un edificio tan bello, tan sagrado, erigido solamente por los esfuerzos concertados, aportados con el mayor de los sacrificios, del cuerpo entero de los creyentes que son plenamente conscientes del significado de la Revelación de Bahá’u’lláh. En esta enorme empresa carente de parangón en los tiempos modernos, por sus alcances mundiales, su espontaneidad, su carácter heroico y Santo, los creyentes norteamericanos, en el suelo de cuyo país ha de construirse la primera casa universal de adoración de Bahá’u’lláh, deben, si son fieles a su encomienda, reclamar y cumplir su parte preeminente en las aportaciones colectivas ofrecidas por los bahá'ís del mundo.

El deseo entrañable de 'Abdu'l-Bahá

Por esta razón me siento impelido a orientar con incesantes encarecimientos dirigidos en particular a los seguidores de la Fe en los Estados Unidos y Canadá a que se alcen y obren su parte, mientras todavía queda tiempo, y no consientan que sus renovados esfuerzos se vean estancados y superados por el heroísmo sacrificado de la multitud de sus hermanos de Persia. De nuevo, me siento urgido, a recordaros a todos y cada uno de vosotros, la necesidad de tener presente esta verdad fundamental: que la eficacia de las fuerzas espirituales que se centran e irradian desde el primer Mashriqu'l-Adhkár del Oriente dependerá en gran medida del grado en que nosotros, los trabajadores pioneros de aquella tierra, decidamos renunciar voluntariamente, con visión clara, fe inextinguible y determinación inflexible, a las ventajas temporales en apoyo de tan meritorio empeño. Tanto como sea el grado de renuncia y sacrificio de nuestra parte, así de grande será el abanico de creyentes que contribuyan, tanto más aparentes se harán las fuerzas revitalizadoras que han de emanar de ese Edificio único y sagrado; y tanto mayor, en consecuencia, será el efecto estimulante que ejercerá sobre la propagación de la Fe en días venideros. No por la abundancia de nuestras donaciones, ni siquiera por la espontaneidad de nuestros esfuerzos, sino más bien por el grado de abnegación que conlleven nuestras aportaciones, podemos promover efectivamente la realización pronta del deseo más entrañable de 'Abdu'l-Bahá. ¡Cuán grande nuestra responsabilidad, cuán inmensa nuestra tarea cuán inapreciables las ventajas que podemos cosechar!

Plan de Acción Integrada

Sin embargo, no puedo abstenerme de expresar mi grato sentir y aprecio por el respaldo continuado y sustancial ya dispensado, en particular durante el pasado año, por los creyentes de los Estados Unidos y Canadá, bajo la dirección sabia y juiciosa de sus representantes electos nacionales, al Plan de Acción Integrada, cuyo propósito declarado es asegurar, hasta que el presente año bahá'í concluya, la recaudación de los fondos necesarios para la construcción de la primera Unidad del Mashriqu'l-Adhkár. La vigilancia y fidelidad con que la Asamblea Nacional de los Estados Unidos y Canadá ha cumplido su promesa de limitar los gastos administrativos presentes de la Causa, así como el celo y pronta respuesta demostrada por las asambleas locales y creyentes al recortar sus gastos locales y personales a fin de concentrarlos en el Fondo del Templo, son dignos de la mayor alabanza, y merecidamente han de atraer las múltiples bendiciones de un Maestro amoroso y bondadoso. En verdad, es mucho lo que se ha conseguido el pasado año de sacrificio consagrado y concentrado en tan glorioso fin. Queda todavía mucho más pendiente de consecución si hemos de reivindicar, a los ojos de un mundo expectante, el nombre honorable, la vitalidad inagotable y milagrosa de la Revelación de Bahá’u’lláh.

En mitad de las vigilias nocturnas, al conmemorar el tránsito de Aquél que con Sus propias manos colocó en aquella tierra la piedra angular de la Casa de Adoración de Su Padre, sentado dentro de los sagrados recintos de Su Santuario, manteniendo vigilia en compañía de Sus más estrechos compañeros, más de una vez he recordado en medio de mis devociones y en estado de oración a esos escogidos de Dios sobre cuyos hombros recae tan pesada responsabilidad y cuyo destino es llevar tan excelente legado hasta su más sazonada consumación. En esa noche de luna y paz he recordado, con mucha emoción y gratitud, las mercedes inestimables que Él os prodigó mientras vivía en la tierra. He revivido en mi memoria las vibrantes promesas de que Su guía indefectible y auxilio generoso habrían de continuar derramándose sobre vosotros desde Su estación en lo alto. Me he representado en mi mente la bella visión de una Causa desplegada en toda su gloria, visión que Sus escritos inmortales os han revelado a vosotros. Y con mi cabeza reclinada ante Su umbral, he rezado y he vuelto a rezar porque podamos todos demostrarnos dignos discípulos de Maestro tan generoso, porque podamos, cuando seamos llamados a Él, transmitir, sin mengua ni cargas, nuestra parte del inmensamente precioso legado que Él nos dejó a todos nosotros en herencia.

Para concluir, muy queridos amigos, qué pensamiento más apropiado con el que poner broche a mi ferviente petición que estas fecundas palabras surgidas de labios de Bahá’u’lláh: "¡Oh Mis amigos! Atestiguo que la Divina Merced os ha sido conferida, Su Argumento ha sido manifestado, Su Prueba ha sido revelada y Su Guía ha brillado sobre vosotros. Veamos ahora lo que vuestro empeño en el sendero de la renuncia es capaz de revelar".

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
6 de diciembre de 1928

A los amados del Señor y a las siervos del Misericordioso en el oriente y occidente.

Queridos compañeros de trabajo:

Deseo transmitidos en unas pocas palabras mis impresiones sobre la obra "Bahá'í World", recientemente publicada y que, según entiendo, gracias a los asiduos e incansables esfuerzos desplegados por el Comité de Publicaciones de la Asamblea Espiritual Nacional Norteamericana, ha recibido una amplia distribución entre los países bahá'ís de Oriente y Occidente.

"Bahá'í World"

Este registro único en su género de la actividad mundial bahá'í aspira a presentar al gran público, así como al estudioso e investigador, los hechos históricos y principios fundamentales que constituyen los rasgos distintivos del Mensaje de Bahá’u’lláh para esta época. Desde sus comienzos le he dedicado a su marcha un interés vivo y sostenido, he participado personalmente en la recogida de materiales, disposición de contenidos y estrecha supervisión de cuantos datos contiene.

Lo recomiendo viva y confiadamente a todo seguidor reflexivo y entusiasta de la Fe, ya sea del Oriente o del Occidente, cuyo deseo sea poner a disposición del interlocutor crítico e inteligente, de cualesquiera clase, credo o color, una obra que en verdad da testimonio de los altos fines, la conmovedora historia, los logros duraderos, la marcha irresistible y las posibilidades infinitas de la Revelación de Bahá'u'lláh. Atractivo, sumamente legible, de contenidos fiables y autorizados, actualizado, exhaustivo y preciso por lo que respecta a la masa de información que proporciona, conciso y persuasivo en su tratamiento de los aspectos fundamentales de la Causa, ampliamente representativo en las ilustraciones y fotografías que exhibe; por todo ello figura en un lugar insuperado y a distancia de cualquier otra publicación de su clase dentro del variado muestrario que ofrece nuestra amada Causa. En caso de contar con el generoso y vigoroso respaldo despertará, sin el menor género de dudas, un interés sin precedentes entre todas las clases de la sociedad civilizada.

Muy queridos amigos os solicito encarecidamente que os empleéis a fondo en la pronta y amplia difusión de un libro que retrata tan vívida y fielmente, en todos sus rasgos esenciales, ramificaciones de largo alcance y aspectos más atractivos, la Fe abarcadora de Bahá'u'lláh. Cualquier apoyo financiero o moral que extiendan las Asambleas Espirituales bahá'ís y creyentes, a las personas responsables de producción tan valiosa y representativa, conviene recordarlo, será destinado al avance de los intereses y refuerzo de los fondos que se recauden en favor del Mashriqu'l-Adhkár, e indirectamente servirá para ejercer un estímulo muy poderoso con el que atajar las falsas representaciones y las desgraciadas incomprensiones que por tanto tiempo y tan penosamente han nublado la Fe luminosa de Bahá'u'lláh.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
6 de diciembre de 1928

Para los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso del Occidente.

¡Muy queridos hermanos y hermanas en 'Abdu'l-Bahá!

Con sentimientos de profunda pena me siento movido a dirigirles estas breves líneas para llorar la pérdida que la Causa a no dudarlo ha sufrido con el fallecimiento de quien, por muchos años y en circunstancias de excepcional significado, ha rendido al sagrado Umbral servicios distinguidos e inestimables. La mano del Decreto Divino ha retirado, con la muerte de nuestro talentoso y muy amado amigo, Sr. Hippolyte Dreyfus-Barney, a otra figura sobresaliente de la Causa de Bahá’u’lláh, alguien que, por sus brillantes dotes de intelecto y corazón así como por los diversos logros de su vida, en verdad ha enriquecido los anales de la Fe inmortal de Dios.

Hippolyte Dreyfus-Barney

Fue el pionero de la Causa de Bahá’u’lláh desde que su luz celestial caldeó e iluminó al Occidente. Por su estrecha vinculación a la persona de 'Abdu'l-Bahá, su trato con todos los sectores de la sociedad, su presentación erudita de la historia y principios fundamentales de la Fe, y finalmente por su inolvidable parte en la solución de los asuntos complejos y apremiantes que en los días posteriores al fallecimiento de 'Abdu'l-Bahá reclamaban ayuda experta, ha logrado una distinción como pocos han podido lograr hasta la fecha.

Los días en que pudo comulgar espiritualmente con 'Abdu'l-Bahá y Su familia dentro de los muros de la ciudad prisión de 'Akká, donde se empapó de los principios que más tarde habría de exponer tan hábilmente a los pueblos del Occidente; el papel preeminente que desempeñó a su regreso a París al encender la antorcha que está destinada a derramar luz eterna sobre su tierra y pueblo nativos; los lazos de fraternidad duradera que forjó con nuestros hermanos persas en el curso de la histórica misión que le fue encomendada por nuestro Amado; las semillas que desparramó por doquier durante sus viajes posteriores al corazón del Asia, que le llevaron a atravesar la India, hasta llegar más allá de las más remotas aldeas de Birmania e incluso alcanzar los confines orientales de Indochina; el eficaz apoyo que en las etapas iniciales e intermedias prestó al caso planteado por la casa de Bahá’u’lláh en Bagdad; su intervención inmediata ante los funcionarios de Estado para allanar el camino hacia la emancipación final de nuestros hermanos egipcios del yugo del Islam ortodoxo; los ánimos estimulantes que su visita procuró a la comunidad bahá'ís de Túnez, en las costas septentrionales de África; y por último, pero no menos importante, la habilidad y diligencia con que se aplicó a solucionar los problemas delicados y acuciantes de Tierra Santa en los años críticos que siguieron a la ascensión de 'Abdu'l-Bahá; todo ello destaca como hitos memorables en una vida que fue tan variada en lo internacional como abundosa en su experiencia espiritual.

En los días venidero sus dones de simpatía y percepción penetrante, su amplio conocimiento y experiencia madura, todo lo cual utilizó para la gloria y propagación del Mensaje de Bahá’u’lláh, serán recordados con agradecimiento por las futuras generaciones, las cuales podrán estimar mejor el valor permanente de las responsabilidades con las que hubo de cargar para la introducción y consolidación de la Fe Bahá'í en el mundo occidental.

Por sufrir del modo como lo hizo en sus últimos días los efectos de una enfermedad lenta y dolorosa, ha sobrellevado heroicamente las aflicciones del mundo, y ahora se encuentra en los reinos de feliz liberación recibiendo su porción completa de la justa recompensa que ciertamente merece. Para mí, y especialmente en medio del torbellino y tráfago que han agitado mi vida después del fallecimiento de 'Abdu'l-Bahá, fue él un compañero sostenedor y reconfortante, un consejero preciadísimo, un amigo íntimo y de confianza.

Con gran emoción y con el más profundo sentir de gratitud suplico ante el Sagrado Umbral, y solicito que os suméis a mí en la oración por el avance espiritual en los reinos de lo alto de un alma que, por el solo mérito de los servicios destacados que ya ha rendido, merece figurar bien alto entre los fieles que nos han dejado.

Descanse siempre en paz.
SHOGHI
Haifa, Palestina,
21 de diciembre de 1928

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso del occidente.

Muy queridos compañeros de trabajo:

Mientras los bahá'ís de Persia, quienes constituyen la mayoría abrumadora de los seguidores de la Fe bahá'í en las tierras de Oriente, saborean las primicias de la tan largamente soñada emancipación, un sector considerable de los fieles de Bahá’u’lláh establecidos en el Oriente, habitantes de las provincias del Cáucaso y Turquestán, se están viendo sometidos a pruebas y tribulaciones no muy diferentes, aunque de menor intensidad, de las aflicciones tan heroicamente soportadas durante tanto tiempo por sus hermanos persas.

En la última comunicación que os dirigí he procurado describir la naturaleza y rapidez con que esas fuerzas liberadoras están siendo desatadas en Persia por un régimen esclarecido y resuelto a sacudir con desprecio indisimulado las odiosas cadenas de una tiranía secular. Creo que describir la preocupante situación a la que se enfrentan ahora nuestros hermanos de Rusia servirá para completar el panorama de cambios críticos y veloces que están transfomando la faz del Oriente y que los creyentes responsables de Occidente deben tener en cuenta.

Persecuciones en Rusia

Desde que a lo largo y ancho de la Rusia zarista la contrarrevolución proclamó la dictadura del proletariado, así como la subsiguiente incorporación dentro de su órbita de mando de los territorios semiindependientes del Cáucaso y Turquestán, las variadas y numerosas instituciones bahá'ís establecidas en el pasado por los heroicos pioneros se han visto afectadas directa e indirectamente por las convulsiones internas de que ha menester para su establecimiento y perduración un orden tan radicalmente reñido con el anterior régimen ruso. La actuación y fines declarados de las cabezas responsables de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, quienes, dentro de sus derechos legítimos y reconocidos, han proclamado enfáticamente y perseguido con brío una política de oposición sin concesiones a todas las formas de propaganda religiosa organizada, por su propia naturaleza han hecho que quienes tienen por obligación primaria bregar sin tregua por la difusión de la Fe Bahá'í afronten un estado cosas sumamente desgraciado e inquietante. Sin embargo, diez años desde que se formulara dicha política, merced a alguna interposición de la Providencia, los bahá'ís de la Rusia Soviética han podido eludir la aplicación estricta a sus instituciones del principio central que rige y anima la política del estado soviético. Aunque sometidos, al igual todos los ciudadanos, desde el estallido de la Revolución, a las desgraciadas consecuencias de las luchas civiles y de la guerra exterior, y en especial a las conmociones internas que deben acompañar necesariamente a los grandes cambios en la estructura de la sociedad, tales como la expropiación de la propiedad privada, los excesivos impuestos, el recorte del derecho de libre iniciativa y de empresa; no obstante, en materia de culto y en la dirección de sus actividades administrativas y puramente no políticas, gracias a la actitud benevolente de los dirigentes, han gozado de una libertad casi irrestringida en el ejercicio de sus deberes públicos.

Últimamente, sin embargo, debido a circunstancias ajenas a todo control suyo y sin haberse visto implicados mínimamente en actividades políticas o subversivas, nuestros hermanos bahá'ís de aquellas provincias han tenido que soportar la aplicación rígida de los principios ya enunciados por las autoridades del estado y hechos valer ante todas las demás comunidades religiosas bajo su férula. Fieles, en interés del Estado, a su política de expropiación de todos los edificios y monumentos de carácter religioso, se han dirigido hace pocos meses a los representantes bahá'ís del Turquestán, y al cabo de negociaciones prolongadas han decidido reclamar y ejecutar el derecho de propiedad y control sobre la posesión bahá'í más entrañable y universalmente valorada, el Mashriqu'l-Adhkár de 'Ishqábáb. Las insistentes y repetidas representaciones realizadas por los bahá'ís, sometidas respetuosamente y avaladas por sus representantes locales y nacionales, y debidamente reforzadas por la actuación de la Asamblea Espiritual Nacional de los Bahá'ís de Persia, representaciones en las que subrayaban el carácter internacional y el significado espiritual del Edificio y su estrecha relación tanto material como espiritual con las diversas comunidades bahá'ís de todo el Oriente y Occidente, se han demostrado infelizmente estériles. El amado Templo, que había sido confiscado y expropiado y que había sido clausurado durante tres meses con el precinto de las autoridades municipales, fue reabierto y se concedió permiso para la celebración de reuniones en su interior sólo después de la firma y aceptación por la Asamblea Espiritual Bahá'í de 'Ishqábád de un complicado contrato, redactado por las autoridades soviéticas, en virtud del cual se reconoce al Estado su derecho indisputado de propiedad del Estado sobre el Mashriqu'l-Adhkár y sus dependencias. De acuerdo con este contrato, el Estado alquila el Templo por un período de cinco años a la comunidad local bahá'í de dicha población; asimismo, se estipulan cierto número de obligaciones, financieras y de diversa índole, en las que se contemplan multas y castigos en caso de evasión o incumplimiento de lo dispuesto.

A estas medidas que el Estado, en el libre ejercicio de sus derechos legítimos, ha querido ejecutar, y a las que los bahá'ís, tal como corresponde a su posición de ciudadanos leales y obedientes de ley, se han sometido, han venido a sucederse otras medidas que si bien son de un carácter diferente, no por ello dejan de afectar menos penosamente a nuestra amada Causa. En Bakú, sede de la República Soviética del Cáucaso, así como en Ganjih y otras poblaciones vecinas, las Asambleas y creyentes bahá'ís han recibido comunicación verbal y escrita con órdenes estatales por las que se suspende toda clase de reuniones, celebraciones conmemorativas y fiestas, se suprimen los comités de todas las Asambleas Espirituales nacionales y locales, se prohíbe la recaudación de fondos y el envío de aportaciones económicas a cualquier centro de dentro o fuera de la jurisdicción soviética, se insta el derecho de inspección completa y frecuente de las deliberaciones, decisiones, planes y actuación de las Asambleas bahá'ís, se disuelven los clubes juveniles de hombres y las organizaciones para niños, se impone la censura estricta sobre toda correspondencia saliente o entrante de las Asambleas bahá'ís, se instruye una investigación detenida de la documentación de las asambleas, se suspende todas las publicaciones periódicas, boletines o revistas, y se exige la deportación de las personalidades más destacadas de la Causa en su condición de maestros públicos, conferenciantes o cargos de las Asambleas bahá'ís.

Principio rector de conducta

A todo ello se han sometido con sentimientos de intensa agonía y heroica fortaleza, unánimemente y sin reservas, los seguidores de la Fe de Bahá’u’lláh, siempre conscientes de los principios rectores que rigen la conducta bahá'í en relación a las actividades administrativas, no importa cuán grave sea la interferencia que sufran y los efectos que acarreen en el curso de la propagación del Movimiento (y la suspensión de las cuales no constituye en sí una violación del principio de lealtad a su Fe), deben obedecer por completo, si han de ser fieles a las órdenes expresas de Bahá'u'lláh y 'Abdu'l-Bahá, el veredicto considerado y los decretos autoritativos que emanen de sus gobernantes responsables. Sin embargo, en asuntos que afecten vitalmente a la integridad y honor de la Fe de Bahá’u’lláh, y que equivalgan a una abjuración de fe o a un repudio de sus creencias más íntimas, están ellos convencidos, y preparados sin vacilar a reivindicar con su sangre la sinceridad de sus convicciones: que ningún poder terrestre, ni las artes del adversario más insidioso, ni las armas sangrientas del más tiránico opresor, podrán nunca extraer de ellos una palabra ni obra que pueda tender a sofocar la voz de su conciencia ni mancillar la pureza de su fe. Aferrándose con resolución inamovible a las verdades inviolables de su querida Fe, nuestros duramente maltratados hermanos del Cáucaso y del Turquestán, tal como corresponde a ciudadanos bahá'ís respetuosos de la ley, han decidido, tras agotar todo cauce legítimo con que aliviar las restricciones impuestas, acatar decididamente y llevar a cabo conscientemente el veredicto considerado de su gobierno. Con esperanzas de que ningún poder terrenal puede empañar, y con una resignación que en verdad es sublime, han fiado los intereses de su Causa al cuidado de ese vigilante y todopoderoso Liberador Divino, quien, están seguros, en su hora levantará el velo que ahora oscurece la visión de sus gobernantes y revelará la nobleza de las metas, la inocencia de propósito, la rectitud de conducta y los ideales humanitarios que caracterizan a las comunidades bahá'ís, todavía pequeñas pero potencialmente poderosas, de todos los países y bajo cualquier gobierno.

Si las actuales restricciones se prodigasen y recrudeciesen, si la situación llegara a poner en peligro la posición del Mashriqu'l-Adhkár de 'Ishqábád como para requerir la intervención del mundo bahá'í, haría un llamamiento a las Asambleas Espirituales Bahá'ís Nacionales y locales del Oriente y Occidente para que se alzasen a una a prestar su apoyo moral a aquellos de sus hermanos cuya misión particular y privilegio es vigilar ese terreno consagrado sobre el que ya se ha erigido la Estructura central de la Primera Casa Universal de Adoración de Bahá’u’lláh. Les instaré a que tomen cualquier medida que juzguen apropiada a fin de demostrar la solidaridad de los seguidores de Bahá’u’lláh, disipar cualquier duda o aprensión que puedan albergar las mentes de los funcionarios del Estado de ese país, y recuperar para sus hermanos hasta ahora sospechosos la estima y confianza de sus gobernantes. En especial, recabaré de ellos que proclaman en sus representaciones escritas dirigidas a las autoridades competentes su repudio total de cualquier motivo oculto o de intenciones políticas que les puedan ser imputadas por sus malignos adversarios, y reafirmar en términos inequívocos la naturaleza puramente humanitaria y espiritual del trabajo en el que los bahá'ís de todo país y de toda raza se encuentran comprometidos de forma unida. Además, les pediré que reafirmen el carácter internacional del Edificio bahá'í de 'Ishqábad, y que recalquen los estrechos lazos de interés material y de fraternidad espiritual que unen a las comunidades bahá'ís del mundo entero con ese Edificio que con razón puede reclamar la distinción de ser la Primera Casa Universal de Adoración de Bahá’u’lláh, de haber sido concebido en su diseño por el propio 'Abdu'l-Bahá, construido y completado en Sus días y bajo Su dirección, y de haber contado con las aportaciones colectivas de los creyentes de todo el mundo. La hora para tal llamamiento mundial y concentrado no ha llegado todavía, pero nos corresponde, mientras desde la distancia vigilamos expectantes el espectáculo moviente de una luchadora Fe de Bahá’u’lláh, procurarnos solaz y fuerza permanentes en la reflexión siguiente: que cuanto quiera que sobrevenga a esta causa, por muy grave y humillante que sean las intermitencias que de tiempo en tiempo aflijan la vida orgánica o bien interfieran con las funciones de la maquinaria administrativa de la Fe Bahá'í, tales calamidades no podrán sino demostrarse en su momento como una bendición disfrazada concebida, por una sabiduría que a todos nosotros nos es inescrutable, para establecer y consolidar la soberanía de Bahá’u’lláh sobre esta tierra.

La casa de Bahá’u’lláh en Bagdad

Lo que ya hemos presenciado en conexión con los últimos acontecimientos referidos al asunto de la Casa de Bahá’u’lláh en Bagdad proporciona evidencia abundante de la verdad de la observación que acaba de hacerse. Lo que en las primeras etapas podía aparecer al observador superficial como una disputa menor sometida a un tribunal extraño y anticuado chiíta, derivó gradualmente en asunto de mucha mayor monta que acabaría atrayendo la atención del más alto tribunal de Irak. En sus últimas fases ha ido cobrando tal fuerza, atrayendo tal publicidad y recibiendo tal apoyo de las cancillerías europeas, como para convertirse en tema digno de ser considerado no sólo por la Comisión Internacional específica que es responsable última de la administración de los Territorios Mandatados, sino también de los principales signatarios del Convenio de la Sociedad de Naciones que están representados en el Consejo de la propia Sociedad.

Pocos si acaso de entre los estrechamente relacionados con el asunto podían imaginar al comienzo o esperar que viviendas que a simple vista podían parecer sólo un grupo de edificios humildes y decrépitos perdidos entre las tortuosas y oscuras calles de la antigua Bagdad podrían adquirir tal preeminencia como para convertirse en el objeto de deliberaciones del más alto Tribunal internacional que la mano del hombre haya levantado hasta ahora para la resolución amigable de sus asuntos. Cualquiera que sea la decisión del más alto Tribunal mundial con relación a la petición elevada ante ella por los bahá'ís de Irak –y nadie podrá negar que de sernos favorable el veredicto, se habría conseguido para nuestra amada Fe un triunfo de magnitud sin parangón–, el trabajo ya logrado es en sí mismo prueba abundante de las confirmaciones sostenedoras que desde el Reino de lo alto están siendo derramadas sobre los defensores de esta causa.

No puedo abstenerme de expresar en este sentido mis sentimientos de profundo aprecio por la vigilancia incesante y la gran distinción con que nuestro precioso hermano y compañero de trabajo, Sr. Mountfort Mills, ha emprendido y sigue llevando esta misión histórica y sagrada encomendada a su cargo. Sus ininterrumpidas fatigas, a pesar de una salud quebrada y de las preocupaciones y cuitas domésticas, son merecedoras de la mayor alabanza y serán recordadas con agradecimiento en los anales de una Causa inmortal.

Ciertamente, si leemos la historia del caso en sus justos términos, no podemos sino discernir la dirección que las fuerzas, liberadas por estas declaraciones proféticas de Bahá’u’lláh pronunciadas hace sesenta años, están destinadas a tomar en la resolución final de este fundamental asunto:

"En verdad, yo declaro, en los días que vendrán será degradada a tal extremo que hará correr lágrimas de todo ojo discerniente(...) Y en la plenitud del tiempo, por medio del poder de la verdad, el Señor la exaltará a los ojos de todos los hombres, y la trocará en la poderosa enseña de Su dominio, el Santuario alrededor del cual girará el concurso de los fieles"

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
1 de enero de 1929

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso del occidente.

Compañeros de trabajo en la Viña Divina:

Me siento obligado por la fuerza de varias circunstancias a compartir con vosotros las noticias sobre acontecimientos ocurridos recientemente en los países del Oriente Medio y Cercano, los cuales por dictado de la Providencia, están sufriendo una transformación tan sorprendente en sus rasgos como significativa en sus repercusiones sobre los intereses de nuestra amada Fe.

ya me he referido brevemente en una anterior comunicación mía a la naturaleza y efectos de esa trascendental Revolución que con sorprendente celeridad ha sustituido un decrépito Imperio otomano por una Turquía rejuvenecida y occidentalizada. También he procurado describir las primeras etapas de ese episodio reciente y conmovedor que ha servido de manera en verdad providencial para catapultar a la comunidad bahá'í de Turquía desde la oscuridad de una incuria opresiva hacia el pleno día de la atención oficial y pública.

Sin embargo, últimamente de los informes que se han recibido procedentes de los representantes electos de los creyentes de diferentes partes de Turquía, se desprende que las investigaciones llevadas a cabo por las autoridades policiales en la capital y provincias de dicho país no han demostrado ser sino los prolegómenos de una investigación oficial más detallada sobre la postura bahá'í con relación a las leyes recientemente promulgadas por el gobierno republicano. Pues tan pronto como los seguidores de Bahá’u’lláh fueron liberados de las comisarías de policía y recibieron garantías de que su Fe en modo alguno estaba ligada a fines o motivaciones políticas, se hizo entrega a sus representantes de un comunicado oficial por el que se les emplazaba a comparecer ante el Tribunal de lo criminal del Estado, bajo acusación de haber infringido la ley de la República que exige el registro y autorización de todas las reuniones y asociaciones públicas formadas dentro de la jurisdicción del Estado. A esta citación se sometieron de inmediato y con obediencia implícita nuestros hermanos. A decir verdad la acogieron como una nueva oportunidad no sólo de afirmar la inocencia de su Fe, sino también de reivindicar la sublimidad de las enseñanzas de Bahá’u’lláh. Comprendiendo que con el nuevo giro el caso asumía un carácter solemne y jurídico, los impávidos campeones de la Causa decidieron procurarse la ayuda de un abogado comprensivo y experto, quien habría de reforzar desde una perspectiva puramente legal el argumento espiritual cuya exposición ellos se reservaban para sí. Durante un período que osciló de una semana a dieciocho días la atención de los funcionarios del tribunal, de los representantes electos de los creyentes, de los abogados oficialmente designados, y del público asistente se centró en las deliberaciones de un Tribunal que sometió a detenido examen tanto la conducta y motivos de los creyentes bahá'ís como las leyes y principios, la historia pasada y la posición presente de la propia Fe.

Juicio de los creyentes turcos

Fortificados al reflexionar que nunca antes en la historia bahá'í habían sido citados los seguidores de Bahá’u’lláh por los funcionarios del Estado, responsables de la administración de justicia, a exponer la historia y principios de su Fe, nuestros hermanos de Turquía decidieron afirmar en su totalidad esas leyes y disposiciones características de la Revelación bahá'í que el terror de una aristocracia suspicaz les había obligado por tanto tiempo a disimular o desatender.

Nada mejor puedo hacer que citar en este sentido unos pocos pasajes del texto de la defensa oficial que en la histórica ocasión de la sesión plenaria del Tribunal y con lenguaje conmovedor fue pronunciado por el presidente de la Asamblea Espiritual de los Bahá'ís Constantinopla:

"La Béha'ísme est une religion universelle, moderne et absolument independante. Si l'on désire une désignation plus moderne encore: c'est une institution de Clémence, de bonne entente et d'amour, en d'autres termes, de progrès moral et spirituel. Il n'est ni une secte, ni une branche des autres religions et doctrines diverses. Il est cependant leur aboutissement naturel, logique et pour ainsi dire scientifique. C'est la raison pour laquelle l'on trouve parmi ses adhérents des personnes, venant de toutes les religions et doctrines existantes dans le monde, et qui se comptent aujourd'hui par millions.

(…) Ces explications ne sauraient toutefois á dévoiler le suffire (?) mystère qui est au fond des sacrifices, consentis dans ce siècle en Orient, par plus de vingt mille martyrs du Béhá'ísme, parmi lesquels se trouve Qurratu'l-'Ayn /Táhirih (la joie des yeux, la pure), cette jeune femme turque, dépeinte ainsi par notre illustre écrivain Suleyman Nasif, et dont le martyre sans précédent est cité aujourd'hui par le monde entier comme l'epopée sans pareille de la cause humaine. Je ne sais si ces explications peuvent elucider les raisons pour lesquelles il se trouve à cette doctrine pétrie également par le sang turc des amis parmi des hommes de race turque, cette race qui dans tout procés du genre humain et de ses nobles aspirations, n'a pas hésité jusqu'ici à verser son sang (…) Toutefois, les Béhá'ís n'ont point dissimulé leur présence en Turquie, surtout depuis le régime de la République. C'est ainsi qu'ils se sont fait inscrire comme Béhá'ís sur les feuilles du dernier recensement à Constantinople. D'autre part est-il admissible que le Gouvernement ignore leur présence dans cette ville? Cela étant, il ne saurait etre imaginé que les Béhá'ís soient sous le régime de la République, poursuivis comme tels, surtout aprés avoir acquis leur liberté sous le régime de la Constitution qui a suivi celui de la tyrannie durant lequel ils étaient persécutés (…)

Mais avant de terminer, je ne puis m'empecher de dire avec une entière assurance, que les adeptes en Turquie de cette doctrine, sont surs de la Justice d'un pays régi par la première véritable République pleine de lumiére dont s'honore adjourd'hui tout l'Orient (…)

Ces déclarations d'une part, et la conduite suivie par les Béhá'ís, a l'occasion de cet incident qui a commencé par l'interrogatoire auquel ils ont été soumis par la Police, de l'autre, sont la preuve convainquante de la sincérité et de la bonne foie avec lesquelles nous nous comportons tant vis à vis de la Justice que de celui du Gouvernement. Ainsi, nous aurions pu soustraire certaines pièces qui constituent les seuls documents pouvant servi á nous assimiler à des sociétés. Ne nous voyant pas en contravention avec la loi, nous n'avons rien voulu dissimuler, comme personellement je ne cherche qu'a tout dire ici. Ce n'est la' d'ailleurs qu'une nécessité dicté par le Béhá'ísme et la conformation à une recommendation de Bahá'u'lláh. Lui nous dit: "Devant la Justice, dites la Vérité et ne craignez rien".

A los debates acalorados dieron colorido dos circunstancias inesperadas, las cuales debieron de contribuir en no pequeña medida a la conclusión feliz del asunto. La participación de un afamado publicista y autor turco cuya simpatía declarada por la Causa le ha identificado con el grupo de creyentes sospechosos, y la asociación del nombre de la reina viuda de Rumania con la Fe bahá'í a raíz del descubrimiento, entre la documentación incautada a la Asamblea bahá'í de Constantinopla, de sus pronunciamientos públicos sobre la Causa junto con su mensaje personal dirigido a los amigos de esa ciudad, han servido ambos para reforzar la posición de los bahá'ís y animarles grandemente en su tarea. Se me asegura en una carta que me ha sido remitida por el presidente de la Asamblea de Constantinopla que las sesiones del tribunal se condujeron dignamente, que fueron sublimes cuando se presentaron los ideales de la Causa y que contaron con una concurrencia representativa. Al respecto escribe: "Ce fut une déclaration de la Cause dans toute sa grandeur et jamais l'Orient n'a vu retentir le nom de Bahá dans une pareille formule (…) J'ai préféré laisser l'avocat qui n'est pas Behá'í en parler. En effet cela a eu plus d'effet d'entendre l'avocat, emporté par je ne sais quelle mystérieuse poussée, crier, aprés avoir cité les principes ainsi: 'Monsieur le Juge! n'est-ce pas là en somme l'idéal vers lequel marche actuellement notre pays avec en téte notre Grand Gazi?'"

El lenguaje exagerado de los periódicos que relataron los detalles de esta investigación oficial ha servido a su vez para acentuar la publicidad ya lograda e inducir a los funcionarios del tribunal a ejercer una imparcialidad escrupulosa al entender y juzgar el caso. En cuanto al veredicto que fuera pronunciado el 13 de octubre, se afirma claramente en él que, si bien los seguidores de Bahá'u'lláh en su inocente concepción del carácter espiritual de su Fe no vieron necesario solicitar permiso para la conducción de sus asuntos administrativos y por ello han incurrido en una multa, no obstante, no sólo han establecido la falta de culpa de la Causa de Bahá’u’lláh con entera satisfacción de los representantes legales del Estado, sino que han desempeñado dignamente la tarea de reivindicar su independencia, su origen Divino y su idoneidad ante las circunstancias y requisitos de la época presente. Se comprenderá que este reconocimiento por parte de las autoridades nunca habría podido conseguirse tan rápidamente de haber procedido los representantes de los creyentes por los cauces ordinarios y oficiales para obtener tal reconocimiento de su gobierno.

Declive del Islam

Ciertamente todo observador imparcial que revise por un lado la historia turbulenta de la Causa en Turquía y que recuerde, por otro lado, la serie de convulsiones internas que han hecho presa de ese país, no puede por menos de maravillarse ante el contraste entre el veloz declive de una teocracia todopoderosa y la gradual consolidación de una Fe perseguida. Apreciará el significado de las circunstancias que han causado, de una parte, el desmembramiento de lo que fue otrora la más poderosa institución del Islam, y que han contribuido, de otra parte, a que de sus ruinas surja esa misma Fe que en vano se esforzaron por erradicar. Si remontara su mirada al pasado y consultase los anales de la cristiandad del primer siglo de la era cristiana, no dejará de observar lo llamativo que resulta el paralelo entre la cataclísmica intervención de la Providencia que ha afligido a las instituciones más sagradas de los judíos en Tierra Santa y el colapso absoluto ocurrido en esta era, coincidente con el primer siglo de la era bahá'í, del sultanato y del califato, las más altas instituciones del Islam ortodoxo. Recordará los rigores que la mano de Tito impuso a los judíos, el acoso que supuso el sitio de Jerusalén, la destrucción de la Ciudad Santa, la profanación del Templo y del Sagrado de los Sagrados, el traslado de sus tesoros inapreciables a la capital imperial de Roma, la erección en el lugar de Sión de la colonia pagana de Oelia Capitolina, la matanza de judíos y el exilio y dispersión de la mayoría de los supervivientes. De igual manera, observará que casi en el misma decenio correspondiente del primer siglo de la era de Bahá'u'lláh, no a manos del infiel, sino de un gobernante reconocido y profeso musulmán, las más altas sedes de la autoridad del mundo islámico han sufrido la descarga de un golpe de impar magnitud. Recordarán el desmantelamiento todavía reciente de la religión de estado de Turquía, el derrocamiento de la dinastía de la casa de 'Uthman, la pérdida de la unidad de la inmensa mayoría de los fieles de la fe Muhammad, la humillación padecida por la totalidad de la jerarquía eclesiástica de esa tierra, la abolición de los tribunales religiosos, la anulación de las disposiciones del Corán, la promulgación de un código civil universal de corte occidental, la supresión de sus órdenes y el cierre de la clausura de la mayoría de los sus seminarios y establecimientos.

Tan estrecha correspondencia entre los históricos castigos que el brazo vengador del Todopoderoso quiso infligir a los perseguidores de Cristo y Bahá'u'lláh no puede sino fortificar la confianza de todo creyente bahá'í en las glorias futuras de esta Dispensación Divina. En particular, se sentirá fortalecido cuando recuerde los triunfos que jalonaron el avance de la Cristiandad tras la humillación de sus enemigos. Conforme pondera las circunstancias que han dado origen a tan llamativa publicidad para la Causa, no sólo a través de Turquía sino también en los países vecinos, no dejará de reconocer en este extraño episodio, tan próximo de a la caída de ese poderoso bastión adversario de la Fe bahá'ís, el preludio de un reconocimiento mayor y de un despliegue más completo de la Causa de Bahá'u'lláh.

Progreso en Persia

En Persia, donde, a diferencia de su malhadada nación hermana de Afganistán, el ritmo de la las reformas ha sido sabiamente regulado, los salutíferos efectos del régimen progresista establecido por un gobernante esclarecido no sólo están calando en la estructura social y económica de la sociedad, sino que de forma creciente están haciéndose sentir en la masa de los seguidores de Bahá'u'lláh de aquel país. El torbellino de controversia en que un clero rebelde ha sumido las drásticas reformas de un gobernante decidido, reformas encaminadas a la secularización gradual del Estado, ha proporcionado a nuestros hermanos persas la tan deseada oportunidad de proseguir sin estorbos el curso de sus actividades espirituales y humanitarias. La deportación de un número considerable de funcionarios eclesiásticos musulmanes, entre ellos el heredero de ese infame y sanguinario mujtahid de Isfahán, "el Hijo del Lobo", ha servido para desbrozar el terreno para la extensión y consolidación de las instituciones bahá'ís. Tal como se informa desde un centro de la provincia de Yazd, un mulláh destacado e imparcial, al descubrir la profecía específica de 'Abdu'l-Bahá sobre el forzoso abandono del tocado tradicional musulmán por los clérigos musulmanes, reconoció el origen Divino de la Fe bahá'í, abrazó su verdad y abiertamente se alistó como defensor activo de sus instituciones.

Además, se afirma en varias partes y entre sectores responsables de la comunidad que el asunto de la codificación e introducción de un código occidental civil y su aplicación universal a todas las diferentes comunidades es objeto de libre discusión, y que su deseabilidad se abre paso por momentos. Sin embargo, como medida preliminar a la introducción de tan trascendental reforma, se han iniciado últimamente algunos cambios de política, que no revisten la forma de edictos dictatoriales apresuradamente concebidos, sino que son resultado de deliberaciones maduras y que cuentan con la sanción de los representantes nacionales del pueblo. La sistematización de las leyes de matrimonio y contrato; el establecimiento de un registro de la propiedad totalmente independiente del control eclesiástico; la distribución de certificados de nacimiento de carácter puramente laico; la cada vez mayor preeminencia acordada a los derechos sociales de la mujer; la estrecha atención prestada por las autoridades del Estado a la educación de los jóvenes persas en las universidades de Europa; la prohibición de los autos de pasión musulmanes por todos los dominios del Shah; los planes variados y audaces que han sido lanzados para el embellecimiento de la capital persa; todos estos hechos constituyen signos de la futura era que ha de atestiguar el ascendiente espiritual y material de Persia entre los pueblos y naciones del mundo.

En este entorno de continua mejoría en que por todas partes se atestigua la caída de esas instituciones que han mutilado a su luchadora Fe, los creyentes de Persia aprovechan ahora contentos toda oportunidad con que demostrar el poder redentor de la Causa de Bahá'u'lláh. Un informe muy indicativo, remitido por uno de los maestros itinerantes de la Causa más capaces y fiables de Persia, acaba de llegar a Tierra Santa. En él el autor presenta con lenguaje gráfico y preciso las múltiples evidencias de vitalidad creciente que está desplegando la Fe en diferentes partes del país. Tras haber sido requerido por la Asamblea Espiritual Nacional de Persia para que interrumpiera sus viajes en la vecina ciudad de Mashád y dedicara atención inmediata a una situación que había surgido inesperadamente en Isfahán, nuestro incansable maestro y hermano mostró gran sorpresa al llegar a esa provincia y apreciar en los diversos poblados y aldeas que visitó la decuplicación del número de seguidores de la Fe desde su última visita a esas regiones. Además, se sintió maravillado ante la hospitalidad que se le dispensó por parte de personas que hacía seis años habían propiciado su expulsión del territorio y que ahora se habían alistado bajo la bandera de Bahá'u'lláh. Por otra parte, se sintió muy feliz al comprobar que el prestigio, la integridad y destreza de las Asambleas locales bahá'ís de la provincia habían alcanzado tan alto nivel que los no bahá'ís, exasperados ante la corrupción e incompetencia de sus propios jueces, más de una vez habían decidido libremente someter sus disputas al juicio de los representantes electos de la comunidad bahá'í de su localidad.

Sólo un observador imparcial y cercano a los usos y costumbres del pueblo persa, y que esté familiarizado con las tendencias dominantes en los sectores varios de la población, tales como su apatía e indolencia, la ausencia del sentido del deber público y la lealtad a los principios, la falta de esfuerzos concertados y de constancia en la acción, el hábito del secretismo y de ciego seguimiento o sumisión a la voluntad caprichosa de un clero ignorante y fanático, puede verdaderamente estimar la inmensidad de la tarea que afronta todo creyente consecuente en aquella tierra. También dará fe del alto nivel ya conseguido por los bahá'ís de Persia en sus esfuerzos por inculcar en las mentes de sus compatriotas los principios de la civilización divina inaugurada por Bahá’u’lláh.

No tenemos más que mirar a esas conmovedoras garantías escritas que nos dejó 'Abdu'l-Bahá para comprender la magnitud y carácter exaltados de la misión que Él confió a los seguidores de la Fe en la tierra nativa de Bahá'u'lláh. Mediante la fiel aplicación de los principios espirituales que su actual administración se esfuerza por propagar; mediante el carácter de esos lazos indisolubles de fraternidad bahá'í que cimientan la unión de la masa de los creyentes con sus representantes electos; mediante la distinción de sus aportaciones futuras en el dominio del arte, la ciencia y el comercio, de la educación y de la industria; mediante éstas y otras convincentes manifestaciones de la vitalidad regeneradora de su Se, nuestros hermanos persas están destinados a demostrar a los poderes gobernantes de la tierra la majestad, la estabilidad permanente y la eficacia indefectible del Gobierno de Bahá'u'lláh.

El siguiente pasaje de una tabla de 'Abdu'l-Bahá, revelada hace más de treinta años mientras yacía preso dentro de los muros de la ciudad prisión de 'Akká, y dirigida a los bahá'ís de Khurásán, estimulará sin duda a esos amigos briosos del Occidente que anhelan contribuir por todos los medios en su poder a la rehabilitación de la tierra nativa de su Maestro:

"Pronto nuestros hermanos de Europa y América viajarán a Persia. Y promoverán en grado imparangonable los intereses de las artes y de la industria. Allí establecerán las instituciones de la verdadera civilización, promoverán el desarrollo de la agricultura y del comercio, y ayudarán a la difusión de la educación (...) Llegarán, no quepa ninguna duda; y de cierto contribuirán a hacer de la tierra de Irán la envidia y admiración de los pueblos y naciones del mundo".

Mientras ponderamos en nuestros corazones estas palabras de 'Abdu'l-Bahá, recordemos también las declaraciones proféticas de Bahá'u'lláh, las cuales revelan no sólo la crueldad inmisericorde de los dirigentes eclesiásticos del Islam sino también la medida del castigo Divino que ahora aflige a los opresores de la Santa Fe de Dios:

"¡Oh pueblo del Corán! En verdad, el profeta de Dios, Muhammad, derramó lágrimas ante el espectáculo de vuestra crueldad. De cierto habéis seguido vuestros deseos malignos y corruptos y habéis desviado vuestra faz de la luz de día. Pronto atestiguaréis el resultado de vuestras obras; pues el señor Mi Dios está al acecho y observa vuestra conducta (...) Pronto alzará Él en cada ciudad el estandarte de Su soberanía, y borrará las huellas de quienes Le han negado a Él en el día de Su retorno (...) ¡Oh concurso de teólogos musulmanes! Debido a vuestras obras la estación exaltada de la nación se ha visto rebajada, la bandera del Islam ha sido arriada y se ha desplomado su poderoso trono. Cuandoquiera que Reformador Divino ha deseado ennoblecer el rango del pueblo, os habéis alzado tumultuosamente contra Él y Le habéis impedido ejecutar Su propósito, por lo que el Reino ha permanecido en grave pérdida".

En conclusión, quisiera, en pocas palabras, rendir tributo, por más que inadecuado, a los magníficos servicios prestados por esa maestro ejemplar e incansable de la Causa, nuestra muy amada hermana Srta. Martha Root. Los viajes internacionales que en nombre de la Fe Bahá'í ha realizado, de tan variada condición y de duración tan extensa, tan inspiradores en sus resultados, adornarán y enriquecerán los anales de la Fe inmortal de Dios. Sus primeras travesías hasta los límites más meridionales del continente americano, a la India y Sudáfrica, a los confines orientales de Asia, a las islas de los mares del Sur y a los países escandinavos del Norte; su contacto más reciente con los gobernantes y testas coronadas de Europa y la impresión que su espíritu intrépido creó en los círculos reales de los países británicos; su estrecha afiliación a organizaciones internacionales, sociedades de paz, movimientos humanitarios y círculos esperantistas; y sus últimas victorias en los círculos universitarios de Alemania; todo ello constituye una evidencia arrolladora de lo que el poder de Bahá’u’lláh es capaz de lograr. Estas empresas históricas, llevadas a cabo por cuenta propia, en circunstancias de penuria económica y salud quebrada, se han caracterizado en todo momento por un espíritu de fidelidad, desprendimiento, meticulosidad y un vigor que nadie ha superado.

Apelo a los creyentes y asambleas bahá'ís por igual a que refuercen por todos los medios posibles los sinceros esfuerzos acometidos por alma tan preciosa, a que respondan rápidamente y en su integridad a cualquier petición que de tiempo en tiempo ella se sienta movida a dirigir a los compañeros de trabajo de cada país, a procurar alcanzar el alto nivel de servicio que ella ha marcado y a rezar desde lo más hondo de sus corazones por la prosecución ininterrumpida de sus nobles empeños.

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina,
12 de febrero de 1989 muros párrafo

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso del Occidente.

Muy amados hermanos y hermanas en 'Abdu'l-Bahá:

Con un corazón rebosante de alegría y agradecimiento levanto mi pluma para compartir con vosotros las buenas nuevas que dan testimonio elocuente de la triunfante majestad y el espíritu indomeñable de la Fe de Bahá'u'lláh. Desde Ginebra, sede de la Sociedad de Naciones, llegan noticias de que la ferviente solicitud dirigida por los bahá'ís de Irak al Tribunal mundial supremo con relación a un asunto que por un tiempo ha agitado hasta los cimientos al mundo bahá'í, ha sido acogida con una respuesta noble y harto gratificante.

Recordaréis las referencias que realicé en mi comunicación anterior, de fecha 6 de noviembre de 1925,29 de octubre de 1926 y 1 de enero de 1929, a propósito de la toma por la fuerza de la casa sagrada de Bahá’u’lláh a cargo de los shíies de Bagdad, a las apelaciones que para su restitución se hicieron llover desde todos los rincones del globo sobre las autoridades de Irak, a las largas y dilatadas gestiones a las que debieron recurrir los representantes de la Fe de aquel país, y finalmente a la petición que dirigieron al lugar al la Comisión Permanente de Mandatos de la Sociedad en la que precisaban la historia del caso y apelaban a la intervención del Consejo en su nombre. Se me ha informado ahora que tras maduras deliberaciones la decisión adoptada por la Comisión de Mandatos, por la que se insta a una actuación rápida que repare el daño sufrido por los bahá'ís, ha sido debidamente notificada y adoptada por el Consejo de la Sociedad, el cual a su vez comunicará formalmente la recomendación de su Comisión al poder Mandatario.

Decisión de la Sociedad de Naciones

Del texto oficial de las actas de la reunión de la Comisión de Mandatos así como del informe autorizado enviado al Consejo, ambos hechos públicos, es claro y evidente que los términos de la conclusión a que se ha llegado no son ni vagos mi evasivos, sino que expresan en lenguaje inconfundible las aspiraciones legítimas de una Fe oprimida y luchadora. La decisión no conlleva compensación para la Comunidad bahá'í por la pérdida de los Edificios sagrados, ni tampoco dispone la expropiación de la propiedad a cargo del Estado. Por citar del texto del documento oficial, la Comisión ha resuelto "recomendar al Consejo que solicite al Gobierno británico que inste al Gobierno de Irak a que repare sin dilación la denegación de justicia padecida por los demandantes".

Una mirada a las actas de la reunión de la Comisión bastarán para revelar que en el curso de las largas discusiones sostenidas por los miembros de la Comisión se han reconocido y recalcado los siguientes hechos de importancia. El representante británico acreditado, presente en las sesiones de la Comisión, ha declarado que "era un hecho que el Poder Mandatario había reconocido que los bahá'ís habían sufrido una injusticia y que, desde que dictara sentencia el Alto Tribunal, el Alto Comisionado había estado considerando qué medidas podrían hallarse que renuevan, bien por medio de un acto ejecutivo o de otro tipo, los efectos injustos de dicha decisión". Además el representante acreditado ha reconocido que los bahá'ís ocupaban la propiedad en bonafide, que habían invertido sumas que superaban el valor del propio lugar, y así, de acuerdo con las disposiciones todavía vigentes del derecho turco, están autorizados a comprar el lugar. Asimismo, en el curso de las deliberaciones de los miembros de la Comisión, se ha aludido al hecho de que la actuación de la comunidad shíi con relación a la casa sagrada de Bahá'u'lláh constituye una violación de la Constitución y de la Ley Orgánica de Irak, la cual, según el testimonio del representante acreditado británico, prevé expresamente la libertad de conciencia sin trabas. Una de las preguntas formuladas por uno de los miembros ha dado lugar a que el representante del Gobierno británico responda dando seguridades a la Comisión de que el Poder Mandatario poseía de hecho los medios de ejercer presión sobre las autoridades a fin de garantizar, de ser necesario, que un artículo tan fundamental de la Constitución fuese respetado. Además, se ha expresado firmemente la opinión de que el asunto había asumido una "importancia que superaba al caso particular de los bahá'ís", por cuanto "el juicio del alto tribunal se veía sometido a la sospecha de estar inspirado por prejuicios políticos", con la consiguiente impresión por parte de la Comisión de que "desde el punto de vista moral, las condiciones de Irak no estaban mejorando; que las pasiones religiosas seguían agitadas y que aún no ha llegado la paz a las diversas comunidades religiosas". Incluso se ha propuesto sumar al informe sometido al Consejo la observación según la cual, en opinión de la Comisión, "un país en el que el Soberano y los más altos tribunales de justicia son capaces de obrar tamaña y flagrante denegación de justicia probablemente no sería considerada candidato a convertirse en miembro de la Sociedad de Naciones". Las actas de la reunión de la Comisión indican además que los contenidos de la carta dirigida por el Primer Ministro de Irak al representante británico en Bagdad, que acompaña al texto de la petición de los bahá'í, no responden en opinión de la Comisión "a ninguna de las alegaciones de los peticionarios" y están confinados a la mera afirmación de que la sentencia del Tribunal de Apelación fue pronunciado de acuerdo con las leyes del país. En cuanto al memorándum sometido por el Poder Mandatario con relación a la petición bahá'í, y al que hacen breve referencia las actas, se afirma expresamente que el Gobierno de su Majestad británica considera que la expulsión de los bahá'ís ocurrida mientras el caso seguía inconcluso constituye una actuación ilegal, y que las razones aducidas para justificar dicha actuación son apenas admisibles, y que el veredicto final del Tribunal de Apelación es insostenible, contrario a la ley, y teñido de consideraciones políticas. Las actas declaran además que aunque no se considera procedente cualquier petición presentada a la Comisión y que apele a una decisión otorgada por un Tribunal, sin embargo dado que la petición sometida por los bahá'ís revela tal estado de parcialidad, servilismo y sectarismo se ve deseable hacer excepción a la regla general y considerar que la petición en cuestión puede admitirse a trámite por la Comisión. Entre las observaciones contenidas en la conclusión de las actas de la reunión de la Comisión con relación a la petición bahá'ís resulta significativo este pasaje: "Las revelaciones hechas en relación a esta petición muestran las condiciones actuales de Irak bajo una luz desfavorable. En un país donde la conducta de las más altas autoridades lleva a que el poder Mandatario emita críticas tan severas, donde el Tribunal Supremo de Justicia se halla bajo legítima sospecha, y donde el fanatismo religioso persigue a las minorías y controla el poder, prevalece un estado de cosas que no responde al desarrollo y bienestar de los habitantes. Si los demandantes han sufrido una denegación grave de justicia, de la que son directos responsables las autoridades de Irak. El hecho de que esta denegación de justicia no pudiera prevenirse o corregirse inmediatamente se debió al debilitamiento del control del Poder Mandatario en Irak. El Poder Mandatario intentó, aunque en vano, reparar el daño causado a los demandantes valiéndose de los medios de influencia a su disposición bajo el régimen establecido por el Tratado de 1922 con el rey Feisal y el gobierno de Irak. Estos esfuerzos no parecen corresponderse completamente con los compromisos que se derivan de la declaración del Gobierno británico que fuera aprobada por el Consejo el 27 de septiembre de 1924 y renovada por el Gobierno británico en 1926, en virtud de la cual el Tratado de Alianza entre el Gobierno británico e Irak ‘habría de asegurar en Irak la observancia completa y ejecución de los principios que la aceptación del mandato tenía como fin asegurar’".

Esta grave censura pronunciada por la Comisión de Mandatos de la Sociedad de Naciones en torno a la administración de justicia y la gestión de los asuntos en Irak, así como la puesta en relación de la humillación que aflige a la morada sagrada de Bahá'u'lláh con las obligaciones que se desprenden del Tratado de Alianza y que vincula a los gobiernos de Gran Bretaña e Irak, no sólo proclaman al mundo el prestigio realzado de ese lugar consagrado y Santo, sino que testifica asimismo el alto sentido de integridad que anima en el desempeño de sus deberes públicos a los miembros de la honorable Comisión de la Sociedad. En su respuesta formal a los peticionarios bahá'ís, los miembros de la Comisión Permanente de Mandatos, con la sanción del Consejo de la Sociedad de Naciones, ha emitido esta muy satisfactoria declaración: "La Comisión Permanente de Mandatos, reconociendo la justicia de la denuncia realizada por la Asamblea Espiritual de los bahá'ís de Bagdad, ha recomendado al Consejo de la Sociedad las actuaciones que estime oportunas para reparar el daño sufrido por los peticionarios". Un pasaje similar, insertado en el informe del Representante finlandés dirigido al Consejo de la Sociedad, reza como sigue: "La Comisión ha considerado también una petición de la Asamblea Espiritual Nacional de los bahá'ís de Irak, una comunidad que se ha visto desposeída de su propiedad por otra comunidad y que no ha podido recuperarla por medios legales. La Comisión está convencida de que esta situación, que se describe como una injusticia, debe atribuirse exclusivamente a las pasiones religiosas, y pide que se reparen los daños sufridos por los peticionarios. Me atrevo a sugerir que el Consejo acepte las conclusiones expresadas por la Comisión de Mandatos sobre este caso, el cual constituye un ejemplo de las dificultades que afronta en su desarrollo un país joven". Este informe, junto con las observaciones anexas y las conclusiones de la Comisión, han sido debidamente considerados y aprobados por el Consejo de la Sociedad, que a su vez ha instruido al Secretario General que transmita al Poder Mandatario, así como a los peticionarios, las conclusiones a que ha llegado la Comisión de Mandatos.

¡Muy queridos compañeros de trabajo! Es mucho lo que hasta ahora se ha conseguido en el curso de este complicado, delicado y altamente significativo asunto. El mundo bahá'í aguarda con gran expectación, y reza fervientemente porque el Todopoderoso auxilie generosamente al Gobierno, responsable máximo del bienestar de Irak, a que dé los pasos "sin dilación" que aseguren la ejecución del veredicto considerado de los representantes de los Estados soberanos, miembros del Consejo, y signatarios del Convenio, de la Sociedad de Naciones.

Si lo considero aconsejable y apropiado, os informaré sobre el modo en que las Asambleas Espirituales Nacionales, representantivas de las diversas comunidades del mundo bahá'í, deberían expresar y hacer llegar la admiración y gratitud a las autoridades de la Sociedad de Naciones, responsables primeros de esta noble e histórica decisión. Pues nadie puede dudar que el veredicto promulgado por la Comisión de Mandatos rúbrica con el sello de la sanción internacional el triunfo de la perseguida Fe de Dios sobre los poderes civiles y eclesiásticos del Islam hostil. Dentro de las filas de los sunníes ortodoxos y de los cerrilmente fanáticos shíies, principales sectas de la fe musulmana y que constituyen respectivamente el grueso de la clase gobernante y de la población de Iráq, deben de prevalecer necesariamente sentimientos de consternación. Pues, por muy cerrada que esté su visión aún pueden reconocer en este veredicto histórico al heraldo de la victoria completa que está destinada a establecer la ascendencia de lo que, en palabras de los miembros de la Comisión, no es sino "una pequeña minoría, procedente de los escalones sociales más bajos y carente de influencia política o social" sobre las fuerzas combinadas de la población islámica de Irak.

En conclusión, no puedo dejar de hacer referencia una vez más al papel decisivo desempeñado por ese campeón distinguido e internacional de la Fe de Bahá'u'lláh, nuestro muy amado Mountfort Mills, en las negociaciones que han allanado el camino para el destacadísimo éxito ya logrado. El texto de la petición bahá'í, que él concibió y cuyo borrador redactó, ha sido reconocido por los miembros de la Comisión de Mandatos como "un documento bien redactado, claro en su argumentación y de tono moderado". En esta sacratísima tarea ciertamente ha sabido desempeñarse con ejemplar distinción. Os pido que os suméis a las oraciones que elevo por él, para que el Espíritu de Bahá'u'lláh continúe guiándole y sosteniéndole en la conclusión final de este crucial asunto".

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI
Haifa, Palestina
20 de marzo de 1929

A los amados del Señor y a las siervas del Misericordioso de los Estados Unidos y Canadá.

Mis muy amados amigos:

Desde aquella notable manifestación de solidaridad bahá'í y sacrificio que marcara el desarrollo de la memorable Convención del año pasado, he estado aguardando con expectación noticias que den cuenta de un respaldo continuo y regular al Plan, único hecho que puede garantizar, hasta que el presente año concluya, la reanudación de la actividad constructora en nuestro amado Templo.

Regalo procedente de la Tumba de Bahá’u’lláh

Movido por un impulso que no podía resistir, me he sentido obligado a prescindir de lo que puede considerarse la posesión más valiosa y sagrada de Tierra Santa en aras del adelanto de esa noble empresa en cuyo empeño habéis puesto vuestro corazón. Con la anuencia sincera de nuestro querido hermano bahá'í, Ziaoulláh Asgarzadeh, quien hace años hizo la donación al Santuario Más Sagrado, este precioso ornamento de la tumba de Bahá’u’lláh ha sido embarcado hacia vuestras costas, con nuestra más entrañable esperanza de que los ingresos resultantes de la venta sirvan a ennoblecer y reforzar los ofrecimientos innumerables de los creyentes norteamericanos que ya se acumulan sobre el altar del sacrificio bahá'í. Desde entonces he añorado atestiguar esa clase de evidencias de espontánea respuesta de vuestra parte que tiendan a fortalecer dentro de mí una confianza que nunca ha vacilado en la vitalidad inagotable de la Fe de Bahá'u'lláh en ese país.

No necesito recalcar en este momento las grandes esperanzas que tan asombroso despliegue de devoción ilimitada para con nuestro sagrado Templo ya ha suscitado en los corazones de la multitud de nuestros hermanos de todo el Oriente. Ni siento que sea necesario tampoco llevar al ánimo de quienes se ocupan primariamente de su construcción el gradual cambio de perspectiva que la esperanza de una pronta construcción del muy afamado Mashriqu'l-Adhkár de América ha ocasionado inequívocamente en numerosas altas esferas entre quienes hasta ahora se mostraban escépticos e indiferentes a los méritos y a la actividad de la Fe proclamada por Bahá’u’lláh. Como tampoco necesito explayarme sobre las esperanzas y temores de la Hoja Más Sagrada, ahora en el otoño de su vida, cuando se agolpan apresuradamente las sombras causadas por una visión desfalleciente y un declive de fuerzas, deseosa de escuchar como único solaz de su cada vez más ceñida vida las noticias de la reanudación de las obras de un Edificio, cuyas glorias ella ha aprendido a admirar de labios del propio 'Abdu'l-Bahá. Ciertamente, no puedo exagerar en esta coyuntura en el progreso de nuestra tarea, el carácter desafiante que asumen los meses que restan del año como oportunidad rápidamente pasajera y que está en nuestro poder apresar y utilizar, mientras no sea demasiado tarde, para la edificación de nuestros hermanos expectantes del Oriente, para la reivindicación a los ojos del mundo en general de las realidades de nuestra Fe, y por último pero no por ello menos importante, para la realización de lo que constituye el deseo más entrañable de la Hoja Más Sagrada.

Tal como ya he sugerido en el curso de mis conversaciones con los peregrinos de visita, tamaña y tan significativa empresa como es la construcción del primer Mashriqu'l-Adhkár del Occidente debería ser apoyada no ya por la munificencia de unos pocos, sino por las aportaciones conjuntas de la masa entera formada por los seguidores convencidos de la Fe. No cabe negar que las emanaciones de poder espiritual e inspiración destinadas a irradiar desde ese edificio central del Mashriqu'l-Adhkár dependerán en gran medida de la amplitud y variedad de los creyentes donantes, así como de la naturaleza y grado de abnegación que comporten sus ofrecimientos no solicitados. Además, según creo, deberíamos tener por axioma y principio rector de la administración bahá'í que al dirigir cualquier actividad específicamente bahá'í, a diferencia de las empresas humanitarias, filantrópicas o caritativas que en el futuro se emprendan bajo auspicio bahá'í, sólo aquellas personas que se identifiquen con la Fe y que se consideren sus valedores declarados y sin reservas deberían ser invitadas a sumarse y colaborar. Pues, consideraciones aparte sobre las embarazosas complicaciones que la relación con no creyentes en la financiación de instituciones de carácter estrictamente bahá'í cabe suponer que acarrearía para la administración de la comunidad bahá'í del futuro, debería recordarse que estas instituciones específicamente bahá'ís, las cuales han de contemplarse como dones concedidos al mundo por Bahá'u'lláh, pueden funcionar mejor y ejercer más poderosamente su influencia en el mundo sólo si son alzadas y mantenidas exclusivamente con el sostén de quienes son del todo conscientes y se somete sin reservas a las reivindicaciones inherentes a la Revelación de Bahá'u'lláh. Sin embargo, cuando un amigo o simpatizante de la Fe insiste en su deseo de realizar una aportación monetaria para la promoción de la Fe, deberían aceptarse tales regalos y ser debidamente reconocidos por los representantes elegidos de los creyentes, en el entendido expreso de que habrán de ser empleados por ellos sólo para reforzar la sección del Fondo bahá'í dedicado exclusivamente a los fines filantrópicos o caritativos. Pues, a medida que la Fe de Bahá'u'lláh extienda su campo de acción e influencia, y los recursos de las comunidades bahá'ís se multipliquen de forma pareja, será cada vez más deseable diferenciar entre tales departamentos de la tesorería bahá'í como son los que atienden a las necesidades del mundo en general, y aquellos que están dedicados específicamente a promover los intereses directos de la propia Fe. No obstante, de este divorcio aparente entre actividades bahá'ís y humanitarias no debe inferirse que el propósito que anima a la Fe de Bahá'u'lláh se diferencia de las metas y objetivos de las instituciones humanitarias y filantrópicas actuales. Antes bien, todo promotor juicioso de la Fe debería comprender que, en una etapa tan temprana de la evolución y cristalización de la Causa, semejantes distinciones y medidas de precaución son inevitables e incluso necesarias, si es que las instituciones nacientes de la Fe han de surgir triunfantes y sin trabas del torbellino presente de intereses confusos y a menudo en pugna que les rodean.

Esta nota de aviso no debe juzgarse inapropiada en una hora en que, consumidos por una pasión devoradora por atestiguar la conclusión temprana del Mashriqu'l-Adhkár, puede que no sólo estemos prontos a ceder al deseo de quienes, sin estar todavía iniciados en la Causa, están deseosos de prestar ayuda económica a sus instituciones, sino que incluso puede que nos sintamos inclinados a solicitar de ellos la clase de ayuda que puedan ofrecer. Nuestro es en verdad el impar deber de empeñarnos en la ejecución de nuestra más sagrada tarea de modo que en los días venideros ni la lengua del calumniador ni la pluma del malevolente puedan atreverse a insinuar que un edificio tan bello, tan significativo, ha sido alzado por nada que no sea el afán unánime, exclusivo y sacrificado de un pequeño cuerpo, si bien resuelto, de defensores convencidos de la Fe de Bahá'u'lláh. ¡Cuán delicada nuestra tarea, cuán apremiante la responsabilidad que pesa sobre nosotros, quienes estamos llamados por un lado a preservar inviolada la integridad y la identidad de la Fe regeneradora de Bahá’u’lláh, y a reivindicar por otro lado sus principios amplios, humanitarios y abiertos abiertos a todos!

En efecto, no podemos dejar de apreciar en la presente etapa de nuestro trabajo el número extremadamente limitado de donantes cualificados para prestar apoyo financiero a empresa tan vasta, tan complicada y costosa. Comprendemos muy bien los múltiples asuntos y actividades bahá'ís que quedan en suspenso de forma inevitable mientras esté pendiente la conclusión del Plan de Acción Integrada. Somos si acaso harto conscientes de la apremiante necesidad que existe de lograr cierta suerte de encarnación digna y concreta del espíritu que anima a la Causa y de que se yerga en el corazón del continente norteamericano como testigo y centro de unión de las múltiples actividades de una Fe en rápido crecimiento. Pero espoleados por estas reflexiones ¿no debiéramos todos despejarnos y decidir más resueltamente que nunca apresurar por todos los medios en nuestro poder la consumación de esta tarea tan absorbente, si bien tan meritoria? Os ruego, queridos amigos, que no permitáis que consideraciones numéricas, o la conciencia de lo limitado de vuestros recursos, o incluso la experiencia de reveses inevitables que toda empresa grandiosa está abocada a afrontar, empañen vuestra visión, oscurezcan vuestras esperanzas, o paralicen vuestros esfuerzos en la prosecución de vuestra tarea divinamente designada. Como tampoco, os suplico, que consintáis la menor desviación hacia salidas expeditivas o componendas que obstruyan los cauces de la gracia vivificadora, que son los únicos que pueden proporcionar la inspiración y la fuerza vital no sólo para la feliz marcha de su construcción material sino también para el cumplimiento de su alto destino.

Y mientras volcamos nuestros esfuerzos y nos desvivimos en una búsqueda febril por proveer los medios necesarios a la pronta construcción del Mashriqu'l-Adhkár, ¿no podríamos detenernos a examinar por un momento esas afirmaciones que expresan el propósito, así como las funciones de ese Edificio simbólico, si bien tan potente en lo espiritual? Se reconocerá al punto que en una hora en que los principios de una Fe, que todavía no ha salido de los fuegos de la represión, aún están definidos impropiamente e imperfectamente comprendidos, debería ejercerse la mayor cautela al revelar la verdadera naturaleza de esas instituciones que están ligadas indisolublemente a su nombre.

Propósito del Mashriqu'l-Adhkár

Sin intentar llevar acabo un repaso completo de los rasgos distintivos y del propósito del Mashriqu'l-Adhkár, me he de contentar en la hora presente con llamar vuestra atención hacia lo que considero que son ciertas afirmaciones inductoras al error que han ganado predicamento en varios sectores, y que podrían llevar gradualmente a graves incomprensiones sobre el verdadero propósito y carácter esencial del Mashriqu'l-Adhkár. Convendría recordar que el Edificio central del Mashriqu'l-Adhkár, alrededor del cual han de arracimarse en la consumación del tiempo instituciones de servicio social que ofrezcan auxilio a los que sufren, sostén al pobre, abrigo al viajero, solaz al desconsolado y educación al ignorante, debe considerarse al margen de estas dependencias como la Casa concebida exclusivamente y dedicada por entero a la adoración de Dios de acuerdo con los pocos, si bien definitivamente prescritos, principios que estableciera Bahá'u'lláh en el Kitáb-i-Aqdas. Sin embargo, de esta afirmación general no debería inferirse que el interior del Edificio central mismo haya de convertirse en un conglomerado de oficios religiosos conducidos según marquen las pautas tradicionales que imperen en iglesias, mezquitas, sinagogas y otros lugares de culto. Sus varias vías de acceso, todas confluyentes en la sala central, no darán entrada a los fieles seguidores de fórmulas rígidas y credos hechos por la mano del hombre que se apliquen, según sus ritos, a recitar sus oraciones, realizar sus abluciones y desplegar los símbolos particulares de su fe dentro de secciones separadas de la Casa Universal de Adoración de Bahá'u'lláh. Muy lejos de ofrecer el Mashriqu'l-Adhkár un espectáculo de observancias y ritos sectarios incoherentes y confusos, condición absolutamente incompatible con las provisiones del Aqdas e irreconciliables con el espíritu que inculca, la Casa central de Adoración bahá'í, atesorada dentro del Mashriqu'l-Adhkár, reunirá dentro de sus castos muros, en un clima serenamente espiritual, sólo a quienes, desechando para siempre los arreos de ceremonias complicadas y ostentosas, sean adoradores deseosos del único y verdadero Dios, tal como se manifiesta en esta época en la Persona de Bahá'u'lláh. Para ellos el Mashriqu'l-Adhkár simboliza la verdad fundamental que subyace a la Fe bahá'í: que la verdad religiosa no es absoluta, sino relativa; y que la revelación divina no es final sino progresiva. Suya será la convicción de que un Padre amoroso y siempre vigilante, Quien, en el pasado, y en varias etapas de la evolución de la humanidad, ha enviado por delante a Profetas como Portadores de Su Mensaje y Manifestaciones de Su Luz para la humanidad, no puede, en este período crítico de su civilización, apartar de sus hijos la Guía que necesitan tan acuciantemente en medio de la oscuridad que los anega, la cual ni la luz de la ciencia ni la del intelecto humano o de la sabiduría pueden disipar. Y así, habiendo reconocido en Bahá'u'lláh a la fuente de donde emana la luz celestial, se sentirán irresistiblemente atraídos a buscar el abrigo de Su Casa, y a congregarse allí, desembarazados de ceremoniales y libres de credos, para rendir homenaje al único y verdadero Dios, la Esencia y Nicho de la Verdad eterna, para exaltar y magnificar el nombre de Sus Mensajeros y Profetas, los cuales, desde tiempo inmemorial hasta nuestros días, han reflejado, bajo circunstancias diversas y en medida variable, la luz de la Guía celestial en un mundo oscuro y porfiado.

Por muy inspiradora que sea la concepción del culto bahá'í, tal y como se atestigua en el Edificio central de este Templo exaltado, no puede verse en ello ni al único, ni siquiera al factor esencial del papel que el Mashriqu'l-Adhkár, según lo concibiera Bahá'u'lláh, está destinado a desempeñar en la vida orgánica de la comunidad bahá'í. Divorciado de los fines sociales, humanitarios, educativos y científicos que giran alrededor de las dependencias del Mashriqu'l-Adhkár, el culto bahá'í, por más que exaltado en su concepción, por más que apasionado en su fervor, nunca podrá lograr ir más allá de los resultados modestos y a menudo pasajeros producidos por las contemplaciones del asceta o la comunión del adorador pasivo. No puede arrojar una satisfacción y beneficios duraderos para el propio adorador, y menos para la humanidad en general, a menos que sea trasvasado hasta convertirse en ese servicio dinámico y desinteresado para con la causa de la humanidad, que es el supremo privilegio de las dependencias del Mashriqu'l-Adhkár facilitar y promover. Tampoco los empeños, no importa cuán desinteresados y denodados, de quienes dentro de esos recintos del Mashriqu'l-Adhkár se ocupen en atender a los asuntos de la futura Mancomunidad bahá'í,fructificarán o prosperarán a menos que se llevan a cabo en estrecha y diaria comunión con esos resortes espirituales que giran e irradian desde el Santuario central del Mashriqu'l-Adhkár. Nada que no sea la interacción directa y constante entre las fuerzas espirituales que emanan de esa Casa de Adoración asentada en el corazón del Mashriqu'l-Adhkár, y las energías conscientemente desplegadas por quienes administran sus asuntos en el servicio a la humanidad puede en modo alguno proporcionar los medios necesarios y capaces de remover los males que han afligido a la humanidad durante tanto tiempo y tan gravemente. Ya que en verdad, a la postre, la salvación de un mundo en apuros depende de cuán presente se tenga la eficacia de la Revelación de Bahá'u'lláh, reforzada de un lado por la comunión espiritual con Su Espíritu, y de otro por la aplicación inteligente y la fiel ejecución de los principios y leyes que El reveló. Y de todas las instituciones que se hallan ligadas a Su Santo Nombre, ciertamente ninguna salvo la institución el Mashriqu'l-Adhkár puede atender de la forma más adecuada a los principios esenciales del culto y servicios bahá'ís, ambos tan vitales para la regeneración del mundo. Ahí descansa el secreto de la exaltación, de la potencia, del puesto único del Mashriqu'l-Adhkár como una de las instituciones sobresalientes concebidas por Bahá’u’lláh.

¡Queridos amigos! ¿No habremos nosotros, los depositarios de tan inapreciable herencia, alzarnos a cumplir nuestro alto destino?

Vuestro verdadero hermano:
SHOGHI,
Haifa, Palestina,
25 de octubre de 1929.

A los amados de Dios y a las siervas del Misericordioso de los Estados Unidos y Canadá.

Hermanos y compañeros de duelo en la Fe de Bahá'u'lláh: Una pena, que por su intensidad recuerda a la congoja que causó la repentina partida de 'Abdu'l-Bahá de entre nosotros, ha conmovido al mundo bahá'í hasta sus cimientos. La Hoja Más Sagrada, el amadísimo y atesorado Remanente de Bahá’u’lláh confiado a nuestras frágiles e indignas manos por nuestro fallecido Maestro, ha dado el paso al Más Allá, dejando tras de sí un legado que el tiempo no podrá deslustrar.

La comunidad del Más Grande Nombre, en su totalidad y hasta su médula, siente el aguijón de esta pérdida cruel. Aunque este acontecimiento calamitoso nos pareciera inevitable a todos, y por muy agudas que fuesen nuestras aprehensiones sobre lo inevitable de su vecindad merodeadora, cobrar conciencia de su consumación final en esta hora terrible nos deja, a nosotros cuyas almas se han empapado del influjo vitalizador de su amor, postrados y desconsolados.

¿Cómo puede mi solitaria pluma, tan absolutamente inadecuada para glorificar tan exaltada estación, tan impotente para retratar las experiencias de una vida tan sublime, tan falta de calidad para narrar las bendiciones que derramó sobre mí desde mi más temprana infancia; como puede pluma semejante reparar la gran deuda de gratitud y amor que le debo a quien miro como mi principal sostén, mi más afectuosa reconfortadora, la alegría y la inspiración de mi vida? Mi dolor es demasiado inmenso, mi remordimiento demasiado profundo para ser capaz de dar rienda suelta en este momento a los sentimientos que surgen dentro de mí.

Sólo las generaciones del futuro y plumas más hábiles que la mía podrán, y así lo harán, rendir un tributo digno a la descollante grandeza de su vida espiritual, al papel único que desempeñó durante las etapas tumultuosas de la historia bahá'í, a las expresiones de alabanza sin tasa que brotaron de la pluma tanto de Bahá'u'lláh como de 'Abdu'l-Bahá, el Centro de Su convenio, y que aunque no hayan quedado registradas, y en lo fundamental ni sospeche de ellas la masa de sus apasionados admiradores de Oriente y Occidente, el influjo que ella ejerció en el curso de algunos de los principales eventos en los anales de la Fe, los sufrimientos que padeció, los sacrficios que hizo, los raros dones de simpatía constante que ella desplegaba tan llamativamente; éstos y otros muchos rasgos aparecen tan entreverados del tejido mismo de la propia Causa que ningún historiador del futuro podrá permitirse descuidarlos o minimizarlos.

Ya incluso durante las etapas finales de la edad heroica de la Causa, que presenciaron el encarcelamiento de Bahá’u’lláh en el Síyáh-Chál de Teherán, la Hoja Más Sagrada, todavía en su infancia, pudo saborear la copa de la aflicción que habían libado los primeros creyentes de la edad apostólica.

Qué bien la recuerdo cuando traía a la memoria, en una época en que no estaban mermadas sus facultades, el suspense corrosivo que carcomía los corazones de quienes aguardaban a su lado, en el umbral de su casa ya saqueada, ¡esperando oír en cualquier momento la noticia de la ejecución de Bahá’u’lláh! En esas horas siniestras –solía contar a menudo– sus padres habían perdido tan de repente sus posesiones terrenales que en el espacio de un solo día había pasado ella de ser un miembro privilegiado de una de las familias más pudientes de Teherán a hundirse en el estado de quien sufre pobreza manifiesta. Privada de los medios de subsistencia, su ilustre madre, la afamada Navvab, se vio forzada a colocar en la palma de la mano de su hija un puñado de harina e inducirla a aceptarlo como sustituto de su pan diario.

Y cuando, en otro período, este miembro precioso y reverenciado de la Santa Familia, entonces en sus diecitantos años, vino a recibir de la mano guiadora de su Padre el encargo de misiones que ninguna joven de su edad podría realizar o hubiera estado dispuesta a ejecutarlo, ¡con qué alegre espontaneidad aprovechaba ella la oportunidad y cumplía la tarea que le había sido encomendada! La delicadeza y extremada gravedad de las funciones que, de tiempo en tiempo, era llamada a realizar, cuando la ciudad de Bagdad se vio barrida por el huracán que habían desatado la porfía y perversidad de Mírzá Ya/hyá, así como la tierna solicitud que, a tan temprana edad, evidenció durante el período de forzoso retiro de Bahá’u’lláh a las montañas de Suláymáníyyih, la significaron como persona capaz de compartir la carga, y deseosa de hacer el sacrificio, que su alta cuna demandaban de ella.

Cuán resistente era su fe, cuán tranquilo su porte, cuán perdonadora su actitud, cuán severas sus pruebas en una época en que las fuerzas del cisma habían hecho trizas los lazos que unían a la pequeña banda de exiliados asentada en Adrianópolis ¡y cuyas fortunas parecían haber tocado fondo! Fue en este período de ansiedad extrema, cuando los rigores de un invierno de excepcional severidad, unidos a las privaciones que acarreaba el insalubre alojamiento así como las agudas estrecheces económicas, minaron su salud de una vez por todas y consumieron la vitalidad de que hasta entonces había disfrutado por completo. La tensión y el torbellino de aquel período dejaron una huella permanente en su recuerdo, y hasta la hora de la muerte retuvo en su rostro bello y angélico las muestras de sus intensas penalidades.

Sin embargo, hasta que no se viera confinada en compañía de Bahá’u’lláh dentro de los muros de la prisión ciudad de 'Akká no llegó a desplegar, en la plenitud de su poder y en el apogeo de su amor por Él, tantos dones como los que la hicieran destacar, tras 'Abdu'l-Bahá, entre los miembros de la Santa Familia, como la más brillante encarnación de ese amor que nace de Dios y de esa humana simpatía que pocos mortales son capaces de evidenciar. Desterrando de su mente y corazón todo apego terrestre, renunciando a la misma idea del matrimonio, resuelta ella, en pie a la vera de un Hermano a quien habría de ayudar y servir tan cumplidamente, alzose a dedicar su vida al servicio de la gloriosa Causa de su Padre. Ya fuera en la dirección de los asuntos de Su Casa, en los que descolló, o en las relaciones sociales que solía cultivar tan asiduamente a fin de escudar tanto a Bahá’u’lláh como a 'Abdu'l-Bahá, ya fuera en la atención indefectible que dedicaba a todas las necesidades diarias de su Padre, o en los rasgos de generosidad, afabilidad y amabilidad, que ella manifestó, la Hoja Más Sagrada ya para entonces había demostrado abundantemente la dignidad de su rango como una de las más nobles figuras íntimamente ligadas a la obra de Bahá'u'lláh.

Cuán penosa fue la ingratitud, cuán ciego el fanatismo, cuán persistente la malignidad de los funcionarios, de sus esposas y subordinados, al corresponder a las múltiples dádivas que, junto a su Hermano, tan profusamente solía prodigarles! Su paciencia su magnanimidad, su benevolencia indiscriminada, lejos de desarmar la hostilidad de esa generación perversa, sirvió sólo para inflamar su rencor, para excitar sus celos, para intensificar sus temores. La oscuridad que se había abatido sobre la pequeña banda de creyentes prisioneros, quienes languidecían en la Fortaleza de 'Akká, contrastaba con el espíritu de esperanza confiada, de optimismo arraigado que irradiaba su serena persona. Sin embargo, ninguna calamidad, por muy intensa que fuese, podía oscurecer el brillo de su santa faz, y ninguna agitación, no importa cuan severa, podía perturbar la compostura de su conducta grácil y digna.

Que su corazón sensible reaccionase instantáneamente a la menor herida que sucediera a la más insignificante de las criaturas, fueran amigas o enemigas, nadie que la conociera bien podría poner en duda. Y sin embargo tal era el poder de refrenamiento de su voluntad –una voluntad que su espíritu de renuncia a menudo le empujaba a suprimir– que un observador superficial bien podría ser llevado a cuestionar la intensidad de sus emociones o a rebajar la esfera de sus simpatías. En la escuela de la adversidad ella, dotada ya de por sí por la Providencia con las virtudes de la mansedumbre y fortaleza, aprendió mediante el ejemplo y las exportaciones del Gran Sufridor, que fue su Padre, la lección que estaba destinada a enseñar a la gran masa de Sus seguidores, durante tanto tiempo después de Él.

Armada con los poderes con que la íntima y duradera compañía de Bahá'u'lláh la habían pertrechado, y beneficiándose del magnífico ejemplo que le proporcionaría el creciente abanico de las actividades de 'Abdu'l-Bahá, se preparó para hacer frente a la tormenta que había provocado la conducta traicionera de los violadores del Convenio y para resistir sus más funestas acometidas.

Grandes como desde la infancia fueron sus padecimientos, la angustia de pensamiento y corazón que ocasionó la Ascensión de Bahá'u'lláh la hicieron cobrar, como nunca, unos ánimos tesoneros que ninguna conmoción podría doblegar y que su frágil constitución parecía desmentir. Entre la polvareda y el frenesí de la conmoción que la compañía infiel y rebelde había suscitado, se vio ella obligada a disolver los lazos de la relación familiar, a cortar con amistades íntimas y duraderas, a descartar lealtades menores en aras de su lealtad soberana a una Causa que tanto había amado y que tan bien quedó servida por ella.

La ruptura que sobrevino la halló del lado de Aquel a Quien su fallecido Padre había designado como el Centro del Convenio y autorizado Expositor de Su Palabra. Su venerada madre, así como su distinguido tío paterno, Áqáy-i-Kalím -los dos pilares gemelos, quienes, a través de las varias etapas del exilio de Bahá'u'lláh desde Su Tierra natal al lugar de Su postrer confinamiento, habían demostrado, a diferencia de la mayoría de los miembros de Su Familia, la tenacidad de su lealtad- habían traspasado ya el Velo. La muerte, ocurrida en las más trágicas circunstancias, le había robado asimismo a la Rama Más Pura, su único hermano aparte de 'Abdu'l-Bahá, mientras se encontraba todavía en la flor de la juventud. De la familia de Bahá’u’lláh sólo quedaba ella para alegrar el corazón y reforzar los esfuerzos de la Más Grande Rama, contra Quien se enfrentaba sólidamente la casi entera compañía de Sus familiares infieles. En su ardua tarea sólo la secundaban los esfuerzos diligentes de Munírih Khánum, la Santa Madre, y los de las hijas, a las que la edad permitía ya ayudar a cumplimir ese estupendo logro con el que el nombre de 'Abdu'l-Bahá permanecerá asociado para siempre.

Con el tránsito de Bahá’u’lláh y el feroz asalto emprendido por las fuerzas quebrantadoras que siguieron en su estela, la Hoja Más Sagrada, ahora en el cenit de su vida, se situó a la altura de tan gran oportunidad presta a cumplir plenamente su tarea. Iría más allá del homenaje que me siento movido a rendir en su memoria, si detallara las incesantes maquinaciones a las que tan vilmente recurrieron Mu/hammad-'Alí, el Archiviolador del Convenio de Bahá'u'lláh, y sus despreciables secuaces, si diera el pormenor de la campaña diestramente organizada de calumnias y tergiversaciones instigadas desde pagos directamente relacionados con el sultán'Abdu'l-/Hamíd y sus consejeros, si diera cuenta de las pruebas e investigaciones a que ello dio lugar, y si me extendiera sobre los peligros que reavivó. Baste decir que de no haber sido por su vigilancia incansable, su pacto, su cortesía, su paciencia extrema y fortaleza heroica, habrían sobrevenido graves complicaciones y la carga de desvelos de ‘Abdu’l-Bahá, se habría visto acrecentada considerablemente.

Y cuando las borrascosas nubes que habían oscurecido el horizonte de Tierra Santa quedaron por fin despejadas y el llamamiento que alzó nuestro amado 'Abdu'l-Bahá inspiró nueva vida en algunas ciudades del continente americano y europeo,la Hoja Más Exaltado se convirtió en el recipiente de un afecto ilimitado y de las bendiciones de Alguien que podía estimar mejor sus virtudes y apreciar sus méritos.

Por entonces el declive de su preciosa vida se hacía pesar y la carga de una edad avanzada comenzaba a nublar el brillo de su rostro. Olvidada de sí misma, desdeñosa de descanso y comodidades, impertérrita ante los obstáculos que estorbaban su camino, ella, actuando como la honorable anfitriona de un número cada vez más crecido de peregrinos, tanto de Oriente como de Occidente, que atestaban la residencia de 'Abdu'l-Bahá, continuó desplegando esos mismos atributos que le habían valido, en las fases precedentes de su carrera, tan gran medida de admiración y amor.

Y cuando, en cumplimiento de la Sabiduría inescrutable de Dios, se levantó la prohibición que pesaba sobre el confinamiento de 'Abdu'l-Bahá y cobró cuerpo el Plan que Él había concebido en las horas aciagas de Su confinamiento, sin vacilar en Su confianza, invistió a Su honorable y confiable hermana con la responsabilidad de atender a la multitud de detalles que habrían de surgir debido a Su prolongada ausencia de Tierra Santa.

Tan pronto como 'Abdu'l-Bahá recaló en las costas de Europa y América nuestra amada Khánum se vio casi abrumada por los mensajes conmovedores; cada uno de ellos era una muestra del avance irresistible de la Causa y destilaban un tono que, no obstante su gran experiencia, le parecían a ella casi increíbles. Los años en que ella se solazó al calor de las victorias espirituales de 'Abdu'l-Bahá figuran, quizá, entre los más brillantes y felices de su vida. Poco podía soñar ella cuando, de muy niña, solía corretear el patio de la casa de su Padre en Teherán, en compañía de Aquel cuyo destino sería el de convertirse un día en el Centro escogido del Convenio indestructible de Dios, que tal Hermano sería capaz de lograr, en dominios tan distantes, y entre razas tan absolutamente remotas, victoria tan grande y memorable.

No me aventuraré a describir el entusiasmo y la alegría que hinchieron su pecho cuando saludó a 'Abdu'l-Bahá a Su vuelta triunfal del Occidente. Estaba ella asombrada ante la vitalidad de que Él, a pesar de los padecimientos inimaginables, Se había demostrado capaz. No cabía en sí de admiración ante la magnitud de las fuerzas que sus declaraciones habían liberado. Estaba llena de agradecimiento a Bahá’u’lláh por haberla permitido atestiguar las evidencias de tan brillante victoria para Su Causa y no menos para Su Hijo.

El estallido de la Gran Guerra le dieron a ella una oportunidad más de revelar el valor de su carácter y de liberar las energías latentes de su corazón. La residencia de 'Abdu'l-Bahá en Haifa fue asediada, a lo largo de este temible conflicto, por una plétora de hombres, mujeres y niños hambrientos a quienes la mala administración, la crueldad y la incuria de los funcionarios del Gobierno otomano habían empujado a procurarse alivio para sus males. De manos de la Hoja Más Sagrada, y por la abundancia de su corazón, estas víctimas desgraciadas de una tiranía despreciable, recibieron día tras día evidencias inolvidables de un amor que habían aprendido a envidiar y admirar. Sus palabras de ánimo y consuelo, el alimento, el dinero, el vestido que liberalmente dispensaba, los remedios que por procedimientos propios, solía aplicar diligentemente; todos estos hechos tuvieron su parte en llevar solaz al desconsolado, en restaurar la visión al ciego, en dar abrigo al huérfano, en curar al enfermo, y en socorrer al desahuciado y al vagabundo.

En la lobreguez de los días de guerra había alcanzado ella la cima espiritual. Pocos, donde los haya, entre los benefactores innumerables de la sociedad cuyo privilegio ha sido el de atender, en grado vario, a las dificultades y padecimientos provocados por ese Fiero Conflicto, dieron tan libre y desinteresadamente como ella; pocos ejercieron esa influencia indefinible sobre los beneficiarios de sus dádivas.

La edad parecía haber acentuado la ternura de su corazón amoroso, y ensanchar todavía más el arco de sus simpatías. Las espantosas escenas de sufrimiento acrisolaron sus energías y revelaron potencialidades que ni sus más íntimos allegados habían acertado a sospechar.

La ascensión de 'Abdu'l-Bahá, tan trágica por lo repentino, fue para ella un golpe terrible, de cuyos efectos nunca volvería a recuperarse del todo. Para ella, Aquel a Quien llamaba "Áqá", había sido un refugio en las horas de adversidad. Sólo en Él había podido depositar su confianza. En Él había encontrado amplia compensación por las pérdidas sufridas, las deserciones de que fue testigo, la ingratitud que le mostraron amigos y familiares. Nadie podía haber imaginado que una mujer de su edad, físicamente tan débil, de corazón tan sensible, tan recargada por los desvelos de casi ochenta años de tribulaciones sin fin, pudiera sobrevivir durante tanto tiempo a un golpe tan demoledor. Y, sin embargo, la historia, no menos que los anales de nuestra inmortal Fe, tomarán nota de su papel en el avance y consolidación de la comunidad mundial que la mano de 'Abdu'l-Bahá ayudó a moldear, y que ninguno de los remanentes de Su Familia podrá emular.

¿Cuál de las bendiciones habré de referir, bendiciones que en su solicitud indescriptible derramó sobre mí, en las horas más críticas y agitadas de mi vida? Para mí, teniendo tan viva necesidad de la gracia vivificante de Dios, ella fue el símbolo viviente de muchos de los atributos que había aprendido a admirar en 'Abdu'l-Bahá. En ella vi un continuo recordatorio de la personalidad inspiradora de Él, de Su resignación tranquila, de Su munificencia y magnanimidad. Para mí fue la encarnación de Su encantadora benevolencia, de Su amor y ternura que todo lo abraza.

Resultaría prolijo hacer siquiera una breve alusión a los incidentes de su vida, cada uno de los cuales proclaman elocuentemente su condición de hija, digna de heredar ese legado inapreciable que le dejara Bahá'u'lláh. Una pureza de vida que se reflejaba incluso en los más mínimos detalles de sus ocupaciones y actividades diarias; una ternura de corazón que borraba toda distinción de credo, clase y color; una resignación y serenidad que evocaba la calma y fortaleza heroicas del Báb; un cariño natural por las flores y los niños, que era tan característico de Bahá’u’lláh; una simplicidad de modales sin afectación; una sociabilidad extrema que la hizo accesible a todos; una generosidad y un amor desinteresado e indiscriminado, todo a una, que tan claramente reflejaban los atributos del carácter de 'Abdu'l-Bahá; una dulzura de temperamento; un buen humor que ninguna racha de pesares podía nublar; una disposición callada y sin pretensiones que servía para realzar mil veces el prestigio de su exaltado rango; una naturaleza perdonadora que desarmaba instantáneamente al enemigo más refractario; éstos son algunos de los atributos que resaltan en una vida santa que la historia reconocerá que estuvo dotada de una potencia celestial como pocos de los héroes del pasado poseyeron.

No es de sorprender que en las Tablas que han quedado como testimonio eterno de la belleza de su carácter, Bahá'u'lláh y 'Abdu'l-Bahá rindiesen conmovedor tributo a aquellas cosas que daban fe de su posición exaltada entre los miembros de su Familia, que la proclaman a ella como un ejemplo para sus seguidores, y como un objeto digno de ser admirado por toda la humanidad.

Sólo necesito, en esta coyuntura, citar el siguiente pasaje de una Tabla dirigida por 'Abdu'l-Bahá a la Santa Madre, cuyo tono revela inconfundiblemente el carácter de los lazos que le Le unían a tan preciada, tan devota hermana:

"A mi honorable y distinguida hermana transmítele la expresión de mi intensa y sentida añoranza. Día y noche vive ella en mi recuerdo. No me atrevo a hacer mención de los sentimientos que el estar separado de ella ha provocado en mi corazón, pues cualquier cosa que procurase expresar por escrito, seguramente sería borrada por las lágrimas que tales sentimientos reportarían a mis ojos".

¡Muy amada Hoja Más Sagrada! A través de la neblina de lágrimas que surca mis ojos puedo ver claramente, mientras escribo estas líneas, tu noble figura ante mí, y puedo reconocer la serenidad de tu amable rostro. Aunque la sombra de la sepultura nos separe, todavía puedo mirar en tus ojos de un azul clavado de amor, y puedo sentir, en su calmada intensidad, el inmenso amor que profesaste a la Causa de tu Padre Todopoderoso, los lazos que te ligaban al más humilde e insignificante de entre sus seguidores, y el cálido afecto que sentías por mí en tu corazón. El recuerdo de la belleza inefable de tu sonrisa continuará siempre animándome en el espinoso sendero que estoy destinado a recorrer. El recuerdo del contacto de tu mano me espoleará a seguir constantemente en tu sendero. El dulce acento mágico de tu voz me recordará, cuando la hora de la adversidad toque fondo, a acercarme a la cuerda que tu amarraste tan firmemente todos los días de tu vida.

Lleva este mi mensaje a 'Abdu'l-Bahá, tu exaltado y divinamente designado Hermano: Si la Causa por la que Bahá'u'lláh bregó y laboró, por la que Tu sufriste años de agonías, por cuyo bien han fluido torrentes de sangre sagrada, si, en los días venideros, se enfrentase a tormentas más severas que las ya sorteadas, continúa Tú escudando con Tu sabiduría y cuidado abrazador a Tu débil e indigno hijo designado.

Interceded, o noble y bienquisto vástago de un Padre celestial, por mí no menos que por las masas trabajadoras de Tus amantes ardientes, quienes han jurado lealtad inquebrantable a Tu recuerdo, cuyas almas han sido alimentadas por las energías de Tu amor, cuya conducta ha sido ahormada por el ejemplo inspirador de Tu vida, y cuyas imaginaciones enciéndense con las evidencias imperecederas de Tu vital Fe, de Tú constancia inamovible, de Tú heroísmo invencible, de Tu gran renuncia.

Ocúrranos lo que nos ocurra, por muy penosas que sean las vicisitudes que la Fe naciente de Dios pueda todavía experimentar, nos comprometemos, ante la sede de misericordia de tu glorioso Padre, a entregar, sin trabas ni mengua, a las generaciones todavía no nacidas, la gloria de esa tradición de la que tú has sido su más brillante ejemplo.

En los repliegues más íntimos de nuestros corazones, o tu exaltada Hoja del paraíso de Abhá, hemos alzado para ti una mansión brillante que la mano del tiempo nunca podrá socavar, un santuario que enmarcará eternamente la belleza impar de tu rostro, un altar en el que el fuego de tu cariño abrasador siempre arderá.

SHOGHI
Haifa, Palestina.
17 de Julio de 1932
No participación en asuntos políticos

La atención a este problema vital y delicado que concierne a la no participación de los bahá'ís de Oriente y de Occidente, requiere la máxima circunspección, tacto y vigilancia por parte de quienes tienen como función y privilegio suyos guardar, promover y administrar las actividades de una Causa mundial y en continuo progreso. Las dudas y aprehensiones de los creyentes bahá'ís debería ser apartadas y, a la postre, completamente despejadas. Cualesquiera concepción errónea del sano y genuino patriotismo que anima a todo corazón bahá'í, si alguna vez oscurece o intriga a las mentes de los funcionarios responsables de gobierno, deberían ser disipadas instantánea y valientemente. Cualquier tergiversación que los enemigos de la Causa de Dios hagan deliberadamente de los fines, principios y métodos de los administradores de la Fe de Bahá'u'lláh deberían recibir una respuesta vigorosa que, sin contemplaciones, ponga de relieve su falacia. La Causa a la que pertenecemos se halla en el umbral de una era de expansión sin precedentes. Sus problemas son muchos, diversos y están cargados de desafíos. Del mismo modo, nuestros métodos y enfoques deben caracterizarse por una sagacidad inusual, por una sabiduría y destreza consumadas. Él nunca dejará de colmar las necesidades de una hora crítica.

16 de marzo de 1933
Subordinación de las personalidades

En cuanto a causar la baja de creyentes creo que un asunto tan vitalmente importante debería recibir la más seria atención y ser remitido a la Asamblea Nacional para su mayor consideración y última decisión. Apruebo completamente y respaldo de corazón y sin reservas el principio que mencionáis acerca de que las personalidades no deberían convertirse en los centros alrededor de los cuales deba girar la comunidad, sino que deberían subordinarse bajo toda condición y por muy grandes que sean sus méritos a las Asambleas propiamente constituidas. No cabe nunca que vosotros o vuestros colaboradores sobreestimen o recalquen en exceso este principio cardinal de la Administración bahá'í.

11 de abril de 1933
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TRADUCCIÓN PROVISIONAL
TRADUCCIÓN PROVISIONAL

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