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Otros Autores : La Creación de una nueva mentalidad
La Creación de
Una Nueva Mentalidad
Reflexiones
sobre el Individuo,
las Instituciones
y la Comunidad
Paul Lample
Palabra Publications
Reconocimiento

Deseo agradecer al Dr. Farzam Arbab por su generosa dedicación a lo largo de muchos meses, durante los cuales discutimos a fondo los conceptos presentados en esta obra. Además, agradezco enormemente la ayuda prestada por la Sra. Eleanor Nimrod en la revisión y edición del texto.

INTRODUCCIÓN
1
La Conciencia como Fuente de Acción Madura

El poder de la Revelación de Bahá’u’lláh ha originado una metamorfosis en la vida colectiva de la humanidad -inmensa, constante e irresistible. Shoghi Effendi explica que el espíritu creador de la Revelación ha engendrado procesos misteriosos, cuya acción “ha provocado un tumulto en la sociedad humana que mente alguna jamás podrá comprender”. Agrega que “Mediante el surgimiento de su sistema en lenta cristalización” la Fe “ha causado un fermento en la vida general de la humanidad destinado a sacudir los cimientos de una sociedad desordenada, a purificar su sangre, reorientar y reconstruir sus instituciones y configurar su destino final.”1 El desenvolvimiento de este histórico drama exige un esfuerzo incesante de nuestra parte por alcanzar niveles cada vez más elevados de comprensión y acción.

Los desafíos se intensificaron en las décadas finales del Siglo Veinte. En 1983, la Casa Universal de Justicia observó que la humanidad había pasado a “un período en que las fuerzas de la historia se apresuran hacia un punto culminante”2, un período caracterizado por la “aceleración visible” de los procesos gemelos de “la desintegración del viejo orden y el progreso y consolidación del nuevo Orden Mundial de Bahá'u'lláh.3 “El escenario está preparado”, proclamó el Cuerpo Supremo en 1987, “para un crecimiento global, rápido y masivo de la Causa de Dios”.4 Y al inicio del Plan de Cuatro Años en 1996, un momento crítico en la “trama de la historia bahá'í y del mundo,”5 la Casa Universal de Justicia hizo un llamado al individuo, a la comunidad y a las instituciones, para promover el proceso de la entrada en tropas en todas partes del planeta. “Resulta más que evidente que un adelanto en este proceso dependerá del progreso de cada uno de estos tres participantes íntimamente relacionados”.6

Para que el mundo bahá’í cumpla con sus obligaciones en este momento crítico, es necesario que se examine cuidadosamente la particularidad de cada uno de estos tres protagonistas. ¿Cuáles son los atributos de tal individuo, tal comunidad y tal institución, que han de desempeñar un papel tan vital en el destino de la raza humana? ¿Qué capacidades deberán desarrollar para estimular el proceso de la entrada en tropas? ¿Qué características les permitirán brindar sus esfuerzos para la construcción de una nueva civilización? Ciertamente, no debemos fijarnos en los individuos, las comunidades o las instituciones que hoy somos, sino más bien debemos buscar en la Revelación de Bahá'u'lláh la imagen de lo que nos incumbe llegar a ser.

La realidad humana está limitada por los confines establecidos en la mente. ‘Abdu'l-Bahá explica que cuando aparece la Manifestación de Dios, “el intelecto humano mismo debe cambiar”. “Las formas anticuadas de las creencias y las imitaciones ancestrales que están en divergencia con los fundamentos de la realidad divina” deberán “quedar atrás y reformarse”.7 La Casa Universal de Justicia afirma que la Manifestación “es de un reino superior y está dotada de una percepción muy por encima de la de cualquier ser humano; cumple la tarea de elevar a la humanidad hacia un nuevo nivel de conocimiento y comportamiento”.8 Un cambio mental se convierte en cambios en el accionar y en cambios en el mundo.

Cuando la conciencia se amplía, se aumenta también el potencial para la acción. Un ejemplo sencillo ilustra el punto. Cierto grupo de creyentes puede percibir a su comunidad como una congregación; otros la pueden percibir como parte de un movimiento social progresista. Cada percepción produce un modelo específico de actividades. Cada comunidad evoluciona en forma diferente, manifestando diferentes poderes y ejerciendo una determinada influencia. Pero, es inevitable que cada una se tope con las limitaciones inherentes a su perspectiva, ya que ninguna llega a reflejar adecuadamente lo que significa ser una comunidad bahá'í. Ciertamente, Bahá’u’lláh no apareció para padecer incontables aflicciones y que al final se obtengan los mismos resultados limitados como los que han producido incontables comunidades religiosas y organizaciones sociales. Es natural que en las primeras etapas de la evolución de la Fe en nuestras comunidades sigamos los modelos que conocemos. Este enfoque, sin embargo, muy pronto demuestra ser defectuoso. “Nadie pone vino nuevo en vasijas viejas”, dice Jesucristo, “de otro modo, el vino nuevo romperá las botellas”.9 Nuestros esfuerzos en el período actual de la historia deben ser guiados por una “mentalidad nueva”.10

Las primeras inquietudes de la conciencia son las siguientes: “¿Quién soy?”, “¿Dónde estoy?”, “¿Adónde voy?”, y “¿Qué debo hacer?” De modo que, constantemente debemos preguntarnos: “¿Nosotros los bahá’ís, quiénes somos?”, “¿Cuál es la influencia de la Fe y cuáles son sus desafíos actuales?”, “¿Cuál es nuestra misión y cómo podemos cumplir con ella?” Por ejemplo, como bahá'ís, sabemos que la unidad es importante. A cierto nivel, podemos simplemente tener en mucho el valor de la unidad y aprender a trabajar en un ambiente donde exista unidad. Pero, ¿acaso es suficiente? Llegando a un nivel de conciencia superior, aprendemos a establecer la unidad y a transformar situaciones de discordia y conflicto en situaciones de armonía y amorosa hermandad. Sabemos también que la justicia es imperativa. Pero, ¿basta ser justos con los demás? Llegando a un nivel de conciencia superior, hemos de ser campeones de la justicia y ayudar a crear un orden social justo. Abundan inquietudes como éstas. Nuestras comunidades, ¿simplemente son como un refugio espiritual para un puñado de creyentes, o están dedicadas a la misión de la purificación espiritual del planeta? ¿Son las instituciones simplemente fideicomisarios de una reducida comunidad religiosa, o canales de la gracia de Dios para la totalidad de la región que deben servir?

El esfuerzo por crear una nueva mentalidad se topa con una serie de obstáculos. Primero, los esfuerzos por llegar a niveles superiores de comprensión y acción se perciben a menudo como una crítica de las condiciones reinantes. Si alguien propone una manera más eficaz de enseñar no quiere decir que los métodos actuales estén equivocados. Si alguien sugiere que es necesario saber más acerca de la Revelación, no quiere decir que somos ignorantes. Debemos sentirnos cómodos al querer saber cómo podemos superarnos sin que tal inquietud sea interpretada como una crítica disonante o una condena autocrática. De modo que, una característica fundamental de nuestra nueva mentalidad, es estar exentos de la polémica y el rencor, de criterios sumarios de lo que constituye un éxito o un fracaso, y no temer a las equivocaciones. Debemos apreciar la dinámica de la evolución y la maduración. El niño que da su primer paso y se cae no ha fracasado. Pero, a la vez que debemos aprender a no adoptar una actitud crítica, tenemos que reconocer que existen tales actitudes; por lo tanto, debemos emplear la cordura en nuestros esfuerzos por elevar a la comunidad hacia mayores niveles de conciencia. Bahá’u’lláh declara: “El hombre iluminado de sabiduría debe primero hablar con palabras tan suaves como la leche, para que así los hijos de los hombres puedan nutrirse y edificarse con ellas y puedan alcanzar la meta final de la existencia humana que es la estación de la verdadera comprensión y nobleza”.11

Se crea un segundo obstáculo cuando, en nuestra conversación sobre cómo podemos progresar, nuestras palabras degeneran en lemas o en frases gastadas. Bahá’u’lláh ha dotado las palabras con un nuevo significado. Sin embargo, nuestras diversas interpretaciones de la realidad pueden usurpar el significado de tales palabras y privarlas de su poder de iluminar. Por ejemplo, los escritos bahá’ís explican que enseñar es “exaltar la Palabra de Dios”.12 Es la manifestación del “poder regenerador del espíritu”13 y trae “renacimiento y regeneración”.14 El debate circular, incontables llamadas a la acción y análisis exhaustivos, pueden entorpecer nuestra comprensión del tema a tal punto que se termine hablando de la enseñanza en términos de métodos de venta. También la educación es una fuerza para el progreso de la comunidad y la habilitación de las nuevas generaciones, pero puede reducirse a un instrumento de resignación o a un campo de batalla de teorías en pugna o bien a o proyectos favoritos. La vida comunitaria bahá’í es un modelo único de acción para transformar los asuntos espirituales, sociales y administrativos; desasociada de su misión, puede deteriorarse en reuniones que frustran y en consultas que se limitan a cuestiones superficiales.

Un tercer obstáculo que impide alcanzar superiores niveles de conciencia y acción son las fuerzas que se resisten al progreso. En el mundo físico, el esfuerzo de ponerse en movimiento se topa con la fuerza contraria de la fricción. Análogamente, hay resistencia cuando las personas se esfuerzan por elevarse a mayores alturas de servicio a la Fe. Una mayor conciencia exige mayor responsabilidad y, por lo tanto, mayor sacrificio. Para poder transitar el camino que parta de la comodidad, el ego, el control y la licencia y conduzca al esfuerzo, la humildad, la cooperación y la servidumbre, hace falta un esfuerzo. Algunos no querrán renunciar a los modelos reinantes de comportamiento para tener que enfrentar los más formidables desafíos que implican los cambios. El individuo, insta Shoghi Effendi, debe “luchar contra la natural inercia que le pesa en su esfuerzo por levantarse y deshacerse, en forma heroica e irrevocable, de los insignificantes y superfluos apegos que lo inmovilizan, [y] vaciarse de todo pensamiento que pudiera obstruir su camino”.15

El resultado colectivo de estos y otros obstáculos es la formación en la comunidad de una cultura que, en forma imperceptible, se resiste a los esfuerzos de superación. A pesar de haber sido creados para remontarnos, nuestra primera reacción es permanecer inertes y evitar las dificultades que implica el esfuerzo de levantar vuelo. Inmovilizada en una cultura tal, la comunidad actúa como una manada de pájaros que se limita a revolotearse bajo un pabellón alambrado. En este caso, el pabellón lo constituye el tejido de limitaciones impuestas por nuestro propio nivel de conciencia.

Sin embargo, estos obstáculos no son insuperables. Desde los albores de la dispensación, los creyentes han demostrado la sabiduría, el amor y la consagración necesarios para resolver los desafíos que la Causa debe enfrentar y abrir paso a un mayor bienestar. Una nueva cultura, vivificada por una nueva mentalidad, forjará una estructura que permitirá estimular el proceso de la entrada en tropas y, más allá, el levantamiento de una nueva civilización. Debemos saber que, según las palabras de la Casa Universal de Justicia, “quienes entre nosotros estemos despiertos a la visión de la Fe, tenemos el privilegio único de participar conscientemente en los esfuerzos por estimular y eventualmente adelantar estos procesos”.16

Una nueva mentalidad se engendra por medio del estudio de los Escritos en busca de una comprensión más profunda de la voluntad y el propósito de Bahá’u’lláh para el individuo, las instituciones y la comunidad. Florece también a medida que aprendemos a traducir esta mayor comprensión en acciones y después reflexionar y refinar dicha comprensión. Este modelo de estudiar, actuar y reflexionar, determina el comportamiento de las generaciones que se sucederán una tras otra, a medida que se acerquen al “sublime propósito” y “gran diseño”17 inherentes a Su Revelación.

Las siguientes páginas representan un esfuerzo por explorar y correlacionar algunas de las características sobresalientes del individuo, las instituciones y la comunidad que anhelamos ser. La secuencia de los capítulos no representa una dilucidación de un razonamiento único. Más bien, cada capítulo presenta un tema diferente para la reflexión --un humilde esfuerzo por captar una capacidad aislada y examinar sus varias facetas. En su totalidad el libro vislumbra un todo genérico, es decir, la comunidad bahá’í. Como el objeto del estudio se enfoca desde distintos ángulos, ciertos temas --como el crecimiento orgánico, la sistematización y el aprendizaje-- se repiten. Se espera que cada capítulo sea considerado como una contribución inicial para una exploración de los atributos que se han escogido para estas reflexiones.

El Individuo
2
El Defensor del Honor Humano

Durante Sus viajes a Norteamérica en 1912, `Abdu'l-Bahá, en una Tabla a uno de los primeros creyentes, ofreció la siguiente evaluación de las reuniones en las que Él dirigió la palabra

Visité Filadelfia durante unos días por invitación de dos ministros y a pedido de los amigos de Dios. Se reunieron dos grandes congregaciones en las dos iglesias y hablé conforme a la medida de mi falta de capacidad. Mas las confirmaciones del Reino de Abhá, tan obvias como el sol, descendieron y nos envolvieron. A pesar de que somos impotentes, Él es Poderoso. A pesar de que somos pobres, Él es Todo-suficiente.1

Así, con tan inmensa humildad `Abdu'l-Bahá, el Maestro, el Intérprete de la Palabra de Dios, el Centro de la Alianza alude a su propio servicio a Su Señor.

Durante todas las épocas, la humanidad se ha visto afligida por las luchas entre los individuos, las familias, los grupos y las naciones. Impulsados por las exigencias de la naturaleza animal, los individuos egoístas se esfuerzan en elevarse por encima de su prójimo. Impulsados por el prejuicio y un sentimiento de superioridad, los grupos rivales tratan de servir a sus propios intereses egoístas y se empeñan en imponer su voluntad sobre los demás. La agresión y el conflicto caracterizan las interacciones cotidianas de una humanidad atrapada en una lucha interminable por el predominio. Bahá’u’lláh manifiesta:

Desde que entraron en juego la ambición de preferencia y distinción, el mundo ha quedado asolado...2

Él amonesta a Sus seguidores en estos términos categóricos:

¡Oh hijo del polvo! En verdad te digo: De todos los hombres el más negligente es aquel que disputa inútilmente y trata de sobresalir por encima de su hermano.3

No incumbe, por tanto, a quien fue creado del polvo, al cual volverá, y será nuevamente sacado de él, lleno de orgullo ante Dios y ante Sus amados, mostrar menosprecio activamente y estar lleno de desdeñosa arrogancia.4

El deseo de ascender sobre los demás, como fuerza motriz en la vida de uno, es un defecto en el carácter humano que, desafortunadamente, está siendo promovido en base a ciertas teorías sociales como una cualidad característica loable. La agresión y la competencia desenfrenada se consideran como inherentes a la condición humana. Incluso se cree que es mejor para la sociedad si cada individuo busca su propio interés personal; el eufemismo “el interés propio sensato” se emplea para disimular las deficiencias en las relaciones sociales basadas en la competencia. `Abdu'l-Bahá observa:

¡Gloria sea a Dios! Qué extraordinaria situación se presenta ahora cuando nadie, al escuchar una declaración, se pregunta a sí mismo cuál será el motivo real del orador y qué propósito mezquino se oculta tras la máscara de las palabras. Se da el caso, por ejemplo, que un individuo, buscando mejorar sus propios asuntos pequeños y personales, puede obstaculizar el avance de todo un pueblo. Por llevar agua a su propio molino, dejará secar y marchitar las granjas y huertas de los demás. Por mantener su propio liderazgo conducirá permanentemente a las masas hacia el prejuicio y fanatismo, los cuales subvierten el propio fundamento de la civilización.5

Por medio de las enseñanzas divinas, la apetencia de la complacencia para consigo mismo al sobreponerse a los demás es subyugada por una competencia espiritual de brindar bienestar a todos. Solamente en la adquisición de las virtudes divinas6 y en el servicio a Dios y a Su Causa7 compiten los individuos unos con otros. “Dichosa el alma que olvide su propio bien, y como los escogidos de Dios, rivalice con sus congéneres en servir al bien común. . . “.8 Honor no hay en las posiciones efímeras de poder, sino en nuestros esfuerzos por promover el bienestar de la humanidad. El individuo que desea contribuir al progreso de la Causa y al avance de la civilización, debe esforzarse por estar libre de la arrogancia y la preocupación egoísta. “La humildad exalta al hombre al cielo de la gloria y del poder, en tanto que el orgullo lo rebaja a las profundidades de la vileza y la degradación”.9 Y exhorta Él a la humanidad:

Suplicad al Dios único y verdadero que conceda que saboreéis obras tales como las que son realizadas en Su sendero, y participéis de la dulzura de la humildad y sumisión tales como las que se ofrecen por amor a Él. Olvidaos de vosotros mismos y volved vuestros ojos hacia vuestro vecino. Dedicad vuestras energías a todo aquello que promueva la educación de los hombres. Nada está, ni jamás podrá estar, oculto ante Dios. Si camináis en Su sendero, sus incalculables e imperecederas bendiciones lloverán sobre vosotros.10

La humildad que Bahá’u’lláh nos exige, no es un sentimiento de inferioridad frente a otros que se estimen más competentes. No es una modestia fingida, semejante a la hipocresía. No, más bien, la verdadera humildad nace del reconocimiento de que Dios es el Todopoderoso, el Que Subsiste por Sí Mismo, mientras que los demás somos débiles, y tenemos el deber de perfeccionarnos. La vanagloria, la exaltación del conocimiento propio limitado, el hambre del poder y la compulsión de forzar las cosas según el agrado personal, quedan desenmascaradas y se descubre lo que son realmente: expresiones de caprichos y deseos infantiles.

Para poder obtener la humildad, debemos evitar el sentimiento de culpabilidad (el severo juicio paralizador de no poder cumplir con la norma) así como el de la complacencia (la reinterpretación y disminución de la norma, para sentirnos cómodos dentro de nuestras preferencias personales). La apreciación del Guardián de que “nuestro pasado no es lo que tanto importa en este mundo; sino más bien lo que nos proponemos para nuestro futuro”, 11 nos ayuda a superar dichos sentimientos de culpabilidad. Podemos evitar la complacencia al reconocer siempre la certeza de la norma divina planteada por Bahá’u’lláh, al defenderla en toda circunstancia y rehusar transigirla con las normas comúnmente aceptadas de nuestra época.12 La semilla de la humildad se siembra en el acto de reconocer a Dios: “Atestiguo en este momento mi impotencia y Tu poder, mi pobreza y Tu riqueza”.13 Germina en el esfuerzo por adherirse a las enseñanzas divinas, ya que “lo que conviene al hombre es la sumisión a las restricciones que le protegerán de su propia ignorancia y le resguardarán contra el daño de los promotores de la discordia”.14 Crece gracias a la creencia de que “En la estima de Dios todos los hombres son iguales; no existe distinción o preferencia por ningún alma en el dominio de su justicia y equidad”.15 Se cultiva mediante una apreciación honesta de las propias faltas y una tolerancia para con los defectos de los demás: “Que vuestros pensamientos se refieran a vuestro propio desarrollo espiritual, y que cerréis vuestros ojos a las deficiencias de las demás almas”.16 Madura en la medida en que uno “prefiere a su hermano antes que a sí mismo”. 17 Da frutos en la medida en que uno se hastía del yo.

Haced cuanto podáis para que lleguéis a estar completamente hastiados del yo, y vinculados a aquel Semblante de Esplendores; y en cuanto hayáis alcanzado tales alturas de servicio encontraréis, reunidas a vuestra sombra, todas las cosas creadas.18

La persona que se levante a promover el honor humano debe establecer buenas relaciones con los demás, con la comunidad y con las legítimas instituciones de la sociedad. Antes de poder comenzar, uno debe ser humilde ante Dios, debe llegar a conocer la voluntad y propósito divinos y, pudiendo descubrir en los demás un reflejo de la Esencia Divina, debe ofrecerse humildemente ante ellos. El alma que camine humildemente con Dios, explica Bahá’u’lláh, será investida con el honor y la gloria de todos los nombres y estaciones buenas.19 Resulta ilustrativo que `Abdu'l-Bahá, a Quien Shoghi Effendi describiera como la personificación de todo ideal bahá’í, adoptara para Sí mismo el título “Siervo de Bahá”. El servicio es la máxima estación que se puede alcanzar y, por su medio, uno se convierte en promotor del honor humano. `Abdu'l-Bahá manifiesta:

¿Es posible concebir una bendición más grande para un hombre que la de ser el causante de la educación, el desarrollo, la prosperidad y el honor de sus congéneres? ¡No, por el Señor Dios! La más elevada rectitud es que las almas benditas tomen las manos de los indefensos y les salven de su ignorancia, abatimiento y pobreza y con intenciones puras y sólo por amor a Dios, se levanten y se consagren con energía al servicio de las masas, olvidándose de su propio beneficio mundano y trabajando sólo para servir al bien común.20

Cuando los individuos que han escogido el camino del servicio se reúnen en una comunidad por el bien de la Causa, rápidamente pueden adoptar una actitud de aprendizaje, la cual es indispensable para realizar un esfuerzo colectivo. Ello permite poner en movimiento un proceso sistemático dentro de la comunidad, “por el cual los amigos puedan repasar sus éxitos y dificultades, adaptar y mejorar sus métodos, según sea necesario, y aprender y avanzar con determinación”.21 La cooperación llega a ser la norma y el servicio, la fuerza motriz que estimula el progreso.

3
El que Aspira a la Sabiduría

Los escritos bahá’ís ensalzan la adquisición de conocimiento y sabiduría. Tan vital es el conocimiento para el avance de la sociedad que, según `Abdu'l-Bahá, “cualquier pueblo que se haya aventurado más profundamente en este mar sin límites, ha llegado a superar a los demás,”1 mientras que “la razón principal de la decadencia y caída de los pueblos es la ignorancia.”2 Bahá’u’lláh manifiesta:

El conocimiento equivale a las alas para la vida del hombre y a una escalera para su ascenso. Su adquisición incumbe a todos. Sin embargo, debe adquirirse el conocimiento de aquellas ciencias que beneficien a los pueblos de la tierra. . . . En verdad, el conocimiento es un verdadero tesoro para el hombre y una fuente de gloria, de munificencia, de gozo, de exaltación, de alegría y de regocijo para él.3

En los escritos bahá’ís se da énfasis al conocimiento, tanto en los campos de la erudición humana como en el de las enseñanzas de Dios.

Que los amados de Dios, ya sean jóvenes o maduros, hombres o mujeres, cada uno según su capacidad, se levanten y no escatimen esfuerzo alguno por adquirir las diferentes ramas del saber, tanto espirituales como seglares y de las artes.4

Son dos las fuentes de conocimiento que hacen posible el progreso de la civilización, la ciencia y la religión. Juntas, nos permiten comprendernos a nosotros mismos, a nuestro entorno, nuestras capacidades y nuestro propósito. La ciencia, explica `Abdu'l-Bahá, revela los secretos del universo. Es la “gobernante de la naturaleza y sus misterios, y el único medio por el cual la humanidad explora el mundo físico”.5 Mediante sus poderes, son resueltos los problemas materiales y sociales; es la base misma de todo desarrollo individual y nacional.6 Los bahá’ís deben adquirir conocimiento y capacidad en aquellos campos que beneficien a la humanidad y contribuyan a que la civilización progrese más y más.

Al mismo tiempo, los escritos bahá’ís afirman que el conocimiento proviene de las enseñanzas de Dios. La Palabra de Dios es “sabiduría colectiva, conocimiento absoluto y verdad eterna”7 La religión permite comprender la naturaleza espiritual de la humanidad y sus implicaciones para el progreso personal y colectivo. Bahá’u’lláh insta a los creyentes a que se sumerjan en el océano de Sus palabras, desentrañen sus secretos y descubran las perlas de sabiduría que yacen ocultas en él.8 Los beneficios que obtenga cada persona, explica Él, están en proporción directa con la intensidad de su búsqueda y los esfuerzos que haga.9

Pero, más allá de la adquisición del conocimiento, se necesita sabiduría. Bahá’u’lláh describe la sabiduría como “el mayor don”, como “protectora infalible” de la humanidad y como “la maestra más importante en la escuela de la existencia”.10 Por lo tanto, el individuo que desee contribuir al progreso de la Causa y al adelanto de la civilización, debe aspirar a la sabiduría.

La sabiduría une el conocimiento a la acción; implica la aplicación del conocimiento según las exigencias de cada situación.

Sigue el camino de tu Señor, y no digas aquello que los oídos no soportan oír, porque tales palabras son como una comida suculenta dada a niños pequeños. Por apetitosa, extraordinaria y rica que la comida sea, no puede ser asimilada por los órganos digestivos de un niño de pecho. Por lo tanto, a todos los que tienen derecho, séale dada su medida determinada. Primero diagnostica la enfermedad e identifica el mal, después receta el remedio, pues tal es el método perfecto del médico hábil.11

“La esencia de la sabiduría”, dice Bahá’u’lláh, “es el temor a Dios, el terror a su azote y castigo y la aprensión de su justicia y decreto”.12 “El comienzo de la Sabiduría y su origen”, agrega “es reconocer todo lo que Dios claramente ha manifestado..”13 La personificación de la sabiduría es la Manifestación de Dios, el “Médico Divino” cuya “función es fomentar el bienestar del mundo y de sus pueblos”.14 Por medio de las enseñanzas de la Manifestación, la humanidad puede comprender la realidad y escoger la acción apropiada. “El que se levante para servir a mi Causa deberá manifestar mi sabiduría y dirigir todos los esfuerzos por erradicar la ignorancia de la Tierra”.15

Implícito al concepto mismo de la sabiduría, es el uso apropiado del conocimiento. La sabiduría no es una ventaja de uso personal. Ser sabio no es ser astuto. No existe la “mala” sabiduría. El individuo que aspire a la sabiduría, constantemente busca orientación en los dos sistemas de conocimiento que son la religión y la ciencia. A lo largo de la historia, la humanidad, una y otra vez ha caído en los abismos de la superstición y el fanatismo por un lado, y en el materialismo y el relativismo moral por el otro. Las verdades de estos dos sistemas se complementan y hacen posible evitar estos peligros.

Para poder comprender cómo la ciencia y la religión contribuyen a la sabiduría es importante diferenciar la Revelación Divina de la creencia religiosa, la verdadera religión de las tradiciones religiosas y la verdadera ciencia del materialismo prejuiciado.

La Revelación Divina es el repositorio de las verdaderas enseñanzas de Dios. Es la norma suprema para la comprensión de todas las cosas, ya que es la expresión de la sabiduría divina que abarca el conocimiento de la realidad entera. Los seres humanos no podemos juzgar las verdades descriptivas o prescriptivas de la Revelación. Bahá’u’lláh advierte:

No sopeséis el Libro de Dios con los criterios y ciencias comunes entre vosotros, ya que el Libro mismo es la Balanza infalible establecida entre los hombres. En ésta, la más perfecta Balanza, debe sopesarse todo cuanto poseen los pueblos y linajes de la tierra, en tanto que su medida ha de comprobarse según su propia norma, si lo supierais.16

Cuando la religión, como sistema de conocimiento, está en consonancia con la Revelación y no se encuentra manchada por las vanas imaginaciones, entonces es verdadera religión. Ésta protege al creyente de la arrogancia y el orgullo, los cuales reducen el conocimiento a un deplorable velo entre el individuo y Dios. “Nos apartamos de esos ignorantes, que con apego imaginan que la Sabiduría es dar rienda suelta a las ociosas imaginaciones de uno y repudiar a Dios, el Señor de todos los hombres; tal como hoy oímos a algunos negligentes expresar tales aseveraciones”.17 La verdadera religión ilumina el entendimiento humano y ayuda a separar la ciencia del materialismo dogmático.

Las enseñanzas de Bahá’u’lláh derraman luz sobre tantos aspectos de la vida y conocimiento humanos que un bahá’í debe aprender, antes que la mayoría, a sopesar la información que reciba, en vez de aceptarla ciegamente. Un bahá’í tiene la ventaja de la Revelación Divina para esta época, la cual brilla como un faro de luz sobre los innumerables problemas que desconciertan a los pensadores de la actualidad; por lo tanto, debe desarrollar la capacidad de aprender íntegramente de los que le rodeen, demostrando la debida humildad ante sus maestros, pero en todo momento relacionando cuanto oiga con las enseñanzas bahá’ís, ya que éstas le permitirán separar el oro de la escoria del error humano.18

Sin embargo, el entendimiento humano de la norma divina está sujeto a limitaciones. La religión puede degenerarse en superstición. Por lo tanto, las creencias religiosas en torno al significado de la Revelación, a diferencia de la Revelación misma, deben sopesarse a la luz de la verdad científica y la razón. `Abdu'l-Bahá explica que “la religión debe ser razonable. Si no cuadra con la razón, es superstición”.19 Bahá’u’lláh advierte que el conocimiento de la religión no debe conducir al fanatismo e intolerancia ignorantes;20 que la interpretación literal de los textos divinos cuando tienen un sentido espiritual, lleva a las “falsas imaginaciones”, las cuales producen un alejamiento de “la infinita misericordia de la Providencia”;21 y que las masas, lejos de asumir una postura anti-intelectual, deben respetar a los doctos y eruditos cuyas “opiniones estén en armonía con los mandatos tal cual fueron revelados en Su Libro”, porque estos son “lámparas de guía para los que están en los cielos y en la tierra..”22

El adquirir conocimiento y sabiduría por medio del estudio de las ciencias y las enseñanzas divinas, es una empresa a la que todo bahá’í puede dedicarse en la medida de su capacidad. Pero los que adquieran mucha erudición, tienen la tarea adicional de llenar sus campos de actividad con la luz de la nueva Revelación.

Conforme crezca la comunidad bahá’í, adquirirá expertos en numerosos campos, ya sea porque creyentes bahá’ís lleguen a ser en expertos o porque estos se hagan bahá’ís. Conforme estos entendidos aporten sus conocimientos y entendimiento al servicio de la comunidad y, más aún, conforme transformen sus diferentes disciplinas al iluminarlas con la luz de las Enseñanzas Divinas, uno tras otro, serán resueltos los problemas que ahora afligen la sociedad actual.23

Las cualidades y responsabilidades del que aspira a la sabiduría se resumen en una tradición islámica sobre los eruditos, interpretada por `Abdu'l-Bahá como sigue: “Debe cuidarse, defender su fe, resistir sus propias pasiones y obedecer los mandamientos de su Señor”.24 Cuidarse, explica `Abdu'l-Bahá, quiere decir adquirir los atributos de la perfección espiritual y material, considerar el bienestar de la comunidad como el propio y levantarse con total sinceridad y pureza de intención para educar a las masas.25 Defender la Fe es proteger en todos los sentidos a la población y servir a la Causa de Dios a fin de que “se dirija todo esfuerzo hacia la adopción de una combinación de todas las medidas posibles tendientes a elevar la Palabra de Dios, incrementar el número de creyentes, promover la Fe de Dios y exaltarla.”26 Resistir las propias pasiones es la base de toda cualidad humana loable y el medio que permite mantener en equilibrio todas las cualidades. “Cuán a menudo ha sucedido que una persona agraciada con todos los atributos de la humanidad y adornada con la joya del verdadero conocimiento ha seguido, no obstante, sus propias pasiones hasta que sus excelentes cualidades sobrepasaron la moderación, y se ha visto impulsada al exceso”.27 En cuanto a la obediencia, `Abdu'l-Bahá explica que la gloria, rango y honor de un individuo dependen del acatamiento estricto de los mandatos Divinos, porque “la religión es la luz del mundo y el progreso; los logros y la felicidad del hombre son el resultado de la obediencia a las leyes establecidas en los Libros Sagrados”.28

Al manifestar estas cualidades y al cumplir con estas responsabilidades, los que anhelan conocimiento y sabiduría contribuyen a su propia transformación y también a la de la sociedad. Como miembros de la comunidad bahá’í aportan un nivel profundo de entendimiento que conduce al crecimiento y progreso de ésta.

4
El Defensor de la Justicia

Los que se levantan a servir la Causa en este período trascendental de la historia humana se están esforzando incesantemente por sostener la verdad y defender la justicia. Su trato para con los demás, en toda ocasión, se caracteriza por una rectitud de conducta la cual Shoghi Effendi definió como “un sentido perdurable de justicia imparcial, libre de la mancha de las influencias desmoralizadoras tan visiblemente llamativas en la vida política plagada de corrupción”.

Esta rectitud de conducta, con sus inferencias de justicia, equidad, veracidad, honestidad, imparcialidad, confiabilidad e integridad, debe distinguir cada fase de la vida de la comunidad bahá’í. “Los compañeros de Dios”, Bahá’u’lláh declara, “son en este día la masa que deberá levantar a los pueblos del mundo. Ellos deben manifestar tal integridad, tal veracidad y perseverancia, tales hechos y carácter que todo el género humano pueda beneficiarse de su ejemplo”. ¡”Juro por Aquel Quien es el Océano Más Grande”! afirma Él nuevamente, “Dentro del aliento mismo de las almas que son puras y santificadas, se guardan potencialidades de gran alcance. Tan grandes son estas potencialidades que ejercen su influencia sobre todas las cosas creadas”. En otro pasaje Él ha escrito, “Es un verdadero servidor de Dios, quien en este día, si atravesara ciudades de plata y oro, no se dignaría a mirarlas, y cuyo corazón permaneciera puro e impoluto de cualquier cosa que pueda verse en este mundo, sean éstas sus favores o sus tesoros. ¡Juro por el Sol de la Verdad! El aliento de tal hombre está dotado de poder y sus palabras de atracción”.1

Los escritos bahá’ís repetidamente nos llaman a buscar la verdad y a investigar la realidad, y explican que al buscar la verdad, la humanidad llegará a la unidad porque la realidad es una e indivisible.2

La primera enseñanza de Bahá’u’lláh es el deber que a todos concierne de investigar la realidad. ¿Qué significa investigar la realidad? Significa que el hombre debe olvidar todos los rumores y examinar la verdad por sí mismo, pues él no sabe si los enunciados que oye están de acuerdo con la realidad o no. Dondequiera que encuentre la verdad o la realidad, deberá aferrarse a ella, abandonando, descartando todo lo demás; porque fuera de la realidad no existe nada sino la superstición y la imaginación.3

La capacidad que hace posible la investigación imparcial de la verdad es la justicia. Con su ayuda, afirma Bahá’u’lláh en Su conocido pasaje de las Palabras Ocultas, veremos con nuestros propios ojos y no por los ojos de los demás y conoceremos mediante nuestro propio conocimiento y no por medio del de nuestro prójimo.4 “Quienquiera que se aferre a la justicia, no puede bajo ninguna circunstancia transgredir los límites de la moderación. Discierne la verdad en todas las cosas, por medio de la guía de Aquel que todo lo ve”.5

La justicia se expresa tanto a nivel individual como social. A nivel individual, como facultad del alma humana, se asocia con una amplia gama de actitudes y cualidades, entre ellas la honestidad, la veracidad y el estar libre de los prejuicios así como del apego ciego a la tradición. En la vida colectiva de la humanidad, la justicia crea orden y estabilidad. Bahá’u’lláh explica que la justicia es una poderosa fuerza que conquista los corazones y almas de los hombres y eleva la norma del amor y la benevolencia.6 Su propósito es que haya unidad.7 “Ningún hombre puede alcanzar su verdadera estación sino por medio de la justicia,” manifiesta. “Ningún poder puede existir sino por medio de la unidad”.8

Las enseñanzas de Bahá’u’lláh nos ayudan a proteger la justicia para que no sea distorsionada por hipocresía o intolerancia. Él exhorta a los pueblos del mundo a observar la tolerancia y la rectitud, las cuales son “las dos luces en medio de la oscuridad del mundo y las dos educadoras para la edificación de la humanidad”.9

El cielo del verdadero entendimiento brilla resplandeciente con la luz de dos luminarias: la tolerancia y la rectitud. ¡Oh mi amigo! Dentro de este breve dicho yacen atesorados vastos océanos. Bienaventurados los que aprecian su valor, beben profundamente de él y comprenden su significado, y ¡ay! de los desatentos.10

Respecto de la tolerancia, Bahá’u’lláh manifiesta que no debemos criticar en demasía “los dichos y escritos

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de los hombres”, sino que debemos considerarlos con un espíritu de imparcialidad y amorosa compasión.11 Shoghi Effendi indica que entre los individuos debe manifestarse tolerancia así como hacia las instituciones de la Fe.

Los amigos deben ser pacientes los unos con los otros y deben darse cuenta de que la Causa todavía está en su infancia y que sus instituciones todavía no funcionan a la perfección. Cuanto mayor sea la paciencia, la comprensión amorosa e indulgencia que los creyentes demuestren los unos a los otros, y sus defectos, mayor será el progreso de toda la comunidad bahá’í.12

La tolerancia que uno muestra hacia los demás debe ir de la mano con la norma de rectitud que uno exige para sí mismo.

Sed puros, oh pueblo de Dios, sed puros; sed rectos, sed rectos… Decid: ¡Oh pueblo de Dios! Lo que puede asegurar la victoria de Aquel Que es la Verdad Eterna, Sus huestes y ayudantes en la tierra, ha sido anotado en los Libros y Escrituras sagradas, y es tan claro y manifiesto como el sol. Estas huestes son los actos rectos, la conducta y carácter que son aceptables a Su vista.12

La rectitud requiere que nos examinemos minuciosamente a la luz de las enseñanzas divinas. Los bahá’ís deben fijarse en la infalible Balanza de Dios y, como si estuvieran en Su presencia, pesar sus acciones en esa Balanza cada momento de su vida.13 Como dice ‘Abdu'l-Bahá:

Es mi esperanza que podáis considerar esta cuestión, que podáis buscar vuestras propias imperfecciones y no penséis en las imperfecciones de nadie más. Esforzaos con todo vuestro poder para estar libres de imperfecciones. Las almas negligentes están siempre buscando las faltas de los demás. ¿Qué puede saber un hipócrita de las faltas de otros cuando está ciego de las propias? Este es el significado de las palabras en los Siete Valles. Es una guía para la conducta humana. En tanto el hombre no encuentre sus propias faltas, jamás podrá ser perfecto. Nada es más fructífero para el hombre que el conocimiento de sus propios defectos. La Bendita Perfección dice: “Me asombra el hombre que no encuentra sus propias imperfecciones.14

Sin embargo, debe mencionarse que a veces es necesario que uno muestre tolerancia a si mismo, ya que, según observó el Guardián, “incluso los Profetas de Dios a veces se cansaban y gemían en desesperanza”.15

Para un bahá’í, ser defensor de la verdad y sostenedor de la justicia significa adherirse a prácticas que son fundamentalmente diferentes a las que son aceptables para la sociedad en general. La disputa y la contienda no son medios apropiados para llegar a la justicia; tampoco puede la justicia ser fruto de un proceso conflictivo. El trabajar por la justicia no incluye apoyar ociosamente los sentimientos o asuntos populares del momento. La justicia nunca puede ser una excusa para promover los intereses propios. Ella no se obtiene mediante el enojo farisaico ni una estentóreas demandas gritadas desde lejos a favor de los oprimidos mientras uno goza de las comodidades de circunstancias privilegiadas. Más bien, se promueve por medio de la paciencia y la perseverancia, por medio de la acción persistente y la educación amorosa. Uno debe soportar injusticias en el proceso de establecer la justicia. La vida de Bahá’u’lláh es elocuente testimonio de esta verdad. “A causa de sobrellevar Él la injusticia, ha aparecido la justicia sobre la tierra; y a causa de aceptar Él la humillación, ha resplandecido la majestad de Dios en el seno de la humanidad”.16

Una comunidad de personas que favorecen la verdad y defienden la justicia se enfrenta a desafíos, penas y hasta persecución con serenidad y ecuanimidad, al mismo tiempo que se esfuerza por establecer el sistema de justicia de Bahá’u’lláh para toda la humanidad.

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El Bienhechor Desinteresado

La justicia debe ir acompañada de la generosidad, el perdón y la amorosa bondad, y quienes estén decididos a contribuir al adelanto de la Causa y de la sociedad, harán todo lo que puedan para manifestar estas cualidades. La generosidad y la magnanimidad son características de Dios Mismo, de Su Manifestación y del Ejemplar Cuyo camino seguimos. “Dar y ser generoso son atributos Míos; dichoso el que se adorne con mis virtudes”.1 ‘`Abdu'l-Bahá explica sobre Bahá’u’lláh, diciendo:

Era en extremo generoso, daba abundantemente a los pobres. Ninguno de los que venían a Él era rechazado. Las puertas de su casa estaban abiertas a todos… Al comentar al respecto, sus amigos decían que se empobrecería, pues sus gastos eran muchos y su riqueza se tornaba cada vez más limitada… En verdad, la Bendita Perfección era un refugio para los débiles, un amparo para los temerosos; bondadoso con los indigentes, indulgente y amoroso con todas las criaturas.2

‘`Abdu'l-Bahá se distinguió por estas mismas características. Shoghi Effendi enumera entre los atributos del Maestro “un amor a la vez desinteresado y pródigo”.3 “Todos los viernes por la mañana, a pesar de los peligros que Le acechaban, solía distribuir limosnas con Sus Propias manos entre los necesitados quienes acudían a las puertas de Su casa y atestaban Su patio, y lo hacía con una regularidad y generosidad que Le valieron el título de “Padre de los Pobres”. Aún cuando enfrentaba asaltos que amenazaban Su vida en la Tierra Santa, “nada podía impedirle que visitara en persona a los incapacitados o a quienes se avergonzaban de solicitar Su ayuda”.4

En innumerables y conmovedores pasajes, se anima a los creyentes a ser fideicomisarios de Dios y los emblemas de Su generosidad entre Su pueblo.5

¡Oh vosotros amantes de Dios! Sed bondadosos con todos los pueblos; cuidad a todas las personas; haced todo cuanto podáis por purificar los corazones y las mentes de los hombres; esforzaos por llevar alegría a todas las almas. Sed una lluvia de gracia para cada prado; para cada árbol, el agua de vida; sed como perfumado almizcle para los sentidos de la humanidad, y una fresca, una reparadora brisa para el doliente. Sed placenteras aguas para todos los sedientos, un guía cuidadoso para todos aquellos que han perdido el camino; sed un padre y una madre para el huérfano, sed hijas e hijos amorosos para los ancianos, sed un tesoro abundante para los pobres.6

La generosidad, tal como es descrita en los escritos bahá’ís, no debe confundirse con regalar una pequeña parte de los bienes propios para mitigar un sentimiento de lástima por los pobres— el cual no es sino una concesión a la injusticia. La generosidad a la cual son llamados los creyentes, es un aspecto esencial de las relaciones que unen a la familia humana, tramando el tejido de la comunidad y el orden social. Es el sol que confiere a la tierra, la caída de la bendita lluvia sobre los campos y praderas resecos. ‘`Abdu'l-Bahá explica que el dar es parte integral la naturaleza misma de la realidad:

Si uno observara con el ojo que descubre las realidades de todas las cosas, resultaría claro que la relación mayor que mantiene unido al mundo del ser se encuentra en la esfera de las mismas cosas creadas y que la cooperación, la ayuda mutua y la reciprocidad son características esenciales en el cuerpo unificado del mundo del ser, ya que todas las cosas creadas están íntimamente relacionadas entre sí y cada una de ellas está influenciada por la otra o se beneficia de ella, ya sea directa o indirectamente…

Y así, cuando contemplas el mundo humano percibes este maravilloso fenómeno que brilla con resplandor desde todos los lados, con la mayor perfección, puesto que en este nivel las acciones de cooperación, asistencia mutua y reciprocidad, no están limitadas al cuerpo ni a las cosas que pertenecen al mundo material, sino que se extienden a todas las condiciones, ya sean físicas o espirituales… Cuanto más se fortalezca y extienda esta interrelación, más adelantará la sociedad humana en progreso y prosperidad. Ciertamente, sin estos lazos vitales, le sería absolutamente imposible al mundo de la humanidad alcanzar la felicidad y el éxito verdaderos…

Este es el principio básico sobre el que está establecida la institución del Huqúqu’lláh, puesto que sus ingresos están dedicados a la promoción de estos fines… La sabiduría de este mandamiento es que la acción de dar es grata a los ojos de Dios. Considerad cuán grata debe ser esta acción poderosa en su estimación que la ha atribuido a su Propio Ser. ¡Alegraos, pues, oh gentes de generosidad!7

Cuán grato es para Dios cuando Sus siervos siguen Su ejemplo de generosidad y expenden su riqueza para el bienestar del prójimo y la prosperidad de toda la raza humana. “Sois los árboles de mi jardín”, dice Bahá’u’lláh; “debéis dar frutos excelentes y maravillosos, para que vosotros mismos y otros obtengan provecho de ellos”. “Los mejores hombres son aquellos que se ganan el sustento con su oficio y lo gastan en sí mismos y en sus familias, por amor a Dios, el Señor de los Mundos”.8

El negarse a ser generoso y magnánimo incita a caer en hábitos y prácticas perjudiciales, entre ellas, la impaciencia con los errores de los demás y un deseo de controlar sus acciones. Las almas desconsideradas que ocupan puestos de autoridad suelen negar a otras personas la oportunidad de servir, demostrando interés y reconociendo sólo a los esfuerzos en los cuales ellos participen directamente. Por el contrario, deberían liberarse de “toda palabra y hecho que demuestre parcialidad, egocentrismo o prejuicio”.9 Como miembros de una comunidad, las almas desconsideradas constantemente critican a sus dirigentes e instituciones.

¡Si los bahá’ís desmerecen a los mismos regentes quienes, aunque inmadura fuera su forma de esforzarse por coordinar las actividades y administrar los asuntos bahá’ís, si critican constantemente sus acciones al desafiar o menospreciar sus decisiones, no sólo impiden todo verdadero y rápido progreso del desarrollo de la Fe, sino que ahuyentan a las personas de afuera, quienes, con toda justificación, podrán reclamar cómo pretendemos unir al mundo entero estando nosotros tan desunidos!10

Una de las primeras manifestaciones de generosidad que viene a la mente es la acción de dar a los Fondos Bahá’ís. Según Shoghi Effendi, el contribuir al Fondo constituye,”una manera práctica y eficaz por la que todo creyente puede probar la medida y calidad de su fe, y probar mediante hechos la intensidad de su devoción y adhesión a la Causa”.11 Las contribuciones hechas desinteresadamente, revelan una verdad fundamental que sustenta el atributo de la generosidad: el hecho de que el que da, también recibe bendiciones. Shoghi Effendi nos ilustra cómo funciona este principio comparándolo con una fuente:

Debemos ser como la fuente o manantial que continuamente se vacía de todo lo que tiene y al mismo tiempo continuamente se llena desde una fuente invisible. El dar continuamente para el bien de nuestros semejantes, sin que nos sobrecoja el temor a la pobreza y confiados en la infalible generosidad de la Fuente de toda riqueza y todo bien—, éste es el secreto de una vida íntegra.12

La hospitalidad—” con toda su inferencia de amistad, cortesía, servicio, generosidad y alegría es— otra forma en que las personas demuestran generosidad a otros y a la comunidad. Tan importante es esta característica que Bahá’u’lláh la ha hecho una característica esencial de la Fiesta de los Diecinueve Días, la cual es la piedra angular de Su Nuevo Orden Mundial.

La idea misma de la hospitalidad como espíritu sostenedor de tan importante institución, implanta una nueva y revolucionaria actitud en todos los niveles en cuando a la conducción de los asuntos humanos, una actitud vital para poder alcanzar aquella unidad mundial por cuya creación las Figuras Centrales de nuestra Fe tanto se esforzaron y por la que tantas crueldades soportaron. En este festival divino se establece la base para la concreción de una realidad nunca vista.13

Pero ser generoso no significa ofrecer cosas materiales solamente. La generosidad también se expresa en la actitud hacia los demás. Se manifiesta en el respeto que se les dé, libre de todo vestigio de envidia de su rango o de sus logros.14 De la misma forma en que nos enorgullecemos de nuestros propios logros, debemos aprender a alegrarnos y sentirnos orgullosos del éxito de los demás, aunque no hayamos tomado parte en ello.

La capacidad de perdonar y hacer el bien a cambio del mal es otra característica de un alma generosa.

Si alguien llega a golpearos, tratad de amigaros con él; si alguien os apuñala el corazón, sed un ungüento curativo para sus llagas; si alguien os insulta o se burla de vosotros, recibidle con amor. Si alguno os inculpa, alabadle; si os ofrece un veneno mortal, dadle a cambio la selecta miel; y si amenaza vuestra vida, concededle un remedio que lo sane para siempre. Si él es el dolor mismo, sed vosotros su medicina; si es una espina, sed sus rosas y dulces hierbas.15

La más notable expresión de generosidad es, por supuesto, la enseñanza, porque uno comparte con los demás la mayor bendición de todas—, el conocimiento de la Revelación de Bahá’u’lláh. Al dar a los demás por medio de la enseñanza, el alma generosa contribuye continuamente al crecimiento de la comunidad y se convierte en una fuente de alegría para el mundo.

Sed irrestrictos como el viento, al llevar el Mensaje de Aquel que hizo romper el alba de la Guía Divina. Considerad cómo el viento, fiel a lo que Dios ha ordenado, sopla sobre todas las regiones de la tierra, sean habitadas o desoladas. Ni la vista de desolación, ni las muestras de prosperidad pueden causarle dolor ni agradarle. Sopla en todas direcciones, como le ha sido ordenado por su Creador.16

6
El Canal Puro

Los desafíos que enfrentan los que se levantan a servir al mundo, no pueden enfrentarse sólo por medio del esfuerzo humano. Hace falta el poder divino para contrarrestar al proceso de desintegración que está destruyendo el orden social. Este poder fluye en proporción a la oquedad de la caña y a la pureza del canal.

Lo primero en el modo de vida de un ser humano debe ser la pureza, luego la frescura, la limpieza y la independencia de espíritu. Primeramente debe limpiarse el cauce, luego las dulces aguas del río pueden ser conducidas a él.1

“Apresúrate en el sendero de la santidad,” es el llamado de Bahá’u’lláh, “y entra al cielo de la comunión conmigo. Purifica tu corazón con el depurador del espíritu y apresúrate hacia la corte del Altísimo”.2 “Quienquiera se levante a ayudar a nuestra Causa en este Día y llame en su asistencia a las huestes de un carácter loable y una conducta recta,” es Su promesa, “la influencia que fluye de tal acción, ciertamente será difundida por todo el mundo”.3 Además afirma que “el mejoramiento del mundo” se logra por medio de “hechos puros y hermosos,”4 que tales hechos “ascienden al cielo de la gloria celestial,” y que “dentro de poco, quienes prueban a la humanidad… no aceptarán sino la virtud absoluta y acciones de inmaculada pureza”.5 Y proclama:

Nosotros de verdad vemos vuestras acciones. Si percibimos de ellas el dulce aroma de la pureza y santidad, Nosotros, ciertamente, os bendeciremos. Entonces, las lenguas de los moradores del Paraíso pronunciarán vuestra alabanza y magnificarán vuestros nombres entre aquellos que se han acercado a Dios.6

Una de las mayores aspiraciones de todos los pueblos es la libertad. Es su sueño, su ideal expreso, el motivo de su lucha constante. Sin embargo, en la sociedad moderna son pocos quienes reconocen que la pureza es la puerta que conduce a la libertad, ya que la pureza es lo que libera al alma del cautiverio y opresión mundanos. Bahá’u’lláh nos advierte:

Sois como el ave que se remonta en la inmensidad de los cielos con toda la fuerza de sus poderosas alas y con completa y alegre confianza, hasta que impelida a satisfacer su hambre, desciende anhelante hacia el agua y el lodo terrenal bajo ella y, atrapada en la red de su deseo, se encuentra inmovilizada para reanudar su vuelo hacia los reinos de donde vino. Impotente para sacudir la carga que pesa sobre sus alas enlodadas, aquella ave, que hasta entonces era un habitante de los cielos, se ve forzada ahora a buscar su morada en el polvo.7

La pureza no se debe confundirse con el puritanismo. No es una condición superficial de “ser bueno” agregado a la santurronería. Es un atributo divino que tiene que ver con todos los aspectos de la vida, e influye en todas las demás cualidades del alma. “En cada aspecto de la vida, la pureza y la santidad, la limpieza y el refinamiento, exaltan la condición humana y promueven el desarrollo de la realidad interior del hombre”.8

Con relación al mundo material, la pureza se manifiesta mediante la limpieza. Bahá’u’lláh exhorta a Sus seguidores a que sean la esencia misma de la limpieza entre la humanidad,9 y ‘`Abdu’l-Bahá afirma que incluso en el reino físico, la limpieza conduce a la espiritualidad. Pues, explica Él que de la misma manera que la música es como alas para el espíritu, trayendo alegría al alma, así también la limpieza física ejerce una influencia sobre ella.10

La pureza se manifiesta también en el diario vivir. Tanto en sus “relaciones sociales con los miembros de su propia comunidad, como en su contacto con el mundo en general,” Shoghi Effendi apela a una vida casta y santa que “debe ser el principio determinante en el proceder y conducta de todo bahá’í”.11

Tal vida casta y santa, con su inferencia de modestia, pureza, temperancia, decencia y mente casta, comprende no menos que el ejercicio de la moderación en todo lo que atañe al atuendo, al lenguaje, al entretenimiento y todo pasatiempo artístico y literario. Exige una vigilancia diaria en el control de los deseos carnales y las inclinaciones corruptas. Requiere el abandono de una conducta frívola con su excesivo apego a los placeres triviales y a menudo descaminados. Requiere la total abstinencia de las bebidas alcohólicas, del opio y de los estupefacientes similares que envician. Desaprueba la prostitución del arte y de la literatura, las prácticas del nudismo y de la convivencia en pareja sin matrimonio, la infidelidad en las relaciones matrimoniales y toda forma de promiscuidad, de fácil intimidad y de vicios sexuales. No puede transigir con las teorías, las normas, los hábitos y los excesos de una época decadente. Más bien busca demostrar mediante la fuerza dinámica de su ejemplo, el carácter pernicioso de tales teorías, la falsedad de tales normas, la frivolidad de tales reclamos, la perversidad de tales hábitos y el carácter sacrílego de tales excesos.12

La intención y la actitud del individuo constituyen otra faceta de su vida donde puede manifestar la pureza. Shoghi Effendi advierte a los creyentes que tengan cuidado, no sea que “la parcialidad, la ambición y la mundanería….oscurezcan el esplendor, manchen la pureza o perjudiquen la eficacia de la Fe de Bahá’u’lláh”.13 El individuo cuyos motivos sean producto de la ambición o la sed de poder, fácilmente puede convertirse en un obstáculo para el progreso de la Causa. El comportamiento y manipulación políticos, tan prevalecientes en el mundo, son impúdicos y ajenos a sus metas unificadoras. Shoghi Effendi aclara que no hay lugar en la Fe para las intrigas políticas, que nuestra norma es la consulta abierta y sin prejuicios, y que cualquier otra cosa no sólo es indigna de un bahá’í, sino que constituye un desacato abierto a las instrucciones del Maestro y es señal de falta de fe.14 “El verdadero desprendimiento y el servicio desinteresado - estos deben ser los únicos motivos de todo verdadero creyente”.15

Por sobre todo, la pureza es un requisito fundamental para una relación provechosa con Dios -- para poder percibir el reino espiritual y entrar en Su presencia.

Los ojos castos gozan de la beatífica visión del Señor y saben lo que este encuentro significa; un sentido puro inhala las fragancias que provienen de las rosaledas de su gracia; un corazón bruñido reflejará el agraciado rostro de la verdad.16

De esta descripción, queda claro que la pureza no es un ideal inalcanzable; tampoco es algo que puede lograrse fácilmente. La purificación es un proceso continuo, y se logra poco a poco --- un esfuerzo que dura toda la vida. Cada vez que se conquista alguna frontera, aparece en el horizonte un desafío mayor.

El bruñido que limpia el corazón es el amor a Dios. Por medio de tal amor, encendido por la Palabra de Dios y avivado con la oración diaria, el individuo se enciende. Bahá’u’lláh manifiesta:

¡Oh amigos! Cada uno de vosotros debe estar tan encendido en este día con el fuego del amor de Dios, que el calor del mismo pueda manifestarse en vuestras venas, vuestras extremidades y los miembros de vuestro cuerpo, para que los pueblos del mundo sean encendidos por este calor y se dirijan hacia el horizonte del Amado”.17

El fuego del amor de Dios, explica Shoghi Effendi, templará y sanará,18 y, según describe ‘`Abdu'l-Bahá, hará que el corazón baile de alegría y colmará al alma con el éxtasis del embeleso.19 “No hay nada más grande ni más sagrado que el Amor de Dios. Éste da salud al enfermo, bálsamo al herido, alegría y consuelo al mundo entero y por él únicamente puede el hombre alcanzar la Vida Eterna”.20

No se obtiene la purificación retirándose de la vida como un asceta, ni se adquieren los atributos divinos mediante la contemplación ociosa. El bien no es la ausencia del mal, sino todo lo contrario. Para poder adquirir las cualidades espirituales hace falta un esfuerzo constante y diligente por fortalecer los lazos que nos unen con nuestro Creador. Requiere de la disciplina de cultivar sistemáticamente el bien y erradicar hábitos y actitudes negativas. Continúa a medida que uno se dedique al servicio de la humanidad y la promoción de la Causa de Dios. “Una cosa y solamente una cosa infaliblemente y de por sí asegurará el certero triunfo de esta Causa sagrada,” manifiesta Shoghi Effendi, “a saber, el grado en que nuestra propia vida interior y carácter particular reflejen en sus múltiples aspectos el esplendor de aquellos principios eternos proclamados por Bahá’u’lláh”.21 Pero “reflejar” los “principios eternos proclamados por Bahá’u’lláh” seguramente quiere decir actuar para enseñar, actuar para servir, actuar para construir la unidad y establecer la justicia para insuflar una nueva vida en el mundo. Cuanto mayor sea el esfuerzo por purificarse, mayor será la manifestación de poder espiritual. Las siguientes palabras de ‘Abdu’l-Bahá sobre el sacrificio ilustran muy bien este asunto:

…el hombre debe sacrificar las cualidades y atributos del mundo de la naturaleza por las cualidades y atributos del mundo de Dios. Por ejemplo, considerad la sustancia que llamamos hierro. Observad sus características: es sólido, negro y frío… Cuando el hierro absorbe el calor del fuego, sacrifica su atributo de solidez por el de fluidez, el de la oscuridad por la luminosidad, las cuales son cualidades del fuego… Se ilumina y se trasforma, habiendo sacrificado sus cualidades por las cualidades y atributos del fuego.

Del mismo modo, el hombre, cuando se separa y desprende de los atributos del mundo de la naturaleza, sacrifica las cualidades y exigencias de ese reino mortal, y manifiesta las perfecciones del Reino, tal como desaparecieron las cualidades del hierro y en su lugar aparecieron las cualidades del fuego.22

Mientras las tormentas de la pasión se abaten sobre una humanidad desesperada, socavando su integridad moral, la comunidad cuyos miembros sean las personificaciones de la pureza se convierten en una fortaleza inexpugnable para el mundo y el refugio de una civilización tambaleante.

7
El Adorador Fiel

A través de Su Revelación, la Manifestación hace conocer a la humanidad la voluntad y propósito de Dios. “Todo lo que ha sido revelado en sus Tablas no es más que un reflejo de Su Voluntad”.1 Pero la capacidad de la humanidad de comprender y responder a la Revelación es limitada. El poder que permite al individuo seguir las enseñanzas a pesar de esta limitación inherente es el poder de la Alianza. Si no fuera por el poder de la Alianza, la humanidad perdería su rumbo; no sería posible ya conocer la voluntad de Dios para poder lograr Su propósito. La Alianza es fuente de fe y amor.

En esta Dispensación, el individuo recibe la gracia de la Alianza de dos maneras: por medio de la Alianza Mayor, la Alianza entre Dios y la humanidad, y por medio de la Alianza Menor, la cual se ha establecido entre Bahá’u’lláh y Sus seguidores. Con respecto a la Alianza mayor, Bahá’u’lláh, en el Kitáb-i-Aqdas, describe los dobles deberes ordenados por Dios para Sus siervos. El primer deber es “el reconocimiento de Aquel quien es la Aurora de Su Revelación y la Fuente de Sus leyes”. Aquellos que han llegado al reconocimiento de la Manifestación también deben “observar cada uno de los preceptos de Aquel que es el Deseo del Mundo”. “Estos dos deberes”, explica Bahá’u’lláh “son inseparables. Ninguno es aceptable sin el otro”.2

Aquellos que se levantan a servir la Causa y a contribuir al progreso de la humanidad se esfuerzan para cumplir con estos deberes con fidelidad y constancia, manifestando “tal constancia que si todos los pueblos del mundo intentasen impedirle volverse hacia la Fuente de Revelación, serían impotentes para hacerlo”.3

No sigáis, por tanto, vuestros deseos mundanos, y no violéis la Alianza de Dios, ni rompáis vuestro compromiso con Él. Con firme determinación, con todo el afecto de vuestro corazón y con la plena fuerza de vuestras palabras, volveos hacia Él y no andéis por los caminos de los necios… No rompáis el vínculo que os une con vuestro Creador y no seáis de aquellos que han errado y se han desviado de Sus caminos.4

El propósito de la Alianza menor es “perpetuar la influencia de [la] Fe, asegurar su integridad, resguardarla del cisma y estimular su expansión mundial”.5 “La esencia de la Alianza es la continuación de la guía divina después de la Ascensión del Profeta mediante la presencia en este mundo de una institución hacia la cual los amigos puedan dirigirse y que puede declarar irrefutablemente cuál es la voluntad de Dios”6

`Abdu’l-Bahá es el Centro de la Alianza y, después de Él, los Puntos hacia los cuales todos debemos volvernos son la Guardianía y la Casa Universal de Justicia. Las interpretaciones del Guardián son expresiones de la verdad sobre el significado del Libro que no se pueden alterar.7 La Casa Universal de Justicia “ha sido investida por Bahá’u’lláh con la autoridad de legislar en todo cuanto no haya sido registrado explícita y expresamente en Sus Escritos Sagrados”, y tiene “el derecho y el poder de abrogar, según los cambios y requerimientos de la época aquello que una Casa de Justicia anterior haya promulgado y puesto en vigor”.8 Aunque sus miembros “no son omniscientes” y desean “que se les provea los hechos cuando deban tomar una decisión”,9 aún así, “lo que determinen es de Dios”10 y “tiene el mismo efecto que el Texto mismo”.11

Por lo tanto, para ser firme en la Alianza, el creyente, con fidelidad y resolución inquebrantables, se dirige al Texto y al Punto de Autoridad de la Fe, adhiriéndose de esta manera a la voluntad y propósito de Dios como ha sido revelado por Bahá’u’lláh. “Reconocer a Bahá’u’lláh es reconocer Su Alianza; rechazar Su Alianza es rechazarle a Él”12 Ser firme en la Alianza requiere confianza— en que Dios cumplirá Su promesa de mantener abierto el canal de la guía divina. Esto quiere decir que los creyentes deben confiar en que Dios guiará a la Casa Universal de Justicia para que haga lo que sea necesario para el bienestar de la Causa en el momento oportuno. Sin dicha confianza, el servicio a la Causa descansaría sobre una base de arena movediza.

La mano de la Omnipotencia ha establecido Su Revelación sobre un cimiento inexpugnable, perdurable. Las tormentas de la disensión humana no pueden minar su base, ni las teorías extravagantes de los hombres podrán dañar su estructura.13

No debe imaginarse que la Casa Universal de Justicia tomará cualquier decisión según sus propias concepciones u opiniones. ¡No lo quiera Dios! La Suprema Casa de Justicia tomará decisiones y decretará leyes por inspiración y confirmación del Espíritu Santo, porque ella está bajo la custodia y al amparo y protección de la Antigua Belleza, y obedecer sus decisiones es un deber ineludible e incondicional y para nadie hay evasiva.14

El servicio a la Causa de Dios exige fidelidad e integridad incondicionales y una fe inquebrantable en Él. Nada bueno, más bien algo malo podrá resultar de asumir en nuestras propias manos la responsabilidad por el futuro de la Causa de Dios, tratando de forzarla por rumbos de nuestro antojo, sin tener en cuenta los textos claros y nuestras propias limitaciones. Es Su Causa (de Dios). Él ha prometido que su luz no se apagará. Nos corresponde aferrarnos firmemente a la Palabra revelada y a las instituciones creadas por Él para preservar Su Alianza.15

La Alianza no tiene que ver simplemente con la aparición de una nueva Manifestación y la sucesión de la autoridad después de Su partida. Se trata de relaciones: la relación entre Dios y el individuo, entre el individuo y la Manifestación, entre el individuo y la Fe, entre los creyentes y entre los individuos y sus instituciones. La Alianza define el lazo del deber así como el de amor en cada una de estas relaciones. ‘`Abdu'l-Bahá afirma que el espíritu de la Alianza es el verdadero núcleo de amor que irradia sus rayos a todas partes del mundo, resucitando y regenerando a la humanidad e iluminando el camino al Reino.16 “El amor es la bondadosa luz del cielo, el hálito eterno del Espíritu Santo que vivifica el alma humana” y “la causa de la revelación de Dios al hombre”.17 Fue por el amor de Dios al hombre que se estableció la Alianza; de esta manera, Dios pudo revelarse, pudo encender el espíritu de fe y proporcionar las enseñanzas para la educación de toda alma humana. El amor del individuo por Dios engendra “fe, atracción hacia lo Divino, fervor, progreso, admisión al Reino de Dios, la facultad de recibir las Bondades de Dios”18 y de los cuales “nace el deseo de someterse a Su Voluntad, de obedecer Sus leyes, acatar Sus exhortaciones y promover Su Fe”.19 Bahá’u’lláh nos llama diciendo: “Observa Mis mandamientos por amor a Mi belleza”.20

Irrigada con el agua del amor, la semilla del reconocimiento crece hasta convertirse en certeza.

Tal debería ser tu certeza, que si toda la humanidad mostrara pretensiones que ningún hombre jamás haya propuesto, ni ninguna mente concebido, tú no harías caso de ellas, las desecharías y volverías tu rostro hacia Aquel que es el Objeto de la adoración de todos los mundos.

¡Por la rectitud de Mi propio Ser! ¡Grande, inmensurablemente grande es esta Causa! ¡Poderoso, inconcebiblemente poderoso es este Día! Bienaventurado, de verdad, es el hombre que ha renunciado a todas las cosas y ha fijado su vista sobre Aquel Cuya faz ha iluminado a todos los que están en los cielos y a todos los que están en la tierra.

Tu vista debe ser aguda… tu alma firme y tus pies como el bronce si no deseas ser estremecido por los asaltos de los deseos egoístas que susurran en los pechos de los hombres.21

Irrigada con el agua del amor, la semilla de la obediencia crece y se convierte en la entrega total a la Voluntad de Dios.

Por sumisión de uno mismo y unión perpetua con Dios se entiende que los hombres deberían fundir su voluntad totalmente con la voluntad de Dios y considerar sus deseos como la nada absoluta en comparación con Su Propósito. Todo lo que el Creador ordene observar a sus criaturas diligentemente y con el mayor regocijo y vehemencia deben levantarse y cumplirlo hemos revelado en la Oración del Ayuno: “Si tu Voluntad decretase que de Tu boca procedieran estas palabras y fuesen dirigidas a ellos: “Observa, por amor a Mi Belleza el ayuno, oh pueblo y no pongas ningún límite a su duración”, juro por la majestad de Tu gloria, que todos ellos lo observarían fielmente, se abstendrían de todo lo que pudiera violar tu ley y continuarían haciéndolo hasta que entregaran sus almas a ti”. En esto consiste el completo sometimiento de la voluntad de uno a la voluntad de Dios la estación del abandono total de la propia voluntad trasciende todas las demás estaciones y siempre permanecerá exaltada sobre ellas.22

El paso del reconocimiento a la certeza y de la obediencia a la sumisión exige disciplina espiritual. El adorador fiel abraza las obligaciones de la ley de Dios con alegría y exaltación. “Quienquiera que haya percibido la perfumada fragancia del Todo misericordioso y haya reconocido a la Fuente de estas palabras”, afirma Bahá’u’lláh, “con sus propios ojos dará la bienvenida a las saetas del enemigo, a fin de demostrar entre los hombres la verdad de las leyes de Dios”.23 El adorador fiel se complace en las bendiciones de la oración y el ayuno; toma abundantemente de las aguas vivificadoras de la Palabra de Dios; está iluminado con la pasión por la enseñanza, evita la ociosidad y las diversiones indecorosas; y se deleita en el servicio para el bienestar de todos. El adorador fiel actúa para que cada amanecer sea “mejor que su víspera y que cada día sea más excelente que su ayer”.24

Una comunidad de almas fieles tiene confianza y es paciente en las pruebas. Funciona de manera sistemática, avanzando siempre en filas estrechas, confiada en la promesa del triunfo final aún cuando el terreno fuera asediado por las fuerzas opositoras, ya sean internas o externas.

8
El Iniciador de la Acción Sistemática

La iniciativa individual es indispensable para el progreso de la Causa. Shoghi Effendi, al instar a todos los creyentes a que respondieran al Plan Divino de ‘`Abdu'l-Bahá, subrayó el privilegio de “iniciar, promover y consolidar dentro de los límites fijados por los principios administrativos de la Fe, cualquier actividad que él o ella juzgue conveniente llevar a cabo para el avance del Plan”1. También manifiesta respecto del individuo:

Sin su apoyo, a la vez entusiasta, continuo y generoso, toda medida que adopte y todo plan que formule el cuerpo que se desempeña como representante nacional de la comunidad a la que pertenece, está predestinado al fracaso. El mismo Centro Mundial de la Fe quedaría paralizado si las bases de la comunidad no dan tal apoyo. El Autor Mismo del Plan Divino se encuentra frenado en Su propósito si le faltan los instrumentos apropiados para la ejecución de Sus designios.2

Cuando se aprovechan las oportunidades para la acción, el esfuerzo individual se caracteriza por el valor, la creatividad, metas sublimes y entusiasmo. Shoghi Effendi hace mención de las “cualidades esenciales de audacia, consagración, tenacidad, desprendimiento y devoción sin límites” que animó a los pioneros bahá’ís a “abandonar sus hogares y todos sus bienes y dispersarse por la superficie terrestre y en los rincones más lejanos, elevar la triunfal enseña de Bahá’u’lláh”.3 En forma similar, la Casa Universal de Justicia alaba la “osadía, creatividad y tenacidad que han resonado en la proclamación mundial de la Fe y en la promoción de sus vitales intereses”.4 En reiterados llamamientos, se exhorta al creyente a que no pierda tiempo ni deje pasar otra oportunidad.5 Tan importante es la iniciativa decidida y creativa, explica ‘`Abdu'l-Bahá, que debe enseñarse desde la niñez.

Debe alentárseles constantemente y hacer que estén deseosos por alcanzar todas las cimas de la realización humana; desde sus más tempranos años se les debe enseñar a tener metas elevadas, a conducirse bien, a ser castos, puros e inmaculados, a tener determinación poderosa y firmeza de propósito en todas las cosas. No permitáis que bromeen y chanceen, sino que avancen diligentemente hacia sus metas, para que en cualquier situación actúen con resolución y firmeza.6

El desafío que tiene todo creyente es encontrar formas para servir la Causa.

Ni los representantes locales ni nacionales de una comunidad, por muy detallados que sean sus planes, persistentes sus llamados o sagaces sus consejos, ni el Guardián mismo, por mucho que anhele tal realización, puede decidir dónde descansa el deber individual, ni puede suplantarlo en llevar a cabo aquella tarea. Nadie sino el propio individuo puede valorar su carácter, consultar su propia conciencia y, en actitud de oración, considerar todos sus aspectos [y] luchar con valentía contra la normal inercia que le pesa al tratar de levantarse…7

Pero, al definir nuestro camino de servicio, debemos tener presente que enseñar es un deber prescrito para todos. “Porque el individuo es el que posee la voluntad de servir o no como maestro. Ninguna Asamblea Espiritual, ningún comité de enseñanza, ningún grupo de bahá’ís bien intencionados, por mucho que se esfuercen, puede desplazar al individuo en esta actividad fundamental”.8 El Guardián nos insta a que exploremos nuevos canales de enseñanza9 y que ella sea la mayor pasión de nuestra vida.10

Al entrar al campo de acción, se anima al individuo a que sea sistemático, no frenético. “La sistematización es una forma obligada de funcionar, animada por la urgencia de actuar”, explica la Casa Universal de Justicia. Al mismo tiempo que permite la iniciativa y la espontaneidad, “sugiere la necesidad del entendimiento claro, de ser metódico, eficiente, constante, equilibrado y armonioso”. Al responder a las necesidades de la Causa, el individuo

debe tomar una decisión consciente sobre lo que va a hacer para servir al Plan, y cómo, dónde y cuándo lo va a hacer. Esta decisión permite a la persona revisar el progreso de sus acciones y, si fuera necesario, modificar los pasos que tome. El acostumbrarse a tal procedimiento de esfuerzo sistemático da sentido y satisfacción a la vida de todo bahá’í.11

Para asegurar que las exaltadas metas de la Causa se cumplan, la iniciativa de cada individuo ha de armonizarse y a veces unirse a los esfuerzos de otros en una acción colectiva. Shoghi Effendi declara que “La mejor manera en que la Causa puede salvaguardar y fomentar sus intereses es a través de la cooperación y un constante intercambio de ideas y opiniones. La iniciativa individual, la capacidad y recursos personales, aunque indispensables, a menos que estén apoyados y enriquecidos por las experiencias colectivas y la sabiduría del grupo, son absolutamente incapaces de llevar a cabo tan enorme tarea”.12 Por eso se anima a los amigos para que “no disipen sus esfuerzos, sino más bien que traten, después de una deliberación franca, madura y continua, llegar a una conclusión común respecto de los requerimientos y necesidades más urgentes del momento, y habiendo unificado sus puntos de vista, que se esfuercen por sostenerlos y ponerlos en práctica con prontitud, fervor y comprensión”.13 El esfuerzo individual suministra “energía y recursos para levantar a la comunidad, para sostener la autoridad de sus instituciones y apoyar los planes y proyectos de enseñanza locales y regionales”.14 La necesidad de armonizar la iniciativa propia con la acción colectiva no significa que el individuo deba esperar que otros actúen o sentirse impedido por sus dudas o ansiedades. “Que no espere ninguna orden” pide el Guardián, “ni aguarde ningún estímulo especial de parte los representantes elegidos de su comunidad, y que no sea disuadido por ningún obstáculo que sus parientes o conciudadanos estuviesen inclinados a ponerle a su paso, y que no haga caso de la censura de sus críticos o sus enemigos”.15 “No te apenes”, pide Bahá’u’lláh, “si lo realizas solo”.16

A menudo, una aparente injusticia o un mal comportamiento por parte de otros nos sirve de excusa para la inactividad. En esas situaciones, lejos de protestar o tratar de separarse de la comunidad, según la guía de Shoghi Effendi, el individuo debe sobreponerse al impulso de retirarse y, más bien, cumplir con lo que es correcto.”Ahora ya que usted ve con mayor claridad lo que falta en su propia comunidad, no hay nada que le impida levantarse y dar tal ejemplo, tal amor y tal espíritu de servicio, capaces de iluminar a los corazones de sus amigos bahá’ís”. Por medio del ejemplo, el esfuerzo y la oración, concluye él, el individuo puede producir cambios.17

Al aceptar la responsabilidad de tomar la iniciativa, al mismo tiempo reconocemos que todo “soldado que aspire servir a Bahá’u’lláh debe enfrentar una multitud de fuerzas. Entre éstas, nos dicen los escritos de Shoghi Effendi, están “el materialismo craso”, “el apego a las cosas mundanas que envuelven a las almas humanas”, “los temores y ansiedades que distraen su mente”, “los placeres y disipaciones que llenan sus horas”, “los prejuicios y hostilidades que empañan su visión”, y “la apatía y el letargo que paralizan sus facultades espirituales”.18 Sobreponerse a semejantes barreras requiere perseverancia y desprendimiento. Además, el individuo “se vale de su amor a Bahá’u’lláh, del poder de la Alianza, de la dinámica de la oración, de la inspiración y educación que se obtienen mediante la lectura y el estudio regulares de los Textos Sagrados, y de las fuerzas transformadoras que afectan su alma al esforzarse por actuar según las leyes y principios divinos”.19

El mayor obstáculo para la acción podría ser el contemplar las propias limitaciones y debilidades. El Guardián pide a los creyentes que dejen de mirar sus propias deficiencias, que confíen en la ayuda divina la cual les ha sido prometida por Bahá’u’lláh y, fortalecidos y reanimados por tal promesa, continúen trabajando hasta el final mismo de su vida.20

Quizás la razón por la que usted no ha podido hacer mucho en el campo de la enseñanza se deba al grado en que usted se fijó en sus propias debilidades y falta de capacidad para difundir el Mensaje. Tanto Bahá’u’lláh como el Maestro nos han pedido una y otra vez no hacer caso de nuestros propios impedimentos sino poner toda nuestra confianza en Dios. El vendrá a nuestra ayuda si tan sólo nos levantamos para ser un canal activo de la gracia de Dios. . . . El criterio es el grado en que estemos preparados para que la voluntad de Dios opere a través nuestro.

Deje de estar pendiente de sus flaquezas, por lo tanto; tenga una total confianza en Dios; deje que su corazón arda con el deseo de servir a Su Misión y proclamar Su llamado; y verá usted cómo tendrá elocuencia y el poder de cambiar los corazones humanos como algo natural.21

Finalmente, la disposición del individuo a sacrificarse permite que el poder divino fortalezca su iniciativa. Y el mayor de los sacrificios es cuando uno mismo se sacrifica, cuando renuncia a los intereses y deseos personales por aquello que pertenece a Dios. La renuncia incluye aun desprenderse de la iniciativa propia; pues Shoghi Effendi observa que hay una diferencia entre los que ofrecen un servicio a la Fe de su escogencia y los que hacen lo que debe hacerse. El apego al propio servicio lo desvaloriza porque da prioridad a las opiniones, ambiciones, objetivos, creencias o acciones personales y no al bienestar general. En la comunidad bahá’í la voluntad del individuo se subordina al bien común.22 Por lo tanto, la iniciativa no es una expresión del individualismo, sino más bien un impulso bien canalizado del cual depende el progreso social. Al afirmar “Sirvo”, se enfatiza el verbo y el “yo” no está incluido. Conforme el individuo se levante en este espíritu puro de actuar para el triunfo de la Causa y servir a la humanidad, se infunde a la comunidad un poder que acelera su avance. La iniciativa queda liberada de la anarquía del amor propio para convertirse en instrumento del designio de Dios para la humanidad.

Deberíamos estar continuamente estableciendo bases para la felicidad humana, y creando y promoviendo nuevos instrumentos dirigidos a este fin. ¡Cuán excelente, cuán honorable sería el hombre si se levantara a cumplir con sus responsabilidades; cuán desdichado y despreciable, si cierra sus ojos al bienestar de la sociedad y malgasta su preciosa vida persiguiendo sus propios intereses y conveniencias personales! La suprema felicidad es del hombre, y él contemplará los signos de Dios en el mundo y en el alma humana, si se impulsa en el corcel del esfuerzo supremo en la arena de la civilización y la justicia.23

9
El Vivificador de la Humanidad

El propósito de la Revelación de Bahá’u’lláh es la creación de un ser humano nuevo y un orden social nuevo. La humanidad está muerta y la Manifestación de Dios la vuelve a la vida. La tierra es un desierto congelado, y Él trae una nueva primavera espiritual.

Cuando el Sol de la Realidad regresa para vivificar al mundo de la humanidad, una dádiva divina desciende desde el cielo de generosidad. El reino de los pensamientos e ideales se pone en movimiento y es bendecido con nueva vida. Las mentes se desarrollan, las esperanzas se iluminan, las aspiraciones se vuelven espirituales, las virtudes del mundo humano aparecen con nuevo poder de crecimiento y la imagen y semejanza de Dios se hace visible en el hombre. Ésta es la primavera del mundo interior.1

Bahá’u’lláh proclama Su propósito de “reanimar al mundo y unir a todos sus pueblos”.2 Dios tiene la capacidad de lograr la victoria de la Causa con sólo una palabra, nos asegura. Pero como señal de Su favor, y para el bienestar de Sus siervos, ha ordenado que debemos participar en el proceso de espiritualización y transformación.3

Los escritos bahá’ís definen diferentes grados de espíritu: el mineral, el vegetal, el animal, el humano. En relación con el nivel más alto, el nivel más bajo puede considerarse como muerto. ¿Qué son los poderes de la piedra cuando se comparan con los de un árbol? ¿Qué son los poderes de un árbol cuando se comparan con los de un águila? El ser humano está dotado con la mente racional, la más alta forma de espíritu en el reino físico. Sin embargo, hay un grado más alto abierto a la humanidad —el del espíritu de fe. Esto es:

El espíritu a que se refiere Su Santidad Cristo cuando dice: “Aquellos que son nacidos de la carne, carne son y aquellos que son nacidos del espíritu, espíritu son”. El espíritu es el eje alrededor del cual gira la vida eterna. Conduce a gloria sempiterna y es la causa de la exaltación de la humanidad.4

El individuo despierta al espíritu de fe mediante el reconocimiento de la Manifestación de Dios en Su Día.

Todo cuerpo pide en voz alta un alma. Las almas celestiales deben necesariamente vivificar los cuerpos muertos con un espíritu nuevo.5

Entonces la enseñanza claramente no es el acto de verter agua en un recipiente vacío, de vender un producto nuevo, de ganar un debate o de empadronar nuevos miembros de una organización. Es un proceso espiritual que se preocupa por el despertar o el renacer. Bahá’u’lláh, por Su propio testimonio, hace énfasis en este propósito: “Enseña la Causa de Dios con una expresión que haga que las zarzas se enciendan, y que el llamado, “Verdaderamente, no hay otro Dios salvo Yo, el Todopoderoso, el Irrestricto”, se eleve desde ellas”.6 Si Dios existe, si ha traído una nueva Revelación de Su Voluntad a la humanidad por medio de Bahá’u’lláh, entonces todo individuo tiene el derecho de conocer este mensaje y decidir personalmente sobre su veracidad. Los bahá’ís, entonces, tienen la responsabilidad de compartir lo que saben en forma apropiada.

Si sois conscientes de cierta verdad, si poseéis una joya de la que otros están privados, compartidla con ellos en un lenguaje de sumo afecto y buena voluntad. Si es aceptada, si cumple su propósito, habréis logrado vuestro objetivo. Si alguien la rehusara, abandonadle a sí mismo, e implorad a Dios que le guíe.7

La enseñanza es un acto de comunicación íntima entre un ser humano y otro. Responde a las necesidades y aspiraciones sinceras al remover los velos que separan a un alma del paraíso de la presencia del Señor.8 “La mayoría de la gente se ve impotente” explica el Báb, “y si abrieras sus corazones y disiparas sus dudas, alcanzarían la entrada a la Fe de Dios”.9

La enseñanza es el acto supremo, el mayor don, el acto más meritorio. Es “la piedra angular de la base misma”10 El llamado a la enseñanza es un tema sobresaliente de la Revelación. “Es mejor guiar a un alma que poseer todo lo que existe en la tierra”,11 proclama el Báb. “Enseña la Causa de Dios, oh pueblo de Bahá”, es el mandato de Bahá’u’lláh Mismo, “porque Dios ha prescrito a todos y a cada uno el deber de proclamar Su Mensaje y lo considera como la más meritoria de todas las acciones”.12 “De todas las dádivas de Dios, la mayor es la dádiva de Enseñar”, asegura ‘`Abdu’l-Bahá. “Ésta atrae hacia nosotros la Gracia de Dios y es nuestra primera obligación. ¿Cómo podemos privarnos de semejante don? Hasta nuestra vida, nuestros bienes, nuestras comodidades, nuestro descanso, los ofrecemos todos como un sacrificio por la Belleza de Abhá y enseñamos la Causa de Dios”.13

El que se levante a enseñar la Causa “debe enseñarse a si mismo”14 Ello incluye adornarse con “el ornamento de un carácter recto y loable” para que “sus palabras puedan atraer los corazones de aquellos que son receptivos a su llamado”.15 Todos pueden “enseñar mediante el ejemplo” al aplicar resueltamente las leyes y principios de la Fe a su propia vida para así demostrar la eficacia de la Revelación de Bahá’u’lláh y Su poder para crear de nuevo a los seres humanos. Sin embargo, las acciones por sí solas, no son suficientes. El carácter no es sino un respaldo del acto de enseñar. Los maestros de la Fe deben “expresarse con claridad, exponer las pruebas, presentar argumentas claros, sacar conclusiones irrefutables que establezcan la verdad de la Manifestación del Sol de la Realidad”.16 “Leen los escritos de Bahá’u’lláh y el Maestro tan concienzudamente” como para poder transmitir el Mensaje en “su forma pura”17 a los demás y “memorizar frases y pasajes relacionados con diversas cuestiones para que en el curso de sus presentaciones puedan recitar los versos divinos cuando la ocasión lo demande”.18 Por sobre todo, los maestros deben recordar que ellos no son los que cambian los corazones humanos o convierten a la personas; simplemente son canales por medio de los cuales obra el espíritu de Dios.19 Juicio, valor, fervor, confianza, audacia y amor son algunas de las cualidades conducentes al flujo de este poder transformador.

Shoghi Effendi describe los varios pasos del proceso de la enseñanza, que incluyen encontrar a almas receptivas, dar el mensaje con sabiduría, ayudar a los individuos a abrazar la Causa y confirmar a los nuevos creyentes hasta que puedan sostenerse por sí mismos. “Que no se sienta satisfecho hasta que haya infundido en su hijo espiritual, un afán tan intenso que lo impulse, por su parte a levantarse en forma independiente y a dedicar sus energías a la vivificación de otras almas y a la defensa de las leyes y principios enunciados por su Fe recién adoptada”.20

La Casa Universal de Justicia explica que aunque los creyentes reconocen la sagrada obligación de enseñar y están conscientes en general de su importancia vital, a muchos les falta confianza, y creen que no saben qué curso de acción seguir.21 La enseñanza es un arte. Un maestro eficaz es aquel que se distinga por adaptar su presentación de la Fe a las necesidades y capacidad del oyente,22 y que canalice los poderes espirituales que puedan conmover y motivar a las almas. El individuo que desee ser vivificador de la humanidad debe comprometerse a adquirir en forma gradual y sistemática las cualidades, el conocimiento y las aptitudes necesarias para enseñar con eficacia. `Abdu’l-Bahá dice que “el despertar de la gente, la difusión de las enseñanzas divinas y la educación de la humanidad”23 dependen todos de “educar a los amigos en el trabajo de la enseñanza”. Agregó que “es imperativo adquirir el conocimiento de las pruebas y evidencias divinas”, elogió la formación de un grupo de estudio para capacitar a los maestros, y pidió esfuerzo, perseverancia y constancia, ya que “ello es muy importante” y “es imperativo para todos y debe considerarse como una obligación”.24 Además de clases de estudio para maestros, Shoghi Effendi señala que:

.…la mejor forma de desarrollar la capacidad para la enseñanza de la Fe es precisamente enseñar. A medida que uno enseñe, adquiere mayor conocimiento, depende más de la guía del espíritu y expande su propio carácter. Es por ello que Bahá’u’lláh impuso a todos la obligación de enseñar la Fe.25

Si bien es cierto que enseñar es fundamental para la vivificación de la humanidad, es de por sí, sólo parte de un proceso mayor. Bahá’u’lláh explica que Él ha conferido “la llave para abrir las puertas de las ciencias, las artes, el conocimiento, el bienestar, la prosperidad y la riqueza”26 Quien vivifica a la humanidad entra en diversos campos de servicio, despertando la conciencia de ricos y pobres, de los oprimidos y del opresor, los iletrados y los eruditos, al ofrecerles una nueva dimensión de la realidad, ayudándoles a desarrollar su potencial latente y capacitándoles para construir un nuevo orden social. De manera que escribir artículos y libros beneficiosos que definan los problemas y presenten posibles soluciones, el dedicarse a actividades de desarrollo socioeconómico y el participar en proyectos que puedan influenciar a pensadores reconocidos con conceptos bahá’ís, todos son medios conducentes a la vivificación de la humanidad. También lo son el participar en empeños meritorios fuera de la Fe, inculcando en estos las enseñanzas de Bahá’u’lláh. La Casa Universal de Justicia dice que los creyentes pueden estar seguros “de que ello es, de por sí, un servicio importante a la Causa y no deben pensar que sólo están sirviendo a la Fe cuando se dediquen a proyectos bahá’ís directamente”.27

“Ahora, con elevada determinación, debemos levantarnos para echar mano de todos aquellos instrumentos que promueven la paz y el bienestar y la felicidad, el conocimiento, la cultura y la industria, la dignidad, el valor y la estación, de toda la raza humana”, nos insta ‘`Abdu’l-Bahá. “De este modo, por medio de las restauradoras aguas de la intención pura y del esfuerzo desinteresado, el suelo de las potencialidades humanas brotará con su propia excelencia latente y florecerá en cualidades dignas de alabanza…”28 Es claro entonces, que por muy noble que llegue a ser un individuo, por excelentes que sean sus logros o por muy elevada sea su estatura a los ojos del mundo, comprometerse a la vivificación de la humanidad, es siempre una obligación esencial, porque la salvación personal no es el único propósito de la Revelación de Bahá’u’lláh:

Verdaderamente Él (Jesucristo) dijo: “Seguidme, y os haré pescadores de hombres”. En este día, sin embargo, Nos decimos: “Seguidme, para que os hagamos los vivificadores del género humano”29

Las alturas a las que puede llegar un alma son inseparables del entorno social. ¿Qué puede significar que una sola persona sea justa cuando el orden social oprime a multitudes? ¿Puede la prosperidad material ser símbolo de éxito cuando una tercera parte de la raza humana subsiste apenas con una miseria? ¿De qué sirve a las víctimas del racismo que un alma esté libre de prejuicio cuando las estructuras mismas de la sociedad proclaman y le garantizan inferioridad? Shoghi Effendi explica que “la vida interior del hombre así como su entorno exterior deben rehacerse si es que se desea asegurar la salvación humana”.

No podemos segregar al corazón humano de nuestro entorno exterior y asegurar que una vez que uno de estos se haya reformado, todo mejorará. El hombre es orgánicamente parte del mundo. Su vida interior moldea el entorno y es muy afectada por éste. El uno obra sobre el otro, y todo cambio duradero en la vida del hombre se produce como resultado de estas reacciones mutuas.30

Con esta perspectiva, el propósito de la vida definido en los escritos bahá’ís— de conocer y amar a Dios,31 de adquirir atributos,32 y de llevar hacia adelante a una civilización de continuo progreso33---puede verse como partes de un todo inconsútil. El vivificador de la humanidad es un maestro eficaz y un edificador de la comunidad que trabaja incesantemente a fin de despertar a otros y transformar el orden social.

Las Instituciones
10
El Canal del Espíritu

Shoghi Effendi hace hincapié en que la Revelación de Bahá’u’lláh está íntimamente asociada con cambios estructurales en el orden social.

Son contados los que no reconocerán que el Espíritu con el cual Bahá’u’lláh ha alentado al mundo que se manifiesta en distintos grados de intensidad a través de los esfuerzos conscientes de sus defensores declarados y en forma indirecta por algunas organizaciones humanitarias, jamás podrá compenetrarse ni ejercer una influencia duradera en la humanidad a menos y hasta que se no encarne en un Orden visible, que lleve su nombre, se identifique plenamente con Sus principios, y funcione conforme a sus leyes...

Pues, debemos reconocer sin titubeos que Bahá’u’lláh, no solamente ha imbuido a la humanidad con un nuevo Espíritu regenerador; no simplemente ha enunciado ciertos principios universales, ni propuesto una filosofía particular, por potentes, acertados y universales que fuesen. Además de todo esto, Él, así como ‘‘Abdu’l-Bahá después, y a diferencia de las Dispensaciones del pasado, han promulgado en forma clara y específica un conjunto de Leyes, han establecido instituciones definidas, y han proporcionado los elementos esenciales de una Economía Divina. Todo ello es destinado a conformar un modelo para una sociedad futura, un instrumento supremo para el establecimiento de la Paz Mayor, y el único medio para la unificación del mundo y para la proclamación del reino de la rectitud y la justicia en la tierra”1

La característica distintiva de la administración bahá'í es que fue creada por la Manifestación Misma. Shoghi Effendi afirma que Bahá’u’lláh ha “revelado sus principios, establecido sus instituciones, designado a la persona intérprete de Su Palabra y conferido la autoridad necesaria a el Cuerpo instituido para complementar y aplicar Sus ordenanzas legislativas”.2 Confió los asuntos de la Causa en manos de ‘Abdu’l-Bahá; subsecuentemente, el canal de guía divina permaneció abierto mediante el establecimiento de las dos Instituciones de la Guardianía y la Casa Universal de Justicia. Éstas están “destinadas a aplicar los principios, a promulgar las leyes, a proteger las instituciones, a adaptar la Fe, en forma leal e inteligente, a las exigencias de una sociedad progresiva y a consumar la incorruptible herencia que los Fundadores de la Fe han legado al mundo”.3

Aunque hay ciertas indicaciones en los escritos de que estas dos Instituciones pudieran actuar paralelamente, no existen limitaciones a su actuación independiente. Durante treinta y seis años, Shoghi Effendi, en calidad de Cabeza de la Fe e Intérprete del Libro, dirigió la difusión de la comunidad bahá'í por todo el planeta, aumentó la comprensión de los creyentes y forjó la base del Orden Administrativo. Dejó para la posteridad un cuerpo de interpretación que esclarece el significado del Texto. Hoy, la Casa Universal de Justicia, aunque se desempeña sin un Guardián de cuerpo presente, lleva el manto de la infalibilidad descrito por '‘Abdu’l-Bahá en Su Voluntad y Testamento. Reconociendo la posible necesidad de la formación de la Casa Universal de Justicia en un momento cuando Shoghi Effendi era muy joven para asumir el rango de Guardián, el Maestro escribió: “Lo que este cuerpo decida, ya sea unánimemente o por mayoría, es ciertamente la Verdad y el Propósito de Dios Mismo”.4 Y Shoghi Effendi nos asegura que “la Institución de la Guardianía bajo circunstancia alguna abroga o disminuye en lo más mínimo las atribuciones conferidas a la Casa Universal de Justicia por Bahá'u'lláh en el Kitáb-i-Aqdas, las cuales repetida y solemnemente fueron reafirmadas por '‘Abdu’l-Bahá en Su Testamento”.5

Ahora la Casa Universal de Justicia es la Cabeza de la Fe, el Punto de Autoridad al que todos deben volverse. Está facultada para “pronunciarse y emitir el veredicto final con respecto a las leyes y ordenanzas que Bahá’u’lláh no haya revelado expresamente”6 y para “deliberar sobre todo asunto que haya causado diferencias, cuestiones abstrusas, y asuntos que no estén registrados expresamente en el Libro”.7 Cumple con las funciones, también ejercidas por el Guardián, de “asegurar la continuidad de aquella autoridad divinamente conferida que fluye de la Fuente de nuestra Fe, de salvaguardar la unidad de sus seguidores, y de mantener la integridad y flexibilidad de sus enseñanzas”.8 En suma, aunque no interpreta el Texto, “la Casa de Justicia está en la posición de hacer cuanto sea necesario para establecer el Orden Mundial de Bahá’u’lláh en esta tierra”9

La administración bahá'í consta de dos ramas complementarias. La primera consiste en instituciones elegidas con sus comités y agencias nombrados “los cuales funcionan colectivamente, con poderes legislativos, ejecutivos y judiciales establecidos”. La segunda rama se compone de “creyentes eminentes y devotos que son nombrados” quienes “funcionan principalmente como individuos con el propósito específico de proteger y propagar la Fe bajo la guía de la Cabeza de la Fe”.10 Este orden,”el Vástago de la Alianza”,11 diseñado para “canalizar las fuerzas de una civilización nueva”,12 lleva el espíritu de la Fe a todas partes del globo y abre los “canales de la guía divina”13 a cada nación, cada ciudad, pueblo y aldea.

La institución de cuerpos elegidos en el sistema divino de Bahá’u’lláh marca un cambio revolucionario de las prácticas religiosas anteriores. Aunque este sistema no es idéntico a una forma democrática de gobierno, sin embargo, el cometido de los asuntos religiosos queda en manos del pueblo. Eleva y sostiene al mismo tiempo la libertad individual y la autoridad de las instituciones, mientras que factores de desunión tales como desconfianza en las autoridades, el individualismo desenfrenado, el partidismo y la promoción electoral son abolidos o suprimidos. La Asamblea Local tiene la responsabilidad de “guiar, dirigir y decidir sobre los asuntos de la comunidad y el tiene derecho de ser obedecida y apoyada por los miembros de la comunidad”.14 Concentra el espíritu de la creatividad e iniciativa individual; establece el modelo de la vida comunitaria. También dirige la participación de la comunidad en la vida de la sociedad e influye en el curso de los asuntos humanos por su interacción con la comunidad en general. Una Asamblea Nacional tiene funciones similares, con jurisdicción exclusiva sobre los asuntos de la Causa en determinado país.15 La consolidación a nivel local da apoyo y fuerza en la conducción de las actividades a nivel nacional; la Asamblea Nacional y sus agencias, a su vez coordinan y estimulan los esfuerzos locales.

Aunque históricamente la red de Asambleas y agencias subordinadas surgió antes que la otra rama del orden administrativo, desempeña un papel no menos distinguido y crucial y en la promoción de la Causa. Explica la Casa Universal de Justicia que “La existencia de Instituciones de tan exaltado rango, integradas por personas que desempeñan un papel tan vital, a pesar de no ejercer autoridad legislativa, administrativa o judicial, y quienes están completamente exentos de funciones sacerdotales o del derecho de hacer interpretaciones autorizadas, es una característica de la administración bahá'í sin paralelo en las religiones del pasado”.16 El florecimiento de esta rama del Orden Administrativo empezó con el nombramiento de las Manos de la Causa de Dios, cuya función fue la de “difundir las Fragancias Divinas, edificar las almas de los hombres, promover el conocimiento, mejorar el carácter de todos los hombres y, en todo momento y bajo todas las condiciones, estar santificados y desprendidos de todas las cosas terrenales”.17 Los Cuerpos Continentales de Consejeros fueron constituidos para extender en los deberes asignados a las Manos para la propagación y protección de la Fe. Por medio de los miembros del Cuerpo Auxiliar y sus ayudantes, los beneficios de la Institución de los Consejeros llegan a toda la comunidad mundial a nivel de base. Los miembros del Cuerpo Continental de Consejeros para la Protección se concentran en profundizar a los creyentes, en asegurar su profundización, en fortalecer su fe y en promover su unidad. Los miembros del Cuerpo Continental de Consejeros para la Propagación llaman la atención de los amigos hacia las metas de los planes, animan las contribuciones a los fondos y estimulan y llevan la delantera en el trabajo de la enseñanza.18 Los dos Cuerpos sirven juntos como compañeros y mentores para los individuos, las Asambleas y las comunidades y les ayuda a aumentar su capacidad para aplicar las enseñanzas. Esta Institución entrelaza y fortalece el tejido de la comunidad—a ampliar su base, promover su crecimiento, y afianzar su seguridad.19El trabajo de los Consejeros lo coordina el Centro Internacional de Enseñanza, el cual es un cuerpo excelso que funciona bajo la guía directa de la Casa Universal de Justicia.

Especialmente en las interacciones de las dos ramas del Orden Administrativo es donde se nota el carácter único del sistema de Bahá’u’lláh. Si bien es cierto que comparten responsabilidades en áreas como la enseñanza, la educación, la planificación, el desarrollo comunitario y la protección, cumplen dichos deberes en forma complementaria. Por ejemplo, respecto a los planes para el crecimiento de la comunidad, las Asambleas y sus agencias están dotadas de autoridad en la toma y ejecución de decisiones. Los Consejeros y sus auxiliares alientan a los creyentes y trabajan con ellos para convertir decisiones en acciones. Al mismo tiempo, gozan del rango necesario para que las Asambleas les atiendan; ello provee una fuente independiente de consejo basada en experiencias directas desafíos y oportunidades en el campo de acción. Así, la comunidad goza del beneficio de ser gobernada por cuerpos elegidos, pero al mismo tiempo tiene a personas notables para guiarlas. Y la Asamblea cuenta con defensores y campeones en la comunidad, así como de consejeros quienes la protegen de una condición tan común en los cuerpos elegidos: la de hallarse distanciados de quienes sirven, tomando decisiones basadas únicamente en la visión enclaustrada de sus integrantes. De modo que es el efecto complementario de las dos instituciones, y no las acciones aisladas de parte de una u otra, lo que galvaniza el espíritu de los amigos.

....Solo en la medida en que la Comunidad Bahá'í crezca y los creyentes sean cada vez más capaces de contemplar la estructura administrativa sin dejarse influenciar por los conceptos de épocas pasadas, llegará a entenderse cabalmente la interdependencia vital entre los “gobernados” y los “ilustrados” en la Fe, y reconocerse plenamente el inestimable valor de su interacción”.20

La realidad espiritual de las instituciones bahá'ís trasciende a los individuos que son llamados a integrarlas. La Casa Universal de Justicia aclara que:

Es necesario que ellos, (los miembros) reconozcan el carácter espiritual de la Asamblea y que exista en sus corazones un sentimiento de respeto a la Institución, basado en la percepción de ésta como algo más allá o aparte de ellos, como una entidad sagrada cuyos poderes tienen el privilegio de ejercitar y canalizar al reunirse en armonía y actuar conforme a principios divinamente revelados. Teniendo tal perspectiva, los miembros podrán adoptar mejor una adecuada postura respecto a la Asamblea misma y así apreciar su papel como Fideicomisarios del Misericordioso ....21

Sin embargo, los miembros reconocen que su conducta personal y su carácter moral están íntimamente relacionados con la eficacia y buena marcha de las Instituciones.22 Si los canales del espíritu están obstruidos, ¿cómo podrán fluir las bendiciones divinas? Shoghi Effendi afirma: “En estos días cuando las fuerzas de la irreligión están debilitando la fibra moral, y socavando las bases de la moralidad individual, la obligación de ser casto y santificado debe ocupar cada vez más la atención de los . . . creyentes, tanto en su capacidad individual así como los custodios responsables por los intereses de la Fe de Bahá’u’lláh”.

Es bueno destacar que para los bahá'ís integrar una institución no es una meta a la que se aspira sino más bien un servicio al cual somos llamados. '‘Abdu’l-Bahá nos dice que jerarquía es una característica esencial de la sociedad humana ya que “La igualdad es una quimera” y que “Los grados son absolutamente necesarios para asegurar una organización ordenada”.23 Sin embargo, una y otra vez, se ha aprovechado de la jerarquía en la sociedad para la satisfacción de los deseos propios y para oprimir a los demás. Condenando tales abusos, Bahá’u’lláh exhorta a Sus seguidores a reconocer que ocupan el mismo nivel y la misma estación.24 Más aun, el Guardián explica que las “diferencias de rango, funciones y procedimientos entre la agencias de la administración bahá'í tienen el propósito de canalizar, no de obstruir, el trabajo de la Causa” y que estos aspectos de la administración deben “contemplarse correctamente en el contexto de un servicio humilde a la Bendita Perfección, el objetivo más elevado de todos los que se hermanan bajo la bandera del Más Grande Nombre”.25

El servicio es la esencia de la administración bahá'í. Como dice la Casa Universal de Justicia:

. . . la importancia de la administración bahá'í reside en su mérito de servir como facilitador para la aparición y mantenimiento de la vida comunitaria en una forma totalmente nueva, y en satisfacer los requerimientos de las relaciones espirituales que resultan del amor y unidad entre los amigos. Esto se relaciona con una característica distintiva de la vida bahá'í que promueven tales relaciones espirituales, a saber, el espíritu de servidumbre a Dios, expresado en servicio a la Causa, a los amigos y a la humanidad en general. La actitud de que el individuo es un siervo, una actitud ejemplificada preeminentemente en la vida y persona de '‘Abdu’l-Bahá, es una dinámica que compenetra las actividades de la Fe; ella adquiere una fuerza colectiva transformadora en el funcionamiento normal de una comunidad. En este sentido, las instituciones de la Fe actúan como canales para la promoción de esta característica distintiva. Es en este contexto que los conceptos de gobierno y mando, autoridad y poder se comprenden y se realizan debidamente”.26

Cuando las instituciones actúan como canales eficaces del espíritu, los poderes de los individuos se despiertan y se orientan, y la comunidad recibe la guía esencial para su progreso.

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Los Fideicomisarios de la Libertad Individual y el Bien Común

Históricamente, los intereses particulares han chocado con los institucionales. Las filosofías e ideologías políticas tienen su ascenso y descenso y cada una expresa una perspectiva particular sobre esta relación. ¿Existe el individuo para servir los objetivos del estado? ¿Existe el estado para garantizar la máxima libertad individual? Hay tensión porque existe la percepción de que las necesidades y los objetivos individuales e instituciones son antagónicos. El sistema creado por Bahá’u’lláh resuelve este dilema. En Su Orden, los objetivos y aspiraciones de ambos son idénticos. El uno sacrifica su ilimitado campo de acción para asegurar el bienestar del otro. Las necesidades individuales son subordinadas a las de la sociedad, mientras que las instituciones están limitadas a un mando que encuentra su expresión no en controlar, sino en servir.

Desafortunadamente, no es posible tener al instante instituciones maduras capaces de crear un ambiente perfecto para el progreso individual; tampoco aparecen de pronto individuos perfectos capaces de nutrir pacientemente a las instituciones embrionarias. Ambos se esfuerzan por cumplir con sus responsabilidades; el progreso del uno influencia el del otro. Si los individuos se esfuerzan por adquirir las capacidades descritas en la primera parte de este libro, la comunidad contará con un “recurso natural” de inapreciable valor, siempre en un proceso de maduración: siervos humildes, sabios, buscadores de la verdad, justos, puros, fieles, sacrificados y eficaces, dispuestos a hacer lo que sea necesario para asegurar el bien común. Las instituciones son integradas por tales creyentes y así reflejan en el mismo grado estos atributos y capacidades. Además, una de las funciones de las instituciones es la de crear un ambiente que hace que se levanten almas capaces, para asegurar que todos y cada uno tengan un papel que desempeñar, armonizando las iniciativas de muchos individuos, y encaminando el esfuerzo colectivo hacia la misión de la Causa. Ello depende de cultivar una relación con los miembros de la comunidad que se caracterice por el amor, la unidad y la cooperación. Como lo explica la Casa Universal de Justicia, “la garantía para el bienestar y el éxito en todos sus esfuerzos por servir a la Causa de Dios pueden expresarse en una sola palabra: unidad. Esta es el alfa y omega de todo objetivo bahá'í.'' 1

La presentación de una comunidad unida, firmemente basada y sostenible debe ser la meta principal de una Asamblea Espiritual. Integrada por miembros que reflejan una diversidad de personalidades, talentos, capacidades e intereses, tal comunidad requiere un grado de interacción interna entre la Asamblea y la masa de creyentes basada en el compromiso generalmente reconocido de servir y en la cual un sentimiento de asociación, basado en el reconocimiento de la particular esfera de acción de cada quien sea plenamente reconocida y en todo momento defendida, sin que aparezca el menor indicio de división entre ambos. En tal comunidad, el mando es aquella expresión de servicio mediante la cual la Asamblea Espiritual invita y alienta el uso de los múltiples talentos y capacidades con que la comunidad está dotada y estimula y encauza los diversos elementos de la comunidad hacia metas y estrategias mediante las cuales puedan realizarse los efectos de una fuerza coherente para el progreso.

Mantener un clima de amor y unidad depende principalmente de que exista un sentimiento entre los individuos que componen la comunidad de que la Asamblea es parte de ellos mismos, que sus interacciones de colaboración con ese cuerpo divinamente ordenado les da bastante amplitud de iniciativa y que la calidad de sus relaciones tanto con la institución como con sus correligionarios aliente un espíritu de iniciativa vigorizado por la conciencia del propósito revolucionario de la Revelación de Bahá'u'lláh, por el conocimiento del gran privilegio de estar asociados con los esfuerzos por hacer cumplir ese propósito y por un consiguiente sentimiento de alegría perdurable.2

En sus escritos, Shoghi Effendi, llama la atención de los administradores bahá'ís - tanto los elegidos como los nombrados - a esas acciones y cualidades que garanticen relaciones amorosas y armoniosas. Uno de los requisitos es que las instituciones “[se ganen] no sólo la confianza, apoyo y respeto genuino de aquellos a quienes sirven, sino además su estima y afecto verdadero”. Por ello, sus miembros “cumplen su tarea con suma humildad” y demuestran “su imparcialidad, su elevado sentido de justicia y deber, su franqueza, su modestia, su entera devoción al bienestar e intereses de los amigos, de la Causa y de la humanidad”.3 “Están resueltos a eliminar todo vestigio de distanciamiento y tendencias sectarias entre ellos”4 y manifestar una rectitud de conducta en cada veredicto que pronuncian.5 Porque verdaderamente, como explica Bahá’u’lláh, el “propósito mismo de la justicia es la aparición de la unidad entre los hombres.''6

Otro requisito que recalca el Guardián es una consulta franca y amorosa entre los miembros de una institución con otras agencias e instituciones y con los creyentes - en todo lo que sea importante para la comunidad. Delineando los principios básicos aplicables a toda institución bahá'í, Shoghi Effendi explica que, “dentro de los límites de la sabia discreción”, los miembros de una Asamblea Nacional tratan de “hacer de los amigos sus confidentes, mantenerlos al tanto de sus planes, compartir con ellos sus problemas e inquietudes, y buscar sus sugerencias y consejo”.7 “De una vez por todas purifican sus deliberaciones y la conducción general de sus asuntos de aquel aire de distanciamiento reservado” y de “la sospecha del secreto”. De hecho, “exponen sus motivos, explican sus planes, justifican sus acciones, revisan su veredicto cuando sea necesario, promueven el sentimiento de interdependencia y asociación, de comprensión y confianza entre ellos, por una parte, y entre todas las Asambleas locales y creyentes por otra”.8

Un tercer requisito es que las instituciones eviten cualquier apariencia de autoritarismo. Los amigos ofrecen obediencia incondicional y sincera a una institución, la cual a su vez hace valer sus decisiones “de tal forma que evite la dar la impresión de que está animada por motivos dictatoriales”. Pues “el espíritu de la Causa es el de cooperación mutua”.9 A causa del mal funcionamiento de una institución o de la indiscreción de sus miembros, pueden imponerse a la comunidad ideas partidistas o proyectos personales que malograrían la participación de los creyentes. Pero la Fe no pertenece a los miembros de los cuerpos administrativos. Ellos nunca deben suponer que son “los adornos centrales de la Causa”, los “únicos promotores de sus enseñanzas”10 y deben evitar dar la impresión de se han “arrogado posesión y control de la institución a la manera de los grandes accionistas de una empresa comercial”.11

La libertad de expresión, incluso la crítica, es otro requisito para una relación armoniosa entre los individuos y las instituciones. Shoghi Effendi explica que “no sólo es el derecho, sino la responsabilidad vital de todo miembro leal e inteligente de la comunidad, ofrecer abierta y francamente, pero con el debido respeto y consideración para la autoridad de la Asamblea, cualquier sugerencia, recomendación o crítica que conscientemente siente que deba hacer para mejorar o remediar ciertas condiciones o tendencias existentes de su comunidad local”. Y es el “deber de la asamblea también dar su cuidadosa consideración a cualquiera de dichas apreciaciones que le presente cualquiera de los creyentes”.12

Las aseveraciones del Guardián y de la Casa Universal de Justicia con respecto de la crítica tejen un delicado tapiz que expresa una faceta de la belleza y particularidad del sistema de Bahá’u’lláh. No se trata de un burdo sistema de controles y contrapesos de un pueblo que desconfía los unos de los otros y de las instituciones que él ha creado. Se trata de una asociación de adoradores, miembros de una sola familia en la que “el daño para uno se considera el daño para todos; la comodidad de uno, la comodidad de todos; el honor de uno, el honor de todos”.13 Si bien el individuo cuenta con la garantía de dirigir libremente críticas a las Asambleas, incluso puntos de vista sobre políticas o hasta sobre miembros de las instituciones,14 tal derecho conlleva la ineludible responsabilidad de ejercerlo debidamente.15 La crítica se ofrece de una manera que asegura que la autoridad de la institución no sea debilitada,16 y quienes la expresen se cuidan de no forzar a la Fe hacia caminos partidistas, promoviendo programas o interpretaciones particulares de los textos.17 El individuo ejerce moderación y al mismo tiempo las instituciones están en un proceso de maduración18 y canalizan las apelaciones de una decisión a un cuerpo superior y lo hacen a través de la institución que haya tomado dicha decisión.19 Recíprocamente, ya que los medios para la expresión de una crítica justificada están estrictamente estructurados, las instituciones defienden este derecho reciamente, conscientes de que si cierran, pervierten, u obstaculizan los canales apropiados para la crítica - ya sea en forma directa o indirecta, consciente o inconscientemente, ello finalmente promovería una atmósfera de hablilla y distanciamiento en la comunidad. ¿Cómo, por ejemplo, podría un individuo sentirse libre de expresar sus puntos de vista si luego de hacer un comentario crítico pero correctamente expresado en una Fiesta o Convención, los miembros de la institución se levantaran uno tras otro, a refutarle?

Además de apoyar el derecho del individuo de ofrecer puntos de vista críticos, las embrionarias instituciones de la Fe aprenden a ejercer debidamente su autoridad para enmendar o incluso sancionar acciones inapropiadas de los creyentes. No “reaccionan automáticamente a cada error, sino que distinguen entre los que se irán auto corrigiendo con el paso del tiempo y que realmente no dañan a la comunidad, y los que requieren la intervención de la Asamblea”20 De lo contrario, por temor a equivocarse, los creyentes se volverán pasivos y perderán el espíritu de iniciativa. La Asamblea actúa “como un padre amoroso, que cuida y ayuda a sus hijos, y no como un juez inflexible, en espera de la oportunidad de exhibir sus poderes judiciales”.21 Si un creyente cree que se ha cometido una injusticia, la Asamblea puede reconsiderar su veredicto, y, si se convence, lo cambiará sin titubeos. Y si el asunto persiste, “colaborará amorosamente” y “se unirá al apelante para presentar toda la información pertinente al cuerpo superior para que dé su fallo”.22 Aun en los casos que requieren una acción firme o drástica, las Asambleas “siempre han de tener presentes que la autoridad que esgrimen, en general debe expresarse con amor, humildad, y genuino respeto por los demás”, dando así “una nota natural” “acorde con aquello que sea aceptable para las almas espiritualmente afinadas e imparciales”.23

Muchas de las referencias arriba citadas fueron escritas en relación con los deberes de las Asambleas. Pero, los principios se aplican igualmente a los Consejeros y sus auxiliares. Por ejemplo, se les ha exhortado para que “[creen] una relación cálida y amorosa entre ellos y los creyentes”24 a quienes sirven, para que promuevan dentro de la comunidad “una atmósfera de tolerancia para los puntos de vista de otros”,25 y que [alienten] a los creyentes a que “[participen] en las actividades bahá'ís y que estén unidos bajo toda circunstancia”.26 De hecho, la existencia de esta institución única, que ejerce influencia pero que no ejerce autoridad, crea una fuerza compensadora que ayuda a resolver el legendario conflicto entre los individuos y las instituciones en la sociedad. En las salas de consejo de los gobernantes es la voz de los sentimientos de las personas. Su principal deber es liberar la iniciativa. Y tiene una “libertad de acción independiente”,27 para decidir cómo apoyar los planes de las Asambleas para la acción colectiva o para “satisfacer una necesidad que no se esté satisfaciendo por ningún programa nacional o local”.28

El espíritu de verdadera hermandad en la comunidad bahá'í nunca podrá lograrse con un enfoque legalista en torno a los principios de justicia, libertad, y orden. “Los individuos, y las asambleas deben aprender a cooperar, y hacerlo inteligentemente, si es que desean llevar a cabo sus deberes y obligaciones hacia la Fe en forma apropiada”, declara el Guardián. “Y tal cooperación es imposible sin buena fe y confianza mutuas”.29 De esta forma se crea un ambiente en el cual los creyentes y sus instituciones están unidos en un propósito común y en el que la expresión libre, adornada con cordura y amor, contribuye a un proceso inagotable de investigación de la realidad y de servicio al bien común. En la comunidad bahá'í, los derechos del individuo están asegurados, no porque el individuo constantemente luche por ellos, sino porque sus defensoras son las instituciones. Así también, la autoridad y estación de la Asamblea están aseguradas, porque los creyentes, los Consejeros y sus auxiliares los estiman y apoyan. Y la eminencia de la institución de los Consejeros es sostenida por las Asambleas y los individuos, quienes reconocen y estiman su contribución. Cada uno logra honor y plena satisfacción al trabajar por los demás, por la eficacia del sistema entero y por aquello que Bahá’u’lláh ha ofrecido.

La intrincada relación entre los individuos y sus instituciones dota a la comunidad de la fortaleza necesaria para resistir los excesos de un orden social en transición.

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Los Movilizadores de los Recursos Humanos

El propósito de la comunidad bahá’í no se logra simplemente con el establecimiento y mantenimiento de una relación de unidad y aliento. Los bahá’ís tenemos una misión que cumplir y las instituciones son las que integran la diversidad de aspiraciones, talentos y actividades de los creyentes en un movimiento de vanguardia. Como explica ‘‘Abdu’l-Bahá, “Necesitamos un ejército que logre la victoria en el mundo espiritual; los planes en sí no son suficientes; las ideas y los principios son inútiles sin un poder divino que los ponga en vigor”.1

Hay por lo menos dos formas en que las instituciones contribuyen a la movilización de los creyentes. Una es construyendo su capacidad mediante la educación y la capacitación. Otra es liberando y canalizando el poder de acción latente en ellos. Shoghi Effendi, en un pasaje que ilumina esta doble obligación, declara:

Por sobre todo, su Asamblea debe hacer el máximo esfuerzo para familiarizar a los creyentes recién enrolados con las verdades fundamentales y espirituales de la Fe, y con el origen, los fines y propósitos, así como con los procesos de un Orden Administrativo divinamente designado, familiarizarlos más cabalmente con la historia de la Fe, inculcar en ellos una comprensión más profunda de las Alianzas, tanto la de Bahá’u’lláh como la de ‘‘Abdu’l-Bahá, a fin de enriquecer su vida espiritual, animarlos a un mayor esfuerzo y una participación más estrecha tanto en la enseñanza de la Fe como en la administración de sus actividades, e inspirarlos para que hagan los sacrificios necesarios para el progreso de los intereses vitales de ésta.2

La “tarea principal” de los Cuerpos Auxiliares, aclara la Casa Universal de Justicia, “es la de ayudar a despertar y liberar” los poderes del individuo.3 Análogamente, el Guardián explica que “la mejor Asamblea es la que saca provecho de los talentos de cada uno de los miembros del grupo y los mantiene ocupados en algún tipo de participación activa en el servicio a la Causa y en difundir el Mensaje”.4 En otra ocasión su secretario, escribió lo siguiente en su nombre:

El primer rasgo distintivo para las dotes de mando, tanto entre los individuos como las Asambleas, es la capacidad de aprovechar la energía y capacidades existentes entre las filas de sus seguidores. De lo contrario, los miembros más competentes del grupo saldrán por la tangente y buscarán en otra parte un campo de trabajo donde gastar sus energías. Shoghi Effendi espera que las Asambleas harán lo máximo para planificar actividades de enseñanza tales como para ocupar plenamente a cada alma.5

Al describir los esfuerzos de las Asambleas Nacionales “de crear la posibilidad de que los creyentes así como las Asambleas Locales cumplan sus tareas respectivas” el Guardián ofrece un repaso de las cualidades y condiciones que deben manifestar los miembros de las instituciones.

Mediante sus repetidos llamados, mediante su disposición de despejar todo

malentendido y eliminar todos los obstáculos, mediante el ejemplo de su vida, su extremada vigilancia, su elevado sentido de justicia, su humildad, su consagración y valor, deben demostrar a quienes representan, su suficiencia para desempeñar el papel que les corresponde en el progreso del Plan en el cual ellos, no menos que el resto de la comunidad, están participando.6

Sin embargo, la acción de animar e inspirar, por muy bien que se exprese, por sí sola, es insuficiente para estimular un esfuerzo sostenido dentro de la comunidad. Por cierto, los llamados para la acción urgente y sacrificada hasta pueden degenerar en un proceder de formalismos carentes de amor y sinceridad, produciendo nada más que un sentimiento de culpabilidad, desilusión o frustración entre los creyentes. El levantar los ánimos debe ir acompañado de la educación. Pues en última instancia la Palabra de Dios es la que está dotada del supremo poder de galvanizar a los creyentes para efectuar cambios duraderos.

“La corrosión de la irreligión está carcomiendo las entrañas de la sociedad humana, ¿qué más que el Elixir de su potente Revelación puede limpiarla y revivirla?” reclama Bahá’u’lláh. “Únicamente la Palabra de Dios puede hacer suya la distinción de estar dotada con la capacidad requerida para un cambio tan grande y de tanto alcance”.7 “Los principios de las Enseñanzas de Bahá’u’lláh deben estudiarse cuidadosamente, uno por uno,” manifiesta ‘Abdu’l-Bahá, “hasta que los realicen y los entiendan toda mente y corazón— así llegareis a ser fieles seguidores de la luz, verdaderamente espirituales, soldados celestiales de Dios, adquiriendo y esparciendo la verdadera civilización en Persia, en Europa y en el mundo entero.8 Por medio del estudio de la Palabra Creativa en una forma adaptada a la capacidad de los creyentes, la conciencia individual crece, y la comunidad se convierte en un ambiente para aprender cómo aplicar las enseñanzas. A los amigos se les educa para que puedan participar en la generación y aplicación del conocimiento necesario para la transformación personal y colectiva.

Una amplia gama de iniciativas han sido emprendidas por las instituciones bahá’ís para promover el aprendizaje. Incluyen programas de profundización, clases de estudio, conferencias, seminarios, escuelas de verano, y clases para jóvenes y niños. El proceso educativo en la comunidad bahá’í dio un dramático paso en el Plan de Cuatro Años, cuando la Casa Universal de Justicia hizo un llamado para el desarrollo sistemático de los recursos humanos y la adopción de planteamientos formales para la capacitación:

Para crear posibilidades para la expansión y la consolidación que implica la entrada en tropas, debe hacerse un esfuerzo a nivel mundial por desarrollar los recursos humanos. La iniciativa de los individuos de celebrar clases de estudio en el hogar, el patrocinio de las instituciones de cursos de instrucción ocasionales, y las actividades informales de la comunidad, aunque importantes, no bastan para la educación y capacitación de una comunidad en rápida expansión. Por lo tanto, es de una fundamental importancia que se preste atención sistemática a idear métodos para educar a gran número de creyentes en las verdades fundamentales de la Fe para capacitarles y ayudarles a servir a la Causa conforme les permitan los dones que Dios les ha conferido. No debe haber retrasos en el establecimiento de institutos permanentes concebidos para proporcionar programas de capacitación bien organizados, llevados a cabo formalmente y con un calendario fijo. . . .9

El instituto de capacitación “una agencia de la Asamblea Espiritual Nacional” tiene la responsabilidad de “desarrollar los recursos humanos en todo el país o en parte de él”.10 Los Consejeros y los miembros del Cuerpo Auxiliar están “íntimamente involucrados” en su trabajo.11 El instituto provee uno de los medios para capacitar a un porcentaje de los creyentes quienes a su vez pueden profundizar a otros, enseñar y contribuir cada vez más a la edificación de las comunidades locales. La Casa Universal de Justicia ha descrito las características de esta agencia en sus mensajes sobre el Plan de Cuatro Años y en correspondencia subsiguiente, mucho de lo cual ha sido resumido en un documento preparado para la Casa y aprobado por ella en abril de 1998, titulado Training Institutes (“Institutos de Capacitación”).

Durante décadas, el mundo bahá’í luchó por mantener un proceso sistemático de expansión y consolidación en gran escala. Inevitablemente, la aceleración rápida de ingresos en una amplia gama de sitios se detuvo cuando el ímpetu de la expansión no tuvo una contraparte igualmente fuerte de consolidación de los nuevos creyentes. En el Plan de Cuatro Años ha surgido una visión práctica de cómo, por medio del instituto de capacitación, el proceso de crecimiento en gran escala puede llegar a ser autosuficiente.

Un ejemplo ayudará a ilustrar el punto. En el programa del instituto en cierto país, la secuencia de cursos esta planteada para empezar en forma sencilla para luego ir introduciendo gradualmente conocimientos más profundos, habilidades superiores y una mayor percepción espiritual. Un curso inicial puede concentrarse en los fundamentos espirituales, el subsiguiente puede enfocarse sobre actos sencillos de servicio. Cada curso subsiguiente afianzará capacidades específicas para el servicio, contribuyendo de esta manera a levantar maestros para clases de niños, participantes en los esfuerzos sistemáticos de enseñanza, o tutores de cursos básicos de instituto.

Después de una campaña de enseñanza en una región del país, unos 5.000 nuevos creyentes ingresan a la Fe. El sistema establecido para proveer los cursos de instituto asegura primero que el primer curso puede ofrecerse de inmediato a entre 500 a 1.000 creyentes. Estos amigos son confirmados en la Fe y aunque algunos no sigan estudiando, otros continúan en cursos superiores. A medida que progresan a través de la serie de cursos, estos recursos humanos capacitados gradualmente aprenden a actuar recíprocamente con los otros 4.000 a 4.500 nuevos creyentes, profundizándolos e involucrándolos en actividades que constituyen la base de la vida comunitaria bahá'í tales como reuniones devocionales, la Fiesta de los Diecinueve Días, clases para niños, o labores de enseñanza. La Casa Universal de Justicia explica:

El desarrollo de los recursos humanos… puede compararse con la construcción de una pirámide creciente, cuya base debe ampliarse constantemente. Un número cada vez mayor de los amigos son reclutados para asistir al primer curso básico y a un porcentaje relativamente significativo se les ayuda para que alcancen cursos cada vez más elevados, mediante los cuales adquieren las capacidades necesarias para el servicio.12

Además de esto, a medida que cada vez más amigos completen los cursos superiores, aumenta el número de maestros eficaces de la Fe en la región, haciendo posible que continúen los ingresos en gran escala. Un porcentaje significativo de estos nuevos creyentes, a su vez, son capacitados por quienes han sido formados para facilitar los cursos del instituto. De esta manera, el proceso de la entrada en tropas, una vez iniciado, puede sostenerse.

Los números que se mencionan aquí sólo son indicaciones. El ejemplo, sin embargo, ilustra la forma en la cual el desafío central de sostener el proceso de entrada por tropas se puede cumplir llegando a un equilibrio entre la expansión y la consolidación; aumentando no solamente los números sino la capacidad de las personas que pueden llevar a cabo el trabajo de la Causa.

Sería un error esperar cambios dramáticos en la dinámica de la vida comunitaria después de que algunos creyentes en una región hayan asistido a los primeros cursos básicos del instituto — confiar, por ejemplo, que la eficacia de las Asambleas Locales llegue a un nuevo nivel porque se haya ofrecido un curso sobre la oración. Sin embargo, el aumentar sistemáticamente el número de quienes se identifiquen como creyentes confirmados que tomen iniciativas para realizar actos sencillos de servicio, enseñan la Fe, y capaciten a otros — ello representaría un adelanto sin precedentes comparado con anteriores experiencias en la expansión en gran escala. Por cierto, la Casa Universal de Justicia insiste que para muchos países, “el mero acto de capacitar a unos miles de creyentes, y aumentar así el número de los que tengan una fuerte identidad bahá’í y un compromiso de enseñar la Causa, de por sí, representaría un adelanto en el proceso de la entrada en tropas”.13

Crear los recursos humanos necesarios para llevar a cabo el trabajo de la expansión y la consolidación es sólo una de las áreas vitales que el instituto de capacitación puede atender para promover los objetivos de la Fe. La Casa Universal de Justicia explica que estos centros de aprendizaje pueden evolucionar en complejidad para ofrecer capacitación en el campo del desarrollo social y económico e incluso encargarse de proyectos de desarrollo.

Se entiende que el instituto servirá como una agencia para el desarrollo de recursos humanos para las actividades de expansión y consolidación, así como para proyectos de desarrollo socioeconómico… . En este último contexto, también podría encargarse gradualmente de la administración de los proyectos de desarrollo en ambas zonas [del país]. El instituto puede establecer una estructura organizativa definida con varios departamentos y secciones, cada una dedicándose a uno de sus programas — uno de salud, uno de alfabetización, etc. — así como los que capacitarán los recursos humanos para la expansión y la consolidación.14

El instituto debe capacitar los recursos humanos aunque no sean utilizados de inmediato por las instituciones. Pero, la capacitación complementada con el ánimo y apoyo que se les de, tendrá su pleno efecto cuando los creyentes reciban de las instituciones guía específica para situaciones específicas. La visión, el entusiasmo, la comprensión y las destrezas prácticas pueden canalizarse dentro de los planes sistemáticos para mantener el progreso de la comunidad.

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Los Ejecutores de Planes de Acción Sistemáticos

En las Tablas del Plan Divino, ‘Abdu’l-Bahá expone una visión de la difusión de la Fe por el mundo entero. Este Plan, declara la Casa Universal de Justicia, es el “gran diseño de ‘Abdu’l-Bahá para la conquista espiritual del planeta”.1 Es el “más poderoso Plan generado por la potencia creativa del Más Grande Nombre,”2 está “impulsado por fuerzas más allá de nuestro poder de predecir o estimar,”3 y contiene “las semillas de la revivificación espiritual del mundo y de su eventual redención”.4 Desplegándose bajo la guía del Guardián y actualmente de la Casa Universal de Justicia, por medio de una serie de planes nacionales, internacionales y mundiales que marcan sus etapas distintivas, el Plan Divino continuará durante “el transcurso de numerosas cruzadas y de sucesivas épocas “5 que llegarán “hasta las proximidades” de la Edad de Oro.6 Cuando llegue esa ocasión, explica Shoghi Effendi, en que

la etapa final y culminante de la evolución del Plan forjado por Dios Mismo para la humanidad resultará ser a su vez, la señal del nacimiento de una civilización mundial, incomparable en su alcance, su carácter y potencia, en la historia de la humanidad — civilización que la posteridad, al unísono, aclamará como el mejor fruto de la Edad de Oro de la Dispensación de Bahá’u’lláh.7

Cuando Shoghi Effendi inició su ministerio en 1921, el mundo bahá’í carecía de la capacidad institucional necesaria para poder ejecutar sistemáticamente las disposiciones del Plan Divino. Por eso, inicialmente, se concentró en el establecimiento de las instituciones locales y nacionales. Para el año 1937, alentó a los bahá’ís de América del Norte a emprender el primer Plan de Siete Años con el objetivo de difundir la Fe y establecer Asambleas en los estados y provincias que no estaban abiertos en aquel entonces en América Central y del Sur. El Guardián especificó que la adopción de un plan representaba la llegada a la mayoría de edad de una comunidad nacional en vías de maduración.8 Pronto otros países siguieron con planes nacionales propios para la difusión de la Fe dentro y fuera de sus fronteras. Este período llegó a su cenit cuando el primer plan mundial, la Cruzada de Diez Años (1953-1963), en la que las 12 Asambleas Nacionales existentes unieron esfuerzos para abrir los restantes territorios del planeta.

El desenvolvimiento del Plan Divino continuó después de la partida del Guardián con una serie de planes a nivel mundial llevados a cabo con los auspicios de la Casa Universal de Justicia. Cada uno de estos planes se ha edificado sobre los objetivos y bajo los logros de los anteriores, exigiendo cada vez mayor madurez y nuevos niveles de capacidad para las complejas tareas. Los primeros planes lanzados bajo la Casa Universal de Justicia definieron elementos específicos relacionados con el crecimiento y desarrollo. El Plan de Nueve Años (1964-73), el Plan de Cinco Años (1974-79), y el Plan de Siete Años (1979-86) incorporaron objetivos tales como una gran expansión, la participación universal, la celebración regular de las Fiestas y los Días Sagrados, actividades para la mujer, la educación de jóvenes y niños, el fortalecimiento de las Asambleas Locales, y una mayor participación en la vida de la sociedad. Comenzó un período de mayor complejidad con el Plan de Seis Años (1986-92), cuando la responsabilidad por crear planes nacionales, que hasta entonces habían sido formulados en el Centro Mundial Bahá’í, recayó sobre las Asambleas Espirituales Nacionales y los Consejeros. El Plan de Tres Años (1993-96) presentó un tema en triplicado — aumentar la vitalidad de la fe de los creyentes, desarrollar los recursos humanos, y fomentar el buen funcionamiento de las instituciones — en tanto que el Plan de Cuatro Años (1996-2000) integró todos los objetivos anteriores en uno solo: promover el proceso de la entrada en tropas.

En el Plan de Cuatro Años, la atención del mundo bahá’í se concentró, como nunca antes, en la sistematización de los esfuerzos. La Casa Universal de Justicia explica que:

La sistematización asegura la coherencia de las líneas de acción basadas en planes bien concebidos. En un sentido general, implica un proceder metódico en todo lo relacionado con el servicio bahá’í, ya sea en la enseñanza o en la administración, en el esfuerzo individual o colectivo. Si bien permite la iniciativa y espontaneidad individuales, sugiere la necesidad de ser perspicaz, metódico, eficiente, constante, equilibrado y ordenado. La sistematización es una forma de funcionar necesaria, animada por la urgencia de actuar.9

El progreso sistemático de la comunidad bahá’í puede verse como un proceso de aprendizaje, con las instituciones como foco central. “Paso a paso,” explica Shoghi Effendi, “la comunidad puede subsanar las distintas deficiencias que la aquejan y manejar sus asuntos sobre un fundamento planificado y ordenado”.10 Un plan nacional o local, emprendido dentro del marco de un plan global, no es una lista de antojos de eventos meritorios o logros admirables. No sólo incluye metas, sino estrategias para conseguirlas basadas en una evaluación de las capacidades individuales de los creyentes y una comprensión de las condiciones de la comunidad en general. Estas estrategias contemplan la necesidad de despertar la iniciativa y galvanizar a los miembros de la comunidad en la acción. Al crear un plan, los miembros de las instituciones “deben olvidarse totalmente de sus gustos y sus antipatías, sus intereses e inclinaciones personales, y concentrar la mente en las medidas que conducirán al bienestar y felicidad de la comunidad bahá’í y la promoción del bien común”.11 La naturaleza de las relaciones entre todos los participantes en la ejecución de un plan es dinámica, la iluminación de la guía divina no sólo y se encuentra en el estudio de los Textos y en la consulta, sino también en la reflexión sobre la experiencia que resulta de la acción.

Veamos el ejemplo de una comunidad bahá’í local creada como resultado de un proyecto de enseñanza en gran escala. Bajo estas condiciones, la comunidad consistiría en un numeroso grupo de individuos, generalmente con conocimiento limitado sobre la Fe. Incluso antes de que la Asamblea Espiritual Local pueda formarse y activarse, las instituciones comienzan a servir al área a través de las actividades de los ayudantes de los miembros del Cuerpo Auxiliar y los esfuerzos de maestros viajeros bajo la dirección del Consejo Regional o comité regional — todo ello según un plan para el desarrollo a largo plazo de la región. El objetivo de los creyentes visitantes es el de ayudar a los amigos locales a aumentar su amor a Bahá’u’lláh y ahondar su comprensión de Su Causa, y establecer el modelo básico de la vida comunitaria. Fundamental para este modelo es el hábito de sumergirse en la Palabra de Dios, un hábito que va cobrando fuerza en el mundo bahá’í a medida que los participantes en un número creciente de círculos de estudio vayan progresando a través de la secuencia de cursos de los institutos de capacitación. A medida que los recursos humanos de la comunidad se vayan desarrollando, se les ayuda a los creyentes locales a que realicen sencillos actos de servicio. Por ejemplo, después de que un grupo de creyentes haya estudiado un curso sobre la oración y los principios espirituales básicos, puede instituirse una reunión devocional en la comunidad. Ya cuando los nuevos creyentes aprendan, en el curso de capacitación, a hablar de la Fe con sus vecinos o impartir una clase niños, entonces el plan de apoyo de las instituciones incluiría actividades de enseñanza sencillas o clases para niños organizadas como elementos de vida de la comunidad. Paralelamente, se les anima a celebrar la Fiesta de los Diecinueve Días y se ayuda a la Asamblea Local a que desarrolle, con el tiempo, la capacidad de responsabilizarse por todas las actividades y el crecimiento de la comunidad.

Veamos otro ejemplo, el de una comunidad local con una Asamblea que funciona y que evoluciona hacia la madurez, esforzándose por un constante crecimiento y desarrollo. La Asamblea y su comité de enseñanza consultan con los ayudantes de los miembros del Cuerpo Auxiliar y luego con la comunidad a fin de preparar un plan de acción. En este caso, debido al común anhelo por el sustento espiritual por parte de la población, surge una visión de expansión de la Fe, centrada en la celebración regular de reuniones devocionales. Las reuniones que incluyen oraciones, música, y la Palabra Creativa, se cree, cautivarán a las almas receptivas por el poder del espíritu y los llevará a que abracen la Causa. Los ayudantes, como portaestandartes, encaminarán a los miembros de la comunidad en el campo de la enseñanza mediante el ejemplo personal; en sus interacciones informales con los bahá’ís los animarán para que participen en las reuniones y para que inviten a los amigos no bahá’ís. Después que haya pasado algún tiempo, se repasa el progreso del plan en la Fiesta de los Diecinueve Días. Es de notar que un número cada vez mayor de simpatizantes está asistiendo a las reuniones devocionales, y que realmente su interés ha sido estimulado. Sin embargo, el crecimiento es mínimo. Por ello, la Asamblea decide que se debe poner más énfasis en las reuniones hogareñas personales. Por medio de consultas con el miembro del Cuerpo Auxiliar, se le recuerda a la Asamblea la importante contribución que aporta el instituto nacional de capacitación, y se establece un círculo de estudio en la localidad para transmitir a los creyentes el conocimiento, las destrezas y la perspicacia espiritual que son parte de la enseñanza eficaz. Los ayudantes deciden edificar sobre los resultados de los cursos del instituto trabajando con algunos creyentes que quieren ser mejores maestros ayudándoles a iniciar reuniones hogareñas en la propia casa. Los ingresos aumentan continuamente y la estrategia para el crecimiento se torna más compleja a medida que la Asamblea amplía la gama de las actividades de la comunidad para satisfacer las necesidades y utilizar los talentos de los nuevos creyentes.

En estas dos ilustraciones de acción sistemática, planificar y ejecutar constituyen un todo. No se gasta tiempo y energía tratando de determinar desde el principio todos los elementos y pasos necesarios para tener éxito. Tampoco la comunidad anda a la deriva, cambiando frenéticamente de un programa o actividad a otra. Shoghi Effendi pide la elaboración de planes “sistemáticos, cuidadosamente concebidos y bien establecidos” que “se lleven a cabo rigurosamente y que se expandan constantemente “. 12 De esta manera, la ejecución de planes de parte de las instituciones se hace en un contexto de aprendizaje que incluye la consulta continua, la reflexión sobre acciones tomadas, la tolerancia de los errores y el ajuste de actividades para asegurar mayor eficacia — todo ello a la luz de la guía dada por el Texto Sagrado y por la Casa Universal de Justicia. Un solo plan no es un fin en sí; antes bien, cada plan constituye el origen del siguiente por una cohesión de acción que se manifiesta en un progreso persistente en los objetivos a largo plazo, en la aparición de nuevos poderes y capacidades y en el crecimiento y desarrollo continuos. La idea sobre generalizada de que “la asamblea decide, el Miembro Auxiliar apoya y el individuo actúa” abre paso a la apreciación de un proceso más complejo y dinámico en el cual las responsabilidades son más compartidas, interactivas y complementarias.

Sin una planificación estratégica, aliento, apoyo y simpatía de parte de las Asambleas, la acción individual se diluye o se encamina mal; sin el ejemplo, el consejo, y la educación que ofrecen los Cuerpos Auxiliares, el poder del individuo no se aprovecha y las esperanzas de la Asamblea no se realizan. Al guiar a las comunidades mediante planes sistemáticos, las instituciones establecen una visión de conquista espiritual para una región y ponen en movimiento un proceso de aprendizaje por medio de acciones que sustentan el progreso.

14
El Núcleo y Modelo de una Nueva Civilización

La meta fundamental de la Revelación de Bahá’u’lláh es el establecimiento de una nueva civilización. “El progreso del mundo, el desarrollo de las naciones, la tranquilidad de los pueblos y la paz de todos los que moran en la tierra,” proclama Bahá’u’lláh, “son algunos de los principios y ordenanzas de Dios”.1 “Los medios conducentes a la elevación, el progreso, la educación, la protección y la regeneración de los pueblos de la tierra,” afirma además, “han sido claramente expresados por Nosotros y revelados por la Pluma de Gloria en los Libros y Tablas Sagrados”.2 Shoghi Effendi nos asegura que:

En el transcurso de la Edad de Oro, destinada a ser el desenlace de la Dispensación misma, el estandarte de la Paz Mayor prometida por su Autor, será desplegado, la Mancomunidad Mundial Bahá’í habrá surgido en la plenitud de su poder y esplendor, y el nacimiento y florecimiento de una civilización mundial, el vástago de esa Paz, habrá conferido sus inestimables bendiciones sobre toda la humanidad.3

Esta civilización “divinamente inspirada, única en sus características, omnímoda en su alcance, de carácter fundamentalmente espiritual,” recibe su “impulso inicial del espíritu que anima las instituciones mismas, las cuales, en su estado embrionario, se agitan ahora en el vientre de esta Edad Formativa de la Fe”.4 El Orden Administrativo “a medida que se aleje cada vez más de nuestra vista, llegará a ser considerado como el principal medio facultado para iniciar la fase final, la consumación de esta gloriosa Dispensación”.5

La aparición de una nueva civilización necesitará varios siglos de esfuerzo y conjugará fuerzas y procesos que operan dentro y fuera de la comunidad bahá’í. De tan gran alcance son las implicaciones de esta visión que no es posible, a estas alturas, ni siquiera percibir tenuemente el pleno efecto de los cambios que se efectuarán en el futuro. “Considerad los días de Cristo, cuando nadie Le siguió, salvo un pequeño grupo, y “explica ‘Abdu’l-Bahá. “Luego observad el poderoso árbol en que se convirtió esa semilla, y contemplad sus frutos. Y ahora han de ocurrir cosas aun más grandes que esas, pues éste es el llamado del Señor de las Huestes”.6 Si reflexionamos sobre las transformaciones que han ocurrido desde la época de Cristo o de Mahoma — en las ciencias, en lo económico, en los asuntos políticos, en la educación y en todos los demás sistemas de orden social — podemos tener una perspectiva de la magnitud de los cambios que se producirán por la llegada de Bahá’u’lláh.

En la obra “El Secreto de la Civilización Divina”, ‘Abdu’l-Bahá deja claro que el proceso de reforma y reconstrucción de la sociedad es gradual y orgánico:

El mundo de la política se puede comparar con el mundo del hombre; primero es una semilla, y luego pasa gradualmente a la condición de embrión y de feto, adquiriendo una estructura ósea, y viéndose revestido con carne, tomando su propia forma especial, hasta que al final alcanza el plano en el cual puede dar digno cumplimiento a las palabras: “el más excelente de los Hacedores”. Siendo que ello es un requisito de la creación y se basa en la Sabiduría universal, de la misma manera, el mundo político no puede evolucionar instantáneamente, del nadir de la imperfección al cenit de la rectitud y la perfección. No, más bien, individuos calificados deben esforzarse día y noche, utilizando todos los medios conducentes al progreso, hasta que el gobierno y el pueblo se desarrollen en todo sentido, día a día, y hasta de momento a momento”.7

Los bahá’ís no tenemos un plano minucioso para la creación de esta nueva civilización. Al describir el desarrollo de la economía bahá’í8 o la educación bahá’í9, Shoghi Effendi hace notar que las enseñanzas “ofrecen ciertos principios básicos” y “establecen varios ideales”, pero que las soluciones a ofrecerse en estos campos requerirán del trabajo de las generaciones por venir. Además explica que hay una enorme diferencia entre “divulgar un gran principio general, y encontrar su aplicación a las condiciones reales prevalecientes”.10 La Revelación suministra a la comunidad principios, ideas, instituciones, un centro para la acción colectiva, ciertos métodos, una visión del futuro, advertencias y resguardo contra creencias y prácticas perjudiciales, ánimo y dirección para sus esfuerzos. La comunidad debe aprender — en la práctica — a traducir esa guía en acción para construir una civilización mundial.

Aunque el proceso de levantar una nueva civilización durará siglos, no obstante, las instituciones de la Fe en cada época ponen en movimiento iniciativas apropiadas para las condiciones y oportunidades prevalecientes ante las comunidades locales y nacionales. Shoghi Effendi explica que “la maquinaria de la Causa ha sido modelada de tal forma que, lo que fuese considerado necesario incorporarle para que vaya a la vanguardia de los movimientos de avanzada, puede incluirse, según la disposiciones establecidas por Bahá’u’lláh”.11 La Casa Universal de Justicia manifiesta:

Indicios en el mundo no bahá’í de una conciencia rápidamente creciente de que la humanidad verdaderamente está entrando en una nueva etapa en su evolución, nos ofrecen oportunidades sin precedentes de demostrar que la comunidad mundial bahá’í “no es sólo el núcleo sino el modelo mismo” de esa sociedad mundial que Bahá’u’lláh vino a establecer y por cuya realización una humanidad atormentada se está esforzando, aunque casi inconsciente de ello.

Ha llegado el momento para que la comunidad bahá’í participe más en la vida de la sociedad que la rodea, sin apoyar en lo más mínimo ninguno de los conceptos moribundos y discordantes que existen en el mundo, y sin disminuir sus esfuerzos en la enseñanza, sino más bien, por medio de la asociación, que ejerza su influencia a favor de la unidad, demuestre su capacidad de resolver las diferencias a través de la consulta y no con la confrontación, la violencia o el cisma, y declarar su fe en el propósito divino de la existencia humana.12

Para las instituciones, hay tres áreas de acción íntimamente interrelacionadas que se asocian directamente con una mayor participación en la sociedad.

Primero, deben fortalecerse las comunidades bahá’ís para que reflejen un modelo de vida característico que “traiga honor a la Fe y que, como grata consecuencia, renueve la esperanza entre los integrantes de la sociedad cada vez más desilusionados”.13 Ello incluye desarrollar la administración bahá’í para poder demostrar la eficacia del sistema de Bahá’u’lláh para atender las apremiantes necesidades de la humanidad y para ofrecerlo como una “alternativa viable” al viejo orden mundial que se está desmoronando.14 Más allá de los diversos elementos de la vida comunitaria tratados en la tercera sección de este libro, el contribuir al levantamiento de una nueva civilización incluye “la promoción de la erudición bahá’í para que un número cada vez mayor de creyentes puedan analizar los problemas de la humanidad en todos los terrenos y para demostrar la manera en que las Enseñanzas los superan”.15

En segundo lugar se hace un esfuerzo simultáneo por levantar comunidades fuertes con, y en el contexto de actividades de desarrollo socioeconómico bahá’í — las cuales pueden definirse en términos de aumentar la capacidad de la gente para que pueda aplicar las enseñanzas de Bahá’u’lláh a fin de transformar su condición material y social. El trabajo en este campo de acción comienza en bases conforme los individuos y los grupos se esfuercen por resolver los problemas sociales como parte de un modelo orgánico de la vida comunitaria. Las instituciones evalúan la capacidad de la comunidad y se aseguran que participe en iniciativas de desarrollo según sus recursos y madurez actuales. Sin embargo, dichos esfuerzos no se llevan a cabo como fines en sí; deben evolucionar a tal punto que tengan un impacto visible en los creyentes y en la sociedad.

Cuando las actividades en programas de desarrollo realmente evolucionan hasta alcanzar mayores niveles de complejidad, las instituciones de la Fe deben preocuparse por fomentar la capacidad institucional y el lanzamiento de campañas organizadas. La capacidad institucional para el desarrollo se fomenta por medio de la red global de institutos de capacitación que se levantaron en el Plan de Cuatro Años y por medio del establecimiento de agencias de inspiración bahá’í por parte de individuos. La Casa Universal de Justicia observa con “sumo interés” que hay “un número creciente de creyentes alrededor del mundo que está aprovechando esta posibilidad de crear organizaciones dedicadas a analizar y resolver problemas sociales y económicos a la luz de las enseñanzas de Bahá’u’lláh.16 El lanzamiento de campañas organizadas implica la movilización de los amigos y de sus recursos para atender problemas específicos como la salud, la educación, la alfabetización y la igualdad del hombre y la mujer, muchas veces a nivel continental o global. Por medio de una campaña organizada la práctica, los materiales y los métodos que han producido resultados en una comunidad pueden compartirse con otras para así aumentar la amplitud y escala de acción. Las agencias para el desarrollo en cada país proveen canales de aprendizaje, mientras que las campañas organizadas sistematizan el conocimiento que fluye por dichos canales.

En tercer lugar, una mayor participación en la sociedad incluye los esfuerzos realizados por las instituciones bahá’ís, especialmente a nivel local y nacional, de colaborar con “las fuerzas conducentes al establecimiento del orden del mundo”17 y ejercer una influencia sobre los grandes pensadores “para que quienes tengan la conducción de los pueblos en sus manos, conozcan acertadamente la naturaleza y fundamentos de la Fe, lleguen a respetarla y pongan en práctica sus principios”.18 A nivel internacional, los esfuerzos de las oficinas de la Comunidad Internacional Bahá’í — con su enfoque en la prosperidad global, la condición de la mujer, la educación moral y los derechos humanos — en este sentido son ejemplares. Conforme evolucionen las comunidades locales y nacionales, una tras otra, superarán su aislamiento y su preocupación por los asuntos internos para dedicarse a resolver las necesidades de la sociedad que los rodea. Sin imaginarse que los problemas reales de sus aldeas, ciudades y naciones son, de alguna manera, fáciles de resolver, aprenden, poco a poco, a trabajar con el gobierno, con los dirigentes de la comunidad, y con organizaciones afines para abordar apremiantes problemas sociales con creciente capacidad. En este proceso correlacionan sus creencias “con el pensar y los problemas de los pueblos del mundo actual”19 y llaman la atención de sus coterráneos sobre los principios espirituales “por medio de los cuales pueden resolverse todos los problemas sociales”.20

Respecto del desafío de ofrecer las enseñanzas bahá’ís a la humanidad, muchas veces se presume que primero el individuo debe aceptar a Bahá’u’lláh como la Manifestación de Dios para después recibir el océano de Su sabiduría para efectuar la curación de los males sociales y la reorganización de los asuntos humanos. Es importante saber que el aspecto de la Revelación relacionado con la creencia y el reconocimiento es sólo parte de las dádivas que Él ha dado a la humanidad. El reconocimiento de la Manifestación, por supuesto, es el principal deber prescrito a todo ser humano. Pero si algunos todavía no están preparados para entrar al Tabernáculo de la Alianza, ¿por qué no ofrecerles las enseñanzas las cuales podrían aceptar fácilmente para aplicarlas con entusiasmo a los desafíos que encaran ahora? Una mayor participación en la vida de la sociedad implica ofrecer a los pueblos del mundo los principios y el discernimiento de Bahá’u’lláh mediante la asociación, el diálogo y la colaboración.

Tal interacción, a su vez, tendrá un efecto recíproco en las comunidades bahá’ís. Ya el mundo ha sido afectado por la influencia de la Revelación y, en muchos casos, posiblemente supere a nuestras comunidades nacientes en poner en acción ciertos principios. El estar expuesto al pensar, a los problemas y las experiencias de la humanidad y sus dirigentes, profundiza la comprensión y apreciación de los creyentes respecto de las implicaciones de las enseñanzas de Bahá’u’lláh. El resultado de la contribución de los bahá’ís a la sociedad no es un modelo en particular ni una receta técnica capaz de curar males como lo son la distribución indebida de la riqueza o la opresión general. Sus frutos son un número creciente de personas — tanto bahá’ís como no bahá’ís — que se esfuerzan individual y colectivamente, con el apoyo de las instituciones, para aplicar las enseñanzas de Bahá’u’lláh a los problemas sociales.

15
Los Instrumentos de una Administración Eficaz

“Seamos cuidadosos,” pidió Shoghi Effendi a los creyentes desde los primeros días de su ministerio, “no sea que en nuestra gran preocupación por la perfección de la maquinaria administrativa de la Causa, perdamos de vista el Propósito Divino para el cual fue creada”.1 Hace énfasis en que la administración bahá’í no es “un fin en sí mismo” sino “simplemente el instrumento del espíritu de la Fe” el cual “está diseñado para beneficiar a toda la raza humana” al reformar “la vida comunitaria de la humanidad, así como de buscar la regeneración del individuo”.2 También manifiesta que “toda la maquinaria de asambleas, comités y convenciones debe verse como un medio” y que estos “se establecerán o caerán según su capacidad de promover los intereses, coordinar las actividades, aplicar los principios, dar forma perceptible a los ideales y ejecutar el propósito de la Fe Bahá’í”.3

La Casa Universal de Justicia recuerda asimismo a las Asambleas que la eficacia en los procedimientos administrativos, aunque importante, no es la meta final:

En suma, la madurez de la Asamblea Espiritual debe medirse no sólo por la regularidad de sus reuniones y la eficacia de su funcionamiento, sino también por la continuidad del crecimiento numérico de los creyentes, la eficacia de la interacción entre la Asamblea y los miembros de la comunidad, la calidad de la vida espiritual y social de la comunidad, y la percepción general de vitalidad en una comunidad en pleno proceso de desarrollo dinámico y continuo.4

Queda claro, entonces, que debemos tener cuidado de no excedernos en la administración. Pero el temor a la burocracia no debe hacer que ignoremos las exigencias de una gestión eficaz y sabia. “Metas elevadas y motivos puros, por muy loables que sean,” subraya el Guardián, “seguramente no serán suficientes sin el respaldo de medidas prácticas y métodos acertados”.5 Cuando las instituciones sean debidamente orientadas en su propósito, entonces la eficiencia y eficacia en el proceder administrativo pueden ser factores determinantes para lograr o fracasar en dicho propósito.

Pensemos una vez más en una comunidad local que cuenta con una Asamblea que funciona y trata de asegurar un crecimiento continuo por medio de un plan de acción sistemático. Claro está que la exitosa ejecución del plan, sin que importen sus estrategias y líneas de acción, requerirá que la Asamblea lleve a cabo ciertas operaciones internas eficaces. Entre éstas está el establecimiento de reglas de oficina y desarrollo de registros, el ágil manejo de los asuntos que se presentan y la atención a los detalles. La Asamblea debe tener reuniones regulares y asegurar “que todos sus miembros estén al día” con sus actividades y que su secretario cumpla con sus deberes, que su tesorero guarde y desembolse los fondos de la Fe a satisfacción de la Asamblea, llevando bien las cuentas y emitiendo recibos para cada contribución”.6 Debe supervisar cuidadosamente los gastos relacionados con la ejecución del plan, conscientes de que sólo por medio de “una economía sabia y la eliminación de elementos no esenciales,” y “una concentración en lo esencial”, puede cumplirse todo el trabajo indispensable. Incluso en el proceso de la toma de decisiones es esencial establecer un proceso adecuado. La consulta dentro de la Asamblea, aun cuando se caracterice por amor y armonía absolutos y por una escrupulosa adherencia a los principios, debe llevarse a cabo cuando haya obtenido de toda información relevante, con una coordinación eficaz, una concentración en el tema que se consulta y un registro preciso de antecedentes y conclusiones a fin de asegurar eficiencia en la toma y ejecución de decisiones. Además, cuando surjan problemas específicos cuya resolución va más allá de la experiencia de los miembros, la Asamblea debe buscar y cuidadosamente pesar el “consejo experto” el cual, nos asegura el Guardián, es “absolutamente necesario para una buena administración”.7

La eficaz ejecución de las diferentes tareas asociadas con el plan de acción sistemática de la comunidad, también requiere que la Asamblea establezca comités, pocos al principio, pero aumentando su número a medida que aumente la complejidad del trabajo. Los esfuerzos diligentes de los comités liberan a la Asamblea de los muchos detalles del proceso de la ejecución, lo que en las palabras de Shoghi Effendi, constituye “una evidencia convincente y un ejemplo inspirador” de una “administración espiritual eficiente de los asuntos del mundo bahá’í”8 Por ejemplo, la exitosa celebración de la Fiesta de los Diecinueve Días depende de pasos prácticos imprescindibles para su preparación, como lo son “la selección de lecturas apropiadas, el nombramiento, por adelantado, de buenos lectores y un sentido de decoro, tanto en la presentación como en la recepción del programa devocional”. Así también, atención al ambiente en el cual se lleve a cabo la Fiesta, la limpieza, la puntualidad; la disposición del espacio en forma práctica y decorativa -- todo ello cumple un papel importante. Cuando el Comité de Fiestas tiene presente estos detalles, la reunión puede cumplir mejor con su propósito intencional de ser “un foro de democracia en la raíz misma de la sociedad” donde la Asamblea y los miembros de la comunidad se reúnen en un terreno común9 e intercambian puntos de vista. Acaso el componente más vital de la red de comités de la Asamblea sea una “estructura eficaz para la enseñanza”, garante del crecimiento. Ésta asegura que las tareas relacionadas con la expansión y la consolidación “se lleven a cabo con prontitud y conforme a los principios administrativos de nuestra Fe”.10

Por supuesto, la capacidad de la Asamblea de mantener un buen equilibrio en su relación con sus comités, es vital para la administración eficaz y, finalmente, para sus esfuerzos por mantener el crecimiento. La Asamblea, en vez de ejercer un control completo sobre todas las actividades, permite a sus dependencias un grado adecuado de autonomía. Shoghi Effendi explica que es esencial encontrar un equilibrio adecuado si, por una parte, han de evitarse “los males de la centralización excesiva la cual obstruye, confunde y, a la larga, desvalora” los servicios bahá'ís y, por otra, “los peligros de una total descentralización con el resultante lapso de autoridad administrativa”.11

Movilizar a los creyentes para que cumplan su papel en la ejecución del plan de acción, un tema que ya se abordó en un segmento anterior, tampoco carece de un proceder administrativo esencial. Evidentemente, la Asamblea debe asegurar canales de comunicación eficaces, y noticiero y boletín regulares, ayudará a mantener a los amigos “informados sobre los sucesos y novedades”12 en la comunidad. Además, deben establecerse algunos parámetros para orientar su participación en los planes de la comunidad. En esto, la Asamblea debe cuidarse de que los procedimientos en verdad sirvan para abrir el camino al creyente para que participe en las empresas colectivas, evitando “reglas y reglamentos” excesivos que “impidan el trabajo con una burocracia innecesaria”.13

Si bien la Asamblea Espiritual Local está investida de autoridad, debe recordarse que no es la única institución que actúa a nivel local. También se requiere la aplicación de instrumentos administrativos eficaces relacionados con su función, o sea, los miembros del Cuerpo Auxiliar. El proceder seguido por una y otra institución debe ser tal que facilite la interacción entre ambas. Porque sólo cuando existe una interacción adecuada entre los dos, de una manera natural y libre de impedimentos burocráticos, podrá la comunidad experimentar la clase de liderazgo que las instituciones del Orden Administrativo están llamadas a ofrecer.

Finalmente, es importante saber que la eficiencia y eficacia de las instituciones aumenta progresivamente según la capacidad de la comunidad y en la medida en que se vaya madurando. Hacer énfasis excesivo en el perfeccionamiento de la maquinaria de la administración bahá’í en las primeras etapas del desarrollo de una comunidad, es contraproducente. El refinamiento de la maquinaria administrativa debería ser en proporción con las tareas a cumplirse. Si las instituciones han a madurar, hacen falta la paciencia y el apoyo del conjunto de los creyentes. Quienes se impacienten con el funcionamiento de las instituciones pueden descarrilar el avance de la comunidad al sacrificar la unidad y el desarrollo a largo plazo por imaginadas deficiencias de corta duración. Cuando surgen problemas con las instituciones, deben verse no como defectos en la naturaleza o estructura del sistema en sí 14, sino como consecuencias de las imperfecciones individuales y la inmadurez institucional, las cuales son de esperar en la actual etapa embrionaria de su desarrollo. Tanto Shoghi Effendi como la Casa Universal de Justicia llaman la atención de los creyentes a la posibilidad de “limitaciones e imperfecciones humanas”15 que afectan el funcionamiento de la maquinaria administrativa. Estas limitaciones se superarán a medida que los miembros de las instituciones “se profundicen en las verdades fundamentales de la Fe y en la debida aplicación de los principios”16 que rigen la administración bahá’í. También se debe mencionar que, en esta etapa temprana de la evolución de la Fe, la comunidad mundial bahá’í no está lo suficientemente madura para que las verdaderas capacidades de las instituciones puedan manifestarse. “El propósito del Orden traído por Bahá’u’lláh es guiar y asegurar el progreso y resolver los problemas de la sociedad,” declara la Casa Universal de Justicia. “Nuestro número es todavía muy reducido para que se puedan demostrar adecuadamente las potencialidades inherentes al sistema administrativo que estamos construyendo y la eficacia de este sistema no se reconocerá adecuadamente sin que se produzca un inmenso aumento de nuestros integrantes”.17

La autoridad de las instituciones, señala la Casa Universal de Justicia, es “un arte que se debe dominar”18. A medida que las instituciones crezcan en su capacidad para administrar sus asuntos con eficiencia y eficacia, vigorizarán sus esfuerzos por convertirse en canales del espíritu, en los fideicomisarios de la libertad individual y el bien común, en los movilizadores de los recursos humanos y los ejecutores de acción sistemática y el núcleo y modelo de una nueva civilización.

La Comunidad
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El Modelo Orgánico de la Vida Comunitaria

Las enseñanzas bahá’ís no imaginan la sociedad en términos de un simple juego de interacciones entre individuos e instituciones. Otra entidad, de constitución sutil desempeña un papel importante en el progreso de la Causa y en la construcción de la civilización. La referida entidad es la comunidad, la cual, como indica la Casa Universal de Justicia, es más que la suma de sus partes componentes.

…es una unidad que abarca la civilización, formada por personas, familias e instituciones las cuales son creadoras y animadoras de sistemas, instituciones y organizaciones que laboran juntas con un propósito común en pro del bienestar de las gentes, dentro y fuera de su límites; es un conjunto de participantes diversos en interacción, que logran unirse en una búsqueda sin tregua del progreso espiritual y social.1

Los diferentes elementos de la comunidad trabajan juntos en un todo orgánico de una manera comparable al funcionamiento del cuerpo humano.

En el cuerpo humano, cada célula, cada órgano, cada nervio cumple un papel. Cuando todos lo cumplen, el cuerpo es sano, vigoroso, radiante, listo para cualquier demanda que se le haga. Ninguna célula, por muy humilde que sea, vive separada del cuerpo, ya sea sirviéndole o recibiendo de él. Esto es así con el cuerpo de la humanidad ya que Dios “ha dotado a todos y a cada uno con talentos y facultades”, y certeramente es así con el cuerpo de la Comunidad Mundial Bahá’í, porque este cuerpo de hecho es ya un organismo, unido en sus aspiraciones, unificado en sus métodos, que busca auxilio y confirmación de la misma Fuente y es iluminado con el seguro conocimiento de su unidad… La Comunidad Bahá’í Mundial, que crece como un cuerpo sano nuevo, desarrolla células nuevas, órganos nuevos, funciones y poderes nuevos a medida que avanza camino a su madurez, cuando toda alma que viva por la Causa de Dios, recibirá de esa Causa salud, seguridad y las copiosas bendiciones de Bahá’u’lláh que son esparcidas por todo Su orden divinamente ordenado.2

Decir que la comunidad es un todo orgánico significa que, como entidad, manifiesta las características de un organismo viviente. Esta comprensión permite una percepción provechosa de cómo la comunidad puede progresar y cómo los individuos y las instituciones que la componen pueden fomentar su desarrollo.

La principal de estas características es el crecimiento. Un desafío fundamental que encara toda comunidad, ya sea local o nacional, es llevar el mensaje curativo de Bahá'u'lláh a la humanidad y reclutar nuevos creyentes continuamente. Si bien es cierto que la receptividad varía en las diferentes partes del mundo3 y que el crecimiento significativo ocurre en oleadas y no a un ritmo uniforme4, sin embargo, a una comunidad que no crece, le falta uno de los requisitos más fundamentales de la vida orgánica. Toda comunidad madura debe tener un crecimiento5 constante para finalmente sostener el proceso de la entrada en tropas.6

Otra característica importante de la vida orgánica es la diferenciación. Una sola función no responde a todas las necesidades de un organismo complejo. Así como las células del cuerpo humano se diferencian para formar los órganos que cumplen funciones especializadas, la acción colectiva en la comunidad bahá’í se diferencia a medida que la comunidad crezca y llegue a ser más compleja. La Casa Universal de Justicia explica:

A medida que la comunidad bahá’í pasa de una etapa a la siguiente, aumenta también la gama de actividades que ha podido llevar a cabo. Su crecimiento ha sido de carácter orgánico lo cual ha implicado una modificación gradual en sus funciones. Cuando la comunidad bahá’í era reducida, todas sus interacciones con la sociedad en general fácilmente caían bajo la calificación de la enseñanza directa e indirecta. Pero, con el correr del tiempo, aparecieron nuevas dimensiones en el trabajo, a saber, una participación en la sociedad civil, trabajo diplomático que exige mucha organización, acción social etc. — cada uno con sus propios objetivos, métodos y recursos. En cierto sentido, podemos referirnos a todas estas actividades como partes de la enseñanza, puesto que el propósito fundamental de ésta es la difundir las fragancias divinas, ofrecer la Revelación de Bahá’u’lláh a la humanidad y servir a la sociedad. Pero, en la práctica, parece más fructífero tratarlas como líneas de acción distintas pero complementarias.7

La participación en el desarrollo social y económico bahá’í ofrece una muy buena ilustración de la necesidad de la diferenciación. En 1983, la Casa Universal de Justicia explicó que “después de todos estos años de constante actividad en la enseñanza, la comunidad del Más Grande Nombre ha crecido y llegado a la etapa en la cual los procesos de este desarrollo deben incorporarse a sus actividades regulares”.8 Aunque siempre fue un aspecto de la Fe descrito en los Escritos Sagrados, sin embargo, eran necesarios casi ciento cuarenta años de crecimiento y evolución antes de que el tema del desarrollo social y económico emergiera como una clara dimensión en la consolidación.9

Otra característica de la vida orgánica es la integración de los procesos diferenciados dentro de un organismo. La acción colectiva dentro de la comunidad bahá’í no es una serie de eventos inconexos tomados de una lista arbitraria de cosas pendientes. Es un modelo de conducta interconectado que se expresa en “unidad con diversidad de acciones”, una “condición en la que diferentes individuos se concentrarán en diferentes actividades, que reconocen el efecto beneficioso del conjunto en el crecimiento y desarrollo de la Fe, porque una sola persona no puede hacerlo todo ni todos pueden hacer la misma cosa”.10 Las áreas de acción que se integran para conformar el modelo de la vida comunitaria incluyen: “actividades espirituales, sociales, educacionales y administrativas” y “la participación en planes locales de enseñanza y desarrollo”.11 Cada uno de los procesos dentro del modelo de la vida de una comunidad bahá’í, juega un papel en lograr su meta y propósito. Cada uno sostiene y complementa a los demás, y la eliminación de cualquiera de ellas de una comunidad bien desarrollada la dejaría sin la capacidad esencial para progresar.

La madurez, junto con una capacidad creciente para manejar asuntos complejos, es otra característica del desarrollo orgánico. No con poca frecuencia una comunidad local naciente lucha por funcionar en forma independiente pero requiere bastante ayuda externa. Con dicha ayuda, comienza a llevar a cabo actividades, al principio a veces de carácter sencillo, y gradualmente establece un modelo de vida comunitaria bahá’í, que poco a poco llevan adelante los mismos creyentes locales. Eventualmente el desarrollo de la comunidad llega a un punto en que la Asamblea Espiritual Local formula sus propios planes de acción dentro del contexto del plan nacional. Con el correr del tiempo, dichos planes locales llegan a ser más y más complejos y atienden un creciente número de asuntos.

Otra característica más de las entidades orgánicas es el espíritu dinámico de movimiento. En los esfuerzos de los individuos, grupos e instituciones por promover la Causa, la Casa Universal de Justicia ve la “vitalidad orgánica de la Fe” que se manifiesta en el “movimiento perpetuo, como el incesante oleaje del mar, dentro de la comunidad bahá’í, el cual es la verdadera causa de su crecimiento”:

Asambleas espirituales nacionales y locales ante problemas difíciles, formulando nuevos planes, cargando con la responsabilidad de una comunidad que crece en número y en conciencia, comités que luchan por lograr sus objetivos, una juventud bahá’í en entusiastas y dedicadas actividades, bahá’ís y sus familias esforzándose por la Causa, por dar el Mensaje o por celebrar reuniones hogareñas, estos constantes servicios atraen las confirmaciones de Bahá'u'lláh y cuanto más sean apoyadas por las oraciones y una intensa dedicación, y cuanto más extensos lleguen a ser, tanto más carga espiritual liberan en el mundo el cual ninguna fuerza terrenal puede resistir y el cual eventualmente asegurará el triunfo total de la Causa.12

Al diseñar y crear una estructura física, el maestro de obras es libre, dentro de cierto límites, de seguir su imaginación y tomar cualquier rumbo; al comienzo se crea un plano arquitectónico el cual luego se implementa, paso a paso. Sin embargo, fomentar un proceso orgánico difiere significativamente. El crecimiento de una planta es afectado por una combinación de factores genéticos internos y por las exigencias del ambiente externo. El desarrollo de ésta se caracteriza por una actividad y evolución constantes. Aunque se espera un contorno general de brotes, hojas y frutos, es imposible predecir o controlar el desenlace específico. Cuanto más el agricultor comprenda las necesidades de la planta y le sirva, tanto mejor crecerá.

“El Reino de Dios es como un agricultor que llega a poseer un terreno puro y virgen”, nos dice ‘Abdu’l-Bahá. “Se riegan en él semillas celestiales, las nubes de la providencia divina derraman su lluvia y brillan los rayos del Sol de la Realidad”. “Ahora los creyentes en Dios y las siervas del Misericordioso deben regar estos campos”, explica además, “y, con el mayor poder, deben ocuparse del cultivo de estas plantaciones celestiales, para que las semillas crezcan y se desarrollen, para que reine la prosperidad y la bendición y para que se recojan muchas ricas y abundantes cosechas”.13 Los resultados están en proporción directa con la calidad de nuestra labor.

Y si cuando pasas por campos y plantaciones observas que las plantas, las flores y las hierbas perfumadas crecen juntas frondosamente, formando un modelo de unidad, ello es evidencia del hecho de que esa plantación y ese jardín florecen bajo el cuidado de un hábil jardinero. Mas cuando lo ves en estado de desorden e irregularidad, infieres que le ha faltado el cuidado de un labrador eficiente, y ello ha producido malezas y cizañas.14

Un esfuerzo consciente por parte de los individuos y las instituciones dentro de la comunidad bahá’í por desarrollar las características de la vida orgánica, la convierten en ambiente excelente que cultiva relaciones apropiadas, crea oportunidades para la camaradería y la adoración, guía a los individuos y familias en la práctica de los ideales bahá’ís y resuelve problemas sociales y materiales. Tales esfuerzos agrandan y consolidan a la comunidad y canaliza las fuerzas de transformación colectiva, las cuales, a su debido tiempo, darán los frutos de una civilización nueva.

17
Una Comunidad de Pensamiento y Acción Unificados

La comunidad bahá’í ha sido creada mediante el poder de Bahá’u’lláh a fin de cumplir una misión específica. Es una comunidad comprometida a una alianza, “[unida] en un propósito Divino:”1 para que el amor de Dios pueda difundirse, para que la unidad de la humanidad pueda lograrse, para que una nueva civilización pueda levantarse y para que la “era de suprema felicidad que ha de encarnar el propósito final de Dios para toda la humanidad, se inaugure”.2

‘Abdu’l-Bahá apela a los creyentes que se asocien con entusiasmo y se unan en torno a este propósito. “Incumbe a todos los amados de Dios llegar a ser como uno,” afirma Él, para “reunirse bajo la protección de un único pabellón, abogar por una opinión uniforme, seguir uno y el mismo sendero, permanecer firmes en una misma resolución. Que olviden sus teorías divergentes y que descarten sus puntos de vista contrarios, ya que, alabado sea Dios, nuestro propósito es uno, nuestra meta es una”.3 Indica que la primera condición es “firmeza en la Alianza de Dios” porque “es evidente que el eje de la unidad del mundo de la humanidad es el poder de la Alianza y nada más,” y que “si no se hubiese producido la Alianza” pues, “las fuerzas de la Causa de Dios habrían sido dispersadas por completo”.4 “A los bahá’ís se les impone establecer la unidad de la humanidad; y si no pueden unirse en torno a un solo punto, ¿cómo podrán lograr la unidad de la humanidad?”5

Así, los bahá’ís han celebrado una alianza con Bahá’u’lláh, en la que prometen cumplir con Su voluntad a fin de lograr Su propósito. Sin embargo, es imposible que la comunidad bahá’í llegue inmediatamente a la divinamente prometida Edad de Oro; colectivamente tenemos que aprender a poner en práctica las enseñanzas, paso a paso, en la forma que corresponda al designio de Bahá’u’lláh. Para poder trabajar sistemáticamente a fin de lograr la transformación implícita en Sus enseñanzas, la comunidad debe estar unida en sus intenciones y acciones.

Uno no puede obtener toda la fuerza de la luz solar cuando ella se proyecta sobre un espejo plano, mas en cuanto el sol se refleja sobre un espejo cóncavo, o sobre una lente convexa, todo su calor se concentra en un solo punto, y ese único punto arderá al máximo. Así, pues, es necesario enfocar el pensamiento en un único punto, para que llegue a ser una fuerza efectiva.6

Bahá’u’lláh requiere de los creyentes que estén “unidos en consejo” y que “[sean] uno en pensamiento”.7 Al comienzo de sus reuniones, los miembros de una Asamblea Local hacer esta súplica: “Nos hemos reunido en esta asamblea espiritual, unidos en nuestras miras y nuestros pensamientos, con nuestros propósitos armonizados para exaltar Tu palabra entre la humanidad”.8 “Si la armonía de pensamiento y la más absoluta unidad no existieran, esa reunión sería dispersada y dicha asamblea quedaría reducida a nada”.9 “Lo que necesita esta Causa imperiosamente,” manifiesta el Guardián, “es la unidad, tanto de pensamiento como de acción”.10

La unidad en el pensamiento y en la acción representan un buen equilibrio entre la unidad y la diversidad en lo relacionado con los asuntos colectivos de la comunidad bahá’í. ‘Abdu’l-Bahá, al reconocer las diferencias que hay entre las mentes humanas, manifiesta que “Es evidente que la realidad de la humanidad es diversa, que las opiniones varían y los sentimiento difieren; y esta diferencia de opiniones, de pensamiento, de inteligencia, de sentimientos entre las razas humanas, surgen de una necesidad esencial”.11 Pero explica además que “la diversidad en la familia humana debería ser la causa de amor y armonía, como es en la música cuando se tocan diferentes notas al mismo tiempo, logrando un acorde perfecto”.12 Construir la unidad de pensamiento y empeño es un proceso de refinar en todo momento el entendimiento y la conducta colectivos para acercarlos progresivamente hacia la certeza y la acción eficaz. Claramente, si el mundo bahá’í pretende avanzar hacia la realización del propósito de Bahá’u’lláh, las miras de unos pocos no pueden imponerse al todo, tampoco son todas las ideas iguales ni está libre cada individuo para seguir un programa diferente. Sin la unidad en el pensamiento y en la acción, es imposible lograr progreso alguno. Sin ellas, la comunidad carece de brújula, y se halla condenada a disputar interminablemente, se estanca y queda rehén de las emociones y la arrogancia. En la investigación de la verdad y la creación de una nueva civilización, construir la unidad en el pensamiento y en la acción, ocurre en medio de un ancho camino entre los extremos de la uniformidad y el relativismo. Aclara muy bien Shoghi Effendi que “La uniformidad no es lo que debemos buscar en la creación de cualquier asamblea nacional o local. Porque la base sólida del orden administrativo bahá’í es el principio de la unidad en la diversidad, la cual ha sido enfatizado con tanta fuerza y tanta insistencia en los escritos de la Causa.”.13 Al mismo tiempo, ‘Abdu’l-Bahá rechaza el relativismo al explicar que “la realidad es indivisible; no admite multiplicidad. Todas las santas Manifestaciones de Dios han proclamado y promulgado la misma realidad. Han convocado a la humanidad a la realidad misma, y la realidad es una”.14

¿Cómo se puede transitar por este camino medio de estar unidos en el pensamiento y en la acción? Es cuando hacemos un esfuerzo simultáneo por pesar los puntos de vista dentro del equilibrio de la Revelación, cuando consultamos y aprendemos en la acción unida; así se armonizarán los diversos puntos de vista para que contribuyan al descubrimiento de la verdad.

La unidad en el pensamiento y en la acción comienza con el esfuerzo de cada uno por responder a la Revelación de Bahá’u’lláh. Manifiesta ‘Abdu’l-Bahá que “Sólo la investigación de la única realidad fundamental y la obediencia a los inmutables principios esenciales de la Palabra de Dios pueden establecer la unidad y el amor en los corazones humanos”.15 Y agrega:

Nada que no sea la potencia celestial de la Palabra de Dios, la cual gobierna y trasciende la realidad de todas las cosas, es capaz de armonizar los divergentes pensamientos, sentimientos, ideas y convicciones de los hijos de los hombres.16

Los esfuerzos individuales que hacen los creyentes por conformar sus puntos de vista y su comportamiento personales a las normas de la voluntad divina, según son expresados en la Palabra revelada de Dios y en las aseveraciones autorizadas del Centro de la Causa, los llevan a una más estrecha armonía unos con los otros.

El acto de consultar los textos purifica y modela nuestro criterio. La interpretación individual es fruto de nuestro poder racional y contribuye a una mejor comprensión de los escritos.17 Todos tenemos derecho a nuestra opinión e inevitablemente vamos a pensar de diferentes maneras.18 Pero, la realidad es inmensa; no existe una mente capaz de comprender toda su dimensión. Los individuos necesariamente tendrán puntos de vista subjetivos y parciales — las opiniones personales sobre el tema de la realidad y la verdad pueden compartirse y contrastarse con los puntos de vista y opiniones de los demás en el esfuerzo por obtener una mayor comprensión. “Cuando los creyentes, con sus diferentes puntos de vista sobre las Enseñanzas, conversan -- con paciencia, tolerancia y una mente abierta e imparcial — seguramente llegarán a obtener una mayor comprensión”.19 El derecho a la opinión individual es defendido en los escritos y su valor es reconocido. Pero, dos opiniones pueden representar por igual diferentes perspectivas sobre la verdad, o bien una puede estar más cerca de la verdad que la otra. Las opiniones también pueden ser erróneas. Shoghi Effendi explica que “cuanto más leamos los Escritos, más verdades podemos encontrar en ellos, más veremos que nuestras nociones anteriores eran erradas”.20 Es señal de progreso y madurez poder eliminar los puntos de vista incorrectos o deficientes para obtener una mayor comprensión de la verdad.

Veamos un ejemplo tomado del trabajo de la enseñanza. Cuando uno examina los esfuerzos por lograr una expansión en gran escala durante varios años, el maestro bahá’í puede llegar a la conclusión de que el proceso simplemente no funciona y que la enseñanza debe limitarse a las reuniones hogareñas y otros métodos para compartir el Mensaje en el transcurso de la vida diaria. Pero al leer aseveraciones como ésta: “Es imperativo, por lo tanto, que el proceso de enseñar a las masas no sólo se mantenga sino que se acelere”21 y “Todos deber reconocer que la entrada en tropas es una etapa inevitable en el desarrollo de la Causa,”22 el maestro debe reconocer que el proceso de la expansión en gran escala es válido y que la suposición anterior fue errónea. Bien puede existir todavía una diversidad de opiniones, por supuesto, con relación a los métodos más eficaces para lograr dicha expansión.

Si las enseñanzas del Libro no son explícitas, si difieren las interpretaciones personales o si varían los puntos de vista sobre aplicaciones alternativas de las enseñanzas, la consulta provee un medio por el cual los creyentes puedan unir sus pensamientos y acciones. “En todas las cosas es necesaria la consulta,” manifiesta Bahá’u’lláh, porque “es y siempre será origen de conocimiento y despertar y fuente de bien y felicidad.”23 La consulta consiste en la búsqueda de la realidad de un asunto para poder determinar una acción apropiada en una circunstancia dada.

La consulta se rige por varios principios claramente expresados. A los individuos se les debe dejar libres para expresar sus puntos de vista y uno no debe ofenderse por las opiniones de los demás.24 Las opiniones se presentan sin pasión ni rencor; el conflicto y la contienda quedan estrictamente prohibidos,25 y si surgieran, la consulta debe suspenderse hasta que la unidad sea restablecida.26 El choque de opiniones diferentes produce la chispa de la verdad27, y todos deben escuchar para encontrar la verdad al ofrecerse las diferentes opiniones porque “la luz de la realidad se hace evidente cuando dos opiniones coinciden28“. Es por esta razón que el aferrarse tercamente a la propia opinión, asegurará que la verdad permanecerá oculta.29 Por sobre todo, “la verdadera consulta es la deliberación espiritual en una atmósfera y actitud de amor. Los miembros deben amarse los unos a los otros con un espíritu de camaradería para que se produzcan buenos resultados”.30

Si un cuerpo consultivo no logra unanimidad, se toman las decisiones por voto, y a todos se les pide “acatar la voz de la mayoría, la cual nuestro Maestro nos dice que es la voz de la verdad, que nunca ha de ser desafiada y siempre ha de ser acatada de todo corazón”.31 Los miembros del cuerpo autorizado con diferentes puntos de vista, no deben contradecirse ni socavar la decisión, sino obedecerla con entusiasmo.32 De esta forma, aún cuando una decisión fuera equivocada, al ponerla en ejecución se preserva el fundamento de la unidad y la comunidad pronto sabrá cuál es el procedimiento acertado.33 Así, entra en juego un tercer elemento además del estudio de los escritos y la consulta, el cual es aprender por medio de la acción unida. Porque la unidad en el pensamiento sin la unidad en la acción, no tiene sentido.

Los errores — ya sea que provengan de la iniciativa individual o de la acción colectiva — son un elemento inevitable del proceso de aprendizaje. “Se les debe dar una amplio campo de acción, lo cual quiere decir que se debe permitir también un amplio margen para los errores… La Causa no es tan frágil que no pueda tolerar cierto grado de equivocaciones”.34 Por medio de la reflexión sobre las acciones, basándose en el estudio y la consulta adicionales, los planes pueden revisarse y pueden usarse estrategias más constructivas para la acción.

Incluso después de estudio cuidadoso, buena consulta y acción unida, pueden persistir diferencias en el parecer subjetivo de las personas. Dada la inmensa naturaleza de la realidad, ¿cómo podría ser de otra manera, ya que los seres humanos siempre se quedarán cortos en su comprensión fundamental de la verdad? En vez de tomar partido y discutir las cosas, los amigos deben aprender a acomodar la incertidumbre y complacerse cuando otros se expresen en una diversidad de opiniones y acciones. “Vivir con ambigüedades,” explica la Casa Universal de Justicia, es “una característica natural e inevitable del proceso de sondear la realidad”.35 Se alienta a los creyentes a “aprender a escuchar los puntos de vista de los demás sin dejarse impresionar demasiado ni permitir que se tambalee su fe y que expresen sus propios puntos de vista sin insistir mucho en estos frente a sus correligionarios bahá’ís”36. Cuando una creencia o una acción está errada, se presume que ésta, cederá frente a un aprendizaje continuo; no hará daño a menos que tal perspectiva sea promovida de una manera que contradiga las interpretaciones autorizadas o socave la autoridad legítima de las instituciones. En forma similar, menospreciar las opiniones de otros creyentes por medio de categorizaciones de enjuiciamiento, asignando a las personas a bandos en la Fe que no existen, puede causar daño irreparable.

Él le pide a usted que haga un gran esfuerzo por lograr que . . . los bahá’ís abandonen términos molestos tales como “radical”, “conservador”, “progresista”, “enemigo de la Causa”, “apabullador de las enseñanzas”, etc. Si se detuvieran a pensar por un momento por qué razón sacrificaron su vida el Báb y los Mártires, y por qué motivo Bahá’u’lláh y el Maestro aceptaron tanto sufrimiento, nunca dejarían que semejantes definiciones ni acusaciones pasaran por sus labios al hablar los unos de los otros.37

El área gris de la ambigüedad es la frontera del aprendizaje, es el campo de la averiguación donde germina y crece una comprensión de la realidad más precisa y más perspicaz. Ambos sistemas de conocimiento, la ciencia y la religión, derraman luz sobre esa área gris; debe preservarse para la investigación independiente protegiéndola de las distorsiones de la verdad impuestas por puntos de vistas personales obstinados. La Alianza preserva las apropiadas relaciones de amor y unidad entre los creyentes y preserva la integridad de las enseñanzas aún cuando existan pronunciadas diferencias de opinión. El Guardián explica que “es prematuro y presumido de nuestra parte” creer que podemos valorar adecuadamente la plena trascendencia del Nuevo Orden de Bahá’u’lláh. A medida que trabajamos colectivamente para establecerlo en todos los rincones del globo terráqueo, “debemos confiar en el tiempo y en la guía de la Casa Universal de Justicia bajo Dios, para obtener una comprensión más clara y más completa de sus provisiones e implicaciones”.38

La unidad del pensamiento no disminuye, sino que más bien amplía el campo de acción dentro de la comunidad. salvaguarda la iniciativa individual y aclara la posibilidad para una diversidad de acciones. Al comprender la naturaleza de la Causa y la amplia gama de esfuerzo necesario para su progreso, todos pueden participar en forma constructiva en el estudio, en la consulta, en la acción y la reflexión simultáneos, lo cual constituye la práctica esencial de nuestra fe al trabajar por el propósito de Dios para la humanidad. Al seguir los medios que ofrecen las enseñanzas para armonizar los pensamientos y las acciones, las comunidades bahá’ís madurarán y tendrán un notable impacto en la sociedad que las rodea.

18
Una Comunidad de Devoción y Servicio

El modelo de vida comunitaria bahá’í incluye los elementos “distintos, pero inseparables”1 de devoción y servicio. “El éxito y la prosperidad dependen del servicio y la adoración a Dios”2 observa ‘Abdu’l-Bahá, en tanto que Shoghi Effendi dice que el propósito mismo de la comunidad bahá’í “se rige por los dos principios gemelos orientadores de adoración a Dios y servicio a los semejantes”.3

La adoración a Dios es la esencia de la religión. “Por la mañana temprano, entrégate al recuerdo de la Belleza de Aquél que es el Irrestringido, y busca comunión con Él a la hora del alba”, nos pide Bahá’u’lláh, porque “el recuerdo de Mí es un remedio curativo para las almas y una luz para los corazones de los hombres”.4 ‘Abdu’l-Bahá explica que el estado de la oración es el mejor de los estados, porque la oración confiere vida.5 “El recuerdo de Dios es como la lluvia y el rocío,” añade, “que otorga frescor y gracia y a las flores y a los jacintos, los revive y hace que adquieran aroma, fragancia y renovado encanto”.6 Y Shoghi Effendi dice:

. . . El núcleo de la fe religiosa es ese sentimiento místico que une al hombre con Dios. Esta condición de comunión espiritual puede darse y preservarse mediante la meditación y la oración. Y ésta es la razón por la cual Bahá’u’lláh ha hecho tanto hincapié en la importancia de la adoración…

Pues la oración es absolutamente indispensable para su [los creyentes] desarrollo espiritual interior, y esto, como ya se ha dicho, es la base misma y el propósito de la Religión de Dios.7

El acto devocional personal, por lo tanto, es esencial, pero solo, es insuficiente. Todo cuanto hay en la creación adora as Dios, y la comunidad como una entidad en sí ciertamente debe hacerlo también. “Les incumbe a los amigos, no importa en que país estén, congregarse en reuniones,” manifiesta Bahá’u’lláh, “y en éstas hablar sabia y elocuentemente y leer los versículos de Dios; pues son las palabras de Dios las que encienden el fuego del amor y hacen que arda”.8 ‘Abdu’l-Bahá explica que la sabiduría de levantar sitios de adoración es para que la gente se reúna a determinada hora y se dedique a la oración, para que aumente en sus corazones la unidad y el afecto.9

En la actual etapa de nuestra evolución, la Fiesta de los Diecinueve Días es el foco principal de la adoración comunitaria bahá’í. “Aquí,” manifiesta ‘Abdu’l-Bahá, “se entonan los sagrados versículos, las odas y loas celestiales y el corazón se vivifica y se entusiasma”.10 Sin embargo, en la práctica, la mayoría de las comunidades luchan por hacer de la Fiesta una reunión que logre tan elevado objetivo. La Casa Universal de Justicia ha alentando a los amigos a que comprendan el concepto de la Fiesta y a que busquen distintos medios para mejorar su eficacia.11

Pero la Fiesta de Los Diecinueve Días no es la única expresión colectiva de adoración bahá’í. Como se trata de una reunión para bahá’ís únicamente, las comunidades que no busquen otras oportunidades para reuniones devocionales, se quedan sin una salida para invitar a amigos y simpatizantes para que participen de la adoración bahá’í. Los Días Sagrados representan tal oportunidad. Además, la Casa Universal de Justicia explica que “es esencial para la vida espiritual de la comunidad que los amigos celebren reuniones devocionales regulares en los centros locales bahá’ís, donde los haya, o en otros sitios, incluyendo los hogares de los creyentes”.12 ‘Abdu’l-Bahá sugiere que invitemos a reuniones espirituales, incluso una vez por semana,13 en las cuales se reciten los versos divinos y se incorpore música a fin de elevar y atraer a los corazones.14 Estas reuniones, que atraen a creyentes y a otros, son poderosas herramientas para la enseñanza; atraen el poder del Espíritu Santo y pueden repercutir sobre toda una ciudad.15

Incumbe a los amigos realizar una convocatoria, una reunión en la cual glorifiquen a Dios y fijen en Él sus corazones y lean y reciten los escritos sagrados de la Bendita Belleza— que mi alma se ofrezca en rescate por Sus amantes! Las luces del Reino Todo glorioso, los rayos del Horizonte Supremo se verterán sobre esas brillantes asambleas… Estas reuniones espirituales deben realizarse con la mayor pureza y consagración para que de ese lugar mismo y de su tierra y del aire que lo rodea se puedan inhalar los fragantes alientos del Espíritu Santo.16

La adoración a Dios adquiere formas diferentes en las diferentes culturas. Shoghi Effendi pide a los creyentes que eviten estilos fijos y rituales en la práctica devocional. Esto es vital en aquellas comunidades que deben evolucionar para poder integrar a las minorías. El estar abierto a las reuniones espirituales de diversa índole, adecuadas a los gustos culturales de las diferentes poblaciones, contribuye a un ambiente en el cual todas las gentes pueden sentir el verdadero espíritu de la Fe. Sin embargo, esto no debe llevar a experimentos exóticos para satisfacer los caprichos de cada uno de los miembros de la comunidad.

La dignidad y la reverencia propias de la ocasión, evidentemente deben caracterizar la conmemoración de los Días Sagrados Bahá’ís por parte de los amigos, pero ello no quiere decir que las tradiciones culturales que no contravengan los principios bahá’ís no puedan o no deban encontrar expresión en las conmemoraciones y reuniones locales de los amigos.17

En la comunidad bahá’í, la devoción debe poder expresarse en acción. Bahá’u’lláh ha exaltado el trabajo hecho en espíritu de servicio a nivel de la adoración18 y ‘Abdu’l-Bahá considera el servicio a la humanidad idéntico con el servicio a Dios.19 Tal trabajo nos acerca a Dios y nos permite comprender mejor Su designio para nosotros en este mundo.20 Señala la Casa Universal de Justicia que: “En el hecho de que Él, elevare el arte y el trabajo realizado en servicio a la humanidad al nivel de adoración, pueden discernirse enormes expectativas de un nuevo nacimiento de expresión en la esperada civilización de Su Orden Mundial”.21

El servicio a la humanidad, ya sea por medio de actos humanitarias o proyectos de desarrollo socioeconómicos, es un elemento sagrado y obligatorio22 en el modelo de vida de toda comunidad bahá’í. ‘Abdu’l-Bahá explica que en las dispensaciones del pasado, exceptuando los actos de caridad, la preocupación por el bien común en general quedó limitada a la misma comunidad religiosa. En la dispensación de Bahá’u’lláh, sin embargo, los esfuerzos por mejorar las condiciones materiales y sociales se hacen para el provecho de toda la humanidad.23 En la comunidad bahá’í, el énfasis no está en hacer actos de caridad, que muchas veces debilitan a quien los recibe, sino en cultivar la capacidad en los individuos y sus instituciones para que sean partícipes de su propio desarrollo. Al promover el bienestar común, la comunidad bahá’í, según el Guardián, debe atraer la atención favorable de todos y superar a los demás.24 El objetivo es construir una civilización material y espiritual.

Desde los comienzos de su estupenda misión, Bahá’u’lláh llamó la atención de las naciones a la necesidad de ordenar los asuntos humanos de cierta forma para crear un mundo unido en todos los aspectos esenciales de su vida. En innumerables versículos y tablas declaró repetidamente y de distintas maneras que el “progreso del mundo” y el “desarrollo de las naciones” son parte integral de las ordenanzas de Dios para este día. La unidad de la humanidad, que es al mismo tiempo, el principio generador y la meta final de Su Revelación, entraña el logro de una coherencia dinámica entre los requerimientos espirituales y prácticos de la vida aquí en la tierra.25

En una comunidad bahá’í los esfuerzos en las actividades de desarrollo pueden comenzar con la respuesta de los creyentes a los desafíos de la comunidad misma, pero pronto éstas se multiplican y su beneficiosa influencia llegará a toda la ciudad o pueblo. El enfoque es siempre en alguna dimensión de los desafíos sociales o materiales que enfrenta la población de la cual la comunidad bahá’í forma parte y en la aplicación de las enseñanzas de Bahá’u’lláh para resolver los males de la humanidad. Los recursos para estos esfuerzos no son los fondos únicamente, sino también la comprensión de las enseñanzas, la participación de individuos e instituciones dedicados, la acción unida de parte de la comunidad y una visión de un mundo mejor. A medida que la comunidad mundial bahá’í crezca en número, su capacidad de resolver los problemas humanos y de influir en la sociedad aumentarán correspondientemente, y finalmente llegarán al punto en que será posible iniciar “grandes proyectos humanitarios” bajo los auspicios de la Casa Universal de Justicia.26

En la comunidad bahá’í, la devoción y el servicio están más ejemplarmente unidos en la institución del Mashriqu’l-Adhkár, el Punto del Amanecer de la Mención de Dios, la cual les proporciona una expresión concreta.

. . . segura y ulteriormente la salvación de un mundo afligido depende de estar conscientes de la eficacia de la Revelación de Bahá’u’lláh, sostenida por un lado por la comunión divina con Su Espíritu, y por la aplicación inteligente y fiel ejecución de los principios y leyes por Él reveladas y de todas las instituciones asociadas con Su Sagrado Nombre, seguramente ninguna salvo la institución del Mashriqu’l-Adhkár puede suministrar adecuadamente los elementos esenciales para la adoración y servicio bahá’ís, tan vitales ambos para la regeneración del mundo27

En cada comunidad futura, el Mashriqu’l-Adhkár y sus dependencias, actuando bajo la custodia de la Casa de Justicia local, será el punto focal de la adoración colectiva y “proveerá alivio al que sufre, sustento al pobre, refugio para el viajero, solaz para el afligido y educación para el ignorante”.28 Sin embargo, no tenemos que esperar que se construyan estas estructuras para incorporar plenamente la devoción y el servicio al modelo de la vida en comunidad. Pues, “este proceso comienza en forma embrionaria mucho antes de que una comunidad bahá’í esté en condiciones para levantar su propio Mashriqu’l-Adhkár”.29 Respecto de esto, es interesante notar que la Casa Universal de Justicia se inspiró en el modelo del Mashriqu’l-Adhkár en su decisión de incorporar esfuerzos en el campo del desarrollo socioeconómico a las actividades regulares de las comunidades bahá’ís.30 A medida que crezca la comunidad local, la Asamblea supervisará la compra de un centro y finalmente un Hazíratu’l-Quds, y organismos con distintos grados de autonomía emergerán para administrar las constantes actividades en el campo del desarrollo.

Las energías inherentes a la asociación de la devoción y el servicio, contribuyen al poder transformador de la comunidad. La participación universal de los creyentes en actos de devoción y servicio dota a la comunidad bahá’í “con de fortaleza tal que puede superar las fuerzas de desintegración espiritual que se están apoderando del mundo no bahá’í y la puede convertir en un océano de unidad que cubrirá la faz del planeta”.31

19
Una Comunidad de Confraternidad y Apoyo

El amor, según se define en los escritos bahá’ís, no es simplemente una emoción loable o una efímera inclinación del corazón humano, sino una fuerza de atracción de la cual depende la existencia misma de la creación1. ‘Abdu’l-Bahá manifiesta que el mayor don dado a la humanidad es el del amor universal. Afirma él que es un poder que confiere la vida eterna y la llena de dicha infinita. Cuando este amor penetra el corazón humano, todas las fuerzas del universo están allí comprendidas. El amor es un poder que enciende el espíritu de fe, que eleva al individuo a una estación divina. No hay progreso espiritual a menos que el alma esté iluminada por la luz del amor. “Esforzaos por aumentar el poder del amor de la realidad,” nos pide: “[haz] de vuestros corazones mayores centros de atracción y [cread] nuevos ideales y relaciones”.

Cread relaciones que nada pueda sacudir; formad una asamblea que nada pueda deshacer; tened una mente que nunca cese de adquirir riquezas que nada pueda destruir. Si no existiera el amor, ¿qué quedaría de la realidad? Es el fuego del amor de Dios que hace que el hombre sea superior al animal. Fortaleced esta fuerza superior por medio de la cual todo el progreso del mundo se adquiere.2

La comunidad bahá’í es un entorno en el que se cultiva y se expresa el amor de modo tal que los individuos reciben y contribuyen a la confraternidad, la unidad, el cuidado y apoyo. Estas no son las características de una condición pasiva — la mera ausencia de discordia e interés personal — más bien, son el resultado de una dinámica similar a la del organismo humano en que las células, los órganos y los sistemas contribuyen a un todo, el cual es mayor que la suma de sus partes. El establecimiento de una comunidad de confraternidad y apoyo requiere de un esfuerzo consciente, sistemático y sacrificado para que los creyentes puedan llegar a ser como un alma en muchos cuerpos.

Este día es el día de la unión, el día de la reunión de toda la humanidad. “Verdaderamente Dios ama a los que, como si fueran un sólido muro, combaten por su Causa en apretadas filas”. Observad que Él dice “en apretadas filas,” lo cual significa apiñados y estrechados, entrelazados unos con otros, cada cual sosteniendo a sus compañeros…

Cuando las almas santas, inspiradas con los poderes del cielo, se levanten con esas cualidades del espíritu, y marchen al unísono, fila tras fila, cada una de esas almas será igual a un millar, y las agitadas olas de ese poderoso océano serán como los batallones del Concurso de lo Alto. Qué bendición será — cuando todos, siendo que antes eran separados torrentes, ríos y cañadas, fluyentes arroyos y gotas individuales, sean reunidos en un único lugar y formen un gran mar imponente.3

Veamos, por ejemplo, una comunidad de cien creyentes. Cada uno tiene problemas personales — la presión de ganarse la vida y mantener a una familia, las dificultades en guiar y proteger a los niños, los desafíos de mantener interacciones cálidas y recíprocas y una cantidad de otros asuntos. Pudiera dar la impresión de que los individuos y las familias que luchan por satisfacer sus propias necesidades en un orden que se desintegra, no tengan tiempo para levantar a una comunidad. Sin embargo, es precisamente en el contexto de la comunidad donde encontrarán la manera de resolver sus problemas. Si cada uno contribuye aunque sea un sólo acto de servicio al bien común, cada persona sería la receptora de noventa y nueve actos de servicio. Cuando cada miembro de la comunidad procura atender al bienestar de los demás, los poderes de la comunidad se multiplican y todos reciben bendiciones y ayuda en una medida que el atender a los propios problemas nunca podría igualar. La Casa Universal de Justicia señala

... el deseo muchas veces expresado por el Maestro de que los amigos se amen los unos a los otros, se animen constantemente, trabajen juntos, sean como una sola alma en un solo cuerpo y, al hacerlo, lleguen a ser un verdadero cuerpo orgánico y saludable, animado e iluminado por el espíritu. En tal cuerpo, todos recibirán salud y vitalidad espirituales del organismo mismo, y aparecerán flores y frutos de perfección inigualada.4

El amor que existe en la comunidad bahá’í nace del amor a Dios. “Cada uno ve en los otros la Belleza de Dios reflejada en el alma,” explica ‘Abdu’l-Bahá, “y al encontrar este punto de similitud se sienten atraídos uno al otro, en amor”.5 Desde este punto de atracción, los creyentes construyen una fortaleza inexpugnable de unidad, en la cual cada uno está dispuesto a servir a todos los otros miembros. “No te contentes hasta que cada persona con quien tienes trato sea para ti como un miembro de tu familia”, pide ‘Abdu’l-Bahá. “Considera a cada cual ya sea como un padre, o como un hermano, o como una hermana, o como una madre, o como un hijo. Si logras hacer esto, desaparecerán tus dificultades y sabrás qué hacer”.6 También explica:

Vuestro mayor deseo debe ser el de conferir felicidad unos a otros. Cada uno debe ser el siervo de los demás, preocupándose por su comodidad y bienestar. En el sendero de Dios uno debe olvidarse totalmente de sí mismo. No debe considerar su propio placer sino buscar el placer de los demás. No debe desear la gloria ni los dones de bondad para sí mismo, sino buscar estos dones y bendiciones para sus hermanos y hermanas. Es mi esperanza que os volváis así, para que podáis lograr el don supremo y seáis imbuidos con tales cualidades espirituales que os olvidéis de vosotros mismos totalmente, y con alma y corazón os ofrezcáis como sacrificio a la Bendita Perfección.7

Un aspecto de la vida comunitaria bahá’í consiste en actividades y relaciones interpersonales que contribuyen a la edificación de sus integrantes. Entre los arreglos que hace la comunidad para dichas interacciones se incluyen reuniones para la meditación y la oración, profundización, clases para niños, cursos de capacitación, actividades sociales, la Fiesta de Los Diecinueve Días y la escuela de verano bahá’í.

Así como un cuerpo sano sustenta sus propias células y órganos, una comunidad de confraternidad y apoyo habilita a sus elementos constituyentes — hombres, mujeres, jóvenes y niños — para que alcancen su potencial para contribuir al propósito divino. Como “todo niño es potencialmente la luz del mundo,”8 se los educa para que trabajen y se esfuercen, se acostumbren a las privaciones y dediquen la vida a cosas de gran importancia.9 Así, los niños son preparados para desempeñar su futuro papel en la realización del propósito de Dios para la humanidad. Los jóvenes, explica ‘Abdu’l-Bahá, son “aprendices de Dios”.10 Se les debe animar en su estudio profundo de los escritos para que enseñen la Causa con eficacia, se preparen para servicios futuros y aprendan a aplicar las enseñanzas a los problemas de la sociedad. Los jóvenes pueden ser la “punta de lanza de cualquier empresa y la fuerza motriz de cualquier empeño”11 y “pueden contribuir significativamente a moldear las sociedades del siglo por venir”.12 Como la igualdad del hombre y la mujer todavía no se ha realizado universalmente, debemos llevar este principio concienzudamente a la práctica. Por lo tanto, agrega la Casa Universal de Justicia, “a las mujeres y las niñas bahá’ís se les debe animar para que tomen parte en las actividades sociales, espirituales y administrativas de sus comunidades”.13 En la comunidad bahá’í, el matrimonio es considerado como la base misma del orden social.14 Según la Casa de Justicia, “tan pronto se establezca una unidad familiar bahá’í, los miembros deben sentirse responsables por hacer de la vida colectiva de la familia una realidad espiritual, animada por el amor divino e inspirada por los principios ennoblecedores de la Fe. . . . De esta forma los amigos pueden hacer de sus familias unidades fuertes y saludables, brillantes velas difusoras de la luz del Reino y poderosos centros de atracción de las confirmaciones divinas”.15

Un desafío especial para cualquier comunidad bahá’í es esforzarse por extenderse más allá de la gente mayoritaria de su jurisdicción y establecer una unidad en diversidad que abarque a toda la población. La humanidad entera tiene un papel que cumplir en el establecimiento de una nueva cultura que sea definitivamente bahá’í. La Palabra de Dios está dotada del poder de atraer a la Causa individuos de todas las razas y nacionalidades, pero se alejarán de la comunidad si ven en ese sistema de su vida un medio de indiferencia y distanciamiento. Shoghi Effendi dice que “toda comunidad organizada enrolada bajo la bandera de Bahá’u’lláh, debe tener como su obligación principal e ineludible la de nutrir, alentar y proteger a toda minoría que la integre, cualquiera que sea la religión, raza, clase o nacionalidad de ésta”16

La confraternidad y el apoyo mutuo característicos de la vida de la comunidad satisfacen las necesidades no sólo de los creyentes sino de población entera. La comunidad bahá’í no ve extraños; abraza y une a todos. En esta comunidad, todos deben encontrar su hogar y en los creyentes, su verdadera familia. “Cuando os encontréis con un extraño”, dice ‘Abdu’l-Bahá “habladle como a un amigo; si se ve que está solo, tratad de ayúdale, servidle complacido; si está triste, consoladle; si es pobre, ayudadle, si está oprimido, rescatadle; si está afligido, alentadle. Si así hacéis, manifestaréis que no únicamente con palabras, sino que cierta y realmente, consideráis a todos los hombres como vuestros hermanos”.17

El espíritu de confraternidad y apoyo mutuo que toda comunidad bahá’í se esfuerza por manifestar fue captado en una descripción de Nabil de los primeros creyentes cuando estaban en compañía de Bahá’u’lláh en Bagdad:

Tan embriagados estaban quienes habían bebido del cáliz de la presencia de Bahá’u’lláh. . . que a sus ojos, los palacios de los reyes parecían más efímeros que la tela de una araña [...] Las celebraciones y festejos que acostumbraban celebrar eran tales como no hubieran podido siquiera soñar los reyes de la tierra....

Muchas noches. . . no menos de diez personas subsistían con poco más que un puñado de dátiles. Nadie sabía de hecho a quien pertenecían los zapatos, capas o vestidos que se hallaban en sus casas. Cualquiera que fuese al bazar podría reclamar los zapatos que calzaba eran los suyos, y quienquiera entraba a presencia de Bahá'u'lláh podía afirmar que la capa o vestido que entonces llevaba le pertenecían. Sus propios nombres habían sido olvidados, sus corazones estaban vacíos de todo menos de la adoración de su Bien Amado [… ]¡Ah, cuánta la dicha de aquellos días, y cuánta la felicidad y maravilla de aquellas horas!”18

Cuando existe un espíritu tal dentro de la comunidad bahá’í, ésta se convierte en un imán que atrae a la humanidad. Shoghi Effendi añoraba ver el espíritu de unidad y amor entre los creyentes animando su vida en la comunidad, porque “a menos y hasta que los creyentes realmente se den cuenta de que son una sola familia espiritual, unida por lazos más perdurables que los meros lazos físicos, no podrán crear ese cálido ambiente de comunidad que es lo único que puede atraer a los corazones de la humanidad, helados por la falta de verdadero amor y compasión”.19 Era su esperanza que “el pequeño núcleo de la Mancomunidad bahá’í del futuro” llegue a ejemplificar a tal grado el espíritu de amor y confraternidad universales como para evocar en la mente de sus congéneres la “visión de esa futura Ciudad de Dios que tan solo el brazo todopoderoso de Bahá’u’lláh puede establecer”.20

20
Una Comunidad de Excelencia y Distinción

Los escritos bahá’ís piden a los creyentes a que se distingan entre todos los pueblos del mundo.

Dondequiera que exista una comunidad bahá’í, ya sea grande o pequeña, que se distinga por su perdurable sentido de seguridad y fe, su alta norma de rectitud, su total libertad de toda forma de prejuicio, por el espíritu de amor entre sus miembros y por su muy unida vida social. La clara distinción entre esto y la sociedad de hoy, inevitablemente despertará el interés de los más lúcidos y a medida que crezcan las tinieblas en el mundo, más y más intensamente resplandecerá la luz de la vida bahá’í hasta que su brillo eventualmente habrá de atraer a las masas desilusionadas y será la causa de que entren al refugio de la Alianza de Bahá’u’lláh, el Único que puede traerles paz y justicia y una vida ordenada.1

“En estos mismos días” explica ‘Abdu’l-Bahá, “el Paraíso de Abhá debe levantar sus tiendas en las planicies del mundo”.2 La humanidad, observa Shoghi Effendi, está desesperada por presenciar el amor que se engendra en los corazones de los creyentes, y por participar de la atmósfera de tolerancia, comprensión, paciencia y amabilidad activa que deben ser el sello identificador de una comunidad bahá’í.3 Los creyentes deben distinguirse demostrando cualidades espirituales y sirviendo a la humanidad. En las palabras del Guardián a una comunidad nacional, se trata de una “cruzada doble,” cuyo objetivo es “regenerar la vida interna” de los creyentes y “contrarrestar los males crónicos que se han atrincherado” en la sociedad.4 ‘Abdu’l-Bahá manifiesta:

Deseo distinción para vosotros. Los bahá’ís deben distinguirse del resto de la humanidad. Mas esta distinción no debe depender de la riqueza — que sean más opulentos que los demás. Para vosotros no deseo una distinción financiera. No es una distinción común la que deseo, ni científica, comercial o industrial. Para vosotros deseo una distinción espiritual — es decir, debéis llegar a ser eminentes y distinguidos en lo moral. En el amor a Dios debéis distinguiros de todo lo demás. Debéis distinguiros por amar a la humanidad, por la unidad y armonía, por el amor y la justicia. En suma, debéis distinguiros en todas las virtudes del mundo humano -- por fidelidad y firmeza, por acciones filantrópicas y servicio al mundo humano, por amor hacia todo ser humano, por la unidad y la armonía con toda la gente, por eliminar los prejuicios y promover la paz internacional. Finalmente, debéis distinguiros por la iluminación celestial y por adquirir las dádivas de Dios. Para vosotros deseo esta distinción”.5

De ninguna manera este llamado a la distinción representa una exhortación a que los creyentes muestren superioridad sobre los demás o que se jacten ante los miembros de otras comunidades religiosas. Las enseñanzas bahá’ís no son exclusivas o sectarias; rechazan cualquier noción de “nosotros” en contraposición a “ellos”. Se exhorta a los bahá’ís a que se asocien con todos los pueblos y, por su rectitud de conducta y servicio desinteresado, ganen su respeto y estima. “Mostrad tal empeño” nos pide ‘Abdu’l-Bahá, “para que todas las naciones y comunidades del mundo, incluso los enemigos, depositen en vosotros su confianza, certeza y esperanzas”.6 El llamado a la excelencia y la distinción debe considerarse no menos que una obligación para la comunidad bahá’í para que se transforme y llegue a ser el medio para tener resonancia entre los demás. “Este es el imán que atraerá a las masas a la Causa de Dios,” explica la Casa Universal de Justicia, “y la levadura que transformará a la sociedad humana”.7

La lucha de la comunidad bahá’í por adquirir distinción se lleva a cabo dentro del contexto de la desintegración de un orden social caduco. No es simplemente que los bahá’ís deban pasar al frente del orden existente, sino que deben trabajar junto con las fuerzas de la integración para contribuir a la creación de un orden nuevo. En el mundo de hoy, aunque en muchos círculos se proclame ampliamente el deseo de una transformación, no hay realmente un acuerdo sobre la naturaleza de los cambios que se deban llevar a cabo. Algunos creen que con el agregado de algunos ajustes estructurales y la infusión de cualidades espirituales en el individuo, funcionarán perfectamente bien los sistemas económicos, políticos y sociales existentes. Los bahá’ís no estamos de acuerdo con esta postura. La única alternativa para un cambio verdadero es que las reglas, las leyes, los hábitos, los sistemas y las instituciones del viejo orden desaparezcan y uno nuevo sea establecido en su lugar.8 Consideremos los grandes y extraordinarios cambios que hicieron que Europa saliera de la Edad Media y pasara a la modernidad. Sin duda, la Revelación de Bahá’u’lláh evocará cambios no menos dramáticos y trascendentales ya que está destinada a anunciar la etapa de la madurez de los asuntos humanos. Como reclama Bahá’u’lláh: “¿. . .no es el objeto de toda Revelación efectuar una transformación del carácter total de la humanidad, transformación que ha de manifestarse tanto exterior como interiormente, es decir, afectando su vida interior y sus condiciones externas?”9

Es en las comunidades bahá’ís locales donde se ve más claramente el poder de Bahá’u’lláh de reorganizar los asuntos humanos sobre una base de unidad espiritual.10 La Casa Universal de Justicia explica que “Las almas deben transformarse, y de esta manera se consolidarán las comunidades y se alcanzarán nuevos modelos de vida”.11 El modelo de la vida comunitaria bahá’í, necesariamente debe cambiar al mismo tiempo a los creyentes y al mundo.

Para realizar el grado necesario de transformación interna, cada comunidad de creyentes sopesa sus propias creencias culturales en la balanza de la Revelación — eliminando aquellos aspectos que contradigan la norma y puliendo las características que a ella se conformen. Al hacerlo, participa en la construcción de una civilización mundial. “Abandonad las cosas corrientes entre vosotros,” pide Bahá’u’lláh, “y adoptad aquello que el fiel Consejero os ha ordenado”.12 Shoghi Effendi hizo un llamado tal a la comunidad bahá’í de América del Norte exhortando a sus miembros que “[eliminen] por todos los medios que les sean posibles, esas imperfecciones, hábitos y tendencias que hayan heredado de su propia nación y que cultiven paciente y devotamente esas cualidades y características distintivas tan indispensables para su participación eficaz en la gran labor redentora de su Fe”.13 En un tono similar la Casa Universal de Justicia escribió a los amigos de África:

Como los cambios son inevitables para que cualquier sociedad africana pueda cumplir su deseo de progresar, uno de los principales desafíos para los bahá’ís es que conserven y mejoren aquellos aspectos edificantes de las costumbres tribales y familiares que concuerden con las enseñanzas bahá’ís y prescindan de las que no lo hacen. Tal desafío debe enfrentarse con el entendimiento de que el Libro de Dios es la norma en la cual se pesan todo tipo de comportamiento. Si bien es cierto que se necesita acción resuelta, obviamente deben ejercerse sabiduría, tacto y paciencia. Debe entenderse también, que los africanos no están solos en la lucha por cambiar ciertas prácticas antiguas. La gente en todas partes tiene costumbres que deben abandonarse para poder despejar el camino sobre el cual esas sociedades deban evolucionar rumbo a esa nueva gloriosa civilización que será el fruto de la estupenda Revelación de Bahá’u’lláh. Por cierto, en ninguna sociedad del mundo pueden encontrarse prácticas que reflejen adecuadamente las normas de Su Causa.14

A la vanguardia de los esfuerzos de la comunidad bahá’í por distinguirse por su carácter y acciones, está la juventud bahá’í. En cada generación, la juventud representa el futuro de la Causa. El Guardián indicó que son ellos son “los que pueden contribuir tan decisivamente a la virilidad, la pureza y la fuerza motriz de la vida de la comunidad bahá’í, y de quienes debe depender la futura orientación de su destino y el pleno despliegue de las potencialidades con que Dios la ha dotado”.15 A los jóvenes justificadamente no les impresiona una visión que traduce el potente y revolucionario Mensaje bahá’í a una trillada fórmula de vida: Sé bueno, no te metas en problemas, obtén una buena educación y consigue un trabajo bien remunerado. Por supuesto, es la responsabilidad de la comunidad bahá’í asegurarse de que los jóvenes reciban una buena educación y que se preparen para ejercer puestos de responsabilidad en la sociedad, pero ello se logra en un contexto de liberarlos, inspirarlos y facultarlos para que lleguen a ser santos, héroes, maestros y mártires de una nueva “raza de hombres”.16 “La juventud”, declara enfáticamente la Casa Universal de Justicia, “puede mover al mundo”.17 La norma de excelencia y distinción a la que es llamada la comunidad bahá’í, nunca se podrá lograr con ejercicios teóricos o inquietudes por los defectos personales o colectivos en programas esencialmente pasivos e introspectivos. Debe lograrse por medio de acción en el mundo — con los concomitantes requerimientos de dolor, sacrificio y perseverancia — así como reflexión sobre dicha acción a la luz de los escritos, a medida que la comunidad revise y analice sus esfuerzos.. A medida que la comunidad alcance mayores normas de excelencia y distinción, se convierte en una entidad atractiva, y pone en movimiento fuerzas que fomentan la construcción de una nueva civilización. Despliega ante el mundo una comunidad unida en su misión, confiada en sus métodos y firme en la certeza de sus enseñanzas.

…Los ojos de los pueblos del mundo comienzan a fijarse en nosotros y, a medida que la condición de la humanidad vaya de mal en peor, los no bahá’ís nos escudriñarán más intensamente a fin de comprobar si respaldamos tesoneramente nuestras propias instituciones; si somos o no el pueblo de una nueva creación; si vivimos nuestras creencias, principios y leyes mediante lo hechos así como con palabras. No podemos ser demasiado esmerados. No podemos ser demasiado ejemplares.18

El marcado contraste entre el vigor, la unidad y la disciplina de la comunidad bahá’í y la creciente confusión, desesperación y la febril marcha de la sociedad, atraerá a la humanidad hacia el santuario de la Fe redentora de Bahá’u’lláh.19

21
Una Comunidad de Conquistadores

Bahá’u’lláh no proclamó Su Causa simplemente para que unos cuantos millones de personas se sintieran atraídos y aceptaran Sus enseñanzas religiosas. No sufrió cuarenta años de prisión y exilio para que una nueva iglesia pudiera acomodarse entre una multitud de sectas y denominaciones rivales. Bahá’u’lláh vino nada menos que para la conquista y transformación espirituales del planeta entero. Su objetivo es la realización en la práctica de la unidad de la humanidad.

El principio de Unidad de la Humanidad — el pivote sobre el que giran todas las enseñanzas de Bahá’u’lláh — no es un mero estallido de sentimentalismo ignorante o una expresión de vaga y piadosa esperanza. Su llamado no debe ser identificado simplemente con un renacimiento del espíritu de hermandad y de buena voluntad entre los hombres, tampoco tiene el limitado propósito de fomentar la cooperación armoniosa entre los individuos y las naciones. Su significación es más profunda, sus aspiraciones son mayores que las de los Profetas del pasado y aquello que fueron autorizados a promover. Su mensaje es aplicable no sólo al individuo sino que atañe principalmente a la naturaleza de aquellas relaciones esenciales que han de ligar a todos los Estados y naciones como a miembros de una sola familia humana. . . . Implica un cambio orgánico en la estructura de la sociedad actual, un cambio que todavía no ha experimentado. . . Representa la consumación de la evolución humana… . .

El principio de Unidad de la Humanidad, tal como lo proclamara Bahá’u’lláh, lleva consigo ni más ni menos que una solemne afirmación de que el logro de esa etapa final de esta estupenda evolución no solamente es necesario sino inevitable, que su concreción se aproxima rápidamente y que nada que no sea el poder nacido de Dios podrá establecerlo.1

Es en este contexto que los bahá’ís reciben su misión de conquista espiritual. La Casa Universal de Justicia se ha referido a la “lamentable condición de la masa de la humanidad, sufrida y agitada, hambrienta de equidad”2 y los “abrumadores apuros y el espectro de la desesperación” que pesan sobre los pueblos del mundo en esta hora de la historia.3 En respuesta, “la comunidad debe imbuirse de un sentido de misión y la Asamblea adquirir mayor conciencia de su papel como canal de la gracia de Dios, no solamente para los bahá’ís sino para todos en cualquier aldea, pueblo o ciudad que sirva”.4 Además, “debe revivirse entre los creyentes un sentido de misión, un sentimiento de facultación para atender a la urgente necesidad de la humanidad de una guía acertada y de esta manera ganar victorias para la Fe en su propia esfera vital”.5 Bahá’u’lláh ha especificado que no tiene deseo alguno por las cosas de este mundo, pero que ha reclamado para sí las ciudades de los corazones humanos. Los creyentes han de conquistar esos corazones por medio de sus palabras y su buen carácter. “¡Oh Pueblo de Bahá!, exhorta Él , “Subyugad las ciudadelas de los corazones de los hombres con las espadas de la sabiduría y la prolación.6 ‘Abdu’l-Bahá compara a los creyentes con un ejército divino bajo el mando del Señor de las Huestes.7 El “Comandante siempre victorioso” de los “valientes combatientes de la tierra” es ‘Abdu’l-Bahá Mismo.8 El plan de conquista es el Plan Divino. La “conquista” es, en realidad, la liberación de la raza humana. Sus métodos rechazan la fuerza y la coacción y optan por el servicio, la sabiduría y el amor.

Combatir, tal como se dice en el sagrado versículo, no significa, en ésta la más grande de todas las dispensaciones, salir con lanza y espada, con alabarda y afilada saeta; sino, más bien, armado con intención pura, con motivos justos, con consejos provechosos y eficaces, con atributos piadosos, con obras gratas al Todopoderoso, con las cualidades del cielo. Ello significa educación para toda la humanidad, guía para todos los hombres, la difusión por doquier de los perfumados aromas del espíritu, la promulgación de las pruebas de Dios, la exposición de argumentos concluyentes y divinos, la realización de obras caritativas.9

Los escritos bahá’ís contemplan que la humanidad finalmente adoptará las enseñanzas de Bahá’u’lláh. Esto se logrará cuando se permita a cada individuo investigar libremente la verdad. Enseñar es actuar como si se ofreciera un obsequio a un rey; si un individuo no muestra receptividad, el maestro debe dejarlo solo. Se prescribe a los bahá’ís evitar la contienda — ceder antes que imponer:

¡Oh amados de Dios! En ésta, la Dispensación Bahá’í, la Causa de Dios es espíritu puro. Su Causa no pertenece al mundo material. No viene para la lucha ni para la guerra, ni para los actos de discordia o de oprobio; no es para disputas con otras religiones, ni para conflictos entre las naciones. Su único ejército es el amor de Dios; su única alegría es el transparente vino de su conocimiento; su única lucha, la exposición de la Verdad; su única cruzada es contra el yo insistente, las malas instigaciones del corazón humano. Su victoria es someterse y ceder y ser desprendido en su sempiterna gloria. En resumen, es espíritu sobre espíritu. . . .10

Aunque conscientes de su misión y confiados en la victoria final de la Fe, los bahá’ís deben tener cuidado de no transmitir un sentido de “triunfalismo” en sus interacciones con los miembros de otras comunidades. La batalla entre la luz y la oscuridad en que está sumergido mundo, desafía a toda la humanidad. Las fuerzas de la oscuridad surgen de esas características de la naturaleza animal y de los instintos materialistas que han regido a la humanidad durante incontables siglos y han asumido un aspecto único e insidioso en este día. Las fuerzas de la luz emanan de esas cualidades que todas las religiones y filosofías morales han tratado de cultivar y las cuales han sido revivificados por medio de la Revelación de Bahá’u’lláh. Sin embargo, “nada que no sea un poder proveniente de Dios” puede al final liberar a la humanidad. El Médico Divino ha recetado Su remedio y los bahá’ís conocen ese remedio.

Sólo cuando la Fe crezca y se desarrolle hasta tener un magnitud importante, podrá cumplir su misión vivificante. Al describir el crecimiento de la Causa, Shoghi Effendi prevé un “flujo constante” de “nuevos reclutas para el ejército del Señor de las Huestes que avanza lenta pero constantemente”. Esto, explica él...

Presagiará y apresurará el advenimiento del día en que, como profetizara ‘Abdu’l-Bahá, se presenciará la entrada en tropas de los pueblos de las diversas naciones y razas al mundo bahá’í — un día que, visto en su debida perspectiva, será el preludio de esa hora tan esperada cuando una conversión en masa de parte de estas mismas naciones y razas, y como resultado directo de una serie de acontecimientos, trascendentales y posiblemente de carácter catastrófico. . ., repentinamente revolucionarán las fortunas de la Fe, trastornará el equilibrio del mundo y acrecentará mil veces la fuerza numérica, así como el poder material y la autoridad espiritual de la Fe de Bahá’u’lláh.11

Un flujo constante de nuevos reclutas, la entrada en tropas y la conversión en masa, por lo tanto, son tres fases distintas de un solo arquetipo de crecimiento orgánico. Vistas las declaraciones de la Casa Universal de Justicia enviadas a aquellas comunidades nacionales que han tenido alguna medida de entrada en tropas, queda claro que la rápida aceleración de ingresos que la acompaña, implica mucho más que un aceleración del ritmo de la enseñanza individual.12 Además, la entrada en tropas, se nos asegura, “no es simplemente una etapa en el desenvolvimiento de la Causa destinado a ocurrir a su debido tiempo,” es más bien, “un fenómeno para el cual las comunidad bahá’ís, mediante sus propias actividades, pueden prepararse y ayudar a promover,” y el cual “una vez que comience, pueda sostenerse”.

Por medio de una sabia distribución de recursos y una enérgica prosecución de planes simultáneos de expansión, profundización y consolidación, el proceso de entrada en tropas deberá dar como resultado un rápido aumento de creyentes activos, de comunidades firmemente establecidas e instituciones locales y nacionales bahá’ís en constante evolución.13

La confianza; una visión unida; una planificación sistemática y realista, pero audaz; la aceptación del hecho de que se cometerán errores y la disposición de aprender de estos errores; y, por sobre todo, confianza en la guía y confirmaciones sostenedoras de Bahá’u’lláh, harán que este proceso prospere.14

El modelo orgánico de la vida comunitaria, que comprende devoción y servicio, confraternidad y aliento, excelencia, distinción y enseñanza, crea un entorno en el cual los pueblos del mundo están expuestos a la Fe, la abrazan y contribuyen a su propósito para la humanidad. “Hasta que el público no vea en la comunidad bahá’í un verdadero modelo en acción de algo mejor de lo que ya tiene, no responderá a la Fe en grandes números”.15

En una comunidad bahá’í con orientación para la conquista espiritual, los miembros están dedicados a agudizar su comprensión de la naturaleza de la enseñanza y a aprender a trabajar juntos de tal manera que se aceleren y sustenten los procesos de la expansión y la consolidación. Los individuos no son meros receptores de amor y atención, sino que se les ayuda a suprimir el yo y a dedicar sus energías al bienestar de todos. Tal comunidad, “la levadura que ha de levantar la masa,” es alerta, de visión clara y resuelta” y persigue su destino “sin dejarse desviar de su curso, de una serenidad constante, una resolución inconmovible, de convicciones férreas”.16 Se esfuerza por “crear mayor estabilidad en los modelos de su desarrollo,” por medio de “planificación acertada y sistemática y la ejecución de su trabajo”. Es “consecuente en sus actividades vitales”, es “serena y confiada” y resuena con “dinamismo espiritual”. Ejerce una “influencia irresistible” y establece “un nuevo rumbo de evolución social”.17 Como explica Shoghi Effendi:

En un mundo cuya estructura institucional, política y social está deteriorada, cuya visión está empañada, cuya conciencia está aturdida, cuyos sistemas religiosos se han puesto anémicos y han perdido sus virtudes, este Medio curativo, este Poder penetrante, esta Fuerza cohesiva, intensamente viva y compenetrante, viene formándose, se cristaliza en instituciones, moviliza sus fuerzas y se prepara para la conquista espiritual y la redención total de la humanidad.

Las potencialidades con que ha sido dotada la Fe y mediante las cuales habrá de regenerar al individuo y reconstruir a un mundo quebrantado, nos asegura el Guardián, son incalculables.18

Conclusión
22
El Aprendizaje a la Luz de la Guía Divina

En uno de sus primeros mensajes a los creyentes, Shoghi Effendi explicó que es nuestro deber “esforzarnos por obtener la más clara visión posible de la manera en que hemos de manejar los asuntos de la Causa, y luego levantarnos con perseverancia y determinación a adoptarla y mantenerla en todas nuestras actividades y labores”.1 Cada uno de los capítulos de este libro representa un esfuerzo por colocar una pieza de un mosaico. En este capítulo final nos detendremos a contemplar todo el panorama.

La práctica de la Fe puede compararse con el que camina por un sendero desde la aurora de la Revelación hasta llegar a la Edad de Oro. El nacimiento de la dispensación tuvo lugar en un clima de corrupción, cuando la humanidad carecía del discernimiento para conocer a Dios y Su voluntad. Su fruición es el Reino de Dios, una nueva civilización en la cual se cumple con Su voluntad “en la tierra como en el cielo”. Aunque este sendero no está trazado en todos sus detalles, está iluminado en toda su extensión con la luz de la guía divina. Los creyentes, orientados por el Texto y por la Casa Universal de Justicia, participan en un esfuerzo continuo al buscar la verdad y “esforzarse por traducir lo que ha sido escrito a la realidad y la acción”.2 Este esfuerzo comprende una diversidad de acciones en localidades a través del mundo. Desde una amplia gama de exploraciones, algunas resultan ser eficaces, y éstas las pueden adoptar un número cada vez mayor de comunidades, lo cual les permite delinear su curso paso a paso. El ritmo del progreso depende del grado en que los individuos, las instituciones y las comunidades comprendan, absorban y lleven a la acción las enseñanzas de Bahá’u’lláh.

La eficacia de estos participantes de promover la entrada en tropas — y de manera más general de construir un civilización mundial próspera — depende de su capacidad de participar en un proceso continuo de aprendizaje, el cual en este libro se ha definido como la consulta, la acción y la reflexión, todo a la luz de la guía inherente a las enseñanzas. Pero, ¿de qué manera halla este proceso de aprendizaje expresión práctica en el trabajo de la comunidad bahá’í? Dos imágenes ayudan a aclarar algunas de las características del aprendizaje tal como aquí se describe.

La primera es la imagen de un automóvil con pasajeros rumbo a un destino. Un día, salimos de nuestro hogar y viajamos horas y horas, emocionados por el hecho de estar viajando. Ya muy de noche, agobiados por el cansancio, paramos a descansar. Al día siguiente, entusiasmados por reanudar nuestros esfuerzos, nos disgusta profundamente ver que estamos estacionados frente a nuestra casa — ¡el punto de nuestra partida! Con determinación renovada, regresamos a la carretera, y viajamos día y noche; nuestro esfuerzo nunca ha sido mayor. Pero cuando nos detenemos para orientarnos, para nuestra consternación, nos encontramos nuevamente en el punto de partida. Ahora entendemos que el viaje en sí no es lo que importa, sino el hecho de acercarnos al destino deseado. Hemos viajado bastante, con esfuerzo diligente pero sin llegar a ninguna parte. Poder progresar requiere más que actividad. Tenemos que tener en mente un destino y luego trazar nuestro derrotero a ver si nos estamos acercando a la meta propuesta.

La segunda imagen es la de un velero. Una compleja combinación de factores, casi todos incontrolables — como el tiempo, el viento y las olas — además de la habilidad del navegante, afecta la travesía, la cual requiere una serie continua de aproximaciones y ajustes para poder llegar acertadamente al destino señalado. El verdadero rumbo de la nave, por lo tanto, no resulta ser un trazo recto sino que termina siendo una configuración de zigzag. El derrotero se traza, esencialmente, por una serie de puntos de reflexión donde se hacen preguntas sobre la posición actual, las condiciones del entorno y la situación de la meta final antes de corregir el derrotero y trazar el próximo trecho del viaje. Un proceso similar de consulta, acción y reflexión ha de caracterizar el progreso de la comunidad bahá’í en todos su empeños. La Casa Universal de Justicia explica, por ejemplo, que “una nueva evaluación periódica de la eficacia del trabajo de enseñanza es un factor esencial para promover el crecimiento de toda comunidad,” ya que por medio de este proceso “una comunidad puede valorar nuevamente su programa de enseñanza con miras a introducir mejoras donde sean necesarias”.3 En un mensaje a los Consejeros Continentales el Cuerpo Supremo expresa lo siguiente:

También les sugerimos que consulten con las Asambleas Espirituales Nacionales sobre la experiencia ganada de los esfuerzos anteriores para ayudar a dichas comunidades. Luego pueden hacerse los arreglos para llevar a cabo una consulta con los creyentes activos de la Fe en cada región sobre las lecciones aprendidas de dicha experiencia para ayudarles a identificar los enfoques y métodos aplicables a sus condiciones específicas y para poner en marcha un proceso sistemático de desarrollo comunitario. Este proceso debe hacerse de tal manera que los amigos puedan repasar sus éxitos y sus dificultades, ajustar y mejorar sus métodos como corresponde, y avanzar con determinación.4

La experiencia colectiva de los bahá’ís, desde los albores de la Revelación hasta su actual posición en el sendero que transitan, constituye la tradición, o la cultura, de la comunidad mundial. Toda la gama de creencias, métodos, conocimiento, sistemas, hábitos, relatos y modelos de conducta acumulados, forman parte de esta tradición, la cual da cuerpo a la comprensión y la práctica de los creyentes en un momento dado en su jornada. Puesto que el Reino todavía no se ha construido, cada generación debe continuamente añadir y modificar algunos aspectos de la tradición por medio de la acción y el aprendizaje sistemáticos. No todos los problemas pueden resolverse ni siquiera pueden comprenderse adecuadamente en una coyuntura dada; tal vez tengan que aguardar una época posterior, y tan sólo un detrimento resultaría del intento de imponer una resolución prematura. Al mirar hacia adelante, la comunidad posee una visión del futuro que orienta sus pasos. Esta visión se esclarece continuamente mediante el estudio progresivo de los escritos y el acopio de experiencias.

El camino por el cual avanza la comunidad bahá’í es ancho — muy ancho. No es necesario que todos caminemos sobre una misma hilera, creyendo y haciendo todos la misma cosa. Sin embargo, hay perspectivas extremas en ambos lados del camino las cuales representan una amenaza a la unidad y el progreso. Dichos puntos de vista extremos han azotado las dispensaciones del pasado, arrebatando a sus seguidores del camino de la guía hacia los eriales de la confusión bajo el dominio de las pasiones humanas. Nos aconseja Shoghi Effendi que con respecto a la Fe “Nuestra tarea primordial es vigilar con suma atención la manera y el carácter de su crecimiento, no vaya a ser que la ortodoxia extrema por un una parte, y la libertad irresponsable por otra, la hagan desviarse del Camino Recto que es lo único que puede llevarla al éxito”.5 La ortodoxia extrema implica una exagerada convicción de la validez de la propia comprensión de la verdad, el literalismo en la interpretación del sentido de las enseñanzas y una rigidez en las prácticas. “La libertad irresponsable” implica una perspectiva relativista que provoca la desintegración de la comunidad cuando las personas escojan lo que van a creer o no creer, o lo que van a hacer o no hacer. Entre estos dos extremos hay una perspectiva equilibrada la cual reconoce que la verdad existe y, al mismo tiempo, admite las limitaciones humanas para poder comprenderla y actuar conforme a ella. El mundo bahá’í, por lo tanto, trasciende las falsas dicotomías del fundamentalismo y el relativismo, del tradicionalismo y el liberalismo. La verdad existe; podemos aferrarnos a ella sin estar sujetos a la comprensión imprecisa de cada creyente. Sin embargo, con el tiempo, por medio del aprendizaje basado en la acción, evoluciona y se profundiza la comprensión de la verdad, facilitando una mayor expresión mediante la acción.

Las consultas, la acción sistemática y el aprendizaje necesarios para avanzar por el camino, dependen de relaciones apropiadas que han de caracterizar a los creyentes — con Dios, con las instituciones y los unos con los otros. Bahá’u’lláh ha dispuesto Su Alianza como medio de preservar estas relaciones, salvaguardando así la capacidad de la comunidad de avanzar siempre. De manera que la Alianza es el “vehículo” que permite el “cumplimiento práctico” de los deberes de los creyentes, el “instrumento potente mediante el cual la creencia individual en Él se traduce en hechos constructivos,” la “disposición divinamente concebida, indispensable para preservar la unidad orgánica de la Causa”.6

Desde este punto de vista podemos valorar la maravillosa bendición otorgada al mundo por medio de la dádiva que es la Casa Universal de Justicia. Pues, este cuerpo fue diseñado por Bahá’u’lláh específicamente dotándolo con los poderes de guiar infaliblemente a los creyentes en su jornada hasta llegar a la Edad de Oro: de determinar todos los asuntos que no hayan sido expresamente revelados en el Libro; de resolver problemas que hayan causado diferencias; de impedir que los individuos impongan sus puntos de vista; de asegurar que ningún cuerpo o institución dentro de la Causa abuse de sus privilegios; de servir como el árbitro final en los desacuerdos relacionados con la aplicación práctica de las enseñanzas; de proteger la unidad de los creyentes; establecer planes para el crecimiento y el desarrollo; ampliar la esfera de la influencia de Fe en la sociedad. La guía que constantemente fluye de la Casa Universal de Justicia es indispensable; sin embargo, no elimina la necesidad de7 aprender. Aporta la estructura dentro de la cual mejoran la comprensión y las prácticas de la comunidad. “Verdaderamente Dios los inspirará con lo que sea Su Voluntad,” asegura de manera incontrovertible Bahá’u’lláh. Ellos son “los recipientes de la guía divina, que es a la vez la sangre vital y la salvaguardia definitiva de esta Revelación”.

1. La Conciencia como Fuente de Acción Madura
1 Shoghi Effendi, Dios Pasa, XVII

2 La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág.154

3 La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 3

4 La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 47

5 La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág. 43

6 La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág. 2

7 `Abdu'l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 144

8 De una carta del 8 de febrero de 1988 escrita en nombre de la Casa Universal de Justicia

9 San Marcos 2:22

10 La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág. 33

11 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 184

12 ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 242

13 En nombre de Shoghi Effendi, The Individual and Teaching, Pág. 35

14 ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 150

15 Shoghi Effendi, Citadel of Faith, Pág. 148

16 La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág. 43

17 ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 267

2. El Defensor del Honor Humano
1 ‘Abdu’l-Bahá, en ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 212

2 Bahá’u’lláh, Mensajes de la Casa Universal de Justicia, 1963-1986, Pág. 376

3 Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, Pág. 76

4 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 153

5 ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 125

6 ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 47

7 Bahá’u’lláh, citado en El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 123

8 ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 140

9 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 72

10 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 5

11 Shoghi Effendi, Luces de Guía, Pág. 289

12 Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 45

13 Bahá’u’lláh, Oraciones Bahá’ís, Pág. 114

14 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 223

15 ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 211

16 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 205

17 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 81

18 ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 77

19 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 105

20 ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 125

21 La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág. 12

3. El que Aspira a la Sabiduría

1 ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Págs. 2-3

2 ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 131

3 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 56-57
4 ‘Abdu’l-Bahá, Scholarship, Pág. 3

5 ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 34

6 ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 57

7 ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 178

8 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 90

9 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 217

10 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 74

11 ‘Abdu’l-Bahá, La Enseñanza de la Causa de Dios, Pág. 10

12 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 181
13 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 176

14 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 52

15 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 160
16 Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas, Pág. 57
17 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 176

18 La Casa Universal de Justicia, Mensajes de la Casa Universal de Justicia, 1963-1986, Pág. 94

19 ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 72-73

20 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 77
21 Bahá’u’lláh, El Kitáb-i-Iqan, Pág. 23

22 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 84

23 De parte de la Casa Universal de Justicia, Bahá’í Scholarship, pág 17

24 ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 42

25 ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 47-48

26 ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 50

27 ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 72

28 ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 86-87

4. El Defensor de la Justicia

1 Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 37

2 ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 72

3 ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 71

4 Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, Pág. 2

5 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 228

6 Bahá’u’lláh, Epístola al Hijo del Lobo, Pág. 30
7 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 70

8 Bahá’u’lláh, citado en recopilación La Consulta, Pág. 6

9 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 39
10 Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 198

11 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 190

12. En nombre de Shoghi Effendi, The Bahá’í Life , Pág. 9

13. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 157

14. ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 283-284

15. En nombre de Shoghi Effendi, Unfolding Destiny, Pág. 456

16. Bahá’u’lláh, Kitáb-i-Aqdas, Pág. 75
5. El Bienhechor Desinteresado
1 Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, Pág. 51

2. ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 29

3. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 194

4. Shoghi Effendi, Dios Pasa, Pág. 254-255

5. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 197

6. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 247

7. ‘Abdu’l-Bahá, El Huqúqu’lláh y los Fondos Bahá’ís, Pág. 35-37

8. Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, Pág. 67-68

9. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 143

10. En nombre de Shoghi Effendi, Luces de Guía, Pág. 110

11. En nombre de Shoghi Effendi, El Huqúqu’lláh y los Fondos Bahá’ís, Pág. 80

12. En nombre de Shoghi Effendi, El Huqúqu’lláh y los Fondos Bahá’ís, Pág. 80-81

13. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, pag. 70

14. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice, 1963-1986, Pág. 377

15. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 35

16. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 226

6. El Canal Puro

1 ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Págs. 147-148

2. Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, Pág. 30

3. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 190

4. Bahá’u’lláh, citado en El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 40

5. Bahá’u’lláh, Las Palabras Ocultas, Págs. 60-61

6. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 204

7. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Págs. 217-218

8. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 148

9. Bahá’u’lláh, El Kitáb-i-Aqdas, Pág. 48

10. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 147

11. Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 47

12. Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 47-48

13. Shoghi Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh, Pág. 10

14. En Nombre de Shoghi Effendi, Luces de Guía, Pág. 250

15. En nombre de Shoghi Effendi, The Bahá’í Life, Pág. 5

16. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 148

17. Bahá’u’lláh, La Enseñanza de la Causa de Dios, Pág. 1

18. En nombre de Shoghi Effendi, Preserving Bahá’í Marriages, Pág. 28

19. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 19

20. ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 84

21 Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 66

22 ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 519-520

7. El Adorador Fiel

1 Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 225

2. Bahá’u’lláh, El Kitáb-I-Aqdas, Pág. 23
3. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 307

4. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 218

5. Shoghi Effendi, Dios Pasa, Pág. 231

6. La Casa Universal de Justicia, The Covenant: Its Meaning and Origin and Our Attitude Towards It, pag. 39

7. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, pag. 56

8. Shoghi Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh, Pág. 23

9. La Casa Universal de Justicia, citada en Luces de Guía, Pág. 428

10. ‘Abdu’l-Bahá, La Voluntad y Testamento de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 24

11. ‘Abdu’l-Bahá, La Voluntad y Testamento de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 25

12. La Casa Universal de Justicia, La Alianza, Pág. 18

13. Bahá’u’lláh, La Dispensación de Bahá’u’lláh, Pág. 26

14. ‘Abdu’l-Bahá, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 85

15. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 87

16. ‘Abdu’l-Bahá, The Covenant: Its Meaning and Origin and Our Attitude Towards It, Pág. 9

17. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 28

18. ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 192

19. La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág. 90

20. Bahá’u’lláh, El Kitáb-I-Aqdas, Pág. 24

21. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 163

22. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 224-225

23. Bahá’u’lláh, El Kitáb-I-Aqdas, Pág. 26
24. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 160
8. El Iniciador de la Acción Sistemática

1 Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 75

2. Shoghi Effendi, Citadel of Faith, Págs. 130-31

3. Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 18

4. La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág. 47

5. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 26

6. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 137

7. Shoghi Effendi, Citadel of Faith, Pág. 148

8. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 26

9. Shoghi Effendi, La Enseñanza de la Causa de Dios, Pág. 40-41

10. Shoghi Effendi, La Enseñanza de la Causa de Dios, Pág. 12

11. La Casa Universal de Justicia, Mensaje de Ridván 155

12. Shoghi Effendi, La Consulta, Pág. 40

13. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 77

14. La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág. 18

15. Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Págs. 75-76

16. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 186

17. Shoghi Effendi, The Importance of Deepening, Pág. 50

18. Shoghi Effendi, Citadel of Faith, Pág. 149

19. La Casa Universal de Justicia, Mensaje de Ridván 155

20. En nombre de Shoghi Effendi, El Poder de la Asistencia Divina, Pág. 40

21. Shoghi Effendi, La Enseñanza de la Causa de Dios, Págs. 18-19

22. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 21

23. ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 4

9. El Vivificador de la Humanidad

1 ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 109

2. Bahá’u’lláh, citado en Dios Pasa, Pág. 164
3. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 228

4. ‘Abdu’l-Bahá, ‘Abdu’l-Bahá on Divine Philosophy, Pág. 121

5. Bahá’u’lláh, citado en El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 121

6. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 167

7. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 192

8. El Báb, Selección de los Escritos del Báb, Pág. 75

9. El Báb, Selección de los Escritos del Báb, Pág. 129

10. ‘Abdu’l-Bahá, Voluntad y Testamento, Pág. 13

11. El Báb, Selección de los Escritos del Báb, Pág. 75

12. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 185

13. ‘Abdu’l-Bahá, Voluntad y Testamento, Pág. 31

14. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 184

15. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 223

16. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 271

17. En nombre de Shoghi Effendi, The Importance of Deepening, Pág. 28

18. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 231

19. En nombre de Shoghi Effendi, citado en La Enseñanza de la Causa de Dios, Pág. 18

20. Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 78

21. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Págs. 357-358

22. En nombre de Shoghi Effendi, citado en La Enseñanza de la Causa de Dios, Pág. 20

23. ‘Abdu’l-Bahá, citado en La Importancia de la Profundización, Pág. 9

24. ‘Abdu’l-Bahá, citado en La Importancia de la Profundización, Págs. 8-9

25. En nombre de Shoghi Effendi, citado en Luces de Guía, Pág. 599

26. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 111

27. La Casa Universal de Justicia, memorandum del 11 de marzo de 1987 a la Oficina de Desarrollo Social y Económico

28. ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Pág. 5

29. Bahá’u’lláh, La Proclamación de Bahá’u’lláh, Pág. 89

30. En nombre de Shoghi Effendi, citado en La Conservación de los Recursos de la Tierra, Pág. 15

31. Bahá’u’lláh, Oraciones Bahá’ís, Pág. 114

32. ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 189

33. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 142

10. El Canal del Espíritu

1. Shoghi Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh. Pág 19

2. Shoghi Effendi, La Dispensación de Bahá’u’lláh, Pág. 70

3. Shoghi Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh, Pág 20

4. ‘‘Abdu’l-Bahá, La Voluntad y Testamento de ‘‘Abdu’l-Bahá, Pág. 25

5. Shoghi Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh, Pág 8

6. Shoghi Effendi, La Dispensación de Bahá’u’lláh, Pág. 78

7. ‘‘Abdu’l-Bahá, La Voluntad y Testamento de ‘‘Abdu’l-Bahá, Pág. 25

8. Shoghi Effendi, La Dispensación de Bahá’u’lláh, Pág. 75

9. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986 – Pág. 56

10. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 30

11. Shoghi Effendi, Dios Pasa, Pág. 229

12. La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan Pág. 33,

13. La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan - Pág. 33,

14. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities - Pág. 10

15. La Casa Universal de Justicia, The Constitution of the Universal House of Justice - Pág. 9

16. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986 - Pág. 217

17. ‘‘Abdu’l-Bahá, La Voluntad y Testamento de ‘‘Abdu’l-Bahá, Pág. 16

18. La Casa Universal de Justicia, Crisis y Victoria, Pág. 83

19. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities - Pág. 31

20. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986 - Pág. 217

21. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities - Pág. 38

22. La Casa Universal de Justicia, Ridván 1993, Promoting Entry by Troups - Pág. 47

23. ‘‘Abdu’l-Bahá, Sabiduría de ‘‘Abdu’l-Bahá, Pág. 169

24. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986 - Pág. 376

25. En nombre de la Casa Universal de Justicia, Luces de Guía, Pág. 449

26. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 39

11. Los Fideicomisarios de la Libertad Individual y el Bien Común

1. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 37

2. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 40

3. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 64

4. La Casa Universal de Justicia, Ridván 1993, Promoting Entry by Troop, Pág. 47

5. Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 42

6. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 75
7. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág 64

8. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Págs. 143-144

9. En nombre de Shoghi Effendi, Luces de Guía, Pág. 78

10. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 64

11. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág 38

12. En nombre de Shoghi Effendi, Luces de Guía, Pág. 82

13. '‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 168

14. Shoghi Effendi, Rights and Responsibilities, Pág. 54

15. Shoghi Effendi, Rights and Responsibilities, Pág. 57

16. En nombre de Shoghi Effendi, Luces de Guía, Pág. 82

17. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 88

18. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 52

19. La Casa Universal de Justicia, The Constitution of the Universal House of Justice, Págs. 14-15

20. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 46

21. En nombre de Shogi Effendi, Luces de Guía, Pág. 45

22. En nombre de Shogi Effendi, Luces de Guía

23. Shogi Effendi, Rights and Responsibilitie.s Pág. 45

24. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 88

25. La Casa Universal de Justicia, Scholarship, Pág. 34

26. La Casa Universal de Justicia, Luces de Guía

27. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 34

28. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 33

29. En nombre de Shoghi Effendi, Letters to Australia and New Zealand, Pág. 9

12. Los Movilizadores de Recursos Humanos

1. '‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 291

2. Shoghi Effendi, The Importance of Deepening, Pág. 26

3. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 88

4. En nombre de Shoghi Effendi, Luces de Guía

5. En nombre de Shoghi Effendi, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 88

6. Shoghi Effendi, Messages to America

7. Bahá’u’lláh, Pasajes de los Escritos de Bahá’u’lláh, Pág. 164

8. ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ‘‘Abdu’l-Bahá, Pág. 23

9. La Casa Universal de Justicia The Four Year Plan, Págs 35-36

10. La Casa Universal de Justicia The Four Year Plan, Pág. 7

11. La Casa Universal de Justicia The Four Year Plan, Pág. 19

12. En nombre de la Casa Universal de Justicia Training Institutes, Pág. 32

13. En nombre de la Casa Universal de Justicia Training Institutes, Pág. 35

14. En nombre de la Casa Universal de Justicia - carta a una Asamblea Nacional del 24 de setiembre de 1996

13. Los Ejecutores de Planes de Acción Sistemáticos

1. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 49

2. Shoghi Effendi, Citadel of Faith, Pág. 62
3. Shoghi Effendi, Messages to America, Pág. 101
4. Shoghi Effendi, Citadel of Faith, Pág. 62

5. Shoghi Effendi, Messages to the Bahá’í World, Pág. 155

6. Shoghi Effendi, Citadel of Faith, Pág. 21

7. Shoghi Effendi, Messages to the Bahá’í World, Pág. 155

8. En nombre de Shoghi Effendi, Letter to Australia and New Zealand, Pág. 97

9. La Casa Universal de Justicia, Ridván 1998

10. En nombre de Shoghi Effendi, Trustworthiness, Pág. 25

11. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 41

12. Shoghi Effendi, Messages to America, Pág. 7

14. El Núcleo y Modelo de Una Nueva Civilización Mundial

1. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 149
2. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 150
3. Shoghi Effendi, Citadel of Faith, Pág. 6

4. Shoghi Effendi, Messages to the Bahá’í World, Pág. 75

5. Shoghi Effendi, La Dispensación de Bahá’u’lláh, Págs. 87-88

6. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘‘Abdu’l-Bahá, Pág. 83

7. ‘Abdu’l-Bahá, El Secreto de la Civilización Divina, Págs. 129-130

8. Shoghi Effendi, Luces de Guía, Pág. 213
9. Shoghi Effendi, Luces de Guía, Pág. 213

10. Shoghi Effendi, Directrices del Guardián, Pág. 63

11. Shoghi Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh, Págs. 22-23

12. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizo,n Pág. 35

13. La Casa Universal de Justicia, Promoting Entry By Troops, Pág. 47

14. La Casa Universal de Justicia, Promoting Entry by Troops, Pág. 14

15. La Casa Universal de Justicia, Peace, Pág. 44

16. En nombre de la Casa Universal de Justicia, The Evolution of Institutional Capacity for Social and Economic Development

17. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 6

18. La Casa Universal de Justicia, Peace, Pág. 44

19. En nombre de Shoghi Effendi, Scholarship, Pág. 6

20. La Casa Universal de Justicia, The Promise of World Peace, Pág. 28

15. Los Instrumentos de una Administración Eficaz

1. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 103

2. Shoghi Effendi, Rights and Responsibilities, Pág. 39

3. Shoghi Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh, Pág. 9

4. La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág. 34

5. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 87

6. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 88

7. En nombre de Shoghi Effendi, Consultation: A Compilation, Pág. 14

8. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 56

9. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 68

10. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 73

11. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 142

12. En nombre de Shoghi Effendi, La Asamblea Espiritual Nacional, Pág. 40

13. En nombre de Shoghi Effendi, La Asamblea Espiritual Nacional, Pág. 65

14. En nombre de Shoghi Effendi, La Asamblea Espiritual Nacional, Pág. 42

15. En nombre de Shoghi Effendi, La Asamblea Espiritual Nacional, Pág. 42

16. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 174

17. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Págs. 80-81

18 La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 41

16. El Model Orgánico de la Vida Comunitaria

1. La Casa Universal de Justicia, El Plan de Cuatro Años, Págs. 34-35

2. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice: 1963:1986, Pág. 43

3. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice: 1963:1986, Págs. 402-403

4. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 53

5. La Casa Universal de Justicia, El Plan de Cuatro Años, Pág. 34

6. La Casa Universal de Justicia, El Plan de Cuatro Años, Pág. 58

7. La Casa Universal de Justicia, memorandum de fecha 27 de abril de 1998 a la Oficina de Desarrollo Social y Económico

8. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Págs. 7-8

9. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 9

10. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 80

11. La Casa Universal de Justicia, El Plan de Cuatro Años, Pág. 35

12. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice: 1963-1986, Pág.101,

13. ‘Abdu’l-Bahá, Las Tablas del Plan Divino, Pág. 35

14 ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág.

17. Una Comunidad de Pensamiento y Acción Unificados

1. ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 103

2. Shoghi Effendi, El Desenvolvimiento de la Civilización Mundial, Pág. 17

3. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 232

4. ‘Abdu’l-Bahá, Las Tablas del Plan Divino, Págs. 21-22

5. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 210

6. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 112

7. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 160

8. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 87

9. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 89

10. Shoghi Effendi, The Light of Divine Guidance, vol. 2, Pág. 29.

34. La Casa Universal de Justicia, carta de 19 de mayo de 1994, Rights and Responsibilities, Pág. 46

35. La Casa Universal de Justicia, carta de 19 de mayo de 1995,

36. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 88

37. En nombre de Shoghi Effendi, citado en The Bahá’í Life, Págs. 17-18

11. ‘Abdu’l-Bahá, Respuestas a Algunas Preguntas, Pág. 369

12. ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, Págs. 51-52

13. Shoghi Effendi, Dawn of a New Day, Pág. 48, .

14. 'Abdu'l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 110

15. 'Abdu'l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 512

16. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 296

17. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 88

18. En nombre de Shoghi Effendi, La Consulta, Pág. 49

19. En nombre de la Casa Universal de Justicia, carta del 8 de febrero de 1998,

20. En nombre de Shoghi Effendi, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 88

21. La Casa Universal de Justicia, A Special Measure of Love, Pág. 29

22. La Casa Universal de Justicia, El Plan de Cuatro Años, Pág. 58,

23. Bahá’u’lláh, citado en La Consulta, Pág. 7

24. La Casa Universal de Justicia, Luces de Guí,a Pág. 249

25. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 101
26. ‘Abdu’l-Bahá, citado en La Consulta, Pág. 24
27. ‘Abdu’l-Bahá, citado en La Consulta, Pág. 13

28. 'Abdu'l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 82

29. 'Abdu'l-Bahá, Bahá’í Administration, Pág. 64

30. 'Abdu'l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 83

31. Shoghi Effendi, citado en La Consulta, Pág. 36

32. Shoghi Effendi, citado en La Consulta, Pág. 43

33. ‘Abdu’l-Bahá, citado en Consultation: a Compilation, Pág.7

38. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 62

18. Una Comunidad de Devoción y Servicio

1. En nombre de Shoghi Effendi, Lights of Guidance, Pág. 606

2. ‘Abdu’l-Bahá, Educación Bahá’í, Pág. 42
3. Shoghi Effendi, Messages to America, Pág. 24

4. Bahá’u’lláh, La importancia de la oración, la meditación y la actitud devocional, Pág. 11

5. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 203

6. ‘Abdu’l-Bahá, La importancia de la oración, la meditación y la actitud devocional, Pág. 17

7. Shoghi Effendi, La importancia de la oración, la meditación y la actitud devocional, Pág. 25

8. Bahá’u’lláh, La Fiesta de los 19 Días y las Reuniones Bahá’ís, Pág. 27

9. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 97

10. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 92

11. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Págs. 66-70

12. La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág. 35

13. ‘Abdu’l-Bahá, La Fiesta de los 19 Días y las Reuniones Bahá’ís, Pág. 31

14. ‘Abdu’l-Bahá, La Fiesta de los 19 Días y las Reuniones Bahá’ís, Pág. 37

15. ‘Abdu’l-Bahá, La Fiesta de los 19 Días y las Reuniones Bahá’ís, Pág. 31

16. ‘Abdu’l-Bahá, La Fiesta de los 19 Días y las Reuniones Bahá’ís, Pág. 31

17. En nombre de la Casa Universal de Justicia, Stirring of the Spirit, Pág. 39

18. Bahá’u’lláh, El Kitáb-i-Aqdas, Pág. 33

19. ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 9

20. Nota 56, El Kitáb-i-Aqdas, Pág. 211

21. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Págs. 12-13

22. En nombre de Shoghi Effendi, Unfolding Destiny, Pág. 123

23. ‘Abdu’l-Bahá, Social and Economic Developoment, Pág. 25

24. En nombre de Shoghi Effendi, Educación Bahá’í, Pág. 41

25. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 7

26. En nombre de la Casa Universal de Justicia, Peace, Pág. 44

27. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 186

28. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 184

29. En nombre de la Casa Universal de Justicia, Desarrollo Económico Social, Págs. 13-14

30. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 602

31. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 179

19. Una Comunidad de Confraternidad y Apoyo

1. ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 296

2. ‘Abdu’l-Bahá, ‘Abdu’l-Bahá on Divine Philosophy, Pág. 110

3. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Págs. 263-264

4. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 43

5. ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 193

6. ‘Abdu’l-Bahá, ‘Abdu’l-Bahá on Divine Philosophy, Pág. 277

7. ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 249

8. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 132

9. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 130-131

10. ‘Abdu’l-Bahá, Educación Bahá’í, Pág. 64

11. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 310

12. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 14

13. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 21

14. En nombre de Shoghi Effendi, Luces de Guía, Pág. 520

15. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 486

16. Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 55

17. ‘Abdu’l-Bahá, La Sabiduría de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 10

18. Nabil, citado en Dios Pasa, Págs. 130-131

19. En nombre de Shoghi Effendi, Unfolding Destiny, Pág. 439

20. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 132

20. Una Comunidad de Excelencia y Distinción

1. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 137

2. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 234

3. En nombre de Shoghi Effendi, Luces de Guía, Pág. 556

4. Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Pág. 63

5. ‘Abdu’l-Bahá, La Promulgación de la Paz Universal, Pág. 221

6. ‘Abdu’l-Bahá, Excelencia en Todas las Cosas, Pág. 27

7. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 137

8. ‘Abdu’l-Bahá, El Desenvolvimiento de la Civilización Mundial, Pág. 7

9. Bahá’u’lláh, El Kitáb-i-Iqán, Pág. 148

10. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 36

11. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 64

12. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Págs. 80-81

13. Shoghi Effendi, El Advenimiento de la Justicia Divina, Págs. 33-34

14. La Casa Universal de Justicia, El Plan de Cuatro Años, Págs. 48-49

15. Shoghi Effendi, citado en Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 93

16. Bahá’u’lláh, La Dispensación de Bahá’u’lláh, Pág.27

17. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 14

18. En nombre de Shoghi Effendi, Unfolding Destiny, Pág. 350

19 La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1963-1986, Pág. 82

21. Una Comunidad de Conquistadores

1. Shoghi Effendi, La Meta de un Nuevo Orden Mundial, Págs. 24-25

2. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 57

3. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 46

4. La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág. 10

5. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 46

6. Bahá’u’lláh, Epístola al Hijo del Lobo, Pág. 52

7. ‘Abdu’l-Bahá, Las Tablas del Plan Divino, Pág. 20

8. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 42

9. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 263

10. ‘Abdu’l-Bahá, Selección de los Escritos de ‘Abdu’l-Bahá, Pág. 259

11. Shoghi Effendi, Citadel of Faith, Pág. 117

12. La Casa Universal de Justicia, Messages of the Universal House of Justice 1968-1973, Pág. 65

13. La Casa Universal de Justicia, Promoting Entry by Troops, Pág. 2

14. La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Pág.59

15. En nombre de Shoghi Effendi, Promoting Entry by Troops, Pág. 10

16. Shoghi Effendi, Messages to America, Págs. 13-14

17. La Casa Universal de Justicia, A Wider Horizon, Pág. 27

18. Shoghi Effendi El Desenvolvimiento de la Civilización Mundial, Pág. 56

22. El Aprendizaje a La Luz de la Guía Divina
1. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 63
2. Bahá’u’lláh, Tablas de Bahá’u’lláh, Pág. 193

3. En nombre de la Casa Universal de Justicia, carta de fecha 30 de julio 1987 a una Asamblea Nacional

4. La Casa Universal de Justicia, The Four Year Plan, Págs. 11-12

5. Shoghi Effendi, Bahá’í Administration, Pág. 42

6. La Casa Universal de Justicia, Rights and Responsibilities, Pág. 12

7 Shoghi Effendi, The World Order of Bahá’u’lláh, Pág. 153

La Creación de Una Nueva Mentalidad
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