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Otros Autores : El Deseo del Mundo 4
ORACIÓN

Te suplico, oh mi Señor, por tu memoria, mediante la cual todas las cosas han tomado vida y todos los rostros se tornaron radiantes que no frustres las ilusiones que abrigo hacia las cosas que Tú posees.

Haz posible, por tu Misericordia, que me cobije bajo la sombra que protege todas las cosas.

¡Oh mi Señor! Sé Tú mi único deseo, mi finalidad, mi única esperanza, mi objetivo constante, mi morada y mi santuario.

Haz que el objetivo de mi ardiente búsqueda sea tu más resplandeciente, adorable y siempre bendita hermosura.

Te imploro, oh mi Dios, por cualquier cosa que sea tuya que mandes con la diestra de tu poder aquello que exalte a tus amados y confunda a tus enemigos.

No existe otro Dios más que Tú. Tú eres mi único amado en este mundo y en el mundo venidero. Tú eres el único deseado por todos los que te han reconocido.

¡Alabado sea Dios, Señor de los mundos!
ORACIÓN

No sé, oh mi Dios, qué fuego es el que Tú encendiste en tu dominio. La tierra no podrá nunca nublar su resplandor ni el agua apagar su llama. Todos los pueblos del mundo son impotentes para resistir su fuerza. Grande es la bendición de quien se ha acercado a él y ha oído su fragor.

A algunos, oh mi Dios, les permitiste que se aproximaran a él mediante tu gracia fortalecedora; en tanto que a otros los retuviste en razón de lo que sus manos han hecho en tus días. Quienquiera que se haya apresurado y llegado a él, ha entregado su vida en tu sendero en su afán por contemplar tu belleza y ha ascendido a Ti enteramente desprendido de todo excepto de Ti.

Te imploro, oh mi Señor, por este Fuego que ruge llameante en el mundo de la creación, que desgarres los velos que me han impedido presentarme ante el trono de tu Majestad y permanecer a la entrada de tu puerta. Ordena para mí, oh mi Señor, todo lo bueno que Tú has enviado en tu Libro y no me permitas estar lejos del asilo de tu Misericordia.

Potente eres para hacer lo que te place. Tú eres verdaderamente el Omnipotente, el Más Generoso.

Está en la naturaleza de las Manifestaciones de Dios el que tengan una verdadera pasión de amor y apego al Dios que los ha hecho Sus Emisarios, las Personificaciones de Sus atributos, los Portadores de Su Mensaje y blancos inocentes de todo dolor que los hombres pudieran causarles. Muchas de las oraciones que Bahá'u'lláh dirige a Su Hacedor reflejan el tumulto de Su alma, una agitación como las olas del mar que se encrespan sacudidas por la tempestad de Su anhelo por expresar y verter Su alabanza y la adoración de Su Amado. Algo de esa lucha interior se refleja en estas palabras: "¡Alabados seas, oh Señor mi Dios! Cada vez que me acuerdo de Ti y medito sobre Tus virtudes, se apodera de mí tal éxtasis y me siento tan cautivado por Ti, que me hallo incapaz de hacer mención de Tu nombre y de ensalzarte... ¡Oh Tú, la Luz del mundo!", exclama, "El fuego de Tu amor que continuamente arde dentro de mí me ha inflamado a tal punto que cualquiera de Tus criaturas que se me acerque e incline hacia mí su oído interior, no puede dejar de oír su fragor dentro de cada una de mis venas".

Los términos que usa son muy reveladores de Sí mismo, pues Bahá'u'lláh era una persona adorable. Nuestro temor reverencial frente a Su posición, nuestra sensación de absoluta no existencia ante Su grandeza y fuerza, nos impiden a menudo ver este otro aspecto de Su naturaleza, infinitamente atractiva y fascinante. Por ejemplo, se dirige a Dios como "¡la Fuente de mi vida!", "la Exultación de mi corazón", no solamente expresiones de extremo júbilo y ternura, sino portadoras de una intimidad y unicidad que están mucho más allá de nuestra comprensión. "¡Juro por Tu poder", dice, "Oh Tú en cuyo puño se hallan las riendas de toda la humanidad y la suerte de todas las naciones! Estoy tan inflamado por mi amor a Ti y tan embriagado por el vino de Tu unicidad, que puedo oir en el susurro del viento el sonido de Tu glorificación y alabanza, y puedo reconocer en el murmullo de las aguas la voz que proclama Tus virtudes y Tus atributos y puedo percibir en el rumor de las hojas los misterios que han sido irrevocablemente ordenados por Ti en Tu dominio".

En Sí mismo y en todas las cosas, Bahá'u'lláh ve el movimiento de Su Dios. "Cada vez que elevo mis ojos hacia Tu cielo, me trae a la memoria Tu excelsitud y Tu sublimidad; y cada vez que vuelvo mi mirada hacia Tu tierra, debo reconocer las evidencias de Tu poder y las señales de Tu generosidad. Y cuando miro el mar, veo que me habla de Tu majestad y de la potencia de Tu fuerza, y de Tu soberanía y de Tu grandeza. Y cuando quiera que contemplo las montañas, llego a descubrir los emblemas de Tu victoria y los estandartes de Tu omnipotencia".

Algunas de Sus oraciones son pura poesía:
ORACIÓN

De las perfumadas corrientes de tu eternidad dame de beber, oh mi Dios, y de los frutos del árbol de tu Ser permíteme gustar, oh mi esperanza. De los manantiales cristalinos de tu amor déjame tomar, oh mi gloria, y bajo la sombra de tu eterna providencia permíteme habitar, oh mi luz. Dentro de las praderas de tu proximidad, ante tu presencia, haz posible que pueda vagar, oh mi amado, y a la diestra del trono de tu merced hazme sentar, oh mi deseo. De las fragantes brisas de tu alegría deja que un soplo llegue hasta mí, oh mi objetivo, y en las alturas del paraíso de tu realidad permíteme entrar, oh mi adorado. Las melodías de la paloma de tu unidad permíteme escuchar, oh Tú el Resplandeciente, y mediante el espíritu de tu fuerza y tu poder vivifícame, oh mi proveedor. En el espíritu de tu amor mantenme firme, oh mi auxiliador, y en el sendero de tu complacencia afirma mis pasos, oh mi hacedor. Dentro del jardín de tu inmortalidad, ante tu semblante, permíteme eternamente habitar, oh Tú que eres misericordioso conmigo, y sobre la sede de tu gloria establéceme, oh Tú que eres mi poseedor. Hacia el cielo de tu cariñosa bondad elévame, oh mi vivificador, y hacia el sol de tu guía condúceme, oh Tú mi atraedor. Ante las revelaciones de tu invisible espíritu llámame a estar presente, Tú que eres mi origen y mi elevadísimo deseo, y hacia la esencia de la fragancia de tu belleza que Tú has de manifestar hazme volver, oh Tú que eres mi Dios.

Potente eres Tú para hacer lo que te place. Tú eres en verdad el Más Exaltado, el Todo Glorioso, el Altísimo.

ORACIÓN

Crea en mí un corazón puro, oh mi Dios, y renueva una conciencia tranquila dentro de mí, oh mi esperanza. Por medio del espíritu del poder, confírmame en tu Causa, oh mi Bienamado, y por la luz de tu gloria revélame tu sendero, oh Tú, el objeto de mi deseo. Mediante la fuerza de tu transcendente poder elévame hacia el cielo de tu santidad, oh fuente de mi ser, y por las brisas de tu eternidad alégrame, oh tú que eres mi Dios.

Haz que tus eternas melodías me inspiren tranquilidad, oh mi compañero, y que las riquezas de tu antiguo semblante me libren de todo excepto de Ti, oh mi Maestro, y que las nuevas de la revelación de tu incorruptible Esencia me traigan alegría, oh Tú quien eres lo más manifiesto de lo manifiesto y lo más oculto de lo oculto.

ORACIÓN

¡Alabado sea tu Nombre, oh mi Dios y el Dios de todas las cosas, mi gloria y la Gloria de todas las cosas, mi deseo y el Deseo de todas las cosas, mi fuerza y la Fuerza de todas las cosas, mi rey y el Rey de todas las cosas, mi objetivo y el Objetivo de todas las cosas, quien me mueve y mueve todas las cosas! No permitas, te lo imploro, que me aparte del océano de tus tiernas mercedes, ni que permanezca alejado de las orillas de tu cercanía.

Nada fuera de Ti, oh mi Señor, me es provechoso, ni me beneficia la proximidad de otro ser que no seas Tú. Te ruego, por tus abundantes riquezas que te permiten prescindir de todo excepto de Ti mismo, que me cuentes entre aquellos que han vuelto su rostro hacia Ti y se han levantado para servirte.

Perdona entonces, oh mi Señor, a tus siervos y a tus siervas. Tú eres en verdad el que siempre perdona, el Más Compasivo.

ORACIÓN

¡Oh Tú, cuyo rostro es el objeto de mi adoración, cuya belleza es mi santuario, cuya morada es mi objetivo, cuya alabanza es mi esperanza, cuya providencia es mi compañera, cuyo amor es la causa de mi existencia, cuya mención es mi consuelo, cuya proximidad es mi deseo, cuya presencia es mi más caro anhelo y elevadísima aspiración!, te suplico que no me niegues aquello que Tú ordenaste para los elegidos entre tus siervos. Provéeme, entonces, con el bien de este mundo y el venidero.

Tú verdaderamente eres el Rey de todos los hombres. No hay Dios sino Tú, el que siempre perdona, el Más Generoso.

Bendito es el sitio
y la casa
y el lugar
y la ciudad
y el corazón
y la montaña
y el refugio
y la cueva
y el valle
y la tierra
y el mar
y la isla
y la pradera
donde se ha hecho
mención de Dios
y se ha glorificado
su alabanza.
ORACIÓN

¡Oh mi Señor! Haz de tu belleza mi alimento y de tu presencia mi bebida; de tu agrado mi esperanza y de tu alabanza mi acción; de tu recuerdo mi compañero y del poder de tu soberanía mi socorro; de tu morada mi hogar y de mi vivienda la sede que Tú has santificado de las limitaciones impuestas a quienes están separados de Ti como por un velo.

Tú eres verdaderamente el Todopoderoso, el Todo Glorioso, el Omnipotente.

"¡Oh Tú que eres el Señor de todos los nombres y el Hacedor de los cielos! Te suplico por Aquellos que son las auroras de tu invisible Esencia, la más Exaltada, la Todo Gloriosa, que hagas de mi oración un fuego que consuma los velos que me han apartado de tu belleza y una luz que me conduzca hacia el océano de tu presencia".

"Haz de mi oración, oh mi Señor, una fuente de aguas vivas, con las cuales pueda vivir tanto como dure tu soberanía y hacer mención de Ti en cada mundo de tus mundos".

"Tan extasiado estoy por la dulzura de Tus palabras, y tan embriagado con el vino de Tu tierna misericordia, que mi voz no puede nunca acallarse, ni pueden ya mis manos suplicantes dejar de extenderse hacia Ti. Tú ves, oh mi Señor, cómo mis ojos están dirigidos hacia Tu gracia y mis oídos inclinados hacia el reino de Tu expresión. Mi lengua se ha desatado para celebrar Tu alabanza y mi rostro se ha vuelto hacia Tu rostro, el cual sobrevive a todo cuanto ha sido creado por Tu palabra, y mis manos se han elevado hacia el cielo de tu munificencia y favor".

"¿Apartarás de Ti al extraño que Tú llamaste hacia su muy exaltado Hogar, a la sombra de las alas de Tu misericordia, o desecharás a la miserable criatura que se ha apresurado a alcanzar las orillas del océano de Tu riqueza? ¿Cerrarás la puerta de Tu gracia ante Tus criaturas después de haberla abierto mediante la fuerza de Tu poder y de Tu soberanía, o cegarás los ojos de Tu pueblo cuando ya les has ordenado volverse hacia la Au-rora de Tu Belleza y el Amanecer de los esplendores de Tu semblante?".

"¡No, y ello Tu gloria me lo atestigua! No es ése mi pensamiento acerca de Ti, ni el pensamiento de aquellos siervos Tuyos que tienen acceso cercano a Ti, ni el de los sinceros entre Tu pueblo".

Estas palabras, que son una parte de una muy lar-ga meditación, constituyen un verdadero himno de alabanza a Dios y hacen que el corazón se remonte en alas de la propia efusión de alegría y gratitud de Bahá'u'lláh:

"Alabanza a Ti, oh Mi Dios, porque has revelado Tus favores y Tus dádivas, y gloria a Ti, oh mi Amado, porque has puesto de manifiesto al Sol de Tu bondadoso afecto y Tu tierna misericordia. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden dirigir los pasos del descarriado hacia los esplendores de la luz matinal de Tu guía y permitir que quienes Te anhelan alcancen la sede de la revelación de Tu refulgente belleza. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden hacer que el enfermo se acerque a las aguas de Tu curación y pueden ayudar a quienes están lejos de Ti a aproximarse a la fuente viva de Tu presencia. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden despojar el cuerpo de Tus siervos del vestido de la mortalidad y la humillación para ataviarlos con el manto de Tu eternidad y Tu gloria y conducir a los pobres hacia las orillas de Tu santidad y Tu toda suficiente riqueza. Mis agradecimientos a Ti son tales, que pueden permitir a la Paloma Celestial proclamar, desde las ramas del Árbol del Loto de la Inmortalidad, su canto: 'Verdaderamente, Tú eres Dios. No hay Dios fuera de Ti. Desde la eternidad ha sido exaltado por encima de la alabanza de cosa alguna salvo Tú y has permanecido muy por encima de la descripción de alguien fuera de Ti mismo'. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden hacer que el Ruiseñor de Gloria haga brotar su melodía en el altísimo cielo: 'Alí (el Báb), en verdad, es Tu siervo, a Quien Tú has distinguido entre Tus Mensajeros y Tus Escogidos, y has hecho que sea la manifestación de Ti mismo en todo lo relacionado contigo y lo concerniente a la revelación de Tus atributos y las evidencias de Tus nombres'. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden incitar a todas las cosas a ensalzarte y a glorificar Tu Esencia y pueden desatar la lengua de todos los seres para magnificar la soberanía de Tu belleza. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden llenar los cielos y la tierra con los signos de Tu trascendente Esencia, y ayudar a todas las cosas creadas a entrar en el Tabernáculo de Tu cercanía y Tu presencia. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden hacer que todas las cosas creadas sean un libro que hable de Ti y un rollo que exprese Tu alabanza. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden establecer a las Manifestaciones de Tu soberanía en el trono de Tu autoridad y sentar a los Exponentes de Tu gloria en la sede de Tu Divinidad. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden hacer que el árbol corrompido dé frutos sanos mediante los hálitos de Tus favores y vivificar los cuerpos de todos los seres con las suaves brisas de Tu trascendente gracia. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden hacer que desciendan desde el cielo de Tu santa unidad los signos de Tu exaltada singularidad. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden enseñar a todas las cosas las realidades de Tu conocimiento y la esencia de Tu sabiduría y no han de apartar a las miserables criaturas de las puertas de Tu misericordia y Tu munífico favor. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden permitir a todos los que están en los cielos y en la tierra prescindir de todas las cosas creadas, mediante los tesoros de omnisuficiente riqueza, y pueden ayudar a todas las cosas creadas a alcanzar la cumbre de Tus omnipotentes favores. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden ayudar a los corazones de Tus ardientes amantes a remontarse hasta la atmósfera de la cercanía a Ti y del anhelo por Ti y encender la Luz de las Luces dentro de la tierra de Iraq. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden desprender a aquellos que están cerca de Ti de todas las cosas creadas, y atraerles al trono de Tus nombres y Tus atributos. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden hacer que perdones todos los pecados y transgresiones, satisfagas las necesidades de los pueblos de todas las religiones y viertas las fragancias del perdón sobre la creación entera. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden permitir a aquellos que han reconocido Tu unidad escalar las alturas de Tu amor y hacer que quienes están dedicados a Ti asciendan al Paraíso de Tu presencia. Mis agradecimientos a Ti son tales que pueden borrar de los corazones de los hombres toda sugerencia de limitación e inscribir los signos de Tu unidad. Mis agradecimientos a Ti son tales como aquellos con los que Tú, desde la eternidad, glorificaste a Tu propio Ser, exaltándolo por encima de todo par, rival o comparación, ¡oh Tú en cuyas manos están los cielos de la gracia y munificencia, los reinos de la gloria y majestad!".

Sin embargo, no todas Sus oraciones eran portadoras de Su alegría, Su alabanza o Su acción de gracias. Una de las más conmovedoras es ésta, que Él repetía al volver desde Su retiro como derviche en las montañas de Sulaymániyyih a Bagdad, donde tuvo que enfrentarse a una nueva tempestad de oposición y una nueva etapa del exilio de Su país natal.

ORACIÓN

¡Oh Dios, mi Dios! No estés lejos de mi, pues tribulación sobre tribulación se ha reunido en torno a mi, ¡oh Dios, mi Dios! No me abandones a mí mismo, pues extrema adversidad me ha sobrevenido. De la leche pura de los pechos de Tu amorosa bondad dame de beber, pues la sed me ha consumido totalmente. Al abrigo de las alas de Tu misericordia cobíjame, pues todos mis adversarios, de común acuerdo, han caído sobre mí. Mantenme cerca del trono de Tu majestad, en presencia de la revelación de los signos de Tu gloria, pues la miseria me ha afligido dolorosamente. Con los frutos del Árbol de Tu Eternidad nútreme, pues me ha sobrecogido suma debilidad. De las copas de la alegría, brindadas por las manos de Tu tierna misericordia, susténtame, pues se han apoderado de mí múltiples aflicciones. Con el bordado manto de Tu omnipotente soberanía atavíame, pues la pobreza me ha despojado enteramente. Arrullado por el canto de la Paloma de Tu Eternidad hazme dormir, pues las más sombrías calamidades me han acontecido. Ante el trono de Tu unicidad, en medio del fulgor de la belleza de Tu semblante, hazme permanecer, pues el temor y el estremecimiento me han abatido violentamente. En las profundidades del océano de Tu perdón, ante el inquieto leviatán de la gloria, sumérgeme, pues mis pecados me han condenado absolutamente.

"Mira, entonces, oh Tú que eres el Bienamado de Bahá, las lágrimas que él derrama ante Ti y observa los suspiros que profiere, ¡oh Tú que eres el Deseo de su corazón! ¡Juro por Tu poder, Tu majestad y Tu gloria! Si heredara de Ti todas las delicias del Paraíso y las guardara en mi poder tanto tiempo como perdurase Tu propio Ser y si, por menos de un instante, descuidara Tu recuerdo, ciertamente, las desecharía de mí y dejaría de considerarlas. Soy aquel, oh mi Dios, que por amor a Ti ha dejado el mundo y todos sus beneficios y ha aceptado voluntariamente toda tribulación en aras de Tu recuerdo.

Te imploro, oh Tú que eres mi Compañero y mi Bienamado, que alces el velo que se ha interpuesto entre Tú y Tus siervos, para que Te reconozcan con Tu propio ojo y se libren de todo afecto a alguien que no seas Tú. Tú eres ciertamente el Todopoderoso, el Siempre Perdonador, el Más Compasivo. No hay otro Dios fuera de Ti, el Más Exaltado, Quien se basta a Sí mismo, Quien se enaltece a Sí mismo, el Todo Glorioso, el Sapientísimo.

La alabanza sea para Ti, por cuanto Tú eres, en verdad, el Señor de la tierra y el cielo".

"¡Glorificado eres Tú, oh Señor mi Dios! Tú contemplas mi lamentable estado y la habitación en que vivo y atestiguas mi perplejidad, mis apremiantes necesidades, mis tormentos y las aflicciones que sufro en medio de Tus siervos, quienes recitan Tus versos y repudian a su Revelador, quienes invocan Tus nombres y ponen reparos a su Creador, quienes procuran acercarse a Aquel que es Tu Amigo y dan muerte a Quien es el Bienamado de los mundos.

Abre sus ojos, oh mi Dios y mi Dueño, para que con agudeza contemplen Tu belleza, o hazles volver al más profundo abismo de fuego. Potente eres Tú para hacer Tu voluntad. Tú eres verdaderamente el Todo Glorioso, el Sapientísimo".

ORACIÓN

"¡Alabado sea Tu nombre, oh mi Dios! no puedo descubrir a nadie en Tu reino que pueda volverse dignamente hacia Ti o sea capaz de escuchar adecuadamente lo que ha salido de la boca de Tu voluntad. Te suplico, por tanto, oh Tú que eres el Poseedor de la creación entera y el Rey del dominio de Tu invención, que ayudes bondadosamente a Tus criaturas a realizar lo que Te es grato y aceptable, para que se levanten a servir a Tu Causa entre Tus criaturas y a expresar alabanzas a Ti ante todos los que están en el cielo y en la tierra.

Tú eres, oh mi Señor, Aquel cuya munificencia ha sobrepasado todas las cosas, cuya fuerza ha trascendido todas las cosas y cuya misericordia ha abarcado todas las cosas. Mira entonces, a Tu pueblo, con la mirada de Tu tierna misericordia y no lo abandones en Tus días a sí mismos y a sus deseos corruptos. Por muy lejos que se hayan desviado de Ti y por muy gravemente que se hayan apartado de Tu rostro, con todo, en Tu esencia, Tú eres el Todo Munífico y, en Tu íntimo espíritu, eres el Más Misericordioso. Procede con ellos según las no reveladas muestras de Tu munificencia y Tus dones. Tú verdaderamente eres Aquella fuerza de cuyo poder todas las cosas han atestiguado y de cuya majestad y omnipotencia la creación entera ha dado testimonio.

No hay Dios sino Tú, el que ayuda en el peligro, el que subsiste por Sí mismo.

ORACIÓN

¡Mi Dios, el Objeto de mi adoración, la Meta de mi deseo, el Todo Munífico, el Más Compasivo! Toda vida proviene de Ti y todo poder se halla en el puño de Tu omnipotencia. A quienquiera que Tú exaltes, es exaltado por encima de los ángeles y alcanza la posición de: "¡Verdaderamente le elevamos a un lugar en lo alto!" Y a quienquiera que humilles, queda más vil que el polvo, más aun, es menos que nada.

¡Oh Divina Providencia! Aunque perversos, pecaminosos e intemperantes, con todo, Te pedimos una 'sede de verdad' y ansiamos contemplar el rostro del Rey Omnipotente. Es de Ti ordenar y toda soberanía Te pertenece y el reino de la fuerza se inclina ante Tu mandato. Todo cuanto Tú haces es pura justicia, más aún la misma esencia de la gracia. Un solo destello de los esplendores de Tu nombre, el Todo Misericordioso, basta para desterrar y borrar del mundo todo vestigio de pecado y un soplo de las brisas del Día de Tu Revelación es suficiente para adornar con un nuevo atavío a toda la humanidad.

Concede Tu fortaleza, oh Tú el Todopoderoso, a Tus débiles criaturas y vivifica a aquellos que están como muertos, para que tal vez Te encuentren, sean conducidos al océano de Tu guía y permanezcan firmes en Tu Causa. Si la fragancia de la alabanza a Ti fuese difundida en alguna de las diversas lenguas del mundo, ya fuera del este o del oeste, ello sería en verdad apreciado y sobremanera estimado. Sin embargo, si tales lenguas estuviesen privadas de tal fragancia, ellas serían ciertamente indignas de mención alguna, ya fuera en palabras o en pensamientos.

Te rogamos, oh Providencia, que enseñes a todos los hombres Tu camino y les guies rectamente. Tú eres verdaderamente el Todopoderoso, el Omnipotente, el Omnisciente, el Todo Vidente.

ORACIÓN

¡Alabado y glorificado eres, oh mi Dios! Te suplico por los suspiros de quienes te aman y por las lágrimas derramadas por aquellos que anhelan verte, que no me prives de tus tiernas mercedes en tu Día, ni de las melodías de la paloma que exalta tu unicidad ante la luz que irradia de tu rostro. Estoy en desgracia, oh Dios; mírame aferrado a tu Nombre, el todo Poseedor. Yo soy quien estoy seguro de perecer; mírame asido a tu Nombre, el Imperecedero. Te imploro entonces por tu Ser, el Exaltado, el Altísimo, que no me abandones ni a mí mismo ni a los deseos de una inclinación corrupta. Retén mi mano en la mano de tu poder, líbrame de las profundidades de mis fantasías y vanas imaginaciones y purifícame de todo lo que Tú detestas.

Haz entonces que me vuelva completamente hacia Ti, que ponga en Ti toda mi confianza, que te busque como mi refugio y que huya hacia tu rostro.

Tú eres verdaderamente Aquel quien, por la fuerza de su poder, hace lo que quiere y ordena lo que desea por la potencia de su voluntad. Nadie puede resistir la acción de tu decreto; nadie puede desviar el curso de tu designio.

Tú eres en verdad el Todopoderoso, el Todo Glorioso, el Más Generoso.

"Te ruego, oh mi Dios, por Tu muy exaltada Palabra, la que Tú has ordenado que sea el Divino Elixir para todos los que están en Tu reino, Elixir mediante cuyo poder el tosco metal de la vida humana ha sido transmutado en oro purísimo, oh Tú en cuyas manos están los reinos, tanto visible como invisible, que ordenes que mi elección esté de acuerdo con Tu elección y mi deseo con Tu deseo y que pueda sentirme enteramente de acuerdo con lo que Tú has deseado y totalmente satisfecho con lo que has destinado para mí por Tu munificencia y favor. Potente eres Tú para hacer Tu voluntad. Tú en verdad eres el Todo Glorioso, el Sapientísimo.

Feliz es el hombre que Te ha reconocido y ha descubierto la dulzura de Tu fragancia, se ha vuelto hacia Tu reino y ha gustado de las cosas que han sido en él perfeccionadas en virtud de Tu gracia y favor. Grande es la bendición de aquel que ha confesado Tu muy excelente majestad y a quien los velos que han apartado de Ti a las naciones no le han impedido dirigir su mirada hacia Ti, ¡oh Tú que eres el Rey de la eternidad y el Vivificador de todo hueso destinado a reducirse a polvo! Bienaventurado también es aquel que ha aspirado Tus suaves aromas y ha sido arrobado por Tus palabras en Tus días. Bienaventurado, además, es quien se ha vuelto hacia Ti y ¡ay de aquel que Te haya vuelto la espalda!.

¡Alabado seas Tú, Señor de los mundos!".
ORACIÓN

¡Alabado sea Tu nombre, oh Señor mi Dios! Tú ves cómo me he vuelto hacia Ti y he dirigido mi rostro en la dirección de Tu gracia y Tus dones. Te imploro, por Tu nombre, mediante el cual permitiste a todos los que han reconocido Tu unidad participar del vino de Tu misericordia y a todos aquellos que se han acercado a Ti beber de las aguas vivientes de Tu amorosa bondad, que me libres enteramente de toda vana imaginación y me inclines en la dirección de Tu gracia, ¡oh Tú que eres el Señor de todos los hombres!

Ayúdame bondadosamente, oh mi Dios, en los Días de la Manifestación de Tu Causa y la Aurora de Tu Revelación, a desgarrar los velos que me han impedido reconocerte y sumergirme en el océano de Tu conocimiento. Sostenme con las manos de Tu poder y concede que sea tan arrobado por las suaves melodías de la Paloma de Tu unicidad, que cese de contemplar en toda la creación rostro alguno que no sea Tu rostro, oh Tú el Objetivo de mi deseo, y no reconozca en el mundo visible nada que no sean las evidencias de Tu poder, ¡oh Tú que eres el Dios de misericordia!

No soy más que una miserable criatura, oh mi Señor, y Tú eres el Todo Poseedor, el Altísimo; soy absolutamente débil y Tú eres el Todopoderoso y el Supremo Ordenador, tanto en el principio como en el fin. No me niegues las fragancias de Tu Revelación, ni destruyas mis esperanzas en las efusiones que han descendido del cielo de Tus favores. Ordena para mí, oh mi Dios, el bien de este mundo y del mundo por venir y concédeme aquello que me beneficie en cada mundo de Tus mundos, pues no sé lo que ha de ayudarme o dañarme. Tú eres, en verdad, el Omnisciente, el Sapientísimo.

Ten misericordia, entonces, oh mi Dios, de Tus siervos que están sumidos en medio del océano de las insinuaciones perversas y líbralos por el poder de Tu soberanía, ¡oh Tú que eres el Señor de todos los nombres y atributos! Tú eres Quien desde siempre has ordenado lo que Te place y por siempre continuarás siendo el mismo. No hay Dios sino Tú, el Siempre Perdonador, el Más Misericordioso".

ORACIÓN

Alabanzas sean para Ti, oh mi Dios, por cuanto has vuelto los rostros de Tus siervos hacia la diestra del trono de Tus dones y los has hecho desprenderse de todo menos de Ti, para que reconozcan Tu soberanía y confiesen Tu gloria. Atestiguo la potencia de Tu Causa, la penetrante influencia de Tu decreto, la inmutabilidad de Tu voluntad, la perpetuidad de Tu propósito. Todas las cosas se hallan aprisionadas en el puño de Tu poder y la creación entera es indigente cuando se enfrenta a las evidencias de Tu riqueza.

Procede, por tanto, oh mi Dios, mi Amado, mi Supremo Anhelo, con Tus siervos y con todos los que fueron creados por Ti, como corresponda a Tu belleza y a Tu magnificencia y sea digno de Tu generosidad y Tus dones. Tú eres, en verdad, Aquel cuya misericordia ha abarcado a todos los mundos y cuya gracia ha abrazado a todos los que moran en la tierra y en el cielo. ¿Hay alguien que Te haya invocado y cuya súplica no haya sido respondida? ¿Dónde está quien se haya esforzado por alcanzarte y a quien Tú no Te hayas aproximado? ¿Quién puede afirmar que ha fijado su mirada en Ti y no le ha sido dirigida la vista de Tu amorosa bondad? Atestiguo que Tú te habías vuelto hacia Tus siervos antes de que ellos se hubiesen vuelto hacia Ti y que los habías recordado antes de que ellos Te hubiesen recordado. Toda gracia es tuya, oh Tú en cuya mano está el reino de los divinos dones y la fuente de todo irrevocable decreto.

Haz descender, por tanto, oh mi Dios, sobre todos los que Te buscan, aquello que los despoje enteramente de todo cuanto no Te pertenezca y los acerque a Tu Ser. Ayúdales, por Tu gracia, a amarte y a someterse a lo que a Ti Te place. Permíteles, entonces, que caminen rectamente por el sendero de Tu Causa, sendero en que han resbalado los pasos de quienes dudan entre Tu pueblo y de los díscolos entre Tus siervos. Tú eres verdaderamente el Omnipotente, el Todopoderoso, el Más Grande.

ORACIÓN

¡Alabado seas Tú, oh Señor mi Dios! Soy aquel que ha buscado el augusto designio de tu voluntad y ha dirigido sus pasos hacia el umbral de tus gracias. Yo soy aquel que ha abandonado todo lo suyo, que se ha refugiado bajo tu abrigo, que ha vuelto su rostro hacia el Tabernáculo de tu Revelación y el Adorado Santuario de tu Gloria. Yo te suplico, oh mi Señor, por tu llamamiento mediante el cual los que reconocieron tu unidad han buscado la sombra de tu muy bondadosa providencia y los sinceros han huido de ellos mismos para volverse hacia tu Nombre, el más Exaltado, el Todo Glorioso, por el cual tus versículos han sido enviados, tu palabra cumplida y tu prueba manifestada y el sol de tu belleza erigido y tu testimonio establecido y tus signos descubiertos, yo te suplico me concedas el favor de ser contado entre los que han bebido de las manos de tu bondadosa providencia el vino que es realmente vida y que se han despojado, en tu sendero, de todo lazo con tus criaturas y que han sido exaltados con tu incalculable sabiduría, y que con tu alabanza en los labios y tu recuerdo en el corazón se han apresurado a ofrecerse en los campos de la inmolación. Envíame además, oh mi Dios, aquello que me purifique de todo aquello que no es de Ti y líbrame de tus enemigos que han rehusado creer en tus signos.

Poderoso eres Tú para hacer lo que te place. No hay otro Dios más que Tú, el que ayuda en el peligro, el que subsiste por Sí mismo.

Hay muchas oraciones específicas que Bahá'u'lláh reveló para responder a los requerimientos del individuo o de la ocasión, o bien de las necesidades urgentes de los hombre, como ésta:

ORACIÓN DE MISERICORDIA
HACIA LA HUMANIDAD

¡Mi Dios, a quien venero y adoro! Soy testigo de tu unidad y tu unicidad y reconozco tus dádivas tanto del pasado como del presente. Tú eres el Todo Generoso y las anegantes lluvias de tu Misericordia se han vertido lo mismo sobre los pobres que sobre los ricos, y los esplendores de tu Gracia se han derramado tanto sobre los obedientes como sobre los rebeldes.

Oh Dios de misericordia, ante cuya Puerta se ha inclinado la quintaesencia de la misericordia y alrededor del santuario de cuya Causa ha circundado la cariñosa bondad en su más íntimo espíritu, te suplicamos, rogando tu antigua gracia y anhelando tu presente favor, que tengas piedad de todos los que son las manifestaciones del mundo del ser y que no les niegues la efusión de tu gracia en tus días.

Todos son pobres y necesitados y Tú verdaderamente eres el que todo lo posee, el que todo lo domina, el Omnipotente.

ORACIÓN DE AYUDA PARA SERVIR A LA CAUSA

¡Oh Dios, quien eres el Autor de todas las Manifestaciones, el Origen de todos los Orígenes, la Fuente Suprema de toda Revelación y el Manantial de toda Luz! Atestiguo que por tu Nombre el cielo de la comprensión ha sido adornado y el océano de la expresión se ha agitado y las dispensaciones de tu providencia han sido promulgadas a los seguidores de toda religión.

Yo te imploro que me enriquezcas a tal punto que pueda prescindir de todo salvo de Ti y no depender de nadie excepto de Ti.

Derrama entonces sobre mí, de las nubes de tu bondad, aquello que me beneficie en cada mundo de tus mundos. Ayúdame, entonces, mediante tu gracia fortalecedora, a servir de tal modo a tu Causa entre tus siervos, que pueda yo demostrar aquello que me haga ser recordado tanto como perdure tu propio reino y persista tu dominio.

Oh mi Señor, éste es tu siervo que se ha vuelto con todo su ser hacia el horizonte de tu munificencia, el océano de tu gracia y el cielo de tus dádivas. Procede conmigo como corresponde a tu Majestad, a tu Gloria, a tu Generosidad y a tu Gracia.

Tú eres en verdad el Dios de fuerza y poder, quien es capaz de contestar a aquellos que le invocan. No hay Dios sino Tú, el Omnisciente, el Sapientísimo.

ORACIÓN DE AYUDA MATERIAL Y ESPIRITUAL

Disipa mi pena por tu munificencia y generosidad, oh Dios, mi Dios, y destierra mi angustia por medio de tu soberanía y tu poder. Tú me ves, oh mi Dios, con el rostro dirigido hacia Ti en un momento en que las aflicciones me han envuelto por todos lados. Te imploro, oh Tú que eres el Señor de todos los seres y proteges todas las cosas visibles e invisibles, por tu Nombre mediante el cual Tú has sometido los corazones y las almas de los hombres y por las olas del océano de tu misericordia y los esplendores del sol de tu generosidad, que me cuentes entre aquellos a quienes absolutamente nada ha impedido dirigir su rostro hacia Ti, oh Tú Señor de todos los nombres y Hacedor de los cielos.

Tú ves, oh mi Señor, lo que me ha sucedido en tus días. Te suplico por Aquel que es la Aurora de tus nombres y el Punto de Amanecer de tus atributos, que ordenes para mí aquello que me haga levantar para servirte y exaltar tus virtudes. ¡Tú eres verdaderamente el Todopoderoso, el Omnipotente, quien acostumbra a responder a las oraciones de todos los hombres!

Finalmente te pido, por la luz de tu semblante, que bendigas mis asuntos, redimas mis deudas y satisfagas mis necesidades. Tú eres Aquel cuyo poder y dominio toda lengua ha atestiguado y cuya majestad y soberanía todo corazón comprensivo ha reconocido. No hay Dios sino Tú, quien escucha y está dispuesto a contestar.

Las oraciones de Bahá'u'lláh fueron reveladas tanto en árabe como en persa; el árabe, a diferencia del persa, tiene masculino y femenino, distinción que Él usó libremente en Su bella selección de palabras; así hallamos que una oración que ciertamente parece adecuada para uso general, para mí, por ejemplo, que soy mujer, puede ser expresada en términos que indican que el hablante es masculino; pero no quiere decir que no deba yo usarla, ya que desde luego mi alma no es varón ni hembra, condiciones que son parte de la naturaleza física de este mundo y no tienen nada que ver con los dominios espirituales del más allá. Shoghi Effendi informó a los bahá'ís que debían adherirse estrictamente al texto. En otras palabras, no deberíamos cambiar el masculino a femenino o el singular a plural. Sin embargo, algunas de las oraciones de Bahá'u'-lláh han sido reveladas especialmente para Sus "siervas", otra prueba más de la especial consideración que se tiene hacia las mujeres en esta Revelación. He aquí dos de Sus oraciones para mujeres, una de ellas específica para la curación:

ORACIÓN PARA UNA SIERVA

¡Magnificado sea Tu nombre, oh Señor mi Dios! He aquí mi ojo deseoso de contemplar las maravillas de Tu misericordia, mi oído anhelante por escuchar Tus dulces melodías y mi corazón ansioso de beber las aguas vivientes de Tu conocimiento. Tú ves a Tu sierva, oh mi Dios, de pie ante la habitación de Tu misericordia, invocándote por Tu nombre y establecido sobre todos los que están en el cielo y en la tierra. Haz descender sobre ella los hálitos de Tu misericordia, para que sea completamente arrebatada de sí misma y enteramente atraída hacia la sede que, resplandeciente con la gloria de Tu rostro, difunde por doquier el fulgor de Tu soberanía y se ha constituido en Tu trono. Potente eres Tú para hacer Tu voluntad. No hay Dios fuera de Ti, el Todo Glorioso, el Más Generoso.

Te suplico, oh mi Señor, que no arrojes fuera de Ti a quienes Te han buscado, ni rechaces a aquellos que han dirigido a Ti sus pasos, ni prives de Tu gracia a quienes Te aman. Tú eres Aquel, oh mi Señor, que Se ha llamado a Sí mismo el Dios de Misericordia, el Más Compasivo. Ten, entonces, piedad de Tu sierva que ha buscado Tu abrigo y ha vuelto el rostro hacia Ti.

Tú eres verdaderamente el Siempre Perdonador, el Más Misericordioso.

ORACIÓN DE CURACIÓN PARA UNA SIERVA

¡Gloria sea a Ti, oh Señor mi Dios! Te ruego por tu Nombre, mediante el cual Aquel que es tu Belleza ha sido establecido en el trono de tu Causa, y por tu Nombre -por cuyo medio Tú cambias todas las cosas, pides cuenta de todas las cosas, reúnes todas las cosas, premias todas la cosas y mantienes todas las cosas te ruego que guardes a esta sierva que ha huido a refugiarse en Ti, ha buscado la protección de Aquel en quien Tú estás manifiesto y ha puesto toda su fe y confianza en Ti.

Ella está enferma, oh mi Dios, y se ha puesto a la sombra del árbol de tu curación; está afligida y ha huido hacia la ciudad de tu protección; está dolorida y busca el manantial de tus favores; está abatida y se apresura hacia la fuente de tu tranquilidad; está cargada de pecados y ha dirigido su rostro hacia la corte de tu perdón.

Atavíala, por tu soberanía y cariñosa bondad, oh mi Dios y mi amado, con la vestidura de tu bálsamo y curación. Y hazle beber del cáliz de tu merced y favores. Protégela, además, de toda aflicción y dolencia, de todo dolor y enfermedad y de todo lo que te sea detestable.

Tú estás en verdad por encima de todo lo que hay fuera de Ti. Tú eres verdaderamente el Sanador, el que todo lo satisface, el Preservador, el que siempre perdona, el Más Misericordioso.

Entre todas Sus oraciones para una sierva -pero ciertamente muy apropiada para que todos la reciten- Bahá'u'lláh implora protección contra las murmuraciones de quienes han repudiado la verdad de Dios, en otras palabras, los malévolos, los que dudan y los Rompedores del Convenio.

ORACIÓN DE PROTECCIÓN

¡Oh Tú, ante cuya terrible majestad se han estremecido todas las cosas, en cuyas manos se hallan los asuntos de todos los hombres, hacia cuya gracia y misericordia se dirigen los rostros de todas Tus criaturas! Te suplico, por Tu nombre que has ordenado ser el espíritu de todos los nombres que están en el reino de los nombres, que nos protejas de las murmuraciones de aquellos que se han apartado de Ti y han repudiado la verdad de Tu muy augusto y exaltadísimo Ser, en esta Revelación que ha hecho estremecerse el reino de Tus nombres.

Soy una de Tus siervas, ¡oh mi Señor! He vuelto mi rostro hacia el santuario de Tus bondadosos favores y el adorado tabernáculo de Tu gloria. Purifícame de todo lo que no es de Ti y fortaléceme para amarte y hacer Tu voluntad, para que me deleite en la contemplación de Tu belleza esté libre de todo apego a cualquiera de Tus criaturas y proclame en todo momento: '¡Magnificado sea Dios, Señor de los mundos!'.

Haz, oh mi Señor, que mi alimento sea Tu belleza; mi bebida la luz de Tu presencia; mi esperanza, Tu complacencia; mi obra Tu alabanza; mi compañero Tu recuerdo; mi ayuda Tu soberanía; mi morada Tu habitación y mi hogar la sede que Tú has exaltado por encima de las limitaciones de aquellos que, como por un velo, están separados de Ti.

Tú eres, en verdad, el Dios del poder, de la fortaleza y la gloria.

"Una y otra vez", escribe Bahá'u'lláh, "hemos advertido a Nuestros amados que eviten, es más, que huyan de todo aquello en que pueda percibirse el olor de la maldad. El mundo está alborotado y las mentes de su pueblo se hallan en un estado de gran confusión. Suplicamos al Todopoderoso que bondadosamente los ilumine con la gloria de Su justicia y les permita descubrir lo que les será provechoso en todo momento y en todas condiciones".

ORACIÓN DE CURACIÓN

¡Oh Dios, mi Dios! Yo te pido por el océano de tu curación, por el resplandor del sol de tu gracia y por tu Nombre por el cual sometiste a tus siervos y por el poder penetrante de tu muy exaltada Palabra y la potencia de tu muy augusta Pluma, por tu misericordia que ha precedido la creación de todos los que están en el cielo y en la tierra que me purifiques con las aguas de tu generosidad de toda aflicción y dolencia y de toda debilidad y flaqueza.

Tú ves, oh mi Señor, a tu suplicante esperando a la puerta de tu munificencia y a quien ha puesto sus esperanzas en Ti aferrándose al cordón de tu generosidad. Te suplico no le niegues aquello que solicita del océano de tu gracia y del sol de tu amorosa bondad.

Poderoso eres Tú para hacer lo que te place. No hay otro Dios sino Tú, el que siempre perdona, el Más Generoso.

ORACIÓN DE PROTECCIÓN

Me he levantado esta mañana por tu gracia, oh mi Dios, y he dejado mi hogar confiando plenamente en Ti y sometiéndome a tu cuidado. Haz descender pues sobre mí, desde el cielo de tu merced, una bendición de tu parte y permíteme regresar salvo a mi hogar, así como me permitiste salir bajo tu protección con mis pensamientos fijos firmemente en Ti.

No hay Dios sino Tú, el Único, el Incomparable, el Omnisciente, el Sapientísimo.

ORACIÓN PARA DECIR AL DESPERTARSE

He despertado bajo tu amparo, oh mi Dios, y corresponde a quien busca tal amparo permanecer dentro del santuario de tu protección y la fortaleza de tu defensa. Ilumina mi ser interior, oh mi Señor, con los resplandores de la aurora de tu Revelación, así como iluminaste mi ser exterior con la luz matinal de tu favor.

ORACIÓN PARA DECIR ANTES DE DORMIRSE

¡Oh mi Dios, mi Maestro y el objeto de mi deseo! Este siervo tuyo desea dormir al amparo de tu misericordia y reposar bajo el dosel de tu gracia, implorando tu cuidado y tu protección.

Yo te ruego, oh mi Señor, por tus ojos que no duermen, que guardes los míos para que no miren a otro fuera de Ti. Fortalece pues su visión, para que puedan distinguir tus signos y contemplar el horizonte de tu Revelación.

Tú eres Aquel, ante cuya omnipotencia, al revelarse, se ha estremecido la quintaesencia del poder.

No hay Dios sino Tú, el Todopoderoso, el que todo lo subyuga, el Incondicionado.

ORACIÓN PARA UN NIÑO

¡Alabado seas, oh Señor mi Dios! Concede bondadosamente que este niño se alimente del pecho de Tu tierna misericordia y amorosa providencia y se nutra con el fruto de Tus árboles celestiales. No permitas que se encomiende al cuidado de nadie sino Tú, ya que Tú mismo le creaste y le diste el ser por la potencia de Tu soberana voluntad y poder. No hay otro Dios más que Tú, el Todopoderoso, el Omnisciente.

Loado seas, oh mi Bienamado; derrama sobre él los perfumados aromas de Tu trascendente munificencia y la fragancia de Tus santos dones. Permítele entonces buscar abrigo a la sombra de Tu exaltadísimo Nombre, oh Tú que sostienes en Tus manos el reino de los nombres y atributos. Verdaderamente Tú eres poderoso para hacer Tu voluntad y en verdad eres el Fuerte, el Exaltado, el Siempre Perdonador, el Bondadoso, el Generoso, el Misericordioso.

Muchos cientos de oraciones han sido reveladas por Bahá'u'lláh, algunas de las cuales aún no han sido traducidas al inglés. En algunos libros de oraciones bahá'ís los compiladores han incluido una sección llamada "Oraciones para casos especiales", es decir, oraciones para ciertas ocasiones; la selección de éstas es totalmente discrecional. Sin embargo, como ya se ha señalado, hay muchas oraciones que fueron reveladas por Él para un fin especial o un momento especial. Si asimilamos Sus oraciones a un océano del cual cada gota tiene un poder y significado, me parece que cada cierto tiempo llegamos a una isla de belleza sin igual, una cosa en sí, contenida plenamente dentro de sus límites. Tal es la oración larga para los muertos, así como también la oración larga para el ayuno, la oración obligatoria larga y la Tabla de Ahmad.

La Tabla de Ahmad -llamada así porque fue dirigida a una persona de ese nombre- es en sí misma un misterio: pasando de un tema a otro, recapitulando tanto la posición como los sufrimientos de Su Precursor, el Báb, y los Suyos, atestiguando el lamentable estado de los pueblos del mundo, Bahá'u'lláh ha querido dotarla de un poder único "como un don de Nuestra parte y una merced de Nuestra presencia". Como dice Shoghi Effendi, esta oración y algunas otras han sido dotadas de "una potencia y significado especiales y debieran por tanto ser aceptadas como tales y ser recitadas por los creyentes con absoluta fe y confianza", pues así pueden entrar en comunión más íntima con Dios.

TABLA DE AHMAD
¡Él es el Rey, el Omnisciente, el Sabio!

He aquí que el Ruiseñor del Paraíso canta sobre las ramas del _rbol de la Eternidad dulces y sagradas melodías, proclamando a los sinceros las buenas nuevas de la proximidad de Dios, llamando a los creyentes en la Unidad Divina a la corte de la Presencia del Generoso, informando a los desprendidos sobre el mensaje que ha sido revelado por Dios, el Rey, el Glorioso, el Incomparable, guiando a los amantes hacia la sede de santidad y hacia esta resplandeciente Belleza.

En verdad ésta es la Belleza Más Grande predicha en los Libros de los Mensajeros, por cuyo medio la verdad será distinguida del error y la sabiduría de cada mandato será probada. En verdad Él es el _rbol de la Vida que da los frutos de Dios, el Exaltado, el Poderoso, el Grande.

¡Oh Ahmad! Atestigua que ciertamente Él es Dios y no hay Dios sino Él, el Rey, el Protector, el Incomparable, el Omnipotente. Y que Aquel a quien Él manifestó con el nombre de 'Alí* fue el verdadero Enviado de Dios, cuyos mandatos todos acatamos.

Di: Oh pueblo, sé obediente a las ordenanzas de Dios que han sido establecidas en el Bayán por el Glorioso, el Sabio. Verdaderamente Él es el Rey de los Mensajeros y su Libro es el Libro Madre, si lo supierais. Así os profiere el Ruiseñor su llamamiento desde esta prisión. Él sólo tiene que dar a conocer este claro mensaje. Quienquiera que lo desee, que se aparte de este consejo y quienquiera que lo desee, que elija el sendero que conduce hacia su Señor.

Oh pueblo, si niegas estos versos ¿por medio de qué prueba crees en Dios? Producidla, oh asamblea de falsos.

No. ¡Por aquel en cuya mano está mi alma! Ni pueden ni jamás podrán hacer esto, aunque se unieran para ayudarse unos a otros.

¡Oh Ahmad! No olvides mis generosidades mientras estoy ausente. Recuerda mis días durante tus días y mi angustia y destierro en esta remota prisión. Y sé tan firme en mi amor que tu corazón no vacile, aunque las espadas de los enemigos descarguen golpes sobre tí y todos los cielos y la tierra se levanten en tu contra.

Sé como una llama de fuego para mis enemigos y un río de vida eterna para mis amados y no seas de los que dudan.

Y si te sobreviniese aflicción en mi sendero o degradación por mi Causa, no te preocupes por ello.

Confía en Dios, tu Dios y el Señor de tus padres. Pues los hombres vagan por los senderos del error, privados de discernimiento para ver a Dios con sus propios ojos o escuchar su Melodía con sus propios oídos. Así los hemos encontrado, como tú también lo atestiguas.

Así sus supersticiones se han convertido en velos que se interponen entre ellos y sus propios corazones, apartándolos del sendero de Dios, el Exaltado, el Grande.

Ten por cierto que de verdad aquel que se aleja de esta Belleza se ha alejado también de los Mensajeros del pasado y muestra orgullo ante Dios, desde toda eternidad hasta toda eternidad.

Aprende bien esta tabla, oh Ahmad. Cántala durante tus días y no te separes de ella. Pues en verdad Dios ha ordenado para aquel que la canta la recompensa de cien mártires y un servicio en ambos mundos.

Estos favores te los hemos conferido como una generosidad de nuestra parte y una misericordia de nuestra presencia, para que seas de los agradecidos.

¡Por Dios! Si alguien que esté afligido o con pena lee esta Tabla con absoluta sinceridad, Dios disipará su tristeza, resolverá sus dificultades y alejará sus aflicciones.

Verdaderamente Él es el Misericordioso, el Compasivo. Alabado sea Dios, Señor de todos los mundos.

Bahá'u'lláh asigna extraordinaria importancia al período de ayuno y a las virtudes con que el ayuno ha sido dotado por Dios desde tiempo inmemorial y es dotado nuevamente por Bahá'u'lláh mismo. En una de Sus Tablas afirma que el "ayuno... impuesto a todos" es un período especial en que los siervos de Dios se adhieren a la cuerda de Sus mandamientos y se toman del asidero de Sus preceptos. Dirigiéndose a Dios, escribe en una de Sus oraciones: "Estos son los días en que Tú has ordenado a todos los hombres observar el ayuno, para que purifiquen mediante él sus almas y se libren de todo apego a otro que no seas Tú... Concede, oh mi Señor, que este ayuno llegue a ser un río de aguas vivificadoras y produzca la virtud con que Tú lo has dotado. Purifica por medio de él los corazones de Tus siervos a quienes los males del mundo no les han impedido volverse hacia Tu gloriosísimo Nombre..." El ayuno se halla entre las "maravillosas leyes y preceptos" de Bahá'u'lláh; uno debiera ayunar, dice Él, por amor a Dios y en conformidad con Su mandato, y afirma: "Bienaventurado aquel que observa el ayuno enteramente por Tu causa" y ruega a Dios que ayude a Sus siervos a "obedecerte y a guardar tus preceptos" y pone en boca de Sus siervos la súplica de que esta observancia del ayuno "nos purifique de los fétidos olores de nuestras transgresiones, ¡oh Tú que Te has llamado el Dios de misericordia! Tan grande", afirma Bahá'u'lláh, "es el ayuno" que adorna el "preámbulo del Libro de Tus Leyes" y dice a continuación que Dios ha "dotado cada hora de estos días con una virtud especial..."

La oración larga del ayuno llega a gustarle a uno todos los años de su vida adulta a tal punto que la bendición de guardar el ayuno y la bendición de acompañarlo con esta oración llegan a ser una gran dádiva anual, un privilegio especial de la vida. Si uno la comienza alrededor de cinco minutos antes de la salida del sol, descubre que parece estar sincronizada deliberadamente con la salida del sol: uno se halla de pie ante "la puerta de la ciudad de Tu presencia", esperando la gracia de Dios; luego vienen "la sombra de Tu misericordia y el dosel de Tu munificencia", se separa la luz de la sombra, cantan las aves; luego sigue "el esplendor de Tu luminosa frente y el resplandor de la luz de Tu semblante", el cielo comienza a encenderse de colores; el adorador pide se le permita "contemplar el Sol de Tu Belleza", ¡el sol está saliendo! A continuación viene con toda su pompa el amanecer, símbolo de la Divina Primavera de Dios, "por el Tabernáculo de Tu majestad sobre las más altas cumbres y el Dosel de Tu Revelación en las más elevadas montañas"; al ver uno al sol remontarse a los cielos se llega a las palabras "por Tu Belleza que brilla desde el horizonte de la eternidad, Belleza ante la cual se inclina en adoración el reino de la belleza..." Todo esto ocurre en la primera mitad de la oración. Mas lo que suplica el adorador es recibir la gracia de Dios, acercarse a Él, llegar a ser atraído hacia Él y empaparse de Sus palabras, servir a Su Causa de tal modo que no se lo impidan quienes se han apartado de Dios, que le sea permitido reconocer la Manifestación de Dios, realizar lo que Dios desea, "morir a todo cuanto poseo y vivir para todo cuanto a Ti pertenece", recordar y alabar a Dios, que sea alejado de todo cuanto disgusta a Dios y se le permita acercarse a Aquel que manifiesta los signos de Dios; que se le dé a conocer lo que estaba oculto en el conocimiento y sabiduría de Dios, se le cuente entre quienes han alcanzado lo que Dios ha revelado, se destine para él lo que Dios ha decretado para Sus depositarios y Sus elegidos, se decrete para todo aquel que se ha vuelto hacia Dios y ha observado el ayuno prescrito por Él "la recompensa decretada para quienes no hablan sino con Tu permiso y quienes han abandonado en Tu camino, y por amor a Ti, todo lo que poseían" y, finalmente, que "borres las faltas de quienes se han mantenido firmes en Tus leyes y han observado lo que Tú les has prescrito en Tu Libro". Casi como la melodía clave de una espléndida composición musical, se repite una y otra vez el mismo estribillo: "Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero". Cuando repito este versículo, me veo a mí misma y a mis padres y seres queridos que están muertos, adhiriéndonos todos juntos a este simbólico manto celestial y me siento muy cerca de ellos. Ciertamente es una oración magnífica que contiene metáforas de profundo misticismo, oración que representa una experiencia sin fin.

ORACIÓN DE AYUNO LEÍDA AL AMANECER

Te imploro, oh mi Dios, por tu poderoso signo y por la revelación de tu gracia entre los hombres, que no me alejes de la puerta de la ciudad de tu presencia, ni frustres las esperanzas que he puesto en las manifestaciones de tu gracia entre tus criaturas. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por tu muy dulce voz y por tu muy exaltada Palabra, que me acerques cada vez más al umbral de tu puerta y no permitas que sea alejado de la sombra de tu misericordia y del dosel de tu generosidad. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el esplendor de tu frente luminosa y por el resplandor de la luz de tu semblante que brilla en el más Alto horizonte, que me atraigas con la fragancia de tu vestidura y me hagas beber del vino escogido de tu expresión. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por tu cabello que se mueve sobre tu rostro, así como tu muy exaltada Pluma corre a través de las páginas de tus Tablas derramando el almizcle de significados ocultos sobre el reino de tu creación, que me eleves para servir a tu Causa de modo tal que no retroceda ni sea estorbado por las insinuaciones de quienes han puesto reparos a tus signos y se han apartado de tu rostro. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por tu Nombre que Tú has hecho el rey de los nombres y mediante el cual se extasiaron todos los que están en el cielo y en la tierra, que me permitas contemplar el sol de tu belleza y que me proveas con el vino de tu Palabra. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el Tabernáculo de tu majestad sobre las más altas cumbres y por el dosel de tu Revelación en las más elevadas montañas, que me ayudes bondadosamente a hacer lo que tu voluntad ha deseado y tu propósito ha manifestado. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por tu Belleza que brilla sobre el horizonte de la eternidad, Belleza ante la cual se inclina en adoración el reino de la belleza, magnificándola con tonos resonantes, tan pronto como ella se revela, que me permitas morir a todo lo que poseo y vivir para todo lo que a Ti te pertenece. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por la Manifestación de tu Nombre, el Bienamado, por quien fueron consumidos los corazones de los que te aman y se remontaron a lo alto las almas de todos los que habitan en la tierra, que me ayudes a recordarte entre tus criaturas y a ensalzarte entre tu pueblo. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el susurro del divino _rbol del Loto y por el murmullo de las brisas de tu Palabra en el reino de tus nombres, que me alejes de todo cuanto tu voluntad detesta y me acerques al lugar donde resplandece quien es la Aurora de tus signos. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por aquella Letra que, tan pronto como salió de la boca de tu voluntad, ha hecho agitarse los océanos, soplar los vientos, aparecer los frutos, brotar los árboles, desaparecer todos los vestigios del pasado, rasgarse todos los velos y apresurarse hacia la luz del semblante de su Señor, el Libre, a los que están dedicados a Ti, que me des a conocer lo que estaba oculto en los tesoros de tu conocimiento y guardado en los depósitos de tu sabiduría. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por el fuego de tu amor que quitó el sueño de los ojos de tus elegidos y amados y por el recuerdo y alabanza que te hacen al amanecer, que me cuentes entre aquellos que han alcanzado lo que Tú has enviado en tu Libro y manifestado por tu voluntad. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por la luz de tu semblante que ha impulsado a quienes están cerca de Ti a recibir los dardos de tu decreto y a quienes están consagrados a Ti a enfrentarse a las espadas de tus enemigos en tu sendero, que decretes para mí, mediante tu más exaltada pluma, aquello que Tú has decretado para tus depositarios y tus elegidos. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Te imploro, oh mi Dios, por tu Nombre, mediante el cual has escuchado la invocación de quienes te aman, los suspiros de quienes te anhelan, el llanto de quienes gozan de tu cercanía, el gemido de quienes están dedicados a Ti y mediante el cual has cumplido los deseos de quienes han puesto sus esperanzas en Ti, realizado sus anhelos por medio de tu gracia y favores, y por tu Nombre mediante el cual el océano del perdón se agitó ante tu rostro, la lluvia de las nubes de tu generosidad se vertió sobre tus siervos, que decretes para todo el que se haya vuelto hacia Ti y haya observado el ayuno que Tú has prescrito, la recompensa decretada para quienes no hablan sino con tu permiso y quienes han abandonado en tu sendero y por amor a Ti todo lo que poseían.

Te imploro, oh mi Señor, por Ti mismo, por tus signos, por tus claras señales, por la refulgente luz del sol de tu Belleza y por tus Ramas, que absuelvas las faltas de quienes se han mantenido firmes en tus leyes y han observado aquello que Tú les has prescrito en tu Libro. Tú me ves, oh mi Dios, asiéndome a tu Nombre, el Más Santo, el Más Luminoso, el Más Fuerte, el Más Grande, el Más Exaltado, el Más Glorioso, y adhiriéndome al borde del manto al cual se han adherido todos, en este mundo y en el venidero.

Otra de las muy poderosas oraciones de Bahá'u'lláh es la más larga de las oraciones obligatorias, ya que Él ha impuesto a Sus seguidores la obligación o ley moral de volverse hacia Dios al menos una vez al día, para que sean borrados, mediante el recuerdo de Dios, el polvo de la vida y la escoria del mundo. Siempre atento a las necesidades y posibilidades de los hombres, nos dio una selección de tres oraciones: la mediana, que se recita tres veces al día, no sólo satisface las necesidades de los muy devotos sino también la de aquellos que, por venir de una religión que tenía como ley fija la recitación de cierta oración cinco veces al día, podrían sentirse privados y perdidos sin este reforzamiento espiritual; la corta, que se dice entre el mediodía y la puesta del sol y que no alcanza a tener cincuenta palabras, permite a quienes están sumergidos en la prisa y las presiones de la vida urbana cumplir con su obligación moral de una oración diaria. Mas la larga, con todas sus genuflexiones y que puede recitarse en cualquier momento de las veinticuatro horas del día, es un examen de conciencia, una experiencia de comunión con Dios para quienes sienten necesidad de ella. Y cuanto más la dice uno, más puertas parece abrir misteriosamente en el propio ser interior.

LAS TRES ORACIONES OBLIGATORIAS
ORACIÓN OBLIGATORIA CORTA
Para ser recitada una vez cada veinticuatro horas

Soy testigo, oh mi Dios, de que Tú me has creado para conocerte y adorarte. Soy testigo en este momento de mi impotencia y tu poder, de mi pobreza y tu riqueza.

No hay otro Dios más que Tú, el que ayuda en el peligro, el que subsiste por Sí mismo.

ORACIÓN OBLIGATORIA MEDIANA
Para ser recitada diariamente por la mañana,
al mediodía y al anochecer

Quien desee orar, debe lavarse las manos y decir mientras se las lava:

Fortalece mi mano, oh mi Dios, para que se aferre a tu Libro con tal firmeza que las huestes del mundo no tengan poder sobre ella. Cuídala entonces para que no se ocupe en aquello que no le sea propio.

Tú eres verdaderamente el Todopoderoso, el Omnipotente.

Y mientras se lava la cara debe decir:

He vuelto mi rostro hacia Ti, oh mi Señor. Ilumínalo con la luz de tu semblante. Protégelo, pues, para que no se vuelva hacia otro sino hacia Ti.

Luego poniéndose de pie en dirección al Qiblih -punto de adoración en Bahjí, 'Akká- debe decir:

Dios atestigua que no hay Dios sino Él. Suyos son los reinos de la Revelación y de la Creación. Él en verdad ha manifestado a Aquel quien es la Aurora de la Revelación, quien conversó en el Sinaí, por medio de quien ha brillado el Supremo Horizonte y ha hablado el _rbol del Loto, más allá del cual no hay paso, por medio de quien ha sido proclamado a todos los que están en el cielo y en la tierra el llamamiento: "¡He aquí: el que todo lo posee ha llegado! La tierra y el cielo, la gloria y el dominio son de Dios, Señor de todos los hombres y Poseedor del Trono de lo alto y de la tierra".

Luego, inclinándose y con las manos sobre las rodillas, debe decir:

¡Exaltado eres Tú por encima de mi alabanza y la alabanza de cualquier otro aparte de mí, por encima de mi descripción y la descripción de todos los que están en el cielo y todos los que están en la tierra!

Luego, de pie y con las manos abiertas y las palmas frente al rostro, debe decir:

No decepciones, oh mi Dios, a quien con dedos suplicantes se ha aferrado al borde de tu misericordia y de tu gracia. ¡Oh Tú que, entre aquellos que muestran misericordia, eres el más Misericordioso!

Luego sentándose debe decir:

Soy testigo de tu unidad y tu unicidad y de que Tú eres Dios y no hay Dios sino Tú. Verdaderamente Tú has revelado tu Causa, cumplido tu Convenio y has abierto de par en par la puerta de tu gracia a todos los que habitan en el cielo y en la tierra. Bendición y paz, parabienes y gloria sean para tus amados, a quienes ni los cambios ni azares del mundo les han impedido volverse hacia Ti, quienes han dado todo con la esperanza de obtener aquello que hay junto a Ti. Tú eres en verdad el que siempre perdona, el Todo Generoso.

Si alguien desea recitar en vez del verso largo las siguientes palabras: "Dios atestigua que no hay Dios sino Él, el que ayuda en el peligro, el que subsiste por Sí mismo", sería suficiente. Bastaría también, si al estar sentado decide recitar estas palabras: "Soy testigo de tu unidad y unicidad, de que Tú eres Dios y no hay Dios sino Tú".

ORACIÓN OBLIGATORIA LARGA
Para ser recitada una vez en veinticuatro horas

Quien desee recitar esta oración debe ponerse de pie, dirigiéndose a Dios y permaneciendo en su lugar debe mirar a derecha e izquierda, como si esperase la misericordia de su Señor, el Compasivo. Luego debe decir:

¡Oh Tú que eres el Señor de todos los nombres y el Hacedor de los cielos! Te suplico por Aquellos que son las auroras de tu invisible Esencia, la más Exaltada, la Todo Gloriosa, que hagas de mi oración un fuego que consuma los velos que me han apartado de tu belleza y una luz que me conduzca hacia el océano de tu presencia.

Luego, levantando las manos en súplica hacia Dios, bendito y exaltado sea, debe decir:

¡Oh Tú, Deseo del mundo y Amado de las naciones! Tú me ves volviéndome hacia Ti, libre de todo apego a otro que no seas Tú y aferrándome a tu cordón, por cuyo movimiento ha sido conmovida toda la creación. Soy tu siervo, oh mi Señor, y el hijo de tu siervo. Heme aquí decidido a hacer tu voluntad y tu deseo, no anhelando nada más que tu complacencia. Te imploro, por el océano de tu misericordia y el sol de tu gracia, que procedas con tu siervo de acuerdo con tu voluntad y deseo. ¡Por tu poder, que está por encima de toda mención y alabanza! Todo lo que sea revelado por Ti es el deseo de mi corazón y lo amado por mi alma. ¡Oh Dios, mi Dios! No consideres mis esperanzas ni mis actos; antes bien, considera tu voluntad, que ha abarcado los cielos y la tierra. ¡Por tu Nombre Más Grande, oh Tú Señor de todas las naciones! He deseado sólo lo que Tú deseaste y amo sólo lo que Tú amas.

Luego, arrodillándose e inclinando la frente hasta el suelo, debe decir:

Exaltado eres sobre la descripción de cualquiera que no seas Tú y la comprensión de alguien fuera de Ti mismo.

Luego poniéndose de pie debe decir:

Haz de mi oración, oh mi Señor, una fuente de aguas vivas, con las cuales pueda vivir tanto como dure tu soberanía y hacer mención de Ti en cada mundo de tus mundos.

Levantando nuevamente las manos en señal de súplica debe decir:

¡Oh Tú, por cuya separación los corazones y las almas se han consumido y por el fuego de cuyo amor todo el mundo se ha inflamado! Te imploro por tu Nombre, por medio del cual Tú has subyugado a la creación entera, que no me prives de lo que hay junto a Ti, oh Tú que reinas sobre todos los hombres. Tú ves, oh mi Señor, a este extraño apresurándose hacia su más exaltado hogar, bajo el dosel de tu majestad y dentro de los recintos de tu merced; a este transgresor anhelando el océano de tu perdón; a este ser humilde ansiando la corte de tu gloria; y a esta pobre criatura buscando el oriente de tu riqueza. Tuya es la autoridad para ordenar todo lo que sea tu voluntad. Atestiguo que Tú debes ser alabado por tus hechos, obedecido en tus mandatos y permanecer libre en tus órdenes.

Entonces debe levantar las manos y repetir tres veces el Nombre Más Grande*. Y luego debe decir ante Dios, bendito y exaltado sea, inclinándose con las manos sobre las rodillas:

Tú ves, oh mi Dios, cómo mi espíritu ha sido conmovido dentro de mis extremidades y miembros, en su ansia de adorarte y ensalzarte; cómo da testimonio de lo que la Lengua de tu Mandamiento ha atestiguado en el reino de tu Palabra y en el cielo de tu conocimiento. Cuánto anhelo pedirte en este estado, oh mi Señor, todo lo que Tú posees, para demostrar mi pobreza y magnificar tu generosidad y tus riquezas, para declarar mi impotencia y manifestar tu fuerza y tu poder.

Luego debe ponerse de pie, levantar las manos dos veces en actitud de súplica y decir:

No hay Dios sino Tú, el Todopoderoso, el Todo Generoso. No hay Dios sino Tú, el que ordena tanto en el principio como en el fin. ¡Oh Dios, mi Dios! Tu perdón me ha alentado y tu misericordia me ha fortalecido; tu llamamiento me ha despertado y tu gracia me ha levantado y me ha conducido hacia Ti. Por lo demás ¿quién soy yo para atreverme a permanecer ante la puerta de la ciudad de tu cercanía o fijar mi rostro en las luces que brillan en el cielo de tu voluntad? Tú ves, oh mi Señor, a esta desgraciada criatura llamando a la puerta de tu gracia y a esta alma efímera anhelando el río de vida eterna de manos de tu generosidad. Tuyo es el mando en todo tiempo, oh Tú que eres el Señor de todos los nombres, y mía es la resignación y voluntaria sumisión a tu voluntad, oh Creador de los cielos.

Luego, levantando las manos tres veces, debe decir:

¡Dios es el Más Grande de todos los grandes!

Luego, arrodillándose e inclinando la frente hasta el suelo, debe decir:

Demasiado elevado eres Tú para que la alabanza de aquellos que están cerca de Ti ascienda al cielo de tu cercanía o para que los pájaros de los corazones de quienes están consagrados a Ti alcancen la entrada de tu puerta. Atestiguo que Tú has sido santificado más allá de todo atributo y consagrado por encima de todo nombre. No hay Dios sino Tú, el Más Exaltado, el Todo Glorioso.

Luego sentándose debe decir:

Atestiguo lo que han atestiguado todas las cosas creadas, la Compañía de lo Alto, los moradores del más alto Paraíso y más allá de ellos la misma Lengua de Grandeza, desde el Horizonte todo glorioso: que Tú eres Dios, que no hay Dios sino Tú y que Aquel quien ha sido manifestado es el Misterio Oculto, el Símbolo Atesorado, por cuyo medio se han unido y enlazado las letras de SÉ. Atestiguo que es Aquel cuyo nombre ha sido señalado por la Pluma del Altísimo y quien ha sido mencionado en los Libros de Dios, el Señor del Trono de lo alto y de la tierra.

Luego irguiéndose debe decir:

¡Oh Señor de toda la existencia y Poseedor de todo lo visible e invisible! Tú percibes mis lágrimas y los suspiros que profiero; oyes mi gemido, mi sollozo y el lamento de mi corazón. ¡Por tu poder! Mis transgresiones me han impedido acercarme a Ti y mis pecados me han mantenido lejos de la corte de tu santidad. Tu amor, oh mi Señor, me ha enriquecido; la separación de Ti me ha destruído y el alejamiento de Ti me ha consumido. Te suplico, por tus pasos en este desierto y por las palabras "Aquí estoy, aquí estoy" que tus Elegidos han pronunciado en esta inmensidad, por los alientos de tu Revelación y las suaves brisas del amanecer de tu Manifestación, que ordenes pueda yo contemplar tu belleza y observar todo lo que está en tu Libro.

Luego debe repetir el Nombre Más Grande tres veces e inclinándose con las manos sobre las rodillas debe decir:

Alabado seas Tú, oh mi Dios, que me has ayudado a recordarte y alabarte, me has hecho conocer a Aquel que es la Aurora de tus signos e inclinarme ante tu Señorío, humillarme ante tu Deidad y reconocer lo que ha sido pronunciado por la Lengua de tu grandeza.

Luego levantándose debe decir:

¡Oh Dios, mi Dios! Mi espalda está inclinada por la carga de mis pecados y mi negligencia me ha destruído. Cada vez que pienso en mis malos actos y tu benevolencia, mi corazón se consume dentro de mí y mi sangre hierve en mis venas. ¡Por tu belleza, oh Tú el Deseo del mundo! Me ruborizo al levantar mi rostro hacia Ti y mis manos anhelantes se avergüenzan de extenderse hacia el cielo de tu generosidad. Tú ves, oh mi Dios, cómo mis lágrimas me impiden recordarte y ensalzar tus virtudes, ¡oh Tú Señor del trono de lo alto y de la tierra! Te imploro por los signos de tu reino y los misterios de tu dominio que procedas con tus amados como sea propio de tu generosidad, ¡oh Señor de todo lo existente!, y sea digno de tu gracia, ¡oh Rey de lo visible y lo invisible!

Luego debe repetir el Nombre Más Grande tres veces y arrodillándose con la frente hasta el suelo decir:

Alabado seas, oh nuestro Dios, ya que Tú nos has enviado aquello que nos acerca a Ti y nos provees con todo lo bueno enviado por Ti en tus Libros y tus Escrituras. Te suplicamos, oh mi Señor, que nos protejas de las huestes de vanas fantasías y ociosas imaginaciones. Tú en verdad eres el Poderoso, el Omnisciente.

Luego, levantando la cabeza y sentándose, debe decir:

Atestiguo, oh mi Dios, aquello que tus Elegidos han atestiguado. Y reconozco lo que los moradores del más alto Paraíso y aquellos que han circulado alrededor de tu poderoso trono han reconocido: ¡Los reinos de la tierra y del cielo son tuyos, oh Señor de los mundos!

Los rituales han sido en gran parte excluidos dentro de la Fe Bahá'í. Una de las escasas excepciones es la oración larga para los muertos, la cual constituye el servicio fúnebre bahá'í. Es muy simple y muy breve, si bien contiene seis versículos que se repiten diecinueve veces cada uno. En el papel esto no significa mucho, pero cuando uno se halla de pie en presencia del difunto, quizás con el corazón partido, y escucha estos versículos que se repiten una y otra vez, es como su cada repetición se adentrara en el corazón como un bálsamo celestial y lo refrescara y tranquilizara. No sólo ocurre una reconciliación con la voluntad de Dios, sino que una dichosa sensación de consuelo para disipar ese entumecimiento interior hasta que al final llena nuestro ser un apacible sentimiento de exaltación y de desprendimiento del mundo y sus vicisitudes. Esta oración es verdaderamente uno de los grandes y preciosos dones que Bahá'u'lláh nos ha dado.

ORACIÓN PARA EL ENTIERRO DE LOS MUERTOS

Cuando se lea esta oración en un acto fúnebre bahá'í deberán permanecer de pie todos los presentes.

(Si se refiere a una mujer se dirá: "Esta es tu sierva y la hija de tu sierva...")

¡Oh mi Dios! Este es tu siervo y el hijo de tu siervo que ha creído en Ti y en tus signos y ha vuelto su rostro hacia Ti, completamente desprendido de todo excepto de Ti. Tú eres verdaderamente de los que muestran misericordia, el Más Misericordioso.

Trátalo, oh Tú que perdonas los pecados de los hombres y encubres sus faltas, como corresponde al cielo de tu munificencia y al océano de tu gracia. Concédele tu admisión en los recintos de tu trascendente Misericordia que es anterior a la creación del cielo y la tierra. No hay Dios sino Tú, el que siempre perdona, el Más Generoso.

Luego se repite seis veces el saludo "Alláh'u'Abhá" y después se repite diecinueve veces cada uno de los siguientes versos:

Todos en verdad adoramos a Dios.
Todos en verdad nos inclinamos ante Dios.
Todos en verdad estamos consagrados a Dios
Todos en verdad damos alabanza a Dios.
Todos en verdad damos gracias a Dios.
Todos en verdad somos pacientes ante Dios.
ORACIÓN POR LOS MUERTOS

¡Gloria sea a Ti, oh Señor mi Dios! No humilles a quien Tú has exaltado mediante el poder de tu soberanía eterna y no alejes de Ti a quien Tú has hecho entrar en el tabernáculo de tu eternidad. ¿Rechazarás, oh mi Dios, a quien Tú has protegido con tu soberanía y apartarás de Ti, oh mi deseo, a aquel para quien Tú has sido un refugio? ¿Podrás degradar a quien Tú has elevado u olvidar a quien Tú permitiste que te recordara?

¡Tú eres glorificado, inmensamente glorificado! Tú eres Aquel que desde siempre ha sido el Rey de toda la creación y su Fuerza Primordial; y eternamente permanecerás como el Señor y el Ordenador de todo lo creado. ¡Glorificado eres Tú, oh mi Dios! Si dejases de ser misericordioso con tus siervos ¿quién entonces sería misericordioso con ellos? Y si rehusaras socorrer a tus amados ¿quién entonces podría socorrerlos?

¡Tú eres glorificado, inmensamente glorificado! Tú eres adorado en tu verdad y a Ti ciertamente te veneramos todos. Tú estás manifiesto en tu justicia y a Ti verdaderamente te atestiguamos todos. Tú eres en verdad amado en tu gracia. No hay Dios sino Tú, el que ayuda en el peligro, el que subsiste por Sí mismo.

Bahá'u'lláh nos asegura que "La muerte ofrece a todo creyente seguro el cáliz que es realmente la vida. Confiere regocijo y es portadora de alegría. Concede el don de la vida eterna".

"En cuanto a quienes han gustado el fruto de la existencia terrenal del hombre, que es reconocer al único y verdadero Dios, exaltada sea Su gloria, su vida en el más allá es tal que no podemos describirla".

La línea que separa algunas oraciones de una meditación es en realidad muy tenue. El libro Oraciones y Meditaciones de Bahá'u'lláh, compilado y traducido por Shoghi Effendi, me parece un tesoro tan extenso de alimento espiritual que por sí solo sería suficiente para seguir con él por mil años. Las meditaciones que contiene, en las que se hallan reflexiones divinas y comunión con Dios, al igual que temas teológicos y verdades místicas, son lamentablemente demasiado extensas para ser incorporadas en una obra de esta naturaleza, pero recomiendo encarecidamente que de aquí en adelante se usen en conjunto con el material contenido en el resto de este libro.

Al tratar de nadar a través del mar de estas meditaciones, uno se da cuenta de un constante cambio de tema; no son éstas ejercicios intelectuales, en los que un erudito se sienta a desarrollar un argumento, sino que están mucho más cerca de las fuerzas de la naturaleza, ¿y eso qué tiene de malo? El viento revolotea en torno a un árbol, haciéndolo doblarse, ora hacia el este, ora hacia el oeste, haciendo que sus ramas formen un millar de dibujos cambiantes; si uno mira el cielo nocturno, tal vez salga la luna por la izquierda, por la derecha pase un meteorito, en tanto que la Vía Láctea resplandece arriba; cada ola que rompe en la playa remueve un centenar de nuevas conchas y guijarros formando un diseño diferente en la arena. La inspiración divina, que brota a través del alma y la mente de Bahá'u'lláh, me parece que es así en estas meditaciones: un maravilloso espectáculo pirotécnico en que Él trata un tema tras otro y expone una verdad tras otra, ¡y a veces, dentro de la meditación misma viene una oración, como una joya en un joyero, una perla dentro de una madreperla!

Un buen ejemplo de ello es el preámbulo a una de las extensas meditaciones de Bahá'u'lláh, la número CLXXVI del libro anteriormente mencionado:

ORACIÓN

"¡La alabanza sea para Ti, oh Tú que eres mi Dios y Dios de todos los hombres, mi Anhelo y el Anhelo de todos aquellos que Te han reconocido, mi Amado y Amado de quienes han admitido Tu unidad, el Objeto de mi adoración y de la adoración de quienes tienen cercano acceso a Ti, mi Deseo y Deseo de aquellos que están enteramente consagrados a Ti, mi Esperanza y Esperanza de quienes en Ti han depositado su corazón, mi Refugio y Refugio de todos los que se han apresurado en ir hacia Ti, mi Amparo y Amparo de quienquiera que se ha encaminado hacia Ti, mi Meta y Meta de todos aquellos que se han vuelto en dirección a Ti, mi Objetivo y Objetivo de quienes han fijado en Ti su mirada, Mi Paraíso y Paraíso de aquellos que han ascendido hasta Ti, mi Norte y Norte de todos aquellos que Te anhelan, mi Luz y Luz de todos aquellos que han errado y han pedido ser perdonados por Ti, mi Exultación y Exultación de todos los que Te recuerdan, mi Fortaleza y Fortaleza de todos aquellos que han huido hacia Ti, mi Santuario y Santuario de todos los que Te temen, mi Señor y Señor de todos aquellos que habitan en los cielos y en la tierra!".

Bahá'u'lláh mismo nos ha dado una explicación de por qué Sus escritos producen un efecto tan profundo en nuestras almas, el mismo efecto que las palabras de cada Profeta en Su propia Dispensación:

"La Palabra de Dios es reina de las palabras y su penetrante influencia es incalculable. Siempre ha dominado y continuará dominando el reino de la existencia. El Gran Ser dice: La Palabra es la llave maestra para el mundo entero, ya que por su potencia se abren las puertas de los corazones de los hombres, las cuales son en realidad las puertas del cielo... Es un océano de riqueza inagotable, que comprende todas las cosas. Todo lo que puede ser percibido es una emanación de ella. Alta, inmensamente alta es esta sublime posición, a cuya sombra se mueve la esencia de la elevación y el esplendor, envuelta en alabanza y adoración".

"Me parece que el sentido del gusto en los hombres, ¡ay!, ha sido afectado por la fiebre de la negligencia y la locura, pues se hallan completamente inconscientes y privados de la dulzura de Su expresión. Cuán deplorable es realmente que el hombre se prive de los frutos del árbol de la sabiduría mientras que sus días y horas pasan velozmente. Quiera Dios que la mano del poder divino proteja a toda la humanidad y guíe sus pasos hacia el horizonte del verdadero entendimiento"

"Inspira entonces mi alma, oh mi Dios, con Tu maravilloso recuerdo, para que pueda glorificar Tu nombre. No me cuentes entre aquellos que leen Tus palabras y no logran hallar Tu don oculto que en ellas está contenido, conforme a Tu decreto, y que hace revivir las almas de Tus criaturas y los corazones de Tus siervos".

Uno nunca debiera desanimarse, sin embargo, y dejar de leer la "Palabra de Dios" sólo porque no la entiende o no se siente conmovido por ella. A algunos se les puede dar muy fácilmente, en tanto que a otros les puede resultar tan difícil como a un niño que aprende a caminar, ¡con golpes y caídas! Cualquiera puede agarrarse de esta cuerda salvavidas que es la Palabra de Dios. El novato en tales cosas e incluso el ateo no debieran compararse con alguien que lo sienta todo "intensamente" y pretenda "entenderlo todo perfectamente". "Tú no decepcionas a nadie", afirma Bahá'u'lláh, "que Te haya buscado ni apartas de Ti a quien Te haya deseado; No hay Dios sino Tú, que oyes y estás dispuesto a contestar"; Él es Aquel, nos asegura Bahá'u'lláh, que es "el Refugio de los temerosos y el Asilo de los necesitados". Debemos volvernos a Dios porque Él es quien cambia "la humillación en gloria; la debilidad en fortaleza; la impotencia en poder; el temor en calma y la duda en certeza". ¿Y quién de nosotros no necesita alguna de estas cosas, si no todas? Para cada cual la experiencia de cómo la Palabra de Dios puede hacer revivir la fuerza de la fe -una de las fuerzas más grandes del mundo- debe ser siempre algo profundamente personal.

"La Palabra de Dios", dice Bahá'u'lláh, "puede ser comparada con un árbol joven cuyas raíces han sido implantadas en los corazones de los hombres. Os incumbe favorecer su crecimiento por medio de las aguas vivas de la sabiduría, de santificadas y santas palabras, a fin de que sus raíces se afirmen fuertemente y sus ramas se extiendan hasta los cielos y más allá de ellos".

"Cada palabra que procede de la boca de Dios está dotada de una potencia tal que puede infundir nueva vida en todo cuerpo humano, si sois de aquellos que comprenden esta verdad. Todas las maravillosas obras que veis en este mundo han sido puestas de manifiesto por la acción de Su suprema y exaltadísima Voluntad, Su maravilloso e inflexible Propósito. Por la mera revelación de la palabra 'Modelador', que sale de Sus labios y proclama a la humanidad Su atributo, es liberado un poder tal que puede generar, en sucesivas edades, todas las múltiples artes que puedan producir las manos del hombre. Esto es ciertamente una verdad indudable. Tan pronto como es pronunciada esta resplandeciente palabra, sus energías animadoras, que se mueven dentro de todas las cosas creadas, dan nacimiento a los medios e instrumentos por los cuales pueden producirse y perfeccionarse tales artes. Todos los maravillosos logros que ahora presenciáis son consecuencia directa de la revelación de este Nombre. En los días venideros veréis ciertamente cosas de las cuales jamás habíais oído. Así ha sido decretado en las Tablas de Dios y nadie puede comprenderlo salvo aquellos cuya vista es aguda. De manera similar, en el momento en que salga de Mi boca la palabra que expresa Mi atributo 'el Omnisciente', toda cosa creada, de acuerdo con su capacidad y limitaciones, será investida de poder para revelar el conocimiento de las ciencias más maravillosas y será capacitada para ponerlas de manifiesto en el transcurso del tiempo por mandato de Aquel que es el Todopoderoso, el Omnisapiente. Has de saber con certeza que la Revelación de todos los demás Nombres es acompañada de una manifestación similar de poder Divino. Cada una de las letras que procede de la boca de Dios es realmente una letra madre y cada palabra pronunciada por Aquel que es la fuente de la Revelación divina es una palabra madre, y Su Tabla es una Tabla Madre. Dichoso aquel que ha comprendido esta verdad".

"Ya que Tú, oh mi Dios, Te has establecido en el trono de Tu trascendente unidad y has ascendido a la sede misericordiosa de Tu unicidad, Te corresponde borrar de los corazones de todos los seres cualquier cosa que les impida ser admitidos en el santuario de Tus Divinos misterios y los excluya del tabernáculo de Tu Divinidad, para que todos los corazones reflejen Tu belleza y Te revelen y hablen de Ti, y para que todas las cosas creadas muestren los signos de Tu muy augusta soberanía y difundan los esplendores de la luz de Tu santísima autoridad, y para que todos los que están en el cielo y en la tierra alaben y magnifiquen Tu unidad, y Te glorifiquen, por haberles manifestado Tu Ser por medio de Aquel que es el Revelador de Tu unicidad".

"Despoja entonces, oh mi Dios, a Tus siervos de las vestiduras del egoísmo y el deseo, o permite que los ojos de Tu pueblo se alcen a tales alturas que no perciban en sus deseos nada sino el ligero movimiento de las brisas de Tu eterna gloria, y no reconozcan en sí mismos nada que no sea la revelación de Tu propio Ser misericordioso, para que la tierra y todo lo que en ella hay sean purificados de cuanto es ajeno a Ti o de cualquier cosa que manifieste algo fuera de Tu Ser".

ORACIÓN

¡Mi Dios, a quien adoro y venero, Tú que eres el Más Poderoso! Atestiguo que ninguna descripción de cosa creada alguna podrá jamás revelarte, ni podrá describirte ninguna alabanza que ser alguno sea capaz de decir. Ni la comprensión de nadie en todo el mundo, ni la inteligencia de ninguno de sus pueblos pueden, de manera digna de Ti, ser admitidos en la corte de Tu santidad o desentrañar Tu misterio. ¿Qué pecado ha retenido a los habitantes de la ciudad de Tus nombres tan lejos de Tu gloriosísimo Horizonte, privándolos del acceso a Tu grandísimo Océano? Una sola letra de Tu Libro es la madre de todas las expresiones, y una palabra de él es engendradora de toda la creación. ¿Qué ingratitud han mostrado Tus siervos que a todos y a cada uno de ellos les has impedido conocerte? Una gota del océano de Tu misericordia es suficiente para apagar las llamas del infierno y una chispa del fuego de Tu amor basta para encender un mundo entero.

¡Oh Tú que eres el Omnisciente! Aunque somos díscolos, con todo, nos aferramos a Tu munificencia; aunque ignorantes, con todo, dirigimos el rostro hacia el océano de Tu sabiduría. Tú eres aquel Ser todo munífico a Quien una multitud de pecados no Le impide otorgar Su munificencia y el fluir de Cuyos dones no es detenido por el apartamiento de los pueblos del mundo. Desde la eternidad ha permanecido abierta de par en par la puerta de Tu gracia. Una pequeña gota del océano de Tu misericordia es capaz de adornar todas las cosas con el ornamento de la santidad y una partícula de las aguas de Tu munificencia puede hacer que la creación entera alcance la verdadera riqueza.

¡No alces el velo, oh Tú que eres el Ocultador! Desde la eternidad han abarcado el universo las señales de Tu munificencia y se han vertido sobre todas las cosas creadas los esplendores de Tu Nombre Más Grande. No niegues a Tus siervos las maravillas de Tu gracia. Hazlos conscientes de Ti para que den testimonio de Tu unidad y permíteles reconocerte para que vayan de prisa hacia Ti. Tu misericordia ha abarcado la creación entera y Tu gracia ha penetrado todas las cosas. Desde las olas del océano de Tu generosidad aparecieron los mares del anhelo y el entusiasmo. Tú eres lo que eres. Nada fuera de Ti es digno de mención alguna a menos que se acoja a Tu sombra y sea admitido en Tu corte.

Cualquier cosa que nos suceda, suplicamos Tu antiguo perdón y pedimos Tu gracia, que todo lo impregna. Es nuestra esperanza que a nadie has de negar Tu gracia, ni privarás a ningún alma del ornamento de la equidad y la justicia. Tú eres el Rey de todo don y el Señor de todos los favores y eres supremo por encima de todos los que están en el cielo y en la tierra".

"En toda edad y ciclo, Él, mediante la esplendorosa luz vertida por las Manifestaciones de Su maravillosa Esencia, ha recreado todas las cosas, para que todo cuanto refleje en los cielos y en la tierra los signos de Su gloria no se prive de las efusiones de Su misericordia, ni desespere de Sus abundantes favores. ¡Ved cómo las maravillas de Su munífica gracia lo abarcan todo! ¡Ved cómo han penetrado la creación entera! Es tal su virtud que no se encuentra ni un solo átomo en todo el universo que no declare las pruebas de Su poderío, ni glorifique Su santo Nombre, ni sea expresión de la refulgente luz de Su unidad. Es tan perfecta y extensa Su creación que ninguna mente ni corazón, por agudos y puros que sean, podrán jamás comprender la naturaleza de la más insignificante de Sus criaturas; cuánto menos, desentrañar el misterio de Aquel que es el Sol de la Verdad, Quien es la invisible e incognoscible Esencia. Los conceptos del más devoto de los místicos, los logros del más perfecto de los hombres y la alabanza más sublime que la lengua o pluma humana puedan dar son producto de la finita mente del hombre y están sujetos a sus limitaciones... Desde tiempo inmemorial ha estado Él velado por la inefable santidad de Su exaltado Ser y continuará estando eternamente envuelto en el impenetrable misterio de Su incognoscible Esencia. Toda tentativa de alcanzar la comprensión de Su inaccesible Realidad ha terminado en total desconcierto y todo esfuerzo por acercarse a Su exaltado Ser y concebir Su Esencia ha conducido a la desesperanza y al fracaso".

"¡Cuán desconcertante es para mí, que soy tan insignificante, la tentativa de penetrar en las sagradas profundidades de Tu conocimiento! ¡Cuán inútiles son mis esfuerzos por imaginarme la magnitud del poder inherente a Tu obra: la revelación de Tu poder creador! ¿Cómo puede mi ojo, que no tiene la facultad de percibirse a sí mismo, afirmar que ha descubierto Tu Esencia y cómo puede mi corazón, incapaz siquiera de comprender el significado de sus propias potencialidades, pretender que ha comprendido Tu naturaleza? ¿Cómo puedo afirmar que Te he conocido, cuando la creación entera está desconcertada por Tu misterio, y cómo puedo confesar que no Te he conocido, cuando, he aquí, que todo el universo proclama Tu presencia y da testimonio de Tu verdad? Las puertas de Tu gracia han estado abiertas por toda la eternidad los medios para llegar a Tu presencia han sido puestos a disposición de todas las cosas creadas y las revelaciones de Tu incomparable Belleza en todo momento han sido grabadas en las realidades de todos los seres, visibles e invisibles. Con todo, a pesar de este bondadosísimo favor, esta dádiva perfecta y consumada, me siento movido a atestiguar que Tu corte de santidad y gloria está inmensamente exaltada por encima del conocimiento de todo lo que no seas Tú, y el misterio de Tu presencia es inescrutable a toda mente salvo la Tuya. Nadie, excepto Tú, puede desentrañar el secreto de Tu naturaleza y nada que no sea Tu trascendental esencia puede comprender la realidad de Tu inescrutable ser".

En una de Sus largas meditaciones, dirigiéndose a Dios, Bahá'u'lláh declara: "Desde la eternidad has estado solo, sin nadie que Te describiera, y seguirás para siempre siendo el mismo sin nadie que Te iguale o rivalice contigo. Si se reconociera la existencia de alguien igual a Ti, ¿cómo podría sostenerse que Tú eres el Incomparable o que Tu Deidad es inmensamente exaltada por encima de todo par o semejanza? La contemplación de las mentes más elevadas que han reconocido Tu unidad no han alcanzado a comprender a Aquel a Quien Tú has creado por medio de la palabra de Tu mandamiento; con cuánta mayor razón ha de ser incapaz de remontarse hasta la atmósfera del conocimiento de Tu propio Ser. Toda alabanza que lengua o pluma alguna pueda relatar, toda imaginación que corazón alguno pueda discurrir está excluida de la posición que Tu exaltadísima Pluma ha ordenado; cuánto menos podrá alcanzar las alturas que Tú mismo has exaltado inmensamente por encima de la concepción y la descripción de criatura alguna. Pues el intento que haga lo evanescente de concebir los signos del Increado es como el movimiento de una gota frente al tumulto de Tus agitados océanos. Es más, no permitas, oh mi Dios, que me atreva a describirte así, pues toda similitud y comparación deben pertenecer a lo que es esencialmente creado por Ti. ¿Cómo pueden entonces tal similitud y comparación convenirte o alcanzar a Tu Ser?".

* Es decir, Su Santidad el Báb.
* Alláh'u'Abhá.
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EL DESEO DEL MUNDO
118
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