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Oraciones : Tablas Especiales
Tablas Especiales (#866)

*“Bahá’u’lláh ha dotado a estas ora­ciones obligatorias, junto con otras ora­ciones concretas como la Oración de Curación y la Tabla de Ahmad, de una fuerza y una trascendencia especiales, y por tanto, deben ser aceptadas como ta­les y los creyentes deben recitarlas con una fe y una confianza incondicionales, para que mediante ellas puedan entrar en una comunión mucho más íntima con Dios e identificarse más completamente con Sus leyes y preceptos.”

*—De una carta escrita en nombre de Shoghi Effendi.¡Él es el Rey, el Omnisciente, el Sa­bio!

Mirad, el Ruiseñor del Paraíso canta en las ramas del Árbol de la Eternidad dul­ces y sagradas melodías, proclamando a los sinceros las buenas nuevas de la proximidad de Dios, llamando a los cre­yentes en la Unidad Divina a la corte de la Presencia del Generoso, informando a los desprendidos sobre el mensaje que ha sido revelado por Dios, el Rey, el Glo­rioso, el Incomparable, guiando a los amantes a la sede de santidad y a esta resplandeciente Belleza.

En verdad, esta es la Más Grande Be­lleza, predicha en los Libros de los Men­sajeros, por medio de Quien la verdad será distinguida del error y la sabiduría de cada mandato será probada. En ver­dad, Él es el Árbol de la Vida que da los frutos de Dios, el Exaltado, el Poderoso, el Grande.

¡Oh Ahmad! Atestigua que cierta­mente Él es Dios y no hay Dios sino Él, el Rey, el Protector, el Incomparable, el Omnipotente. Y que Aquel a Quien Él envió con el nombre de ‘Alí fue el verda­dero Enviado de Dios, Cuyos man­datos todos acatamos.

Di: Oh gentes, sed obedientes a las ordenanzas de Dios que han sido esta­blecidas en el Bayán por el Glorioso, el Sabio. Verdaderamente, Él es el Rey de los Mensajeros y Su Libro es el Libro Madre, si lo supierais.

Así os profiere el Ruiseñor Su llama­miento desde esta prisión. Él sólo tiene que dar a conocer este claro mensaje. Quienquiera lo desee, que se aparte de este consejo y quienquiera lo desee que elija el sendero que conduce hacia su Señor.

Oh gentes, si negáis estos versos, ¿por medio de qué prueba habéis creído en Dios? Producidla, oh asamblea de falsos.

No, por Aquel en Cuya mano está mi alma; ni pueden ni jamás podrán hacer esto, aunque se unieran para ayudarse unos a otros.

¡Oh Ahmad! No olvides Mis genero­sidades mientras estoy ausente. Recuerda Mis días durante tus días, así como Mi angustia y destierro en esta remota pri­sión. Y sé tan firme en Mi amor que tu corazón no vacile, aunque las espadas de los enemigos descarguen golpes sobre ti y todos los cielos y la tierra se levanten en tu contra.

Sé como una llama de fuego para Mis enemigos y un río de vida eterna para Mis amados y no seas de los que dudan.

Y si te sobreviniese aflicción en Mi sendero o degradación por Mi causa, no te preocupes por ello.

Confía en Dios, tu Dios y el Señor de tus padres, pues las gentes vagan por los senderos del error, privadas de discerni­miento para ver a Dios con sus propios ojos u oír Su Melodía con sus propios oídos. Así las hemos encontrado, como tú también lo atestiguas.

Así sus supersticiones se han conver­tido en velos que se interponen entre ellos y sus propios corazones, y les han apartado del sendero de Dios, el Exalta­do, el Grande.

Ten por cierto que, en verdad, aquel que da la espalda a esta Belleza ha dado también la espalda a los Mensajeros del pasado y muestra orgullo ante Dios desde toda eternidad hasta toda eterni­dad.

Aprende bien esta Tabla, oh Ahmad. Recítala durante tus días y no te apartes de ella. Pues, en verdad, Dios ha ordena­do para aquel que la recite la recompensa de cien mártires y un auxilio en ambos mundos. Estos favores te los hemos con­ferido como una generosidad de Nuestra parte y una misericordia de Nuestra pre­sencia, para que seas de los agradecidos.

¡Por Dios! Si alguien que esté afligido o con pena lee esta Tabla con absoluta sinceridad, Dios disipará su tristeza, re­solverá sus dificultades y eliminará sus aflicciones.

Verdaderamente, Él es el Misericor­dioso, el Compasivo. Alabado sea Dios, Señor de todos los mundos.

-Bahá'u'lláh
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Tablas Especiales (#867)

En el Nombre de Dios, el Más Anti­guo, el Más Grande.

En verdad, los corazones de los sinceros se han consumido por el fuego de la se­paración. ¿Dónde está el resplandor de la luz de Tu semblante, oh Bienamado de los mundos?

Los que están cerca de Ti han sido abandonados en las tinieblas de la deso­lación. ¿Dónde está el brillo del alba de la reunión contigo, oh Deseo de los mundos?

Los cuerpos de Tus elegidos yacen temblando en las arenas lejanas. ¿Dónde está el océano de Tu presencia, oh En­cantador de los mundos?

Las manos anhelantes se levantan hacia el cielo de Tu gracia y de Tu gene­rosidad. ¿Dónde están las lluvias de Tu dádiva, oh Respondedor de los mundos?

Los infieles se han levantado con tira­nía por todas partes. ¿Dónde está el po­der irresistible de Tu pluma ordenadora, oh Conquistador de los mundos?

El ladrido de los perros se oye fuerte por todos lados. ¿Dónde está el león de la selva de Tu poder, oh Castigador de los mundos?

La frialdad se ha apoderado de toda la humanidad. ¿Dónde está el calor de Tu amor, oh Fuego de los mundos?

La calamidad ha llegado al límite. ¿Dónde están las señales de Tu socorro, oh Salvación de los mundos?

La oscuridad ha envuelto a la mayoría de los pueblos. ¿Dónde está el brillo de Tu resplandor, oh Refulgencia de los mundos?

Los cuellos de los hombres se han erguido con maldad. ¿Dónde están las espadas de Tu venganza, oh Destructor de los mundos?

La degradación ha llegado a su nivel más bajo. ¿Dónde están los emblemas de Tu gloria, oh Gloria de los mundos?

Las penas han afligido al Revelador de Tu Nombre, el Todomisericordioso. ¿Dónde está la alegría del Alba de Tu revelación, oh Deleite de los mundos?

La angustia ha sobrevenido a todos los pueblos de la tierra. ¿Dónde están las insignias de Tu alegría, oh Gozo de los mundos?

Tú ves cómo el Lugar del Amanecer de Tus signos está velado por insinuacio­nes malévolas. ¿Dónde están los dedos de Tu fuerza, oh Poder de los mundos?

Una sed acuciante ha vencido a todos los hombres. ¿Dónde está el río de Tu generosidad, oh Misericordia de los mundos?

La codicia ha esclavizado a toda la humanidad. ¿Dónde están las personifi­caciones del desprendimiento, oh Señor de los mundos?

Tú ves a este Agraviado solitario en el exilio. ¿Dónde están las huestes del cielo de Tu Mandato, oh Soberano de los mundos?

He sido abandonado en una tierra ex­traña. ¿Dónde están los emblemas de Tu fidelidad, oh Confianza de los mundos?

Las agonías de la muerte se han apo­derado de todos los hombres. ¿Dónde está el oleaje de Tu océano de vida eterna, oh Vida de los mundos?

Los susurros de Satanás han soplado al oído de todas las criaturas. ¿Dónde está la estrella fugaz de Tu fuego, oh Luz de los mundos?

La embriaguez de la pasión ha per­vertido a la mayor parte de la humani­dad. ¿Dónde están las alboradas de la pu­reza, oh Deseo de los mundos?

Tú ves a este Agraviado velado por la tiranía entre los sirios. ¿Dónde está la re­fulgencia de la luz de Tu aurora, oh Luz de los mundos?

Tú Me ves obligado a guardar silencio impedido para hablar. ¿De dónde, enton­ces, brotarán Tus melodías, oh Ruiseñor de los mundos?

La mayoría de la gente está envuelta en fantasías y vanas imaginaciones. ¿Dónde están los exponentes de Tu cer­teza, oh Seguridad de los mundos?

Bahá Se está ahogando en un mar de tribulaciones. ¿Dónde está el arca de Tu salvación, oh Salvador de los mundos?

Tú ves el Alba de Tu expresión en la oscuridad de la creación. ¿Dónde está el sol del cielo de Tu gracia, oh Iluminador de los mundos?

Las lámparas de la verdad y de la pure­za, de la lealtad y del honor han sido apa­gadas. ¿Dónde están los signos de Tu có­lera vengadora, oh Motor de los mundos?

¿Puedes ver a alguno que Te haya de­fendido, o que reflexione sobre lo que Le aconteció a Él en el sendero de Tu amor? Ahora Mi pluma se detiene, oh Biena­mado de los mundos.

Las ramas del Divino Árbol del Loto yacen rotas por los impetuosos vientos del destino. ¿Dónde están las banderas de Tu socorro, oh Defensor de los mundos?

Este Rostro está oculto en la polvare­da de la calumnia. ¿Dónde están las bri­sas de Tu compasión, oh Misericordia de los mundos?

La gente de la mentira mancilla la tú­nica de santidad. ¿Dónde está la vestidu­ra de Tu santidad, oh Embellecedor de los mundos?

El océano de la gracia está en calma por lo que las manos de los hombres han hecho. ¿Dónde están las olas de Tu mu­nificencia, oh Deseo de los mundos?

La puerta que conduce a la Divina Presencia está cerrada, debido a la tiranía de Tus enemigos. ¿Dónde está la llave de Tu dádiva, oh Abridor de los mundos?

Las hojas están amarillentas por los vientos venenosos de la sedición. ¿Dónde está el aguacero de las nubes de Tu gene­rosidad, oh Donador de los mundos?

El universo se oscurece con la polva­reda del pecado. ¿Dónde están las brisas de Tu misericordia, oh Perdonador de los mundos?

Este Joven está solitario en una tierra desierta. ¿Dónde está la lluvia de Tu gra­cia celestial, oh Donador de los mundos?

¡Oh Pluma Suprema! En el reino eterno hemos oído Tu dulcísima llamada. Escucha lo que profiere la Lengua de Grandeza, ¡oh Agraviado de los mundos!

Si no fuera por el frío, ¿cómo podría prevalecer el calor de Tus palabras, oh Expositor de los mundos?

Si no fuera por la calamidad, ¿cómo podría brillar el sol de Tu paciencia, oh Luz de los mundos?

No Te lamentes a causa de los malva­dos, puesto que fuiste creado para so­portar y para resistir, oh Paciencia de los mundos.

Cuán dulce fue Tu amanecer en el horizonte de la Alianza entre los fomen­tadores de sedición y Tu anhelo por Dios, oh Amor de los mundos.

Por Ti fue enarbolado el estandarte de la independencia en las cimas más altas y se agitó el mar de la munificencia, oh Embeleso de los mundos.

Por Tu soledad brilló el Sol de la Uni­dad y por Tu destierro la tierra de la Unidad fue ataviada. Ten paciencia, oh Tú, Desterrado de los mundos.

Hemos hecho de la humillación la vestidura de gloria y de la aflicción el ornamento de Tu templo, oh Orgullo de los mundos.

Tú ves que los corazones están llenos de odio y pasar por alto es propio de Ti, oh Encubridor de los pecados de los mundos.

Cuando las espadas centelleen, ¡avanza! Cuando vuelen los dardos, ¡apresúrate!, oh Tú, Sacrificio de los mundos.

¿Te lamentas Tú o me lamentaré Yo? Más bien, lloraré Yo por la escasez de Tus defensores, oh Tú, que has causado el lamento de los mundos.

En verdad, he oído Tu llamada, oh Gloriosísimo Bienamado. Y ahora la faz de Bahá está ardiendo con el calor de la tribulación y con el fuego de Tu radiante palabra y Él se ha levantado con fideli­dad en el lugar del sacrificio, mirando hacia Tu voluntad, oh Ordenador de los mundos.

Oh ’Alí-Akbar. Da gracias a Tu Señor por esta Tabla, de la que puedes aspirar la fragancia de Mi humildad y conocer aquello que Nos ha acosado en el sende­ro de Dios, el Adorado de todos los mundos.

Si todos los siervos leen y meditan sobre esto, se les encenderá en las venas un fuego que incendiará los mundos.

-Bahá'u'lláh
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Tablas Especiales (#868)

*“Estudiad la Tabla del Sagrado Ma­rinero para que podáis saber la verdad, y considerar que la Bendita Belleza ha predicho plenamente acontecimientos futuros. ¡Que aquellos que perciban es­tén alerta!”

*—‘Abdu’l-Bahá¡Él es el Glorioso, el Bienamado!
¡Oh Sagrado Marinero!

Ordena que tu arca de eternidad aparezca ante el Concurso Celestial,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

lánzala sobre el antiguo mar, en Su Nombre, el Más Maravilloso,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

y permite que entren los espíritus angeli­cales, en el Nombre de Dios, el Altísimo.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Suelta, entonces, sus amarras, para que pueda navegar sobre el océano de gloria,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

quienes moren en ella quizás alcancen el refugio en las proximidades del reino sempiterno.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Habiendo llegado hasta la orilla sagrada, playa de los mares carmesí,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

ordénales salir para que alcancen esa po­sición etérea e invisible,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todoglorioso!

posición en la que el Señor ha aparecido en la Llama de Su Belleza dentro del ár­bol inmortal;

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

donde las personificaciones de Su Causa se purificaron a sí mismas del yo y la pa­sión;

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

alrededor de la cual la Gloria de Moisés circunda junto a las huestes sempiternas;

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

donde la Mano de Dios emerge desde Su seno de Grandeza;

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

donde el arca de la Causa permanece inmóvil aún cuando a sus moradores les sean manifestados todos los atributos di­vinos.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

¡Oh Marinero! Enseña a quienes están dentro del arca aquello que te hemos en­señado tras el místico velo,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!
acaso no se demoren en el sagrado y ní­veo lugar,
¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

sino que en alas del espíritu puedan re­montarse hacia esa posición que el Señor ha exaltado por sobre toda mención en los mundos inferiores,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

puedan volar por el espacio como aves favorecidas en el reino de la eterna reu­nión;

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

puedan conocer los misterios ocultos en los Mares de luz.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Ellos superaron los grados de las limita­ciones terrenales y alcanzaron el de la unidad divina, el centro de guía celestial.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Han deseado ascender a aquella posición que el Señor ha ordenado esté por enci­ma de sus posiciones.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Después de lo cual el candente meteoro los expulsó de entre los que moran en el Reino de Su Presencia,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

y oyeron alzarse la Voz de Grandeza tras el invisible pabellón en las Alturas de Gloria:

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

“¡Oh ángeles guardianes! Regresadlos a su morada en el mundo inferior”,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

“pues se han propuesto elevarse hacia aquella esfera que las alas de la paloma celestial jamás han alcanzado”;

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

“con lo cual la nave de la fantasía se de­tiene, las mentes de los que comprenden no pueden entender”.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Entonces se asomó la virgen del cielo desde su exaltado aposento,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

y con su rostro señaló hacia el Concurso Celestial,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

inundando el cielo y la tierra con la luz de su semblante,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

y cuando el resplandor de su belleza bri­lló sobre el pueblo del polvo,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

todos los seres fueron sacudidos en sus sepulcros mortales.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Entonces ella elevó un llamado que en toda la eternidad ningún oído ha escu­chado jamás,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

y así proclamó: “¡Por el Señor! Aquel cuyo corazón no tenga la fragancia de amor de este exaltado y glorioso Joven árabe”,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

“de ningún modo podrá ascender hacia la gloria del más elevado cielo”.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!
Luego llamó a una doncella de entre sus siervas,
¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

y le ordenó: “Desciende hacia el espacio desde las mansiones de la eternidad”,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

“y vuélvete hacia aquello que han ocul­tado en lo más íntimo de sus corazones”.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

“Si inhalases el perfume del manto del Joven que ha estado oculto en el taber­náculo de luz, debido a lo que las manos de los malvados han forjado”,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

“alza un grito dentro de ti para que todos los moradores de los aposentos del Pa­raíso, quienes son las personificaciones de la riqueza eterna, puedan comprender y escuchar”;

¡Glorificado sea mi Señor, el Todoglorioso!

“para que todos desciendan de sus apo­sentos eternos y tiemblen”,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

“y besen sus manos y pies por haberse remontado hacia las alturas de la fideli­dad”;

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

“acaso perciban en sus mantos la fragan­cia del bienamado.”

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Luego el rostro de la doncella favorecida resplandeció sobre los aposentos celes­tiales como la luz que brilla desde la faz del Joven por sobre Su templo mortal;

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

entonces ella descendió con ornamentos tales como para iluminar los cielos y todo cuanto hay en ellos.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todoglorioso!

Se afanó y perfumó todas las cosas en las tierras de santidad y grandeza.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Cuando llegó allí se irguió plenamente en el mismísimo corazón de la creación,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

y buscó inhalar su fragancia en un ins­tante que no conoce principio ni fin.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

No encontró en ellos lo que era su deseo, y ésta, en verdad, no es sino una de Sus maravillosas historias.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Entonces ella clamó en alta voz, se la­mentó y regresó hacia su propia posición dentro de su más exaltada mansión,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

y entonces pronunció una sola y mística palabra, susurrada en secreto con su dulce lenguaje,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

y entre el Concurso Celestial y las in­mortales doncellas del cielo proclamó el llamado:

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

“¡Por el Señor! ¡De estos ociosos preten­sores no he percibido la brisa de la Fide­lidad!

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

“¡Por el Señor! El Joven ha permanecido solo y abandonado en la tierra del exilio en manos de los impíos.”

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Entonces ella dentro de sí clamó de tal modo que el Concurso Celestial gritó y tembló,

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

y cayendo sobre el polvo, entregó su es­píritu. Pareciera haber sido llamada y, atenta a Él, convocada hacia el Reino de lo Alto.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

¡Glorificado sea Él que la creó de la esencia del amor en el mismísimo cora­zón de su exaltado paraíso!

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Entonces las doncellas del cielo, sobre cuyos semblantes jamás se había posado el ojo de ningún morador del más alto paraíso, salieron presurosas de sus apo­sentos.

¡Glorificado sea mi Señor, el Todo­glorioso!

Todas se reunieron a su alrededor y, ¡he aquí!, encontraron su cuerpo yaciendo sobre el polvo;

¡Glorificado sea nuestro Señor, el Más Elevado!

y mientras la contemplaban y compren­dían una palabra de la historia relatada p

-Bahá'u'lláh
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Tablas Especiales (#869)

Esta Tabla, revelada por Bahá’u’lláh, se lee en los Sepulcros de Bahá’u’lláh y del Báb. También se lee con frecuencia al conmemorar Sus ani­versarios.La alabanza que ha surgido de Tu muy augusto Ser y la gloria que ha brillado desde Tu muy resplandeciente Belleza descansen sobre Ti, ¡oh Tú, que eres la Manifestación de la Grandeza, el Rey de la Eternidad, el Señor de todos los que están en el cielo y en la tierra! Atestiguo que a través de Ti fueron re­veladas la soberanía de Dios y Su domi­nio, la majestad de Dios y Su grandeza, los Soles de antiguo esplendor han de­rramado su fulgor en el cielo de Tu de­creto irrevocable, y la Belleza del Invisi­ble ha resplandecido sobre el horizonte de la creación. Atestiguo, además, que con un solo trazo de Tu Pluma se ha hecho cumplir Tu mandato: “sé Tú”; se ha divulgado el secreto oculto de Dios; se les ha dado la existencia a todas las cosas creadas y se han enviado todas las Revelaciones.

Asimismo atestiguo que por Tu belle­za se ha desvelado la belleza del Adora­do, por Tu rostro ha resplandecido el rostro del Deseado y por una palabra procedente de Ti has juzgado entre todas las cosas creadas, haciendo que quienes están consagrados a Ti asciendan a la cumbre de gloria y los infieles caigan en el más profundo abismo.

Atestiguo que quien Te ha conocido ha conocido a Dios y quien ha alcanzado Tu presencia ha alcanzado la presencia de Dios. Grande es, por tanto, la bendi­ción de aquel que ha creído en Ti y en Tus signos, se ha humillado ante Tu soberanía, se le ha honrado con encon­trarte, ha alcanzado el agrado de Tu vo­luntad, ha circulado a Tu alrededor y ha permanecido ante Tu trono. Ay de aquel que ha pecado contra Ti, Te ha negado, ha repudiado Tus signos, ha contradicho Tu soberanía, se ha levantado contra Ti, se ha mostrado altivo ante Tu rostro, ha refutado Tus testimonios, ha huído de Tu autoridad y Tu dominio y se le ha conta­do entre los infieles, cuyos nombres han sido grabados por los dedos de Tu man­dato en Tus Tablas sagradas.

Exhala entonces sobre mí, oh mi Dios y mi Bienamado, de la diestra de Tu miseri­cordia y de Tu amorosa bondad, los santos hálitos de Tus favores, para que me apar­ten de mí mismo y del mundo y me lleven hacia las cortes de Tu proximidad y de Tu presencia. Potente eres Tú para hacer lo que Te place. Tú verdaderamente eres su­premo sobre todas las cosas.

¡El recuerdo de Dios y Su alabanza, la gloria de Dios y Su esplendor descansen sobre Ti, oh Tú, que eres Su Belleza! Atestiguo que el ojo de la creación nunca ha contemplado a nadie tan agraviado como Tú. Tú estuviste todos los días de Tu vida sumido en un océano de tribula­ciones. En cierta época estuviste con ca­denas y grillos; en otra fuiste amenazado por la espada de Tus enemigos. Sin em­bargo, a pesar de todo esto, Tú ordenaste que todos los hombres observaran lo que Te había sido prescrito por Aquel que es el Omnisciente, el Sapientísimo.

¡Que mi espíritu sea sacrificado por los agravios que Tú sufriste y mi alma sirva de redención por las adversidades que soportaste! Suplico a Dios, por Ti y por aquellos cuyos rostros han sido ilu­minados por los resplandores de la luz de Tu semblante y que por amor a Ti han observado todo lo que les ha sido orde­nado, que aparte los velos que se han interpuesto entre Tú y Tus criaturas, y que me provea con el bien de este mundo y del venidero. Tú eres en verdad el To­dopoderoso, el Más Exaltado, el Todo­glorioso, Quien siempre perdona, el Más Compasivo.

Bendice Tú, oh Señor mi Dios, al divi­no Árbol del Loto, a sus hojas, a sus vás­tagos, a sus ramas, a sus tallos y a sus re­nuevos, mientras duren Tus muy exce­lentes títulos y perduren Tus muy augus­tos atributos. Protégelo, pues, del daño del agresor y de las huestes de la tiranía. Tú, en verdad, eres el Todopoderoso, el Más Potente. Bendice también, oh Señor, mi Dios, a Tus siervos y a Tus siervas que han llegado a Ti. Tú eres verdaderamente el Munífico, Cuya gracia es infinita. No hay Dios sino Tú, Quien siempre perdo­na, el Más Generoso.

-Bahá'u'lláh
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Tablas Especiales (#684)

Esta oración, revelada por ‘Abdu’l-Bahá, se lee en su Tumba. También se usa como oración pri­vada.

*“Aquel que recite esta oración con humildad y fervor traerá alegría y regocijo al corazón de este Siervo; será incluso como si se encontrase cara a cara con Él”.¡Él es el Todoglorioso!

¡Oh Dios, mi Dios! Humilde y llo­roso levanto mis manos suplicantes hacia Ti y hundo mi rostro en el polvo de aquel Umbral Tuyo exaltado por encima del conocimiento de los doctos y de la alabanza de todos los que a Ti Te glorifi­can. Mira bondadosamente a Tu siervo, humilde y sumiso ante Tu puerta, con la mirada del ojo de Tu misericordia y su­mérgelo en el océano de Tu gracia eterna.

¡Señor! Él es un pobre y humilde siervo Tuyo, esclavizado e implorante, cautivo en Tu mano, que Te ora fervoro­samente, confía en Ti, llora ante Tu ros­tro, Te llama y Te implora diciendo:

¡Oh Señor, mi Dios! Dame Tu gracia para servir a Tus amados, fortaléceme en la servidumbre hacia Ti, ilumina mi frente con la luz de adoración en Tu corte de santidad y de oración a Tu reino de grandeza. Ayúdame a ser desprendido en la entrada celestial de Tu puerta y a separarme de todo dentro de Tus sagra­dos recintos. ¡Señor! Dame de beber del cáliz del desprendimiento, atavíame con su manto y sumérgeme en su océano. Conviérteme en polvo en el sendero de Tus amados y permite que ofrezca mi alma en aras de la tierra ennoblecida por los pasos de Tus elegidos en Tu sendero, oh Señor de Gloria en lo más alto.

Con esta oración Tu siervo Te llama al amanecer y por la noche. Cumple el deseo de su corazón, oh Señor. Ilumina su corazón, alegra su pecho, enciende su luz, para que pueda servir a Tu Causa y a Tus siervos.

¡Tú eres el Donador, el Piadoso, el Más Generoso, el Benévolo, el Miseri­cordioso, el Compasivo!

-`Abdu'l-Bahá
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