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Oraciones : Firmeza
Firmeza (#790)

¡Oh Dios, mi Dios! Me he vuelto arrepentido hacia Ti y verdadera­mente Tú eres el Perdonador, el Com­pasivo.

¡Oh Dios, mi Dios! He regresado a Ti y verdaderamente Tú eres Quien siempre perdona, el Clemente.

¡Oh Dios, mi Dios! Me he aferrado a la cuerda de Tu munificencia y en Ti está el depósito de todo cuanto hay en el cielo y en la tierra.

¡Oh Dios, mi Dios! Me he apresurado hacia Ti y verdaderamente Tú eres el Per­donador, el Señor de abundante gracia.

¡Oh Dios, mi Dios! Estoy sediento del vino celestial de Tu gracia y verdadera­mente Tú eres el Donador, el Munífico, el Clemente, el Todopoderoso.

¡Oh Dios, mi Dios! Atestiguo que Tú has revelado Tu Causa, has cumplido Tu promesa y has hecho descender desde el cielo de Tu gracia aquello que ha atraído hacia Ti los corazones de Tus favoreci­dos. ¡Bienaventurado aquel que se ha asido a Tu firme cuerda y se ha aferrado al borde de Tu manto resplandeciente!

Te pido, oh Señor de todos los seres y Rey de lo visible y lo invisible, por Tu poder, Tu majestad y Tu soberanía, que permitas que mi nombre sea registrado por Tu pluma de gloria entre aquellos que están dedicados a Ti, a quienes los escritos de los pecadores no han impedi­do volverse hacia la luz de Tu semblante, oh Dios que escuchas y contestas las oraciones.

-Bahá'u'lláh
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Firmeza (#791)

¡Glorificado sea Tu Nombre, oh Se­ñor mi Dios! Yo Te suplico por Tu Poder que ha envuelto a todas las co­sas creadas, por Tu Soberanía que ha trascendido a la creación entera y por Tu Palabra que estaba oculta en Tu sabidu­ría y con la cual Tú creaste Tu cielo y Tu tierra, nos permitas ser firmes tanto en nuestro amor por Ti como en nuestra obediencia a Tu voluntad, fijar nuestra mirada en Tu semblante y celebrar Tu gloria. Permítenos, pues, oh mi Dios, es­parcir abundantemente Tus signos entre Tus criaturas y proteger Tu Fe en Tu rei­no. Tú has existido siempre indepen­dientemente de la mención de cualquiera de Tus criaturas, y por siempre permane­cerás como has existido.

En Ti he puesto toda mi confianza, hacia Ti he vuelto mi rostro, a la cuerda de Tu amorosa providencia me he afe­rrado, y hacia la sombra de Tu miseri­cordia me he apresurado. No me aban­dones a Tu puerta como un ser decep­cionado, oh mi Dios, y no me niegues Tu gracia, pues sólo Te busco a Ti. No existe más Dios que Tú, Quien siempre perdona, el Más Generoso.

¡Alabado seas Tú, que eres el Biena­mado de los que Te han conocido!

-Bahá'u'lláh
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Firmeza (#792)

¡Glorificado seas Tú, oh Señor mi Dios! Te imploro, por Aquel que es Tu Nombre Más Grande, que ha sido penosamente afligido por aquellas de Tus criaturas que han repudiado Tu ver­dad y ha estado rodeado de tales infortu­nios que ninguna lengua puede describir, que me permitas recordarte y celebrar Tu alabanza en estos días en los que todos se han apartado de Tu belleza, han dis­putado contigo y se han alejado desdeño­samente de Aquel que es el Revelador de Tu Causa. Nadie hay, oh mi Señor, para ayudarte, excepto Tu propio Ser, y nin­gún poder para socorrerte excepto Tu propio poder.

Yo Te suplico que me permitas asirme fuertemente a Tu amor y a Tu recuerdo. Verdaderamente esto está dentro de mi poder y Tú eres Aquel que conoce todo cuanto hay en mí. Tú en verdad conoces y estás informado de todo. No me prives, oh mi Señor, de los resplandores de la luz de Tu rostro, cuyo brillo ha ilumina­do al mundo entero. No hay Dios sino Tú, el Más Poderoso, el Todoglorioso, Quien siempre perdona.

-Bahá'u'lláh
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Firmeza (#793)

¡Oh Tú, Cuya proximidad es mi de­seo, Cuya presencia es mi espe­ranza, Cuyo recuerdo es mi anhelo, Cuya corte de gloria es mi objetivo, Cuya mo­rada es mi propósito, Cuyo nombre es mi curación, Cuyo amor es el esplendor de mi corazón, Cuyo servicio es mi más elevada aspiración. Te imploro por Tu Nombre, mediante el cual has permitido que aquellos que Te han reconocido se remonten a las más sublimes alturas de Tu conocimiento y has facultado a quie­nes Te adoran con devoción para que as­ciendan a los recintos de la corte de Tus sagrados favores, que me ayudes a vol­ver mi rostro hacia Tu semblante, a fijar mis ojos en Ti y a hacer mención de Tu gloria.

Yo soy aquel, oh mi Señor, que se ha olvidado de todo excepto de Ti, se ha vuelto hacia la Aurora de Tu gracia y ha abandonado todo menos a Ti con la es­peranza de acercarse a Tu corte. Heme aquí, pues, elevando mis ojos hacia la sede que brilla con los resplandores de la luz de Tu Semblante. Por tanto, haz des­cender sobre mí, oh mi Bienamado, aquello que me permita ser firme en Tu Causa, de modo que las dudas de los in­fieles no me impidan volverme hacia Ti.

Tú eres verdaderamente el Dios de Poder, Quien ayuda en el peligro, el To­doglorioso, el Todopoderoso.

-Bahá'u'lláh
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Firmeza (#794)
¡Él es el Poderoso, el Perdonador, el Com­pasivo!

¡Oh Dios, mi Dios! Tú ves a Tus sier­vos en el abismo de la perdición y del error; ¿dónde está Tu luz de guía divina, oh Tú, Deseo del mundo? Tú conoces su impotencia y su debilidad ¿dónde está Tu poder, oh Tú en Cuya mano están los poderes del cielo y de la tierra?

Te pido, oh Señor mi Dios, por el res­plandor de las luces de Tu amorosa bon­dad y las olas del océano de Tu conoci­miento y sabiduría y por Tu Palabra, mediante la cual has regido a los pueblos de Tu dominio, que me concedas ser uno de aquellos que han observado el man­dato de Tu Libro. Ordena para mí lo que Tú has ordenado para Tus leales, aque­llos que han bebido el vino de inspira­ción divina del cáliz de Tu munificencia y se han apresurado a hacer lo que es de Tu agrado y han observado Tu Alianza y Testamento. Poderoso eres Tú para hacer Tu voluntad. No hay otro Dios sino Tú, el Omnisciente, el Sapientísimo.

Decreta para mí, por Tu generosidad, oh Señor, lo que me haga prosperar en este mundo y en el venidero y me acer­que a Ti, oh Tú que eres el Señor de to­dos los hombres. No hay más Dios que Tú, el Uno, el Poderoso, el Glorificado.

-Bahá'u'lláh
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Firmeza (#795)

¡Gloria a Ti, oh Rey de la eternidad, Hace­dor de naciones y Modelador de cada hueso corruptible! Te ruego por Tu Nombre, por medio del cual llamaste a toda la humanidad hacia el horizonte de Tu majestad y gloria y guiaste a Tus siervos a la corte de Tu gracia y Tus fa­vores, que me cuentes entre aquellos que se han librado de todo excepto de Ti y se han vuelto hacia Ti, y entre aquellos a quienes las desgracias que Tú has de­cretado no les han impedido volverse hacia Tus dádivas.

Me he aferrado, oh mi Señor, al aside­ro de Tu bondad y me he adherido fir­memente al borde del manto de Tu favor. Haz descender, pues, sobre mí, desde las nubes de Tu generosidad, aquello que me purifique del recuerdo de cualquiera que no seas Tú y me capacite para diri­girme hacia Aquel que es el Objeto de la adoración de toda la humanidad, contra Quien se han dispuesto en formación los agitadores de sedición que han roto Tu alianza y no han creído en Ti ni en Tus signos.

No me niegues, oh mi Señor, las fra­gancias de Tu vestidura en Tus días, ni me prives de los hálitos de Tu Revela­ción ante la aparición de los resplandores de la luz de Tu semblante. Poderoso eres Tú para hacer lo que Te place. Nada puede resistirse a Tu voluntad ni frustrar lo que Tú has proyectado por Tu poder.

No hay Dios sino Tú, el Todopodero­so, el Sapientísimo.

-Bahá'u'lláh
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Firmeza (#835)

¡Alabado y glorificado eres Tú, oh Dios! Permite que el día de la lle­gada a Tu santa presencia se aproxime rápidamente. Alegra nuestros corazones mediante la potencia de Tu amor y com­placencia y danos firmeza para que po­damos someternos con gusto a Tu Vo­luntad y Tu Decreto. En verdad Tu co­nocimiento abarca a todas las cosas que Tú has creado o crearás y Tu poder ce­lestial trasciende a cualquier cosa que Tú hayas traído o traigas a la existencia. No hay nadie a Quien venerar sino a Ti; no hay nadie a Quien desear excepto a Ti; no hay nadie a Quien adorar excepto a Ti y nada que amar salvo Tu complacencia.

Verdaderamente, Tú eres el Regidor supremo, la Verdad Soberana, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo.

-El Báb
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Firmeza (#836)

¡Alabanzas Te sean dadas, oh Señor mi Bienamado! Hazme firme en Tu Causa y permite que pueda ser conta­do entre quienes no han violado Tu Alianza ni seguido a los dioses de sus propias vanas fantasías. Permíteme, pues, obtener un asiento de verdad en Tu presencia, concédeme una muestra de Tu misericordia y deja que me una a aque­llos siervos Tuyos que ni tendrán temor ni serán castigados. No me abandones a mí mismo, oh mi Señor, ni me prives de reconocer a Aquel que es la Manifesta­ción de Tu propio Ser, ni me cuentes en­tre quienes se han apartado de Tu santa presencia. Tenme, oh mi Dios, entre aquellos que tienen el privilegio de fijar sus ojos en Tu Belleza y quienes sienten tal dicha por ello que no cambiarían ni uno solo de esos momentos por la sobe­ranía del reinado de los cielos y de la tie­rra ni por el reino entero de la creación. Ten misericordia de mí, oh Señor, en estos días en que las gentes de Tu tierra han errado gravemente; provéeme, pues, oh mi Dios, con aquello que a Tu juicio sea bueno y decoroso. Tú eres verdade­ramente el Todopoderoso, el Generoso, el Bondadoso, Quien siempre perdona.

Permite, oh mi Dios, que no sea con­tado entre aquellos cuyos oídos están sordos, cuyos ojos son ciegos, cuyas len­guas están mudas y cuyos corazones no han llegado a comprender. Líbrame, oh Señor, del fuego de la ignorancia y del deseo egoísta, permite que sea admitido en los recintos de Tu trascendente mise­ricordia y envíame aquello que Tú has ordenado para Tus elegidos. Potente eres Tú para hacer lo que deseas. En verdad, Tú eres Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo.

-El Báb
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Firmeza (#715)

¡Oh Señor, mi Dios! Ayuda a Tus amados a ser firmes en Tu Fe, a caminar por Tus senderos y a ser cons­tantes en Tu Causa. Concédeles Tu gra­cia para que puedan resistir los asaltos del egoís­mo y la pasión y seguir la luz de guía di­vina. Tú eres el Poderoso, el Bon­dadoso, Quien subsiste por Sí mismo, el Dona­dor, el Compasivo, el Todopodero­so, el Todogeneroso.

-`Abdu'l-Bahá
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Firmeza (#716)

¡Oh Tú, mi Dios, que guías al buscador hacia el camino que conduce rec­tamente, que rescatas al alma per­dida y ciega de los eriales de la perdi­ción; Tú que confieres a los sinceros grandes dádivas y favores, que proteges a los temerosos en Tu inexpugnable re­fugio, que respondes, desde Tu altísimo horizonte, al lamento de aquellos que claman a Ti. ¡Alabado seas, oh mi Se­ñor! Tú has guiado a los distraídos y los has sacado de la muerte del descreimien­to, y a aquellos que se acercan a Ti les has conducido a la meta del viaje, a los seguros de entre Tus siervos les has re­gocijado concediéndoles sus más precia­dos deseos, y desde Tu Reino de belleza has abierto ante los que Te anhelan las puertas de la reunión, los has rescatado de los fuegos de la privación y la pérdi­da, de modo que se apresuraron a ir hacia Ti y alcanzaron Tu presencia, lle­garon a Tu puerta acogedora y recibieron una abundante porción de dones.

¡Oh mi Señor! Ellos estaban sedientos y Tú llevaste hasta sus labios resecos las aguas de la reunión. ¡Oh Tú, Sensible! ¡Oh Tú, Conferidor! Tú calmaste su do­lor con el bálsamo de Tu munificencia y Tu gracia, y curaste sus dolencias con la medicina suprema de Tu compasión. Oh Señor, haz firmes sus pasos en Tu recto sendero, ensancha para ellos el ojo de la aguja y haz que, ataviados con vestiduras reales, marchen gloriosamente por siem­pre jamás.

En verdad Tú eres el Generoso, Quien siempre perdona, el Apreciado, el Más Generoso. No existe otro Dios más que Tú, el Poderoso, el Potente, el Exaltado, el Victorioso.

-`Abdu'l-Bahá
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Firmeza (#717)

¡Oh Dios compasivo! Te doy gracias por haberme despertado y hecho consciente. Tú me has dado un ojo que ve y me has favorecido con un oído que escucha, me has conducido a Tu reino y me has guiado hacia Tu sendero. Tú me has indicado el camino verdadero y me has hecho entrar en el arca de liberación.

¡Oh Dios! Mantenme constante y hazme firme y leal. Protégeme de prue­bas violentas, presérvame y dame ampa­ro en la fortaleza sólidamente amurallada de Tu Alianza y Testamento. Tú eres el poderoso. Tú eres el que ve. Tú eres el que oye.

¡Oh Tú, Dios compasivo! Concédeme un corazón que se ilumine como un cristal con la luz de Tu amor, y confié­reme pensamientos que, mediante las efusiones de la gracia celestial, transfor­men este mundo en un jardín de rosas.

Tú eres el Compasivo, el Misericor­dioso. Tú eres el Gran Dios Benéfico.

-`Abdu'l-Bahá
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Firmeza (#718)

¡Oh mi Señor y mi Esperanza! Ayuda a Tus amados a ser firmes en Tu poderosa Alianza, a permanecer fieles a Tu Causa manifiesta y a poner en práctica los mandamientos que Tú has consignado para ellos en Tu Libro de Es­plendores; para que lleguen a ser enseñas de guía y lámparas del Concurso de lo Alto, manantiales de Tu infinita sabiduría y estrellas que guían rectamente, fulgu­rando desde el firmamento celestial.

Verdaderamente Tú eres el Invenci­ble, el Todopoderoso, el Omnipotente.

-`Abdu'l-Bahá
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Firmeza (#719)

Haz firmes nuestros pasos, oh Señor, en Tu sendero y fortalece nuestros corazones en Tu obediencia. Dirige nues­tros rostros hacia la belleza de Tu unicidad y alegra nuestros pechos con los signos de Tu divina unidad. Adorna nuestros cuer­pos con el manto de Tu generosidad, aparta de nuestros ojos el velo de la mal­dad y danos el cáliz de Tu gracia, para que la esencia de todos los seres pueda cantar Tu alabanza ante la visión de Tu grandeza. Revélate pues, oh Señor, por Tu miseri­cordiosa palabra y el misterio de Tu divino ser, para que el sagrado éxtasis de la ora­ción pueda henchir nuestras almas, ora­ción que se eleve por encima de las pala­bras y las letras y trascienda el murmullo de las sílabas y los sonidos, para que todas las cosas se fundan en la nada ante la re­velación de Tu magnificencia.

¡Señor! Estos son siervos que han per­manecido fuertes y firmes en Tu Alianza y Testamento, se han sostenido firmemente de la cuerda de la constancia en Tu Causa y se han aferrado al borde del manto de Tu grandeza. Ayúdalos, oh Señor, con Tu gracia, confírmalos con Tu poder y forta­lece sus espaldas en la obediencia a Ti.

Tú eres el Perdonador, el Benévolo.
-`Abdu'l-Bahá
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