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Compilaciones : Amor Noviazgo y Matrimonio
Primera Edición 1983
Registro de Propiedad Literaria No. 102
Acta de Derechos Reservados 980
Impreso en Guatemala Edit. “Roselvi”
CONTENIDO:
LA NECESIDAD DE UNA NUEVA ORIENTACION 1
LA BASE ESPIRITUAL DEL MATRIMONIO 3

La Veracidad y la Sinceridad. La Responsabilidad. No Ser Egoísta. La Cortesía. La Comprensión. La Madurez para Enfrentarse a los Problemas. El Amor a Dios.

EL CONOCIMIENTO DEL UNO HACIA EL OTRO 15

Amistad en Vez de Noviazgo. Trabajar Juntos. Una Variedad de Personas y Situaciones.

DESARROLLO DE LAS CUALIDADES ESPIRITUALES PROPIAS 19

Cómo Desarrollar estas Cualidades. Orar para Guía.

LA CASTIDAD 24

Unas Consideraciones. La Necesidad de Decisión. La Castidad Estricta. Cómo Manejar sus Sentimientos de Atracción. La Amistad Sincera. El Sexo Dentro del Matrimonio.

LEYES QUE GOBIERNAN EL MATRIMONIO BAHA’I 40

Al Casarse con Alguien que no es Bahá’í. Al Casarse Dos Bahá’ís. El Consentimiento de los Padres. La Promesa. No Servir Bebidas Alcohólicas. Otros Detalles. La Boda de Shoghi Effendi.

LA VIDA MATRIMONIAL 45

La Fidelidad. La Consulta. Las Relaciones Familiares. La Relación entre los Cónyuges. La Relación entre Padres é Hijos. La Unidad en la Diversidad. La Obediencia a Dios. La Oración. El Estudio y la Meditación en los Escritos Sagrados. El Servicio. Las Pruebas. Progreso Gradual.

EL DIVORCIO
Al Volverse a Casar.
COMENTARIOS FINALES 78

La Importancia de Acatar las Leyes Bahá’ís. La Necesidad de Voluntad y Acción.

TABLA DE MATRIMONIO 82
BIBLIOGRAFIA
REFERENCIAS
INTRODUCCION

Amor, Noviazgo y Matrimonio es un libro escrito en forma clara, fluida y muy espiritual, destinado a aclarar el concepto de que el matrimonio es una institución cada vez más necesaria en este tiempo de caos y desunión.

La felicidad en el amor ha sido un tema de interés constante. Cada joven y señorita sueña con su amor ideal; y muchos hombres y mujeres casados, felices o no, siguen buscando la fórmula que transformará en realidad la dulce felicidad prometida por el concepto que tengan del amor.

El libro enfoca un nuevo punto de vista, el Bahá’í, basado en las enseñanzas de Bahá’u’lláh, profeta-fundador de la Fe Bahá’í, y en los comentarios y aclaraciones de Sus sucesores, ‘Abdu’l-Bahá, Shoghi Effendi y la Casa Universal de Justicia.

El pensamiento pivote de la enseñanza de Bahá’u’lláh es el de la unidad de la raza humana, la que tiene implicaciones para todos los niveles de la vida del hombre, empezando con la familia. Así los Escritos Bahá’ís consideran el matrimonio como la piedra fundamental de la sociedad. Además, las enseñanzas Bahá’ís son muy explícitas acerca de los pasos a seguir y las cualidades a desarrollar para lograr matrimonios felices y duraderos. Por eso, cualquier persona, Bahá’í o no, que conscientemente aplique las enseñanzas de Bahá’u’lláh a su matrimonio y en su vida, descubrirá que en verdad son un camino seguro para lograr una felicidad más profunda y duradera.

El libro explica las relaciones interpersonales entre hijos, esposos y padres, dando orientaciones prácticas para que el matrimonio se convierta en un proceso de realización personal para cada miembro de la familia. Así hace énfasis en la actitud espiritual que favorezca el ambiente de consulta o sea del diálogo sincero y cortés que las Enseñanzas Bahá’ís promueven en todas las relaciones y lo que contribuye tanto a la resolución de los problemas familiares.

También hace énfasis en el gozo que sienten los cónyuges cuando se dedican, no sólo uno al otro, sino también al servicio de la humanidad, actuando en un espíritu de unidad y devoción, características que fortalecen la relación familiar y la hacen más feliz.

Aclara explícitamente, lo que significa la castidad para el matrimonio, exhortando al control de los apetitos sexuales y la preservación de su íntima y espiritual expresión solamente para la pareja casada. Se trata de una recuperación muy necesaria de los valores espirituales que ya están de por sí muy degradados y en un franco deterioro.

Además, enfoca de una forma práctica las necesidades y problemas que tiene la juventud al escoger a su compañero de vida, dando sugerencias concretas para un conocimiento mutuo más profundo y auténtico entre amigos o novios, a la vez que aclara las cualidades específicas que generalmente necesitan poseer ambos contrayentes para lograr un buen matrimonio.

Amor, Noviazgo y Matrimonio, es pues, un libro único escrito por una bahá’í que ha sabido aprovechar e integrar sus reflexiones sobre la vida, las enseñanzas Bahá’ís y la psicología humanística, para elaborar una obra excepcional que proveerá una orientación tanto a casados como a solteros para facilitar a cada uno el encuentro de soluciones a su problemático personal en el amor, noviazgo o matrimonio.

Mario Garoía
Psicólogo
PROLOGO

UN BREVE RESUMEN DE LOS PRINCIPALES PERSONAJES Y ENSEÑANZAS BAHA’IS

Los personajes principales de la Fe Bahá’í, cuyos Escritos están citados repetidamente en esta obra son Bahá’u’lláh, ‘Abdu’l-Bahá, y Shoghi Effendi.

Bahá’u’lláh, el Profeta y Fundador de la Fe Bahá’í, ha proclamado ser el más reciente de las grandes Manifestaciones que Dios envía de tiempo en tiempo para guiar al hombre en su progreso espiritual y social. En épocas pasadas vinieron Krishna, Buda, Moisés, Jesucristo y Mahoma, cada uno como Portavoz de la Palabra de Dios para Su época. Del mismo modo, a mediados del siglo pasado, apareció Bahá’u’lláh como el Portavoz de la Palabra de Dios para nuestros días, con una Revelación que renueva las enseñanzas espirituales esenciales traídas por cada uno de los Mensajeros Divinos del pasado y que delinea las enseñanzas sociales necesarias para remediar los males que afligen a la sociedad actual y para establecer una nueva civilización universal basada en principios espirituales.

Para que la Fe Bahá’í no se dividiera en sectas, como ha pasado con todas las grandes religiones del pasado, antes de Su muerte Bahá’u’lláh nombró a ‘Abdu’l-Bahá para sucederle, como el Intérprete único e infalible de Sus Enseñanzas. ‘Abdu’l-Bahá también está conocido como el Perfecto Ejemplar de las Enseñanzas Bahá’ís, debido ~ la cautivadora ejemplificación en su vida de todas y cada una de las cualidades espirituales, que inevitablemente ganaban los corazones de todos los que vinieron en contacto con él.

Antes de su muerte en 1921, ‘Abdu’l-Bahá nombró a Shoghi Effendi como Guardián de la Fe Bahá’í e Intérprete de los Escritos Bahá’ís. Bajo la guía de Shoghi Effendi fue establecido el Orden Administrativo de la Fe Bahá’í a través de todo el mundo. El Cuerpo Supremo de este Orden Administrativo, la Casa Universal de Justicia, hoy en día guía, desde Monte Carmelo en la Tierra Santa, todo lo relacionado con la Fe Bahá’í en el mundo entero.

En resumen, los Bahá’ís aceptan la autoridad divina de los Escritos de Bahá’u’lláh, ‘Abdu’l-Bahá, Shoghi Effendi y la Casa Universal de Justicia, y consideran que estos Escritos proveen la guía de Dios para hoy en día. Esta guía es muy amplia, puesto que Bahá’u’lláh Mismo reveló más de 100 volúmenes de Escritos, que tratan de todos los aspectos individuales y sociales de la vida humana.

Entre estas enseñanzas, «la Fe Bahá’í mantiene la unidad de Dios y reconoce la unidad de Sus Profetas... Proclama la necesidad e inevitabilidad de la unificación del género humano, afirma que ésta se aproxima gradualmente, y asevera que nada salvo el espíritu transmutador de Dios que actúa en este día por Su Portavoz escogido puede llegar a lograrla. Además impone a sus seguidores el deber primordial de una libre búsqueda de la verdad, condena toda clase de prejuicio y superstición, declara que el propósito de la religión es la promoción de amistad y concordia, proclama su armonía esencial con la ciencia, y reconoce que ella es el agente preponderante para la pacificación y progreso ordenado de la sociedad humana. Sostiene en forma inequívoca el principio de iguales derechos, oportunidades y privilegios para hombres y mujeres, insiste en la educación obligatoria, elimina extremos de pobreza y riqueza, suprime la institución del sacerdocio, enfatiza la necesidad de obediencia estricta al gobierno del propio país, exalta al grado de adoración cualquier trabajo ejecutado en espíritu de servicio, aboga por la creación o selección de un idioma internacional y delinea las trazas de aquellas instituciones que deben establecer y perpetuar la paz general de la humanidad».

*LA FE DE BAHÁ’U’LLÁH; Shoghi Effendi págs. 7 - 8
AMOR, NOVIAZGO Y MATRIMONIO
LA NECESIDAD DE UNA NUEVA ORIENTACION

El matrimonio puede y debe ser la relación más satisfactoria en la vida de cada persona. Puede ser una fuente de unidad, felicidad y comprensión. Puede ser una fortaleza de bienestar en temporadas de problemas, y un centro de inspiración y decisión para enfrentar estos problemas. Puede proporcionar el estímulo y apoyo que cada persona necesita para desarrollar sus capacidades latentes. Puede ser “un paraíso del amor”.

Y puede ser todo lo contrario. Puede ser una maraña de desunión, sospechas, enojos, pleitos, celos, falta de comprensión y mucho sufrimiento.

Desafortunadamente, al observar el mundo actual encontramos muy pocos hogares integrados y realmente felices, El divorcio abunda; así mismo, las madres solteras y los hijos fuera del matrimonio. Y entre los que sigan casados, existen muy a menudo abismos de comunicación y comprensión. Claramente algo anda mal. Parece obvio que las prácticas, actitudes e ideales actuales muchas veces no llevan a matrimonios felices.

Por eso, Bahá’u’lláh ha traído nuevas enseñanzas relacionadas con el noviazgo y matrimonio que, al ponerlas en práctica, conducirán a matrimonios más felices. Es claro, por lo tanto, que estas Enseñanzas han de ser distintas de las creencias y prácticas actuales. De otro modo, no podrían efectuar ningún cambio.

-1-

Sin embargo, debido a que todos estamos sumergidos en el ambiente de los valores actuales, al principio unas de las Enseñanzas traídas por Bahá’u‘lláh nos podrían parecer muy revolucionarias, idealistas o difíciles de poner en práctica. Por eso, es necesario tener fe, ser decididos y hacer un verdadero esfuerzo por modelar nuestras vidas de acuerdo con estas nuevas Enseñanzas. Al hacerlo, nos daremos cuenta por nosotros mismos de su sabiduría y eficacia. Lograremos más felicidad en nuestras propias vidas: nos distinguiremos de las masas desorientadas producto de la civilización moderna; y proveeremos un ejemplo dinámico del poder de Bahá’u’lláh para transformar y mejorar la vida, de la raza humana.

Shoghi Effendi, el Guardián de la Fe Bahá’í aclara la situación y explica la actitud que debemos tomar:

“A menudo nos son difíciles las cosas por ser tan diferentes de lo que estamos acostumbrados a hacer, y no porque en sí mismas sean tan difíciles... Sin duda, algunas ordenanzas... son difíciles al principio de entender y obedecer.. (Pero) Bahá’u’lláh no nos hubiera dado estas cosas si no fueran para nuestro mayor provecho y, como niños que tienen la sensatez de darse cuenta de que su padre es sensato y hace lo que les conviene, debemos aceptar obedecer estas ordenanzas aunque al principio, no veamos ninguna necesidad de ellas. Obedeciéndolas, gradualmente veremos en nosotros mismos los beneficios que confieren.” 1

-2-
LA BASE ESPIRITUAL DEL MATRIMONIO

Para lograr un matrimonio feliz, ante todo es necesario comprender los ideales y el propósito del matrimonio y, saber las prácticas concretas que contribuyen a la felicidad del hogar.

Bahá’u’lláh, el Fundador de la Fe Bahá’í declara:

“Desposáos, oh pueblo, para que de vosotros aparezca aquel que Me recuerde entre Mis siervos.” 2

Y ‘Abdu’l-Bahá. El Intérprete autorizado de las Enseñanzas de Bahá’u’lláh. explica:

“El verdadero matrimonio de bahá’ís es éste, que el esposo y la esposa sean unidos ambos física y espiritualmente, para que puedan siempre mejorar la vida espiritual uno del otro y gozar de eterna unidad a través de todos los mundos de Dios” 3

Así mismo aconseja:

“Cuando la gente de Bahá decida casarse, la unión debería ser una relación verdadera, un acercamiento tanto espiritual como físico, para que a través de cada fase de la vida y en todos los mundos de Dios, su unión perdurará; porque esta unidad verdadera es un rayo del amor de Dios.” 4

Estas declaraciones indican que la espiritualidad es de suma importancia para la realización de los propósitos del matrimonio, y la única base para una unión duradera. Siendo así, antes de tomar la decisión de casarse, es importante desarrollar sus propias cualidades espirituales y observar atentamente las cualidades de la persona con quien desea casarse, puesto que él o ella será su compañero de vida, no sólo física, sino también espiritualmente. Y son las cualidades espirituales las que pueden conducir a un matrimonio feliz. Por el contrario, fijarse principalmente en la belleza, la posición social o el dinero, puede llevarle a una decepción, ya que estos factores tienen muy poca relación con el logro de un matrimonio feliz.

-3-

Considerándolos desde este punto de vista, los prejuicios tradicionales en contra del matrimonio con personas de diferentes razas, nacionalidades o clases sociales también carecen de base Mucho más importante que cualquiera de estos factores es el que los contrayentes compartan ideales y características espirituales elevados. De hecho, la Fe Bahá’í, más que tolerar, claramente promueve el matrimonio entre distintas razas y nacionalidades. Dirigiéndose a los creyentes estadounidenses, ‘Abdu’l-Bahá recomendó:

“Si es posible, reunid estas dos razas, negra y blanca, en una Asamblea, e inspirad tanto amor en sus corazones que no solamente estén unidas entre sí sino que aún más se casen los uno con los otros. Estad seguros que el resultado de esto abolirá las diferencias y disputas entre negro y blanco. ¡Además, Dios quiere que así sea! Este es un gran servicio a la humanidad.” 5

Hablando a un peregrino norteamericano con respecto a los efectos beneficiosos de tales matrimonios. ‘Abdu‘l-Bahá declaró:

“El matrimonio entre distintas razas es una buena forma de erradicar las diferencias raciales. Produce hijos fuertes, bellos, listos y fértiles en recursos.” 6

Queda claro, entonces, que la espiritualidad es la base más importante para lograr un matrimonio feliz. Pero, ¿en qué consiste la espiritualidad? y ¿cómo se puede reconocerla en una persona?

El primer punto donde se puede observar la espiritualidad es en el carácter. Entre las muchas cualidades espirituales que puede poseer el carácter se encuentran: el amor a Dios, la veracidad, la honestidad, la responsabilidad, la generosidad, el perdón, la felicidad, la humildad, la pureza, el desprendimiento, la paciencia, la cortesía, la bondad, la comprensión, así como muchas otras cualidades.

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Sin embargo, difícilmente podrá encontrarse todas estas cualidades plenamente desarrolladas en una sola persona. Por lo tanto, es recomendable poner más atención en las cualidades mencionadas a continuación, que son de especial importancia en el matrimonio, y habiéndolas desarrollado en su propia vida y observado en la vida de su futuro cónyuge, aceptar por añadidura las demás cualidades espirituales que posee cada

LA VERACIDAD Y LA SINCERIDAD

Sin la veracidad, no puede haber sinceridad. Sin sinceridad, no puede haber confianza entre la pareja. Y sin confianza, no puede haber un matrimonio feliz; más bien, estará caracterizado por sospechas, celos y falta de comprensión.

Si usted sabe que su cónyuge siempre dice la verdad, aún cuando no le convenga, y de repente, él o ella no regresa a casa hasta altas horas de la noche, usted podrá aceptar más fácilmente la explicación que le dé en tal situación, porque sabe que su consorte cree en la veracidad y en la sinceridad y que las practica. En cambio, si sabe que su esposo o esposa suele mentir o torcer la verdad cuando no le conviene decirla, fácilmente podrá desconfiar de la explicación que le dé en tales circunstancias. Y esta desconfianza creará desunión en su matrimonio

Tan importante es la veracidad, no sólo en el matrimonio sino en toda la vida espiritual, que ‘Abdu’l-Bahá recalca:

“La veracidad es la base de todas las virtudes humanas. Sin la veracidad el progreso y el éxito son imposibles para el alma en todos los mundos de Dios. Cuando este santo atributo se establezca en el hombre, también se verificarán todos los atributos divinos.” 7

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LA RESPONSABILIDAD

La responsabilidad implica cumplir con lo que a uno le corresponde hacer, ya sea en la casa, los estudios, el trabajo, un comité, o en cualquier otra actividad. En el matrimonio la responsabilidad implica que cada cónyuge cumpla con su parte para el buen funcionamiento del hogar. Tradicionalmente esto ha significado que el hombre trabajara para el sostén de la familia, mientras que la esposa se preocupare por el buen cuidado del hogar y de los hijos.

Pero no necesariamente tiene que ser así. De hecho las Enseñanzas Bahá’ís indican que “las mujeres deben avanzar y llenar su misión en todos los departamentos de la vida, convirtiéndose en iguales del hombre”, 8 aunque sin abandonar o descuidar su responsabilidad como “la primera maestra del niño.” 9

Así también, el hombre puede contribuir mucho a la formación y educación de los hijos y colaborar dignamente en los trabajos de la casa, de este modo dando tiempo a su esposa para participar en otras actividades.

Siendo así, realmente no importa cómo la pareja reparta las diversas responsabilidades implicadas por el matrimonio. Lo importante es que los dos trabajen para el bienestar y progreso del hogar y que ESTEN DE ACUERDO acerca de cuáles responsabilidades corresponden a cada uno. Este acuerdo puede ser mejor establecido a través de la consulta, o dialogo, en el que se expresen y se tomen en cuenta mutuamente los deseos, las capacidades y las necesidades de cada uno. De hecho, es muy recomendable consultar acerca de esta repartición de responsabilidades aún antes de casarse: y una vez casados, repasarla periódicamente para tomar en cuenta cambios tales como, el nacimiento de niños, nuevos empleos, el deseo de seguir estudiando o la elección a posiciones de responsabilidad en la Fe.

La responsabilidad también implica cierta madurez en la forma de manejar el dinero. Ni el derrochador que gasta todo sin pensar en las necesidades del mañana, ni el tacaño que guarda cada centavo y no le gusta gastar ni en las cosas necesarias, tienen una actitud responsable y madura hacia el dinero. Más bien, si quieren evitar que el dinero sea una fuente continua de problemas en su matrimonio, los dos cónyuges han de buscar un término medio, y resolver los problemas que surjan todavía por medio de la consulta; no agravarlos a través de los reproches.

Si no existe la responsabilidad por parte de ambos esposos, seguramente habrán problemas en el matrimonio Si sólo uno de los cónyuges es irresponsable, esto probablemente molestará al cónyuge responsable, quien sentirá que no es justo que todo el cargo del hogar recaiga sólo sobre él o ella. Por lo tanto, surgirá la desunión.

Si los dos cónyuges son irresponsables, es muy probable que el matrimonio y el hogar se deshagan en poco tiempo debido e la inmadurez de la pareja.

‘Abdu’l-Bahá recalca:

“Si cualquiera defrauda la menor confianza o es negligente y remiso en el cumplimiento de las obligaciones que le son confiadas,... o busca únicamente sus propios intereses egoístas y termina consiguiendo únicamente lo que a él le interesa, sin duda que no recibirá nunca la abundante emanación de Su Alteza, el Todopoderoso.” 10

NO SER EGOISTA

El matrimonio debe ser una unidad en la que los dos reciben,, porque los dos dan. Para que el matrimonio sea un éxito, es necesario que cada cónyuge piense más en dar que en recibir, que piense más en contribuir a la felicidad del otro que en recibir felicidad. Cada cónyuge debe pensar en poner más que la parte justa; debe tratar de poner el 60% de su parte y contentarse si el otro pone el 40%. Si los dos piensan y actúan de esta forma, ambos darán mucho, y en consecuencia ambos recibirán mucho. Sentirán un mutuo agradecimiento, y el matrimonio será feliz.

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El egoísmo es lo contrario de todo esto. Es un “inmoderado amor a sí mismo que hace pensar sólo en el interés propio ”.11 La persona egoísta se interesa más en lo que recibe que en lo que da. Quiere tener lo mejor para sí mismo. Quiere ser el más importante. Quiere mandar No quiere consultar, ni tomar en cuenta los deseos y necesidades de los demás. Nada de esto ayudará a hacer un matrimonio feliz.

Aún más, ‘Abdu’l-Bahá declara:

“El egoísmo es un defecto extraño y es causa de la destrucción de muchas almas importantes en este mundo. Si un hombre está infundido con todas las buenas cualidades pero es egoísta, todas las otras virtudes se disminuirán o se acabarán y después de un tiempo él llegará a ser mucho peor.” 12

Empero, Shoghi Effendi aclara:

“La completa y total eliminación del ego implicaría la perfección —la cual e1 hombre jamás puede alcanzar completamente— sin embargo, el ego puede y debe ser subordinado cada vez más a la iluminada alma del hombre. Esto es lo que implica progreso espiritual.” 13

Por lo tanto, cuanto más que cada cónyuge logre subordinar su propio ego, más feliz y unido será su matrimonio.

LA CORTESIA

La verdadera cortesía es lo contrario del egoísmo. Con respecto a ella, Bahá’u’lláh declara:

“¡Oh pueblo de Dios! Os exhorto a la cortesía. La cortesía es, ciertamente, la principal de todas las virtudes. Bendito sea aquel que está engalanado con el manto de rectitud e iluminado con la luz de la cortesía.” 14

La verdadera cortesía consiste en mucho más que el uso de frases amigables en situaciones sociales. También implica una profunda sensibilidad a los sentimientos de los demás que se refleja tanto en las palabras como en las acciones de la persona cortés.

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Esta cortesía verdadera es de especial importancia en el hogar donde muy a menudo cada miembro supone que él deber de los demás aceptarle como es con todos sus defectos, a la vez que toma por sentado los esfuerzos que hacen s demás para el bienestar familiar.

He aquí unas de las formas concretas en que la cortesía se expresa en el hogar. La persona cortés, al salir de la casa, avisa a dónde va y aproximadamente cuándo regresará.. Comparte sus planes con los demás miembros de la familia. Consulta con ellos acerca de decisiones que - les: afectará y sinceramente ayuda a buscar soluciones que serán aceptables para todos. Asimismo, toma muy en cuenta cualquier petición o deseo que le manifieste otro miembro de la familia. Trata de promover la unidad y comprensión familiar.

Sobre todo, la persona cortés expresa libre y frecuentemente su aprecio a los esfuerzos Que hacen los demás, ya sea por la forma de cumplir con sus propias responsabilidades en el trabajo, el hogar, los estudios o con los niños: por colaboración prestada en el campo de las responsabilidades del otro; por prácticas espirituales o servicio a la Fe: por cualquier intento de mejoramiento personal, sea esto física, intelectual, emocional o espiritual: o simplemente por su amor y comprensión.

Todas estas manifestaciones de cortesía en la familia tienen una importancia especial en la relación de los dos cónyuges, que forman la base del hogar. Si los dos ejemplifican esta cortesía verdadera, basada en la sensibilidad a los esfuerzos y sentimientos del otro, no sólo evitarán muchos de los pequeños disgustos que tan a menudo apagan las llamas del amor en el matrimonio, sin o que contribuirán marcadamente a que el amor en ~u matrimonio aumente y florezca.

LA COMPRENSIÓN

Otro aspecto de la vida en conjunto es la comprensión. De hecho, sentirse comprendido es para muchos la esencia de sentirse amado. La comprensión consiste precisamente en la habilidad de ver y entender las cosas desde el punto de vista de otra persona.

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No es necesario que uno esté de acuerdo con el punto de vista del otro para poder comprenderlo. Más bien, la comprensión exige que uno deje a un lado temporalmente sus propias opiniones, que escuche al otro con verdadero interés y sin juzgarle y que trate de captar los sentimientos que impulsan las palabras del otro, hasta tal punto da sentirlos como si fuesen propios. Entonces, uno puede hacer un comentario breve que demuestre su comprensión; por ejemplo: “Según entiendo, tu te sientes muy frustrado por esta situación.”

Si uno ha captado correctamente los sentimientos del otro, ese comentario y la comprensión que ello demuestra le animará al otro para seguir platicando y para exponer más de sus verdaderos sentimientos. Asimismo, le puede ayudar a trascender estos sentimientos y a darse cuenta de otros sentimientos más profundos tras de ellos, y le puede dar valor para reconocer sus propios errores. En breve, la comprensión le puede ayudar a una persona para conocerse mejor a sí misma, al mismo tiempo que le dé confianza para darse a conocer en un nivel más profundo que lo habitual.

Por eso, la comprensión es de vital importancia para facilitar el crecimiento espiritual de cada cónyuge, así como para el establecimiento de una unión más profunda.

Aún cuando otra persona esté claramente en error (según uno) es importante escucharle y comprenderle; no contradecirle y demostrarle sus errores. Bahá’u’lláh recomienda:

“Cualquier cosa que una persona diga, falso y producto de vanas imaginaciones y repetición automática de los puntos de vista de otras personas aunque sea, uno deberla dejarla pasar. Uno no debería participar en disputas que conducen a negación y hostilidad obstinadas y terminan en ellas, por que la otra persona se consideraría vencida y derrotada. En consecuencia... llega a ser más negligente. Uno debería decir: correcto, concedido, pero considere el asunto de esta otra forma y juzgue por sí mismo si es verdad o falso; por supuesto, debería ser expresado con cortesía, con bondad, con consideración. Entonces, la otra persona escuchará, no buscará refutar ni de reunir pruebas en contra. La Más Grande Rama (‘Abdu’l-Bahá) con gusto presta oído a toda forma de plática sin sentido, a tal grado que la otra persona se dice: Él está tratando de aprender de mí. Entonces, gradualmente, por medios que la otra persona no puede percibir, le da visión y entendimiento.” 15

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En este caso el sentirse plenamente comprendido ayuda a la persona a abrir la mente ante una opinión distinta. Así, facilita la reconciliación de las diferencias, evitando que éstas lleven al conflicto o a sentimientos de alejamiento.

LA MADUREZ PARA ENFRENTARSE A LOS PROBLEMAS

A pesar de todos los esfuerzos que haga cada cónyuge para desarrollar sus cualidades espirituales, siempre surgirá algún problema u otro que el matrimonio tendrá que enfrentar. Unos de estos problemas, especialmente en los primeros años del matrimonio, pueden tener una causa interna, como resultado de las distintas ideas, deseos y prácticas que trae cada cónyuge consigo al matrimonio y que puedan irritarle a su pareja o estar en conflicto con sus propias ideas y prácticas. Otros problemas pueden tener un origen externo al matrimonio: sin embargo, la pareja tendrá que acordar en Ja mejor forma de enfrentarlos. Por lo tanto, es muy importante que cada cónyuge sepa enfrentarse a los problemas en una forma madura.

Al encontrar un problema, la persona espiritualmente inmadura trata de escapar de él. En vez de enfrentarse al problema, espera que otro lo resuelva. Si ha cometido un error, busca culpar a otra persona. Si otro ha cometido un error, pone mucho énfasis en ello y le cuesta perdonarlo. En breve, en vez de ayudar a buscar una solución al problema que ya existe, habla casi exclusivamente del origen del problema, culpando a cualquier persona o circunstancia menos a sí misma.

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En cambio, la persona con más madurez espiritual se enfrenta a cualquier problema con mayor calma, decisión y reconocimiento de las acciones suyas que contribuyeron a causarlo. Ayuda a buscar una solución al problema a través de Ja oración para la guía divina y de la consulta con los demás. Luego, colabora con voluntad para llevar a cabo las acciones necesarias para esta solución. Reconoce cualquier culpa que haya tenido. Y trata de perdonar los errores cometidos por otros: no de engrandecer sus faltas ni de hacerlas públicas. De hecho, no se preocupa mucho por el origen del problema; más bien se concentra en buscar la mejor forma de solucionarlo.

EL AMOR A DIOS

Todas las cualidades mencionadas —la veracidad y la sinceridad, la responsabilidad, el no ser egoísta, la cortesía y la madurez para enfrentarse a los problemas— son básicas para evitar muchas de las dificultades que afligen a la mayoría de los matrimonios. Son igualmente importantes, necesarias, y practicables aún para los que no crean en Dios como para los que estén plenamente dedicados a Él. Esencialmente, son cualidades necesarias para evitar la desunión, aunque la verdadera cortesía y comprensión también contribuyen en una forma directa a fortalecer y aumentar el amor entre Ja pareja. Sin embargo, hay otra cualidad todavía cae es el alma misma de la espiritualidad y de suprema importancia para el matrimonio, ya que conduce decisivamente al profundo amor y felicidad anhelada por todos. Esta cualidad tan importante es el amor a Dios.

Cuando los dos cónyuges agregan a las cualidades anteriores un profundo amor a Dios, ellos experimentarán una felicidad y un amor recíproco mucho mayor y más profundo que aquel experimentado por las parejas que no comparten este sentimiento. Aún más, cuánto más profundo sea el amor a Dios que comparta la pareja, mayor será su felicidad y su amor uno por el otro.

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‘Abdu’l-Bahá explica la relación entre el amor a Dios y el amor humano.

“El amor verdadero es imposible a menos que uno vuelva su rostro hacia Dios y esté atraído a Su belleza.” 16 Cuando esto pasa, “cada uno ve en los otros la Belleza de Dios reflejada en el alma, y encontrando este punto de similitud se sienten atraídos uno al otro en amor... Este amor traerá la realización de un acuerdo verdadero y de una unidad real. ” 17

El amor a Dios es el sentimiento más elevado y profundo que puede experimentar cualquier persona. Por lo tanto, cuando un alma que esté encendida con este amor encuentre el mismo amor reflejado en el corazón de otro, se siente atraído hacia él. El grado de atracción experimentada corresponde directamente con la profundidad del amor a Dios compartida por los dos. Este tipo de amor y atracción espiritual fácilmente se establece entre cualesquiera personas que compartan el amor a Dios, sin influir la edad, el sexo u otros factores parecidos. Sin embargo, cuando estas personas son esposos y el amor que los dos tengan para Dios sea profundo, entonces ese amor y atracción espiritual tiene el efecto de colmar y multiplicar su amor humano, llenándoles del máximo amor y felicidad que se puede experimentar en el matrimonio, Declara ‘Abdu’l-Bahá:

“El amor de Dios trae felicidad sin fin.” 18
Y nuevamente recalca:

“La felicidad espiritual es eterna e insondable. Esta clase de felicidad aparece en el alma de uno con el amor a Dios y permite adquirir las virtudes y perfecciones del mundo de la humanidad.” 19

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Así, el amor a Dios motiva e inspira a cada cónyuge a esforzarse en la adquisición de todas las cualidades espirituales que contribuyen al bien del matrimonio y, le capacita para tratar a su consorte con mayor amor y paciencia, aún cuando éste demuestre cualidades negativas. En dichas circunstancias el amante a Dios trata de ver a su compañero o compañera con los ojos de Dios y actuar de la forma que considera que Dios quisiera, o más concretamente como ‘Abdu’l-Bahá haría. Así, puede desprenderse más de sus propios sentimientos y reacciones, comprender mejor a la otra persona y actuar de una forma que será de mayor beneficio para los dos. En vez de ser preso de sus propias reacciones, logra la libertad para escoger qué acción tomar.

De este modo el mutuo amor a. Dios no sólo proporciona a la pareja, una fuente de felicidad y amor inagotable sino que también sirve como el más poderoso estímulo para el continuo desarrollo y práctica de las otras cualidades que contribuyen a la unidad y felicidad matrimonial.

Además del resplandor y entusiasmo que a menudo irradia la persona que posee un profundo amor a Dios, sus hábitos y forma de vida reflejan con aún más fidelidad la realidad de ese amor. He aquí unos de los indicios que pueden señalar el grado del amor a Dios que posee una persona: sus hábitos de oración, sus hábitos de estudio y meditación en los Escritos Sagrados, la cantidad y calidad del servicio que acostumbra prestar a su Fe, su obediencia a las Leyes Sagradas y, la adquisición de cualidades espirituales y la eliminación de defectos realizada en obediencia, a estas Leyes y Enseñanzas. .

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EL CONOCIMIENTO DEL UNO HACIA EL OTRO

¿Cómo se puede saber si otra persona realmente posee esas cualidades tan importantes para lograr un buen matrimonio? ‘Abdu’l-Bahá aconseja:

“Cada uno debería ejercer el mayor cuidado para llegar m estar completamente familiarizado con el carácter del otro, para que el convenio firme entre ellos sea un lazo que perdure para siempre,” 20

Sin embargo, ¿ cuántos matrimonios infelices hay en que los cónyuges pensaron, antes de casarse, que se conocían bien, sólo para descubrir después que en verdad se habían conocido muy poco, y que su esposo o esposa ideal sólo había existido en su imaginación? Por eso, ea muy importante poner en práctica unos principios que nos ayudarán para conocer a otros como son en realidad, y no como quisiéramos que fueran.

AMISTAD EN VEZ DE NOVIAZGO

He aquí el primer principio, que es el más importante y el más revolucionario. Se puede conocer la realidad de otra persona mejor y más a fondo a través de la amistad sincera y no a través del noviazgo. En la amistad cada persona tiende a mostrarse como es. No trata tanto de esconder sus defectos ni de esforzarse por manifestar virtudes o hábitos que en realidad no ha desarrollado todavía. Es así simplemente porque la otra persona no le importa tanto, O porque sabe que la otra le aceptará como es, lo negativo junto con lo positivo, y se siente libre para relajarse y ser sí mismo. Sin temer las consecuencias. Porque en una amistad pueden surgir discusiones o pequeños disgustos. Los amigos pueden alejarse o no verse por un tiempo, y pueden volver a interaccionar nuevamente y no es gran cosa. No es traumático. En breve, en una amistad sincera no hay interés; así cada uno tiende a actuar con sinceridad y libertad.

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El noviazgo suele ser todo lo contrario, debido al interés que cada novio tiene de conservar el amor del otro y la seguridad emocional qué parece ofrecer el noviazgo. Aún sin querer, este interés, el amor que cada uno sinceramente siente por el otro y el deseo de agradarle crea la tendencia de hacer resaltar sus mejores cualidades y de hacer el esfuerzo de dominar las malas. También, ese mismo amor e interés hacen que uno preste poca atención a las faltas que el otro pueda demostrar, a la vez que engrandezca desproporcionadamente sus cualidades positivas. Por esta misma razón, si surgen diferencias o disgustos, o si uno simplemente se da cuenta que el otro no le conviene como novio o novia, por lo general es difícil alejarse gradual o temporalmente o volver a ser sólo amigos. Generalmente o se siguen como novios o se dejan por completo. Y el dejarse usualmente es una experiencia traumática para al menos uno de los novios. Tanto es así, que a veces uno prefiere seguir con el noviazgo para no tener que sufrir el trauma de separarse. Toda esta relación, sobrecargada de emoción, impide que los dos se conozcan como son en realidad.

Por lo tanto es aconsejable no concertar un noviazgo con alguien sin haberse relacionado con él o ella, como amigos sinceros, durante bastante tiempo, sin haberse dado cuenta muy bien de las cualidades que tiene, tanto positivas como negativas, y realmente sin estar considerando seriamente la posibilidad de casarse con él o ella o ya haber hecho esta decisión.

TRABAJAR JUNTOS

Para conocer la realidad de otra persona, también ayuda el trabajo en conjunto, de preferencia bajo condiciones difíciles. No hay nada malo en las diversiones; los paseos, los cines, los bailes, siempre y cuando se respete los límites de la moderación, la decencia y el buen juicio De hecho es importante saber gozar de la vida Pero, aparte de ello estas actividades dan muy poca oportunidad de observar las cualidades espirituales de otras personas EN ACCION. Casi todo queda en el nivel de las palabras. Por lo contrario, en el trabajo, en los estudios, en el servicio a la Fe y, en el hogar existen muchas más oportunidades de observar cualidades tales como la veracidad, la responsabilidad, la cortesía, la forma de enfrentarse a los problemas y el amor a Dios, así como defectos como el egoísmo.

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Si surgen dificultades en una labor es una oportunidad aún mejor para conocer a otros como realmente son y no como quisieran aparentar.

UNA VARIEDAD DE PERSONAS Y SITUACIONES

Aunque se siente una atracción especial hacía una porrona, es recomendable pasar la mayor parte de su tiempo juntos en compañía de otras personas. Así, no sólo se evita la intimidad excesiva que a menudo lleva al noviazgo, sino también esta práctica proporciona una mayor oportunidad ha cada uno para observar las cualidades del otro en interacción con varias personas y en distintas situaciones. Esto es de mucha importancia, ya que aún una amistad profunda puede Influenciar a cierto grado la forma de actuar de una persona. Y muchas veces es más fácil darse cuenta de faltas como la mentira, cuando ella esté dirigida a otra persona y no a uno mismo. Por eso, observar la forma de interacción de una persona con otros da una idea más cabal de sus verdaderos intereses y cualidades

En estas actividades es especialmente interesante conocer las otras amistades que tiene la persona y tratar de comprender las bases de ellas, ya ene las personas generalmente escogen amigos que tienen al menos unos valores parecidos a los suyos. Así, los verdaderos valores de cada persona tienden a reflejarse en la elección de sus amistades. Por ello, si aparentemente existen diferencias grandes entre los valores de una persona y los de la mayoría de sus amigos, puede ser una importante señal que usted todavía no conoce muy bien a la persona.

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Además, es muy valioso darse cuenta de la vida familiar de la persona y la forma de ser de sus padres, ya que muchas veces uno inconscientemente toma a sus padres como modelos para su propio matrimonio. Basándose en los papeles que cada uno de ellos desempeña en su matrimonio, se hace suposiciones con respecto a su propio papel en el matrimonio así como el papel de su cónyuge, y se sorprende o se enoja cuando de repente surge en él o ella otras suposiciones, valores o formas de actuar que no se había imaginado. Para disminuir estas sorpresas desagradables, lo mejor es conocer bien a los padres uno del otro y dialogar ampliamente con su futuro cónyuge ante de casarse. Partiendo de las percepciones que cada uno tiene de sus propios padres y de los padres del otro en determinados campos del matrimonio —por ejemplo, con respecto a las responsabilidades del esposo, las responsabilidades de la esposa, la disciplina de los niños, la forma de enfrentar problemas familiares, la forma de tornar decisiones, y demás— se pueden llegar a expresar y explicar recíprocamente sus propias ideas o ideales con respecto a ellos. De este modo, se darán cuenta de antemano de las diferencias que existen entre los dos y de las posibilidades de reconciliarlas o de llegar a soluciones plenamente aceptables para los dos. A la vez se estarán formando el hábito de la consulta y del respeto para las opiniones uno del otro, un hábito que es de suma importancia en el matrimonio mismo.

Hay otra razón todavía que es muy beneficioso conocer a la persona que le ‘interesa en su ambiente familiar. Desafortunadamente, muchas personas son unas en la casa, y otras en la calle. Siendo así; es en la relación familiar, más que en cualquier otra, que cada uno demuestra las cualidades que probablemente demostrará en su propio hogar una vez casada. El grado de verdadera cortesía, consideración y aprecio, de responsabilidad y, de veracidad y sinceridad que manifiesta en casa con las personas con quienes convive diariamente probablemente será el grado con que tratará a su cónyuge.

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Asimismo, es aconsejable conocer a la persona en otros ambientes y situaciones. Porque a veces una persona puede actuar de una forma en una reunión o actividad bahá’í, de otra forma en su casa, y de otra todavía en el trabajo o el campo deportivo.

En breve, en cuántas más situaciones y agrupaciones de personas, que conozca y observe a otra persona, más oportunidades tendrá de conocerle como es y darse cuenta de la realidad de sus cualidades espirituales

EL DESARROLLO DE LAS CUALIDADES ESPIRITUALES PROPIAS

De más importancia aún que encontrar a otra persona que tenga cualidades espirituales desarrolladas, es que usted mismo se dedique a cultivar su carácter y crecer en su amor a Dios. Porque antes del matrimonio, así como dentro de él, la única persona a quien usted realmente puede cambiar y mejorar es a usted mismo. Así, cuánto antes se establezca el hábito del auto-desarrollo espiritual, más podrá contribuir a la felicidad de su propio matrimonio y menos pruebas tendrá que enfrentar en él.

Además, otra persona con cierto grado de desarrollo espiritual, sólo querrá casarse con alguien que también posea estas cualidades. Es más, sentirá una atracción natural para otra persona que posea dichas cualidades, y no le llamarán ~a atención las personas que no tengan desarrolladas estas cualidades. Por eso, la mejor forma de atraer a una o un pretendiente con cualidades espirituales y de lograr un matrimonio feliz, es a través del desarrollo de las cualidades espirituales propias.

Pero hay que tener cuidado. Porque el desarrollo espiritual le hará una persona más atractiva en todos los aspectos. Así, de la misma forma que puede atraer a otra persona que comparta su grado de desarrollo espiritual, también atraerá a muchos otros que no compartan este grado de espiritualidad. Por eso, es muy importante tratar de ser desprendido y practicar el principio de amistad en vez de noviazgo. De esta forma podrá conocer las cualidades de cada persona y evitar caer en mi noviazgo y tal vez un matrimonio con alguien que no podrá ayudarle en su desarrollo espiritual y con quien tendría que pasar muchas pruebas en el matrimonio.

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COMO DESARROLLAR ESTAS CUALIDADES

Para facilitar el desarrollo espiritual en su propia vida, antes de todo hay que desearlo, anhelarlo con todo su corazón y alma. Este mismo deseo será el imán que atraiga las confirmaciones divinas, a la vez que le motive a esforzarse siempre más para poner en práctica las cualidades espirituales. Este deseo puede ser fortalecido a través de la oración, la meditación, el servicio a la Causa de Dios, y la asociación con otras personas que estén encendidos con el amor a Dios.

En cuanto a la oración ‘Abdu’l-Bahá explica:

“Nada hay más dulce en el mundo de la existencia que la oración. El hombre debe vivir en un estado de oración. La condición más bendita es la condición de oración y de súplica... Esta crea espiritualidad, crea atención y sentimientos espirituales, produce nuevas atracciones del Reino y engendra las susceptibilidades de una inteligencia superior... La oración y la súplica son tan efectivas que inspiran al corazón de uno durante todo el día con elevados ideales, santidad suprema y calma.” 21

Con respecto a la meditación, aclara.

“La facultad meditativa es semejante a un espejo; si lo ponéis entre objetos terrenales, los reflejará... Pero si volvéis vuestro espejo espiritual hacia el cielo,... los rayos del Sol de la Realidad se reflejarán en vuestros corazones y obtendréis las virtudes del Reino.” 22

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Hablando del servicio a la Causa, Shoghi Effendi declara:

“No hay en la Fe nada que produzca el éxito como el servir. El servir es el imán que atrae las confirmaciones divinas. Es así que cuando una persona es activa, es bendecida por el Espíritu Santo.” 23

Finalmente, Bahá’u’lláh mismo pone énfasis en el efecto que pueden tener las amistades.

“¡Oh Mi Hijo!

La asociación con los impíos aumenta la tristeza, en tanto que la compañía de los justos limpia de herrumbre el corazón. Quien desee entrar en comunión con Dios, que recurra a la compañía de Sus amados; y quien anhele escuchar la palabra de Dios, que preste oídos a las palabras de Sus elegidos.” 24

Después de fortalecer su deseo de progreso espiritual e iniciar dicho progreso en forma general a través de estas prácticas, el próximo paso es meditar sobre su propia vida y conducta y escoger una o dos metas específicas; es decir, comportamientos concretos que desea alcanzar en su vida. Es mejor que cada meta sea claramente medible, para que pueda evaluar su propio progreso. También debe ser algo que con esfuerzo pueda realizar, no un ideal inalcanzable. Por ejemplo, la meta de “mostrar más aprecio” es muy vaga y, es difícil saber cuándo la haya realizado adecuadamente. Una meta más concreta y alcanzable sería: “expresar aprecio a por lo menos un miembro de mi familia, diariamente”. Al lograr esta meta se puede escoger otra un poco más difícil, relacionada con la misma cualidad, tal como: “expresar aprecio a cada miembro de mi familia diariamente”. Así gradualmente, por medio de metas progresivas, podrá desarrollar plenamente cualquier cualidad espiritual.

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Una vez que haya escogido sus metas, lo importante es perseverar en sus esfuerzos para realizarlas. En sus oraciones matutinas puede repetir cada meta y pedir la ayuda de Dios para cumplirla ese día. En sus períodos de meditación, puede reflexionar sobre los pasajes que alaban esas cualidades. En la noche puede evaluar sus acciones para ver si ha cumplido con su meta debidamente o no. Hacer un gráfico en que registre diariamente sus logros o fallas podría ayudarle a ver más concretamente su progreso o falta de ello. Si falla constantemente, debería tomar el tiempo para meditar sobre las razones de estas fallas y buscar la forma de vencer los obstáculos que están impidiendo su progreso. Sobre todo, no debe desanimarse. Todo logro valioso exige un esfuerzo. Por lo tanto, si sus esfuerzos son sinceros y constantes, debería tener confianza que eventualmente logrará su objetivo.

Cuando la conducta estipulada por una meta le haya llegado a ser habitual y la realice sin mucho esfuerzo, entonces puede escoger otra meta para reemplazarla. Así, asegurará su continuo progreso espiritual.

Shoghi Effendi nos recuerda:

“Los elegidos de Dios, no deberían fijarse en la condición depravada de la sociedad en que viven, ni en las evidencias de la degradación moral y conducta frívola que demuestra la gente que los rodeo. No deberían con formarse con una mera distinción y excelencia relativas. Por el contrario, deberían fijar su mirada en sublimidades más nobles fijándose corno meta suprema los consejos y exhortaciones de la Pluma de Gloria. Entonces sabrán perfectamente cuán numerosas son las etapas que quedan por atravesar y cuán lejos se halla la meto deseada, la cual no es otra que la ejemplificación de la ética y virtudes celestiales.” 25

ORAR PARA GUÍA

Finalmente, si tiene el deseo de casarse y siente que tiene la madurez espiritual para ello, pero no ha encontrado a nadie quien comparta las cualidades espirituales recomendables, puede ser muy beneficioso orar y pedir la ayuda y guía de Dios. Si no le viene una respuesta inmediata, debe tener paciencia y seguir orando y esforzándose en el desarrollo de sus propias cualidades espirituales. Puede ser que éstas no sean tan desarrolladas como se imagina, o que su destinado compañero espiritual necesita más tiempo para desarrollar las suyas antes de que se conozcan. De todos modos, Dios sabe infinitamente más que nosotros y también nos ama aun más que nosotros nos amamos a nosotros mismos. Así, si le recomendamos nuestros asuntos y tenemos fe y paciencia, debemos estar seguros que el resultado final será lo mejor para nosotros. En el siguiente caso verídico dos personas viviendo en diferentes países llegaron a la decisión de casarse a través, de la oración.

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Tanto “A” como “B” habían quedado solteros por varios años después de matrimonios desafortunados. Durante este tiempo ellos se habían conocido y trabajado juntos muy amigablemente en muchas actividades de la Fe Bahá’í. Pero después se trasladaron a países distintos. En cierta época, sin embargo, cada uno comenzó a pensar que sería mejor para su propio desarrollo espiritual y su servicio a la Fe Bahá’í si se volviera a casar. Entonces, cada uno por su parte comenzó a orar, pidiendo a Dios que le guiara hacia su compañero espiritual, sí fuera Su voluntad de que se casara en ese tiempo. Pasó un tiempo y de repente “B” pensó: “Realmente, yo creo que mi compañero espiritual es. “A”. Entonces, agregó una posdata a su oración: “¡Oh Dios! Si mi compañero espiritual es “A”, favor de avisarle a él”. Pasó un tiempo más; luego durante el mes del Ayuno le vino al pensamiento de “A”: “Pero por supuesto, mi compañera espiritual es “B”; y ~ escribió pidiéndola casarse con él.

Orar para guía también es muy recomendable si se siente fuertemente atraído hacia alguien, pero no está completamente seguro acerca de casarse con él o ella. En este caso debe orar con el mayor desprendimiento posible, sinceramente buscando la Voluntad de Dios; y no debería hacer ninguna decisión final hasta que su corazón se sienta totalmente convencido. También puede ayudarle a aclarar sus sentimientos, si platica de sus dudas Con una persona comprensiva, con valores espirituales, que sabe escuchar y no tratará de hacer una decisión en lugar suyo.

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LA CASTIDAD

Sin embargo, saber las normas ya mencionadas para lograr un buen matrimonio no le ayudará mucho si no toma la decisión y hace el esfuerzo para practicar otra cualidad de suma importancia. Ella es la castidad.

Rúhíyyíh Khanum, la esposa del Guardián de la Fe Bahá’í, explica lo que es la castidad y cómo contribuye a la felicidad matrimonial:

“La castidad —una de las más raras de todas las gemas morales en el mundo hoy día— significa conservar sus poderes sexuales personales, tan íntimos por naturaleza, y capaces de conferir tanta belleza en su vida, para su debida expresión, que es con su compañero de vida, su esposa o esposo, con quien compartirá el hogar, los niños, y todas las cargas alegres y tristes de la vida. La decencia, la limpieza espiritual del matrimonio, el humanismo esencial de ello, se aumentarán mil veces si la castidad ha sido practicada por ambos, hombre y mujer, previamente a su unión. Los posibilidades de tener éxito son también mucho más grandes, porque entonces compartirán de cada manera, la nueva vida que han empezado. No se harán comparaciones con experiencias sexuales previas: apetitos exagerados que puedan dañar la relación no habrán sido cultivados por uno ni por otra; y sobre todo, ellos pondrán el sexo en su lugar apropiado, y en vez de ahuyentar la naturaleza emocional del individuo (como actualmente lo hace en un grado tan marcado) el sexo llenará su función natural, completando la vida y contribuyendo a su normalidad y salud.” 26

Shoghi Effendi también recalca la importancia de la castidad, explicando:

“El concepto bahá’í del sexo está basado en la creencia que la castidad debe ser estrictamente practicada por ambos sexos, no sólo porque es en sí altamente recomendable éticamente, sino también por ser el único comino a una vida marital feliz y venturosa. Las relaciones sexuales de cualquier tipo fuera del matrimonio no son permisibles.” 27

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En adición a la contribución importante que hace la castidad al establecimiento de una vida conyugal feliz, la auto-disciplina exigida por su práctica, contribuye al fortalecimiento de la voluntad y en consecuencia al desarrollo de otras cualidades espirituales. Tiene este efecto debido a que el desarrollo de cada una de las cualidades espirituales implica un esfuerzo de voluntad, una decisión de obedecer las Enseñanzas Divinas, y un dominio de la naturaleza espiritual sobre la naturaleza material del hombre.

El Dr. Alexis Carrel, el famoso investigador médico y ganador del Premio Nobel, pone énfasis en este valioso resultado de la castidad.

“Antes del matrimonio, el estado ideal es el de castidad. La castidad necesita entreno miento moral a temprano edad. Es la más alta expresión de auto-disciplina. Abstenerse voluntariamente del acto sexual durante Id juventud, do mayor realce a la calidad de la vida que cualquier otro esfuerzo moral o físico.”28

En cambio, las actividades sexuales durante la juventud tienden a retrasar el desarrollo de la personalidad total, absorbiendo los intereses y energía, que por otra parte habrían sido dirigidos hacia la maduración social, emotiva e intelectual Shoghi Effendi recalca:

“Fuera de la vida marital no puede haber ningún uso legitimo o saludable del impulso sexual. A los jóvenes Bahá'ís se les debería, por una parte, Enseñar la lección del auto-control, que al ser ejercido, indudablemente tiene un efecto saludable en el desarrollo del carácter y de la personalidad en general, y por otra, deberían ser aconsejados, aún alentados, a contraer matrimonio mientras todavía estén jóvenes y en plena posesión de su vigor físico.” 29

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Por todas estas razones: “Una vida casta y santa debe ser el principio que gobierne el proceder y la conducta de todos los Bahá’ís, tanto en sus relaciones sociales con los miembros de su propia comunidad, como en su contacto con el mundo entero.” 30

Sin embargo, esta norma tan importante no es fácil de cumplir, en parte debido a nuestros propios deseos y debilidades, y en parte porque es contraria a las actitudes y acciones del mundo que nos rodea. Por eso, es necesario pensar muy bien acerca de las razones por la existencia de esta ley y acerca de las consecuencias de no seguirla. Entonces, hay que hacer una decisión muy firme acerca de su propia conducta futura.

UNAS CONSIDERACIONES -

El deseo sexual es uno de los deseos más básicos y más fuertes en el ser humano. Otro deseo, también muy básico y fuerte, es el deseo de cariño y afecto. Estos dos deseos son muy relacionados, puesto que en el matrimonio el acto sexual puede ser una de las expresiones más intensas del cariño y afecto mutuo. Pero el verdadero amor también tiene muchas formas de expresarse que no son sexuales; por ejemplo, a través del interés sincero que cada uno muestra en las ideas, problemas e ideales del otro y por medio del apoyo con que cada uno fortalece al otro en sus tentativas de crecimiento personal y espiritual.

Sin embargo, es natural que una relación de cariño y afecto aumente la conciencia y atracción sexual entre una pareja. Por eso, aún cuando la pareja no esté casada, por lo general se sentirá el impulso de expresar su atracción físicamente. Y demasiado a menudo este impulso instintivo los lleva a los besos, a las caricias y a los demás juegos sexuales y finalmente al acto sexual fuera del matrimonio. Y esto frecuentemente conduce al matrimonio, sin que la pareja jamás se haya fijado bien en las cualidades espirituales el uno del otro, que son las únicas bases para un matrimonio feliz.

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Por lo tanto, es importante recordar que la expresión de los impulsos sexuales, por fuertes que estos sean, puede ser controlada, y, que los besos, las caricias y aún el acto sexual en sí no son necesariamente ninguna prueba de amor. Por el contrario, pueden tener, muy poca o ninguna relación con el amor verdadero. A veces estas expresiones físicas de “amor” aún sirven para disfrazar la falta de otras expresiones más significativas de verdadero amor e interés del uno para con el otro. O pueden hacer aumentar estas expresiones durante el período de la conquista sexual, dando poca base para saber cómo actuará la persona una vez casados y pasado este período.

Por eso, son las expresiones no físicas de cariño e interés, que generalmente indican más de la verdadera profundidad del amor que una persona tiene para con otra. Porque el amor es mucho más que una atracción física y sentimental. El verdadero amor implica el deseo de ver el bien de la otra persona, el verdadero bien. Implica el libre compartir de ideales y esperanzas, de penas y problemas. Implica tener voluntad para sacrificar algo de sus propios deseos, ideas y bienestar para el bien de ‘ambos. Implica ver al otro como un ser espiritual y tratar de apoyarle en su desarrollo espiritual. Implica la confianza de uno en el otro, la comprensión sincera y la ayuda mutua. Implica una entrega de por vida. No es una atracción superficial, sino una dedicación y un compromiso profundo.

Si existe este amor profundo, unido al deseo sexual y al conocimiento mutuo de las cualidades espirituales uno del otro, la pareja debe pensar en casarse. Una pareja tal no querrá violar una ley de Dios, ni sufrir las consecuencias del mutuo retraso en su desarrollo espiritual que son los frutos de ceder a los deseos materiales. Y mientras no se puedan casar, la mayor muestra de su amor y de su verdadera consideración de la felicidad duradera el uno del otro, será el respeto mutuo que practiquen. Por lo tanto, fuera del matrimonio el auto-dominio sexual es una de las mayores expresiones que puede haber del verdadero amor.

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Sin embargo, mucho de lo que hoy se llama amor no es más que una simple atracción. Explica ‘Abdu’l-Bahá:

“Hoy veis dos almas aparentemente unidas por sincera amistad; mañana todo puede cambiar. Ayer estaban dispuestas a morir la una por la otra, hoy evitan toda sociedad. Este no es amor; es la condescendencia de los corazones hacia los acontecimientos de la vida. Cuando ha pasado aquello que causó este ‘amor’, el amor pasa también; esto realmente no es el verdadero amor.” 31

Cuando existe este tipo de atracción superficial, aunque el deseo sexual se disfrace con palabras y sentimientos de “amor”, en el fondo sigue siendo egoísta. Los amantes no piensan en el verdadero bien el uno del otro ni en su desarrollo espiritual, ni en la futura felicidad conyugal de cada uno. Tampoco existe una entrega profunda y responsable. Más bien, cada uno se deja llevar por sus emociones, la atracción que siente y el deseo de hacer “feliz” a la otra persona, sin tomar en cuenta la diferencia entre el placer pasajero y la felicidad perdurable.

Si esta pareja llega a casarse, demasiado a menudo un motivo principal es la atracción y relación sexual que ya comparte, más bien que la profunda convicción mutua de que ambos posean las cualidades espirituales necesarias para un matrimonio feliz. Es más, la relación sexual lo hace más difícil, si no imposible, de evaluar con objetividad las penalidades espirituales el uno del otro.

Por otra parte, al no tomar precauciones adecuadas, las relaciones sexuales fuera del matrimonio pueden resultar en hijos no deseados. Casi todos reconocen lo dañino que es eso. Dentro del matrimonio un hijo generalmente viene a sellar y profundizar el amor de los padres. Pero fuera de el, tanto la mujer como el hombre, frecuentemente reaccionan a las noticias de un embarazo con sentimientos de angustia y rechazo, al menos al principio. Entonces, el niño sufre todos los daños psicológicos que vienen por ser un hijo no deseado.

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El niño, desde el momento de su concepción, necesita del amor, el cariño, la comprensión, la protección y las oraciones de los dos padres. Sin ello es difícil, o más bien imposible, que alcance el pleno desarrollo de sus potencialidades espirituales, morales, emocionales e intelectuales. El niño, en breve, necesita de un hogar con dos padres que estén dedicados el uno al otro y a Dios y quienes se esfuercen para crear un ambiente de amor y espiritualidad en el hogar.

Shoghi Effendi declara enfáticamente que quienquiera tenga relaciones sexuales fuera del matrimonio será responsable ante Dios. ¡ Cuánto más grande será la responsabilidad de quienquiera engendre a un hijo fuera del matrimonio! Dichos padres serán responsables por todas las desventajas y sufrimientos que padece este niño desde el instante mismo de su concepción, por el hecho de no haber sido un hijo deseado, nacido en un hogar establecido sobre bases de amor y decisión. Al meditar en lo extenso que pueden ser estas desventajas y sufrimientos para el niño, uno debería estremecerse ante la idea de cometer un acto que puede resultar en tanto daño Innecesario para otro ser humano.

LA NECESIDAD DE DECISION

Entonces, si usted quiere practicar la castidad en obediencia a las leyes divinas, y por el bien da su propio desarrollo espiritual y la felicidad de su propio matrimonio futuro, debe pensar en cómo enfrentar los momentos de prueba o tentación que seguramente encontrará. Porque el deseo sexual es muy fuerte, y cada uno debe esperar pasar momentos de tentación grande. Es casi seguro que durante su vida usted tendrá oportunidades de tener relaciones sexuales con alguien con quien no esté casado. Y si se niega hacerlo, él o ella puede burlarse de usted. Si usted es hombre, puede decirle que no lo es. Además, sus propios deseos le estimularán para tener estas relaciones.

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Por eso, desde ahora debe pensar en cómo quiere reaccionar y qué quiere hacer cuando le lleguen estos momentos de prueba. No basta con pensar que sería bonito esperar hasta que esté casado para tener plenas relaciones sexuales; ni decirse: “Quisiera cumplir con esta ley”: o “Trataré de hacerlo”. Toda decisión de este tipo es débil y puede ser vencida en la hora de prueba o tentación.

Más bien, hay que hacer una decisión sin dudas ni reservas: “No tendré relaciones sexuales con nadie hasta que me case, bajo ninguna circunstancia”.

Entonces es sabio reconocer plenamente el poder de su propio instinto sexual y evitar situaciones que fácilmente puedan llevar a excesiva intimidad. Más bien, si se da cuenta que está desarrollando una situación de ese tipo, es importante hacer un esfuerzo de voluntad para salir de ella la antes posible. Porque cuanto más profunda llegue a ser la intimidad sexual, más difícil será retroceder y mayores consecuencias puede traer un debilitamiento momentáneo de la voluntad.

En el momento de ejercer un esfuerzo de voluntad, la firmeza de su decisión será su sostén. Si ha hecho con suficiente firmeza esta decisión de practicar la castidad, ni por un momento se vacilará pensando: ‘‘¿Lo hago o no?”; ni se dejará llevar por no saber cómo salir de la situación. Más bien en ese momento se aferrará a su decisión y dirá: “No lo haré”. A la vez es aconsejable volver hacia Dios y pensar en cómo salir de la situación lo más pronto posible. Si actúa así, debe tener completa confianza que sus emociones no podrán dominarle y que Dios le ayudará.

LA CASUDAD ESTRICTA

Pero en realidad la norma bahá’í no se limita únicamente a evitar el mero acto sexual fuera del matrimonio, aunque como mínimo se debe cumplir con esto. Para lograr matrimonios menos problemáticos y más felices hay que tomar en cuenta también las siguientes palabras de Shoghi Effendi.

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“Lo que Bahá’u’lláh quiere dar a entender por la castidad seguramente incluye evitar el besar que es la costumbre de la sociedad moderna. Va en detrimento de la moral de la juventud, y a menudo os conduce demasiado lejos, o despierta apetitos que no pueden satisfacerse legítimamente en el momento a través del matrimonio, y cuya supresión es una tensión sobre ellos. La norma bahá’í es muy elevada, más particularmente cuando es comparada con las normas morales completamente corrompidas del mundo actual. Pero esta norma nuestra producirá a gente más sana, más feliz y más noble, e inducirá a matrimonios más estables.” 32

Esta norma tan elevada es muy distinta de ‘las prácticas comunes de hoy en día, especialmente en el noviazgo. Porque el noviazgo en el sentido actual generalmente incluye la expresión frecuente de la atracción sexual, a ‘través de los besos y caricias. Estos tienen el efecto de estimular y agrandar los deseos sexuales de ambos novios, conduciéndoles a través del tiempo a una expresión aún más intensa y amplia de estos deseos. Si este proceso no está frenado en algún punto, gradualmente conduce a la realización del pleno acto sexual.

Aún si la pareja se refrena de ese acto, deteniendo el proceso de su intimidad sexual en algún punto antes de llegar a las plenas relaciones sexuales, se tendrá que sufrir las consecuencias de deseos y tensiones sexuales aumentadas. Cuánto más frecuente y profunda haya sido la expresión de los deseos sexuales, a través de los distintos tipos de besos y caricias, más tensión sexual y emocional existirá en la relación. Esta tensión disminuye la capacidad de conocerse uno al otro objetivamente. Al mismo tiempo el aprecio mutuo de las cualidades espirituales poseídas por cada uno deja de ser la’ base principal de atracción y unidad en la relación. Más bien, la aumentada atracción y tensión sexual tiende a mantener unida a la pareja, a pesar de las faltas que puedan percibir uno en otro. En el matrimonio esta atracción desempeña un papel muy importante, ayudando a la pareja a mantener su unión a pesar de los problemas que surgen en su vida cotidiana. Pero antes de seleccionar a su compañero de vida, es preferible tratar de minimizar este tipo de fuerza que ciegamente perpetúa una relación.

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Al seguir las implicaciones del ideal bahá’í, en lugar del noviazgo generalmente quedará una amistad sincera caracterizada por afecto, cariño y atracción profunda, pero con las expresiones físicas de este afecto reducidas a un mínimo. Una amistad de este tipo no sólo facilita el conocimiento recíproco de las verdaderas cualidades que posee cada persona; también da un tono de profundo respeto a la relación.

Además, el cultivar una amistad sincera, en vez de pasar rápidamente al noviazgo, ayuda a evitar otro problema. Hoy en día la decisión de hacerse novios frecuentemente se hace basándose en una simple atracción, con poco conocimiento verdadero de las cualidades espirituales uno del otro. Entonces, si no surgen problemas serios entre los novios y si ellos tienen la edad y los medios para casarse, los mismos lazos de afecto y dependencia forjados por el noviazgo tienden a llevarles al matrimonio. En estos casos la decisión de casarse generalmente no se basa en un profundo conocimiento de la existencia mutua de las cualidades espirituales necesarias para un buen matrimonio. Más bien, viene del hecho del noviazgo y de la ausencia de defectos graves.

En resumen, el procedimiento actual que conduce al matrimonio a menudo ocurre en el siguiente orden: atracción, noviazgo, conocimiento idealizado, decisión de casarse, matrimonio. Las Enseñanzas Bahá’ís nos dan la idea que un orden más saludable y productivo de matrimonios felices podría ser: Amistad sincera, conocimiento relativamente objetivo, decisión de casarse, período de compromiso o noviazgo, matrimonio, Bahá’u'lláh recomienda, aunque todavía no es ley para el Mundo Occidental, que el período de compromiso no tarde más de tres meses.

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Todo esto implica un cambio radical en la forma actual de pensar y obrar. Para llevarlo a cabo en su vida, es necesario meditar profundamente sobre ello y hacer una decisión. También es preciso desarrollar una actitud casta y santificada con respecto a todas las actividades de la vida, ya que lo que está en la mente tiende a reflejarse en las acciones. Shoghi Effendi aclara:

“Tal vida casta y santa, con sus implicaciones de modestia, pureza, temperancia, decencia y mentalidad clara, come prende no menos que el ejercicio de la moderación en todo lo que concierne & vestido, lenguaje, entretenimiento y todos los pasatiempos artísticos y literarios. Esta exige la vigilancia diaria en el control de nuestros deseos carnales o inclinaciones corruptas. Requiere el abandono de una conducta frívola, con su excesivo apego a los placeres triviales, y con frecuencia, erróneamente dirigidos. Requiere la total abstinencia de toda bebida alcohólica, del opio y de drogas similares que forman hábito; Condena a la prostitución del arte y la literatura, las prácticas riel nudismo y del matrimonio en compañerismo, la infidelidad en las relaciones matrimoniales y toda forma de promiscuidad, de fácil intimidad y de vicios sexuales. Esta no puede tolerar ninguna avenencia con las teorías, las normas, los hábitos y los excesos de una época decadente. Por, el contrario, ésta trata de demostrar por medio de la fuerza dinámica de su ejemplo, el carácter pernicioso de tales teorías, la falsedad de tales normas, la frivolidad de tales demandas, la perversidad de tales hábitos y el carácter sacrílego de tales excesos “33

“Debe recordarse, sin embargo, que el mantener tales altas normas de conducta moral, no debe ser asociado o confundido con ninguna forma de ascetismo o de puritanismo excesivo y fanático. Las normas inculcadas por Bahá’u’lláh, no tratan bajo ninguna circunstancia de negar cualquier derecho o privilegio legítimo por obtener la mayor ventaja y beneficio de las múltiples felicidades, bellezas y placeres con las que el mundo ha sido tan abundantemente enriquecido por un Creador Todo Amoroso. “Si un hombre”, el Mismo Bahá’u’lláh nos reasegura, “deseare adornarse con los ornamentos de la tierra, vestir sus prendas, o participar de los beneficios que ésta puede conferirle, ningún daño podrá acaecerle, con tal que n~ permita que nada intervenga entre él y Dios, pues Djo8 ha ordenado todas las cosas buenas creadas en el cielo o la tierra, para los siervos Suyos que realmente creen en El. Comed, oh pueblo, de las cosas buenas que Dios os ha permitido, y no es privéi8 de Sus maravillosas dádivas.”34

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Para realmente vivir este nuevo tipo de vida, en que se goce plenamente de los placeres sanos de la vida a la vez que se mantenga elevadas normas morales, le puede ayudar la participación frecuente y entusiasta en las actividades bahá’ís locales, regionales, nacionales y aún internacionales. Porque el ambiente bahá’í es uno de los pocos ambientes en que se puede formar amistades profundas y sinceras con miembros del otro sexo sin mal entendidos o muchas explicaciones. Además, estas actividades proporcionan la oportunidad de formar amistades con varias personas, no sólo una. De este modo es más fácil evitar la trampa de creerse enamorado de la primera persona que le brinde un poco de cariño personal. Pero aún así, exige decisión y disciplina para practicar la castidad estricta.

COMO MANEJAR SUS SENTIMIENTOS DE ATRACCION

Cuando se sienta atraído hacia una persona del otro sexo, en primer lugar debe orar y pedir a Dios que le guíe en esta relación.

Luego, si esta persona comienza a expresarle su atracción y cariño físicamente, o le pide ser novios, con toda franqueza usted debe expresarle su deseo, ante todo, de dialogar muy sinceramente acerca de sus sentimientos y el tipo de relación que le gustaría tener con él o ella. En la conversación que sigue, debe reconocer y expresar claramente el grado de atracción que siente hacia él o ella y su deseo de conocerle - más a fondo, a la vez que le explica las razones por las cuales considera que el noviazgo y las expresiones físicas del afecto tienden a estorbar un conocimiento verdadero entre ambos. Esta conversación le ayudará a conocer mejor la realidad de la otra persona.

Si él o ella no ha escuchado estos principios antes, probablemente tendrá muchos argumentos en contra. Pero si usted es firme y sincero en sus convicciones y el otro realmente le aprecia como persona, aceptará sus deseos. Por lo contrario, si no acepta ser “sólo amigos”, sino insiste ea ser “novios o nada”, estará demostrando claramente su falta de verdadero interés y afecto para usted como persona. Entonces, aunque le sea doloroso, es mejor aceptar “nada” y no dejarse presionar a aceptar una relación que difícilmente podrá conducirle a una felicidad duradera.

En la conversación misma es muy importante exponer la verdadera atracción que siente y no sólo su dedicación al principio de la castidad estricta. Porque los sentimientos siempre buscan expresarse de una forma u otra. Así, la expresión verbal del cariño y la atracción que siente, acompañada por la intención declarada de seguir los principios de la castidad estricta, le puede ayudar a controlar la expresión física de estos sentimientos. Por lo contrario, la falta de esta expresión verbal aumenta la presión de comunicar estos sentimientos por medios no verbales. Por lo tanto, sólo verbalizar su creencia en la castidad estricta y no su atracción hacia la otra persona, le puede conducir a una contradicción en que dice una cosa y da a entender otra por sus acciones. Además, sin una clara expresión de sus sentimientos positivos de afecto y atracción, una persona no acostumbrada a los principios de la castidad estricta, podría equivocarse y pensar que simplemente estaba poniendo pretextos para cortar su amistad.

Al mismo tiempo su explicación de su dedicación al principio de la castidad estricta deberla ser muy clara y demostrada también a través de sus actos. Al no ser sal, su declaración de afecto puede llevarle a expresiones desmedidas de ello, y esto crearía contusión acerca de sus verdaderos motivos, valores y deseos. En el momento critico el recuerdo de Dios puede fortalecer su resolución.

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Bahá’u’lláh aconseja:

“Temed a Dios y no sigáis vuestras vanas fantasías.” 35

Como en todo dialogo la base principal de su conversación ha de ser la sinceridad y la comunicación directa y honesta por parte de los dos. Sólo de este modo puede cada uno lograr comprender los sentimientos y propósitos del otro, para así llegar a un acuerdo mutuo con respecto a su futura relación.

De esta forma una conversación clara y honesta, en que se expresa tanto sus sentimientos de atracción como su dedicación al principio de la castidad estricta, puede hacer posible la expresión de afecto sin el temor de que la otra persona malinterprete sus motivos y deseos.

LA AMISTAD SINCERA

Idealmente la relación que sigue será caracterizada por libertad, comprensión y sinceridad. Ninguno de los dos sentirá que la amistad del otro y le pertenece exclusivamente, ni que tiene que evitar la amistad de otros amigos del sexo opuesto. Tampoco sentirá la necesidad de esconder la existencia de estas amistades ni de mentir acerca de su naturaleza. Cada cual se dará cuenta plenamente que para conocer al otro como realmente es, se necesita dejar libre para pensar, sentir y actuar acuerdo con sus propias ideas y valores.

Por otra parte si cada uno tiene interés en darse a conocer y en conocer mejor al otro, tratará de compartir libremente sus sentimientos, ideas, valores y demás amigos con él o ella. No esconderá su propia realidad ni recurrirá a decir medio verdades por temor a la reacción del otro. Tratará de ser completamente sincero en la relación y darse a conocer como es.

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Por lo tanto, tampoco se sentirá obligado a aceptar todo lo que dice y hace el otro sin cuestionarlo cuando él tenga ideas distintas. Más bien, dará a conocer sus reacciones, pero las expresará como propias, sin tratar de imponerlas en el otro ni decirle como él debería actuar. Así, no reclamaría: "tú no debes hacer tal cosa," ni amenazaría, "si quieres que sigamos como amigos, no lo hagas". Más bien, podría contestar: "yo pienso de tal forma acerca de eso," "yo siento de tal manera cuándo tú haces tal cosa,” u otras expresiones parecidas que ponen el énfasis en Yo, no en tu, de esta manera podrá dar a conocer su propio sentimiento y valores a la vez que deje libre al otro para tomar sus propias decisiones.36

Sin embargo, antes de expresar sus propias opiniones, tratará de escuchar detenidamente al otro, sin interrumpirle ni brincar a conclusiones. Más bien, se le animará para expresar sentimientos e ideas plenamente. Podrá esperar que siga después de una pausa, o alentarle a continuar por medio de repetir brevemente la última frase que ha dicho, o preferiblemente, reflejando en sus propias palabras el sentimiento global que a expresado el otro. Sólo después de que el otro se haya expresado plenamente y uno haya logrado transmitirle claramente su comprensión del sentimiento de él, explicará sus propios sentimientos, ideas y valores al respecto, siempre dejando en claro que es su manera de pensar y que el otro está libre aceptarla o rechazarla como guste. En este caso, hay mucha más probabilidad que el otro también le escuche con comprensión e interés.37

De esta manera, poco a poco dos personas pueden llegar a conocer más de la realidad uno del otro. Entonces, o se confirmará la atracción inicial que sintieron; o un no puede descubrir que el otro no es lo que al principio había imaginado, y la relación buscará su propio nivel.

Cuando dos personas que ya creen en la castidad estricta y la practican, se sienten atraídas mutuamente, probablemente la conversación inicial en que se aclaran sus principios no será muy necesaria. En cuanto a la expresión verbal de su atracción, ésta dependerá de la relación particular y la fuerza de los sentimientos de cada uno. Al principio, generalmente es mejor dejar que la relación fluya naturalmente. Después, más que nada seguirá el principio del diálogo honesto y sincero, que podría incluir una discusión de los sentimientos mutuos, si y cuando, uno de los dos sienta una presión interna para hacerla y suficiente confianza con la otra persona para iniciarla.

En conclusión, si usted tiene la convicción y la fuerza moral para practicar la castidad estricta, y la sinceridad, confianza y valor para entablar amistades sinceras y profundas basadas en la sinceridad, la comprensión y la libertad, descubrirá por su cuenta que este tipo de relación puede ser mucho más satisfactoria que el noviazgo corriente y que el “sacrificio” que hizo al dejar a un lado dichos noviazgos no era más que cambiar una felicidad limitada por otra mucho mayor.

Sin embargo, cabe aclarar que tener un novio o novia no es contra las leyes de la Fe bahá’í. Realizar el acto sexual con alguien con quien no esté casado, enfáticamente lo es. Pero cuanto más que pueda acercarse al ideal de conocer a su futuro cónyuge a través de la amistad sincera en vez del noviazgo, más probable será que logre un matrimonio feliz, espiritual y duradero.

EL SEXO DENTRO DEL MATRIMONIO

La existencia de estas normas tan elevadas y estrictas en cuanto al sexo fuera del matrimonio no debe conducirle a imaginar que la Fe Bahá’í está en contra del sexo en sí. Al contrario, las normas existen para ayudarnos a aprovechar este instinto de una manera que será de beneficio tanto a la sociedad como a nosotros mismos, y para protegernos de los problemas que el mal uso de ello puede causar. En las palabras de Shoghi Effendi:

“La Fe Bahá'í reconoce el valor del impulso sexual, pero condena sus expresiones ilegitimas o indebidas El uso debido del instinto sexual es el derecho natural de cada individuo, y es precisamente por este propósito que la institución del matrimonio ha sido establecida. Los Bahá'ís no creen en la supresión del impulso sexual sino en su regulación y control.” 38

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Rúhíyyíh Khanum agrega:

“Cuando unimos el amor con el sexo en el lugar que le corresponde, que es el matrimonio, tenemos una fuente perdurable de felicidad y fuerza de donde obtener provecho. El sexo puede fortalecer el amor, el amor puede sublimar el sexo hasta una comunión espiritual, un júbilo para el alma como también para el cuerpo.” 39

Siendo así, aunque la más estricta castidad esté ordenada fuera del matrimonio, una vez casados los Bahá’ís pueden y deben gozar de una vida sexual perfectamente normal dentro de el, sin imaginar que hay algo virtuoso en seguir imponiéndose un control exagerado. Bahá’u’lláh aún ha recomendado que los sacerdotes y monjes se casen “para que puedan aparecer de ellos aquellos que celebrarán las alabanzas de Dios.” 40

Si Dios hubiera querido, podría haber ideado la reproducción sin la necesidad del sexo. Como no lo hizo, es claro que el sexo, practicado y gozado dentro del matrimonio es un don de Dios. Por esto, el Bahá’í casado debe vivir su vida sexual, ampliando su concepto sobre la sexualidad más allá de la vida animal, liberándose de los temores al castigo y de las ideas que el sexo es algo sucio y pecaminoso en sí, llenándola con las bendiciones y espiritualidad de Dios, y ampliando constantemente su pureza de pensamiento. Cuando sea practicada en esta forma, con amor y comprensión, tomando en cuenta los deseos y necesidades de los dos cónyuges, la sexualidad es esencialmente un acto de unidad, uno de los infinitos actos de unidad que se pueden realizar.

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LEYES QUE GOBIERNAN EL MATRIMONIO BAHÁ’Í

Cuando un Bahá’í decida casarse, es absolutamente obligatorio que él o ella tenga una boda bahá’í y que siga todas las leyes bahá’ís relacionadas con el matrimonio. Si no lo hace, puede ser privado de sus derechos administrativos en la Fe Bahá’í. Por ende, es de muchísima importancia seguir estas leyes.

AL CASARSE CON ALGUIEN QUE NO ES BAHA’I

Aunque un Bahá’í se case con alguien que no es Bahá’í, siempre es obligatorio realizar la boda Bahá’í y acatar todas las leyes Bahá’ís relacionadas con el matrimonie. Si la otra persona insiste en casarse también por la ceremonia de su religión, se puede. Pero el Bahá’í debe explicar de antemano al pastor o sacerdote que él es Bahá’í por religión y que no puede comprometerse de ninguna forma con la otra religión durante la ceremonia. Así, no debe bautizarse, confesarse, comulgarse, prometer criar a los hijos en la otra religión, ni participar en ningún otro rito. Esa ceremonia, la ceremonia Bahá’í, y la boda civil deben llevarse a cabo el mismo día. Por supuesto, si la otra persona no insiste en casarse también por su religión, sólo son necesarias la ceremonia Bahá’í y la boda civil.

Al CASARSE DOS BAHAIS

Al casarse dos Bahá’ís, deben celebrarse sólo la boda Bahá’í y la boda civil, que deben llevarse a cabo en el mismo día. No es permitido que dos Bahá’ís se casen por la ceremonia de ninguna otra religión ni que se realice la boda en una iglesia o en algún otro sitio de adoración de otra religión.

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EL CONSENTIMIENTO DE LOS PADRES

El primer paso necesario para la boda Bahá’í es obtener el consentimiento de los padres. Este consentimiento consiste únicamente en aprobar que su hijo o hija se case con determinada persona. No necesariamente indica una aprobación de la Fe bahá’í y de sus enseñanzas por parte de los padres.

Sin ninguna excepción, antes de realizar la boda Bahá’í es necesario conseguir el consentimiento de los cuatro padres naturales de la pareja, si ellos están vivos. Este consentimiento es necesario aún cuando los novios sean mayores de edad o de una edad avanzada; Aún cuando los padres no sean Bahá’ís, así como bajo cualquier otra circunstancia Aún en el caso de una adopción en que el hijo no conozca a sus padres naturales o en el caso de un hijo que no fue reconocido por su padre, es necesario conseguir el permiso de estos padres naturales, si se les puede encontrar. Y hay que hacer todo lo posible para encontrarlos. Shoghi Effendi explica qué:

“Bahá’u’lláh... ha establecido esta poderosa ley con el objeto de fortalecer la estructura social, para unir en mayor grado los lazos del hogar, para poner cierto grado de gratitud y respeto en el corazón de los hijos para con aquellos quienes les dieron vida y enviaron a sus almas a efectuar el viaje eterno hacia su Creador.” 41

Generalmente, el consentimiento de cada padre debería ser entregado de antemano en forma escrita a la Asamblea Espiritual responsable de la boda.

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Si los cuatro padres naturales no dan su consentimiento al matrimonio, los novios no pueden casarse, al menos hasta que los padres hayan cambiado de actitud y concedido el consentimiento. Cuando el consentimiento sea negado, los novios no pueden hacer más que orar a Dios y tratar de demostrar a sus padres que realmente tienen la madurez para casarse y que son apropiados el uno para el otro. Pueden tratar de demostrar esto a través de la constancia de su amor del uno para el otro, de su respeto y obediencia hacia sus padres y de la madurez y espiritualidad continua en todas sus acciones. Muchas veces una plática amigable con los padres para averiguar las razones de su negativa también puede ayudar. Sin embargo, si todos los esfuerzos fracasan y los padres siguen firmes en su oposición, entonces los novios deben separarse y confiar que hubo alguna sabiduría divina en su separación. Por supuesto, no se deben juntar de forma marital sin el matrimonio Bahá’í, ya que así estarían quebrantando otra ley Bahá’í.

La obediencia a esta ley Bahá’í, por difícil que parezca puede traer grandes resultados personales, espirituales Y sociales. La Casa Universal de Justicia explica:

“Demasiado a menudo en estos días el consentimiento es negado por padres no Bahá’ís por razones de la intolerancia y el prejuicio hacia otras razas y religiones; Sin embargo, hemos visto repetidas veces el electo profundo en esos mismos padres por la firmeza de los hijos en la ley bahá’í, a tal grado que no solamente en muchos casos dan al fin el consentimiento, sino que el carácter de los padres puede ser afectado y su relación con su hijo grandemente fortalecida. Así, por obedecer la ley Bahá’í, a pesar de todas las dificultades, no solamente fortalecemos nuestro propio carácter, sino que también influenciamos a los que nos rodean.” 42

LA PROMESA

Una vez conseguido el consentimiento de los cuatro padres, la ceremonia bahá’í es en sí muy sencilla. El único requisito es que los dos novios, en presencia de des testigos previamente aprobados por la Asamblea Espiritual correspondiente, repitan individualmente la frase: “En verdad, todos nos atendremos a la Voluntad de Dios.” 43

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“Estos dos testigos pueden ser escogidos por la pareja, o por la Asamblea Local, pero en todo coso deben ser aceptados por la Asamblea; pueden ser su coordinador y secretario, u otros dos miembros de la Asamblea, u otras dos personas, Bahá’ís o no Bahá’ís, o cualquier combinación de estos.”44 Es decir, “los dos testigos pueden ser cualesquiera personas dignas de confianza, cuyo testimonio sea aceptable a la Asamblea Espiritual bajo cuya jurisdicción se realiza el matrimonio.” 45

NO SERVIR BEBIDAS ALCOHOUCAS

Puesto que es en contra de las leyes de la Fe Bahá’í beber cualquier clase de bebidas alcohólicas, ni siquiera acercarse a ellas, es claro que en cualquier fiesta que se pueda llevar a cabo después de la boda, no se deben servir tales bebidas. Si uno de los novios no es Bahá’í e insiste en servirlas, primero el Bahá’í debe razonar con él o ella, pero no insistir a tal grado como para causar desunión. En tal caso, se debe tratar de disociar dicha convivencia de la ceremonia Bahá’í y el contrayente Bahá’í debe ser el primero en poner el ejemplo de no beber.

OTROS DETALLES

Estas son las únicas leyes vigentes en cuanto a la boda bahá’í. La pareja puede planear los demás detalles a su gusto con la ayuda y colaboración de su Asamblea Espiritual. Como no hay sacerdote o pastor para llevar a cabo la ceremonia, por lo general la pareja selecciona en los Escritos Bahá’ís oraciones y pasajes relacionados con el matrimonio. Luego, piden a varios de sus amigos leerlos durante la ceremonia. Asimismo, a veces incluyen poemas o canciones significativas.

No es necesario que la novia lleve un vestido blanco; tampoco está prohibido. Asimismo, el uso de la argolla ni es necesario, ni prohibido. Ni es necesario, ni prohibido tener una fiesta, poner marimba u otro tipo de música, ni otras costumbres comunes. Más bien, Shoghi Effendi recomienda que la ceremonia sea tan sencilla como fuere posible y que se ponga énfasis en el aspecto espiritual. Seguramente no se debe incurrir en deudas sólo por el gusto de realizar una boda lujosa. La boda de él fue la más sencilla de todas.

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LA BODA DE SHOGHI EFFENDI

Rúhíyyíh Khanum, la viuda de Shoghi Effendi, relata:

“Su chofer lo condujo... conmigo a su lado para visitar la Tumba Sagrada de Bahá'u’lláh en la tarde del 25 de mayo de 1937. …Recuerdo que yo iba vestida completamente de negro..., un ejemplo típico de la forma en que se vestían las mujeres de oriente para salir a la calle en esos días… Cuando llegamos a Bahjí y entramos en el Santuario, él me pidió que le diese su anillo. . . y entonces lo colocó en el dedo anular de mi enano derecha. Este fue el único gesto que hizo. Entró en el Santuario Interior... y recogió en un pañuelo todos los pétalos secos y flores... Después que hubo recitado la Tabla de Visitación regresamos a Haifa, y en la habitación de la Hoja Más Sagrada se efectuó la ceremonia matrimonial.”

“De pie al lado de su lecho... mano en mano cada uno de nosotros repitió las palabras en árabe: En verdad todos nos atendremos a la Voluntad de Dios.”

“No hubo celebración, no hubo flores, no hubo ceremonia complicada, no hubo traje de boda y no hubo recepción. Su madre y su padre, en cumplimiento con las leyes de Bahá’u’lláh, dieron a entender su consentimiento firmando nuestro certificado de matrimonio, y entonces yo regresé a la Casa para Peregrinos de Occidente y me reuní con mis padres.. . y Shoghi Effendi se fue a atender sus propios asuntos. A la hora de la comida, como de costumbre apareció el Guardián, (Shoghi Effendi) derramando amor y felicitaciones sobre mi madre y padre. Recogió el pañuelo, lleno de preciosas flores y con su inimitable sonrisa se las dio a mi madre. . . Entonces, mis padres firmaron el certificado de matrimonio y después de la cena, fui caminando a casa con Shoghi Effendi.” 46

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Rúhíyyíh Khanum aconseja:

“El matrimonio debe ser visto en su relación correcta con el individuo y con la comunidad en general. Nunca se podrá obtener lo máximo de algo, a no ser que se comprenda su verdadera función. El matrimonio es algo que se debe esperar, ante todo, a causa de la camaradería de por vida, que provee. Es muy probable que su compañero de por vida va a durar más que todas las restantes relaciones íntimas. Lo más probable es que primero se morirán los padres, los hijos crecerán y harán su propia vida, los hermanos y hermanas y amistades tendrán sus propias relaciones íntimas en la vida, las que obligadamente tendrán el primer lugar. Pero el compañero, la esposa o el esposo, estará allí siempre. Las alegrías y las penas tendrán que ser compartidas, los ingresos, gran parte de sus intereses y diversiones, será algo que tendrán en común. Antes de contraer matrimonio, hoy que darse cuenta de esto, hay que meditar si ambos podrán pasar por todo ello juntos en forma satisfactoria.

No tengan esperanzas excesivas en el matrimonio, ni tampoco esperen demasiado poco. El agua no puede subir más allá de su propio nivel. La unión de dos personas no puede producir más de lo que ellas contribuyen a ella.” 47

LA VIDA MATRIMONIAL
LA FIDELIDAD

El matrimonio es una relación que puede proporcionar mucha felicidad a ambos cónyuges. Pero para realizar esta felicidad es necesario que los dos desarrollen cualidades espirituales y aprendan a enfrentar y resolver los problemas que inevitablemente surgen en cualquier matrimonio.

La infidelidad es un intento vano de “escapar” de estos problemas en vez de enfrentarlos. Trae como consecuencia muchos más problemas. Empeora la relación matrimonial, a veces irreparablemente, y retrasa gravemente el progreso espiritual de quien la comete.

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Por lo contrario, la devoción a la virtud de la fidelidad elimina esta ilusión de escape. Así facilita el proceso de enfrentar los problemas que han de ser solucionados para mejorar la relación matrimonial. A la vez el hecho de enfrentar estos problemas contribuye a la espiritualización de cada cónyuge. Por eso, la fidelidad es e1 primer requisito para el desarrollo de un matrimonio espiritual y feliz. Por ende, 'Abdu'l-Bahá recalca:

“El vínculo que une los corazones con la mayor perfección es la lealtad. Los amantes verdaderos, una vez unidos, deben mostrar la mayor fidelidad el uno con el otro.” 48

Esta fidelidad absoluta debe reflejarse en todos los aspectos de la vida de cada cónyuge, en sus pensamientos, sus palabras y sus hechos. En breve, la conducta de cada uno debe estar tan lejos de todo reproche que jamás pudiera dar lugar a una interpretación errónea.

Esto no implica que cada cónyuge ha de eliminar cualquier relación de afecto, amistad y confianza con miembros del otro sexo, sino que en estas relaciones debe proyectar y dejar en claro el amor y dedicación que tiene para con su consorte y su falta absoluta de interés “romántico” en cualquier otra persona. Es importante, por ejemplo, evitar comentarios, aún dichos en broma, o acciones que podrían ser interpretadas por otra persona como una expresión de interés sentimental en él o ella. A la vez es aconsejable buscar la forma de incluir a su cónyuge en estas amistades para que él o ella sienta participación y no tema que le esté ocultando algo.

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Si a pasar de estas precauciones, usted siente que un amigo o amiga está comenzando a enamorarse de usted y no respeta debidamente a su cónyuge, es mejor cortar su amistad. Asimismo, si a pesar de sus esfuerzos de incluir a su cónyuge en una amistad y demostrarle con hechos la naturaleza inofensiva de ésta, él o ella todavía se pone celosa, hay que tomarlo como una señal importante de problemas en su propio matrimonio. En tal caso, lo mejor es sacrificar su amistad y esforzarse para fortalecer su propio matrimonio, hasta que su cónyuge s~ sienta más segura de su amor para con él o ella, y de su devoción a todos los principios espirituales, incluyendo la fidelidad. Al no actuar así, es posible que los celos terminen destruyendo por completo su matrimonio. ‘Abdu’l-Bahá advierte:

“No dejéis que ningún rasgo de los celos se deslice furtivamente entre vosotros, porque los celos, como el veneno, corrompen la esencia misma del amor.” 49

La mejor forma de evitar que esta fuerza destructiva entre en su, matrimonio es no dar lugar a ella. La confianza mutua que excluye los celos tiende a surgir espontáneamente cuando ambos cónyuges obedezcan estrictamente todas las leyes de Dios, por amor a Él y temor al retraso en su desarrollo espiritual que sería la consecuencia inevitable de quebrantar cualquiera de estas leyes. Cuando un cónyuge esté convencido de la sincera dedicación del otro a la obediencia de las leyes divinas, generalmente tendrá confianza en su fidelidad, sean cuales fueran las circunstancias porque sabrá que los propios principios del otro le impedirán cualquier acto indebido. Si a pesar de esta circunstancia uno todavía tiendo a sentirse celoso, debe reflexionar en todo lo que sabe del comportamiento, moralidad y dedicación a los principios espirituales de su consorte y considerar seriamente si sus celos son razonables.

A la vez hay otra práctica que también ayuda a evitar los celos. Esta es el desarrollo de una comunicación abierta y honesta entre ambos, que, en turno les conducirá a una mayor confianza. Esto exige un esfuerzo por parte de los dos. En primer lugar, cada uno necesita esforzarse para siempre decir la verdad y para compartir siempre más aspectos de su vida con su cónyuge, incluyendo sus sentimientos más profundos. A la vez cada uno ha de hacer un esfuerzo supremo para respetar la confianza que el otro le está depositando y aceptarle como es, con las imperfecciones que tiene, sin criticarle ni decirle constantemente cómo debería actuar. O sea, hay que aprender a darse a conocer y aceptarse mutuamente como son.

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Esta aceptación no implica que hay que ocultar sus propios sentimientos cuando alguna acción de su cónyuge le provoque temor, resentimiento o celos. Más bien, en este caso debe tratar de no enojarse con él o ella, ni atacarle ni criticarle, sino explicarle con clama su sentimiento y tratar de buscar una solución creativa a la situación.*

* Vea página 37 y la siguiente sección sobre “La Consulta” para una explicaci6n más amplia con respecto a este proceso.

Si los cónyuges llegan a tener tanta confianza mutua que pueden contarse cualquier faceta de sus respectivas vidas y ser aceptados tal y como son, se habrá eliminado la fuente de los celos. Porque los celos provienen de la desconfianza y del temor que el otro está ocultándole algo.

También, es muy importante que la pareja aprenda cómo enfrentarse con madurez a los problemas que surgen en su matrimonio antes de que estos originen profundos sentimientos de alejamiento en uno u otro de los cónyuges. Esto es de mucha importancia puesto que uno de los factores que puede conducir a la infidelidad es la ira. “Ya le enseñaré que a mí no me puede tratar de esa manera“ o “Ya que él (o ella) no me comprende ni me aprecia, ¿por qué no estar con alguien que me da el aprecio y comprensión que necesito?”, son unos de los pensamientos de las personas que caen en el adulterio en un momento de cólera descontrolada, después de una fuerte altercación conyugal.

Por eso, también es recomendable guardarse de la inclinación de contar sus problemas conyugales a personas comprensivas del otro sexo. Todo matrimonio tiene algunos problemas debido a las imperfecciones de cada cónyuge. A la vez una persona ajena puede parecer sumamente comprensiva, ya que no le está compartiendo su vida entera. Pero creer que el problema yace en su cónyuge y que la otra persona le comprende mejor es caer en una trampa sumamente peligrosa.

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En vez de ello, hay que reconocer claramente que los problemas vienen de las imperfecciones en el carácter de cada uno, tanto en el suyo como en el de su cónyuge. Luego, es importante consultar calmadamente con su consorte para tratar de aclarar las causas de los problemas que tienen y buscar una solución aceptable para los dos. Evitar esta confrontación directa, aunque sea difícil o dolorosa, y buscar un solaz fuera del matrimonio sólo puede agravar sus problemas hogareños y, si llega a la infidelidad, retardará gravemente su propio progreso espiritual.

Bahá’u’lláh declara categóricamente “que el adulterio retrasa el progreso del alma en la vida venidera - tan grave es.” 50

Y Shoghi Effendi aclara:

“La castidad implica, tanto antes como después del matrimonio, una vida sexual casta y sin mancha. Antes del matrimonio, castidad absoluta; después del matrimonio, completa fidelidad a su compañero escogido. Fiel en todo acto sexual, fiel en palabra y en obra.” 51

En realidad, la mejor protección contra la infidelidad es desarrollar un fuerte sentido de repugnancia hacia ella, basado en el pleno conocimiento de lo condenable y dañino que es espiritualmente.

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Si a pesar de poner en práctica estos consejos (o por no estarlos poniendo en práctica debidamente) usted todavía llegara a sentir una fuerte atracción sexual hacia otra persona que no sea su cónyuge, antes de todo es importante ser honesto consigo mismo, reconociendo su atracción por lo que es y no ocultando su naturaleza a sí mismo. Luego, hay que orar con macho fervor y sinceridad, pidiendo a Dios que le proteja de sus propios desees y vanas imaginaciones. Seguidamente, es recomendable tratar de comprender lo que provocó esa atracción y qué situaciones la están fortaleciendo. Entonces, se puede decidir en la mejor forma de manejar la situación, basándose en su comprensión de los factores que están contribuyendo a su sentimiento de atracción. A menudo lo mejor es esforzarse para evitar a la persona hacia quien se siente tan atraída. Pero sea ésta u otra la acción que decida tomar, hay dos normas en que basarse: no hacer nada que no le gustaría que su cónyuge hiciera; ni hacer nada que no podría contarle a él o ella. A la vez es esencial tomar acciones creativas para fortalecer los lazos de su propio matrimonio, y pedir a su cónyuge ayudarle en este esfuerzo.

Más bien, si conscientemente hacen este esfuerzo desde el principio de su matrimonio y se esfuerzan para desarrollar hábitos espirituales en su vida conyugal, estos fomentarán la felicidad y unidad en su hogar y ayudarán a evitar los problemas que podrían contribuir a la infidelidad.

LA CONSULTÁ

Una práctica que contribuye a’ la base misma de la unidad’ y espiritualidad matrimonial es la consulta. En el matrimonio bahá’í ni el hombre ni la mujer debe mandar. Más bien, los dos deben buscar la Voluntad de Dios y tratar de seguirla. Esto se puede lograr a través ‘de la consulta.

Antes de comenzar la consulta en si, los dos deben volverse hacia Dios en oración y hacerse receptivos a su guía. Entonces, con mucha cortesía, cuidado, moderación y mesura pero con completa honestidad y franqueza, cada uno debe dar a conocer sus ideas, sentimientos y necesidades y debe escuchar y sinceramente tratar de comprender las ideas, sentimientos y necesidades del otro, aún cuando estos sean muy distintos a los suyos. Luego, los dos pueden esforzarse mutuamente para llegar a una decisión que sea verdaderamente aceptable para los dos, y la que ambos colaborarán con voluntad para implementar.

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En la práctica esto implica compartir uno con otro las ideas y planes que cada uno tenga. Cuando haya que tomar una decisión, significa dialogar sobre las diferentes posibilidades para buscar una solución con la que los dos se sientan contentos. En este proceso puede ser útil apuntar todas las posibles soluciones que vengan a la mente, aún aquellas que parezcan tontas o inservibles, sin analizarlas o criticarlas de momento. Esto contribuye a una mayor creatividad en la búsqueda de ideas. Después se puede repasar la lista, buscando la solución más aceptable para ambos. Cuando hay niños y la decisión les afecte, se les deben incluir en la consulta también y tomar en cuenta sus opiniones e ideas. En los casos cuando parezca imposible llegar a un acuerdo, lo mejor es postergar la decisión y orar por guía.

También la consulta puede servir cuando hayan surgido desacuerdos, problemas o disgustos en el matrimonio. ‘Abdu’1-Bahá aconseja:

“Cuando se presentan diferencias, consultad juntos y en secreto; no sea que otros aumenten el grano de polvo hasta convertirlo en una montaña. No guardéis en vuestros corazones resentimiento alguno: Más bien explicad su naturaleza uno a otro con tanta franqueza y comprensión que desaparezca sin dejar ningún recuerdo.” 52

Sin embargo, en estas ocasiones la consulta ha de ser utilizada con mucho cuidado. No vale la pena tratar de consultar cuando exista un estado de alejamiento profundo o cuando los ánimos estén muy alterados. ‘Abdu’l-Bahá explica:

“Es fácil que las almas se aparten. Se deberían adoptar métodos para que este alejamiento desaparezca primero, y luego la palabra tendrá efecto.” 53

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Por lo tanto, en estas ocasiones es recomendable que cada uno ore y medite en pasajes de las Escrituras Bahá’ís hasta que se sienta consciente de sus propios errores y realmente desee comprender y reconciliarse con su cónyuge, sin reclamarle o buscar imponerle su voluntad. Después, con calma y respeto mutuo pueden tratar de aclarar la situación y buscar una solución al problema que sea realmente aceptable para los dos. Además de buscar una solución al problema inmediato, también es aconsejable considerar detenidamente las verdaderas causas que motivaron la dificultad, aclarando los sentimientos y necesidades de cada cónyuge. Luego pueden tomar medidas para evitar que el mismo problema vuelva a surgir por las mismas razones.

En este tipo de consulta es preciso evitar el culpar uno al otro y el repetir toda la historia de quién hizo qué, puesto que esto podría volver a encender los ánimos y agravar el problema en vez de resolverlo. Más bien, todos los esfuerzos deberían estar concentrados en lograr una mayor comprensión mutua para poder tomar acciones para solucionar el problema inmediato y evitar problemas futuros. Lo mismo que en otros tipos de consulta es esencial expresarse con claridad y honestidad, asimismo que con amor, cortesía y moderación, tratando de todo corazón de comprenderse mutuamente.

La consulta también puede y debe ser utilizada para compartir las aspiraciones, ideales y esperanzas de cada cónyuge y para apoyar uno al otro en sus esfuerzos para progresar tanto material como espiritualmente. ‘Abdu’l-Bahá aconseja:

“Juntos mencionad aspiraciones nobles y conceptos celestiales.” 54

Cuanto más que se utilice la consulta en esta forma positiva, menos necesidad habrá de usarla para resolver desacuerdos y problemas.

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En toda consulta lo más importante a recordar es el espíritu en que debe ser llevada a cabo. ‘Abdu’1-Bahá recalca:

“La primera condición es armonía y amor absoluto... La segunda condición; ellos deben volver sus rostros… hacia el Reino de Gloria. Deben proceder entonces con la mayor devoción, dignidad, cuidado y moderación cuando expresen sus puntos de vista. En cada caso deben investigar la verdad y no insistir en sus propias opiniones, ya que la terquedad y persistencia en el propio parecer llevará en último término a la discordia y disputa y la verdad quedará oculta... Deben expresar sus propios pensamientos con absoluta libertad y no es permisible en caso alguno despreciar el pensamiento de otro.” “Si alguien se opone (a la opinión de uno) no debe sentirse herido, ya que hasta que se discutan plenamente los problemas no puede ser revelado el recto sendero. La chispa brillante de la verdad salta solamente después del choque de opiniones diferentes.”55

Finalmente aconseja:

“No permitáis que cualquier asunto insignificante llegue a ser causa de desacuerdo... Si se ponen de acuerdo sobre una materia, aún cuando sea un error, es mejor que estar en desacuerdo y estar en lo cierto, por cuanto... esto será la causa de mil males; pero si están de acuerdo y ambas partes están en error, como es en la unidad la verdad será revelada y el mal será corregido.” 56

LAS RELACIONES FAMILIARES

“De acuerdo con las enseñanzas de Bahá’u’lláh, siendo la familia una unidad humana, debe ser educada de acuerdo con las reglas de santidad. Todas las virtudes deben ser enseñadas en el seno de la familia. La integridad de la unión familiar debe ser constantemente considerada y los derechos de sus miembros no deben ser transgredidos. Los derechos del hijo, del padre, de la madre, ninguno de ello8 debería ser transgredido, ninguno de ellos debe ser arbitrario... Todos estos derechos y prerrogativas deben ser conservados, y aún así la unidad de la familia debe ser sostenida.” 57

Para lograr este elevado propósito, es necesario comprender tanto el espíritu que ha de reinar en el hogar como las responsabilidades de cada miembro de la familia para con los demás.

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LA RELACION ENTRE LOS CONYUGES
‘Abdu’l-Bahá explica:

“El Señor... ha hecho a la mujer y al hombre para morar juntos en el más íntimo compañerismo y para ser aún como una sola alma. Son dos compañeros que se ayudan, das amigos íntimos, quienes deberían estar interesados en el bienestar el uno del otro.

Si viven así, pasarán por este mundo con perfecto alegría, felicidad y paz de corazón y, llegarán a ser el objeto de la gracia y favor divino en el Reino del cielo. Pero si hacen otra cosa que no sea ésta, pasarán sus vidas en gran amargura, anhelando la muerte en cada momento y estarán avergonzados en el reino celestial.” 58

Y otra vez recalca:

“En esta gloriosa Causa la vida de una pareja casada debería asemejarse a la vida de los ángeles en el cielo, una vida de alegría y deleite espiritual, una vida de unidad y concordia, una amistad tanto mental corno física. E’ hogar ha de ser ordenado y bien organizado... Ellos siempre han de estar regocijados con júbilo y alegría y ser una fuente de felicidad a los corazones de los demás. Deberían poner un ejemplo para su prójimo, manifestar amor sincero y verdadero el uno hacia el otro y educar a sus hijos de tal manera como para proclamar la fama y gloria de su familia.” 59

Su ideal ha de ser crear un hogar tan lleno de amor, paz y alegría que pueden repetir con ‘Abdu’l-Bahá:

“Mi hogar es el hogar de paz. Mi hogar es el hogar de alegría y deleite. Mi hogar es el hogar de risa y exaltación. Quienquiera entre por los portales de este hogar debería salir con el corazón alegre. Este es el hogar de luz, quienquiera entre aquí debería llegar a ser iluminado” 60

Para aproximarse a este ideal en su matrimonio, es recomendable que cada cónyuge lea estos pasajes y medite en ellos frecuentemente, y que en conjunto los dos cónyuges consulten con respecto a acciones concretas que puedan tomar para elevar la calidad de su relación.

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LA RELACION ENTRE PADRES E HIJOS
Bahá’u’lláh exhorta:

“Desposáos, oh pueblo, para que de vosotros aparezca aquel que Me recuerde entre Mis siervos.” 61

Esta exhortación indica que un propósito fundamental del matrimonio es el de procrear hijos y de educarles espiritualmente.

Además este proceso contribuye al propio bienestar y felicidad de los padres. ‘Abdu’l-Bahá recalca:

“Es muy importante para el hombre criar una familia. Mientras esté joven, debido a la complacencia en sí mismo, característica de la juventud, él no se dará cuenta de su importancia, pero esto será una causa de pesar, cuando llegue a la vejez.” 62

Por otra parte, tener hijos puede contribuir al crecimiento espiritual de los padres. Rúhíyyíh Khanum explica:

“Tener hijos... es para nosotros una bendición espiritual. El haber creado una nueva vida, una vida como uno mismo, que brota de une, que depende de uno, despierta toda una gama de nuevas emociones en el corazón humano.. Nos arranca una parte del egoísmo con que siempre estamos sobrecargados. Trae un interés nuevo e intenso por la vida, un nuevo sentido de responsabilidad. Hace que un hombre piense más en sí mismo y en su honor. Despierta un nuevo tipo de amor, un amor que necesariamente debe dar y ser paciente, privándose a sí mismo. De hecho, tener un hijo puede y debe ser una auto-purificación para los padres. Da ímpetu a la vida; he aquí una tarea muy exigente, hay que proveer para este nuevo ser humano, debe ser ayudado, entrenado, educado. Une más a la madre y al padre, renueva los manantiales de su amor, hace brotar hojas verdes en el árbol matrimonial.” 63

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Pero la idea no es nada más tener hijos por tenerlos. Los padres tienen una gran responsabilidad por la educación espiritual, moral, emocional, e intelectual de sus hijos, hasta tal punto que ‘Abdu’1-Bahá recalca:

“En verdad, seria mejor que el niño no llegara a vivir que dejarlo crecer en la ignorancia, porque ese niño inocente, más tarde en la vida, se verá afligido por innumerables defectos, responsable ante Dios e interrogado por Él, regañado y rechazado por la gente.” 64

Por lo tanto, “es el deber de los padres entrenar a sus hijos perfecta y completamente.” 65

Aunque los dos padres compartan esta responsabilidad, la madre do6empeña un papel especial en este entrenamiento, puesto que ella es la primera maestra del niño, la que más influencia tiene en los primeros años, los años formativos, tan importantes en la vida y desarrollo del niño. Por eso, Shoghi Effendi enfatiza:

“La tarea de criar a un niño bahá’í... es la responsabilidad principal de la madre, cuyo privilegio especial es, de hecho, el crear en su hogar las condiciones más apropiadas tanto para su bienestar y progreso material como espiritual.” 66

‘Abdu’l-Bahá también se dirige a las madres con las siguientes palabras de aliento:

“ ¡Oh vosotras madres amorosas! Sabed que en la vista de Dios, la mejor forma de adorarle es educar a los niños y entrenarlo8 en todas las perfecciones de la humanidad.” 67

Sin embargo, este énfasis en la responsabilidad fundamental de la madre en la educación de los niños no implica que el padre ha de dejar todo a ella. Al contrario. ‘Abdu’l-Bahá también habla específicamente de las responsabilidades del padre en la educación de sus hijos, diciendo:

‘EI padre siempre debe esforzarse en educar a su hijo y en familiarizarle con las enseñanzas celestiales. Deberá darle consejos y exhortarle en todo momento enseñarle una conducta y un carácter dignos de alabanza, permitirle recibir educación en la escuela y ser instruido en tales artes y ciencias que son consideradas útiles y necesarias. En breve, que infunda en su mente las virtudes y perfecciones del inundo de la humanidad. Sobre todo, debería llamar a su mente el recuerdo de Dios, para que sus venas y arterias palpitantes pulsen con el amor a Dios” 68

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En resumen, tanto el padre como la madre necesitan educar a sus hijos con sumo amor, poniendo atención especial en el desarrollo de sus cualidades espirituales. *

* Para una guía amplia en cuanto a métodos para utilizar en esta educación, puede ver los libros EDUCACION BAHÁ'Í y FARO DE LUZ PARA LOS PADRES DE FAMILIA.

Por otra parte los hijos, según van creciendo, también tienen ciertas responsabilidades para con sus padres.

‘Abdu’l-Bahá explica:

“El hijo... debería mostrar suma obediencia para con su padre y debería conducirse como un siervo humilde y sumiso, De día y de noche deberla esforzarse con diligencia para asegurar el confort y bienestar de su padre amoroso y conseguir su beneplácito. Debería renunciar a su propio descanso y placer y esforzarse constantemente para traer alegría a los corazones de su padre y madre, para que de este modo pueda lograr el beneplácito del Todopoderoso y ser bondadosamente ayudado por las huestes del invisible.”69

En otra ocasión aconsejó a un hijo:

“Conforta a tu madre y haz lo que es conducente a la felicidad de su corazón.” 70

De la misma manera Bahá’u’lláh mismo recalca la gran responsabilidad que tienen los hijos para con sus padres. Él exhorta:

“Mostrad honra a vuestros padres y rendirles homenaje... Cuidáos que no cometáis aquello que entristecería los corazones de vuestros padres y madres... Si alguien os hace escoger entre la oportunidad de rendir un servicio a Mí o un servicio a ellos, escoged servirles a ellos y dejad que tal servicio sea un sendero que os conduce hacia Mí.”71

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Así vemos que igual como los padres tienen la responsabilidad sagrada de amar, cuidar y educar a sus hijos, los hijos también tienen la responsabilidad de corresponder este amor y atención de sus padres, obedeciéndoles y haciendo todo lo que pueda contribuir a su beneplácito y felicidad.

LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

El propósito del matrimonio, entonces, es crear un hogar en el que predomine la espiritualidad y en el que cada miembro contribuya al bienestar y progreso espiritual de los demás, a la vez que reciba esta misma consideración y apoyo de ellos.

Para que cada miembro de la familia pueda desarrollar al máximo sus diversas capacidades espirituales, morales, intelectuales, artísticas, emocionales y físicas, precisa que en el ambiente hogareño exista tanto la unidad como la libertad. Esta combinación se logra a través de la plena vivencia del principio de la unidad en la diversidad.

El respeto para la diversidad es necesario para salvaguardar la individualidad y la libertad de cada miembro de la familia, siendo también la fuente de creatividad en el matrimonio y la vida familiar. En términos prácticos esto implica que tanto el esposo como la esposa necesita dejar a su cónyuge libre para tener sus propios amigos y cultivar sus propios intereses, aún cuando estos sean distintos de los suyos. Así, cada uno podrá desarrollar sus talentos y capacidades individuales, que le harán una persona más interesante y atractiva y le facilitará para contribuir más al mundo en general, así como a la relación familiar. Asimismo les conviene permitir y alentar a sus hijos a cultivar sus propios, intereses y capacidades. Sin este respeto para la diversidad, y en consecuencia, para la individualidad, de cada miembro de la familia, la unidad podría degenerar en una uniformidad estática, estéril y sofocante, en que los esposos se aburren el uno con el otro y los hijos se ponen rebeldes.

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Sin embargo, para evitar que la diversidad lleve a la división, es muy importante que los miembros de la familia hagan amplio uso de la consulta para coordinar sus distintos planes, necesidades y deseos. Asimismo, es importante que cada uno tome el tiempo para mostrar interés en las actividades de los demás miembros y a veces acompañarles en éstas, a la vez que comparta espontáneamente con ellos sus propios intereses vitales. Además, es de suma importancia que exista pleno acuerdo con respecto a ideales y principios básicos. ‘Abdu’l-Bahá recalca:

“Nada que no sea el poder celestial de la Palabra de Dios, que rige y trasciende las realidades de todas las cosas, es capaz de armonizar los diversos pensamientos, los sentimientos, las ideas y convicciones de los hijos de los hombres.” 72

Por lo tanto, la base de la unidad en el hogar ha de ser la sumisión a la Voluntad de Dios, la plena aceptación de las normas y valores revelados por El y la obediencia a ellas por parte de todos los miembros de la familia, comenzando con los dos cónyuges.

Siendo éste el caso, cada cónyuge necesita esforzarse continuamente para conformar su vida más completamente a las Enseñanzas divinas y para manifestar cualidades espirituales en un grado siempre mayor, prestando una atención particular a las cualidades que son de especial importancia para el matrimonio. A la vez, con mucho cariño le conviene alentar, apoyar y facilitar este mismo proceso en su consorte y sus hijos. Sí los dos esposos actúan de esta forma, el fundamento de unidad en su matrimonio se hará siempre más profundo. Entonces, la felicidad de esa familia estará asegurada. ‘Abdu’l-Bahá explica:

“Observad, cuando la unidad exista en una familia dada, cuán fácilmente los asuntos de esa familia se conducen; cuanto progreso que realizan los miembros de esa familia; cómo prosperan en el mundo. Sus asuntos están en orden, gozan de confort y tranquilidad, están seguros, su posición está asegurada, llegan a ser envidiados por todos. Una familia tal sólo aumenta su prestigio y su honra duradera, según un día suceda al otro.” 73

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En conclusión, “si el amor y el acuerdo están manifiestos en una sola familia, esa familia avanzará y llegará a ser iluminada y espiritual; pero si la enemistad y el odio existen dentro de ella, la destrucción y dispersión son inevitables.” 74

Existen varias prácticas que, al establecerlas en la vida matrimonial, ayudan a formar un clima para el desarrollo espiritual, que en torno contribuirá a una mayor unidad familiar. Shoghi Effendi nos asegura:

“El poder de Dios puede transmutar nuestro carácter por completo y hacer de nosotros seres completamente distintos de lo que éramos. A través d~ la oración y súplica, la obediencia a las leyes divinas que Bahá’u’lláh ha revelado y, el servicio siempre mayor a su Fe, nosotros podemos cambiarnos.” 75

Además indica:

“Estos dones del espíritu son recibidos a través de la oración, la meditación, el estudio de las Palabras Sagradas y el servicio a la Causa de Dios.” 76

LA OBEDIENCIA A DIOS

La obediencia es la clave al desarrollo espiritual. Cuando una persona acepta a Bahá’u’lláh como la Manifestación de Dios para este día y comienza a obedecer sus enseñanzas, entonces recibe el don del espíritu de fe. El espíritu de fe es el canal que conecta al hombre con el Espíritu Santo. A través de ello, el hombre recibe conocimiento intuitivo, certeza, cualidades espirituales y felicidad espiritual. Cuanto más completa y espontánea sea la obediencia del hombre a las enseñanzas divinas, más amplio será el canal formado por el espíritu de fe. Entonces no sólo desarrollará en mayor grado sus cualidades espirituales, también aumentará su felicidad, conocimiento y certeza. ‘Abdu’l-Bahá explica:

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“El espíritu de fe... es el poder que hace celestial al hombre terrenal, y al hombre imperfecto, perfecto. Hace que los impuros sean puros, que los taciturnos se vuelven elocuentes purifica y santifica a los que son cautivos de los deseos carnales; hace que los ignorantes se vuelvan sabios.” 77

Cuando cada cónyuge comprenda ese proceso, se esforzará para manifestar en todos los aspectos de su vida una obediencia siempre más amplia y espontánea a cada una de las enseñanzas divinas. Entonces, su mejor ejemplificación de las cualidades espirituales, su felicidad aumentada y su mayor comprensión intuitiva, inclusive de su consorte, también contribuirán a fortalecer su matrimonio y a producir mayor felicidad en su hogar.

LA ORACION

La oración es la base de la espiritualidad; por lo tanto ha de ser la base de un hogar espiritual. A cada cónyuge le conviene desarrollar tanto amor y confianza en Dios que, como cosa natural, Le cuente todas las alegrías y penas de su vida, pidiéndole Su ayuda divina, cuando la necesite. Así llegará a considerarse a Dios como su más íntimo Amigo.

Además les conviene a los esposos cultivar el hábito de orar juntos diariamente, con completa confianza compartiendo con este Amigo Sin Par, y a la vez uno con otro, sus más íntimos deseos, aspiraciones y penas. Para asegurar la regularidad de este hábito, generalmente es mejor establecer un tiempo fijo para ello. A la vez la pareja debe estar siempre lista a volverse a Dios a toda hora, como su mayor ayuda en resolver cualquier problema que surja. Cuando el ambiente del hogar esté así compenetrado de la oración, crea una condición ideal para el progreso espiritual de todos sus miembros. ‘Abdu‘l-Bahá declara:

“Sabed que en cada hogar donde a Dios se Le glorifica y se Le suplica y se proclama su Reino, es ese hogar un jardín de Dios y un paraíso de Su felicidad.” 78

EL ESTUDIO Y LA MEDITACION EN LOS ESCRITOS SAGRADOS

Además de la oración, el progreso espiritual depende del conocimiento de las Enseñanzas Divinas y la obediencia a ellas. Para comenzar, uno necesita saber estas Enseñanzas. Pero muchas veces saberlas no es suficiente. La mente necesita llegar a ser tan compenetrada de ellas que en cualquier momento difícil, primero uno recordará la enseñanza espiritual apropiada y tratará de modelar su reacción de acuerdo con ella, en vez de dejarse dominar por una reacción material y egoísta. Para esto es necesario leer las Enseñanzas Bahá’ís diariamente y pensar y meditar sobre sus implicaciones. Bahá‘u’lláh aconseja:

“Sumergíos en el océano de mis palabras para que descifréis sus secretos y descubráis toda las perlas de sabiduría que yacen ocultas en sus profundidades.” 79

De especial beneficio para la espiritualización de la vida propia es la meditación sobre Escritos con un profundo significado espiritual y moral, tales como Las Palabras Ocultas, que Shoghi Effendi describe como “una dinámica levadura espiritual lanzada a la vida del mundo para la reorientación de las mentes de los hombres, la edificación de sus almas y la rectificación de su conducta.” 80

Además del estudio y meditación individual sobre dichos Escritos, que conducirá a la espiritualización progresiva de cada cónyuge, también es muy provechoso para el matrimonio desarrollar el hábito de leer juntos diariamente unos párrafos de las Escrituras Bahá’ís y compartir sus reflexiones sobre ellos. Esta práctica trae varios beneficios.

A través de los comentarios y percepciones de su consorte, cada uno puede ganar nuevo conocimiento y desarrollar una nueva forma de entender un pasaje.

El hecho de vocalizar su propia comprensión le obliga a aclararla a Ja vez que la graba en su mente con más fuerza.

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Cuando cada cónyuge comparta sus propios pensamientos con sinceridad y escuche a los de su consorte con respeto, este diálogo contribuye a un conocimiento mutuo más profundo y a un mayor aprecio espiritual.

Entre otros Escritos, puede ser muy beneficioso para el matrimonio el estudiar en conjunto “La Tabla de Matrimonio” de ‘Abdu’l-Bahá, por lo menos una vez por año.

La oración y la meditación, practicadas con humildad y sinceridad tendrán el efecto de limpiar el espejo de su corazón del egoísmo y de los sentimientos negativos, para que ello pueda reflejar con mayor refulgencia las cualidades divinas. Por lo tanto, estas prácticas capacitan a cada persona para amar y comprender más profundamente a los demás, incluyendo a su cónyuge e hijos.

EL SERVICIO

Toda actividad gozada en compañía fortalece el amor y la unidad entre los participantes. Por lo tanto, los paseos y diversiones compartidos con su consorte o con toda la familia son de mucho valor.

Sin embargo, cuando los dos cónyuges estén plenamente dedicados a Dios, su mayor gozo probablemente vendrá del servicio compartido en la Causa, especialmente en el campo de la enseñanza. Es así porque el servicio a la Fe Bahá’í y especialmente la enseñanza de ella, atrae las confirmaciones divinas y bendiciones del Espíritu Santo. Estas suelen elevar a cada uno a un plano de felicidad espiritual que, al ser compartida con su consorte, fortalece tanto el amor conyugal como el amor a Dios. Este amor es fortalecido más todavía por el gozo que siente cada verdadero amante de Dios al ver a su consorte manifestando este mismo amor a través del servicio. Shoghi Effendi recalca:

“El servir la Fe juntos con unidad y devoción es la forma más elevada de cooperación bahá’í en el matrimonio.”81

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Además del servicio a la Causa, les conviene tanto a los dos cónyuges, como a los demás miembros de la familia, desarrollar el hábito de servirse uno al otro en el hogar, llevando en mente las palabras de ‘Abdu’l-Bahá:

“¿Quieres servir a Dios? Sirve entonces a tus congéneres porque en ellos puedes ver la imagen y semejanza de Dios.”82

Sin embargo, ningún miembro de la familia jamás debería tomar por sentado el servicio que los otros le rinden, sino siempre expresar su aprecio y buscar la forma de servirles a ellos también.

LAS PRUEBAS

Si ponen en práctica los consejos anteriores con respecto a la fidelidad, la consulta, las relaciones familiares, la unidad en diversidad, la obediencia, la oración, el estudio y la meditación en los Escritos Bahá’ís, y el servicio, ellos les ayudarán a desarrollar bastante unidad y espiritualidad en su matrimonio. No obstante, no debe sorprenderse ni desanimarse si a veces surgen disgustos, mal entendidos, discusiones fuertes u otros tipos de diferencias entre usted y su cónyuge. Un matrimonio no puede ser más perfecto que el hombre y la mujer que lo componen. Y nadie es perfecto. Más bien, todos tenemos algún defecto u otro.

Muchas veces estos defectos no son lo suficientemente graves para estorbar demasiado nuestras relaciones con el mundo en general. Pero en el matrimonio resaltan más, puesto que los esposos conviven continuamente en una estrecha relación emocional y personal. Debido a eso las acciones de cada uno tienden a afectar al otro y provocarle emociones positivas o negativas. Asimismo, las asperezas o peculiaridades en la personalidad de cada uno tienen mayor oportunidad de rozar contra las asperezas en la personalidad del otro, generando fricciones. Así, la misma intimidad de la relación conyugal, que contribuye a la intensidad de los sentimientos de amor y dicha, también hace resaltar los defectos e irritaciones que surjan. Además, al sentirse irritado con su cónyuge, no se puede simplemente evitar su compañía por unos, días, como se podría hacer con otra persona para evitar más rozamiento o recuperarse de ello. En breve, la misma naturaleza íntima y constante de la relación marital es lo que a veces lo hace parecer más fácil llevarse bien con todo el mun4o que con el propio esposo o esposa.

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Aunque esta situación pueda parecer desalentadora, en realidad sirve como un gran estímulo para el progreso espiritual de cada cónyuge, si uno sabe estimarlo así. Porque el deseo de mantener el amor y unidad con su esposo o esposa puede hacerle luchar por transformar, o al menos disminuir, las características suyas que estén contribuyendo a los disgustos. Y probablemente ningún otro incentivo le estimularía tanto.

Desafortunadamente, este proceso no es automático. Uno sólo puede aprender de los problemas si sabe considerarlos como pruebas que pueden servir para enseñarle algo, y si tiene conciencia para reconocer y tomar la responsabilidad por sus propias faltas, en vez de dilatarse en las de su cónyuge;

Más bien, es importante reconocer plenamente que usted no puede cambiar a su cónyuge por mucho que se queje de él o de ella, o aún por mucho que se esfuerce en hacerlo. Por lo contrario, sus deseos y esfuerzos por cambiarle pueden generar en él o ella una resistencia, que dificultará más todavía cualquier cambio. Lo único que usted puede hacer, entonces, es tratar de cambiar sus propias reacciones para suavizar el problema en vez de aumentarlo.

En cuanto a su consorte, la actitud más constructiva hacia él o ella es la comprensión y la aceptación incondicional, el aceptarle y amarle como es, buscando darle vida de la forma que él o ella más la aprecie. ‘Abdu’l-Bahá aconsejó a una señora que sufría mucho con su marido:

“Ama a tu esposo y siempre sé amable con él, no importa cuán grande sea su mal humor. Aún si tu cariñosa bondad le hace más amargo, manifiéstale más cariño, más ternura, sé más amorosa y tolere su mal trato y acciones crueles.” 83

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“El amor es de hecho un elixir potente que puede transformar a la gente más vil y mezquina en almas celestiales,” 84 explica Shoghi Effendi.

Asimismo, él aconseja:

“Cuando diferencias de opinión y creencia Ocurren entre esposo y esposa... la forma de remediarlas no es el actuar de tal manera como para alejar a la otra persona... En todos estos casos, el Maestro solía aconsejar la obediencia a los deseos de la otra persona y la oración.” 85

Sin embargo, advirtió que no debería: “sentirse desanimado si sus esfuerzos no producen ningún fruto inmediato.” 86

Del mismo modo, en otro caso de problemas familiares la Casa Universal de Justicia recomendó:

“Concentrarse en las buenas cualidades de la otra persona”, agregando que “la perseverancia en la oración te dará poder para continuar tus esfuerzos.” 87

Así, sea como sea que su cónyuge le trate, lo más recomendable es responder con mucha comprensión, aceptación y AMOR, siempre buscando darle más vida, y evitando acciones y palabras que tienen el propósito de quitarle vida, o hacerle sentirse mal. Este trato es lo único que a través del tiempo puede hacer nacer en d o ella un deseo de responder del mismo modo. Además es la única forma de actuar que generará en usted mismo sentimientos de amor, vida y comunión con Dios.

Sin embargo, para poder dar amor y vida, es necesario que usted también se sienta lleno de vida y que tenga respeto y amor por sí mismo. Porque nadie puede dar lo que no tiene. Por eso, es importante realizar actividades que le gustan y que le hacen sentirse realizado y, también tratarse a sí mismo, con amor y consideración, de tal forma de que se siente bien consigo mismo, feliz y lleno de vida. Además es esencial darse cuenta que la calidad de su vida y el grado de su felicidad no han de depender de su cónyuge, sino que en realidad dependen de usted mismo, de sus propios pensamientos y acciones. Al cambiar estos, cambiarán sus sentimientos. Por lo tanto, es importante aprender a sentirse desprendido de las palabras y acciones negativas de su cónyuge. Puede aprender a hacer esto por medio de recordarse constantemente que estas actuaciones son simplemente una evidencia de que su consorte se siente mal consigo mismo. Y esto puede tener muchas causas; no sólo depende de usted. En breve, cuanto más lleno de amor y vida usted se sienta, más amor y vida podrá dar a su consorte, así como a los demás. Y usted mismo puede buscar formas de generar esta vida dentro de sí.

Al mismo tiempo le conviene a usted tomar plena responsabilidad por las faltas que tenga. No justificarlas ni sentirse culpable por ellas, porque el acto de culpar a otros, a las circunstancias o a uno mismo tiende a quitar, n~ promover, vida; y no cambia nada. Más bien, conviene reconocer tranquilamente los aspectos negativos de sus acciones y reacciones y luego tomar responsabilidad por ellos. Esto implica tomar una decisión en cuanto a la forma en que pueda remediar mates cometidos y desarrollar nuevas formas de actuar para el futuro.

Al darse cuenta usted que tiene un mal hábito o una cualidad característica que frecuentemente está contribuyendo a los disgustos en su matrimonio, le conviene dedicarse a desarrollar la cualidad positiva contraria. Por ejemplo, si su falta consiste en la mentira, esfuércese por desarrollar la veracidad. Si es el ser tacaño; entonces la generosidad. O sea, no ha de absorberse en un intento de suprimir la cualidad negativa, sino fijar sus pensamientos y concentrar sus esfuerzos en la adquisición de la cualidad positiva contraria. Esto se puede hacer por medio de la oración y la meditación en Escritos que describen o alaban esta cualidad positiva, por medio de imaginarse con mucho realismo en situaciones concretas practicando esta cualidad corno quisiera ejercitarla y por medio de repetirse frecuentemente frases positivas como, por ejemplo: “Estoy aprendiendo a ser más y más sincero con mi esposa (o esposo).”

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Sin embargo, como la mayoría de los cambios suelen ser graduales, es importante no desanimarse en sus esfuerzos, sino perseverar hasta establecer el nuevo hábito. Para lograr esto es recomendable establecer metas muy concretas y fáciles de evaluar, para no engañarse a sí mismo. Por lo tanto, conviene definir cada meta en términos de ¿dónde? ¿cuándo? ¿con quiénes? y ¿cómo? se la llevará a cabo. Un ejemplo de una meta definida así sería: “Después del almuerzo iré a la sala donde puedo estar sola durante 15 minutos para leer y meditar en la cita de ‘Abdu’l-Bahá sobre la veracidad que se encuentra en página 5 de este libro.”

Finalmente, es conveniente tomar unos minutos al final de cada día para hacerse cuentas consigo mismo, evaluando si realizó debidamente las metas del día, y estableciendo nuevas metas concretas para el día próximo.

Bahá’u’lláh recomienda:

“Pídete cuentas a ti mismo cada día, antes de que seas llamado a rendirlas.” 88

Por otra parte si usted no se da cuenta de sus faltas y no las logra transformar, le seguirán surgiendo otros problemas semejantes causados por estos mismos defectos. ‘Abdu’l-Bahá explica:

“La misma prueba viene otra vez en mayor grado hasta que sea demostrado que una debilidad anterior se ha convertido en un punto fuerte, y que el poder para vencer la maldad ha sido establecido.” 89

Así, temprano o tarde una persona con miras espirituales ha de darse cuenta de sus faltas y emprender la lucha para transformarlas en sus contrarias. Y al transformarlas o aún al lograr disminuir sus características negativas, cosechará una gran recompensa de paz y tranquilidad aumentada en su matrimonio.

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Por lo tanto, a usted no le conviene desesperarse por los distintos problemas que puedan surgir en su matrimonio sino reconocer que ellos son naturales y, utilizarlos como un estímulo para su crecimiento espiritual. Entonces, al surgir cualquier problema, puede preguntarse: ¿Quiero desperdiciar mi tiempo, energía y felicidad enojándome o sintiendo lástima por mi misma, actitudes que sólo empeorarán la situación? ¿O prefiero tratar de hacer algo constructivo que dará vida a mí mismo y a mi cónyuge? La decisión es suya.

PROGRESO GRADUAL

Según el grado de madurez espiritual con que cada cónyuge llega al matrimonio, puede ser fácil establecer hábitos espirituales en ello o puede costar mucho tiempo, decisión y esfuerzo. En este último caso lo importante es no desanimarse, sino siempre persistir en el esfuerzo de gradualmente establecer estos hábitos y miras.

En una ocasión alguien preguntó a ‘Abdu’l-Bahá cómo lograr una elevada meta espiritual. Él contestó: “Poco a poco, paso a paso.” Y así ha de ser también con la meta de lograr una relación matrimonial espiritualmente madura.

A veces dos Bahá’ís se casan, cada cual con la esperanza de que el otro le ayudará a ser más regular en sus hábitos de oración, meditación y servicio, y que le estimulará a un mayor desarrollo de cualidades espirituales. Pero es raro que en la realidad resulta tan fácil. Más bien, cada cual tiene que seguir esforzándose para lograr su propio desarrollo espiritual. Y el grado de espiritualidad y madurez en la relación simplemente refleja el producto del grado de madurez espiritual logrado por cada uno.

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En el caso que uno de los cónyuges no comprenda la importancia aún de tratar de establecer hábitos espirituales en la vida hogareña, el consorte con mayor madurez espiritual necesita actuar con mucha paciencia y comprensión. En tal situación le conviene dar el ejemplo de la oración y del estudio diario de los Escritos Bahá’ís; demostrar su dedicación a Dios a través del servicio a la Fe, balanceado con el servicio a su cónyuge y a los demás miembros de la familia; acostumbrarse a consultar con su cónyuge acerca de sus ideas y planes y a compartir libremente sus intereses y actividades con él o ella, aún cuando su consorte no siempre le consulte; y tratar de aprender de los problemas que surjan en el matrimonio, sin dilatar en las faltas de su cónyuge. En especial, le conviene suplicarle constantemente a Dios, rogándole despertar espiritualmente a su consorte; y continuamente derramar mucho, pelo mucho, amor en él o ella, demostrándole palpablemente su comprensión y aceptación. A la vez es importante evitar el culparle o reprocharle por su falta de espiritualidad. Meditar frecuentemente en los siguientes consejos de ‘Abdu’l-Bahá y Shoghi Effendi puede ayudarle a mantener esta actitud que da sin esperar una recompensa igual.

“Amad a las criaturas en nombre de Dios y no por ellos mismos. Vosotros nunca estaréis enojados ni impacientes si los amáis en el nombre de Dios. La humanidad no es perfecta. Hay ira perfecciones en cada ser humano y siempre llegaréis a sentiros tristes si miráis hacia las personas mismas. Pero si miráis hacia Dios, los amaréis y seréis amables con ellos, porque el mundo de Dios, es el mundo de la perfección y de la misericordia completa. Por eso, no miréis las fallas de nadie; mirad con los ojos del perdón. El ojo imperfecto ve las imperfecciones. El ojo que tapa los errores mira hacia el Creador de las almas.” 90

“Bajo tales circunstancias el Maestro solía pedir a los amigos ser abundantes en su amor y voluer8e excepcionalmente obedientes a sus esposos. Tales individuos tienen que ver por medio de los actos que la Causa no ha venido para deshacer los lazos familiares, sino para fortalecerlos; no ha venido para eliminar el amor, sino para fortalecerlo.” 91

“En cuanto a tu respetable marido: te incumbe tratarle con suma bondad, considerar sus deseos y ser conciliativa con él en todo momento, hasta que él se dé cuenta que, por haberte dirigido hacia el Reino de Dios, tu ternura para con él y tu amor para con Dios sólo han aumentado, así como tu interés para sus deseos bajo todas las CircuflstanCia8.” 92

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Si usted toma esta actitud comprensiva y amorosa y practica los demás hábitos espirituales recomendados en este libro, con el tiempo su cónyuge habrá de responder a su amor; y según su condición espiritual, puede comenzar a tener más interés en las prácticas a las cuales usted está tan dedicado. Entonces, en momentos oportunos, con mucho tacto y amor, usted puede sugerirle que le gustaría mucho si pudieran orar juntos, ir a tal Conferencia o viaje de enseñanza juntos, etc. Si acepta, es importante procurar que la experiencia sea la más placentera posible para su consorte, aunque usted tenga que modificar su forma habitual o preferida de hacer estas cosas. Por otra parte, si se niega, no hay que presionarle en nada, puesto que ‘Abdu’l-Bahá recalca:

“El hombre llega a la perfección a través de los buenos hechos ejecutados voluntariamente, no a través de bueno hechos a cuya ejecuci6n fue obligado.” 93

Por lo tanto, si su consorte participa en una actividad sólo para complacerle, no habrá logrado nada. Más bien, a pesar de participar en ella, su consorte puede sentirse más alejado que nunca. Porque cualquier acto que una persona hace sin voluntad corno resultado de presiones exteriores, deforma sus sentimientos verdaderos, dificultando en consecuencia su conocimiento y conciencia de estos. Además, el sentirse presionado a menudo provoca una reacción negativa o de rebeldía. Por otra parte, el amor a Dios y el servicio a Su Causa exigen una libre entrega de la voluntad del hombre. Por eso, para que sea duradera- esta entrega, ha de ser lograda a través de la atracción; nunca por la presión.

Sin embargo, si su cónyuge responde a su petición con una negativa y usted se siente triste a causa de ella, puede decírselo. Pero hágalo tranquilamente, expresándolo como su sentimiento, y no con el propósito oculto de tratar de hacerle cambiar su mente, ni de hacerle sentirse culpable de su tristeza. A la vez siempre le conviene tratar de comprender los sentimientos de él o ella y expresarle esta comprensión.

Es importante seguir esforzándose con amor, oración y su propio ejemplo, durante años si es necesario, hasta que su cónyuge llegue a despertarse plenamente a los beneficios que vienen de la práctica regular de los hábitos espirituales en el hogar. No le conviene cansarse en esta importante tarea, ni sentirse resentido si su cónyuge no le corresponde. Más bien, se necesita tener fe en que todo acto hecho con amor y en obediencia a las Enseñanzas Divinas dará con tiempo sus debidos frutos. A la vez es recomendable examinar de cuando en cuando su propia actitud y conducta para con su consorte para ver si algo en ellas no está estorbando su acercamiento a Dios. Aunque tal vez sólo una persona con plena madurez espiritual podría cumplir todas estas recomendaciones cabalmente, especialmente en el caso de un cónyuge muy negativo, cuanto más que se aproxime, a vivirlas, más crecimiento espiritual experimentará usted y más probabilidad tendrá de atraer espiritualmente a su consorte

Hablando de una señorita cuyo prometido no era bahá’í, ‘Abdu’l-Bahá comentó:

“Este matrimonio es permitido, pero ella debe esforzarse día y noche por orientar a su esposo. No debe descansar hasta lograr que él sea en su vida un compañero tanto espiritual como físico..” 94

En el caso de un matrimonio parecido, Shoghi Effendi indicó:

“De tu actitud y consideración para con él dependerá principalmente su eventual aceptación de la Causa que tu amas tan profundamente.” 95

Y previene:

“Bajo ninguna circunstancia deberías tratar de dictar e imponerle a la fuerza tus convicciones religiosas personales.” 96

-72-

Esta, entonces, es la actitud que le conviene tomar a la persona cuyo cónyuge no comprende la importancia de una proyección espiritual en el hogar. Por supuesto, si uno puede casarse con alguien que ya comparta estos ideales, es mucho mejor.

Aunque el logro de una relación matrimonial espiritualmente madura pueda exigir años de esfuerzo, la recompensa cosechada por la pareja consistirá no solo en una felicidad y unidad acrecentada durante el resto de esta vida sino aún más, en relación, unidad, concordia y felicidad profundas durante toda la eternidad. ‘Abdu’l-Bahá aclara:

“Cuando relación, unidad y concordia existen entre los dos (cónyuges), desde un punto de vista físico y espiritual, esa es la verdadera unión y por lo tanto eterna; Pero si la unión es únicamente desde el punto de vista físico, sin duda es temporal y al final la separación es inevitable.” 97

También explica;

“De la fusión de dos almas, una tercera entidad sutil nace, aunque invisible e intangible en la tierra, es el alma compuesta de dos amantes. El progreso de uno misteriosamente influye en el otro. Llegan a ser los tutores de las almas uno del otro. La distancia o la muerte, fuerzas meramente físicas, no pueden causar su desintegración.”98

Finalmente enfatiza:

“¡Ningún mortal puede concebir la unión y la armonía que Dios ha destinado para esposo y esposa!”99

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EL DIVORCIO

Una base fundamental del matrimonio ha de ser la unidad y la armonía entre esposo y esposa. Cuando éstas no existan, le conviene a cada cónyuge esforzarse con determinación, a través de la oración, la consulta, la comprensión y el amor, para gradualmente establecer estas cualidades básicas en su matrimonio. Sin embargo, si después de mucho tiempo de sincero esfuerzo la relación sigue empeorándose y “existe una razón apremiante que imposibilita la armonia”100, entonces puede existir la posibilidad del divorcio.

No obstante, las enseñanzas Bahá’ís consideran el divorcio como un último recurso, al cual solo ha de recurrirse cuando todos los demás hayan fracasado. Bahá’u’lláh declara:

“Dios ama verdaderamente la unión y la concordia y aborrece la separación y el divorcio.” 101

Y Shoghi Effendi recalca:

“El matrimonio es visto por Bahá’u’lláh como un lazo muy sagrado que no debería ser cortado bajo ninguna circunstancia, salvo que existan razones muy graves... Los Bahá’ís deberían darse cuenta que se considera el divorcio como un último recurso, o ser evitado por todos los medios posibles, y no a ser otorgado ligeramente.” 102

Específicamente aclara que sólo se debe recurrir al divorcio “en circunstancias especiales y cuando están involucrados asuntos graves que trasciendan consideraciones tales como la atracción física o la compatibilidad y armonía sexual. La institución del matrimonio, tal como fuera e8cablecida por Bahá’u’lláh, en tanto otorga la debida importancia al aspecto físico de la unión marital, considera que la misma está subordinada a los propósitos morales y espirituales.”103

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Asimismo recalca que “él no cree que ningún creyente pueda, bajo las circunstancias que fueren, utilizar alguna vez a la Causa o al servicio a ella como razón para abandonar su matrimonio.” 104

Además enfatiza que “la presencia de los niños como factor en un divorcio, no puede ser ignorada, ya que da mucho más peso a la responsabilidad de los cónyuges al considerar tal paso. Bajo tales circunstancias el divorcio ya no sólo concierne a los cónyuges y sus deseos y sentimientos, sino también concierne al futuro de los niños y a su actitud hacia el matrimonio.” 105

Tomando en cuenta estas consideraciones concretas, es claro que solo en casos muy excepcionales podría ser justificable recurrir al divorcio. Por eso, Shoghi Effendi declara:

“Ya que Bahá’u’lláh estuvo tanto en contra del divorcio (aunque lo permitió) y consideró el matrimonio como una responsabilidad sagrada, los creyentes deben hacer todo el esfuerzo posible por preservar tos matrimonios que han contraído y hacer de ellos uniones ejemplares, gobernadas por los motivos más nobles.” 106

Por ende, si surgen problemas en el matrimonio, la pareja necesita buscar la forma de enfrentarlos y superarlos. Casi siempre, si los dos cónyuges son sinceros en su deseo de mantener su matrimonio y cada uno pone algo de su parte, el matrimonio puede ser salvado.

Si la pareja se siente incapaz de resolver sus problemas por sí solos, los esposos pueden pedir una entrevista con su Asamblea Espiritual Local, que consultará con ellos, les dará consejos y tratará de ayudarles a resolver sus problemas. Además, puede pedir a la pareja regresar periódicamente para informar de los resultados logrados al llevar a cabo las sugerencias dadas y, para alentar a cada cónyuge para seguirse esforzando. Este proceso puede ser tardado e incluir varias entrevistas con la Asamblea; pero si cada cónyuge sinceramente trata de seguir los consejos de esta Institución Divina, casi siempre se podrá salvar el matrimonio.

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Solo en circunstancias muy raras cuando haya surgido algo entre la pareja “que los impulse a separarse por AVERSION del uno hacia el otro,” 107 puede ser necesario tomar otro paso. Entonces, después de haber investigado el caso, haberse esforzado por reconciliar a los esposos y haber desafortunadamente fracasado en este esfuerzo, la Asamblea fija una fecha para principiar un año de paciencia. Durante este año los dos cónyuges deben vivir separados en diferentes casas y sin tener relaciones sexuales entre sí a la vez que siguen buscando la forma de resolver sus diferencias. Tampoco deben tener ningún novio o novia durante este período ni considerar este tiempo meramente corno un requisito para llenar antes de conseguir el divorcio. Más bien, deben dedicarse a reflexionar sobre las causas de las fricciones en su matrimonio, buscar soluciones prácticas para las mismas y, luchar para restablecer su matrimonio. Si al final del año todavía no ha habido una reconciliación, entonces la Asamblea concede el permiso para el divorcio.

En caso que uno de los cónyuges no haya sido sincero en sus esfuerzos para la reconciliación, o en otra forma haya sido la causa del divorcio, ‘Abdu’l-Bahá advierte que “tendrá sin duda grandes dificultades, será víctima de formidables calamidades y experimentará profundo remordimiento.” 107

Todo este proceso, con el fin de fomentar la reconciliación, patentiza la seriedad tanto del matrimonio como del divorcio en la Fe Bahá’í. Otro indicio de ella es el hecho de que no hubo ni un divorcio entre los Bahá’ís durante todos 103 años que Bahá’u’lláh o ‘Abdu’l-Bahá vivían en la Tierra Santa.

Al respecto, ‘Abdu’l-Bahá comentó:

“No es que divorciarse debe ser más fácil, sino que casarse debe ser más difícil.” 108

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Con esto él dio a entender que el matrimonio es un compromiso muy serio que no conviene contraer sin pensarlo muy bien. Después, si surgen problemas en él, aún siendo problemas serios, se debe luchar para preservar la unión, y no tratar de escapar de los problemas por medio del divorcio. Más bien, es importante enfrentar los problemas, puesto que faltas en su propio carácter probablemente están contribuyendo a ellos. Rúhíyyíh Khanum aconseja:

“No tengan esperanzas excesivas en el matrimonio, ni tampoco esperen demasiado poco. El agua no puede subir más allá de su propio nivel. La unión de dos personas no puede producir más de lo que ellas contribuyen a ella. Si se está lleno de imperfecciones: Intolerante, impaciente, exigente, dictatorial, suspicaz, corto de genio, egoísta, no se imagina que estas características van a hacer que su matrimonio sea feliz o que al cambiar a su compañero, una nueva unión va a tener más éxito.” 109

Más bien si no quiere enfrentar serios problemas en su matrimonio, antes de casarse le conviene cultivar cualidades espirituales en su propia vida y pensar muy bien acerca del carácter y valores de la persona con quien quiere casarse.

Si ya está casado, es importante seguir cultivando cualidades espirituales, orar para su cónyuge y el progreso espiritual de su unión y, por medio de la consulta, tratar de resolver cualquier problema que surja.

AL VOLVERSE A CASAR

Un Bahá’í divorciado puede volverse a casar. En tal caso está sujeto a las mismas leyes y enseñanzas como aquel que se case por primera vez. Aún más, por haber cometido la primera vez una seria equivocación, le conviene poner mucha más atención todavía en el desarrollo de sus propias cualidades espirituales y observar con aún más atención las cualidades espirituales de cualquier posible consorte, para así tener más seguridad del éxito en un segundo matrimonio. Esto es especialmente importante debido a la soledad que a menudo experimenta una persona después, del divorcio. Al no tener cuidado ésta puede impulsarle a volver a casarse dentro de poco tiempo y nuevamente sin la suficiente preparación. Por lo tanto, es recomendable dejar pasar un tiempo después del divorcio antes de pensar en volverse a casar. Así, es más fácil integrar plenamente la dolorosa experiencia del matrimonio fracasado y todas las lecciones que ella proporciona.

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COMENTARIOS FINALES
LA IMPORTANCIA DE ACATAR LAS LEYES BAHAIS

Todos los principios explicados en este libro contribuyen al logro de un matrimonio feliz y duradero. Sin embargo, se puede dividir estos principios en dos clases distintas. Unas son leyes; y otras son enseñanzas.

Una enseñanza refiere a una cualidad o capacidad que ha de desarrollarse y que puede existir en muchos diferentes grados. Tenemos, por ejemplo, enseñanzas sobre la veracidad, la cortesía, la unidad en diversidad, la consulta y, el servicio. Cuánto más desarrolle uno, cada una de estas cualidades o capacidades, más beneficios cosechará de ella. Sin embargo, nunca llega a la perfección. Durante toda su vida puede seguir mejorándose con respecto a estas enseñanzas.

Las leyes son distintas. La obediencia a ellas ha de ser absoluta. No hay ningún término medio. Con respecto a cada ley, uno o la cumple o la quebranta. No puede cumplirla a medias. Las leyes Bahá’ís mencionadas en este libro son:

La castidad: No tener relaciones sexuales antes del matrimonio.

Casarse: No juntarse.

Casarse por la Fe Bahá’í: Aunque puede haber otra ceremonia también, si se casa con alguien de otra religión.

Conseguir el permiso de los Cuatro Padres Naturales para Casarse.

Abstenerse totalmente de bebidas alcohólicas.

La Fidelidad: No cometer adulterio; ser fiel a su cónyuge en palabra y hecho.

El Año de Paciencia: Llevar sus problemas maritales graves a la Asamblea, seguir sus sugerencias para tratar de reconciliarse, y desde la fecha que la Asamblea estipule vivir separados un año, siempre con miras de una posible reconciliación, antes de divorciarse.

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Mientras que cada uno pueda progresar a su propio paso en la adquisición de las cualidades espirituales, la obediencia a las leyes Bahá’ís es imperativa para todo Bahá’í. La Casa Universal de Justicia explica la razón:

“Así como hay leyes que gobiernan nuestras vidas físicas, que requieren que proveamos nuestros cuerpos con ciertas comidas, que lo mantengamos dentro de cierta variación de temperatura, y demás, si queremos evitar inhabilidades físicas; también hay leyes que gobiernan nuestras vidas espirituales. Estas leyes son reveladas a la humanidad en cada época por la Manifestación de Dios, y la obediencia a ellas es de importancia vital para que cada ser humano, y la humanidad en general, se desarrolle correcta y armoniosamente. Además, estos dos aspectos son dependientes uno del otro. Si un individuo viola las leyes espirituales que son para su propio desarrollo, se causará daño, no solamente a sí mismo, sino también a la sociedad en que viva. De la misma manera, la condición de la sociedad tiene un efecto directo sobre los individuos que vivan en ella.

“...es especialmente difícil seguir las leyes de Bahá’u’lláh en la sociedad actual cuyas prácticas aceptada8 están en gran desacuerdo con las normas de la Fe. Sin embargo, hay ciertas leyes que son tan fundamentales al funcionamiento saludable de la sociedad humana que deben ser sostenidas sean cuales sean las circunstancias. Conociendo el grado de la debilidad humana, Bahá’u’lláh ha previsto que otras leyes sean aplicadas sólo gradualmente, pero éstas también, una vez que se aplican, deben ser acatadas; si no, la sociedad no será reformada, sino que se hundirá en una condición siempre peor. Es la tarea desafiante de los Bahá’ís obedecer la ley de Dios en sus propias vidas, y gradualmente, ganar al resto de la humanidad a su aceptación.

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“Al considerar el efecto de la obediencia de las leyes en las vidas individuales, se deben recordar que el propósito de esta vida, es preparar el alma para la próxima. Aquí uno debe aprender a controlar y dirigir sus impulsos animales, no ser un esclavo de ellos. La vida de este mundo es una sucesión de pruebas y logros, de aparentes retrocesos y de nuevos avances espirituales. A veces el camino puede parecer muy difícil, pero como se puede atestiguar muchas veces, el alma que fielmente obedece la ley de Bahá’u’lláh, por muy difícil que parezca, crece e8piritualmente; Mientras que el que desobedece la ley por motivo de su propia felicidad aparente, se encuentra siguiendo una ilusión: No logra la felicidad que buscaba, retardo su progreso espiritual y, a menudo contrae nuevos problemas.” 110

LA NECESIDAD DE VOLUNTAD Y ACCION

Para poder cumplir con estas leyes, así como progresar en la adquisición de las cualidades espirituales, es necesario no solo el conocimiento de ellas, sino también voluntad y acción. Es muy posible leer este libro, darse cuenta del valor de las enseñanzas y leyes explicadas en el y todavía caer en muchos de los errores del mundo actual. Por eso, ‘Abdu’l-Bahá recalca:

“El mero conocimiento de principios no es suficiente. Todos sabemos que la justicia es buena, pero hay necesidad de volición y acción para llevarla a cabo y manifestarla.” 111

Y otra vez aclara:

“El mal del mundo continúa existiendo porque las personas sólo hablan de sus ideales, pero no hacen lo necesario para ponerlos en práctica.” 112

Y nuevamente:

“Todo lo de importancia en este mundo exige la atención concentrada del buscador. El que persigue algo debe pasar dificultades y penas hasta que el objeto esté a la insta y el gran éxito se obtenga.”

Concretamente, es recomendable volver a leer este libro nuevamente, una sección a la vez. Después de leer cada sección, medite detenidamente sobre la enseñanza explicada, poniendo atención especial en las citas. Luego analice su propio comportamiento actual con respecto a esta enseñanza. Entonces puede decidir en metas concretas para su propio crecimiento.

No es necesario comenzar este repaso desde el principio del libro. Si desafortunadamente no está cumpliendo actualmente con una de las leyes, le convendría darla prioridad y procurar lo antes posible hacer los cambios necesarios en su vida para cumplirla. Asimismo, si está consciente de alguna cualidad en cuyo desarrollo usted está relativamente atrasado puede comenzar con ella, o si prefiere, puede comenzar desde el principio del libro, recordando siempre de fijarse metas concretas y alcanzables. Entonces persevere en su realización.

Si obra así, sea usted actualmente soltero o casado, seguramente logrará mayor felicidad en su matrimonio.

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TABLA DEL MATRIMONIO
‘Abdu’l-Bahá

“El vínculo que une los corazones con la mayor perfección es la lealtad. Los amantes verdaderos, una vez unidos, deben mostrar la mayor fidelidad el uno con el otro.

‘‘Debéis dedicar vuestros conocimientos, vuestros talentos, vuestras fortunas, vuestros títulos, vuestros cuerpos y vuestros espíritus a Dios, a Bahá’u’lláh y uno a otro.

“Dejad que vuestros corazones sean amplios, tan amplios como el universo de Dios. No permitáis que ningún rasgo de los celos se deslice furtivamente entre vosotros, porque los celos, como el veneno, corrompen la esencia misma del amor.

“No dejéis que los incidentes y contratiempos efímeros de esta vida variable causen discordias entre vosotros. Cuando se presentan diferencias, consultad juntos y en secreto; no sea que otros aumenten el grano de polvo hasta convertirlo en una montaña, No guardéis en vuestros corazones resentimiento alguno, más bien explicad su naturaleza uno a otro con tanta franqueza y comprensión que desaparezca sin dejar ningún recuerdo. Escoged el compañerismo y amistad y alejáos de los celos e hipocresía.

“Vuestros pensamientos deben ser elevados, vuestros ideales luminosos, vuestras mentes espirituales, para que vuestras almas se conviertan en el lugar del amanecer del Sol de la Realidad. Que vuestros corazones sean como dos espejos puros reflejando las estrellas del cielo del amor y la belleza.

“Juntos haced mención de aspiraciones nobles y conceptos celestiales. No guardéis secretos uno al otro.

“Haced de vuestro hogar un amparo de descanso y paz. Sed hospitalarios y dejad que las puertas de vuestro hogar sean abiertas ante los rostros de amigos y extraños. Dad la bienvenida a cada visitante con gracia radiante y dejad que cada uno se sienta como en su propio hogar.

-82-

“Ningún mortal puede concebir la unión y la armonía que Dios ha destinado para esposo y esposa. Nutrid continuamente el árbol de vuestra unión con el amor y el afecto, para que se mantenga siempre verde y floreciente en todas las estaciones y produzca frutos exquisitos para la curación de las naciones.

‘Oh bienamados de Dios, que vuestro hogar sea una visión del paraíso de Abhá, para que quienquiera entre allí pueda sentir la esencia de la pureza y la armonía y exclamar desde el fondo de su corazón:

“¡Aquí está el hogar del amor!
¡Aquí está el palacio del amor!
¡Aquí está el nido del amor!
¡Aquí está el jardín del amor!

“Sed como dos pájaros canoros posados en las ramas más altas del árbol de la vida, llenando el aire con canciones de amor y éxtasis.

“Colocad el fundamento de vuestro afecto en el mismo centro de vuestro ser espiritual, en el mismo corazón de vuestra conciencia, y no dejáis que sea sacudido por vientos adversos.

“Y cuando Dios os conceda hijos dulces y encantadores, consagráos a su instrucción y guía, para que ellos lleguen a ser flores imperecederas del rosedal divino, ruiseñores del paraíso ideal, siervos del mundo de la humanidad, y el fruto del árbol de vuestra vida.

“Vivid en armonía tal que otros puedan tomar vuestras vidas como un ejemplo y decirse el uno al otro:

“Mirad como viven, como dos palomas en un nido, En perfecto amor, afinidad y unión. Es como si desde toda la eternidad Dios hubiera creado la misma esencia de sus seres para el amor del uno para el otro.”

-83-

“Alcanzad el amor ideal que Dios ha destinado para vosotros para que podáis participar de la vida eterna. Bebed profundamente de la fuente de la verdad y morad todos los días de vuestra vida en un paraíso de gloria, recogiendo flores inmortales del jardín de los misterios divinos.

“Sed uno para otro como palomas celestiales y amados divinos, morando en un paraíso de amor.

“Construid vuestro nido en las ramas frondosas del árbol del amor.

“Remontad a la atmósfera pura del amor. Navegad en el mar ilimitado del amor.

“Caminad en el rosedal eterno del amor. Bañáos en los rayos brillantes del sol del amor.

“Sed firmes y constantes en el sendero del amor. Perfumad vuestras narices con la fragancia de las flores del amor.

“Afinad vuestros oídos a las melodías del amor que extasían las almas.

“Dejad que vuestros propósitos sean tan generosos como los banquetes del amor, y vuestras palabras como una sarta de perlas blancas del océano del amor.

“Bebed profundamente del elixir del amor, para que podáis vivir continuamente en la realidad del Amor Divino.”

-84-
BIBLIOGRAFÍA
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ADJ EL ADVENIMIENTO DE LA JUSTICIA DIVINA: Shoghi Effendi; 1972A

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REDD “RECOPILACION DE EXTRACTOS DE LAS ENSEÑANZAS BAHA’IS DESALENTANDO EL DIVORCIO” (hojas): Bahá’u’lláh, ‘Abdu’l-Bahá, Shoghi Effendi; 1980A

SÁB LA SABIDURIA DE ‘ABDIJ’L.BAHA: ‘Abdu’l-Bahá; 1972A

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SWA SELECTIONS FROM THE WRITINGS OF ‘ABDU’L-BAHA: ‘Abdu’l-Bahá, Bahá’í World Center, Haifa, Israel; 1978

TAB TABLETS OF ‘ABDU’LBAHA: ‘Abdu’l-Bahá
TM TABLA DE MATRIMONIO: ‘Abdu’l-Bahá

VF VIDA FAMILIAR: EL Báb, Bahá’u’lláh, ‘Abdu’l-Bahá, Shogh4 Effendi, Casa Universal de Justicia; 1982A

A Editorial Bahá’í Indo Latinoamericana (EBILA); Buenos Aires, Argentina.

B Editorial Bahá’í; Tarrasa, España

C Bahá’í Publishing Trust; Wilmette, Illinois, EEUU

D George Ronald, Publisher; Oxford, Inglaterra
REFERENCIAS
1 Shoghi Effendi, MVB, pg. 29
2 Bahá’u’lláh, OB, pg. 202
3 ‘Abdu’l-Bahá, SWA, pg. 118
4 ‘Abdu’l-Bahá, SWA pg. 117
5 ‘Abdu’l-Bahá, BWF, pg 359

6 ‘Abdu’l-Bahá, citado en “A Heavenly Vision; The Pilgrimage of Louis G. Gregory”, pg. 13

7 Abdu’l-Bahá, DAV pgs, 90-91
8 ‘Abdu’l-Bahá, BNE, pg. 176
9 ‘Abdu’l-Bahá, DAV, pg. 82
10 ‘Abdu’l-Bahá, DAV pg, 91
11 Diccionario Pequeño Larousse Ilustrado
12 ‘Abdu’l-Bahá, DAV pgs. 140—14t
13 Shoghi Effendi, MVB, pg. 23
14 Bahá’u’lláh, BNE, pg. 103
15 Bahá’u’lláh, citado en AB, pg. 27
16 ‘Abdu’l-Bahá, BWF, pg. 364
17 ‘Abdu’l-Bahá, SAB, pg. 193
18 ‘Abdu’l-Bahá, DAV, pg. 15
19 ‘Abdu’l-Bahá, DAV, pg. 14
20 Abdu’l-Bahá, SWA, pg. 118

21 ‘Abdu’l-Bahá, 15 Marzo 1914, citado en OB*, pgs. 14—15

22 ‘Abdu’l-Bahá, DAV, pg. 43
23 Shoghi Eff~nr1i, MVB, pg. 78
24 Bah~’u’l1áh, PO Persas NQ 56
25 Shoghi Effendi, MVB, pg. 47
26 Rúhíyyíh Rabbani, PPV, pgs. 70-71

27 Shoghi Effendi, 5 Septiembre 1938, citado en CAEN

28 Dr. Alexis Carrel, citado en PPV, pg. 71

29 Shoghi Effendi, 13 Diciembre 1940, citado en CAEN

30 Shoghi Effendi, AJD, pg. 47
31 ‘Abdu’l-Bahá, S~B, pgs. 193’194
32 Shoghi Effendi, citado en NBR, Enero 1969
33 Shoghi Effendi, AJD, pgs. 47~48
34 Shoghi Effendi, AJD, pg. 52
35 Bahá’u’lláh, PEB, No. CLXV, pg. 244

36-37 Estos conceptos están desarrollados más ampliamente en los libros del Dr. Thomas Gordon, tales como: Padres Eficaz y Técnicamente’ Preparados, Editorial Diana, México.

38 Shoghi Effendi, 5 Septiembre 1938, citado en CAEN

39 Rúhíyyíh Rabbani. PPV, pg. 69
40 Bahá’u’lláh, BWF, pg. 193
41 Shoghi Effendi, PAB, pg. 30
42 Casa Universal de Justicia, CAEN
43 Bahá’u’lláh, OB, pg. 201
44 Casa Universal de Justicia, GLSA, pg. 90
45 Casa Universal de Justicia, GLSA, pg. 90
46 Rúhíyyíh Rabbani, PI, pgs. 189-181, 175
47 Rúhíyyíh Rabbani, PPV, pgs. 69.70
48 ‘Abdu’l-Bahá, TM
49 ‘Abdu’l-Bahá, TM
50 Shoghi Effendi, MBV, pg. 66
51 Shoghi Effendi, 28 Septiembre
52 ‘Abdu’l-Bahá, TM
53 ‘Abdu’l-Bahá, DAV, pg. 141
54 ‘Abdu’l-Bahá, TM
55 ‘Abdu’l-Bahá, PAB, pgs. 69.70
56 ‘Abdu’l-Bahá, PAB, pgs. 76-77
57 ‘Abdu’l-Bahá, VF, pgs. 23-24
58 ‘Abdu’l-Bahá, SWA, pg. 122
59 ‘Abdu’l-Bahá, VE, pgs. 26.27
60 'Abdu’l-Bahá, FV, pg. 26
61 Bahá’u’lláh, OB, pg. 202
62 ‘Abdu’l-Bahá. VF, pg. 26
63 Rúhíyyíh Rabbani, PPV, pgs. 71.72
64 ‘Abdu’l-Bahá, DAY, pg. 71
65 ‘Abdu’l-Bahá, VF, pg. 15
66 Shoghi Effendi, 16 Noviembre 1939, VF, pg. 37
67 ‘Abdu’l-Bahá, VF, pg. 13
68 ‘Abdu’l-Bahá, VE, pg. 20
69 ‘Abdu’l-Bahá, citado en VF, pgs. 20—21
70 ‘Abdu’l-Bahá, VF, pg. 14
71 Bahá’u’lláh, VF, pg. 28

72 ‘Abdu’l-Bahá, DAV, pg. 128.129 1941, citado en CAEN

73 ‘Abdu’l-Bahá, VF, pg. 14
74 ‘Abdu’l-Bahá, VF, pg. 23

75 Shoghi Effendi, carta a un individuó, 22 Noviembre 1941

76 Shoghi Effendi, MVB, pg. 99
77 ‘Abdu’l-Bahá, CUP, pg. 122
78 ‘Abdu’l-Bahá, DAV, pg. 27
79 Bahá’u’lláh, DAV, pg. 119
80 Shoghi Effendi, DP, pg. 133
81 Shoghi Effendi, 3 Marzo 1955, VF, pg. 51
82 ‘Abdu’l-Bahá, PL, pg. 76
83 Abdu’l-Bahá, VF, pg. 21
84 Shoghi Effendi, 6 Diciembre 1935, VE, pg. 32
85 Shoghi Effendi, 15 Julio 1928 VF, pgs. 28.29
86 Shoghi Effendi, 23 Julio 1937, VE, pg. 32

87 Casa Universal de Justicia, 6 Septiembre 1970, VE, pgs. 54.55

88 Bahá’u’lláh, PO Arabes No. 31
89 ‘Abdu’l-Bahá, citado en SEA, pg. 12
90 ‘Abdu’l-Bahá, DAV, pg. 136
91 Shoghi Effendi, 14 Octubre 1928, VF, pg. 29
92 ‘Abdu’l-Bahá, VF, pgs. 12-13
93 Abdu’l-Bahá, SWA, pg. 115
94 ‘Abdu’1-I3ahá, PL, pg. 99
95 Shoghi Effendi, 20 Diciembre 1928, VE, pg. 28
96 Shoghi Effendi, 23 Julio 1937, VF, pg. 33
97 ‘Abdu’l-Bahá, BWF, pg. 373
98 ‘Abdu’1.Bahá, citado en LWN, pg. 61
99 ‘Abdu’l-Bahá, TM
100 ‘Abdu’l-Bahá, REDD, pg. 2
101 Bahá’u’lláh, REDO, pg. 1
102 Shoghi Effendi, 17 Octubre 1944, REDD, pg. 5
103 Shoghi Effendi, 8 Mayo 193~, REDD, pg. 4
104 Shoghi Effendi, 7 Abril 1947, REDD, pg. 5

105 Shoghi Effendi, 19 Diciembre 1947, REDO, pg. 6

106 Shoghi Effendi, 19 Octubre 1947, REED, pg. 6
107 ‘Abdu’l-Bahá, REDD, pg. 2
108 ‘Abdu’l-Bahá, citado en CH, pg. 213
109 Rúhíyyíh Rabbani, PPV, pg. 70
110 Casa Universal de Justicia, CAEN
111 ‘Abdu’l-Bahá, FUM, pg. 46
112 ‘Abdu’1-Bahá, SAB, pg. 10
113 ‘Abdu’l-Bahá, TAB Volumen 11, pg. 265

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