La Fiesta de Diecinueve Días, su marco, su propósito y sus posibilidades, ha llegado a ser, en años recientes, un tema de creciente indagación entre los amigos. Ocupó buena parte de la consulta de la Sexta Convención Internacional Bahá'í el pasado año, y creemos que ha llegado el momento de que ofrezcamos aclaraciones.
El Orden Mundial de Bahá'u'lláh engloba todas las unidades de la sociedad humana; integra los procesos espirituales, administrativos y sociales de la vida, y canaliza la expresión humana en sus variadas formas hacia la construcción de una nueva civilización. La Fiesta de Diecinueve Días abarca todos estos aspectos en la base misma de la sociedad. Funcionando en la aldea, el pueblo, la ciudad, es una institución de la que toda la gente de Bahá son miembros. Su intención es promover la unidad, asegurar el progreso y fomentar la alegría.
"Si esta fiesta se celebra de manera apropiada", señala 'Abdu'l-Bahá, "los amigos, cada diecinueve días, se sentirán espiritualmente restablecidos y dotados con un poder que no es de este mundo". Para asegurar este glorioso resultado, el concepto de la Fiesta tiene que comprenderse adecuadamente por todos los amigos.
La Fiesta se conoce por tener tres partes distintas pero relacionadas: la parte devocional, la parte administrativa y la parte social. La primera implica la recitación de oraciones y la lectura de Textos Sagrados. La segunda es una reunión general en la que la Asamblea Espiritual Local informa de sus actividades, planes y problemas a la comunidad, comparte noticias y mensajes del Centro Mundial y de la Asamblea Nacional, y recibe los pensamientos y las recomendaciones de los amigos por medio del proceso de la consulta. La tercera incluye el compartir refrigerios y la ocupación en otras actividades con el fin de fomentar la camaradería en diversas formas, determinadas culturalmente, que no violen principios de la Fe ni el carácter esencial de la Fiesta.
A pesar de que la celebración de la Fiesta requiere estricta adhesión a los triples aspectos en la secuencia en que han sido definidos, queda mucho margen para la variedad en la experiencia total. Por ejemplo, se puede introducir la música en varias etapas, incluyendo la parte devocional; 'Abdu'l-Bahá recomienda que se den charlas elocuentes, enaltecedoras; son posibles también la originalidad y la variedad en las expresiones de hospitalidad; la calidad y el rango de la consulta son críticos para el espíritu de la ocasión. Los efectos de diferentes culturas en todos estos aspectos son factores bienvenidos que pueden prestarle a la Fiesta una diversidad saludable, representativa de las características únicas de las múltiples sociedades en que se realiza, y por lo tanto, conduce al enaltecimiento y al deleite de sus participantes.
Es de notar que el concepto de la Fiesta evolucionó en etapas en relación con el desarrollo de la Fe. En su primera etapa, en Irán, los amigos individuales, en respuesta a los mandatos de Bahá'u'lláh, eran anfitriones de reuniones en sus hogares para mostrar hospitalidad una vez cada diecinueve días y obtenían inspiración de la lectura y discusión sobre las Enseñanzas. A medida que la comunidad fue creciendo, 'Abdu'l-Bahá delineó y recalcó el carácter devocional y social del acontecimiento. Después del establecimiento de las asambleas espirituales locales, Shoghi Effendi introdujo la parte administrativa y dio a conocer a la comunidad la idea de la Fiesta de Diecinueve Días como una institución. Fue como si ya se hubiera completado una sinfonía en tres movimientos.
Pero no sólo se debe mirar la evolución de la Fiesta en el sentido de su gradual desarrollo como una institución; hay un contexto aún más amplio. La Fiesta puede verse muy bien en su combinación única de modalidades como la culminación de un gran proceso histórico en que los elementos primarios de la vida comunitaria (actos de alabanza, de festividad y otras formas de unión) a través de extensas medidas de tiempo han logrado su convergencia gloriosa. La Fiesta de Diecinueve Días representa la nueva etapa en esta edad iluminada a la que ha evolucionado la expresión básica de la vida comunitaria. Shoghi Effendi la ha descrito como el fundamento del nuevo Orden Mundial, y en una carta escrita de su parte, se refiere a ella como lo que constituye "un medio vital para mantener contacto cercano y continuo entre los creyentes mismos, y también entre ellos y el cuerpo de sus representantes elegidos en la comunidad local".
Además, debido a la oportunidad que provee de transmitir mensajes desde los niveles nacional e internacional de la administración y también para transmitir las recomendaciones de los amigos a esos niveles, la Fiesta llega a ser un eslabón que conecta, en una relación dinámica, la comunidad local con la estructura completa del Orden Administrativo. Pero considerada únicamente en su esfera local hay mucho que asombra y emociona al corazón. En ese sentido une al individuo al proceso colectivo por el que se construye o se restaura la sociedad. En esa esfera, por ejemplo, la Fiesta es un campo para la democracia en la raíz misma de la sociedad, en el que la Asamblea Espiritual Local y los miembros de la comunidad se encuentran en temas de mutuo interés, donde los individuos tienen la libertad de ofrecer sus regalos de pensamiento, ya sea como ideas nuevas o crítica constructiva, a los procesos constructores de una civilización en progreso. Así, puede verse que, aparte de su significado espiritual, esta común institución de la gente combina una gama de disciplinas sociales elementales que educa a sus participantes en cuanto a los elementos esenciales de una ciudadanía responsable.
Si la Fiesta ha de ser experimentada correctamente, además de la comprensión del concepto debe haber también preparación de ella y preparación para ella. Aunque la Asamblea Espiritual Local tiene la responsabilidad administrativa de conducir la Fiesta, a menudo pide a un individuo o a un grupo de individuos que hagan los preparativos (una práctica que está en consonancia con el espíritu de hospitalidad tan vital para la ocasión). Tales individuos pueden actuar como anfitriones y alguna vez ocuparse de la selección de oraciones y lecturas para la parte devocional; también pueden encargarse de la parte social. En comunidades pequeñas, el aspecto de la hospitalidad personal es fácil de realizar, pero en comunidades grandes tal vez las Asambleas Espirituales Locales, mientras conservan el concepto de hospitalidad, consideren necesario idear otras medidas.
Aspectos importantes de la preparación de la Fiesta son la selección de lecturas apropiadas, el asignar con antelación buenos lectores, y un sentido del decoro tanto en la presentación como en la recepción del programa devocional. La atención al ambiente en que se realiza la Fiesta, ya sea puertas adentro o puertas afuera, influye mucho en la experiencia. La limpieza, el arreglo del espacio de modo práctico y decorativo, desempeñan un papel significativo. La puntualidad también es una medida de buena preparación.
En gran medida, el éxito de la Fiesta depende de la calidad de la preparación y la participación del individuo. El amado Maestro ofrece el siguiente consejo: "Dadle gran peso a las reuniones de Diecinueve Días, para que en estas ocasiones los amados del Señor y las siervas del Misericordioso puedan volver sus rostros hacia el Reino, cantar las oraciones, rogar la ayuda de Dios, llegar a estar alegremente enamorados unos de otros, y crecer en pureza y santidad, y en el temor de Dios, y en la resistencia a la pasión y al yo. Así se separarán de este mundo elemental, y se sumergirán en los ardores del espíritu".
Al absorber tal consejo, es realmente iluminador contemplar la Fiesta de Diecinueve Días en el contexto en que fue concebida. Se ha ordenado en el Kitáb-i-Aqdas con las siguientes palabras: "Se os ha encomendado una vez al mes ofrecer hospitalidad, aunque no sirváis mas que agua, puesto que Dios ha dispuesto vincular los corazones, aunque sea por métodos celestiales y terrenales combinados". Está claro, pues, que la Fiesta tiene su raíz en la hospitalidad, con todas sus implicaciones de amistad, cortesía, servicio, generosidad y convivencia. La idea misma de la hospitalidad como el espíritu sostenedor de una institución tan significativa introduce una nueva actitud revolucionaria para la realización de los asuntos humanos a todos los niveles, una actitud que es crítica para esa unidad mundial para la cual las Figuras Centrales de nuestra Fe trabajaron por tan largo tiempo y sufrieron tanta crueldad para traerla a la existencia. Es en este festival divino donde yace el fundamento para la realización de tal realidad sin precedente.
El que todos ustedes logren la meta elevada señalada para la Fiesta como "portadora de alegría", la "base de acuerdo y unidad", la "llave para el afecto y el compañerismo permanecerá como objeto de nuestras ardientes súplicas en el Sagrado Umbral.
Con amorosos saludos bahá'ís