[1] En este día especial, cuando nuestros corazones se centran en el ejemplo inmortal sentado con Su vida por el Centro de la Alianza, nos detenemos a apreciar, con sentimientos de honda gratitud, el progreso actual del Plan Divino que Él concibió, y a lanzar una mirada al futuro que se extiende más allá de la etapa de cuatro años, cuya conclusión está cada vez más próxima.
[2] Los logros cosechados durante este periodo resultan muy estimulantes. Se ha establecido por todo el mundo una red de institutos de capacitación a una escala que sólo vagamente podía imaginarse al comienzo del Plan. Estos centros nacientes del saber han conseguido grandes avances en el desarrollo de programas formales y en la puesta en marcha de un sistema eficaz de ejecución.
[3] Los informes indican que el número de creyentes que se benefician de los cursos de capacitación ha ascendido a casi 100.000. Sin lugar a dudas, se ha conseguido realzar de forma apreciable la capacidad de la comunidad mundial para desarrollar sus recursos humanos.
[4] Los efectos de esta perspectiva sistemática del desarrollo de los recursos humanos se están haciendo sentir en la vida de todos los protagonistas del Plan —el creyente, las instituciones y la comunidad local. Ha habido un auge de las actividades de enseñanza emprendidas por iniciativa individual de los creyentes. Las Asambleas Espirituales, Consejos y Comités han crecido en su capacidad para guiar a los creyentes en sus esfuerzos individuales y colectivos, y la vida comunitaria ha florecido, incluso en comunidades hacia tiempo adormecidas, al paso que han ido surgiendo nuevas pautas de pensar y comportarse.
[5] Al repasar la situación del mundo bahá'í, comprobamos la presencia de una comunidad muy fortalecida, sana en lo interno y notablemente robustecida.
[6] Sorprenden los logros obtenidos en la aproximación al público en general, gobiernos y organizaciones de la sociedad civil, y la forma de ganarse la confianza en todos estos círculos. Ateniéndose a una estrategia bien definida, los organismos especializados en los asuntos externos han ampliado el campo de influencia de la Fe tanto a nivel nacional como internacional, y los proyectos de desarrollo social y económico, con los que se procura elevar espiritual y materialmente a comunidades enteras, están calando en los niveles populares de la sociedad.
[7] Las dos etapas en el despliegue del Plan Divino que se extienden ante nosotros de forma inmediata tendrán una duración de uno y cinco años respectivamente. En el Ridván del
año 2000 se solicitara al mundo bahá'í que se embarque en la primera de estas dos etapas, en lo que constituirá un plazo de doce meses de esfuerzos dirigidos a concentrar las fuerzas, las capacidades y las percepciones que han surgido con tanto ímpetu. El Plan de Cinco Años posterior dará comienzo a una serie de empresas mundiales que habrá de acometer el mundo bahá'í en los veinte años restantes del primer siglo de la Era Formativa de la Fe. Estos Planes globales continuarán centrándose en el avance del proceso de entrada en tropas y en su aceleración sistemática.
[8] Es esencial que, durante el esfuerzo de un año, los institutos nacionales y regionales establecidos por doquier eleven a su pleno rendimiento los programas y sistemas que hayan concebido. Las comunidades nacionales deberán adentrarse en el Plan de Cinco Años con la seguridad de que la adquisición de conocimientos, cualidades y destrezas de servicio obtenidas por grandes contingentes de creyentes, y con la ayuda de una secuencia de cursos, proseguirá sin trabas. Debe prestarse bastante atención a la sistematización adicional de las labores de enseñanza, sean éstas realizadas por particulares o dirigidas por las instituciones. En este sentido, el Centro Internacional de Enseñanza ha identificado ciertas pautas de expansión y consolidación sistemáticas válidas para pequeñas zonas geográficas formadas por un número manejable de localidades. Mediante la colaboración de los Consejeros y de las Asambleas Espirituales Nacionales, van a establecerse en cada continente varios "Programas de Crecimiento de Zona". Serán sometidos a estrecho seguimiento durante el Plan de Doce Meses, y los métodos correspondientes se refinarán de modo que el enfoque sea reincorporado a los Planes subsiguientes.
[9] Las estrategias destinadas al avance del proceso de entrada en tropas no pueden desatender a los niños y a los más jóvenes, si es que no se desea perder las victorias conseguidas en una generación. Así pues, es imperativo en este momento del proceso de sistematización de las labores de enseñanza que se adopten pasos definidos para garantizar que la visión de la comunidad abarque plenamente a los miembros más jóvenes. La educación de los niños, obligación instada tanto a los padres como a las instituciones, requiere un énfasis especial a fin de incorporarla al proceso de desarrollo comunitario. Esta actividad habrá de intensificarse hasta alcanzar niveles inéditos durante los doce meses y ser aún más realzada durante los años ulteriores. El hecho de que una mayoría de institutos del mundo atienda a la capacitación de maestros de clases de niños representa un elemento de fortaleza. Las Asambleas Espirituales y los miembros del Cuerpo Auxiliar necesitarán movilizar a estos recursos humanos recién formados para colmar las necesidades de los niños y de los más jóvenes.
[10] El periodo del Plan de Doce Meses vendrá marcado por una etapa de gran actividad en el seno de la sociedad a medida que el siglo XX llega a su término. Los líderes del pensamiento muestran ya un gran interés en el destino de las generaciones venideras, por lo que confiamos en que el fervor de la comunidad bahá’í, tanto en su funcionamiento interno como en su interacción con la sociedad, transmitirá una sensación de confianza en el futuro de la humanidad.
[11] Rezaremos ardientemente en los Santuarios Sagrados, pidiendo que Bahá'u'lláh bendiga sus esfuerzos para la conclusión triunfal del Plan de Cuatro Años.
[Firmado: La Casa Universal de Justicia]