Declaración de la Casa Universal de Justicia, el cuerpo gobernante internacional de la Fe Bahá'í, tal y como fue leído por la Sra. Rúhíyyih Rabbání, Mano de la Causa de Dios y único miembro vivo de la familia de Bahá'u'lláh, en el Congreso Mundial Bahá'í, el lunes 23 de noviembre de 1992.
CASA UNIVERSAL DE JUSTICIACon ansiosas esperanzas y corazones agradecidos, aclamamos la convocatoria en Nueva York del segundo Congreso Mundial Bahá'í con motivo de la celebración mundial del centenario de la inauguración del Convenio de Bahá'u'lláh. El que tan amplia diversidad de la raza humana como representáis se haya reunido en este evento conmemorativo hace historia por sí misma y constituye, además, una impresionante demostración de la potencia y potencial del Convenio como el instrumento diseñado por el Señor de la Era para la unificación y pacificación de las naciones y pueblos de la tierra. Nos regocijamos con extrema felicidad puesto que vuestra reunión en tan abigarrado conjunto es una afirmación de la eficacia de este sacro legado; una nueva garantía de que, a pesar de las constantes pruebas y la confusión, su propósito mundialmente redentor y revolucionador será a la larga realizado por completo.
Nuestras emociones se conmueven profundamente al reflexionar en las destacadas circunstancias que precedieron al nacimiento del Convenio de Bahá'u'lláh. Sobre nuestra pantalla mental brillan alternadamente imágenes de melancolía y esperanza: la trágica noche de mayo, un siglo atrás, del fallecimiento de Bahá'u'lláh, la Suprema Manifestación de Dios; las abrumadoras escenas de los muchos apesadumbrados quienes convergieron en Bahjí para rendir sus respetos a Su memoria; la atmósfera de abatida desolación causada por la pérdida de Aquél Quien había sido el Padre y el Amigo incomparable para todos. Pero la puesta del Sol de Bahá dio lugar a la aparición del Orbe del Convenio. Así la majestuosa figura de 'Abdu'l Bahá vino para grabarse indeleblemente sobre las conciencias de los fieles, consolando sus espíritus y haciendo resplandecer sus actitudes, puesto que en el Libro del Convenio de Bahá'u'lláh, el Kitáb i 'Ahd, este Hijo bienamado fue designado Su Sucesor y el Centro del Convenio. De este modo, al día siguiente de la ascensión de Bahá'u'lláh, fue puesto en movimiento el proceso divino que, durante la Dispensación Bahá'í, garantizará el cumplimiento de Su principal propósito para la humanidad, esto es, la realización de su unidad.
El impulso inicial de este proceso consistió en aunar fuerzas particularmente en Occidente, tal y como los hechos del Bienamado Maestro revelaron de forma espectacular. Fue durante Su viaje épico a Norteamérica que 'Abdu'l Bahá, recientemente liberado del encarcelamiento, inculcó a los primeros creyentes occidentales la importancia central del nuevo Convenio; y fue en la Ciudad de Nueva York donde eligió revelar a Sus discípulos las especiales características de dicho Convenio y Su verdadera posición como su Centro señalado. La ocasión le valió a esta principal ciudad del hemisferio occidental el título de Ciudad del Convenio. ¿Qué otro lugar, por tanto, sino esta metrópolis notablemente bendita podría servir como lugar de encuentro para la conmemoración que tan maravillosamente os ha reunido?
Este congreso es la principal ocasión durante el Año Santo para evocar los recuerdos que nos permitan a todos apreciar cómo, a través de la persona dinámica y el ministerio incomparable del Centro del Convenio, la voluntad tanto de la Belleza de Abhá como de Su Heraldo ha sido traducida en medios viables para realizar la unidad de la humanidad y construir una civilización mundial. Consideremos, por ejemplo, cómo en la misma noche de mayo de 1844, cuando declaró Su misión profética, el Báb dirigió un llamamiento a los pueblos de Occidente para que desde aquel entonces salieran de sus ciudades a enseñar la Causa de Dios. ¿No se ha fusionado completamente este llamamiento con el propósito mundialmente abarcador de Bahá'u'lláh, llegando a ser una resplandeciente realidad dentro del esquema del Orden Administrativo, el hijo del Convenio un Orden que el Báb anticipó y ensalzó en Sus Escritos? Habéis venido a Nueva York para reflexionar sobre tales realidades triunfantes con la debida solemnidad y júbilo espiritual.
¡Cuán reconfortante y notable que los actos de esta reunión trascendental vayan a ser realzados por la presencia de las tres Manos de la Causa de Dios, probados y verdaderos sostenedores del Convenio, elegidas por Shoghi Effendi bajo su autoridad como el Guardián de la Fe, designado en la Voluntad y Testamento de 'Abdu'l Bahá! Nunca podremos olvidar que por su desinteresada adhesión al deber durante el periodo de su custodia, tras el súbito fallecimiento de Shoghi Effendi, las Manos de la Causa preservaron la integridad de la Comunidad de Bahá, guiando al mismo tiempo a los miembros de dicha comunidad en expansión a la conclusión victoriosa del Plan Global de Diez Anos del Guardián. Ni podemos tampoco dejar de apreciar sus servicios continuados e incansables en la propagación y protección de nuestra gloriosa Fe. En particular, nos complace que nuestro representante en el Congreso sea uno de entre estos oficiales de alto rango, la consorte y compañera de nuestro bienamado Guardián, habiendo alcanzado ella misma la presencia de 'Abdu'l Bahá.
Fue Shoghi Effendi quien convocó el primer Congreso Mundial, congreso que jubilosamente señaló el centésimo aniversario de la declaración por parte de Bahá'u'lláh de Su divina misión. Con admirable ingeniosidad, las Manos de la Causa lo planearon y ejecutaron. Aquella inolvidable ocasión en Londres hace unas tres décadas, tras el final de la
Cruzada de Diez Años, aseguró a los propios bahá'ís que la Fe de Bahá'u'lláh ciertamente había emergido como una religión mundial con una comunidad mundial. Ahora, en este momento, a través del mundo bahá'í, nos hallamos dedicados a otra observancia centenaria con el propósito, no sólo de celebrar la historia única del Convenio, sino también de proclamar abiertamente sus ánimos y poder unificador. El segundo Congreso Mundial ahora reunido es el motivo principal para el lanzamiento de actividades conmemorativas por todo el mundo que promulgarán el Convenio como el eje de la unidad de toda la humanidad y diseminarán sus cualidades para reformar la sociedad humana. Más aún, por medio de estas actividades y otras medidas adicionales, la comunidad a todos los niveles local, nacional, continental e internacional ejercerá un inmenso esfuerzo para difundir por todo el planeta el Nombre del Reformador Mundial, Bahá'u'lláh, para que los corazones puedan ser atraídos y las mentes iluminadas.
Pero hablamos de una proclamación que tiene más que ver con hechos que con palabras; y a este respecto, en cualquier lugar dentro de nuestra comunidad mundial, debemos alcanzar una nueva conciencia de la urgencia de los tiempos y de nuestros sagrados deberes hacia el Prometido de Todas las Edades. Hay, por tanto, una expectación especial sobre vosotros, quienes asistís a este evento focal en la Ciudad del Convenio. Que durante estos cuatro días especiales de conmemoración podáis todos, como nunca antes, esforzaros por apreciar más adecuadamente el carácter transformador y espíritu unificador del Convenio v por demostrar inmediatamente esta intensificada apreciación en la actitud espiritual que mostréis entre vosotros. Que podáis hacer esto con la resolución de que lo que practiquéis uno hacia otro durante estos pocos días, de hoy en adelante permanecerá en vuestras relaciones con todos los demás en cualquier parte. Tal resolución activa capacitará al segundo Congreso Mundial con el radiante poder de convencer al público del hecho incontrovertible de que la Fe Bahá'í es una religión mundial digna de sus pretensiones y, por tanto, de reconocimiento público.
En una Tabla a los bahá'ís de Nueva York, 'Abdu'l Bahá expresó una esperanza que resulta apropiado recordar en esta ocasión oportuna: "Ansiosamente anticipo el día" escribió Él "cuando Nueva York se convertirá en un lugar bendito desde el cual la llamada a la firmeza en el Convenio y Testamento de Dios se difundirá a todas partes del mundo..." Seguramente, por medio de las circunstancias favorables proporcionadas por este Congreso, trataréis de complacer a Su Espíritu en el Dominio de Abhá, de tal modo que desde Sus retiros en lo alto podáis recibir la bendición de Su perdurable buena voluntad y gracia fortalecedora.
En nuestras súplicas ante Su bendito Sepulcro Le rogaremos que bondadosamente asegure y conceda en abundancia para toda la comunidad de Sus dedicados amantes los favores y confirmaciones del Señor del Convenio.
Casa Universal de Justicia