Hacemos llegar nuestros cariñosos saludos y mejores deseos a todos los que se reunirán en las conferencias de juventud que se realizarán durante lo que resta del Año Internacional de la Juventud. Tan entusiastas y creativas han sido las reacciones de la juventud bahá'í en muchos países a los desafíos de este año especial que nos sentimos impulsados a expresiones de encanto y gran esperanza.
Aplaudimos a aquellos jóvenes que, con respecto a este período, ya han tomado parte en alguna actividad dentro de sus comunidades nacionales y locales o en colaboración con jóvenes de otros países, y les llamamos a perseverar en sus esfuerzos tenaces por adquirir cualidades espirituales y cualificaciones útiles. Porque si lo hacen, la influencia de sus elevados motivos se hará sentir en acontecimientos en el mundo, que conducirán a un futuro productivo, progresivo y pacífico.
Que las actividades juveniles iniciadas en este año sean un preludio digno para el Año Internacional de la Paz, 1986, y que sigan como un rasgo distintivo y significativo a lo largo de éste.
Los requisitos actuales de una Fe cuyas responsabilidades aumentan rápidamente en relación a la salida de la oscuridad, imponen a la juventud el deber ineludible de asegurar que sus vidas reflejen, en grado evidente, el poder transformador de la nueva Revelación que han abrazado. Dicho de otra manera, ¿por medio de qué ejemplo han de juzgarse las pretensiones de Bahá'u'lláh? ¿Cómo puede una humanidad escéptica reconocer Su Mensaje sanador si no produce ningún efecto notable sobre los jóvenes, quienes son considerados como entre los elementos más enérgicos, más amoldables y prometedores de cualquier sociedad?
El oscuro horizonte que enfrenta un mundo que ha fallado en reconocer al Prometido, la Fuente de su salvación, afecta sobremanera la perspectiva de las generaciones menores; su penosa falta de esperanza y su entrega a soluciones desesperadas pero fútiles, y aun peligrosas, hacen una demanda directa a la atención remediadora de la juventud bahá'í que, mediante su conocimiento de esa Fuente y la visión clara con que de este modo han sido dotados, no pueden vacilar en comunicar a sus compañeros jóvenes desesperanzados, la alegría restauradora, la esperanza constructora y las certezas radiantes de la espléndida Revelación de Bahá'u'lláh.
Las palabras, los hechos, las actitudes, la falta de prejuicio, la nobleza del carácter, el alto sentido del servicio a los demás, en breve, aquellas cualidades y acciones que distinguen a un bahá'í, deben caracterizar sin falta su vida interior y su comportamiento exterior, y su trato con amigos y enemigos.
Rechazando el bajo panorama de la mediocridad, que escalen las alturas ascendentes de la excelencia en todo lo que aspiren a hacer. Que resuelvan elevar la misma atmósfera en que se mueven, ya sea en las aulas de las escuelas, o en los salones de las universidades, en su trabajo, su diversión, su actividad bahá'í o servicio social.
Que incluso reciban con agrado y confianza los desafíos que les esperan. Imbuidos de esta excelencia y de una correspondiente humildad, de tenacidad y cariñosa servidumbre, la juventud de hoy debe moverse hacia las vanguardias de las profesiones, los negocios, las artes y oficios que son necesarios para el progreso adicional de la humanidad; esto para asegurar que el espíritu de la Causa arroje su iluminación sobre todas estas áreas importantes del esfuerzo humano. Además, mientras tengan como su meta el dominar los conceptos unificadores y las tecnologías de rápido avance de esta era de las comunicaciones, pueden, y de hecho deben también garantizar la transmisión al futuro de aquellas pericias que habrán de preservar los logros maravillosos e indispensables del pasado. La transformación que ha de ocurrir en el funcionamiento de la sociedad ciertamente dependerá en gran medida de la eficacia de las preparaciones hechas por los jóvenes para el mundo que heredarán.
Encomendamos estos pensamientos a su contemplación privada y a las consultas que realicen sobre su futuro. Y les ofrecemos la seguridad de nuestros recuerdos, de nuestras oraciones y de nuestra confianza.
Casa Universal de Justicia