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Baha'u'llah : Gemas de misterios divinos
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Bahá’u’lláh
Gemas de misterios divinos
Javáhiru’l-Asrár
Editorial Bahá’í de España
EDITORIAL BAHÁ’Í DE ESPAÑA
COPYRIGHT © 2007
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
ISBN 978-84-95652-63-8
Traducción aprobada por el
Panel Internacional de Traducción
de Literatura Bahá’í a Español
Octubre 2007
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INTRODUCCIÓN

El decenio que duró el exilio de Bahá’u’lláh en Iráq comenzó en las condiciones más severas y coincidió con la época más desventurada de la Fe bábí. Sin embargo, presenció la cristalización gradual de aquellas potentes fuerzas espirituales que habrían de culminar, en 1863, con la declaración de Su misión, de alcance mundial. En el curso de aquellos años, y desde la ciudad de Bagdad, tal como escribe Shoghi Effendi, se irradiaron “onda tras onda, un poder, una refulgencia y una gloria que reanimaron de forma imperceptible a esa Fe languideciente, penosamente afligida, que se sumía en la oscuridad y estaba amenazada por el olvido. De allí se difundieron, día y noche, y cada vez con mayor intensidad, las primeras emanaciones de una Revelación que por su alcance, su copiosidad, su fuerza motriz y el volumen y variedad de sus obras escritas, estaba destinada a superar a la del propio Báb”.[1]

Entre las primeras efusiones surgidas de la Pluma de Gloria figura una larga epístola en árabe que lleva por título Javáhiru’l-Asrár, cuyo significado literal es las “gemas” o “esencias” de misterios. Ciertos temas que trata se desarrollan también en persa - mediante diferentes modalidades de revelación- en Los siete valles y en El libro de la certeza, esas dos obras inmortales que Shoghi Effendi ha calificado, respectivamente, como la mejor composición mística de Bahá’u’lláh y Su obra doctrinal sobresaliente. No cabe duda de que Gemas de misterios divinos constituye una de esas “tablas reveladas en lengua árabe” a las que se alude en la última obra mencionada.[2

Uno de los temas centrales de la obra –así lo indica Bahá’u’lláh– es el de la “transformación”, que aquí quiere decir la vuelta del Prometido bajo una apariencia humana diferente. En efecto, en una nota introductoria que precede a las primeras líneas del manuscrito original, Bahá’u’lláh afirma:

El presente tratado se escribió en respuesta a un buscador que inquirió cómo el prometido Mihdí podía haberse transformado en ‘Alí Muḥammad (el Báb). La oportunidad brindada por esta pregunta ha sido aprovechada para abordar varios temas, todos de utilidad y beneficio tanto para los que buscan como para los que ya han alcanzado su meta, si acaso pudierais ver con el ojo de la virtud divina.

El buscador al que se hace referencia en el pasaje anterior era Siyyid Yúsuf-i-Sihdihí Iṣfahání, quien a la sazón residía en Karbilá. Sus preguntas Le fueron entregadas a Bahá’u’lláh a través de un intermediario, y esta Tabla fue revelada aquel mismo día en respuesta a esas preguntas.

En esta obra también se abordan otros temas importantes: la causa del rechazo a los Profetas del pasado; el peligro de hacer una lectura literal de las Escrituras; el significado de los signos y presagios de la Biblia relativos al advenimiento de la nueva Manifestación; la continuidad de la revelación divina; los indicios de la ya cercana declaración del propio Bahá’u’lláh; el significado de términos simbólicos tales como “el Día del Juicio”, “la Resurrección”, “alcanzar la Presencia divina”, y “la vida y la muerte”, así como las etapas de la indagación espiritual a través del “Jardín de la Búsqueda”, “la Ciudad del Amor y el Arrobamiento”, “la Ciudad de la Unidad divina”, “el Jardín del Asombro”, “la Ciudad de la Nada Absoluta”, “la Ciudad de la Inmortalidad” y “la Ciudad que no tiene nombre ni descripción”.

La publicación de Gemas de misterios divinos constituye uno de los proyectos emprendidos en cumplimiento de la meta del Plan de Cinco Años, anunciado en abril de 2001, consistente en “enriquecer las traducciones de los Textos Sagrados al inglés”. La obra servirá para hacer más profundo el aprecio de los lectores occidentales por un período lleno de potencialidad que Shoghi Effendi ha descrito como “los años primaverales del ministerio de Bahá’u’lláh”, y ayudar a los estudiosos de Su Revelación a adquirir una perspectiva más profunda de su gradual despliegue.

Gemas de misterios divinos
La esencia de los misterios divinos

en las etapas de ascenso dispuestas para quienes anhelan

acercarse a Dios, el Todopoderoso, Quien siempre perdona:

¡Bienaventurados los justos que beben
de estas corrientes cristalinas!
¡ÉL ES EL EXALTADO, EL ALTÍSIMO!

¡Oh viajero en el camino de la justicia que contemplas el rostro de la misericordia! Tu epístola fue recibida, quedó constancia de tu pregunta y se oyeron las melodiosas palabras de tu alma provenientes de los aposentos más íntimos de tu corazón, tras lo cual se alzaron las nubes de la Voluntad divina para que llovieran sobre ti las efusiones de la sabiduría celestial, para así despojarte de todo lo que antes habías adquirido, para llevarte desde los dominios de la contradicción hasta los retiros de la unicidad, y conducirte hasta las sagradas corrientes de Su Ley. Ojalá puedas beber de ellas, reposar en ellas, saciar tu sed, refrescar tu alma y ser contado entre aquellos a los que la luz de Dios ha encaminado bien en este día.

Por más que en esta hora Me asedien los perros de la tierra y las bestias de todas partes, por más que permanezca oculto en la morada recóndita de Mi Ser interior, por más que Me esté vedado divulgar lo que Dios Me ha conferido de las maravillas de Su conocimiento, las gemas de Su sabiduría y las muestras de Su poder, con todo, soy reacio a frustrar las esperanzas de quien se ha acercado al santuario de grandeza, ha procurado entrar en los recintos de la eternidad y ha aspirado a remontarse por la inmensidad de esta creación mientras alborea el decreto divino. Por tanto, te relataré ciertas verdades de entre las que Dios Me ha conferido, mas sólo en la medida en que las almas puedan soportarlo y las mentes aguantarlo, para que los perversos no vayan a armar alboroto ni icen sus banderas los hipócritas. Suplico a Dios que, bondadosamente, Me ayude a hacerlo, pues para aquellos que Le imploran, Él es el Munífico, y para aquellos que muestran misericordia, Él es el Más Misericordioso.

Has de saber, pues, que corresponde a tu eminencia sopesar desde un principio estas preguntas: ¿Qué es lo que ha impulsado a los diversos pueblos y linajes de la tierra a rechazar a los Apóstoles que Dios ha enviado por medio de Su fuerza y poder, a los cuales Él ha hecho surgir para exaltar Su Causa, disponiendo que sean las Lámparas de la eternidad dentro de la Hornacina de Su unicidad? ¿Por qué razón el pueblo los ha rechazado, los ha cuestionado, se ha alzado contra ellos y se ha enfrentado a ellos? ¿Con qué fundamento se han negado a reconocer su apostolado y autoridad, es más, han negado su verdad y les han difamado, al punto de darles muerte o enviarlos al destierro?

¡Oh caminante por el desierto del conocimiento que te has aposentado en el arca de la sabiduría! Hasta que no hayas comprendido los misterios ocultos que te hemos de referir no podrás esperar alcanzar las alturas de la fe y la certidumbre en la Causa de Dios y en aquellos que son las Manifestaciones de Su Causa, las Alboradas de Su mandato, los Tesoros de Su revelación y los Depositarios de Su conocimiento. Si no lo consiguieras, serías contado entre los que no se han esforzado en aras de la Causa de Dios, ni han aspirado la fragancia de la fe que proviene de la vestidura de la certeza, ni han escalado las alturas de la unidad divina, ni han reconocido la posición de la singularidad divina en las Encarnaciones de la alabanza y las Esencias de la santidad.

Procura pues, hermano Mío, comprender este asunto para que se descorran los velos de la faz de tu corazón y seas contado entre aquellos a los que Dios ha favorecido con una visión tan penetrante que permite ver las realidades más sutiles de Su dominio, desentrañar los misterios de Su reino, percibir los signos de Su trascendente Esencia en este mundo mortal y alcanzar un estado en el que uno no ve distinción entre Sus criaturas ni halla imperfección alguna en la creación de los cielos y de la tierra.[3]

Ahora que el discurso ha llegado a este tema exaltado y difícil de tratar y ha tocado este misterio sublime e impenetrable, has de saber que los pueblos cristiano y judío no han entendido el propósito de las palabras de Dios y las promesas que les hizo en Su Libro y por ende han negado Su Causa, se han apartado de Sus Profetas y han rechazado Sus pruebas. Si hubiesen fijado su mirada en el testimonio de Dios mismo, y hubieran rehusado seguir los pasos de los abyectos y necios entre sus dirigentes civiles y religiosos, sin duda habrían alcanzado el repositorio de la guía y el tesoro de la virtud y habrían bebido de las cristalinas aguas de vida eterna en la ciudad del Todomisericordioso, en el jardín del Todoglorioso y en la íntima realidad de Su paraíso. Mas, dado que han rechazado ver con los ojos con los que Dios los ha dotado y han deseado cosas diferentes de las que Él en Su misericordia había deseado para ellos, se han extraviado lejos de los refugios de la cercanía, se han privado de las aguas vivas de la reunión y del manantial de Su gracia, y yacen como muertos dentro del sudario de su propio yo.

Mediante la fuerza de Dios y Su poder pasaré a referirte ciertos pasajes revelados en los Libros de antaño y mencionaré algunos de los signos que anunciaron la aparición de las Manifestaciones de Dios en las santificadas personas de Sus Escogidos, para que reconozcas el Amanecer de esta mañana sempiterna y contemples este Fuego que arde en el Árbol que no es ni del Oriente ni del Occidente.[4] Acaso se abran tus ojos al alcanzar la presencia de tu Señor, y tu corazón participe de las bendiciones que hay ocultas dentro de estos tesoros recónditos. Por tanto, da gracias a Dios, Quien te ha escogido para esta merced y te ha incluido entre los que están seguros de que se reunirán con su Señor.

Éste es el texto de lo que se reveló antiguamente en el primer Evangelio, según Mateo, acerca de los signos que tenían que anunciar el advenimiento de Aquel que vendría después de Él. Dice: “Ay de aquellas que estén encintas, y de las que amamanten en aquellos días...”[5], hasta que la Paloma mística, cantando en el mismísimo corazón de la eternidad, y el Ave celestial, trinando sobre el divino Árbol del Loto, dice: “Inmediatamente después de la opresión de aquellos días, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su fulgor, y los astros caerán del cielo, y los poderes de los cielos serán sacudidos: entonces aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre, y se lamentarán todas las tribus de la tierra y verán al Hijo del hombre llegar en las nubes del cielo con poder y gran gloria. Y enviará a sus ángeles con un gran toque de trompeta”.[6]

En el segundo Evangelio, según Marcos, la Paloma de santidad habla en los siguientes términos: “Pues en aquellos días habrá aflicción tal como nunca la hubo desde el principio de la creación que Dios creó hasta el presente, ni la habrá jamás”.[7] Más adelante entona idéntica melodía, sin cambio ni alteración. Dios, en verdad, atestigua la verdad de Mis palabras.

Y en el tercer Evangelio, según Lucas, se hace constar: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y, sobre la tierra, ansiedad de las naciones, desconcertadas por el estruendo del mar y del oleaje; y los poderes del cielo serán conmovidos. Entonces verán al Hijo del hombre llegar en una nube con poder y gran gloria. Y cuando comiencen a ocurrir estas cosas, sabed que el Reino de Dios se halla cerca”.[8]

Y en el cuarto Evangelio, según Juan, consta: “Mas cuando venga el Consolador, a quien os enviaré de parte del Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, dará testimonio de mí; y vosotros también testificaréis “.[9] En otra parte dice Él: “Mas el Consolador, que es el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todo, y os recordará todo cuanto Yo os he dicho”.[10] Y: “Mas ahora Yo me voy hacia el que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas? sino porque os he dicho estas cosas...”[11] Y nuevamente: “Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que me vaya, porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré “.[12] Asimismo: “Mas cuando venga Aquel, el Espíritu de la verdad, Él os conducirá a toda la verdad, porque Él no hablará por Sí mismo, sino que dirá lo que habrá oído, y os dará a conocer lo que ha de venir”.[13]

Tal es el texto de los versículos revelados en el pasado. Por Aquel aparte de Quien no hay otro Dios, he decidido ser breve, porque si refiriese todas las palabras que se han hecho descender a los Profetas de Dios desde el dominio de Su gloria suprema y el reino de Su poder soberano, todas las páginas y tablas del mundo no bastarían para agotar Mi tema. Referencias similares a las mencionadas, e incluso más sublimes y excelsas, se han vertido en todos los Libros y Escrituras de antaño. Si fuera Mi deseo relatar todo lo que ha sido revelado en el pasado, con toda seguridad podría hacerlo en virtud de lo que Dios Me ha conferido de las maravillas de Su conocimiento y poder. Sin embargo, Me he contentado con aquello que ha sido mencionado, para que no te fatigues en esta travesía ni te sientas inclinado a retroceder, ni seas abrumado por la tristeza y la angustia ni agobiado por el desaliento, las dificultades y la fatiga.

Sé imparcial en tu juicio y reflexiona sobre estas excelsas palabras. Pregunta, entonces, a aquellos que afirman tener conocimiento sin prueba ni testimonio de Dios y que no prestan atención a estos días en los que el Astro del conocimiento y sabiduría ha despuntado en el horizonte de la Divinidad, dando a cada uno lo suyo y asignando a cada cual su rango y medida, y averigua qué pueden decir acerca de estas alusiones. Ciertamente, su significado ha dejado perpleja la mente de los hombres, e incluso las almas más santificadas han sido incapaces de descubrir la sabiduría consumada y el latente conocimiento de Dios que ocultan.

Si dijeran: “Estas palabras realmente proceden de Dios, y no tienen ninguna interpretación aparte de su significado manifiesto”, entonces ¿qué objeción pueden plantear contra las gentes del Libro que no creyeron? Pues cuando éstos vieron los pasajes citados en sus Escrituras y oyeron las interpretaciones literales de sus teólogos, se negaron a reconocer a Dios en aquellos que son las Manifestaciones de Su unidad, los Exponentes de Su singularidad y las Encarnaciones de Su santidad, y no acertaron a creer en ellos ni a someterse a su autoridad. La razón fue que no vieron oscurecerse el sol, ni vieron caer al suelo las estrellas celestes o descender los ángeles visiblemente sobre la tierra, y por ello disputaron con los Profetas y Mensajeros de Dios. Es más, al hallar que discrepaban con su propia fe y credo, lanzaron contra ellos tales acusaciones de impostura, locura, descarrío e impiedad, que Me avergüenza relatarlas. Remítete al Corán, para que halles mención de todo ello y seas de aquellos que comprenden su significado. Incluso hasta este día esa misma gente espera que aparezca lo que aprendió de sus doctores y asimiló de sus teólogos. Así dicen: “¿Cuándo se pondrán de manifiesto estas señales para que creamos?” Mas si tal fuera el caso, ¿cómo podríais refutar sus argumentos, invalidar sus pruebas y desafiarlos por su fe, por el modo de comprender sus Libros y por los dichos de sus dirigentes?

Si replicaran: “Los Libros que denominan Evangelio y que atribuyen a Jesús, el Hijo de María, que están en manos de este pueblo, no han sido revelados por Dios y no proceden de las Manifestaciones de Su Ser”, tal cosa implicaría la interrupción de la abundante gracia de Aquel que es la Fuente de toda gracia. En tal caso, el testimonio de Dios para con Sus siervos habría permanecido incompleto y Su favor habría resultado imperfecto. Su Misericordia no habría resplandecido, ni Su gracia lo habría protegido todo bajo su sombra. Ya que, si cuando ascendió Jesús hubiera ascendido igualmente Su Libro al cielo, ¿cómo entonces podría Dios reprobar y castigar al pueblo en el Día de la Resurrección, según lo han escrito los Imames de la Fe y lo han afirmado sus ilustres teólogos?

Medita en tu corazón: siendo las cosas así como tú las ves, y como Nos también las vemos, ¿adónde puedes huir y en quién vas a buscar refugio? ¿Hacia quién puedes volver la mirada? ¿En qué tierra habitarás y sobre qué lecho descansarás? ¿Qué camino recorrerás y en qué hora hallarás reposo? Al final, ¿qué será de ti? ¿Dónde afianzarás la cuerda de tu fe y sostendrás el lazo de tu obediencia? ¡Por Aquel que Se revela en Su unicidad y Cuyo propio Ser da testimonio de Su unidad! Si tu corazón quedara marcado con el hierro candente del amor de Dios, no buscarías descanso ni tranquilidad, ni risa ni reposo, sino que te apresurarías a escalar las más altas cumbres de los dominios de la cercanía, santidad y belleza divinas. Te lamentarías como alma en pena y llorarías con un corazón repleto de anhelo. Tampoco volverías a tu casa y hogar a menos que Dios te mostrara Su Causa.

¡Oh viajero que te has remontado al dominio de la guía y has ascendido al reino de la virtud! Si deseas comprender estas alusiones celestiales, presenciar los misterios del conocimiento divino y llegar a conocer Su omnímoda Palabra, corresponde entonces a tu eminencia preguntar sobre estas y otras cuestiones relativas a tu origen y meta última a aquellos a quienes Dios ha hecho que sean la Fuente de Su conocimiento, el Cielo de Su sabiduría y el Arca de Sus misterios. Pues de no ser por esas Luces refulgentes que brillan desde el horizonte de Su Esencia, las gentes no distinguirían su diestra de su siniestra, ¡cuánto menos podrían escalar las alturas de las realidades interiores o escudriñar las profundidades de sus sutilezas! Por consiguiente, imploramos a Dios que nos sumerja en estos encrespados mares, que nos favorezca con la presencia de estas brisas vivificantes y nos haga habitar en estos divinos y sublimes recintos de modo que, por ventura, podamos despojarnos de todo lo que hemos tomado unos de otros y desprendernos de las prendas ajenas que hayamos quitado a nuestros congéneres, para que, en su lugar, Él nos vista con el atuendo de Su misericordia y la túnica de Su guía, y nos permita entrar en la ciudad del conocimiento.

Quienquiera que entre en esta ciudad comprenderá todas las ciencias antes de escudriñar sus misterios y obtendrá, de las hojas de sus árboles, un conocimiento y sabiduría que abarque los misterios del señorío divino que están guardados en los tesoros de la creación. ¡Glorificado sea Dios, su Creador y Artífice, por encima de todo lo que ha hecho surgir y dispuesto en esa ciudad! ¡Por Dios, el Soberano Protector, Quien subsiste por Sí mismo, el Todopoderoso! Si fuera a descubrir ante tus ojos las puertas de esta ciudad, que han sido labradas por la diestra de la fuerza y del poder, verías lo que nadie antes de ti ha visto, y presenciarías lo que ninguna otra alma ha presenciado jamás; comprenderías las señales más obscuras y las alusiones más abstrusas, y verías claramente los misterios del principio en el punto del final; se te allanarían todos los asuntos, se tornaría el fuego en luz, conocimiento y bendiciones, y morarías seguro dentro de la corte de santidad.

Sin embargo, si te privaras de la esencia de los misterios de Su sabiduría que te hemos impartido bajo los velos de estas benditas y conmovedoras palabras, no llegarías a alcanzar siquiera unas gotitas de los océanos del divino conocimiento ni de los arroyos cristalinos del poder divino, y la Pluma de unicidad y el Dedo de Dios te inscribirían en el Libro Madre entre los ignorantes. Tampoco llegarías a comprender una sola palabra del Libro ni una sola frase pronunciada por la Estirpe de Dios[14] acerca de los misterios del principio y del fin.

¡Oh tú con quien exteriormente nunca Nos hemos encontrado, mas a quien interiormente apreciamos en Nuestro corazón! Sé justo en tu juicio y preséntate ante Aquel que te ve y te conoce, pese a que tú ni Le ves ni Le conoces: ¿Puede encontrarse alma alguna que elucide estas palabras con argumentos tan convincentes, testimonios tan claros y alusiones tan inconfundibles que apacigüen el corazón del buscador y alivien el alma del que escucha? No, ¡por Aquel en Cuya mano está Mi alma! A nadie se le da de beber siquiera una gota de lo que se ha dicho a menos que entre en esta ciudad, una ciudad cuyos cimientos reposan sobre montañas de rubí carmesí, cuyas murallas están labradas en el crisólito de la unidad divina, cuyas puertas están hechas de los diamantes de la inmortalidad y cuya tierra despide la fragancia de la munificencia divina.

Tras haberte impartido, bajo incontables velos de ocultación, ciertos misterios escondidos, volvemos ahora a nuestra elucidación de los Libros de antaño, para que no vayan a resbalar tus pies y recibas con total certeza la parte de los ondulantes océanos de la vida que hemos de conferirte en el dominio de los nombres y atributos de Dios.

Consta en todos los Libros del Evangelio que Aquel que es el Espíritu[15] dirigió a Sus discípulos palabras de luz pura: “Sabed que el cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras nunca pasarán”.[16] Como es claro y evidente a tu eminencia, estas palabras significan aparentemente que los Libros del Evangelio permanecerán en manos del pueblo hasta el final del mundo, que sus leyes no serán abrogadas, que su testimonio no será revocado y que perdurará eternamente todo cuanto en ellos se dispone, prescribe u ordena.

¡Oh hermano Mío! Purifica tu corazón, ilumina tu alma y agudiza tu vista, para que percibas el dulce acento de las Aves del Cielo y las melodías de las Palomas de Santidad que cantan en el Reino de la eternidad, y acaso comprendas los significados interiores y los misterios ocultos de esas expresiones. Ya que, de lo contrario, si interpretaras estas palabras de acuerdo con su significado aparente, nunca podrías demostrar la verdad de la Causa de Aquel que vino después de Jesús, ni silenciar a los oponentes, ni convencer a los infieles rebeldes. Pues los teólogos cristianos utilizan este versículo para demostrar que nunca se derogará el Evangelio y que, aun si se cumplieran todos los signos consignados en sus Libros y apareciese la figura del Prometido, no tendría más remedio que regir sobre el pueblo de acuerdo con las disposiciones del Evangelio. Afirman que si Él pusiera de manifiesto todos los signos indicados en los Libros, mas decretase algo aparte de lo que Jesús decretó, no Le reconocerían ni Le seguirían; tan claro y evidente ven este asunto.

En efecto, puedes escuchar en este día cómo los eruditos y los necios del pueblo se hacen eco de las mismas objeciones al decir: “El Sol no ha salido en el poniente, ni el Pregonero ha gritado entre la tierra y el cielo. El agua no ha inundado ciertas tierras; el Dajjál[17] no ha aparecido; no ha surgido Sufyání[18]; ni se ha presenciado el templo en el sol”. Con Mis propios oídos oí proclamar a uno de sus teólogos: “Si acontecieran todos estos signos y apareciese el tan esperado Qá’im, y si Él ordenase, incluso por lo que se refiere a nuestras leyes secundarias, cualquier cosa que no esté revelada en el Corán, sin duda Le acusaríamos de impostura, le daríamos muerte y rehusaríamos reconocerle por siempre jamás”, y declaraciones semejantes hacen los negadores. ¡Y todo ello tiene lugar cuando se ha anunciado el Día de la Resurrección, se ha hecho sonar la Trompeta, han sido reunidos todos los habitantes de la tierra y el cielo, se ha instaurado la Balanza, se ha tendido el Puente, se han hecho descender los Versículos, ha resplandecido el Sol, han sido borradas las estrellas, han resucitado las almas, ha soplado el aliento del Espíritu, los ángeles han formado filas, se ha acercado el Paraíso y se ha hecho arder el Infierno! Todas esas cosas han acaecido, pese a lo cual hasta el presente día ¡ninguna de estas gentes las ha reconocido! Todos yacen como muertos dentro de sus propios sudarios, excepto los que han creído y se han dirigido hacia Dios, quienes se regocijan en este día en Su paraíso celestial y huellan el camino de Su complacencia.

Velados como están dentro de su propio yo, estas gentes, en su mayoría, no han percibido los melodiosos cantos de la santidad, ni han aspirado la fragancia de la misericordia, ni han tratado de obtener guía, según ordena Dios, de aquellos que son los custodios de las Escrituras. Él proclama, y Su palabra es ciertamente la verdad: “Por tanto, preguntadles a los que tienen la custodia de las Escrituras, si no lo sabéis”.[19] Por el contrario, se han apartado de ellos para seguir en su lugar al Sámirí [20] de sus propias fantasías ociosas. Así, se han extraviado lejos de la misericordia de su Señor y no han podido alcanzar Su Belleza en el día de Su presencia. Pues tan pronto como Él vino a ellos con un signo y testimonio de Dios, esas mismas gentes que tan impacientemente aguardaban el día de Su Revelación, que Le habían invocado de día y de noche, que Le habían implorado que los reuniera en Su presencia y les concediera ofrendar la vida en Su camino, ser conducidos rectamente por Su guía e iluminados por Su luz: esas mismas gentes Le condenaron, Le injuriaron, y Le infligieron tales crueldades que superan Mi capacidad de relatarlas y tu facultad de oírlas. Mi propia pluma clama en este momento y la tinta llora y gime amargamente. ¡Por Dios! Si escucharas con tu oído interior, de cierto oirías los lamentos de los moradores del cielo; y si descorrieras el velo que cubre tus ojos verías a las Doncellas del Cielo abrumadas y a las almas santas, agobiadas, golpeándose el rostro y caídas en el polvo.

¡Ay, ay, por todo cuanto Le aconteció a Quien era la Manifestación del Ser de Dios, y por cuanto Él y Sus amados hubieron de sufrir! El pueblo les infligió lo que ninguna alma le ha infligido a otra, y lo que ningún infiel ha perpetrado contra creyente alguno o sufrido a manos suyas. ¡Ay, ay! Ese Ser inmortal Se sentó en el oscuro polvo, el Espíritu Santo Se lamentó en los retiros de gloria, los pilares del Trono se desmoronaron en el dominio exaltado, la alegría del mundo se tornó en pesar en la tierra carmesí y la voz del Ruiseñor fue acallada en el dominio dorado. ¡Desdichados sean por lo que sus manos han llevado a cabo y por cuanto han cometido!

Escucha lo que pronunció el Ave del Cielo, con el más dulce y maravilloso canto, y con las melodías más perfectas y exaltadas, acerca de ellos, unas palabras que los llenarán de remordimiento desde ahora hasta “el día en que la humanidad estará ante el Señor de los mundos”: “Aunque con anterioridad habían suplicado la victoria sobre los incrédulos, cuando vino a ellos Aquel de Quien tenían conocimiento, no creyeron en Él. ¡La maldición de Dios caiga sobre los infieles!”[21] Tal por cierto es su condición y así son los logros de su vida, vana y vacía. Dentro de poco serán arrojados al fuego de la aflicción sin que encuentren a nadie que los socorra ni auxilie.

Que no te ciegue nada de lo que ha sido revelado en el Corán ni tampoco cuanto habéis aprendido en las obras de aquellos Soles inmaculados y Lunas de majestad[22], sobre la perversión de los Textos por los fanáticos o sobre su alteración por los corruptores. Estas afirmaciones sólo se refieren a ciertos pasajes explícita y claramente indicados. Pese a Mi debilidad y pobreza, sin duda, si así lo deseara, podría exponer dichos pasajes a tu eminencia. Pero ello nos alejaría de nuestro propósito y nos desviaría del camino que se extiende ante nosotros. Nos llevaría a hundirnos en alusiones limitadas, apartándonos de lo que es querido en la corte del Más Alabado.

¡Oh tú que eres mencionado en este pergamino desplegado y que, en medio de la oscuridad tenebrosa que ahora prevalece, has sido iluminado por los esplendores del Monte sagrado en el Sinaí de la Revelación divina! Purifica el corazón de todo susurro blasfemo y de toda alusión perversa que hayas escuchado en el pasado, para que aspires los agradables aromas de la eternidad del José de la fidelidad, obtengas entrada en el Egipto celestial y percibas las fragancias de la iluminación en esta Tabla resplandeciente y luminosa, Tabla en la que la Pluma ha inscrito los antiguos misterios de los nombres de Su Señor, el Exaltado, el Altísimo. Acaso quedes consignado en las Tablas santas entre aquellos que están bien seguros.

¡Oh tú que estás ante Mi Trono y sin embargo no eres consciente de ello! Has de saber que quien procure escalar las cumbres de los misterios divinos debe necesariamente afanarse por su Fe con toda su fuerza y capacidad, para que se abra ante él el camino de la guía. Y si se encontrase con Alguien que afirmara traer una Causa de Dios y tuviese un testimonio procedente de Su Señor que los hombres fueran absolutamente incapaces de presentar, debería necesariamente seguirle en todo lo que quisiera proclamar, mandar u ordenar, aunque decretase que el mar es tierra firme, o declarase que la tierra es el cielo, o que aquélla se extiende por encima de éste o por debajo de él, o dispusiera cualquier cambio o transformación, pues Él, en verdad, es consciente de los misterios celestiales, de las sutilezas invisibles y de las disposiciones de Dios.

Si los pueblos de todas las naciones acataran lo que ha sido mencionado, el asunto se volvería sencillo para ellos, y tales palabras o alusiones no los apartarían del Océano de los nombres y atributos de Dios. Y si el pueblo hubiera sabido esta verdad, no habría negado los favores de Dios, ni se habría sublevado contra Sus Profetas, ni habría disputado con Ellos, ni Los habría rechazado. Si se examina el asunto detenidamente pueden encontrarse en el Corán pasajes similares.

Además, has de saber que mediante tales palabras Dios prueba a Sus siervos y los tamiza, separando al creyente del infiel, al desprendido del mundano, al piadoso del disoluto, al hacedor de bien del obrador de iniquidad, y así sucesivamente. Así ha proclamado la Paloma de santidad: “¿Piensan los hombres que cuando dicen ‘creemos’ se les dejará en paz y no se les pondrá a prueba?”[23]

Incumbe a quien viaja hacia Dios por Su camino y deambula por Su senda desprenderse de todo lo que hay en los cielos y en la tierra. A todo debe renunciar excepto a Dios, para que quizás se abran ante su rostro las puertas de la misericordia y soplen sobre él las brisas de la providencia. Y cuando haya inscrito en su alma la quintaesencia del significado interior y las explicaciones que le hemos otorgado, desentrañará todos los secretos de estas alusiones, Dios brindará tranquilidad divina a su corazón y hará que sea contado entre los que están en paz consigo mismos. Del mismo modo comprenderás el significado de todos los versículos ambiguos que se han hecho descender en relación con la pregunta que planteaste a este Siervo, Quien mora en la sede de la humillación, Quien recorre la tierra como un exiliado sin nadie que Le dé amparo, consuelo, socorro ni ayuda, Quien ha depositado Su plena confianza en Dios y Quien proclama en todo momento: “En verdad, somos de Dios, y a Él volveremos”. [24]

Has de saber que los pasajes que hemos denominado “ambiguos” parecen tales sólo a los ojos de aquellos que no se han remontado por encima del horizonte de la guía ni han alcanzado las alturas del conocimiento en los retiros de la gracia. Pues, de lo contrario, para cuantos han reconocido a los Depositarios de la Revelación divina y han visto por Su inspiración los misterios de la autoridad divina, todos los versículos de Dios son lúcidos y todas Sus alusiones, claras. Esas personas distinguen los misterios interiores que han sido ataviados con la vestidura de las palabras tan claramente como vosotros percibís el calor del sol o la humedad del agua, es más, incluso con mayor nitidez. ¡Dios está infinitamente más allá de la alabanza que hagamos de Sus amados y por encima de cualquier loa que ellos Le ofrezcan!

Ahora que hemos llegado a este excelente tema y hemos alcanzado alturas tan elevadas en virtud de lo que ha fluido de esta Pluma mediante los incomparables favores de Dios, el Exaltado, el Altísimo, es Nuestro deseo revelarte ciertas etapas del viaje del caminante hacia su Creador. Por ventura te sea revelado todo lo que tu eminencia ha deseado, para que la prueba sea completa y las bendiciones, abundantes.

Has de saber con certeza que, al dar sus primeros pasos hacia Dios, el buscador debe entrar en el Jardín de la Búsqueda. En esta travesía le incumbe al caminante desprenderse de todo cuanto no sea Dios y cerrar los ojos a todo lo que hay en los cielos y en la tierra. En su corazón no debe albergar ni odio ni amor por alma alguna, en la medida que le impidan alcanzar la morada de la Belleza celestial. Debe librar el alma de los velos de la gloria y abstenerse de alardear de las vanidades mundanas, el conocimiento exterior u otros dones que Dios le haya conferido. Debe buscar la verdad con toda su capacidad y esfuerzo, para que Dios le guíe por las sendas de Su favor y los caminos de Su misericordia. Pues Él, en verdad, es el mejor auxiliador de Sus siervos. Dice Él, y ciertamente Él habla la verdad: “A quienes se esfuercen por Nos, sin duda hemos de guiarles por Nuestros caminos”.[25] Y además: “Temed a Dios y Dios os dará conocimiento”.[26]

En este viaje el buscador llega a presenciar una miríada de cambios y transformaciones, confluencias y divergencias. Ve las maravillas de la Divinidad en los misterios de la creación y descubre las sendas de la guía y los caminos de Su Señor. Tal es la posición a la que llegan los que buscan a Dios y tales son las alturas alcanzadas por los que se apresuran en ir hacia Él.

Una vez que el buscador haya ascendido a este grado, entrará en la Ciudad del Amor y del Embeleso, donde sopla el viento del amor y se siente la brisa del espíritu. En esta etapa el buscador queda tan abrumado por los raptos del anhelo y las fragancias de la añoranza que no distingue la diestra de la siniestra, ni ve diferencia entre la tierra y el mar o el desierto y la montaña. En todo momento arde con el fuego del anhelo y se consume por el dolor de la separación en este mundo. Pasa deprisa por el Parán del amor y atraviesa el Horeb del arrobamiento. Ora ríe, ora llora amargamente, ora reposa en paz, ora tiembla de miedo. Nada puede alarmarlo, nada puede frustrar su propósito ni ninguna ley restringirle. Está dispuesto a obedecer cuanto quiera decretar Su Señor en lo que concierne a su principio y su fin. Con cada aliento da la vida y ofrenda el alma. Desnuda el torso para recibir los dardos del enemigo y alza la cabeza para acoger la espada del destino; es más, besa la mano de su posible asesino y renuncia a todo. Entrega el espíritu, el alma y el cuerpo en la senda de su Señor; mas lo hace con permiso de su Bienamado, no por su propio capricho y deseo. Lo encuentras frío en el fuego y seco en el mar, habitante de todos los países y caminante por todas las sendas. Quien lo toque en este estado percibirá el calor de su amor. Recorre las alturas del desprendimiento y atraviesa el valle de la renuncia. Sus ojos están siempre expectantes de presenciar las maravillas de la misericordia de Dios e impacientes por contemplar los esplendores de Su belleza. Ciertamente bienaventurados son los que han alcanzado tal posición, pues ésta es la posición que corresponde a los amantes ardorosos y a las almas arrobadas.

Y cuando se completa esta etapa de la travesía y el caminante se ha remontado más allá de esta elevada posición, entra en la Ciudad de la Unidad Divina, en el jardín de la unicidad, y en la corte del desprendimiento. En este plano el buscador desecha todos los signos, alusiones, velos y palabras, y ve todas las cosas con un ojo iluminado por las luces refulgentes que Dios mismo le ha conferido. En su viaje ve que todas las diferencias vuelven a una sola palabra y todas las alusiones culminan en un solo punto. De ello da testimonio aquel que navegó en el arca de fuego y siguió el derrotero más recóndito hasta el pináculo de gloria en el dominio de la inmortalidad: “El conocimiento es un solo punto que los necios han multiplicado”.[27] Esta es la condición a la que se alude en la tradición: “Yo soy Él, Él mismo, y Él es Yo, Yo mismo, excepto que Yo soy el que soy, y Él es el que es”.[28]

En esta condición, si Aquel que es la Encarnación del Fin dijera: “Verdaderamente, Yo soy el Punto del Principio”, ciertamente diría la verdad. Y si dijese: “Yo soy otro”, ello sería igualmente cierto. Asimismo, si proclamase: “Verdaderamente, Yo soy el Señor del cielo y de la tierra”, o “el Rey de reyes”, o “el Señor del dominio de lo alto”, o Muḥammad, o ‘Alí, o sus descendientes, o lo que fuese, sin duda proclamaría la verdad de Dios. De cierto, Él reina sobre todas las cosas creadas y permanece supremo por encima de todo salvo de Él. ¿No has oído lo que se decía antaño: “Muḥammad es nuestro principio, Muḥammad nuestro fin, Muḥammad es todo cuanto tenemos” y, en otro lugar, “Todos proceden de la misma Luz”?

En esta etapa se ha establecido la verdad de la unidad de Dios y de los signos de Su santidad. Realmente los verás a todos elevarse por encima del pecho del poder de Dios y fundirse en los brazos de Su misericordia; tampoco puede hacerse distinción alguna entre Su pecho y Sus brazos. Hablar de cambio o transformación en este plano sería blasfemia absoluta y completa impiedad, pues ésta es la condición en la que resplandece la luz de la unidad divina, se expresa la verdad de Su unicidad, y se reflejan los esplendores de la Aurora sempiterna en espejos sublimes y fieles. ¡Por Dios! Si revelara la plena medida de lo que Él ha dispuesto para este plano, las almas de los hombres abandonarían sus cuerpos, se conmoverían los cimientos de las realidades interiores de todas las cosas, los habitantes de los dominios de la creación quedarían atónitos, y los que se mueven en los terrenos de la alusión se desvanecerían en la nada absoluta.

¿Acaso no has oído: “No hay cambio alguno en la creación de Dios”?[29] ¿No has leído: “Ningún cambio puedes hallar en el proceder de Dios”?[30] ¿No has dado testimonio de la verdad: “No verás diferencia en la creación del Dios de Misericordia”?[31] ¡Sí, por Mi Señor! Los que habitan en este Océano, los que navegan en esta Arca, no presencian ningún cambio en la creación de Dios y no ven diferencias en Su tierra. Y si la creación de Dios no es propensa a cambios y alteraciones, ¿cómo, entonces, podrían estar sujetas a cambios las Manifestaciones de Su propio Ser? ¡Infinitamente exaltado es Dios, por encima de todo cuanto podamos concebir sobre los Reveladores de Su Causa, e inmensamente glorificado es Él, más allá de todo lo que puedan decir sobre Él!

¡Gran Dios! Este mar ha acumulado y tiene guardadas lustrosas perlas;

El viento ha levantado una ola que las lanza a la orilla.

Por tanto quítate las vestiduras y sumérgete.

Y deja de alardear de destreza: ¡que ya de nada te sirve!

Si fueras de los que habitan esta ciudad dentro del océano de la unidad divina, verías a todos los Profetas y Mensajeros de Dios como una sola alma y un solo cuerpo, como una sola luz y un solo espíritu, de tal modo que el primero de ellos sería el último y el último, el primero; porque todos se han dispuesto a proclamar Su Causa y han establecido las leyes de la sabiduría divina. Todos y cada uno son las Manifestaciones de Su Ser, los Depositarios de Su poder, los Tesoros de Su Revelación, los Puntos del amanecer de Su esplendor y las Auroras de Su luz. Mediante ellos se manifiestan los signos de la santidad en las realidades de todas las cosas y las muestras de la unicidad en la esencia de todos los seres. A través de ellos se revelan los elementos de la glorificación en las realidades celestiales y los exponentes de la alabanza en las esencias eternas. De ellos ha procedido toda la creación, y a ellos ha de regresar todo cuanto se ha mencionado. Y ya que en su más íntimo Ser son los mismos Luminares y los mismos Misterios, deberías mirar su condición exterior a la misma luz, a fin de que los reconozcas a todos como un solo Ser; es más, los halles unidos en sus palabras, discurso y expresión.

Si en esta etapa considerases que el último de ellos es el primero, o viceversa, sin duda dirías la verdad, tal como ha sido ordenado por Aquel que es el Origen de la Divinidad y la Fuente del Señorío: “Di: Invocad a Dios o invocad al Más Misericordioso; invocadle con cualquier nombre que queráis, ya que Él posee los más excelsos nombres”.[32] Pues todos son las Manifestaciones del nombre de Dios, los Puntos del amanecer de Sus atributos, los Depositarios de Su poder y los Puntos Focales de Su soberanía, en tanto que Dios - magnificados sean Su poder y gloria - es santificado en Su Esencia por encima de todos los nombres y exaltado por sobre los atributos más sublimes. Asimismo, considera las muestras de la omnipotencia divina tanto en sus Almas como en sus Templos humanos, para que esté seguro tu corazón y seas de los que atraviesan velozmente los dominios de Su cercanía.

Expondré de nuevo Mi tema, para que acaso ello te ayude a reconocer a tu Creador. Has de saber que Dios -exaltado y glorificado sea- de ninguna manera manifiesta Su íntima Esencia y Realidad. Desde tiempo inmemorial Él ha estado velado en la eternidad de Su Esencia y oculto en la infinitud de Su propio Ser. Mas cuando Se propuso manifestar Su belleza en el reino de los nombres y revelar Su gloria en el dominio de los atributos, trajo a Sus Profetas del plano invisible al visible, para que Su nombre “el Manifiesto” pudiera distinguirse de “el Oculto” y Su nombre “el Último” pudiera diferenciarse de “el Primero”, y para que se cumplieran las palabras: “¡Él es el Primero y el Último; el Visible y el Oculto; y Él conoce todas las cosas!”.[33] Así Él ha revelado estos muy excelsos nombres y muy exaltadas palabras en las Manifestaciones de Su Persona y en los Espejos de Su Ser.

Por tanto, queda establecido que todos los nombres y atributos regresan a estos sublimes y santificados Luminares. En efecto, todos los nombres se encuentran en sus nombres, y todos los atributos pueden verse en sus atributos. Visto a esta luz, si los invocarais por todos los nombres de Dios, ello sería cierto, puesto que todos estos nombres son exactamente lo mismo que su propio Ser. Comprende, entonces, el propósito de estas palabras y guárdalo en el tabernáculo de tu corazón, para que reconozcas las consecuencias de tu indagación, te atengas a ellas de acuerdo con lo que Dios te ha ordenado y así seas contado entre los que han alcanzado Su propósito.

Todo lo que has oído acerca de Muḥammad, hijo de Ḥasan[34] -- que las almas de todos cuantos están sumergidos en los océanos del espíritu sean ofrendadas por Su causa -- es cierto sin lugar a dudas, y todos Le debemos fidelidad. Mas los Imames de la Fe han fijado Su residencia en la ciudad de Jábulqá[35], la cual han descrito usando extraños y maravillosos signos. Interpretar esta ciudad según el significado literal de la tradición resultaría ciertamente imposible; jamás podría ser hallada semejante ciudad. Si rastrearais los rincones más recónditos de la tierra, incluso si la explorarais a lo largo y a lo ancho tanto tiempo como durase la eternidad de Dios y se prolongase Su soberanía, nunca encontraríais ciudad semejante a la descrita, pues la totalidad de la tierra no podría contenerla ni abarcarla. Si tú Me condujeras a esa ciudad, ¡sin duda podría Yo llevarte a la presencia de este Ser sagrado, a Quien las gentes han concebido según lo que poseen ellos y no según lo que Le pertenece a Él! Puesto que ello no está en tu poder, no te queda otro remedio que interpretar simbólicamente los relatos y tradiciones que se han contado acerca de estas luminosas almas. Y, dado que es necesario interpretar así las tradiciones relativas a la mencionada ciudad, también se requiere lo mismo para este santo Ser. Cuando hayas comprendido esta interpretación, ya no precisarás de “transformación” ni de nada más.

Por tanto, has de saber que, dado que todos los Profetas no son sino una sola alma, un solo espíritu, un mismo nombre y atributo, igualmente debes verlos como si todos se llamaran Muḥammad y fueran todos hijos de Ḥasan, como si hubieran aparecido de la Jábulqá del poder de Dios y de la Jábulṣá de Su misericordia. Pues Jábulqá no quiere decir otra cosa que las minas de los tesoros de la eternidad en el más alto cielo y las ciudades de lo invisible en el dominio excelso. Damos fe de que Muḥammad, el hijo de Ḥasan, estaba por cierto en Jábulqá y surgió desde allí. Asimismo, Aquel a Quien Dios ha de manifestar habitará en esa ciudad hasta el momento en que Dios Le establezca en la sede de Su soberanía. Nos, ciertamente, reconocemos esta verdad y guardamos fidelidad a todos ellos. Hemos decidido ser breve en nuestra elucidación de los significados de Jábulqá, pero si eres de los que creen de verdad, de hecho has de comprender todos los significados verdaderos de los misterios atesorados dentro de estas Tablas.

Mas, en cuanto a Aquel que apareció en el año sesenta, no precisa transformación ni interpretación, pues Su nombre fue Muḥammad y era descendiente de los Imames de la Fe. De este modo, se puede decir verdaderamente que Él era el hijo de Ḥasan, tal como es indudablemente claro y evidente para tu eminencia. Antes bien, Él es Aquel que modeló ese nombre y lo creó para Sí, ojalá lo observarais con el ojo de Dios.

Es Nuestro deseo, en este punto, desviarnos de Nuestro tema para referir lo que Le aconteció al Punto del Corán[36], y ensalzar Su recuerdo, para que tal vez consigas ver todas las cosas con una perspicacia procedente de Aquel que es el Todopoderoso, el Incomparable.

Medita y reflexiona sobre Sus días, cuando Dios Le hizo surgir para promover Su Causa y erigirse en representante de Su propio Ser. Mira cómo sufrió el ataque, la negación y las denuncias de todos; cómo, al poner pie en las calles y plazas, se burlaba de Él la gente, sacudían la cabeza, se mofaban de Él con desdén y procuraban, en todo momento, darle muerte. Tales fueron sus hechos que la tierra con toda su enormidad se Le hizo estrecha, el Concurso de lo Alto lamentó Su situación, quedaron reducidos a la nada los cimientos de la existencia y los ojos de los habitantes predilectos de Su Reino sollozaron amargamente por Él. Ciertamente, tan graves fueron las aflicciones que los infieles y los malvados Le ocasionaron, que no hay alma fiel que resista escucharlas.

Si estas almas díscolas realmente se habían detenido a reflexionar sobre su conducta, habían reconocido las dulces melodías de esa Paloma Mística que canta en las ramas de este níveo Árbol, habían abrazado lo que Dios les había revelado y conferido y habían descubierto los frutos del Árbol de Dios sobre sus ramas, ¿por qué razón Le rechazaron y denunciaron? ¿No habían levantado la cabeza al cielo para implorar Su aparición? ¿No habían suplicado a Dios en todo momento que los honrase con Su Belleza y los sostuviera mediante Su presencia?

Mas, dado que no reconocieron el lenguaje de Dios ni los misterios divinos ni las santas alusiones atesoradas en lo que manaba de la lengua de Muḥammad, y, puesto que descuidaron examinar el asunto con su propio corazón y siguieron, en cambio, a esos sacerdotes del error que han detenido el progreso del pueblo en las dispensaciones pasadas y continuarán haciéndolo en ciclos futuros, fueron así apartados como por un velo del propósito divino, no bebieron de las corrientes celestiales y se privaron de la presencia de Dios, de la Manifestación de Su Esencia y de la Aurora de Su eternidad. Así vagaron por los caminos del engaño y las sendas de la negligencia para regresar a su morada en aquel fuego que se alimenta de sus propias almas. En verdad, éstos se cuentan entre los infieles cuyos nombres ha inscrito la Pluma de Dios en Su Santo Libro. No han encontrado, ni encontrarán jamás amigo o auxiliador.

Si estas almas se hubieran aferrado firmemente al Asidero de Dios manifiesto en la Persona de Muḥammad, si se hubieran vuelto por completo hacia Dios, dejando de lado cuanto habían aprendido de sus teólogos, sin duda Él las habría guiado mediante Su gracia, poniéndolas al corriente de las verdades sagradas que están atesoradas en Sus imperecederas palabras. Pues lejos está de Su grandeza y de Su gloria dar la espalda a un buscador que llama a Su puerta, arrojar de Su Umbral a quien ha puesto sus esperanzas en Él, rechazar a quien ha buscado abrigo a Su sombra, excluir al que se ha sujetado firmemente del borde de Su misericordia o condenar al alejamiento al pobre que ha encontrado el río de Su riqueza. Mas, por cuanto estas gentes no se volvieron por completo a Dios ni se asieron al borde de Su misericordia omnímoda cuando apareció el Sol de la Verdad, salieron de la sombra de la guía y entraron en la ciudad del error. Así es como se volvieron corruptos y corrompieron a las gentes. De este modo erraron y condujeron al pueblo al error. Fue así como fueron consignados entre los opresores en los libros del cielo.

Ahora que este Ser evanescente ha alcanzado este punto exaltado en la exposición de los misterios interiores, se describirá brevemente la razón de la negación de estas almas rudas, para que sirva de testimonio a los dotados de comprensión y perspicacia, y constituya una muestra de Mi favor para con el concurso de los fieles.

Has de saber entonces que cuando Muḥammad, el Punto del Corán y la Luz del Todoglorioso, vino con versículos perspicaces y pruebas luminosas manifiestos en signos que el poder de toda la existencia no podría presentar, invitó a todos los hombres a seguir este elevado y extenso Camino según los preceptos que Él había traído de Dios. A quien Le reconocía, aceptaba los signos de Dios en Su Ser más íntimo y veía en Su belleza la belleza inmutable de Dios, se le dictaba la sentencia de “la resurrección”, “la reunión”, “la vida”, y “el paraíso”. Pues quien había creído en Dios y en la Manifestación de Su belleza era resucitado de la tumba de la negligencia, era reunido en el sagrado suelo del corazón, era vuelto a la vida de la fe y la certeza y admitido en el paraíso de la presencia divina. ¿Qué paraíso puede haber más sublime que éste, qué reunión más poderosa y qué resurrección mayor? En efecto, si el alma estuviera familiarizada con estos misterios, comprendería lo que nadie más ha escudriñado.

Has de saber, entonces, que el paraíso que aparece en el día de Dios sobrepasa a cualquier otro paraíso y trasciende las realidades del Cielo. Pues cuando Dios -bendito y glorificado sea Él- selló la condición de profeta en la persona de Aquel que era Su Amigo, Su Escogido y Su Tesoro entre Sus criaturas, de conformidad con lo que se reveló desde el Reino de gloria: “mas es Él el Apóstol de Dios y el Sello de los Profetas”,[37] prometió a todos los hombres que alcanzarían Su propia presencia el Día de la Resurrección. Con ello quiso recalcar la grandeza de la Revelación venidera, como se ha manifestado en efecto por el poder de la verdad. Por cierto, no hay paraíso mayor que éste, ni posición más elevada, si reflexionarais sobre los versículos del Corán. Bienaventurado quien sabe con certeza que alcanzará la presencia de Dios en ese día, cuando se haga manifiesta Su Belleza.

Si fuera a referir todos los versículos que se han revelado en relación con este exaltado tema, ello fatigaría al lector y Nos desviaría de Nuestro propósito. El versículo que sigue, por tanto, Nos bastará; ojalá que consuele tus ojos y alcances lo que se ha atesorado y guardado dentro de él: “Es Dios Quien ha levantado los cielos sin pilares visibles; luego Se instaló en Su trono e impuso leyes al sol y a la luna: cada uno viaja hacia su meta designada. Él ordena todas las cosas. Él hace claros todos Sus signos para que tengáis fe firme en la presencia de vuestro Señor”.[38]

Medita entonces, amigo Mío, las palabras “fe firme” que se han mencionado en este versículo. Dice que los cielos y la tierra, el trono, el sol y la luna, todos han sido creados a fin de que Sus siervos tengan en Sus días una fe inquebrantable en Su presencia. ¡Por la rectitud de Dios! Contempla, hermano Mío, la grandeza de esta posición, y observa la condición de las gentes en estos días, en que huyen del Rostro de Dios y Su Belleza “como si fueran asnos espantados”.[39] Si reflexionaras sobre lo que te hemos revelado, sin duda comprenderías lo que Nos hemos propuesto con esta expresión y descubrirías lo que hemos deseado impartirte en este paraíso. Ojalá que tus ojos se regocijen al contemplarlo, tus oídos se deleiten al escuchar lo que en él se recita, se extasíe tu alma al reconocerlo, tu corazón se ilumine al comprenderlo y tu espíritu se alegre con las fragantes brisas que soplan desde allí. Acaso alcances el pináculo de la gracia divina y mores dentro del Riḍván de santidad trascendente.

Sin embargo, aquel que negó a Dios en Su Verdad, que Le dio la espalda y se rebeló, que no creyó y sembró discordia, contra él se pronunció el veredicto de “impiedad”, “blasfemia”, “muerte” y “fuego”. Pues, ¿qué blasfemia es mayor que la de volverse hacia las manifestaciones de Satanás, seguir a los doctores del olvido y al pueblo de la rebelión? ¿Qué impiedad es más grave que la de negar al Señor el día en que Dios, el Todopoderoso, el Benéfico, ha renovado y regenerado la fe misma? ¿Qué muerte es más miserable que la de huir de la Fuente de vida sempiterna? ¿Qué fuego es más intenso en el Día de Ajuste de Cuentas que el del alejamiento de la Belleza divina y de la Gloria celestial?

Estas fueron las mismas palabras y argumentos utilizados por los árabes paganos que vivían en los días de Muḥammad para discutir con Él y juzgarle. Así dijeron: “Los que creyeron en Muḥammad vivían entre nosotros y tenían trato con nosotros día y noche. ¿Cuándo murieron y cuándo se les resucitó?” Presta atención a lo que se reveló en respuesta: “Si de algo te asombras, asómbrate de lo que dijeron: ‘¿Cuando seamos polvo y huesos deshechos, volveremos a formar parte de una nueva creación?’”[40] Y en otro pasaje: “Y si dijeres: ‘Seréis resucitados después de muertos’, seguro que los infieles exclamarán: ‘Esto no es sino hechicería manifiesta’”.[41] Así se mofaban de Él y Le ridiculizaban, pues habían leído en sus Libros y habían oído decir a sus teólogos los términos “vida” y “muerte”, entendiéndolos en su acepción de esta vida elemental y muerte física, por lo que, al no hallar lo que habían concebido sus vanas imaginaciones y sus mentes pérfidas y malvadas, enarbolaron las banderas de la discordia y los estandartes de la sedición, prendiendo la llama de la guerra. Sin embargo, Dios la apagó mediante la fuerza de Su poder, tal como atestiguáis de nuevo en este día, con estos infieles y malhechores.

En este momento, en el que han soplado sobre Mí los perfumados aromas de la atracción provenientes de la ciudad sempiterna, en el que se han apoderado de Mí los raptos de la añoranza procedentes de la tierra de los esplendores al amanecer del Sol de los mundos por encima del horizonte de Iráq, y las dulces melodías de Ḥijáz han traído a Mis oídos los misterios de la separación, Me he propuesto referir a tu eminencia una parte de lo que la Paloma Mística ha cantado en el mismísimo corazón del Paraíso sobre el verdadero significado de la vida y de la muerte, por imposible que sea la tarea. Pues si fuera Yo a interpretar estas palabras tal como han sido inscritas en las Tablas Guardadas, ni todos los libros y páginas del mundo podrían contenerlas, ni las almas de los hombres podrían soportar su peso. No obstante, mencionaré lo que es apropiado para este día y esta época, para que sirva de guía a quienquiera que desee conseguir entrar en los retiros de gloria que se hallan en los dominios de lo alto, escuchar las melodías del espíritu entonadas por esta divina y mística ave, y ser contado entre los que se han apartado de todo salvo de Dios y quienes en este día se regocijan en la presencia de su Señor.

Has de saber, entonces, que el término “vida” tiene doble significado. El primero corresponde a la aparición del hombre en un cuerpo físico, cosa que es tan manifiesta a tu eminencia y a otros como el sol meridiano. Esta vida termina con la muerte física, que es una realidad ineludible, ordenada por Dios. No obstante, esa vida que se menciona en los Libros de los Profetas y de los Escogidos de Dios es la vida del conocimiento; es decir, el reconocimiento por parte del siervo del signo de los esplendores con que le ha investido Aquel que es la Fuente de todo esplendor, y la certeza de que alcanzará la presencia de Dios por medio de las Manifestaciones de Su Causa. Esta es la vida bendita y sempiterna que no perece: quien es vivificado por ella nunca morirá, sino que perdurará tanto como perdure Su Señor y Creador.

La primera vida, que pertenece al cuerpo físico, llegará a su fin, tal como ha revelado Dios: “Toda alma probará la muerte”[42]; pero la segunda vida, que surge del conocimiento de Dios, no sabe de muerte, tal y como se ha revelado en otro tiempo: “A él ciertamente le resucitaremos a una vida dichosa”.[43] Y en otro pasaje referido a los mártires: “Al contrario, están vivos y alimentados por su Señor”.[44] Y en las Tradiciones: “El que es verdadero creyente vive tanto en este mundo como en el mundo venidero”.[45] Son numerosos los ejemplos de palabras similares que se encuentran en los Libros de Dios y de las Encarnaciones de Su justicia. Sin embargo, en aras de la brevedad, Nos hemos limitado a los citados pasajes.

¡Hermano Mío! Abandona tus propios deseos, vuelve el rostro hacia tu Señor y no camines tras los pasos de quienes han hecho un ídolo de sus inclinaciones corruptas, para que acaso encuentres refugio en el corazón de la existencia, a la sombra redentora de Aquel que forma todos los nombres y atributos. Pues quienes se separan de su Señor en este día se cuentan en verdad entre los muertos, aunque en apariencia caminen por la tierra; entre los sordos, aunque puedan escuchar, y entre los ciegos, por más que puedan ver, tal como claramente lo ha afirmado Aquel que es el Señor del Día del Ajuste de Cuentas: “Tienen corazones con los que no comprenden, ojos con los que no ven...”.[46] Caminan por un acantilado traicionero pisando el borde de un abismo de fuego.[47] No disfrutan del oleaje de este Océano encrespado y cargado de tesoros, sino que se entretienen con sus propias palabras ociosas.

En este contexto te referiremos lo que antaño se reveló sobre “la vida”, para que ello quizá te aparte de los impulsos del yo, te libre de los estrechos confines de tu prisión en este plano tenebroso y te ayude a convertirte en uno de los que siguen la guía recta por la oscuridad de este mundo.

Dice Él, y ciertamente habla la verdad: “¿Acaso el muerto que hemos resucitado y le hemos dado una luz para que pueda andar entre la gente va a ser igual al que está entre tinieblas de las que no saldrá?”.[48] Este versículo se reveló a propósito de Ḥamzih y Abú-Jahl, el primero creyó mientras que el segundo no lo hizo. La mayoría de los jefes paganos se burlaron de ello y lo ridiculizaron, se agitaron y clamaron: “¿Cómo murió Ḥamzih? ¿Y cómo fue devuelto a su vida anterior?” Si examinases cuidadosamente los versículos de Dios, encontrarías en el Libro muchas declaraciones semejantes.

Ojalá fuera posible encontrar corazones puros y sin mácula, a los que pudiera impartir unas gotas de los océanos de conocimiento que Mi Señor Me ha conferido, para que así se remontaran por los cielos igual que caminan sobre la tierra y corrieran por la superficie del agua tal como recorren el campo, y que, tomando el alma en las manos, la ofrendaran en la senda de su Creador. Sea como fuere, no se ha concedido licencia para divulgar este enorme secreto. De hecho, desde siempre ha sido un misterio guardado en los tesoros de Su poder y un secreto oculto en los repositorios de Su fuerza: no vaya a ser que Sus siervos fieles abandonen sus propias vidas en la esperanza de alcanzar en los dominios de la eternidad esa suprema posición que quienes vagan por esta oscuridad opresiva no alcanzarán jamás.

¡Hermano Mío! Hemos repetido Nuestro argumento constantemente, para que todo lo que ha sido consignado en estos versículos sea claramente comprensible para ti, con el permiso de Dios, y te vuelvas independiente de los que están sumergidos en la oscuridad del yo y transitan por el valle de la arrogancia y el orgullo, y seas de aquellos que caminan por el paraíso de la vida sempiterna.

Di: ¡Oh pueblo! En verdad, el Árbol de la Vida ha sido plantado en el corazón del paraíso celestial y dispensa vida en todas direcciones. ¿Cómo es que no lo percibís ni lo reconocéis? Sin duda Te ayudará a comprender todo lo que esta Alma firme te ha revelado de la esencia de los misterios divinos. La Paloma de santidad canta en el cielo de la inmortalidad y te avisa de que te vistas con un nuevo atuendo forjado de acero para protegerte de los venablos de la duda ocultos en las alusiones de los hombres, diciendo: “Si uno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo nacido de la carne, carne es; y lo nacido del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho que debéis nacer de nuevo”.[49]

Alza el vuelo, pues, hacia este Árbol divino y toma sus frutos. Recoge lo que de él ha caído y guárdalo fielmente. Medita entonces sobre lo que expresaba uno de los Profetas cuando les sugería a las almas de los hombres, mediante alusiones veladas y símbolos ocultos, las albricias de Aquel que había de venir después de Él, a fin de que sepas con certeza que sus palabras son inescrutables para todos menos para los que están dotados de un corazón comprensivo. Dice Él: “Sus ojos eran como llamas de fuego”, y “como de bronce eran Sus pies “, y “de Su boca sale una espada de doble filo”.[50] ¿Cómo podrían interpretarse estas palabras literalmente? Si apareciese alguien con todos estos signos, sin duda no sería humano. ¿Y cómo podría alma alguna buscar su compañía? Al contrario, si apareciera en una ciudad, incluso los habitantes de la ciudad vecina huirían de él, ¡ni habría alma alguna que se atreviera a aproximársele! Mas si reflexionases sobre estas afirmaciones, las hallarías de una elocuencia y claridad tan meridiana que las situarías en las más altas cumbres de la expresión y en la esencia de la sabiduría. Creo que de ellas han aparecido los soles de la elocuencia y han despuntado las estrellas de la claridad, brillando resplandecientes.

¡Contempla, entonces, a los necios de tiempos pasados y a quienes, en este día, aguardan el advenimiento de tal ser! Ni siquiera le rendirían tributo a menos que apareciese de la forma antes mencionada. Y como tal ser no aparecerá nunca, así tampoco creerán jamás. ¡Eso es lo que alcanzan a comprender estas almas perversas e impías! ¿Cómo podrían aquellos que no comprenden lo más evidente de lo evidente y lo más manifiesto de lo manifiesto comprender jamás las realidades abstrusas de los preceptos divinos y la esencia de los misterios de Su sabiduría sempiterna?

Pasaré ahora a exponer brevemente el verdadero significado de estas palabras, a fin de que descubras sus misterios ocultos y seas de los que perciben. Examina y luego juzga rectamente lo que te hemos de revelar, para que quizá seas contado, a los ojos de Dios, entre los que son ecuánimes en estos asuntos.

Por tanto, has de saber que Aquel que pronunció estas palabras en los dominios de gloria pretendía describir los atributos de Aquel que ha de venir, en términos velados y enigmáticos que eludieran la comprensión del pueblo del error. Ahora bien, cuando dice: “Sus ojos eran como una llama de fuego”, aludía tan sólo a la visión aguda y a la penetrante vista del Prometido, Quien con Sus ojos consume todo velo y toda cubierta, da a conocer los misterios eternos en el mundo contingente y distingue los rostros que están oscurecidos con el polvo del infierno de aquellos que brillan con la luz del paraíso.[51] Si Sus ojos no estuvieran hechos del fuego abrasador de Dios, ¿cómo podría consumir los velos y quemar todo cuanto las gentes poseen? ¿Cómo podría contemplar Él los signos de Dios en el Reino de Sus nombres y en el mundo de la creación? ¿Cómo podría Él ver todas las cosas con el ojo de Dios, que todo lo percibe? Así Le hemos conferido una visión penetrante en este día. ¡Ojalá creyerais en los versículos de Dios! Pues, de cierto, ¿qué fuego es más abrasador que esta llama que arde en el Sinaí de Sus ojos, con la que Él consume todo aquello que ha velado a los pueblos del mundo? Infinitamente exaltado permanecerá Dios por encima de todo lo que ha sido revelado en Sus Tablas infalibles acerca de los misterios del principio y del fin hasta el día en que el Pregonero haya de pregonar, día en que todos retornaremos a Él.

En cuanto a las palabras “Sus pies eran como de bronce”, se refieren a Su constancia al escuchar el llamamiento de Dios que Le ordena: “Sé firme conforme se te ha ordenado”.[52] Ha de perseverar a tal punto en la Causa de Dios y mostrar tal firmeza en el camino de Su poder que aun si todas las potencias de la tierra y del cielo Le rechazasen, no vacilaría a la hora de proclamar Su Causa, ni huiría de Su mandato en la promulgación de Sus Leyes. Al contrario, se erguirá firme como las más altas montañas y las cumbres más excelsas, permanecerá inconmovible en Su obediencia a Dios, y se levantará con firmeza a revelar Su causa y proclamar Su Palabra. Ningún obstáculo Le estorbará, ni Le disuadirá la censura de los díscolos, ni el repudio de los infieles Le hará vacilar. Todo el odio, el rechazo, la iniquidad y la incredulidad que presencie no servirán sino para reforzar Su amor por Dios, aumentar el anhelo de Su corazón, realzar el júbilo de Su alma y llenar Su pecho de una devoción apasionada. ¿Has visto jamás en el mundo bronce más resistente, hoja más afilada, o montaña más firme que ésta? Sin duda, Él permanecerá de pie para hacer frente a todos los habitantes de la tierra y no temerá a nadie, pese a lo que el pueblo, como bien sabes, está dispuesto a cometer. ¡Glorificado sea Dios, Quien Le ha establecido y Le ha puesto de manifiesto! Potente es Dios para hacer lo que Le place. Él, en verdad, es Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo.

Y luego dice: “De su boca sale una espada de doble filo”. Has de saber que como la espada es un instrumento que divide y desgarra, y dado que de la boca de los Profetas y Escogidos de Dios sale lo que separa al creyente del infiel y al amante del ser amado, el término se ha empleado así y, aparte del hecho de dividir y separar, nada más se quiere decir con ello. Así, cuando Aquel que es el Punto primordial y el Sol eterno desee, con el permiso de Dios, reunir a toda la creación, hacerla resucitar de la tumba de su propio ser y dividir a unos de otros, no pronunciará más que un versículo Suyo, y este versículo distinguirá la verdad del error desde este día hasta el Día de la Resurrección. ¿Qué espada es más afilada que esta espada celestial, qué hoja más cortante que este acero incorruptible que rompe todo vínculo y separa así al creyente del infiel, al padre del hijo, al hermano de la hermana, y al amante del ser amado?[53] Pues quien cree en lo que se le ha revelado es un verdadero creyente y quien se aparta es un infiel, y ocurre tal separación irrevocable entre ellos, que dejan de tener trato y de relacionarse entre sí en este mundo. Y así ocurre entre padre e hijo, porque si el hijo creyere y el padre no, los dos estarán separados y por siempre desligados el uno del otro. Es más, eres testigo de cómo el hijo da muerte al padre y el padre al hijo. Considera a la misma luz todo lo que te hemos explicado y relatado.

Si observaras todas las cosas con el ojo del discernimiento, verías claramente que esta espada divina divide generaciones. ¡Ojalá lo comprendierais! Todo ello es en virtud de la palabra divisoria que se manifiesta en el Día del Juicio y de la Separación; ojalá las gentes estuviesen atentas en los días de su Señor. Es más, si pudieras agudizar la vista y pulir el corazón, presenciarías cómo todas las espadas materiales que en cada época han dado muerte a los infieles y librado guerra contra los impíos proceden de esta espada divina e invisible. Abre los ojos, entonces, para que veas todo cuanto te hemos revelado y alcances lo que nadie más ha alcanzado. En verdad exclamamos: “¡Alabado sea Dios, el Señor del Día del Ajuste de Cuentas!”[54]

Sí, puesto que estas gentes no han obtenido el verdadero conocimiento de su fuente y manantial, ni del océano de agua dulce que fluye suavemente, con el consentimiento de Dios, a través de corazones puros e inmaculados, han estado apartadas como por velos de lo que Dios ha querido decir con estas palabras y alusiones, y han permanecido encerradas en la cárcel de su propio yo.

Damos gracias a Dios por el favor que Nos ha conferido. Es Él Quien ha hecho que estemos seguros de la verdad de Su Fe: Fe que la suma de las fuerzas de la tierra y del cielo es incapaz de resistir. Es Él Quien nos ha permitido reconocerle en el día de Su presencia, dar testimonio de Aquel a Quien Dios ha de manifestar en la Resurrección última, y estar entre los que han creído en Él antes de Su aparición, para que Su favor se nos haga completo a nosotros y a toda la humanidad.

Mas escucha, hermano Mío, Mi queja contra los que pretenden estar relacionados con Dios y con las Manifestaciones de Su conocimiento, y aun así siguen sus inclinaciones corruptas, consumen la hacienda de su prójimo, se entregan al vino, asesinan, se estafan y se deshonran mutuamente, lanzan calumnias contra Dios y están acostumbrados a mentir. La gente Nos atribuye todos estos actos, en tanto que los autores no sienten vergüenza ante Dios. Desechan lo que Él les ha ordenado y cometen lo que les ha prohibido. No obstante, incumbe que los signos de la humildad brillen en los rostros de las gentes de la verdad, que sus semblantes irradien la luz de la santidad, que caminen sobre la tierra como si estuvieran en presencia de Dios y se distingan por sus actos de todos los habitantes de la tierra. Tal debe ser su estado que sus ojos han de contemplar las pruebas de Su potencia, sus lenguas y corazones hacer mención de Su nombre, sus pies encaminarse a las tierras de Su cercanía y sus manos aferrarse a Sus preceptos. Y si fueran a atravesar un valle de oro puro y minas de plata preciosa, deberían considerarlas completamente indignas de su atención.

Sin embargo, estas gentes han dado la espalda a todo esto y en cambio han preferido lo que está acorde con sus inclinaciones corruptas. De este modo vagan por los páramos de la arrogancia y la soberbia. Doy testimonio en este momento de que Dios es totalmente libre de ellas, como Nos también lo somos. Imploramos a Dios que no Nos permita tener trato con ellas en esta vida ni en la vida venidera. Ciertamente, Él es la Eterna Verdad. No hay otro Dios sino Él, y Él es poderoso por sobre todas las cosas.

Bebe, entonces, hermano Mío, de las aguas vivas que hemos hecho fluir en los océanos de estas palabras. A Mi parecer los mares de la grandeza se agitan dentro de ellas, y las gemas de la virtud divina resplandecen en ellas y sobre ellas. Despójate de lo que te aparta de este insondable mar carmesí y, al grito de “¡en el nombre de Dios y por Su gracia!”, sumérgete en él. ¡Que no te haga desfallecer el temor a nadie! Confía en el Señor, tu Dios, pues Él es suficiente para quien en Él confía. Él, ciertamente, te protegerá, y en Él has de morar a salvo.

Has de saber, además, que en esta santísima y resplandeciente ciudad encontrarás que el caminante es humilde ante todos los hombres y sumiso ante todas las cosas. Pues no ve nada sin percibir en ello a Dios. Mira las glorias refulgentes de Dios en las luces de Su Revelación que han abarcado el Sinaí de la creación. En esta etapa, el caminante no ha de reclamar el puesto de honor en ninguna reunión, ni caminar por delante de otros con el deseo de hacer alarde o aventajar a los demás. Antes bien, en todo momento ha de considerar que está de pie, en presencia de su Señor. No debe desearle a nadie lo que no desea para sí mismo, ni decir lo que no soportaría escucharle decir a otro, ni augurarle a ninguna alma lo que no desearía que le auguraran a él. Le corresponde, antes bien, caminar por la tierra con pasos firmes en el reino de Su nueva creación.

Sin embargo, has de saber que el buscador, al comienzo de su viaje, presencia el cambio y la transformación, tal como ya se ha mencionado. Ello es indudablemente la verdad, tal como se ha revelado acerca de esos días: “El día en que la tierra será cambiada por otra tierra”.[55] Ciertamente, los ojos mortales jamás han contemplado días semejantes. Bendito el que llega a ellos y comprende su plena valía: “Habíamos enviado a Moisés con Nuestros signos, diciéndole: ‘Saca a tu pueblo de la oscuridad a la luz y recuérdales los días de Dios’”.[56] Éstos son en verdad los días de Dios, si lo supierais.

En esta etapa, todas las realidades variables y cambiantes se manifiestan ante ti. Quien niega esta verdad ciertamente se ha apartado de la Causa de Dios, se ha rebelado contra Su mando y ha negado Su soberanía. Pues no hay duda de que Aquel que cambia la tierra en otra tierra tiene el poder de transformar a todos los que la habitan y se mueven en ella. Por tanto, no te sorprendas de que convierta la oscuridad en luz; la luz, en oscuridad; la ignorancia, en conocimiento; el error, en guía; la muerte, en vida, y la vida, en muerte. Es en esta etapa donde tiene efecto la ley de la transformación. Medita sobre ello, si eres de los que transitan este camino, para que todo lo que Le has preguntado a este humilde Ser se te haga evidente y habites dentro del tabernáculo de esta guía. Pues Él hace lo que es Su voluntad y ordena lo que es Su deseo. Tampoco se Le preguntará por Sus hechos, en tanto que a todos los hombres se les preguntará por cada uno de sus actos.[57]

¡Hermano Mío! En esta etapa que marca el comienzo de la travesía contemplarás diversos grados y signos diferentes, tal como se ha dicho en relación con la Ciudad de la Búsqueda. Todos ellos son verdaderos en sus respectivos planos. Incumbe a tu eminencia, en esta etapa, considerar cada cosa creada en el lugar que le corresponde, sin rebajar ni exaltar su verdadero rango. Por ejemplo, si redujerais el mundo invisible al dominio de la creación, tal cosa sería un acto de blasfemia absoluta, y lo contrario sería igualmente la esencia de la impiedad. Sin embargo, si describieses el mundo invisible y el dominio de la creación dentro de la propia posición de cada uno, tal cosa sería la verdad indudable. En otras palabras, si presenciaras cualquier transformación en el dominio de la unidad divina, ningún pecado mayor podría concebirse en toda la creación; mas si considerases la transformación en su propio lugar y la entendieras en consecuencia, ningún mal te sobrevendría.

¡Por Mi Señor! Pese a todo lo que te hemos revelado acerca de los misterios de la expresión y los grados de la exposición, a Mi parecer no he pronunciado siquiera una sola letra del océano del oculto conocimiento de Dios y de la esencia de Su sabiduría inescrutable. Dios mediante, en breve lo haremos, en su debido momento. Él ciertamente recuerda todas las cosas según su debida posición y todos nosotros, en verdad, Le rendimos alabanzas.

Has de saber, además, que el ave que emprende el vuelo a la atmósfera del dominio de lo alto nunca podrá remontarse al cielo de la santidad trascendente, ni probar los frutos que Dios ha hecho brotar allí, ni beber de las corrientes que ha hecho que fluyan en su seno. Y si tomase una gota de ellas, inmediatamente perecería. Así ocurre en estos días con quienes Nos profesan fidelidad, a pesar de los actos que cometen, las palabras que pronuncian y las pretensiones que formulan. A Mi parecer, están como muertos dentro de sus propios velos.

De igual modo, has de entender todo grado, signo y alusión, para que percibas todas las cosas en su debido lugar y mires todos los asuntos a su propia luz. Pues en esta etapa, la Ciudad de la Unidad Divina, han de encontrarse aquellos que han entrado en el arca de la guía divina y han recorrido las alturas de la unidad divina. Has de ver las luces de la belleza en sus rostros y los misterios de la gloria en sus templos humanos. Percibirás la fragancia almizclada de sus palabras y observarás los signos de Su soberanía en todos sus actos y modos de proceder. Tampoco te han de apartar los hechos de aquellos que no han bebido de los manantiales cristalinos ni han llegado a las ciudades de la santidad, y que siguen sus deseos egoístas y propagan el desorden por la tierra, mientras se creen guiados rectamente. De ellos se ha dicho ciertamente: “Éstos son los abyectos y necios, que siguen a todo impostor vociferante y se doblan con cada cambio del viento”.[58] Las etapas de este viaje, esta posición y morada te son claras y manifiestas, y no requieren mayor explicación.

Has de saber entonces que todo cuanto has oído y presenciado con respecto a que el Sol de la Verdad, el Punto Primordial, Se atribuye a Sí mismo de las designaciones de tiempos pasados es sólo producto de la debilidad de los hombres y del esquema del mundo de la creación. Aparte de eso, todos los nombres y atributos giran en torno a Su Esencia y dan vueltas en torno al umbral de Su santuario. Pues Él es Quien forma todos los nombres, revela todos los atributos, confiere vida a todos los seres, proclama los versículos divinos y dispone en orden los signos celestiales. Es más, si mirases con tu ojo interior, hallarías que todos salvo Él se reducen a la nada absoluta y son como una cosa olvidada en Su santa presencia. “Dios estaba solo; no había nadie aparte de Él y permanece ahora tal como siempre ha estado”. Puesto que ya se ha establecido que Dios - ¡santificado y glorificado sea! - estaba solo y que no había nadie aparte de Él, ¿cómo puede la ley del cambio y de la transformación regir aquí? Si reflexionases sobre lo que te hemos revelado, el sol de la guía brillaría resplandeciente ante ti en esta mañana sempiterna, y en ella te contarías entre los piadosos.

Has de saber, además, que todo lo que hemos mencionado acerca de estos viajes va dirigido sólo a los escogidos entre los justos. Y si espoleases al corcel del espíritu y atravesaras los prados del cielo, completarías todos estos viajes y descubrirías todos los misterios en menos de un abrir y cerrar de ojos.

¡Hermano Mío! Si eres un paladín de esta liza, corre por las tierras de la certeza, para que tu alma quede libre en este día de la esclavitud del descreimiento y percibas los perfumados aromas que emanan de este jardín. Ciertamente, las brisas perfumadas que llevan la fragancia de esta ciudad soplan sobre todas las regiones. No te prives de la parte que de ellas te corresponde y no seas de los negligentes. Cuán acertadamente se ha dicho:

¡Sus fragantes hálitos difundidos por los países de Oriente

devuelven el olfato a los enfermos de Occidente![59]

Después de este viaje celestial y de este ascenso místico el caminante entrará en el Jardín del Asombro. Si te revelara la realidad de esta etapa, te lamentarías y deplorarías la situación de este Siervo, Quien permanece en manos de estos infieles, ha quedado perplejo ante su difícil situación y, en este océano insondable, está sumido en el desconcierto. Cada día conspiran para darme muerte y procuran en todo momento desterrarme de este país, tal como Me desterraron de otra tierra. Mas este Siervo está listo ante ellos, a la espera de cuanto quiera que el Todopoderoso haya ordenado y decretado para Nos. Tampoco temo a ninguna alma, pese a estar rodeado de las pruebas y tribulaciones que infligen los perversos y los malévolos, y asediado en este momento por una miríada de pesares y angustias. “El diluvio de Noé no refleja sino la magnitud de las lágrimas que he derramado, y el fuego de Abraham no representa más que la ebullición de Mi alma. El dolor de Jacob no es sino un reflejo de Mis pesares y las aflicciones de Job una fracción de Mi calamidad”.[60]

Si relatara a tu eminencia las atroces adversidades que Me han acontecido, tal sería tu dolor que dejarías de mencionar todas las cosas y te olvidarías de ti mismo y de cuanto el Señor ha creado en la tierra. Mas, no siendo tal Nuestro deseo, he silenciado la revelación del decreto divino en el corazón de Bahá y lo he retenido de los ojos de todos los que discurren por el dominio de la creación, para que permanezca oculto dentro del tabernáculo del Invisible hasta el momento en el que Dios revele su secreto. “Nada en los cielos ni en la tierra puede escapar de Su conocimiento y, ciertamente, Él percibe todas las cosas”.[61]

Como Nos hemos apartado de Nuestro tema, dejemos a un lado estas alusiones y volvamos a retomar el tema de esta ciudad. Ciertamente, quien entre en ella será salvado, y quien se aparte de ella sin duda perecerá.

¡Oh tú que eres mencionado en estas Tablas! Has de saber que quien emprenda este viaje se sorprenderá de los signos del poder de Dios y de las maravillosas pruebas de Su obra. El desconcierto hará presa en él desde todas partes, tal como lo atestigua aquella Esencia de la inmortalidad desde el Concurso de lo alto: “¡Aumenta Mi maravilla y asombro por Ti, oh Dios!”[62] Bien se ha dicho:

No sabía lo que era el asombro hasta que hice de mi amor por Ti mi causa. ¡Cuán asombroso sería que no me asombrara de Ti![63]

En este valle los caminantes se extravían y perecen antes de alcanzar su morada final. ¡Dios bondadoso! Tan inmenso es este valle, tan vasta esta ciudad del reino de la creación, que no parece tener comienzo ni fin. Cuán grande la bienaventuranza de aquel que completa allí su viaje y recorre con la ayuda de Dios la tierra santificada de esta ciudad celestial, ciudad en la que los favorecidos de Dios y los puros de corazón están sobrecogidos por el asombro y el temor reverencial. Y decimos: “Alabado sea Dios, el Señor de los mundos”.

Y si el siervo asciende a alturas aún más elevadas, deja este mundo mortal del polvo y se afana por elevarse hasta la morada celestial, entonces pasará de esta ciudad a la Ciudad de la Nada Absoluta, es decir, el morir al yo y vivir en Dios. En esta etapa, esta exaltadísima habitación, este viaje de la anulación total del yo, el caminante olvida su alma, su espíritu, su cuerpo y hasta su propio ser, se sumerge en el mar de la nada y vive en la tierra como alguien indigno de mención. Tampoco se halla señal de su existencia, pues se ha desvanecido del dominio de lo visible y ha alcanzado las cumbres de la extinción del yo”.

Si reveláramos los misterios de esta ciudad, los dominios de los corazones de los hombres serían asolados en la intensidad de su anhelo de esta magna posición. Pues ésta es la posición en la que se revelan al amante sincero las glorias refulgentes del Bienamado, y las luces resplandecientes del Amigo se vierten en el corazón desprendido que está consagrado a Él.

¿Cómo puede un amante verdadero continuar existiendo cuando ya se han revelado las glorias refulgentes del Bienamado? ¿Cómo puede la sombra perdurar cuando ya ha resplandecido el sol? ¿Cómo puede un corazón devoto ser algo ante la existencia del Objeto de su devoción? ¡No, por Aquel en Cuya mano está mi alma! En esta condición, la entrega completa del buscador y su total desaparición ante el Creador serán tales que, si buscara por Oriente y Occidente, y atravesase tierras y mares, montañas y valles, no hallaría rastro de su propio yo ni de alma alguna.

¡Alabado sea Dios! De no ser por el miedo al Nimrod de la tiranía y por la protección del Abraham de la justicia, te revelaría lo que, si abandonases el yo y el deseo, te permitiría prescindir de todo lo demás y acercarte a esta ciudad. Sin embargo, sé paciente hasta la hora en que Dios haya proclamado Su Causa. Ciertamente, Él recompensa sin medida a quienes soportan con paciencia.[64] Aspira, pues, los fragantes aromas del espíritu que despide el atavío de los significados ocultos, y di: “¡Oh vosotros que estáis sumergidos en el océano de la anulación del yo! Si os proponéis ascender a sus alturas, apresuraos a entrar en la Ciudad de la Inmortalidad”. Y Nos exclamamos: “Ciertamente somos de Dios, y a Él volveremos”.[65]

Desde esta muy augusta y elevadísima posición y desde este sublime y gloriosísimo plano, el buscador entra en la Ciudad de la Inmortalidad para morar en ella eternamente. En esta etapa se ve instalado en el trono de la independencia y en la sede de la exaltación. Entonces comprenderá el significado de lo que antaño se reveló acerca del día “en que Dios enriquecerá a todos con Su abundancia”.[66] Bienaventurados quienes han alcanzado esta etapa y han bebido hasta saciarse de este níveo cáliz ante este Pilar Carmesí.

En este viaje, tras haberse sumergido en el océano de la inmortalidad, tras haber librado su corazón del apego a todo menos a Él y tras haber alcanzado las más altas cimas de la vida sempiterna, el buscador no verá aniquilación alguna ni para sí mismo ni para ninguna otra alma. Beberá de la copa de la inmortalidad, transitará por su tierra, se remontará por su atmósfera, confraternizará con quienes son sus personificaciones, comerá de los frutos imperecederos e incorruptibles del árbol de la eternidad y se contará por siempre entre los moradores del dominio sempiterno en las encumbradas alturas de la inmortalidad.

No hay duda de que todo lo que existe en esta ciudad realmente perdurará y no perecerá nunca. Si, con el beneplácito de Dios, entrases en este sublime y exaltado jardín, hallarías que el sol se encuentra en su gloria meridiana, sin ponerse nunca ni eclipsarse jamás. Lo mismo ocurre con su luna, su firmamento, sus estrellas, árboles y océanos, y con todo lo que pertenece a ese lugar o existe allí. ¡Por el Dios único! Si Yo refiriese, desde este día hasta el fin que no tiene fin, sus atributos maravillosos, nunca se agotaría el amor que Mi corazón siente por esta ciudad santa y sempiterna. Sin embargo, he de concluir Mi tema dado que el tiempo es breve, e impaciente el que pregunta, y puesto que estos secretos no han de divulgarse abiertamente salvo con el permiso de Dios, el Todopoderoso, el Imponente.

Dentro de poco los fieles verán, en el día de la Resurrección última, a Aquel a Quien Dios hará manifiesto descender con esta ciudad desde el cielo de lo Invisible, junto con una compañía de Sus ángeles exaltados y favorecidos. Grande, por tanto, es la bienaventuranza de quien alcance Su presencia y contemple Su semblante. Todos, ciertamente, abrigamos esta esperanza y exclamamos: “¡Alabado sea Él, pues ciertamente es la Verdad Eterna y a Él volvemos!”

Has de saber, además, que si alguien que haya alcanzado estas posiciones y emprendido estos viajes cayera presa del orgullo y de la vanagloria, en ese mismo momento se reduciría a la nada y volvería al primer paso sin darse cuenta de ello. En efecto, quienes Le buscan y Le anhelan en estos viajes son conocidos por este signo: son humildes ante quienes han creído en Dios y en Sus versículos, son modestos ante los que se han acercado a Él y ante las Manifestaciones de Su Belleza, y se inclinan sumisos ante quienes están firmemente establecidos en las sublimes alturas de la Causa de Dios.

Pues si alcanzaran el último objetivo de su búsqueda de Dios y llegaran a Él, no habrían hecho sino alcanzar esa morada que se ha erigido dentro de sus propios corazones. ¿Cómo, entonces, podrían jamás tener la esperanza de ascender a unos dominios que ni les han sido destinados ni tampoco han sido creados para su posición? ¡Es más, aunque viajen desde siempre hasta siempre, nunca llegarán hasta Aquel que es el Corazón íntimo de la existencia y el Eje de toda la creación, Aquel a Cuya diestra discurren los mares de la grandeza, a Cuya siniestra corren los ríos del poder y Cuya corte nadie tendrá jamás la esperanza de alcanzar, cuánto menos Su morada misma! Pues Él habita en el arca del fuego, corre veloz en la esfera del fuego, por el océano del fuego, y se mueve en la atmósfera del fuego. ¿Cómo puede quien ha sido formado con elementos contrarios llegar a entrar o siquiera aproximarse a este fuego? Si lo hiciera, sería consumido al instante.

Has de saber, además, que si se cortara la cuerda del auxilio que une a este Eje poderoso con los moradores de la tierra y del cielo, sin duda perecerían todos. ¡Gran Dios! ¿Como puede el humilde polvo alcanzar jamás a Aquel que es el Señor de los Señores? Infinitamente exaltado es Dios por encima de lo que ellos conciben en sus corazones, e infinitamente glorificado más allá de lo que Le atribuyen.

Sin duda, el buscador alcanza una posición en la que cuanto le ha sido destinado no conoce límites. El fuego del amor arde en su corazón de tal forma que le arrebata del puño las riendas de la contención. En todo momento se incrementa el amor por su Señor y lo acerca más y más a su Creador, de tal modo que si su Señor está en el levante de la cercanía y él habita en el poniente del alejamiento y posee todo el oro y los rubíes de la tierra y el cielo, lo abandonará todo para acudir velozmente al país del Deseado. Y si encuentras que difiere de ello, has de saber que, sin duda, tal hombre es un impostor mendaz. Ciertamente, todos pertenecemos a Aquel a Quien Dios hará manifiesto en la Resurrección última, y mediante Él seremos resucitados nuevamente a la vida.

En estos días, al no haber descorrido los velos que ocultan el semblante de la Causa de Dios ni divulgado a los hombres los frutos que brotan de estas posiciones que se Nos ha prohibido describir, los ves embriagados por la negligencia. De lo contrario, si se revelase a los hombres la gloria de esta posición siquiera en la medida del ojo de una aguja, los verías reunidos ante el umbral de la misericordia divina, acudiendo de prisa desde todas partes para llegar a la corte de la cercanía situada en los dominios de la gloria divina. Sin embargo, lo hemos ocultado, tal como lo mencionamos, para que se distingan los que creen de los que niegan, y los que se vuelven a Dios puedan diferenciarse de los que se apartan. Ciertamente proclamo: “No hay poder ni fuerza excepto en Dios, Quien ayuda en el peligro, Quien subsiste por Sí mismo”.

A partir de esta etapa el caminante asciende hasta una Ciudad que no tiene nombre ni descripción, donde no se oye sonido ni mención. Allí discurren los océanos de la eternidad, en tanto que la ciudad misma gira en torno a la sede de la eternidad. Allí el sol del Invisible brilla resplandeciente sobre el horizonte del Invisible, un sol que posee sus propios cielos y sus propias lunas, que comparten su luz y se alzan y se ponen sobre el océano del Invisible. No tendré jamás esperanza de impartir siquiera una gota de lo que allí se ha decretado, pues nadie está al corriente de sus misterios salvo Dios, su Creador y Artífice, y Sus Manifestaciones.

Has de saber, además, que cuando Nos propusimos revelar estas palabras y pusimos algunas de ellas por escrito, era Nuestra intención elucidar para tu eminencia, con el dulce lenguaje de los benditos y predilectos de Dios, todo cuanto habíamos mencionado previamente acerca de las palabras de los Profetas y los dichos de los Mensajeros. Sin embargo, escaseaba el tiempo y el viajero que vino de tu parte tenía mucha prisa y estaba ansioso por retornar. Por eso hemos abreviado Nuestro discurso, conformándonos con esto, sin completar la descripción de estas etapas de forma apropiada y conveniente. En efecto, hemos omitido la descripción de ciudades principales y de importantes etapas. Tanta prisa tenía el emisario que incluso dejamos de lado la mención de los dos exaltados viajes de la Resignación y el Contento.

No obstante, si tu eminencia reflexionase sobre estas breves explicaciones, sin duda adquiriría todo conocimiento, alcanzaría el Objetivo de todo saber y exclamaría: “¡Bastan estas palabras para toda la creación visible e invisible!”.

Aun así, si el fuego del amor ardiese dentro de tu alma, preguntarías: “¿Aún hay más? “[67] Y Nos decimos: “¡Alabado sea Dios, Señor de los mundos!”

NOTAS

1 Shoghi Effendi, God Passes By [Dios pasa], (Wilmette: Bahá’í Publishing Trust, 1974), p. 110.

2 Bahá’u’lláh, The Kitáb-i-Íqán (Wilmette: Bahá’í Publishing Trust, 1994), p. 26.

3 Cf. Corán 67:3.
4 Cf. Corán 24:35.
5 Mat. 24:19.
6 Cf. Mat. 24:29-31.
7 Mc. 13:19.
8 Cf. Lc 21:25-28.
9 Jn. 15:26-27.
10 Jn. 14:26.
11 Jn. 16:5-6.
12 Jn. 16:7.
13 Jn. 16:13.
14 Los imámes del islam shí‘í.
15 Jesús.
16 Cf. Mat. 24:35; Mc. 13:31; Lucas 21:33.

17 El Anticristo, quien, según la creencia, aparecería con el advenimiento del Prometido para combatirlo y finalmente ser derrotado por Él.

18 Otra figura que según se creía habría de enarbolar la bandera de la rebelión entre La Meca y Damasco al aparecer el Prometido.

19 Corán 16:43.

20 Mago de la corte del Faraón en la época de Moisés.

21 Corán 83:6; 2:89.
22 Los imámes del islam shí‘í.
23 Corán 29:2.
24 Corán 21:56.
25 Corán 29:69.
26 Corán 2:282.
27 De un hadiz.
28. Ibídem,
29 Corán 30:30.
30 Corán 48:23.
31 Corán 67:3.
32 Corán 17:110.
33 Corán 57:3.

34 El duodécimo Imám, Muḥammad al-Mahdí, hijo de Ḥasan al-‘Askarí

35 De acuerdo con las tradiciones shí‘íes, las dos ciudades de Jábulqá y Jábulṣá son la residencia del Imám Oculto (el Prometido), el lugar donde aparecerá en el Día de la Resurrección.

36 Muḥammad.
37 Corán 33:40.
38 Corán 13:2.
39 Corán 74:50.
40 Cf. Corán 13:5.
41 Corán 11:7.
42 Corán 3:185.
43 Corán 16:97.
44 Corán 3:169.
45 De un hadiz.
46 Corán 7:179.
47 Cf. Corán 9:109; 3:103.
48. Corán 6:122.
49 Jn. 3:5-7.
50 Cf. Ap. 1:14-16; 2:18; 19:15
51 Cf. Corán 80:41; 83:24.
52 Corán 11:112.
53 Cf. Lucas 12:53.
54 Cf. Corán 1:4.
55 Corán 14:48.
56 Corán 14:5.
57 Cf. Corán 21:23.
58 De un dicho del Imám ‘Alí.
59 Del Díván de Ibn-i-Fáriḍ.
60 Ibídem.
61 Cf. Corán 10:61; 34:3.
62 De un hadiz.
63 Del Díván de Ibn-i-Fáriḍ.
64 Cf. Corán 39:10.
65 Corán 2:156.
66 Corán 4:130.
67 Cf. Corán 50:30.

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